Evangelizando

Evangelio del día

Evangelio del miércoles 30 de noviembre de 2022

Padre Pedro Brassesco

 Os haré pescadores de hombres 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 18-22

En aquel tiempo, paseando Jesús junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.
Les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Reflexión del Evangelio de hoy

A toda la tierra alcanza su pregón

La liturgia de hoy nos invita a celebrar la fiesta de San Andrés. Fiesta que siempre se encuentra contextualizada en el tiempo de adviento. Por tanto, ya sea la celebración del apóstol o del adviento, nos encontramos en sintonía con un “despertar” al encuentro personal con Jesús y a la disponibilidad para anunciar este mensaje de salvación a toda la tierra.

En la Carta a los Romanos, Pablo se remite a la Escritura para afirmar que todas las personas que creemos en Jesús nunca seremos confundidas ni defraudadas. Y al mismo tiempo, nos interpela y cuestiona sobre nuestra predicación y anuncio del Evangelio. Hacer posible que las personas encuentre el sentido de sus vidas está estrechamente vinculado a la responsabilidad que cada uno de nosotros tenemos frente al compromiso de anunciar a Jesús, el Hijo de Dios.

Dejemos resonar en nuestro interior: ¿Cómo creerán en Aquel de quien no han oído hablar? ¿Cómo oirán hablar de Él sin que nadie que anuncie?

Ser portadores de esta Buena Noticia nos transforma. Transforma nuestra vida y nos convierte en sus mensajeros.

Paseando junto al mar de Galilea vio a…

El Evangelio de hoy nos relata el encuentro de Jesús con varias personas en su contexto y quehaceres cotidianos. Jesús les invita a ser parte de su grupo más próximo: aquellos que, conviviendo con Él, se empapan de una propuesta de vida que no se limita a cambiar sus vidas, sino que los transforma en mensajeros de Dios. Un mensaje que será y es proclamado con la vida y con la palabra.

Impresiona la presentación sintética de la llamada y de la respuesta. Llamada y respuesta radical, que implican, por un lado, dejar algo importante (sus redes) y, por otro, un movimiento (seguirle). 

“Y pasando adelante vio a…”. Jesús llama a unos y a otros… llama para vivir con Él y para enviarlos a predicar el Reino de Dios. El Maestro llama a cada uno de nosotros y a muchas personas que todavía no se han encontrado con Él de forma experiencial. O que no han reconocido su voz…

Pablo nos recuerda que sólo a través del anuncio explícito de nuestra fe, de acompañar, de ofrecer tiempos y espacios de encuentro, podemos escuchar y reconocer su voz, podemos encontrarnos con Jesús. Sólo con el compromiso de quien es enviado, a toda la tierra le llega la buena noticia de Dios.

Hoy, nosotros somos sus mensajeros. La Iglesia es fiel a su identidad en la medida en que predica con el testimonio y con la palabra que Jesús es el Señor. Lancémonos en esta apasionante aventura y, la monotonía, la rutina y “las pocas ganas” desaparecen dando lugar a una vida cotidiana llena de sentido y sabor. 

Hna. Ana Belén Verísimo García OP
Dominica de la Anunciata


Evangelio del día

Evangelio del martes 29 de noviembre de 2022

Padre Pedro Brassesco

 Estas cosas se las has revelado a los pequeños 

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 21-24

En aquella hora Jesús se llenó de la alegría en el Espíritu Santo y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
Y, volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
«¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron».

Reflexión del Evangelio de hoy

Sobre él se posará el espíritu del Señor

En la profecía que hoy nos presenta Isaías, se nos hace una descripción del Reino que ha de venir, es el ya pero todavía no, por eso se dice “aquel día”, porque la creación entera está anhelando la llegada de este Reino. Y es impresionante cómo este Reino va a subvertirlo todo. El Espíritu del Señor, llenando toda la tierra va a hacer de ella un Reino de paz y justicia. Y para que nos demos cuenta del alcance de esta conversión total, nos presenta la nueva relación entre los animales.

De todos es conocido los instintos de los animales feroces, el león, el oso, el lobo, la pantera. Y el profeta nos dice de manera muy atrevida, que pastarán juntos, comerán paja, incluso el niño pequeño meterá la mano en el agujero de la serpiente.

Hermanos, el profeta nos está hablando de nosotros mismos. ¡Qué abismos de oscuridad y pecado puede haber dentro de cada uno! Sin embargo, cuando se posa sobre nosotros el espíritu del Señor, Él nos transforma de tal manera que podemos llegar a ser santos, a vivir de manera heroica las virtudes, amando a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

Por eso Adviento es tiempo de esperanza. Estamos llamados a recibir este espíritu de prudencia y sabiduría, de consejo y valentía, de ciencia y temor del Señor; movidos por Él, no cabe el miedo en nuestra vida, pues nos hará vivir para Dios en todos los momentos de nuestra vida.  

