Evangelio del día

Evangelio del sábado 28 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 4,35-41

Aquel día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vamos a la otra orilla».
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron, diciéndole:
«Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar:
«¡Silencio, enmudece!».
El viento cesó y vino una gran calma.
Él les dijo:
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?».
Se llenaron de miedo y se decían unos a otros:
«¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!».

Reflexión del Evangelio de hoy

Por su fe son recordados los antiguos

La lectura comienza con esa “definición” de la fe, que tanta tinta han consumido los diversos intérpretes para alcanzar su significado; incluso para justificarla como definición de la fe.

En la definición de fe puede sorprender que hable de “la seguridad”, que se refiera a lo que “se espera”, y que sea “prueba” de lo que no se ve. No entramos en ello en este leve comentario.

Nos quedamos con lo que el texto dice a continuación. Va señalando notables personas que se movieron por la fe: Abrahán, Isaac, Jacob, Sara.

Su fe consistió en creer en la promesa que Dios les hacía. Promesa de una gran descendencia, “hijos numerosos como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas”. No vieron cumplida esa promesa antes de la muerte; pero confiaron en quien se la hizo, Dios.

Eso es fe, confiar profundamente en Dios; de donde surge el ponerse a su disposición, obedecerle, fiándose de lo que Dios les promete, incluso cuando lo que se pide o anuncia es muy duro o imposible y supone cambiarles la vida.

Son ejemplos de fe que nos llevan a reflexionar cómo es nuestra fe. Analizar si está llena de confianza en quien creemos.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo

Es un cántico de fe y agradecimiento del padre de Juan Bautista, Zacarías, porque Dios había realizado su promesa “en favor de Abraham y su descendencia para siempre”. Lo que ha de llevarnos a servir a Dios “con santidad y justicia, en su presencia todos nuestros días”.

¿Quién es este? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

De nuevo la fe. Circunstancias difíciles en la travesía por el lago. A punto de naufragio. Jesús tranquilo, en medio del pavor de sus discípulos. La reacción más lógica es la de los discípulos.

La navegación había sido solicitada por Jesús. Él les había embarcado literalmente en la travesía del lago. Y no se inmuta ante el peligro en el que le introducido.

Cuando le preguntan si no le importa lo que está sucediendo, actúa. Y el viento se calma.

Y llega el reproche, ¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?

No, no la tenían tan fuerte que no se amedrentaran ante el peligro de naufragio.

Jesús ya había hecho ante ellos signos de su poder. También había manifestado el cariño hacia ellos. Los quería. ¿Por que no confiaban en él?

Jesús les dice que por cobardía. O, lo que es lo mismo, por falta de fe, de confianza en él.

Salvados, seguían espantados, dice el texto. Se formulaban la pregunta ¿quién es este a quien obedecen el viento y las aguas?

La fe es confianza, es la unión del cariño, el afecto de quien sabe más. Fe en el poder de quien merece esa confianza. Que exige saber de quién te fías. También de su poder.

¿Así es nuestra fe en Dios?

Apéndice

Esta reflexión la hago en la, para los dominicos, fiesta de santo Tomás de Aquino. Hombre de fe profunda; pero que a la vez se esforzó en conjugarla con la razón. Consciente de que la fe ahonda en el misterio, que rebasa la razón. Esta acepta un conocer al que no llega, y reconoce la racionabilidad de lo que la fe afirma.

Una fe, que, en un momento de su vida, fue superada por una experiencia mística, o mejor, alcanzó en ella su dimensión propia, más allá de los esfuerzos teológicos por mostrar su racionalidad. Una experiencia, que superó el inmenso esfuerzo mental que santo Tomás realizó en su vida por ahondar en el misterio de Dios y del ser humano. Pero que, quizás, sin ese esfuerzo no hubiera llegado a tener.

Fray Juan José de León Lastra O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Evangelio del viernes 27 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 4,26-34

En aquel tiempo, Jesús decía al gentío:
«El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».
Dijo también:
«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».
Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Reflexión del Evangelio de hoy

Nuestra unión es nuestra fortaleza

San Pablo nos relata como era la vida de los primeros cristianos, como vivía aquella Iglesia naciente en medio de las adversidades: persecuciones, martirios, insultos, confiscación de bienes a los cristianos, persecución… Un panorama desolador. Pero también nos cuenta como la Fe y la unión de los hermanos hacen llevaderas esas terribles circunstancias.

