Evangelio del sábado 20 de julio de 2024
Reflexión del Evangelio de hoy
Ay de los que meditan maldades… porque tienen el poder
Desde siempre ha habido obradores del bien y obradores del mal. El profeta Miqueas nos muestra un claro ejemplo de obradores del mal. Son los hombres que tienen poder y usan ese poder para hacer el mal, para favorecerse a sí mismos, robando, despojando, machacando… a las personas que se ponen en su camino.
Por desgracia, también en nuestra sociedad existen estos obradores del mal, existen los que se apropian de lo que no es suyo. Se les puede aplicar lo que dice Miqueas, de manera simbólica y real: “Codician los campos y los roban, las casas, y se apoderan de ellas; oprimen al hombre y a su casa, al varón y a sus posesiones”. Y anuncia que el Señor no tolerará este mal y hará justicia. Sin caer en un pesimismo fuerte, pero siendo realistas… vemos que estas palabras de Miqueas, que por desgracia se siguen cumpliendo en nuestra tierra, y que la abolición del mal y la aparición de la justicia… lo tenemos que dejar para el segundo tiempo de nuestra humanidad, para después del juicio final, en el cielo.
Pero los seguidores de Jesús tenemos que luchar ya en la tierra para que resplandezca, cada vez con más intensidad, la justicia y, por supuesto, el amor.
Planearon el modo de acabar con Jesús
El evangelio de hoy comienza diciendo: “En aquel tiempo, lo fariseos, al salir, planearon el modo de acabar con Jesús”. Esta postura de los fariseos viene después de que Jesús realizara una curación en sábado. Apoyándose en que el sábado era sagrado, los fariseos sostenían que, por honrar a Dios, no se podían hacer ciertas cosas en sábado, como por ejemplo curar la mano seca de un hombre. La enseñanza de Jesús era clara y contraria a la de los fariseos: Si se puede hacer un bien a una oveja “¡Cuánto más vale un hombre que una oveja: Lícito es, por tanto, hacer bien en sábado”.
Después de esta curación, vemos que Jesús no busca el enfrentamiento con los fariseos, “se marchó de allí, donde quedaron los fariseos, y muchos lo siguieron”. Y “no porfiará, no gritará, no voceará por las calles”, y pedirá a los curados que no “le descubran”.
Pero vendrán otros momentos, “cuando llegue su hora”, donde Jesús anunciará su buena noticia abiertamente allí por donde pase, sabiendo que sus enemigos le pueden llevar a la muerte. Pero entonces no se callará, no puede callarse, pues ha venido hasta nosotros a ofrecernos, junto con su amistad, su evangelio, la mejor noticia que puede ofrecer a los hombres para que encuentren el sentido, la alegría de vivir que siempre van buscando.
Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)