Compartir la alegría del Espíritu

El Espíritu Santo se manifiesta de forma plena en las lecturas de hoy, en Isaías mencionando cuatro veces “espíritu de…”, y en el Evangelio, Jesús exulta lleno del Espíritu. Por eso a San Lucas se le llama también el evangelista del Espíritu.

Y Jesús prorrumpe, movido por el mismo Espíritu, en una oración de alabanza. ¿El motivo? Que Dios se fija en lo pequeño, en lo débil, en lo que no cuenta. ¿Hay algo más débil que un tronco viejo, o más limitado que un niño pequeño? Pues esos son los pequeños a los que Dios ha revelado las cosas del Reino. Así le ha parecido bien al Padre.

Y nosotros, sin embargo, pretendemos seguir siendo poderosos, fuertes, grandes, sabios, entendidos. No hemos comprendido aún que el Reino se manifiesta en lo pequeño, en lo humilde, en lo débil. Que Dios no necesita nuestras grandes obras para querernos, Él nos ama en medio de la imperfección, la debilidad, el pecado.

Jesús llama también dichosos a los discípulos porque han sido elegidos para ver y oír los secretos del Reino que está llegando. También esos discípulos a los que Jesús les habla aparte, somos nosotros, es todo aquel que abre su corazón a la alabanza, a la gratitud, a vivir en gratuidad, porque hemos recibido gratis un tesoro que nos salva y estamos llamados a darlo gratis, ¡por eso somos dichosos!

En este Adviento que estamos comenzando, vamos a tratar de abrir espacios a los humildes, a los pequeños, porque los engreídos, los prepotentes y orgullosos, Dios los mira de lejos. Que el Señor nos conceda la sencillez de reconocernos débiles y pequeños ante Él.

¿Dejo actuar al Espíritu en mi vida?

¿Qué actitudes descubro en mi corazón que no están llenas del Espíritu del Señor?

¿Trato de vivir mis relaciones desde la justicia y la paz?

Sor Inmaculada López Miró, OP
Monasterio Santa Mª de Gracia, Córdoba


Evangelio del dia

Evangelio del domingo 27 de noviembre de 2022

Padrre Pedro Brasssesco

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 24, 37-44

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.
En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.
Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.
Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

REFLECCION DEL EVANGELIO: Mateo (24,37-44)

III.1. El evangelio del día (en el ciclo de Mateo que comienza hoy) nos ofrece un pasaje del último discurso de este evangelista, de los cinco que estructuran su obra (5-7; 10; 13; 18; 24-25), que en realidad es el equivalente de Mc 13, conocido como discurso apocalíptico. De alguna manera se quiere hacer una unión con el penúltimo domingo del año litúrgico. Y es que el Adviento parte de la experiencia de una historia gastada, agotada, y apunta a una esperanza nueva e inaudita: la esperanza de un salvador que traiga luz, justicia y paz a los hombres. Un juicio sobre nuestras acciones, un discernimiento más bien, es algo que está presente en la proclamación profética y que cobra tintes más dramáticos en los profetas de tendencia apocalíptica. Este mundo, piensan, no puede seguir así y Dios tiene que tomar las riendas de la historia humana, como en el tiempo de Noé y el diluvio. Sobre esta comparación está montada la parte del discurso que quiere trasmitir a los cristianos, en nombre de palabras de Jesús, la necesidad de la «vigilancia».

III.2. En la prehistoria de Israel, el diluvio universal es todo un mito simbólico que prepara adecuadamente la aparición de un tiempo nuevo: la llamada de Abrahán, el padre del pueblo, el creyente que confía en Dios. Los once primeros capítulos del Génesis narran cómo la humanidad busca su identidad al margen de su creador y está a punto de perderse por la maldad y la arrogancia. Parece como si la obra que había salido de las manos de Dios hubiera perdido su sentido. Los hermanos no se respetan, se matan y la humanidad se pervierte perdiendo su chispa divina. La «historia» o narración del diluvio, no obstante, pone como símbolo un «resto» que pueda garantizar un futuro mejor. Es evidente que la historia, nuestra historia, necesita ser siempre renovada. Eso es lo que buscan los hombres de todas las religiones y tendencias. Y eso es lo que se propone también con este tipo de discurso, producto de una mentalidad apocalíptica, que no es lo más característico de Jesús, sino más bien de una comunidad, como la de Mateo, en la que permanecen muchas concepciones del judaísmo.

