Evangelio del día

Evangelio del viernes 16 de agosto de 2024

Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
Un canto de amor y perdón

Israel pasa por una situación límite como país y como pueblo, cuando el profeta Ezequiel, sumido en un fuerte pesimismo respecto a la capacidad de Israel para ser fiel a Dios, desgrana este canto de amor y traición. La denuncia del profeta es clara, Israel se ha ganado a pulso la fatal suerte, ha abandonado su alianza con Dios y las alianzas políticas y las idolatrías no sólo le han llevado a la destrucción sino también a una pérdida de identidad.

Ezequiel, exiliado y sufriente, ahonda en lo más profundo de las razones de esta situación. Se adentra en la historia más descarnada, la que más nos cuesta entender y aceptar, porque toca el pecado mismo y la tremenda vulnerabilidad y flaqueza del ser humano, de las sociedades y culturas. La pregunta de fondo es dura: ¿será Israel incapaz de ser fiel a Dios? ¿somos incapaces de ser fieles a nuestros valores más arraigados, a quienes más amamos, a Quien nos da la vida y nos ama incondicionalmente?

Este canto abre una grieta en la amarga historia que relata para dejar que entre un rayo de esperanza. El profeta retrata la convicción más profunda de la fe: Dios no se olvida, no vuelve la espalda, no condena ni maquina venganzas. “Con todo, yo me acordaré de mi alianza contigo en los días de tu juventud, y estableceré contigo una alianza eterna”. La misericordia de Dios, su perdón, son la mano siempre tendida que hace posible la esperanza, la conversión, un nuevo comienzo, la vida nueva, la salvación. Habitamos en el corazón de Dios y nunca nos abandona, ni su amor se rinde. Ezequiel hace un regalo precioso a su pueblo, una cuerda a la que aferrarse que le permite resistir y renacer, volver “al amor primero”.

Una cuestión de “entender”

Así como el canto de Ezequiel nos habla de amor, alianza, infidelidad y perdón, en esta historia de Dios y el pueblo de Israel, Jesús, ya en camino hacia Jerusalén, habla también a los discípulos, los fariseos y a quienes le escuchaban, para dejarles claro cual es su mensaje y cómo entender las relaciones, la vida, el dinero…

Las disputas en el sanedrín, de dos facciones rivales, sobre el divorcio y las causas que lo justifican, enmarcan la pregunta de los fariseos a Jesús: “¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?”. La respuesta de Jesús va a la raíz que debería haber en el planteamiento: “dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”.

La injusticia del planteamiento de los fariseos queda en evidencia, pero no lo quieren entender porque han aprendido a retorcer la ley para adaptarla a sus intereses y conveniencias. “Si es así, no trae cuenta casarse”. En aquella cultura fuertemente patriarcal, la ley ampara los derechos del varón y deja totalmente vulnerables a las mujeres. Repudiar a una mujer era condenarla al ostracismo y la pobreza, porque la mujer no tenía derechos ni posibilidad de independencia de un varón. Jesús es claro, si te has comprometido con esa mujer, ella será uno contigo, y ese compromiso no te permite dividirte, seccionarte, no puedes dejarla tirada cuando ya no te sirve o es tu conveniencia.

También hoy nos hacemos muchos planteamientos divergentes sobre el matrimonio, el divorcio, las relaciones entre hombres y mujeres. Pero la respuesta de Jesús seguro que iría también a la raíz: ¿Amas a esa persona, tu compromiso con ese proyecto vital compartido te implica totalmente, más allá de intereses y conveniencias de todo tipo, con generosidad y buscando el bien del otro/a? “El que pueda entender, entienda”.

Las relaciones que forjamos a lo largo de la vida no siempre hacen el bien que quisieran al otro, hacemos daño y nos dañan, y muchas se rompen.  Por eso necesitamos alimentarnos del amor de Dios, encontrar el sentido profundo de la salvación, que es dejar que Dios penetre nuestra realidad personal, la cure, la haga sentirse amada, la libere para la fraternidad y la entrega. Nuestro sentido y felicidad está en el amor.