La certeza de alcanzar el Reino de Dios, de conocer que hay un bien mucho mayor que los bienes terrenales, es la fuerza que nos hace seguir adelante en el camino de la Fe aunque nos rodeen los problemas y los ambientes adversos. De nada sirve salvar mis bienes por falta de valentía si pierdo mi alma. Es la eterna lucha frente al mundo. Muchas veces nos avergonzamos de manifestarnos como cristianos, e incluso renegamos de nuestros hermanos por miedo “al qué dirán” en esta sociedad donde lo mundano se impone a lo espiritual. San Pablo nos lo dice muy claro: “No renuncies a vuestra valentía” Hoy más que nunca debemos ser valientes como aquellos hermanos nuestros de los primeros tiempos. Ya lo dijo San Juan Pablo II: “No tengáis miedo” El mal sigue acechando y nosotros debemos aferrarnos a Cristo Resucitado para vencerlo y dar testimonio de su Palabra como los Mártires de todos los tiempos.

Una pequeña simiente puede dar mucho fruto

Dos hermosas parábolas nos regala hoy la Liturgia: la del sembrador que ve crecer su cosecha sin entender bien cómo y la del grano de mostaza. Dos ejemplos de como hasta lo más pequeño es importante en los planes de Dios. Lo que para nosotros puede parecer insignificante a los ojos del Padre es grande.

Un grano de trigo cae en la tierra, el sol y el agua harán que se rompa y de él brotará una espiga que dará a su vez muchos nuevos granos. El sacrificio de uno da la vida a muchos. Son muchos los significados que podemos extraer de esta parábola. Yo me quedo con ese porque nos habla de solidaridad, de renuncia personal, de vida que brota tras una aparente muerte ¿Y qué decir de un grano de mostaza? La más pequeña de las semillas, la más humilde, se llega a convertir en un arbusto tan alto y frondoso que hasta los pájaros anidan en él.

Muchas veces podemos pensar que somos insignificantes a los ojos de los demás, que valemos poco, que nuestras obras no tienen importancia. Intentamos transmitir el mensaje de Cristo y pensamos que no llega a nadie. Tanto esfuerzo nos parece en vano, pero a los ojos del Padre toda acción, por pequeña que sea, es grande y da fruto. Si creemos en la fuerza del Espíritu Santo, si nos ponemos en sus manos, nuestro trabajo en favor del Reino de Dios será como ese grano de trigo, como esa semilla de mostaza: dará fruto abundante en los corazones de quienes nos rodean. Somos hijos de una Iglesia misionera y no es necesario ir a lejanas tierras para predicar el Evangelio, para hablar de Jesús, de su muerte y resurrección, de su amor por todos nosotros. Lo he dicho muchas veces: podemos, y debemos, ser misioneros en lo cotidiano, en el día a día de nuestro entorno familiar y laboral. Sin miedo, con la valentía de los primeros cristianos y de la mano del Espíritu Santo seremos como el grano de trigo que se rompe en lo hondo de la tierra para hacer surgir la espiga abundante bajo la luz del sol.

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro


Evangelio del día

Evangelio del jueves 26 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

 Atención a lo que estáis oyendo 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 21-25

En aquel tiempo, Jesús dijo al gentío:
– «¿Se trae la lámpara para meterla debajo del celemín o debajo de la cama?, ¿no es para ponerla en el candelero?
No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no haya nada oculto, sino para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga».
Les dijo también:
– «Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene».

eflexión del Evangelio de hoy

Reaviva el don de Dios

Timoteotenía fe sincerarecibida del Espíritu Santo a través de su madre y de su abuela. Es la familia la primera escuela en la que recibimos el don de la fe.

La oración que la madre hace con el niño al acostarlo, el gesto de bendecir la mesa familiar, el cultivar unas relaciones familiares respetuosas, el dialogar, asistir a la Eucaristía; nos predisponen a recibir el don de la fe.

La fe no se hereda, se transmite viviendo la confianza en Cristo, en quien se revela el amor de Dios Padre; amor que necesitamos y buscamos.

La fe, más que conocer cosas, es un encuentro con Cristo de gracia, misericordia y paz.

La fe viva es luminosa, es alegría, ilusión, valentía, buen juicio; es capacidad de tomar buenas decisiones basándonos en la enseñanza de la Sagrada Escritura. 

Cuida tu fe para que no se debilite, ni se diluya viviendo mundanamente.

Reaviva el don de Dios, da testimonio del regalo de la fe: como Gracia misericordia y paz. No te avergüences, ni seas cobarde, no tengas miedo de dar la cara por Cristo. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio; anuncia la promesa de vida que hay en Cristo. ¿Cómo vives tu fe?

Que tu fe ilumine el sentido de la vida

Somos una luz encendida por Cristo. Creer en Cristo es aceptar en nosotros su luz y comunicar con nuestras palabras y obras esa luz a una humanidad que sin Él, anda a oscuras.