III.3. Llamada, pues, a convertirse; llamada de recomenzar, porque siempre es posible «recomenzar» para el ser humano. Los animales u otros seres vivientes no pueden nunca «recomenzar», les es imposible, pero el ser humano sí. Esa es nuestra grandeza y nuestro reto. Es algo que Dios ha puesto en la entraña misma del ser humano que sacó de la nada, o de la tierra, si queremos usar el símil bíblico de Gn 2. Así sucedió en tiempos de Noé después del diluvio; así sucedió también en tiempos de Abrahán tras lo de la torre de Babel. Esto será todo lo mítico que queramos, pero es muy elocuente para desentrañar el sentido de estas palabras «escatológicas» del discurso que inaugura el Adviento. «Estad preparados», en el lenguaje apocalíptico, puede sonar a algo poco agradable; pero desde la lectura profética de la acción y las palabras de Jesús es una llamada exhortativa a vivir en concordia, en paz, en justicia. y en alegría. Es verdad que estas palabras no están presentes en esta parte del discurso mateano, pero si en el «espíritu» del Adviento. No se pueden cambiar, tienen que sonar como están escritas, pero debemos interiorizarlas con el talante de que podemos comenzar una etapa nueva, un momento nuevo, una actitud nueva. por la llegada del «Hijo del Hombre». El Hijo del hombre, en la interpretación cristiana es Jesús de Nazaret, el Señor, quien comenzó, de parte de Dios, una «historia» radicalmente nueva para que podamos vivir con dignidad en el temor o la confianza en Dios, sin miedo a ser destruidos, sino con discernimiento. Discernimiento de lo que no tiene sentido y de lo que hay que arrancar, si fuera posible de raíz; pero aún no siendo posible, siempre es maravilloso que se nos de la ocasión o la oportunidad, si queremos la terapia, para que nuestra historia personal no tenga por qué estar envejecida para siempre. Dios, el Dios de Jesús, siempre tendrá un proyecto de salvación con la humanidad.

Fray Miguel de Burgos Núñez
(1944-2019)


Evangelio del dia

Evangelio del sábado 26 de noviembre de 2022

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21,34-36

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

Reflexión del Evangelio de hoy
Maranatá. ¡ven, señor Jesús!

El libro del Apocalipsis es: el Evangelio del Resucitado, que nos muestra por medio de Juan, la Buena Noticia de las consecuencias del Misterio pascual.

Es anuncio de la vida nueva que nace del trono de Dios y del Cordero como un río de agua vivificante que sana, da fecundidad, y nos sitúa en el Paraíso, en la Nueva Jerusalén donde veremos cara a cara al Señor.

Estas palabras son ciertas, son Evangelio que nos muestra lo que va a suceder muy pronto Mira que estoy para llegar… Llega Él, para hacer actual y presente la salvación para todos, salvación que es consecuencia del Misterio Pascual del Cordero que lleva a plenitud el misterio de amor y el don total del Esposo a la esposa.

Dichoso, bienaventurado quien tiene presente el mensaje profético contenido en este libro. El mensaje del libro nos desvela que el Cordero está en el trono de Dios mismo hecho don de vida para los humanos.

El mensaje desvela los acontecimientos de la historia, con mirada profética, con el mirar de Dios que es el amor de redención para el mundo.

Bienaventurado si ves en el Cordero la salvación de la humanidad y clamas con el Salmo Maranatá. ¡Ven, Señor Jesús! Sal 94 

La venida del Hijo del hombre

Ante la llegada del Día del Hijo del hombre, el evangelio nos desvela el definitivo triunfo de Jesús-Mesías para darnos esperanza, para animar nuestra vida ética.

Ante la llegada, comportamiento negativo a evitar.

Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida.

Jesús nos recuerda que esta vida tiene un aspecto pasajero. Nos urge a no ser sorprendidos cuando llegue, sin estar preparados, éste no es un tiempo para estar distraídos, centrados en nuestro yo, insensibles al sufrimiento, a la injusticia y el dolor de nuestro prójimo, que hace pesado nuestro corazón.

Ante esa llegada, comportamiento positivo a asumir

‘Velad’. Suplicad, (orad) para manteneros en pie ante el hijo del hombre

Velad, suplicad, es: Despertar en nosotros la capacidad de recibir la Salvación, obra de Dios. Vivir en oración, nos une a Dios y nos sensibiliza ante el sufrimiento y el dolor de nuestro prójimo y nos orienta a nuestra meta, que es vivir el Reino de Dios.

 Es, preparar y desear la segunda venida recordando con amor y gratitud la primera. Es ser hoy signo e instrumento de la misericordia del Padre.