Hna. Águeda Mariño Rico O.P.
Congregación de Santo Domingo


Evangelio del día

Evangelio del viernes 2 de agosto de 2024

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Así dice el Señor

La lectura del profeta Jeremías, nos narra una situación trágica en la vida del profeta como consecuencia de su anuncio profético. Este relato nos revela como Jeremías debe afrontar el peligro cuando se trata de anunciar la palabra del Señor. También nos habla de una creencia del pueblo de Israel con respecto al Templo y su presencia en Jerusalén, considerándolo garantía de permanencia de la nación. El hecho tiene lugar en los primeros años del reinado del rey Joaquim (609-598). Dios ordena a Jeremías subir al atrio del templo para hablar a las gentes de las ciudades de Judá, allí reunidas.

El contenido de su discurso está condicionado por la conducta que Dios observa en su pueblo: infidelidad, falso culto, de idolatría.  De ahí, que el Señor espera de los israelitas que escuchen al profeta y que se conviertan de su mala conducta. Estas palabras de invitación a la penitencia resultan un lugar común reiterado en la literatura profética. Dios siempre espera en el ser humano hasta el punto de estar siempre dispuesto a practicar la misericordia. Obedecer al Señor y cumplir su ley llevará al perdón, mientras que el apartarse de ella conducirá a la ruina total del Templo de Jerusalén, como ocurrió con el templo de Silo en la época de los jueces.

La reacción de los profetas, sacerdotes y del pueblo que han escuchado al profeta no se deja esperar y declaran a Jeremías reo de muerte. Aquí se están confrontando dos concepciones sobre el Templo: la que tenían los sacerdotes, como lugar sacrosanto y en consecuencia hablar contra él era blasfemia. Y la concepción que vincula al Templo con las exigencias éticas: de la conducta del pueblo depende la permanencia del Templo. El grupo que condena a Jeremías aboga por la santidad del Templo, una santidad que no compromete a nada. Mientras que la denuncia profética desvela que Dios lo que quiere es la conversión a Él y a su Palabra de cada persona.

¿De dónde saca todo eso?

En el evangelio de hoy, Jesús ha terminado su discurso de parábolas y, dejando la orilla del mar (13,1-2), se traslada a su pueblo y comienza a enseñar en la sinagoga, centro de la vida israelita, como si quisiera iniciar una nueva etapa de su camino mesiánico. Mateo es la primera vez que cuenta que Jesús se dirige a Nazaret y es la última en la que éste aparece públicamente en una sinagoga. La escena del profeta rechazado en su propia patria comienza a esbozar la serie de oposiciones y hostilidades que se avecinan.

Los paisanos de Jesús muestran desde el principio una serie de actitudes que van desde la admiración hasta el escepticismo con respecto a su persona. Las cinco preguntas con las que se cuestionan presuponen ya las respuestas. El de dónde de la primera y de la quinta pregunta no expresa sólo el desconocimiento, sino también la incredulidad de las personas, su falta de fe.  Ellos remitiendo a la procedencia de Jesús, presumiendo conocer a sus familiares, no se están preguntando realmente por la identidad de Jesús, y no quieren ir más allá para descubrir quién es él. La sabiduría de Jesús y sus milagros podrían ofrecer una buena razón para seguir indagando, pero esto no tiene lugar.  

El comportamiento de la gente de Nazaret respecto a Jesús se basa en su incredulidad (13,58). Es verdad que esta falta de fe no puede impedir la actividad del Maestro, pero sí limitarla, de modo que él no pudo realizar allí muchos milagros. Con la expresión “un profeta sólo es despreciado en su tierra” (13,57b), Jesús evita toda discusión con sus paisanos, pues estos están seguros de conocer todas las respuestas. Esta postura de los habitantes de Nazaret está en clara oposición con la de los discípulos, que quieren comprender todo lo que Jesús les enseña. Con la contraposición entre los discípulos que comprenden (13,51) y la gente incrédula de Nazaret (13,58), Mateo acentúa el fuerte contraste entre las diferentes opiniones y actitudes respecto a Jesús y a sus obras. Sus paisanos pasan de la admiración al rechazo, su presencia y sus palabras les arranca de su tranquilidad cotidiana, llevándolos a un cambio, a una transformación interior y exterior que ellos no están dispuestos a dar. La gente de Nazaret no quiere reconocer a Jesús como Mesías de Dios, no creen en él y le dejan que se marche de su ciudad. ¿dejamos que Jesús se marche de nuestro lado?

Recordar este día a la Beata Juana de Aza, madre de Santo Domingo, nos habla de sueños, de inspiraciones, de creatividad, de fiesta, de llegar a lo profundo, al Misterio de Dios que nos muestra en su Hijo, para llevarnos a Él.