Somos una luz puesta en lugar visible que descubre: injusticias, corrupción… Nuestra luminosa vida de cristianos debe denunciarlas.

Somos una luz que sirve a otros en la solidaridad con los pobres, las luchas por la liberación, el cuidado de los más débiles: niños, enfermos, ancianos; en la ternura y fidelidad de los esposos

Haz brillar la luz de la verdad: Si tienes, esperanza, solidaridad, capacidad de compartir, sentido comunitario, anhelo de justicia y paz, misericordia, capacidad de perdonar, Dios te dará todo eso con creces.

«¡Atención a lo que estáis oyendo!». Jesús a todos llama a la conversión: Si estás lleno de egoísmo y codicia, de orgullo, indiferencia, dureza de corazón, cosecharás en tu vida las consecuencias de esa maldad.

Que tu fe ilumine el sentido de la vida.

Fr. Isidoro Crespo Ganuza O.P.
Convento de S. Valentín de Berrio Ochoa (Villava)

Evangelio del Día

Evangelio del miércoles 25 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 16, 15-18

En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo:

«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.
El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado.
A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».

Reflexión del Evangelio de hoy

¿Qué debo hacer, Señor?

Celebramos la fiesta de la conversión de San Pablo. Quién era Saulo de Tarso, cómo estaba educado,  qué influencia tenía, con qué radicalidad y determinación perseguía  a los cristianos y qué le ocurrió cuando iba camino de Damasco, lo hemos oído muchas veces.

Puede ser importante fijarnos hoy en el hecho de  que iba de camino conun objetivo claro. De repente “algo” le interrogó; se paró, escuchó y preguntó. Fue rápido en la respuesta: ¿qué debo hacer Señor? El Señor le dijo quién era y lo que debía hacer  y Pablo cambió de objetivo pero no de radicalidad.

A menudo nuestra historia de conversión no es tan impactante.

 En el mundo en el que vivimos hoy, hay caminos que nos llevan a lugares donde Dios nos habla: lugares de sufrimiento con familias desestructuradas, emigrantes considerados ilegales, personas sin trabajo, mujeres vulnerables, jóvenes en la cárcel, personas  enfermas y solas, pueblos en guerra…

 Esas personas y los colectivos que luchan por ellas y con ellas son lugares que tenemos cerca, que nos cogen de camino, que nos llaman e interpelan.

Desde esas situaciones de sufrimiento e injusticia surgen distintas iniciativas, movilizaciones y luchas. En definitiva propuestas de cambio para nuestra propia conversión. 

Pero hemos de andar por esos lugares y caminos y escuchar que es Dios quien nos llama y responder. Entonces, como Pablo, podríamos celebrar nuestra conversión.

Hacer esto conlleva unos cambios de forma de vivir, de forma de organizar nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestra oración y nuestros gustos…

¿Estamos dispuestas?

Anuncio creíble

En el evangelio, Jesús nos dice que la tarea de la Iglesia -evangelizar-, no es exclusiva de nadie, ni va dirigida a grupos concretos, por muy entendidos que se consideren. Jesús envía a sus amigos al mundo entero para que sigan adelante con su misma misión: que todas las personas tengan vida, y vida en abundancia.

Está claro que para los que decimos haber recibido esa Buena Noticia, no la hemos recibido para tenerla escondida, sino para anunciarla; para compartirla, para comprometernos en  irla realizando.

En el mismo evangelio de hoy Jesús nos dice que no es solo cosa de palabras y sermones. Y para que lo tengamos claro, El nos indica las señales que nos acompañarán si lo hacemos bien.

Nuestro mensaje ha de ser un anuncio de liberación, tanto para las personas como para los pueblos y los que lo acepten, se verán liberados del dominio de aquellas ideologías que proponen un modo de vida esclavo del consumo, insensible ante el sufrimiento ajeno, apegados al triunfo y al dominio.

Hablaremos lenguas nuevas cuando logremos romper  las barreras  que nos impiden comunicarnos y solucionar los conflictos, no con la prepotencia y las armas, sino con el diálogo respetuoso.

Y si vivimos el amor que Dios nos tiene a cada uno, y lo proclamamos, esto será  fuente de Vida para todos, una Vida que vencerá a la enfermedad y la muerte.

Nuestro anuncio será creíble y sincero si va acompañado por acciones que traigan salvación, traigan más felicidad, más justicia y más dignidad para todos.

Hna. Mari Cruz OP
Dominica de la Anunciata


Evangelio del dia

Evangelio De Hoy Martes 24 Enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos (3,31-35)

En aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.
La gente que tenía sentada alrededor le dice:
«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».
Él les pregunta:
«¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?».
Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre».