La actitud del cristiano está orientada a desvelar la acción de Dios en el mundo mediante la encarnación de los valores que Cristo instauró como ley del Reino. Estar de pie, ante Cristo, es estar atentos, reconociendo el paso de Dios en medio de las tareas de la vida. 

¿Qué actitudes necesitas despertar en tu vida cristiana?

Vive despierto, esperando con alegría la llegada salvadora de Cristo.


Evangelio del día

Evangelio del jueves 24 de noviembre de 2022

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21,20-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que entonces está cerca su destrucción.
Entonces los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en medio de Jerusalén, que se alejen; los que estén en los campos, que no entren en ella; porque estos son “días de venganza” para que se cumpla todo lo que está escrito.
¡Ay de las que estén encintas o criando en aquellos días!
Porque habrá una gran calamidad en esta tierra y un castigo para este pueblo.
“Caerán a filo de espada”, los llevarán cautivos “a todas las naciones”, y “Jerusalén será pisoteada por gentiles”, hasta que alcancen su plenitud los tiempos de los gentiles.
Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación».

Reflexión del Evangelio de hoy

Levantaos, alzad la cabeza

En un abrir y cerrar de ojos, el mundo ha cambiado. Es como si todo hubiera ocurrido en una hora. El Apocalipsis se lee casi como un informativo sobre el fracaso de la civilización. La caída de Babilonia es una forma simbólica de describir el fin del mundo. Babilonia representa al mundo contra Dios. Los mercaderes de la tierra lloran y se lamentan por ella, porque nadie compra sus mercaderías. Los que se enriquecieron a costa de ella, se pararán lejos a causa del temor del tormento, lamentándose. Es el reinado de la oscuridad, ya no hay luz que pueda iluminarla.

Es difícil pasar por alto los paralelos entre la crisis presente y el fin del mundo tal como lo describe Juan en este capítulo. Lo que estamos presenciando en estos momentos históricos debería recordarnos el fin. Es como el preestreno del fin. Lo que estamos experimentando ahora mismo es, a pequeña escala, la versión de los juicios que Dios derramará en los últimos días. Dios juzga continuamente al mundo pero deberíamos esperar que ese juicio vaya en aumento a medida que nos aproximamos al regreso de Cristo. Sus juicios como los dolores de parto se hacen más frecuentes, más intensos, dolorosos. 

El mensaje actual es claro. Habrá un final. Llegue antes o después, vendrá de manera inevitable. Esta catástrofe global es el presagio más duro de ese día y es una misericordiosa advertencia de Dios que llama al hombre a arrepentirse y confiar en Cristo para que se salve mientras todavía sea posible.

Probablemente el temor se apoderó de los oyentes al escuchar semejantes perspectivas de ruina y devastación en los labios de Jesús. Nosotros también podemos sentir ese temor e inseguridad. Si deseamos paz y quietud en nuestra vida, debemos confiar. La vida en esta tierra significa un tiempo de preparación, una oportunidad para conocer a Cristo, con quien esperamos pasar la eternidad. 

Jesús quiere corregirnos de ese deseo, a veces insaciable, de saber lo que vendrá y cómo será. Lo que nos enseña o nos quiere remarcar, es la actitud que tendremos que tener cuando esto pase, si nos toca vivirlo, porque además no lo sabemos. Habla de tres cosas muy concretas: ánimo, levantar la cabeza y liberación. Parece irónico que después de tanto desastre se nos invite a tener ánimo. Esta actitud sólo la puede tener aquel que tiene los pies bien puestos sobre la tierra, pero al mismo tiempo los ojos y el corazón en el cielo, simbólicamente, solo el que tiene su corazón anclado en la vida que vendrá, pero con esperanza. Es el ánimo que proviene de la fe, solo el que cree puede pensar y sentir así, el que tiene la certeza de que la palabra de Dios es verdad y jamás defrauda. El ánimo en estas situaciones es de alguna manera un indicador de la fe. ¿Decimos que creemos y nos desesperamos?. Si ante la posibilidad del fin perdemos la esperanza es porque nuestras certezas están atadas con criterios demasiado humanos. Muchas veces tenemos la fe atada a un alambre. Cuando llega la prueba, ahí es donde se comprueba verdaderamente dónde está atada nuestra fe. 

Pidamos ese ánimo que nos impulsó a levantar la cabeza, un alma alegre para estar dispuestos y preparados a lo que venga, sabiendo que nada se escapa de las manos de nuestro Padre.