Hna. Carmen Román Martínez O.P.
Congregación de Santo Domingo


Evangelio del día

Evangelio del martes 30 de julio de 2024

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Se espera la paz, y no hay bienestar, al tiempo de la cura sucede la turbación

Parece interesante la profecía de Jeremías si se quiere avanzar en la vida humanizando el mundo en el que vivimos. El profeta que viene de parte de Dios trata de presentar el contexto difícil por que pasa el pueblo de Israel, en concreto el reino de Judá, un escenario realmente trágico: «guerra, muerte, destrucción, campos baldíos…» Radiografía que por desgracia nos resulta conocida: «el vagar sin sentido por la vida» de tantas personas que se ven en esos mismos contextos, se ve que las sociedades de todos los tiempos tienen ese tipo de «alzhéimer» que les impide reconocer lo que sucede cuando no vivimos en clave de humanizar la vida desde el amor y le damos la espalda a Dios.

En el corazón está ese deseo que se alza como un grito desesperado para que todo cambie y volvamos a encontrar el norte que hemos perdido como humanidad: «se espera la paz» no queremos acostumbrarnos a escenarios de desolación en los que imperen la violencia, odio, rencor, sino que lo que queremos es vivir centrados en el proyecto de plenitud y vida que nos presenta Dios. Cada vez que olvidamos que el otro es «imagen y semejanza de Dios» cometemos atropellos. Por ello, el profeta recuerda la importancia de centrar la mirada en lo que genera esperanza: Dios. El Dios de la compasión quiere que vivas según su proyecto. «Ama y haz lo que quieras» nos dice san Agustín, que no estaría mal poner un poco de amor si queremos cambiar los panoramas desoladores de tantas personas.

Los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre

El pasaje del evangelio que nos presenta la liturgia en el día de hoy trata de mostrarnos dos contextos totalmente antagónicos entre sí (Reino: casa, luz; Cizaña: maligno, fuego). Uno de ellos, es el Reino de Dios en el que Jesús pone toda su energía en anunciarlo, y, el otro escenario, está marcado por las tinieblas del mal. Sería la vida al margen de la plenitud de vida que Jesús trata de anunciar como un proyecto de humanización, liberación, fraternidad y vida entre los seres humanos.

Un elemento que aparece en el primer grupo y que nos puede ayudar a captar el sentido del texto es: «se fue a casa», con ello, se genera una estructura en la que se permite la predicación de los valores del reino, la fraternidad porque se vinculan con lazos que van más allá de la sangre a los que están bajo ese techo, y se crea la plataforma necesaria para llevar a cabo la misión: «Vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5,14). La casa como lugar de las relaciones fraternas con el Maestro y plataforma capaz de llevar mensaje de luz en la oscuridad del sin sentido.

De este modo, con la categoría «casa» se puede entender un poco mejor la realidad del Reino. Aquellos que acogen el proyecto del Reino de Dios, están con Jesús dentro de la casa, vinculados, en comunión, unidos. Hay una relación de aceptación del proyecto y un compromiso de implantar el Reino. De lo contrario, los que se encuentran fuera son aquellos que por diversas cuestiones no quieren aceptar el proyecto del Reino de Cristo: «El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama» (Mt 12,30).

Jesús, explica el sentido de la parábola, expresando los dos escenarios posibles en los que se puede encontrar el ser humano: El que no lo acepta y vive desde una clave egoísta, obrando iniquidad, le toca en suerte el «rechinar de dientes». Al obrar el mal te vas destruyendo, te consumes. Sin embargo, el que acepta y trabaja por construir el Plan de Dios, «brilla», es luz. No quiere decir que haya ausencia de tribulaciones, sino que ha comprendido el sentido que tiene la vida en entregarse, que el proyecto de Jesús es liberador y que somos luz cada vez que regalamos a los demás parte de nuestra vida.

Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P.
Real Convento de Nuestra Señora de Candelaria (Tenerife)


Evangelio del día

Evangelio del jueves 25 de julio de 2024

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

La fidelidad de Santiago

Celebra hoy la Iglesia la fiesta de Santiago Apóstol, testigo y seguidor de Jesús, fiel y valiente. Comienza la primera lectura describiendo una comunidad de apóstoles reunida y unida. Una comunidad que predicaba el Reino de Dios, y que al hacerlo atraía a tanta gente, que molestaba a las autoridades religiosas, hasta el punto de que el rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago.

