Evangelio del Día

Evangelio De Hoy Sábado 24 Septiembre de 2022

Padre Carlos Yepes

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 43b-45

En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos:
«Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».
Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido.
Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.

Reflexión del Evangelio de hoy

Hoy, veneramos a María, como Virgen de la Merced. Esta advocación nos recuerda y nos invita a liberarnos y a liberar a las personas de toda clase de esclavitad que tienen y tenemos, devolverles su dignidad. Pidamos a María que nos ayude a comprender, acoger, y ayudar a las personas a salir de ellas pues les hacen vivir sin dignidad.

Vivir con dignidad cada edad y sin vanidad

Precisamente estos versículos del libro del Eclesiastés nos están invitando a liberarnos de todo aquello que puede impedir el vivir con libertad y dignidad cada etapa de nuestra vida.

La vida nos la ha dado Dios para que la vayamos viviendo con gratuidad y con sentido, no para destruirla. La vamos madurando viviendo con sentido las distintas etapas por las que pasamos: adolescencia, juventud, madurez, ancianidad. Cada etapa tiene su problemática, sus dificultades, sus alegrías y sus dificultades. En cada etapa tenemos que estar atento a lo nace de nuestro corazón, pues puede ser contradictorio, de ahí que diga:” déjate llevar del corazón” y “rechaza las penas del corazón”· Con cada etapa vamos madurando, adquiriendo experiencia e intentando dar sentido a nuestra vida.

Para cada momento de nuestra existencia da unos consejos que es necesario que tengamos en cuenta, aceptar todo lo bueno que tiene y disfrutarlo. También aceptar las dificultades, las debilidades y afrontarlas. Para afrontarlas contamos con nuestro esfuerzo, con la ayuda de los demás y con la ayuda del Creador de la vida. De ahí que no hemos de ser vanidosos, pues  siempre en cualquier etapa, es Dios el que nos acompaña y nos ayudapara evitar la vanidad.

Admiración, signo de contradicción

San Lucas en el camino de Galilea a Jerusalén va instruyendo a sus discípulos de cómo tienen que continuar su obra. Pero, a pesar de ver cómo provoca admiración su actuación y sus palabras, a Él no le está siendo fácil y de nuevo les recuerda cómo va a terminar su vida: entregando la vida, pero resucitando. Lógica la reacción de sus discípulos, de no entender o de no querer entender.

Les resultaba raro que tal como aparentemente la gente le escuchaba, le solicitaba ayuda, le seguía, incluso lo aclamaba, pudiese ser verdad el anuncio de la realidad de la entrega de su vida, pues no sólo iban a matarlo, sino que lo decía cómo que era algo normal para Él. Esa normalidad, tal como lo expresaba, se ve que era consciente de que su vida la entregaba libremente para hacer realidad el proyecto que Él había intentado hacer realidad y del que les había hablado de muchas maneras.

No entendían el lenguaje y tenían miedo en preguntarle. El porqué de ese miedo, ciertamente llama la atención- ¿Será porque ven una contradicción ente la admiración y su muerte? ¿Será porqué pensarían que a ellos, por ser sus seguidores, terminarán igual? Estás preguntas nos sitúan en nuestra realidad existencial y vemos que ocurre lo mismo. Jesús y su proyecto y realización en su vida, es admirado y valorado por muchas personas, pero las personas tienen miedo de seguirle para hacer realidad ese proyecto. ¿Por qué será? Reflexionemos y pidamos ayuda para no desanimarnos en continuar con ese proyecto de amor a la humanidad realizado por Jesús y anunciarlo con nuestra palabra y con nuestro testimonio.

Fr. Mitxel Gutiérrez Sánchez O.P.
Casa Ntra.Sra. de los Ángeles (Vitoria)

Evangelio del Día

Evangelio De Hoy Viernes 23 Septiembre de 2022

Padre Carlos Yepes

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 18-22

Una vez que Jesús estaba orando solo, lo acompañaban sus discípulos y les preguntó:
«¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos contestaron:
«Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Pedro respondió:
«El Mesías de Dios».
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie, porque decía:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».