Fr. Martín Alexis González Gaspar O.P.
Convento de Ntro. Padre Sto. Domingo (Torrent)


Evangelio del día

Evangelio del miércoles 23 de noviembre de 2022

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Lucas 21,12-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.
Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

Reflexión del Evangelio de hoy

Justos y verdaderos tus caminos

San Juan nos describe una visión del cielo. Los que han conseguido llegar allí, con las arpas que el mismo Dios les había dado, entonarán el cántico de Moisés y el cántico del Cordero: “Grandes y admirables son tus obras… justos y verdaderos tus caminos… tus justas sentencias han quedado manifiestas”.

Nos resultan más claras las palabras de Jesús al describirnos el juicio final. A los de su derecha, a los que han tratado a todo hombre como su hermano y han socorrido sus necesidades, el Rey del cielo les dirá: “Venid, benditos de mi Padre tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo”.

Tenemos un Dios que desde el principio al fin nos ama entrañablemente y con su divino poder, al final de nuestra estancia terrena nos va a recibir en la patria celestial para hacernos gozar de la felicidad total y para siempre. Nuestra postura ante Él siempre tiene que estar en la línea del amor y del agradecimiento.

Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas

Duro, muy duro, es el panorama que indica Jesús a sus discípulos: persecuciones, cárceles, traiciones de padres, parientes, hermanos, matanzas, odios…Aunque a algunos seguidores de Jesús les ha tocado sufrir de esta manera, no a todos sus seguidores a lo largo de la historia les ha tocado, nos ha tocado, padecer estas desdichas. Pero sí es verdad que a lo largo de estos XXI siglos de cristianismo siempre ha habido adversarios y enemigos de los cristianos. El primer ejemplo lo tenemos en Jesús que fue ajusticiado injustamente en una cruz. Pero a todos los cristianos nos espera lo que le sucedió a Jesús después de su muerte, nos espera la resurrección a una vida de total felicidad, porque en medio de todas nuestras diversas circunstancias vitales, Jesús nunca nos dejará de su mano y “ni un caballo de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”… y resucitaremos a una vida de total felicidad y para siempre.  

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Evangelio del martes 22 de noviembre de 2022

 Mirad que nadie os engañe 

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21,5-11

En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo:
«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Ellos le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
Él dijo:
«Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».
Entonces les decía:
«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo».

Reflexión del Evangelio de hoy

Ha llegado la hora: tiempo de siega, y de vendimia

En la lectura del Apocalipsis de hoy encontramos dos escenas de juicio, presentadas bajo la imagen de dos cosechas. La primera es la cosecha de la mies y podemos pensar por lo que dice el texto que el Hijo del Hombre es el segador. La segunda es la vendimia de una viña y la recolección es realizada por un ángel. Se trata de dos cosechas diferentes, lógico es pensar que serán realizadas en momentos diferentes también. Las dos: siega y vendimia son operaciones paralelas ¿pueden ser también contrapuestas? La siega agruparía a los buenos y la vendimia a los malos. ¿Podría estar hablando “del juicio final?

La 1ª imagen la de la siega del trigo  (V14-16) nos recuerda  la  recolección qué Mt13, 24ss nos narra en la parábola del trigo y la cizaña. Jesús ofrece esta enseñanza  a los que se acercan a escucharle. En la parábola vemos que hay dos elementos diferentes que se recogen y el paradero al que son llevados también va a ser diferentes: la cizaña será quemada con fuego, el trigo será guardado en el granero del amo. Podemos pensar que esta parábola engloba las dos imágenes que nos presenta el texto de hoy. El juicio sobre  los justos y el juicio a los impíos.

En las dos visiones encontramos hechos que se refuerzan entre ellos: los dos (“el semejante a un Hijo de hombre y un ángel salido del santuario) empuñan una hoz afilada en la mano”atentos para poner en práctica la orden que les llegue. En las dos visiones  les llega  “un ángel que  gritó con gran voz: mete tu hoz,  es ya el tiempo, todo está maduro”.Llegan como mensajeros de Dios, pero ¿cómo entender que un ángel da la orden al que se asemeja a un “Hijo de Hombre”, título que nos habla de Jesucristo? Realmente, el texto no nos lo aclara. No obstante, creemos que sólo Dios puede decidir el momento en que la mies está madura para ser cosechada.

En  definitiva, parece que el autor inspirado  del Ap. vuelve aquí a contrastar el destino de los justos con el de los impíos. Primero son cosechados los “hijos de Dios,” y una vez que han sido colocados en su granero celestial, entonces se aplica el juicio a los “”incrédulos.”. El juicio de Dios siempre tiene estas dos caras: una luminosa y otra sombría. Para unos será un día de liberación y alegría, para otros será de perdición y sufrimiento. Pero recordemos, el resultado de este juicio ha sido y es decidido por cada persona, cuando libremente aceptamos o rechazamos la gracia de Dios. (Mt 25,34-46).