Estos pasajes de los Hechos de los Apóstoles nos desafían a vivir nuestra fe con valentía y convicción. Nos recuerdan que el testimonio cristiano auténtico puede atraer oposición y persecución, pero también que es un canal apropiado de predicación para extender el Reino de Dios. Como los primeros apóstoles, estamos llamados a ser testigos del amor y la resurrección de Jesús y sobre todo, estamos llamados a predicarlo.

El tesoro de la vulnerabilidad humana

Nos habla la segunda lectura de la vulnerabilidad humana; y es que, ciertamente ante la fragilidad es común encontrarnos con sentimientos de ansiedad, miedo, inseguridad, baja autoestima, tristeza o desesperanza, entre otros. Sentimientos que tienen también impacto físico en nuestros cuerpos y en nuestras relaciones interpersonales. Pero, sentirse vulnerable, es una experiencia humana común que, aunque puede ser desafiante, también ofrece oportunidades para el crecimiento personal y la conexión auténtica con Dios y el prójimo. Aprender a manejar la vulnerabilidad de manera saludable puede transformar esta experiencia en una fuente de fortaleza y resiliencia.

San Pablo nos enseña en su Segunda Carta a los Corintios, que nuestra fragilidad no es un obstáculo para la acción divina, sino más bien el contexto en el que el amor y la gracia de Dios se manifiestan con mayor claridad. Al reconocer y aceptar nuestra vulnerabilidad, permitimos que Dios trabaje en nosotros y a través de nosotros, mostrando su amor en nuestra debilidad. Esto nos invita a vivir con esperanza, confiando en la fuerza de Dios y siendo testigos de su amor y misericordia, incluso en nuestras debilidades.

Grande es quien sirve

En este pasaje del Evangelio de Mateo, encontramos la petición de grandeza de una madre para sus hijos, y la respuesta de Jesús, enmarcada en el servicio como única forma de grandeza y poder.

Jesús aprovecha la ocasión para enseñar a sus discípulos sobre el verdadero significado del liderazgo y la grandeza en el Reino de Dios. Contrasta el liderazgo mundano, caracterizado por la dominación y la autoridad, con el liderazgo que él propone, que se basa en el servicio y la humildad. El mayor entre ellos debe ser el servidor de todos, y el primero debe ser el último. Jesús mismo es el ejemplo, ya que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por toda la humanidad.

Este pasaje nos desafía a reconsiderar nuestras ideas sobre el poder y el liderazgo. En un mundo donde la grandeza a menudo se mide por el estatus, la riqueza y la autoridad, Jesús nos llama a un modelo radicalmente diferente. Nos invita a buscar la grandeza a través del servicio y la humildad, poniendo las necesidades de los demás por encima de las nuestras.

La enseñanza de Jesús es una llamada a la transformación personal y comunitaria. Nos anima a servir en nuestras familias, comunidades y lugares de trabajo. En lugar de buscar reconocimiento y honor, debemos buscar formas y maneras de dar la vida por los demás.

Este enfoque no solo transforma nuestras relaciones personales, sino que también tiene el poder de transformar la sociedad. Una comunidad donde todos buscan servir y apoyar a los demás, reflejará el Reino de Dios ahora, un Reino donde la verdadera grandeza se encuentra en el amor y el servicio desinteresado.

¿Soy fiel al mensaje de servicio que propone Jesús?

¿Aprendo de mis vulnerabilidades? ¿Me sirven para acercarme a Dios?

¿Con mi servicio mejoro la vida comunitaria?

Fraternidad Laical de Santo Domingo de Valencia


Evangelio del día

Evangelio del sábado 20 de julio de 2024

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Ay de los que meditan maldades… porque tienen el poder

Desde siempre ha habido obradores del bien y obradores del mal. El profeta Miqueas nos muestra un claro ejemplo de obradores del mal. Son los hombres que tienen poder y usan ese poder para hacer el mal, para favorecerse a sí mismos, robando, despojando, machacando… a las personas que se ponen en su camino.