Reflexión del Evangelio de hoy

Todo tiene su tiempo y su momento

Qohélet, el autor del libro del Eclesiastés, está muy impresionado por el misterio del tiempo, pero nos da la sensación de que lo interpreta de modo fatalista, haga lo que haga, cada cosa sucederá a su tiempo y no puedo hacer nada para cambiarlo. La pregunta surge misteriosa e inquietante a la vez, ¿cómo puedo conocer el tiempo oportuno? La respuesta sólo la tenemos en Dios, que es quien da sentido a la existencia y a todo lo que nos sucede.

El hombre moderno parece decirse “Hay que tomar la vida como viene”, pero esto nos hace vivir resignados, algo a lo que el hombre continuamente, se opone. Dios ha sembrado en el fondo de nuestra alma el deseo de eternidad, y eso nos urge a encontrar sentido a cada momento y circunstancia de nuestra vida. Necesitamos saber que nuestras acciones, tendrán resonancia en la vida eterna y que no quedarán limitadas por este tiempo presenta.

La respuesta sólo la podemos encontrar en la gracia, la misericordia y el amor de Dios. Ellos son los que nos hacen salir del fatalismo de vivir esta vida de tejas para abajo y fijar nuestros ojos en Jesús, el que inicia y completa nuestra fe, el que nos hace vivir apasionadamente cada tiempo y momento de nuestra existencia.

Jesús estaba orando a solas

Nuevamente el Evangelio nos presenta la pregunta ¿Quién es este? Todos, desde el rey Herodes hasta los discípulos, se preguntaban acerca de quién era este hombre, que era diferente, que enseñaba con autoridad, del que salía un poder que curaba a todos, que oraba al Padre de una manera tan especial y distinta. Pero hoy es el mismo Jesús quien nos hace la pregunta en primera persona: Y tú, ¿quién dices que soy yo?

No podemos escondernos detrás de lo que dicen los demás, o de lo que hemos aprendido en los libros. Jesús nos pide una respuesta personal. Y esta respuesta, hermanos, no la podemos dar si no es desde la oración, desde la intimidad personal con Él, desde una vida imbuida y rodeada por la oración, llena de Dios. Porque es en la oración donde podemos conocer de verdad la personalidad del Señor, y sólo desde la oración podemos entender sus palabras “es necesario que el Hijo del hombre sufra”. Porque sin la oración, podemos entender y hacernos la idea de un Mesías sin cruz, sin sufrimiento, donde todo sea risa y alegría fácil. Pero no, Jesús nos pone ante la realidad, “es necesario”, la cruz es el camino de la resurrección y esto sólo lo podemos asimilar en la oración, en la intimidad de una relación amorosa con Jesucristo.

Durante el día de hoy pregúntate: ¿cómo vivo el momento presente? ¿Trato de vivir desde la gracia, la misericordia y el amor, o por el contrario, vivo mi vida desde una óptica fatalista y resignada?

¿Quién es el Mesías Jesús para mí? ¿Huyo de la cruz y el sufrimiento, o lo integro como camino necesario para llegar a la resurrección que me ha prometido el Señor?

Sor Inmaculada de la Cruz, OP
Monasterio Santa Mª de Gracia, Córdoba

Evangelio del día

Septiembre 19, 2022

Nada hay oculto que no llegue a descubrirse

Padre Luis Zazano

Lectura del santo evangelio según san Lucas 8,16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Nadie que ha encendido una lámpara, la tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama, sino que la pone en el candelero para que los que entran tengan luz.
Pues nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse y hacerse público.
Mirad, pues, cómo oís, pues al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener».

Reflexión del Evangelio de hoy

El Señor se burla de los burlones y concede su gracia a los humildes

El texto del libro de los Proverbios constituye un auténtico tesoro de lo que es y significa la Sabiduría de Dios, que va mucho más allá de la razón y los valores exclusivamente humanos. El pueblo de Israel toma conciencia de que ayudar al que lo necesita, evitar el enfrentamiento, experimentar la envidia incluso por el que parece triunfar mediante la violencia… responde a la voluntad de un Dios que es Padre y quiere lo mejor para sus hijos, que solo en Él todo tiene sentido.