Reflexión del Evangelio de hoy

Aquí vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad

El autor de la carta a los hebreos nos explica cómo la ley antigua ordenaba innumerables y complicados ritos y sacrificios para lograr la purificación de los pecados. Sacrificios que debían ser repetidos una y otra vez, pues eran totalmente ineficaces para lograr su propósito de santificar al pecador, y sólo podían otorgarle cierta pureza legal.

Aplicando las palabras del Salmo 39 presenta a Jesús como el que viene a cumplir en todo la voluntad del Padre, asumiendo un cuerpo humano para, de esta forma, santificar la vida de los hombres. Y lo hizo, no ofreciendo sacrificios rituales a Dios, sino que ha querido que su condición humana fuese el lugar donde se realizase plenamente la voluntad de Dios.

Todo el ser de Jesús estuvo orientado a Dios, su corazón, su voluntad, su cuerpo, sus acciones, estaban dirigidas a cumplir la voluntad del Padre. Con su sacrificio y con su muerte restableció el proyecto original de Dios en la creación. Por eso todos quedamos santificados por la oblación de su cuerpo hecha una vez para siempre.

En Jesús descubrimos el verdadero rostro de Dios. Por Él todos quedamos injertados en la salvación.

El que cumple la voluntad de mi Padre, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre

Mientras Jesús está enseñando, alguien viene a decirle que su madre y sus hermanos le buscan. Jesús aprovecha la ocasión para proclamar el nacimiento de la nueva familia de los que le siguen, que son aquellos que cumplen la voluntad del Padre y viven de acuerdo a sus enseñanzas.

¿Y cómo saber cuál es la voluntad de Dios? A menudo buscamos la voluntad de Dios donde nos parece que debería estar, pero nos olvidamos que la voluntad del Padre se nos manifiesta de forma concreta y a través de personas y circunstancias concretas. Como decía Pablo Domínguez: « Nos escandaliza lo concreto, mientras que lo genérico nos encanta. Todos somos unos santos en lo genérico cuando decimos: “Hágase tu voluntad… te entrego mi alma, mi vida y mi corazón… pero mi peluche, no” “Te obedezco en tus designios eternos, te abrazo con sublimidad…” Pero luego te vienen con que tienes que ir a tal misión y ya… ¡Algo concreto ya no!» 

En último término, esperamos que Dios admita nuestra idea de lo que debería ser su voluntad y que nos ayude a cumplir esa voluntad, en lugar de aprender a descubrir y aceptar la suya en las situaciones concretas en las que nos pone a diario Debemos aprender a mirar nuestra vida diaria, todo lo que nos sale al paso, con los ojos de Dios; ahí, en las situaciones cotidianas, se nos revela la voluntad de Dios.

La tentación está en no ver en esas circunstancias que nos rodean la voluntad de Dios, pasar de ellas por ser tan habituales e insignificantes, y tratar de descubrir otra “voluntad de Dios” que se ajuste mejor a nuestra idea de lo que debería ser.

La respuesta está en aceptar que son esas cosas donde se nos muestra en verdad la voluntad de Dios, y actuar conforme a ello en cada momento del día, abandonándonos confiadamente al querer de Dios.

 La obediencia al querer de Dios conlleva sufrimiento, cruz. También Jesús “aprendió sufriendo a obedecer” (Heb 5, 8). Y para ello hay que morir un poco cada día. La obediencia a Dios requiere conversión, pero es una obediencia que siempre podemos realizar. Y la cruz no hay que buscarla, viene sin pedirla, y hay que aceptarla, como Cristo abrazó la cruz, porque nuestra cruz no es nuestra, es la de Cristo, y Cristo nos llama a corredimir con Él, a ser obedientes con Él al Padre.

Para ello, contemplemos a Cristo obediente, a Cristo cumplidor de la voluntad del Padre, para, siguiéndole a Él como discípulos, miembros de su familia, poder decirle también nosotros al Señor: hágase tu voluntad.

Sor Cristina Tobaruela O. P.
Monasterio de las Dueñas (Salamanca)


Evangelio del día

Evangelio del lunes 23 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

 El que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3,22-30

En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían:
«Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios».
Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas:
«¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.
En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres:
los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre».
Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

Reflexión del Evangelio de hoy

Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama

Dios, en la época del Antiguo Testamento, hizo una alianza con el pueblo judío. Dios se comprometía a ser su Dios y ellos a ser su pueblo, cumpliendo todas las indicaciones que les hacía. “Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo”. Dios se mantuvo siempre fiel a su compromiso. Pero gran parte del pueblo judío no fue fiel a este pacto, yendo detrás de otros dioses. Aunque siempre permaneció un resto que cumplió lo pactado.