Por desgracia, también en nuestra sociedad existen estos obradores del mal, existen los que se apropian de lo que no es suyo. Se les puede aplicar lo que dice Miqueas, de manera simbólica y real: “Codician los campos y los roban, las casas, y se apoderan de ellas; oprimen al hombre y a su casa, al varón y a sus posesiones”. Y anuncia que el Señor no tolerará este mal y hará justicia. Sin caer en un pesimismo fuerte, pero siendo realistas… vemos que estas palabras de Miqueas, que por desgracia se siguen cumpliendo en nuestra tierra, y que la abolición del mal y la aparición de la justicia… lo tenemos que dejar para el segundo tiempo de nuestra humanidad, para después del juicio final, en el cielo.

Pero los seguidores de Jesús tenemos que luchar ya en la tierra para que resplandezca, cada vez con más intensidad, la justicia y, por supuesto, el amor.

Planearon el modo de acabar con  Jesús

El evangelio de hoy comienza diciendo: “En aquel tiempo, lo fariseos, al salir, planearon el modo de acabar con Jesús”. Esta postura de los fariseos viene después de que Jesús realizara una curación en sábado. Apoyándose en que el sábado era sagrado, los fariseos sostenían que, por honrar a Dios, no se podían hacer ciertas cosas en sábado, como por ejemplo curar la mano seca de un hombre. La enseñanza de Jesús era clara y contraria a la de los fariseos: Si se puede hacer un bien a una oveja “¡Cuánto más vale un hombre que una oveja: Lícito es, por tanto, hacer bien en sábado”.   

Después de esta curación, vemos que Jesús no busca el enfrentamiento con los fariseos, “se marchó de allí, donde quedaron los fariseos, y muchos lo siguieron”. Y “no porfiará, no gritará, no voceará por las calles”, y pedirá a los curados que no “le descubran”.

Pero vendrán otros momentos, “cuando llegue su hora”, donde Jesús anunciará su buena noticia abiertamente allí por donde pase, sabiendo que sus enemigos le pueden llevar a la muerte. Pero entonces no se callará, no puede callarse, pues ha venido hasta nosotros a ofrecernos, junto con su amistad, su evangelio, la mejor noticia que puede ofrecer a los hombres para que encuentren el sentido, la alegría de vivir que siempre van buscando. 

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Evangelio del miércoles 17 de julio de 2024

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Dios nos ama y nos salva a todos

Presenciamos una escena extraordinaria y habitual a la vez, que es visible cada vez con más frecuencia y que supone un cauce para querer ´ legalizar` la supuesta prepotencia del hombre y no contar con Aquel que le da todo lo que es y tiene.

Esta escena supone una manifestación de la naturaleza herida del hombre y la consecuencia de la corrección de parte del Señor.  

 También tenemos, ante esto, el ejemplo y esperanza de los santos: lo más grande siempre se nos ha mostrado lo más pequeño ¿por qué Dios nos regala tan frecuentemente esta enseñanza aplicable en ambos sentidos, es decir, para que reconozcamos que   nuestras acciones son obra de Dios a través de nosotros y que nuestra pobreza no impide que hagamos “las obras que Dios quiere”?   ¿por qué el hombre desea la independencia, prepotencia, orgullo, la soberbia de ser más y mejor …?  Como si se tratase de un Dios tirano que castiga y machaca al ´enemigo` con saña, dándonos a otros la razón?

 “Nuestro Dios es un Dios que salva” a todos. Lo que consideramos venganza etc. es únicamente el fruto o consecuencia de nuestras malas acciones que, antes o después, se vuelven y ejecutan el mal del que proceden. Aún así, precisamente en esa realidad Dios nos ama y nos salva a todos.

Dios de la venganza

Cuando el hombre débil, pobre y pequeño se siente atacado, amenazado, pisoteado… … recurre a Dios, sabemos que Él se ha comprometido a defender y salvar al pobre… y aunque la experiencia actual nos parezca que triunfa: ahí está el Dios Salvador que requiere nuestra Confianza. Quizás es incorrecto llamarle Dios de la venganza y poner en sus manos los castigos infringidos; sabemos que esta expresión es fruto de los pueblos guerreros y se queda en el hombre indefenso que acude a Dios. pero no, sabemos bien que, si Dios es el de los pobres y pequeños, es por pura Misericordia y que Él nos ha creado de tal manera que el mal no lo maneja Dios para la venganza, sino que el mismo mal rebota contra sí mismo y se destruye; porque en el hombre sólo acampa la Bondad y la Verdad cómo la “imagen” de Dios en nosotros que somos. Dios lo sabe todo, lo ve y lo oye y, en su Justicia, defiende a los rectos de corazón. Importa mantenerse unidos a Él, porque su esencia es el Bien y a Su amparo siempre venceremos, a SU tiempo.