Confiemos, la invitación está abierta a toda persona, en Jn 5, 22  Jesús nos dice: “El Padre no juzga a nadie, sino que le ha dado al Hijo todo el poder de juzgar”,y Él  se hizo nuestro Salvador.

Cuando oigáis hablar de guerras y de revueltas, no os asustéis…

Jesús escucha una conversación  dónde se están haciendo ciertas valoraciones y se introduce en ella con una sentencia: “Esto que ven, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida”.Seguro que hubo miradas de sorpresa entre ellos y naturalmente le harían preguntas: ¿Cuándo, cómo será? ¿Cuáles serán los signos? Jesús no les da respuesta exacta, si intenta dirigirles  hacia cuestiones verdaderas y esenciales. Según el texto podemos señalar dos. Intentemos  nosotros  descubrirlas hoy.

Ésta es la 1ª afirmación de Jesús: “Miren  en no dejarse engañar por falsos profetas”. No vivan distraídos,  estén atentos, porque encontraran muchas ofertar que les pueden hacer dudar. No corran tras ellas, enfréntelas, porque nos llegarán muchos falsos salvadores que pueden hacernos herrar el camino.

La 2ª “No se asusten, que el miedo no les paralice” Solos, no podemos, dejemos que el Espíritu de Dios nos conduzca. Sabemos que el mal existe, que a veces es lo más fácil y vistoso, intentemos preguntarnos por lo esencial. Es tiempo de vivir en esperanza, del saber permanecer, es nuestro tiempo viviendo la espera del Señor Jesús

La enseñanza de Jesús es siempre actual. Hoy para nosotros también.  Vivamos el discernimiento, virtud nada fácil de practicar  pero imprescindible ante la realidad  que nos está tocando vivir. Que ella nos ayude a descubrir por dónde anda el Espíritu de Jesús y los “espíritus del mal” hoy. Que sepamos “leer los signos de los tiempos” Que ilumine  los caminos por dónde nos invita a transitar, con la seguridad inquebrantable que aunque no le veamos, ni le sintamos, Jesús sigue caminando en medio de nuestra humanidad y haciendo “Historia de Salvación”en ella.

Hna. Virgilia León Garrido O.P.
Congregación Romana de Santo Domingo


Evangelio del Día

Evangelio del lunes 21 de noviembre de 2022

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21,1-4

En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos, vio a unos ricos que echaban donativos en el tesoro del templo; vio también una viuda pobre que echaba dos monedillas, y dijo:
«En verdad os digo que esa viuda pobre ha echado más que todos, porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Reflexión del Evangelio de hoy

Hagamos de nuestras vidas un canto de salvación

Intentaremos releer las lecturas que nos presenta la liturgia de hoy, festividad de la presentación de María en el Templo, festividad que narra el protoevangelio de Santiago del primer siglo, desde la entrañable figura de María. Este fragmento del Apocalipsis nos presenta al Cordero, Jesús, en la nueva Sión, acompañado por los elegidos marcados con el nombre del Padre y del Cordero. Frente a los marcados por el signo del maligno, 666, de los dos anteriores capítulos de este libro, estos simbólicos 144 mil, son la primicia de los elegidos de Dios que disfrutan de la música y del concierto majestuoso del elegido de Dios. Juan presenta el destino de los fieles de Yahvé con esta grandilocuente, plástica e idílica imagen. Una sinfonía de naturaleza, arpas y coros que embargan totalmente al vidente. La nueva Sión que promete Jesús a los irreprochables ante Dios, es de otra dimensión para los que siguen al Cordero. Y María es la primera elegida. Y María nos marca el camino: sencillez, humildad, acogida de la palabra de Dios, servicio, atención. Esta fiesta destaca fundamentalmente la plena dedicación de María a las cosas del Señor desde su tierna infancia. María vive constantemente en la presencia y adoración a Dios. Una disposición que le lleva a acoger sus planes salvíficos no solo sin oposición, sino cooperando y haciéndose presente en las actuaciones salvíficas de su Hijo. Nosotros la invocamos y la veneramos como Templo del Señor, camino de salvación, Madre de Jesús y madre nuestra. Y proclamamos con el Magnificat de María nuestro canto de alabanza a Dios desde nuestra pequeñez y buena voluntad

Dios que ve lo escondido nos recompensará

En este evangelio Lucas nos cuenta una anécdota de Jesús en el Templo. La pobre viuda que echa en el cepillo dos reales. Y Jesús reconoce que es el mayor donativo que recoge el cepillo, siendo notablemente menos cuantioso, porque otros echan de lo que les sobra y ella, que pasa necesidad, echa lo que necesita para vivir.