Llegada la plenitud de los tiempos, “en el momento culminante de la historia”, Dios, llevado por su gran amor, hizo una nueva alianza. Esta vez con toda la humanidad. Cristo fue el mediador de esta alianza, que selló con su propia sangre derramada en la cruz, de una vez para siempre. “Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos”. Algo que no significa que a partir de esta nueva alianza los hombres no vayamos a pecar. Pero sí que siempre que nos acerquemos a Jesús arrepentidos nos perdonará nuestro pecados para, y esto es lo más positivo, que podamos disfrutar en todos los momentos de su amor, de su amistad, el gran regalo que él nos hace. Esta nueva alianza incluye que, después de nuestra muerte, Cristo nos va a resucitar para que podamos vivir entonces en plenitud la amistad con él y donde el pecado ya no tendrá cabida, gozando para siempre de la felicidad total.

¿Cómo va a echar Satanás a Satanás?

Sabemos que desde el principio, hubo personas que aceptaron a Jesús y su predicación  y otros le rechazaron. Y buscaban argumentos para desacreditarle, para que sus oyentes y sus seguidores le diesen la espalda.

Una prueba de estos segundos, la tenemos en el evangelio de hoy, donde “unos letrados de Jerusalén” se pronuncian en contra de él, con el argumento de que “tiene dentro a Belzebú y expulsa los demonios con el  poder del jefe de los demonios”. Un argumento bien débil y que Jesús rebate fácilmente. ¿Cómo uno mismo se va a echar a sí mismo? “¿Cómo va a echar Satanás a Satanás… Si Satanás se rebela contra sí mismo, no puede subsistir, está perdido”.

Y Jesús aprovecha esta ocasión para ofrecernos una buena enseñanza. Nos podemos preguntar si Dios será capaz de perdonar nuestros pecados, por fuertes que sean. Acudiendo a múltiples pasajes de Jesús, la respuesta es afirmativa. Nuestro Dios hagamos lo que hagamos, nos marchemos de su casa como el hijo pródigo, siempre tendrá la mano levantada para seguir ofreciéndosenos su amor y su perdón. Pero hay una excepción. Dios no podrá perdonar a los que no quieran recibir su perdón, al que blasfeme contra el Espíritu Santo, que es igual que ir en contra de la luz. Ese quiere permanecer en las tinieblas, en su pecado. Pero sigue en pie la oferta de Dios de otorgar su perdón al que acuda a él con el corazón arrepentido. Pero Dios no puede perdonar a quien no quiera ser perdonado.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Evangelio del sábado 21 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3,20-21

En aquel tiempo, Jesús llegó a casa con sus discípulos y de nuevo se juntó tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.

Reflexión del Evangelio de hoy

Participar del sacerdocio de Cristo

En un pueblo tan religioso como el antiguo Israel, la mediación cultual entre Dios y su pueblo era una realidad constantemente evocada, y se concretaba básicamente en el sacerdocio, cuya función principal era ofrecer sacrificios de diverso tipo por el pueblo. Primero sus protagonistas fueron los patriarcas, los jueces o los reyes. Más tarde, la tribu de Leví,  a la que pertenecían la mayor parte de los sacerdotes y sus auxiliares. Y era el templo, el santuario, el lugar donde preferentemente ejercían su ministerio.

En la liturgia de hoy se habla de una nueva forma de sacerdocio, el de Cristo, “sumo sacerdote de los bienes definitivos”, como lo califica la carta a los Hebreos. Un sacerdocio que ya no necesita ofrecer sacrificios de animales ni hacerlo en un santuario material, ni pretende una expiación simplemente ritual de los pecados. Este sacerdocio nuevo consiste en la entrega de la misma vida de Cristo, una vez para siempre, por amor al Padre y a la humanidad. Ha derramado su sangre por nosotros, borrando nuestros pecados, “consiguiendo la liberación eterna”, purificando nuestra conciencia y “llevándonos al culto del Dios vivo”, es decir, a una relación filial con nuestro Padre del cielo.

Por nuestro bautismo participamos de ese sacerdocio único de Cristo, somos también intermediarios entre Dios y el mundo en que vivimos. Y lo somos fundamentalmente por la entrega de nuestra vida a Dios y a los demás; el culto, la liturgia son momentos muy significativos de nuestra relación con la trascendencia, pero lo que le da sentido pleno a esa liturgia es la ofrenda permanente de nuestra vida en las tareas de cada día.