La condición: no apartarse del “Dios de mi salvación”, manteniéndose pequeños.

Orar en todo momento

“En aquel momento…”    

Jesús acaba de descubrir ante el pueblo la infidelidad, la no correspondencia a sus dones, su entrega, su predilección por ellos, “el pueblo escogido”, podríamos decir que se siente defraudado, un poco rendido ante la evidencia de no encontrar respuesta, tras haber mostrado y realizado su dedicación y entrega….

Y “en aquel momento” … como elevando el espíritu, como aterrizando en la única Verdad, en la fuente y origen de toda su obra…  se dirige al Padre, su Padre, el origen, guía y meta de nuestra salvación y de todo lo que existe… el Padre, que es Quien le ha metido en este ´berenjenal`, y a Él acude.

Se percibe cómo es su relación, su comunicación propia, la más excelsa y habitual: “Padre, te doy gracias”.   

Jesús es consciente de su postura de Hijo y lo reconoce desde su Humanidad, en la que expone la necesidad de los humanos que le han sido confiados.

Jesús da gracias al Padre porque su obra es firme, su voluntad tiene un camino muy concreto y cierto y Él, en su oración, vuelve a recordar o activar esta verdad, precisamente porque no ve el fruto e insiste con reiteración en la humildad, pequeñez y pobreza necesarias para recibir el privilegio de la auténtica Sabiduría. Jesús se reconoce el privilegiado por excelencia: “todo me ha sido entregado por mi Padre” … y a la vez se reconoce como el Camino hacia Él, el puente (pontífice), revelando su estrecha unión y su Unidad indivisible

Se deja entrever cómo Jesús nos enseña la manera de actuar y sobrevivir cuando el entorno, la sociedad, los otros… no reconocen la verdad, ´no hacen caso` y podemos correr el riesgo del desánimo o la desilusión ¡no!  Por experiencia sabemos que entonces, en aquel momento toca volverse al Padre, exponerle la realidad, la pobreza, el fracaso aparente, aún el pecado, y acoger Su Misericordia, reactivando su Verdad y poniendo en Él la Confianza, toca dejar en su Presencia lo nuestro y retornar fortalecidos a recorrer el Camino. Al fin la relación y Encuentro con el Padre, con su voluntad y auxilio es personal para cada uno.

¿Cómo puedes resolver las contrariedades producidas por la incongruencia, irregularidad, decadencia de tantos que nos rodean?

Dominicas de Lerma
Monasterio de San Blas. Lerma (Burgos)


Evangelio del día

Evangelio del jueves 4 de julio de 2024
Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón

La primera lectura nos presenta al profeta Amós que, “políticamente incorrecto”, empieza a profetizar en el reino del Israel… Y no es “profeta profesional” sino un simple cultivador de sicomoros. Pero es él, precisamente él, el inspirado por Dios para una misión difícil y en esa labor encuentra el sentido de su vida.

La Gracia de Dios nos confiere a cada uno de los bautizados una misión profética que a veces no es fácil y, como a Amós, le puede costar enfrentarse con lo que está establecido por las autoridades políticas, religiosas… o simplemente vivir a contracorriente. La Misión constituye al profeta, le da un sentido pleno a su fe y a su vida porque, como dice el salmo: “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón”

¡Qué buena lectura para conmemorar al beato (muy pronto santo) Pier Giorgio Frassati, laico dominico italiano, que muere a los 24 años tras una predicación vital impresionante entre quienes le rodeaban: familia, amigos y personas desconocidas pero necesitadas de ayuda material y afectiva! En su entrega radical a los demás encontró el sentido a su vida y fue ciertamente Profeta entregado al Reino de Dios. Por eso la Iglesia y nuestra Orden nos lo propone como ejemplo de santidad y de apostolado entre los jóvenes.

Ánimo, hijo, tus pecados son perdonados

Esta frase del Señor al paralítico nos dice el Evangelio que escandalizó a muchos de los presentes… Lo que no nos dice es qué efecto causó al paralítico y, sin embargo, estoy convencido que fue ya determinante para él que le llamara “hijo” y que le perdonara sus pecados… Y es que Jesús interviene con la fuerza del Padre en la historia de esta persona y lo llama, desde la oscuridad del mal y el sinsentido, a la luz de la Bienaventuranza.