Tendríamos que tomar conciencia de esta Sabiduría del Amor que Dios nos propone en este mundo, ser capaces de descubrir, con su gracia y más allá de las apariencias, que merece la pena empeñar nuestra vida en una Fe que nos salva a todos los hombres.

Nada hay oculto que no llegue a descubrirse

La parábola de la Lámpara se sitúa tras la del Sembrador y ambas se refieren al anuncio de la Palabra de Dios por Cristo y las distintas respuestas y acogidas con que es recibida por nosotros los hombres. Como bien afirma San Juan en el prólogo a su Evangelio, la Palabra es la Luz que ilumina al mundo. Recibirla con verdadera fe implica hacerla arder en el candelero de mi vida a la vista de todos, pero ocultarla por miedo o vergüenza es poner en evidencia nuestras oscuridades, mediocridades, hipocresías…

Por eso es importante descubrir que la Palabra de Dios se dirige personalmente a cada uno de nosotros y en nuestras circunstancias concretas y es una Palabra de Salvación, de felicidad, pero que ciertamente implica una respuesta sincera y comprometida: la mía, no la de mis contextos familiares o de conveniencias…

El Señor, que nos conoce y nos quiere, nunca se va a cansar de llamarnos para integrarnos en su “familia” que es la Iglesia. Pero es nuestra decisión dejarnos prender por la Luz y ser lámpara o esconderla y dejar que se apague como a las vírgenes necias.

¡Pero que hermosa es esta misión de dar luz al mundo! Pero es una misión que nosotros tenemos. Es hermosa… También es hermoso conservar la luz que hemos recibido de Jesús. Custodiarla, conservarla. El cristiano tendría que ser una persona luminosa, que lleva luz, siempre da luz, una luz que no es suya, sino que es un regalo de Dios, un regalo de Jesús. Y nosotros llevamos esta luz adelante. Si el cristiano apaga esta luz, su vida no tiene sentido. Es un cristiano solo de nombre, que no lleva la luz. Una vida sin sentido. Pero yo quisiera preguntaros ahora: ¿Cómo queréis vivir vosotros? ¿Como una lámpara encendida o como una lámpara apagada? ¿Encendida o apagada? ¿Cómo queréis vivir? Pero no se escucha bien aquí. ¡Lámpara encendida!, ¿eh? Y es precisamente Dios el que nos da esta luz y nosotros se la damos a los demás. ¡Lámpara encendida! Esta es la vocación cristiana.

(Papa Francisco. Ángelus del 9 de febrero de 2014)

D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.
Fraternidad “Amigos de Dios” de Bormujos (Sevilla)

Evangelio del día

Evangelio De Hoy Domingo 18 Septiembre 2022

 No podéis servir a Dios y al dinero 

Padre Carlos Yepes
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 16, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.

Entonces lo llamó y le dijo:
“¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”.

El administrador se puso a decir para sí:
“¿Qué voy a hacer, pus mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”.

Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:
“¿Cuánto debes a mi amo?”.

Este respondió:
“Cien barriles de aceite”.

Él le dijo:
“Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”.

Luego dijo a otro:
“Y tú, ¿cuánto debes?”.

Él contestó:
“Cien fanegas de trigo”.

Le dijo:
“Aquí está tu recibo, escribe ochenta”.

Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

El que es de fiar en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.

Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?

Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».



Evangelio del Día

Evangelio De Hoy Sábado 17 Septiembre de 2022

Padre Carlos Yepes

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 8, 4-15

En aquel tiempo, habiéndose reunido una gran muchedumbre y gente que salía de toda la ciudad, dijo Jesús en parábola:
«Salió el sembrador a sembrar su semilla.
Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros del cielo se lo comieron.
Otra parte cayó en terreno pedregoso, y, después de brotar, se secó por falta de humedad.
Otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos, creciendo al mismo tiempo, la ahogaron.
Y otra parte cayó en tierra buena, y, después de brotar, dio fruto al ciento por uno».
Dicho esto, exclamó:
«El que tenga oídos para oír, que oiga».
Entonces le preguntaron los discípulos qué significaba esa parábola.
Él dijo:
«A vosotros se os ha otorgado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los demás, en parábolas, “para que viendo no vean y oyendo no entiendan”.
El sentido de la parábola es este: la semilla es la palabra de Dios.
Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
Los del terreno pedregoso son los que, al oír, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan.
Lo que cayó entre abrojos son los que han oído, pero, dejándose llevar por los afanes, riquezas y placeres de la vida, se quedan sofocados y no llegan a dar fruto maduro.
Lo de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia».

