Evangelio del miércoles 17 de julio de 2024
Reflexión del Evangelio de hoy
Dios nos ama y nos salva a todos
Presenciamos una escena extraordinaria y habitual a la vez, que es visible cada vez con más frecuencia y que supone un cauce para querer ´ legalizar` la supuesta prepotencia del hombre y no contar con Aquel que le da todo lo que es y tiene.
Esta escena supone una manifestación de la naturaleza herida del hombre y la consecuencia de la corrección de parte del Señor.
También tenemos, ante esto, el ejemplo y esperanza de los santos: lo más grande siempre se nos ha mostrado lo más pequeño ¿por qué Dios nos regala tan frecuentemente esta enseñanza aplicable en ambos sentidos, es decir, para que reconozcamos que nuestras acciones son obra de Dios a través de nosotros y que nuestra pobreza no impide que hagamos “las obras que Dios quiere”? ¿por qué el hombre desea la independencia, prepotencia, orgullo, la soberbia de ser más y mejor …? Como si se tratase de un Dios tirano que castiga y machaca al ´enemigo` con saña, dándonos a otros la razón?
“Nuestro Dios es un Dios que salva” a todos. Lo que consideramos venganza etc. es únicamente el fruto o consecuencia de nuestras malas acciones que, antes o después, se vuelven y ejecutan el mal del que proceden. Aún así, precisamente en esa realidad Dios nos ama y nos salva a todos.
Dios de la venganza
Cuando el hombre débil, pobre y pequeño se siente atacado, amenazado, pisoteado… … recurre a Dios, sabemos que Él se ha comprometido a defender y salvar al pobre… y aunque la experiencia actual nos parezca que triunfa: ahí está el Dios Salvador que requiere nuestra Confianza. Quizás es incorrecto llamarle Dios de la venganza y poner en sus manos los castigos infringidos; sabemos que esta expresión es fruto de los pueblos guerreros y se queda en el hombre indefenso que acude a Dios. pero no, sabemos bien que, si Dios es el de los pobres y pequeños, es por pura Misericordia y que Él nos ha creado de tal manera que el mal no lo maneja Dios para la venganza, sino que el mismo mal rebota contra sí mismo y se destruye; porque en el hombre sólo acampa la Bondad y la Verdad cómo la “imagen” de Dios en nosotros que somos. Dios lo sabe todo, lo ve y lo oye y, en su Justicia, defiende a los rectos de corazón. Importa mantenerse unidos a Él, porque su esencia es el Bien y a Su amparo siempre venceremos, a SU tiempo.
La condición: no apartarse del “Dios de mi salvación”, manteniéndose pequeños.
Orar en todo momento
“En aquel momento…”
Jesús acaba de descubrir ante el pueblo la infidelidad, la no correspondencia a sus dones, su entrega, su predilección por ellos, “el pueblo escogido”, podríamos decir que se siente defraudado, un poco rendido ante la evidencia de no encontrar respuesta, tras haber mostrado y realizado su dedicación y entrega….
Y “en aquel momento” … como elevando el espíritu, como aterrizando en la única Verdad, en la fuente y origen de toda su obra… se dirige al Padre, su Padre, el origen, guía y meta de nuestra salvación y de todo lo que existe… el Padre, que es Quien le ha metido en este ´berenjenal`, y a Él acude.
Se percibe cómo es su relación, su comunicación propia, la más excelsa y habitual: “Padre, te doy gracias”.
Jesús es consciente de su postura de Hijo y lo reconoce desde su Humanidad, en la que expone la necesidad de los humanos que le han sido confiados.
Jesús da gracias al Padre porque su obra es firme, su voluntad tiene un camino muy concreto y cierto y Él, en su oración, vuelve a recordar o activar esta verdad, precisamente porque no ve el fruto e insiste con reiteración en la humildad, pequeñez y pobreza necesarias para recibir el privilegio de la auténtica Sabiduría. Jesús se reconoce el privilegiado por excelencia: “todo me ha sido entregado por mi Padre” … y a la vez se reconoce como el Camino hacia Él, el puente (pontífice), revelando su estrecha unión y su Unidad indivisible
Se deja entrever cómo Jesús nos enseña la manera de actuar y sobrevivir cuando el entorno, la sociedad, los otros… no reconocen la verdad, ´no hacen caso` y podemos correr el riesgo del desánimo o la desilusión ¡no! Por experiencia sabemos que entonces, en aquel momento toca volverse al Padre, exponerle la realidad, la pobreza, el fracaso aparente, aún el pecado, y acoger Su Misericordia, reactivando su Verdad y poniendo en Él la Confianza, toca dejar en su Presencia lo nuestro y retornar fortalecidos a recorrer el Camino. Al fin la relación y Encuentro con el Padre, con su voluntad y auxilio es personal para cada uno.
¿Cómo puedes resolver las contrariedades producidas por la incongruencia, irregularidad, decadencia de tantos que nos rodean?
Dominicas de Lerma
Monasterio de San Blas. Lerma (Burgos)