Jesús, con ese hecho que narra el evangelio de Lucas, nos plantea una serie de interrogantes cruciales para nuestra vida. No basta con quedarse en “qué admirable era la viuda aquella” o “qué buena mujer y qué valiente, darlo todo». El evangelio hay que interiorizarlo, escuchar la palabra que nos es dirigida a cada uno de nosotros y responderla. Dice Jesús que aquella mujer pasaba necesidad. Jesús percibe la situación lastimosa de la mujer, sintoniza con ella. Siente que tiene una vida difícil. No es nuestro caso, en general, pero ¿somos capaces de sintonizar con los apuros de nuestros prójimos, como lo siente Jesús?

La segunda cuestión que nos plantea la necesidad de esta viuda reclama nuestro pensamiento en el estilo de vida, de necesidades y lujos de los que nos rodeamos. La sociedad nos lleva a una vida de consumos y apariencias, cuando la realidad de tanta pobreza en nuestro mundo nos obligaría a una vida digna pero austera, una sensibilidad ecológica y solidaria, comprometida con la igualdad y el respeto por los pobres y perjudicados del planeta.

Otra tercera cuestión, más personal y directa, sería el compromiso en la búsqueda de soluciones para los que pasan necesidad y sufren las diferencias enormes entre los pueblos. Sentir que Dios nos hace hermanos y nos vincula a todos en esa nueva creación, nos llama a la Sión definitiva, supone que nuestro estilo de vida en este mundo debe ser “irreprochable” que dice el Apocalipsis, es decir, vivir en la misericordia, la dignidad, la libertad y el amor, siendo un canto de salvación y de paz con nuestros semejantes.

Hagamos del Magnificat nuestro canto de alabanza y compromiso con la construcción del Reino de Dios.

D. Oscar Salazar, O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de San Martín de Porres (Madrid)


Evangelio del Dia

Evangelio del domingo 20 de noviembre de 2022

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

La liturgia de hoy nos propone un contraste de tradiciones acerca del Mesías que había de venir al final de los tiempos, según la prefiguración judía.

La primera lectura nos presenta la base de esa tradición, que es la del mesianismo dinástico davídico: “Tu casa y tu reino permanecerán para siempre delante de mí; tu trono será establecido para siempre.” (2Sam 7,16). Esta concepción del mesianismo, de corte político, siempre estuvo presente en la compresión judía, pero los avatares históricos del pueblo de Israel hicieron que tuviera que revisarse, y de hecho, esta tradición fue rechazada por muchos pensadores judíos, entre ellos, Jesús y, con él, el cristianismo (véase Jn 6,15, donde Jesús escapa de aquellos que quieren hacerle rey porque los ha alimentado).

Este cuestionamiento nos permite introducir otra tradición mesiánica diferente, a saber, la que vincula al Mesías con el Siervo Sufriente de Isaías, tradición que el cristianismo primitivo toma del judaísmo y que se hace patente a lo largo de los Evangelios, especialmente en los relatos de Pasión, desde Marcos (donde el Mesías no se revela hasta su muerte en cruz) hasta Juan, que en 18,33ss, donde a la pregunta de Pilato “Entonces, ¿tú eres rey?”, Jesús responde: mi reino no es de este mundo”; y pasando, por supuesto, por Mateo, que en 20,25ss nos dice: “Sabéis que los jefes de las naciones las tiranizan y que los grandes las oprimen. No será así entre vosotros; al contrario, el que quiera ser grande, sea servidor suyo y el que quiera ser primero, sea esclavo suyo. Igual que el Hijo del Hombre no ha venido a que le sirvan, sino a servir y a dar su vida en rescate por todos”; y sin olvidar a Lucas, que hace de su evangelio, no un viaje triunfal a Jerusalén, sino un camino de pasión hacia la muerte.

La lectura de hoy de este evangelio de Lucas plantea claramente todos estos aspectos: el rechazo del mesianismo triunfalista (“a otros ha salvado; que se salve a sí mismo si es el Mesías de Dios, el Elegido”); la aceptación del mesianismo del Siervo sufriente, mostrándonos a Jesús, al Justo, en el suplicio; la aceptación de un reinado mesiánico que no se corresponde con este mundo: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. […] Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso”)

Esta alusión explicita del reino como el “paraíso”, nos evoca dos ideas. En primer lugar, nos evoca y alude a la escatología, al final de los tiempos, que inaugura Jesús, en cuanto aquel Mesías esperado al final de los tiempos para traer su reino; en efecto, el cristianismo interpretará como inauguración de los nuevos tiempos la muerte del Justo: al principio, de forma inminente, posteriormente, lo hará como espera de la segunda venida de Jesús como Rey y Señor, como Juez de la Creación. (En este sentido, se abre el periodo de Adviento)

Siguiendo, esta línea, la segunda evocación, estrechamente unida a la anterior, es la de la Nueva Creación: todas las cosas son recreadas en Jesucristo (Cf. 2Cor 5,17) y llevadas a su plenitud. Es, pues, un nuevo Génesis que completa el día séptimo de la creación (Ev Jn).