Reflexión del Evangelio de hoy

Se siembra lo corruptible, resucita incorruptible

Hay cosas “naturales” que no las comprendemos, pero las admitimos sin dificultad. Así, admitimos que el grano de trigo se transforme en espiga, pero desconocemos cómo sucede ese fenómeno.

Con las cosas “espirituales” sucede lo mismo. Por eso San Pablo en la lectura de hoy pone el ejemplo de lo que sucederá con los cuerpos resucitados,

No nos ofrece una explicación de ese acontecer porque no la tiene. Pero sí nos ofrece un hecho lleno de esperanza y pleno de realidad: “aunque no podamos explicar cómo suceerá, una cosa es segura: que resucitaremos porque la Palabra de Dios lo afirma así: “los muerto resucitarán”.

Y la resurrección afectará a todo nuestro ser, a todo lo que somos y sentimos. No será un “yo ideal” el que vivirá, sino nuestro propio ser en todas sus dimensiones. Ante la pregunta que se pueda hacer sobre ¿cómo será eso?, cabe la respuesta que la Palabra de Dios da en muchas ocasiones: “para Dios nada hay imposible; es suficiente con que lo creas y se realizará.

Da fruto perseverando

El Señor, que va caminando de ciudad en ciudad, siembra a voleo su Palabra de salvación. El protagonista de este pasaje es la semilla y no el sembrador. Frente al fracaso aparente, llegará a producir abundante cosecha en el futuro porque la fuerza de la semilla no puede ahogarse.

Si la lluvia y la nieve no vuelven vacías al cielo, la Palabra de Dios no puede perderse. Es verdad que depende de la acogida que se le dé. Pero el fruto está asegurado puesto que la semilla tiene gran fuerza en sí misma, aunque la fecundidad dependa del terreno en el que caiga. La Palabra salvadora de Dios se ofrece a todos los hombres, como la semilla que el sembrador esparce a voleo en su tierra,

Una parte de esa semilla no llega a dar fruto por “agentes externos” a la misma: los pájaros que la comen, las piedras que la entorpecen o las zarzas que le roban la sazón. A pesar de que hay varios tipos de oyentes en los que la semilla se va a perder, la parábola nos ofrece un verdadero mensaje de esperanza ya que dará abundante cosecha porque va a ser acogida con fe y alegría entre los “pobres”, “los pequeños”, “los pecadores”.

¿Cómo acogemos la semilla, qué clase de tierra somos, cómo la tratamos, cómo la cuidamos, cómo la defendemos?

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Casa Ntra.Sra. de los Ángeles (Vitoria)

Evangelio del Día

El evangelio de hoy Viernes 16 de Septiembre de 2022

Fray Carlos Villa

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 8, 1-3

En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompañado por los Doce y por algunas mujeres, que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.

Reflexión del Evangelio de hoy

“Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido

San Pablo insiste en esta carta a los corintios en la resurrección de Jesucristo, es una verdad que quiere dejar bien sentada y clara ante los de Corinto que dudaban de la resurrección de los muertos, incluso se reían cuando oían hablar de resurrección de muertos.

Si creemos que Cristo resucitó de entre los muertos para nuestra salvación, tenemos la esperanza de heredar la vida eterna.

Esta resurrección de Jesucristo, prueba que la resurrección es posible; negarla sería negar las esperanzas cristianas, hacer de los cristianos los más miserables de los hombres. Pero Cristo resucitó y, en virtud de nuestra unión con él, nosotros también resucitaremos, participando de su gloria y de su reino.

Si Cristo no hubiera resucitado la muerte no habría sido vencida y por lo tanto tampoco el pecado.

Y en 2ª Cor. 4,7-15 dice: «mientras vivimos continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús…Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: “Creí por eso hablé”, también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús  nos resucitará y nos hará estar con vosotros».