¿Somos conscientes de nuestra misión sacerdotal en un mundo secularizado como el nuestro? ¿Le ayudamos a descubrir y aceptar el misterio de Dios?

Adoptar los criterios desconcertantes de Jesús

El brevísimo evangelio de hoy, tomado de san Marcos, nos habla de dos cosas que contrastan fuertemente en la vida de Jesús. Por una parte, la multitud que lo busca hasta seguirlo a su propia casa (quizá la casa de su familia). Por otra, la incomprensión de su familia, que piensa que ha perdido la cabeza y quiere retirarlo del trato con la gente.

El atractivo de Jesús para las multitudes es una constante en el Evangelio. Su palabra encandila, tiene una autoridad inusitada, convence, estimula, consuela. Una palabra que se prolonga en signos benéficos: cura, perdona, devuelve la vida, reintegra en la comunidad a los marginados, denuncia abusos en los dirigentes.

Su familia, en cambio, no comprende todas esas “novedades”, le parecen exageraciones, estridencias, audacias temerarias. Y quizá temen que esa actividad inusual les salpique y pueda complicarles la vida ante las autoridades o los grupos más influyentes de la sociedad. Los familiares, como ocurre muchas veces, carecen de sentido para percibir las exigencias de Dios, que son las que guían la conducta de Jesús.

A la luz de estos hechos, podríamos ver en este comportamiento de los parientes de Jesús un aviso para prevenir contra la pretensión de juzgar las cosas de Dios desde criterios puramente humanos. Jesús se remite siempre a “la voluntad del que le ha enviado”, ése es su alimento permanente, a eso se atiene aunque muchos no lo entiendan. ¿Hasta qué punto esa referencia al querer de Dios es determinante para nosotros? ¿Estamos dispuestos a ir contra corriente cuando estamos persuadidos de que Dios así nos lo pide?

Fray Emilio García Álvarez O.P.
Convento de Santo Tomás de Aquino (Sevilla)


Evangelio del día

Evangelio del viernes 20 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

 Dios ofrece su alianza; Cristo nos llama a establecerla 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3,13-19

En aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él.
E instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios:
Simón, a quien puso el nombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo, y Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir, los hijos del trueno, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el de Caná y Judas Iscariote, el que lo entregó.

Reflexión del Evangelio de hoy

«Todos me conocerán pues perdonaré sus delitos»

San Pablo, en su carta a los hebreos, parece decirnos que Cristo, mediador de la nueva alianza, es suficiente para que la relación con Dios sea perfecta. La palabra que nos llega directa de Dios, sin intermediarios; en el pequeño fragmento que hoy leemos, se repite hasta tres veces: “oráculo del Señor”, o sea: escuchamos directamente las palabras de Dios, un Dios que revisa la antigua alianza, la que hizo con los padres al sacarlos de Egipto y plantarlos en las tierras de Israel.

Ahora nos presenta una alianza nueva que parece desechar la anterior, que San Pablo no duda en calificar de vieja y anticuada, destinada a desaparecer. Una alianza nueva que se basará en la acción directa de Dios sobre el pueblo, que no será necesario enseñar porque Dios la deja escrita en el corazón de los ciudadanos, que todos conocerán y todos cumplirán. Dios promete a su pueblo perdonar sus delitos y olvidar sus pecados.

Puede que a nosotros, el nuevo pueblo de Dios, no se nos tenga que olvidar el corazón de su nueva alianza: El amor. Una alianza que solamente tendrá dos mandamientos fáciles de recordar: ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. No es complicada la ley de la nueva alianza, es fácil de recordar y cumplir, pero sabemos que el cumplimiento de las leyes de la nueva alianza no es tan sencillo, y nos buscamos mil triquiñuelas para justificar nuestros fallos. Fallos que ciertamente son pecados, pero que también sabemos que Dios, nuestro Maternal-Padre, perdonará nuestros delitos y olvidará nuestros pecados. Dios es el que mira por la ventana día y noche hasta ver aparecer en lontananza al hijo díscolo y respondón que un día marchó de casa y vuelve derrotado.

«Jesús llamó a los que quiso»

Es la llamada de Cristo, el soplo de Dios, que llama a los que quiere y los invita al seguimiento. En este caso habla de “doce”, cuyos nombres aparecen citados, uno a uno, incluyendo en la lista a Judas Iscariote, el que lo entregó. En otro lugar se habla de setenta y dos elegidos y enviados a predicar la Buena Nueva del Dios misericordioso, paternal y maternal, a todas las gentes porque nos quiere junto a Él, fieles a sus mandatos, seguidores de la Nueva Alianza. Y hay un detalle que me gustaría reseñar: cuando se acercan a Jesús ofreciéndose o pidiendo permiso para seguirle, el seguimiento termina fracasando. Dios llama a quien quiere, cuando quiere y como quiere. Es posible que alguno nos sintamos fuera de sitio en el seguimiento. Si nos paramos a pensar si estamos en nuestro lugar, aquel que Dios nos ha marcado, o nos hemos ido caprichosos a otro, aparentemente más atractivo, pero que no es nuestro, puede que terminemos gustando el fracaso y desertemos.