Esta recreación, este nuevo Génesis “en plenitud”, es, precisamente, interpretado por la Carta a los Colosenses, la segunda lectura de hoy, como reconciliación de Dios con su Creación, esto es, con todos los seres, los del cielo y los de la tierra “haciendo la paz por la sangre de su Cruz” (planteamiento que solo puede entenderse de la perspectiva mesiánica del Siervo sufriente). En esto consiste, en la escuela paulina, el mesianismo de Jesucristo: en su condición de Señor y Juez del Universo, de Rey que reina y juzga desde su cruz.

Fr. Ángel Romo Fraile
Convento de Santo Tomás de Aquino (Sevilla)


Evangelio del día

Evangelio del sábado 19 de noviembre de 2022

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 20, 27-40

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano». Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».
Jesús les dijo:
«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.
Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».
Intervinieron unos escribas:
«Bien dicho, Maestro».
Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.

Reflexión del Evangelio de hoy

Unos tiempos y otros tiempos

En este pasaje, San Lucas, en boca de Jesús, nos presenta como dos momentos de nuestra existencia, los tiempos de aquí y los tiempos de después de la resurrección. Todo ello por la actitud de los saduceos que se empeñan en establecer un debate intelectual y de escuela con Jesús, por eso le llaman Maestro.

Para nosotros este planteamiento nos resulta difícil, pero es necesario darse cuenta que, cuando Lucas escribió este evangelio, aún existian personas judías que pensaban así. Que mantenían la ley del “levirato”. Ésta pretendía mantener unas realidades vividas y practicadas en el ambiente judío; a) la importancia de la familia, que vive agrupada la mayoría de las veces; b) la poligamia, permitida a los varones; c) la prioridad concedida a las necesidades de los varones más bien que a la de las mujeres; d) la importancia de la descendencia para asegurar la continuidad del nombre.

Sin embargo, la respuesta de Jesús no se refiere principalmente a ese aspecto. Distingue, por una parte, los «tiempos» y manifiesta, por otra, refiriéndose a Dios, la naturaleza de la «resurrección», tan a menudo mencionada. Al leer estos versículos, llama la atención la importancia concedida a ciertos términos: hijos de Dios e hijos de la resurrección.

Nosotros somos hijos de la Resurrección

Ciertamente es difícil afirmarlo, si no se admite y se cree en la Resurrección de Jesús y además resulta atrevido afirmar que todos vamos a resucitar. Asimismo, es difícil de explicar y de entender lo de la resurrección de las personas, pues no es cuestión de razonar y explicar un misterio. Deberíamos preguntarnos cómo nos situamos nosotros ante este misterio y qué repercusión tiene en nuestra vida.

Jesús, como respuesta a una resurrección ofrecida por la ley, que desemboca en el disparate presentado, responde con una resurrección fijándose en dos situaciones existenciales: los dos tiempos de nuestra existencia y las dos categorías humanas; todos, por un lado, y justos y elegidos, por otro.

Sabemos o creemos que el pecado y la muerte son vencidos a la vez en Jesucristo. Los que creen en el evangelio de Jesucristo se convierten en nuevas criaturas: en hijos de Dios. En la resurrección, los seres resucitados serán «cuerpos espirituales» es decir, serán, como los ángeles, personas con un cuerpo no sometido a la corrupción, vivificados por el Espíritu, que no ofrece ya posibilidad alguna a la muerte.

Es muy interesante cómo termina la discusión con dos afirmaciones fundamentales. La primera es que Dios es un Dios de vivos. Vive y siempre está vivo. Si somos hijos de Dios viviremos, ya que la frase “hijos de” señala un parentesco y una dependencia, por eso somos hijos de resurrección, gozamos de ella y participamos de ella. Viviremos. La segunda es: que nadie se atrevió a hacerle más preguntas. Esta transformación es consecuencia, fruto y mérito de nuestro amigo Jesús.

Exigencia: vivir la vida humana con sentido, con agradecimiento, disfrutarla, entregarla; en la entrega vivimos el amor y engendramos la esperanza, sabiendo, como recitamos en el salmo, que Dios es nuestro alcázar y fortaleza.

Fr. Mitxel Gutiérrez Sánchez O.P.
Casa Ntra.Sra. de los Ángeles (Vitoria)