Si la esperanza que tenemos puesta en Cristo se reduce a esta vida, seríamos los más miserables de todos los hombres.

“Al despertar me saciaré de tu semblante Señor”

Quiere decir que al despertar, “resucitar”, nos saciaremos del rostro d .el Señor. Muestra las maravillas de tu misericordia.- Tú que salvas de los adversarios    A quien se refugia a tu derecha. – Guárdame como a las niñas de tus ojos,     A la sombra de tus alas escóndeme.- Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia,-Y al despertar me saciaré de tu semblante 

“Algunas mujeres acompañaban a Jesús y le ayudaban con sus bienes”

Jesús iba caminando de ciudad en ciudad, predicando la Buena Noticia del Reino de Dios; lo acompañaban los doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y de enfermedades, le ayudaban con sus bienes.

Es San Lucas el único que menciona al lado de los discípulos a las mujeres que seguían la compañía de Jesús y atendían a sus necesidades materiales. No era esto extraño a la costumbre de los rabinos. De ambos ejemplos se autorizaban los apóstoles, según indica San Pablo (1 Cor 9,5). La piedad y la Gratitud por la salud recibida eran la causa que las movía a ejercer esta obra de misericordia. Una de ellas era María Magdalena o de Magdala. No hay motivos para creer que la posesión diabólica signifique una vida culpable; pero el número siete acaso indique una recaída en el mismo mal. Esta presentación de la Magdalena demuestra también que no tiene nada que ver con la pecadora de 7,37ss.

Las mujeres, que han sido liberadas y perdonadas por Jesús, responden a su don, con gesto de amor que las convierte en auténticas discípulas (seguidoras) del Maestro.

En el día de hoy, con nuestras “prisas” ¿estaríamos dispuestos a acompañar a los evangelizadores (misioneros) en su trabajo, si no es físicamente por lo menos aportando un poco de dinero para hacer su vida un poco más llevadera?

Dominicas de Daroca
Monasterio de Nuestra Señora del Rosario – Daroca

Evangelio del día

La palabra del día 14 de Septiembre 2022

ENCUENTRO CON LA PALABRA

Recemos por la Salud del Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Juan 19,25-27

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.

Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo».

Luego, dijo al discípulo:
«Ahí tienes a tu madre».

Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.

Reflexión del Evangelio de hoy

Leemos en estos versículos de la Primera carta a los Corintios uno de los primeros “credos” que recitaban las comunidades primitivas como una fórmula de profesión de fe concentrada en “tres acontecimientos históricos”: la muerte, la sepultura y la resurrección de Jesucristo. Y además Pablo repite la fórmula “según las Escrituras” como mostrando que son hechos esenciales en el plan de Dios para la salvación del mundo.

Algunos cristianos de Corinto negaban la resurrección de los muertos, por ello Pablo parte de la proclamación evangélica: el misterio Pascual de Cristo muerto y resucitado y va enumerando varias de sus apariciones: a Cefas, a los Doce, a más de quinientos hermanos, a Santiago, a todos los apóstoles y a él, como el último de los apóstoles; pero es ésta, una lista no exhaustiva de testigos que se beneficiaron de las apariciones del “resucitado”.

Pablo habla de sí mismo diciendo que es indigno del nombre de apóstol porque ha perseguido a la Iglesia de Dios, pero por la gracia de Dios “Pablo ha muerto a su pecado y ha resucitado con Cristo”. La “gracia” no trabaja sin nosotros y con ella hacemos mucho más de lo que lograríamos con nuestras solas fuerzas. Pues por gracia somos hijos de Dios, y por la gracia somos capaces de “ver maravillas” en los hombres y de “hacer maravillas” con los hombres. Acaso no está la gracia “naciendo” en cada ser humano cada día y en todo momento, ¿lo notas? Esta gracia de Dios en nosotros es una buena aliada para caminar en la vida.