Ahora estamos con un nuevo año recién estrenado y no parece que estemos siguiendo las leyes de la Nueva Alianza. Parece que volvemos a dar la espalda a Dios y a dejar sus mandatos de lado mientras ejercitamos nuestras ambiciones, no pocas veces revestidos con ropajes eclesiásticos. Parece que aún quedan lejos los tiempos en los que las lanzas sean podaderas y las espadas arados.

Pero esto no debe desanimarnos. Puede que la paz mundial esté lejos de nuestras posibilidades, pero siempre estará en nuestras manos conseguir la paz con nuestros hijos o padres, con los vecinos, con cualquiera que pase a nuestro lado. Poco cuesta un simple saludo cordial cuando nos cruzamos en la calle, poner cara amistosa cuando cedemos el paso en la cola de comulgantes, en lugar de esa cara adusta y antipática que solemos llevar.

Y recordemos: la misericordia y la fidelidad se encuentran.

D. Félix García O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de Viveiro (Lugo)


Evangelio del día

Evangelio del jueves 19 de enero de 2023

Padre Pedro Brasssesco
Lectura del santo evangelio según san Marcos 3,7-12

En aquel tiempo, Jesús se retirá con sus discípulos a la orilla del mar y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea.
Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón.
Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío.
Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.
Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban:
«Tú eres el Hijo de Dios».
Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.

Reflexión del Evangelio de hoy

Muchos siguen a Jesús y le escuchan

El Evangelio de San Marcos da comienzo haciendo un anuncio que sirve de invitación para que aquellos que lo leamos aceptemos esa invitación: “Convertíos porque el Reino de Dios ha llegado a vosotros”.Poner en práctica lo que narra exige un cambio permanente de vida.

A continuación se nos narra cómo va conociendo la situación por la que pasan las personas a nivel social, a nivel religioso, a nivel político. Escoge a algunos para que le sigan y vayan detrás de Él. Este ir detrás de Él tiene una finalidad, la de ser discípulo, es decir, la de aprender.  Pienso que hoy, los creyentes estamos muy necesitados de ir detrás de Jesús y que sea nuestro maestro de vida.

Después  comienza a describir su actuación. Con signos visibles y con sus palabras va manifestando su mensaje y su misión. Los signos y palabras enseñan una forma nueva de enfrentarse a la vida. Eso exige un cambio y un cambio para todos, pero sólo, lo descubren los que sean sencillos y humildes y los que quieran aprender. Quizá lo que carecemos, hoy, sus seguidores, sea el poco interés por aprender a vivir cómo Él nos enseñó.

Lógicamente esta actuación provoca distintas reacciones y les sorprende. Son distintos los motivos. Unos por estar pegados a sus tradiciones y costumbres. Estos normalmente son los que ostentan el poder a nivel religioso y político. Estos no le escuchan, más bien les estorba. Provoca  rechazo, enfrentamiento, están muy seguros y con mucho poder, no se ven  necesitados.

Otros, normalmente la gente sencilla, le escuchan y le sigue porque les habla de un Dios que no margina, sino que ama. Le siguen porque sus signos manifiestan mucha confianza en ellos y les devuelve la dignidad y la esperanza. Estos le admiran, y le siguen vaya donde vaya. Estos son sus predilectos. En estos, sobre todo, centra sus enseñanzas y ésta les produce alegría y recobran esperanza. Estos son los que ponen interés en escucharle y en seguirle.

A todos exige un cambio y a algunos radical..

Termina este pasaje evangélico después de señalar la admiración por parte de muchos de su enseñanza y de sus milagros con una afirmación que llama la atención, pues los espíritus inmundos, los que le rechazan, afirman su identidad de Hijo de Dios, y por otra parte, no les deja que lo publiquen, que lo comuniquen.

Espíritus inmundos son los que viven de afirmaciones, pero, esas afirmaciones,  no tienen ninguna repercusión en su vida. Son los que viven con mediocridad espiritual. Algo de lo que los seguidores de Jesús debemos liberarnos, hoy día, si queremos hacer realidad como el Papa Francisco nos está invitando: la renovación pastoral.

Si queremos salir de la mediocridad espiritual en la que estamos situados, tenemos que centrar  nuestra vida en Jesús, en su actuación y en sus palabras. Todos los pasajes evangélicos que leemos nos invitan a entrar en un proceso de cambio de seguimiento de Jesús  y de identificarnos con su proyecto. Tienen que ser leídos en actitud de conversión y de evangelización. Anunciar lo que Jesús nos enseñó de su Padre, nos impulsa a vivir la vida con sentido. Una actuación a favor de los marginados nos invita a tratar de no marginar, sino de acoger. Esta conversión tiene que ser permanente.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Casa Ntra.Sra. de los Ángeles (Vitoria)


Evangelio del día

Evangelio del miércoles 18 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

 Extiende la mano 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3,1-6

En aquel tiempo, Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.
Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada:
«Levántate y ponte ahí en medio».
Y a ellos les pregunta:
«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?».
Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre:
«Extiende la mano».
La extendió y su mano quedó restablecida.
En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.

Reflexión del Evangelio de hoy

“Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec”

Nos encontramos hoy ante un texto de la Escritura que me parece de difícil interpretación.

Con un lenguaje cultual al que no estamos acostumbrados, y sin que aparezca ni una sola vez el nombre de Jesús, resulta complicado situarnos en el sentido que puede tener la mención a Melquisedec, casi un perfecto desconocido.

No queda, pues, otra salida que leer y releer con detenimiento el capítulo 7 de la carta a los Hebreos, para intentar tener una idea del contexto en el que están insertos estos versículos y esperar de él alguna luz.

Por un lado el autor desvincula totalmente a Jesús del sacerdocio del pueblo de Israel, ejercido por la tribu de Leví, a la que Él no pertenece. Por otro lado, le vincula con un personaje muy anterior a la propia existencia del pueblo, del que no sabemos nada, pero que adquiere relevancia porque aparece en relación con Abraham, que le entrega los diezmos del botín logrado en sus batallas y recibe su bendición. Más importante, pues, que Abraham, el padre del pueblo. Alguien sin origen ni final conocidos, definido como sacerdote del Dios Altísimo, que le sirve para establecer un paralelismo con Jesús como el único y eterno sacerdote.

La intención parece muy clara. Aunque en los versículos que hoy escuchamos no le nombre, su objetivo es dejar claro que la salvación proviene exclusivamente de Jesús. No hay sacerdocio ni mediación que salve sino la suya. De una vez y para siempreSólo Él.

En un mundo poblado de gurús de todas clases, pongamos atención para no pretender buscar salvadores en forma de guías, maestros, consejeros o directores, padres y madres espirituales.

“Extiende la mano”

Estamos casi en los comienzos del evangelio de Marcos (capítulo 3) y Jesús se enfrenta ya a la oposición de los representantes religiosos de su pueblo.

La escena impresiona, por la tensión que subyace en el relato de Marcos, anunciada desde el comienzo. Jesús sabe que están esperando el momento propicio para poder acusarlo. Y este día lo tienen muy fácil. En la sinagoga hay una persona con una mano paralizada. Jesús viene realizando curaciones y será probable que también en esta ocasión lo haga, aunque sea sábado, y no esté permitido curar, según la interpretación de la ley que hacían sus contemporáneos.

Contemplamos la escena:

Jesús, al que le invade la ira por la dureza de corazón de sus paisanos, no cede ante el riesgo que corre. Cura al hombre de la mano paralizada. Tiene muy claro que lo que hay que hacer siempre es aquello que busca el bien y la salvación de las personas.

La gente que está en la sinagoga. Aquí ni siquiera nos dicen, como en otros pasajes, que quedaron asombrados y dieron gracias a Dios por la intervención de Jesús. El clima es hostil hacia Él. El prototipo de la “buenagente”, tan aferrados a las propias convicciones que se incapacitan para poder discernir el bien del mal, y convierten en mal el bien más precioso sólo porque no coincide con sus opciones, opiniones, puntos de vista… ¿Nos ocurre a nosotros, quizá, algo de esto?

La persona a la que Jesús cura. Alguien que, en principio, no ha pedido nada; que quizá prefería pasar desapercibido en aquel clima tenso… pero que accede a la petición de Jesús y se “expone”: Ponte ahí en medio.

De todos los que aquel día se encontraron con Jesús en la sinagoga, se diría que sólo a él le ha llegado la salvación. ¿Y nosotros? ¿queremos exponer nuestras zonas de parálisis, dejar que Jesús las toque y las sane?

Hna. Gotzone Mezo Aranzibia O.P.
Congregación Romana de Santo Domingo