Esta Revelación de Dios en la historia de una persona y de una comunidad que la presenta precede al milagro físico. Con Jesús Dios entra en nuestra historia paralizada por el mal y el pecado y nos anima a convertirnos. Y es que el mal, las “estructuras de pecado” que diría San Juan Pablo II, nos atenazan y no nos dejan vivir ni caminar. Jesús ha venido para dar de nuevo vigor a nuestras piernas, a nuestros corazones, en la Misión del Reino.

La Iglesia es quien nos presenta al Señor que viene por el camino de nuestra vida y prepara, mediante los sacramentos, nuestro corazón para el encuentro y la palabra de ánimo de Jesús que, de seguro, ya resuena entre otros tantos sonidos que nos rodean y dispersan. La clave está en reconocerle y que nuestras piernas experimenten la fuerza para levantarnos, seguirle en la Misión que nos encomiende.

«La pereza es un pecado feo, puede afectar a cada hombre: es vivir porque es gratis el oxígeno, el aire, es vivir siempre mirando a los otros que son más felices que yo, vivir en la tristeza, olvidar la alegría. Es un pecado que paraliza, nos hace paralíticos. No nos deja caminar. A nosotros Jesús hoy nos dice: Levántate, toma tu vida como es, bonita, fea, como sea, tómala y ve adelante. No tengas miedo, ve adelante con tu camilla — “Pero, Señor, no es el último modelo…” — ¡Pero ve adelante! ¡Con esa camilla fea, quizá, pero ve adelante! Es tu vida, es tu alegría».

(Homilía de S.S. Francisco, 28 de marzo de 2017, en santa Marta)

D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.
Fraternidad “Amigos de Dios” de Bormujos (Sevilla)


Evangelio del día

Evangelio del martes 18 de junio de 2024

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Si perdonas, serás libre

La primera lectura nos presenta la prepotencia, la injusticia, el asesinato y robo cometido por Ajab y su esposa contra un inocente, en una clara muestra de abuso de poder. Tales hechos no debían tener la última palabra, Por eso Dios interviene enviando a Elías para denunciar los pecados y anunciar la sentencia. La muerte de Nabot será vengada con la de sus verdugos (La ley del talión).

Dios, en el Antiguo Testamento se manifestó también como el defensor de los débiles, los inocentes y los oprimidos contra la prepotencia de los fuertes y poderosos. Por eso, también ante el arrepentimiento mostrado por el débil rey, obtuvo una prórroga del castigo.

Seguimos necesitando hoy profetas que defiendan los derechos de Dios y también los derechos de los pobres, como se hizo en el caso de la injusticia contra Nabot.

Como yo os he amado

Dice Jesús, amar a los enemigos significa desearles el bien y hacerles el bien. No quiere decir que tengamos por ellos los mismos sentimientos que por las personas que nos quieren, sencillamente porque no somos dueños de nuestros sentimientos. Aún así, desear y buscar el bien de quienes nos persiguen y calumnian nos puede parecer no sólo difícil sino hasta peligroso. ¿No es correr el riesgo de quedarnos con las manos vacías de amor?

Nos parece más seguro esperar a que alguien nos pruebe primero su amor para decidirnos a amar nosotros también. No nos consideramos capaces de funcionar como una fuente de amor en un desierto sin amor.

Pero, si todos nos quedamos quietos esperando a que los demás nos quieran, nunca habrá amor entre nosotros. Aunque Dios no nos pide que seamos la fuente del amor. Esa fuente ya existe y nosotros disfrutamos de ella. Jesús nos invita a contemplar y sentir en medio de nuestras vidas al Padre del cielo que hace salir su sol sobre malos y buenos. El amor lo tenemos asegurado. Nos falta creer en él y apostar nuestra vida por él.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Convento de la Virgen del Camino (León)


Evangelio del día

Evangelio del lunes 17 de junio de 2024
Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Dios me libre de cederte la herencia de mis padres

Ayer le pedíamos a Dios que nos concediera su gracia para guardar sus mandamientos y agradarle con nuestros deseos y acciones. Esa petición reconoce que El siempre va a nuestro lado, sosteniendo deseos y acciones.  La cercana relación con él, basada en una creciente comunión, hace posible guardar sus mandamientos y concordar deseos y acciones.

El relato del primer libro de los Reyes, nos sitúa en el reinado de Ajab y Jezabel. No se trata solamente de episodios históricos, sino que, mirando el discurrir de los hechos a la luz de la fe, quedan de manifiesto la corrupción y la honestidad, la bondad y la maldad.