María está con nosotros

Nos relatan estos versículos el último diálogo de Jesús con su madre. Leemos “Junto a la Cruz estaba su madre” porque en momentos difíciles, de sufrimiento “su madre estaba” como lo está con nosotros, pero solo Juan menciona su presencia. Él lo sabe y lo cuenta porque estaba junto a la Cruz y gracias a su presencia y a su mención en el texto evangélico, nosotros sabemos que María estaba junto a su hijo, como sabemos que está con nosotros, está junto a nosotros siempre, en los momentos difíciles y en los fáciles, en situaciones de sufrimiento y de alegría, en este “valle de lágrimas” y siempre.

El llamar Jesús a su madre “mujer” parece indicar un acto que sobrepasa la relación filial, proclamando la universal maternidad espiritual de María con respecto a los creyentes que estamos representados por el discípulo amado. Todos nosotros estamos invitados a acoger a la madre del Señor en nuestra casa y en nuestra vida.

Celebramos la Virgen de los Dolores, y reza un himno en este día: “La Madre piadosa estaba junto a la cruz y lloraba, mientras el Hijo pendía; cuya alma, triste y llorosa, traspasada y dolorosa, fiero cuchillo tenía” (LH Vol. IV Pág. 1189); es la Virgen dolorosa y a ella “suspiramos, gemimos y lloramos”, cuando recitamos la Salve porque el mundo es “tierra de María” y a ella le rogamos “ahora y en la hora de nuestra muerte”. Estamos llamados a ser cristianos marianos, creyentes en Jesús y en María; una madre siempre está “junto” a sus hijos ¿lo notas? María es una buena aliada para caminar en la vida.

Monjas Dominicas Contemplativas
Monasterio Stma. Trinidad y Sta. Lucía (Orihuela)

Evangelio del Día

Santo Evangelio 14 septiembre 2022

Padre Carlos Yepes

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 13-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios».

Reflexión del Evangelio de hoy

Dios siempre perdona y ama

Hay que repetirlo cuantas veces sea preciso. La historia de las relaciones de Dios con los hombres es la historia del amor apasionado de Dios hacia todos nosotros. En un primer momento, el pueblo judío percibió con intensidad este amor cuando Dios los libró de la esclavitud de Egipto.

Pero en el trayecto hasta la tierra prometida, en algunas ocasiones, como nos indica el episodio de esta primera lectura, no vieron claro ese amor de Dios. “El pueblo estaba extenuado del camino y habló contra Dios y contra Moisés”. El Señor envió como castigo serpientes venenosas y murieron muchos israelitas. El pueblo cayó en la cuenta de su pecado, se arrepintieron y pidieron a través de Moisés que les perdonase y que apartase de ellos las serpientes mortales. Dios se las arregló para salvarles a través de una serpiente colocada en un estandarte a quien tenían que mirar. Dios perdonaba a su pueblo y le seguía amando.

La cruz de Jesús es la mejor prueba de su amor hacia nosotros

La segunda lectura de San Pablo y el evangelio del día, nos ayudan a ver que la muerte de Jesús en la cruz es la exaltación del apasionado amor que nos tiene. Siempre hemos de ver unidos su vida, su muerte en cruz, y su resurrección. Si Jesús murió en la cruz  fue porque vivió así, de una determinada manera, y si resucitó fue porque vivió y murió  así. En esta fiesta de hoy queremos resaltar la muerte de Jesús en la cruz y el gran amor que encierra… pero lo mismo podemos y debemos decir de su vida y su resurrección.

En lo del amor… hay que empezar por Dios Padre, que tanto amó al mundo que le envió a su Hijo. Hay que seguir por su Hijo Jesús, que fue capaz de no hacer alarde de su categoría de Dios y tomar la condición de esclavo, para que viéramos con más claridad que había venido a servirnos y no a ser servido. Y nos sirvió, no desde la altura divina, sino desde su condición humana, llenándonos de luz y predicándonos su buena noticia, gastando su vida en indicarnos el camino que nos lleva a vivir con vida, con sentido, con esperanza en esta tierra antes de desembocar en la vida de felicidad total después de nuestra muerte y resurrección.

A las autoridades judías no les gustó Jesús, su manera de vivir y su manera de predicar. Le pidieron que se callase que no predicase su evangelio. Pero Jesús, por amor a nosotros, siguió predicando su buena noticia y como consecuencia le mataron en una cruz, pero de esta manera su amor, su evangelio, su luz han quedado para siempre con nosotros. Por amor a nosotros, por no dejarnos en la estacada, por no dejarnos sin la mejor noticia que nosotros los hombres podíamos recibir… le mataron en la cruz. Es verdad, la exaltación de la cruz, es la exaltación del gran amor que siempre nos tuvo Jesús.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Evangelio del día

Evangelio del Martes 13 de Septiembre 2022

MOPNH

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos y mucho gentío.

Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.

Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo:
«No llores».

Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
«¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!».

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre.

Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios, diciendo:
«Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo.»

Este hecho se divulgó por toda Judea y por toda la comarca circundante.

Reflexión del Evangelio de hoy

Buscad los carismas mejores

Escuchamos hoy unos pocos versículos, entresacados, del muy conocido capítulo 12 de la primera carta de Pablo a los corintios. Pablo tiene una idea muy clara que desea transmitir a los cristianos de Corinto: todos nosotros, seamos quienes seamos, hemos recibido el Espíritu en el bautismo para formar un solo cuerpo en Cristo. Y lo argumenta de manera muy gráfica y fácil de comprender para todos utilizando la imagen del cuerpo humano.

Algunos subrayados que me sugiere hoy la lectura:

Pablo no nos está hablando aquí de nuestra igualdad fundamental como seres humanos, como hace en la carta a los Gálatas. Sino de nuestra unidad en Cristo. Unidad de los diferentes, de los diversos. La diversidad del cuerpo humano le sirve en bandeja la explicación que desea dar. Somos absolutamente diferentes, y absolutamente interdependientes. Y el “cuerpo” sólo es posible por la complementariedad de los diferentes. Lo que cada uno de nosotros no pongamos le falta al cuerpo.

Habla también Pablo de que las funciones que cada uno realiza en el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, han sido dispuestas por Dios. Entiendo que esto significa que todo aquello que hemos recibido, que es don, lo tenemos para ponerlo en juego, para ofrecerlo, para “colaborar” al funcionamiento del cuerpo. Bien es verdad que Pablo nombra algunas de las funciones y deja entrever la existencia de problemas en la comunidad: ¿pretenden la realización de tareas consideradas importantes desde el punto de vista humano? ¿quizá las que se pueden vincular con algún tipo de poder…?

La solución la va a dar él mismo de inmediato, en el capítulo 13 de la carta. Hay un camino mucho mejor. El único seguro. Vivir en el amor. Hoy puede ser un día estupendo para leer con calma 1 Cor 13. 

Muchacho, a ti te lo digo, ¡levántate!

Los evangelios contienen algunos relatos en los que Jesús resucita a una persona muerta, o salva de la muerte inminente a un enfermo. Se ha convertido para el pueblo, que viene oyendo hablar maravillas de Él, en el “último recurso” en caso de una situación desesperada.

El relato de resurrección que hoy nos presenta la liturgia no contiene ninguno de los rasgos comunes a otras resurrecciones. Nadie se dirige a Jesús para hacerle una petición de salvación. Jesús caminaba hacia una ciudad, Naín, y contempla algo que no debía ser demasiado extraño: un entierro. Y Jesús observa, Jesús escucha.

El difunto es el hijo único de una viuda. Y en la sociedad del momento eso significaba que su madre quedaba totalmente a la intemperie, sola y sin posibilidades de salir adelante. El hijo era la única posibilidad de vida digna para la madre… Jesús se conmueve. Y la misericordia entrañable se pone en acción. La debilidad, la pobreza, la vulnerabilidad, el desamparo… de la mujer, son una llamada de socorro que Él no puede dejar de atender. Y la fuerza de la vida que reside en Él le devuelve al hijo, y con él la posibilidad de vida.

Más allá de las diferentes interpretaciones que los especialistas en Sagrada Escritura hagan del relato, la llamada poderosa y firme de Jesús al muchacho, puede, sin ninguna duda, tener eco en cada uno de nosotros. Es una llamada a “despertar” y poner en acción todo aquello que en nosotros está apagado, abandonado, inactivo, “muerto”. Para que los otros tengan vida.