La viña de Nabot es más que un simple viñedo, es la “herencia de sus padres”. Frente al antojo caprichoso de Ajab, de hacerse un “huerto ajardinado junto a su casa”, la firmeza de la posición de Nabot. Las ofertas del rey Ajab: intercambio de tierras incluso mejores, o su valor en dinero, aunque sea un precio justo, no pueden obligar a Nabot a ceder, ni socavar el “aprecio de la herencia de sus padres”. Todo el poder real no es razón suficiente para semejante negocio. La respuesta: “Dios me libre de cederte la herencia de mis padres”, hacen ver a Ajab que sus pretensiones son inútiles. Evidente es su frustración. La dignidad ni se negocia ni se vende.

Entra en juego Jezabel: «¡Ya es hora de que ejerzas el poder regio en Israel! La perfidia de Jezabel es resaltada en el relato y la sufrirá, al igual que Nabot, el profeta Elías. ¿Cómo actúa? Usa el poder real para imponer procedimientos perversos y sentencias injustas. Alienta la prevaricación de los notables y de los que, por miedo a su perversión, cederán a sus desmanes. Todo revestido de una falsa virtud y apego a la legalidad. “Tú has maldecido a Dios y al rey”. Es el testimonio forzado para apedrear a Nabot hasta morir. Le comunican la ejecución y feliz ella notifica a Ajab que la viña de Nabot es suya.

Pareciera la crónica de los acontecimientos en nuestros días, a lo largo y ancho del planeta. La corrupción extendida, invadiendo todos los ámbitos de la vida humana. Poderes corrompidos que doblegan la justicia y atropellan la dignidad y derechos de las personas. Uso y abuso del poder, tráfico de influencias en los ámbitos del poder. ¿Qué hacer?

Atiende a mis gemidos, Señor.

Es la súplica que se alza, desde todos los confines del planeta, presentando ante Dios todo el dolor humano y los atropellos a los que son sometidos amplios sectores de la humanidad. Haz caso, le decimos a Dios, de nuestros gritos de auxilio. Conscientes de que Dios no ama la maldad, ni los fines perversos de quienes abusan de su poder; tampoco el servilismo vil que reviste comportamientos relacionados con el poder y procedimientos injustos. En el dolor de la humanidad queda claro que Dios no ama la maldad, ni la perversión ni la arrogancia. Detesta la mentira, toda mentira, ni comportamientos sanguinarios y tampoco la traición.

La palabra del Señor hoy nos ilumina y nos ayuda a discernir, de modo que no caigamos en la tentación de revestir de religiosidad y justicia, criterios y comportamientos, alejados del evangelio.

Yo os digo: no hagáis frente al que os agravia

El sermón de la montaña que estamos escuchando en estos días, es el planteamiento básico que Jesús ofrece al hombre contemporáneo. Porque no es un relato del pasado, ni su palabra queda en el pasado remoto, sino que es actual y viene a iluminar la actualidad. Y esta iluminación nos reclama respuestas actualizadas.

Así, respecto de los mandamientos dados en el Sinaí, Jesús, como nuevo legislador, define: “Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”, Pero yo os digo no hagáis frente al que os agravia…”.  Juan, en el prólogo de su evangelio, establece la diferencia: “La ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo”. Ha llegado el tiempo, ya estamos en él, en el que todo lo dado a conocer a lo largo de la historia de la humanidad y en favor de su salvación, sea escuchado, acogido, entendido y aplicado desde la clave cristológica. “Pero yo os digo”.  Esta expresión marca un antes y un después.

Y el después es la negación absoluta de cualquier tipo de violencia, de injusticia, de atropello y violación de la dignidad humana. Naturalmente, poner la otra mejilla, dar también el manto, caminar todo el espacio y tiempo que sea necesario, no rehuir los compromisos, no significa cooperar con el mantenimiento de la injusticia, pues estamos llamados a transformar el mundo, corregir los sistemas y ser luz y sal de la tierra.

No es lícita ninguna práctica, razón o argumento de tipo espiritual que pueda justificar los atropellos y violaciones de la dignidad de toda persona humana.

¿Cómo asumo los planteamientos de Jesús en nuestros días?

¿Cómo trato de aplicarlos?                                                   

Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.
Convento de Santa Cruz la Real (Granada)