Hna. Gotzone Mezo Aranzibia O.P.
Congregación Romana de Santo Domingo


Evangelio del día

Evangelio del lunes 12 de septiembre de 2022

 Una sola Fe, un solo Señor 

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,1-10

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de exponer todas sus enseñanzas al pueblo, entró en Cafarnaún.

Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, el centurión le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente:
«Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestra gente y nos ha construido la sinagoga».

Jesús se puso en camino con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle:

«Señor, no te molestes; porque no soy digno de que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir a ti personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque también yo soy un hombre sometido a una autoridad y con soldados a mis órdenes; y le digo a uno: «Ve», y va; al otro: «Ven», y viene; y a mi criado: «Haz esto», y lo hace».

Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo:
«Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe».

Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

Reflexión del Evangelio de hoy

Reunidos en el nombre del Señor

¿Os suena esto? ¿Os recuerda a algo? ¿No os veis reflejados de alguna manera?

Por naturaleza tendemos al individualismo, a diferenciarnos de los otros, a tener nuestra propia parcela y a olvidarnos de que debemos ser una comunidad en todos los sentidos. Y como vemos estas circunstancias no son propias del mundo actual. San Pablo se lamenta de que la Iglesia de Corinto adolece de falta de unidad, de que el egoísmo habita en los corazones de los fieles y les exhorta a que recapaciten y sean un solo cuerpo eclesial, sobre todo a la hora de celebrar la Eucaristía, momento clave de la vida del cristiano.

Dentro de la Iglesia hay multitud de carismas, movimientos, congregaciones, caminos… pero no debemos olvidar nunca que todos pertenecemos a un mismo cuerpo cuya cabeza es Cristo y que nada ni nadie puede separarnos. No podemos pensar en “yo” o “nosotros”, debemos pensar en clave universal, que al fin y al cabo es lo que significa ser católico. Y dentro de esa universalidad siempre debemos estar en clave de unidad con el Señor y con los hermanos. La separación lleva a la discordia, la discordia al egoísmo y el egoísmo al pecado. Y el pecado nos aleja de Dios. Por eso es tan importante que permanezcamos unidos a los hermanos, que seamos familia de verdad, que vivamos la fe en COMUNIÓN, y que apartemos nuestros propios intereses y gustos en favor de los demás y de la unidad de la Iglesia.

Humildad, limpieza de corazón, Fe

Para mi este pasaje del Evangelio es uno de los más enternecedores por varios motivos: la fe del Centurión, que además es un hombre bueno (“nos ha construido la sinagoga”), la misericordia de Jesús (“Jesús se admiró de él”), la curación que proviene de Cristo (“los enviados encontraron al siervo sano”) Es admirable todo lo que se nos narra.

Pongámonos en situación: un hombre ajeno al pueblo de Israel oye hablar de Jesús. Tiene un siervo enfermo y acude al Maestro en busca de solución. Es un centurión, un representante del poder, pero su carácter humilde le impide presentarse en persona y envía a unos amigos. Su pureza de corazón hará que Cristo se conmueva y exclame “Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe”, porque la fe de ese hombre salta a la vista de todos. No importa que sea extranjero, que sea pagano, que venga de otras tierras. Lo único que importa es su actitud ante Cristo, del que ha oído hablar y en quien cree desde el fondo de su corazón.

Cuánto tenemos que aprender del centurión… Si fuéramos como él nuestra vida sería mucho más sencilla, más llena de amor, más plena, más en comunión con Jesús y la Iglesia, y en el fondo seríamos más felices, más llenos de vida, y eso se notaría a nuestro alrededor: seríamos esa “sal de la tierra” capaz de transformar el mundo. Estoy seguro que ese día en el que la vida del centurión se cruzó con Cristo muchos de los que fueron testigos creyeron y se convirtieron, y no tanto por el prodigio de la curación como por la actitud de aquel hombre y la respuesta que obtuvo de Jesús. Seamos humildes en nuestro trato con Dios, confiemos plenamente en Él, dejemos de lado nuestras circunstancias, nuestros deseos mundanos, nuestros recelos y prejuicios: El Señor sabrá recompensarnos con su infinita misericordia.

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro