Evangelizando

Evangelio del Día

Evangelio del martes 15 de abril de 2025

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 21-33. 36-38

En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo:
«En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar».

Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.

Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.

Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:
«Señor, ¿quién es?».

Le contestó Jesús:
«Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».

Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo:
«Lo que vas a hacer, hazlo pronto».

Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.

Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.

Cuando salió, dijo Jesús:
«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros:
“Donde yo voy no podéis venir vosotros”».

Simón Pedro le dijo:
«Señor, ¿adónde vas?».

Jesús le respondió:
«Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».

Pedro replicó:
«Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».

Jesús le contestó:
«¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».

Reflexión del Evangelio de hoy

El sentido de una vida

Los días de la Semana santa que transcurren entre el entusiasmo del Domingo de Ramos y la tragedia del Viernes Santo, son días para meditar el porqué y el para qué de estos acontecimientos que afectan a Jesús, pero también a la Iglesia, al mundo y a cada uno de nosotros en particular.

La figura del Siervo de Yahvé nos introduce en los sentimientos íntimos de Jesús en aquellos momentos y nos muestran un camino para todos.

El misterioso Siervo de Yahvé del libro de Isaías se interroga sobre el sentido de su vida en medio de los acontecimientos que la componen. Se encuentra en un momento de desconsuelo, desánimo, sensación de fracaso: “En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas”.

Pero la fe le abre a otra voz que le señala otra interpretación de su existencia y otro horizonte: él no es fruto de la casualidad y del azar, sino alguien amado y elegido desde toda la eternidad: “estaba yo en el vientre y el Señor me llamó; en las entrañas maternas y pronunció mi nombre”. Dios le dio identidad y le mostró su amor: “Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso”.

Desde esta experiencia el Siervo de Yahvé reinterpreta su vida: “Mientras yo pensaba: en vano me he cansado…en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios”.

Desde esta convicción, se abre a una nueva perspectiva de futuro: no ya el fracaso, sino la ampliación de su misión: “Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob. Te hago luz de ls naciones para que mi salvación llegue al confín de la tierra”.

¿Dolor y gozo juntos?

Dos sentimientos, al parecer contrapuestos, embargan a Jesús en este relato de la última cena según san Juan: “Jesús, profundamente conmovido, dijo: “Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar”. Dolor, sentimiento de traición, desilusión, fracaso, frustración, abandono….

Pero Jesús dice después: “Ahora es glorificado el Hijo del hombre y Dios es glorificado en él (Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará”).

La clave de comprensión son las palabras “gloria” y “glorificar”. Como nos indicó el cardenal Martini, “gloria” significa ordinariamente honor, homenaje, poder, éxito y, sin embargo, aquí indica un camino de infamia, maltrato y tortura por parte de los hombres: la gloria se manifiesta en el Crucificado.

 ¿Por qué y para qué? “Juan nos lo hace comprender: “Porque Dios amó tanto al mundo que le dio a su hijo” (Jn 3, 6). Y, por lo tanto, Dios muestra su gloria amando al mundo y, amándolo así: dando a su Hijo mediante la cruz. Dios se revela en su gloriosa plenitud por medio de esta donación total que Jesús hace libremente de sí mismo por nosotros” (C.M. MARTINI, El Evangelio de san Juan, 117-118). Y esto es lo que pedimos en el padrenuestro cuando decimos: ” santificado (glorificado) sea tu nombre”.

En esta hora de traición y abandono, Jesús muestra su opción amorosa y salvífica en el diálogo que tiene con cada uno de sus interlocutores: confianza y confidencia con el discípulo amado (aunque no denuncia a Judas, ya que cuando se va, los demás piensan que es para algo bueno: cuidar los detalles de la cena o atender a los pobres). Con Judas, dándole un trozo de pan untado de su mismo plato (símbolo de cortesía, predilección, honor en aquella cultura), o sea, renovándole su amistad. Y cuando Judas la rechaza, Jesús le da otra muestra de amor, respetando su libertad: “lo que creas que has de hacer, hazlo pronto.”

Lo mismo con Pedro: le confronta con su vanidad y bravuconería, le señala lo frágil de su fidelidad, pero le abre a su confianza y a su futuro: “donde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde”.

Profundicemos contemplativamente en los sentimientos de Jesús, sus opciones y sus acciones. Veamos que son milagros eficaces de su amor salvador.

Démosle gracias y pidamos imitarle.

Fr. Francisco José Rodríguez Fassio
Convento de Santo Domingo Ra’ykuéra – Asunción (Paraguay).


Sto Evangelio domingo 13 abril 2025

Padre Pedro Brassesco

Con la entrada de Jesús en Jerusalén damos comienzo a la Semana Santa. Con alegría y cantos; con palmas y ramas de olivo en nuestras manos evocaremos el momento en el que Jesús entra sobre un borrico en «la ciudad de la paz». Ciudad que es el marco físico donde se desencadenan los acontecimientos de su pasión y muerte, tal y como escucharemos en este día en el relato de la Pasión según san Lucas, y como iremos contemplando a lo largo de toda esta Semana Mayor. Por ello, dado que el evangelio de hoy es la Pasión, sería conveniente proclamar al comienzo de la celebración -como nos indica la liturgia de este día- el relato donde Lucas nos narra esta escena, es decir, el momento de la entrada triunfal en Jerusalén (Lc 19, 29-40). Si nos adentramos en el texto veremos que el evangelista no nos muestra un Mesías envuelto en boato, triunfante y poderoso que llega con autoridad a la presencia de sus súbditos. Más bien, es todo lo contrario. Y el borrico es señal bien clara de esto que intentamos decir, en tanto que muestra una imagen humilde y sencilla. Y es que de haber optado por un caballo, por poner un ejemplo, podría trasmitir ánimo de guerra cual emperador hambriento de conquista y poder de sumisión. Pero Jesús no busca promover guerreros ni imponer impuestos. Como tampoco pretende ser temible y terrible. Jesús de Nazaret, por puro amor, atraviesa una de las puertas de acceso a la Ciudad Santa para que se pueda percibir una nueva imagen de Dios que, con la grandeza y esplendor de su humildad, quiere acercarse al ser humano. Así pues, sublime pórtico de celebración, para vivir y sentir toda esta intensa semana, el de este Domingo de Ramos. Porque desde la humildad se nos va a mostrar la fuerza que posee el amor de Aquel que murió en una cruz, para que la esperanza y la alegría no desaparezcan de la faz de la tierra.


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Humlides y fraternos

San Pablo urge a los cristianos que actúen con ánimo humilde y fraterno en sus relaciones comunitarias, y les pone delante el mejor modelo: «tened entre vosotros los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús«.

Y nos transmite un himno cristológico, que la comunidad conocía y cantaba. Es un himno que en pocas líneas expresa el misterio pascual de Cristo, su muerte y su resurrección, su humillación y su glorificación por Dios: “se despojó de su rango… se rebajó incluso hasta la muerte… por eso Dios lo levantó sobre todo… como Señor de cielo y tierra”.

Pablo nos trae aquí este himno para que aprendamos una lección de humildad y entrega por los demás. Igual que Jesús no “hizo alarde de su categoría de Dios”, se hizo igual a nosotros y se rebajó hasta una muerte de cruz, nosotros también debemos estar abiertos a los demás, sin creernos superiores a nadie ni pretender grandezas. Al contrario, abajándonos como los últimos “como el que sirve”.

Invitados y queridos: si oís la voz del Señor, no endurezcáis vuestro corazón

¡Venid, que el banquete está preparado! Con esta parábola Jesús nos enseña cómo son las relaciones de Dios con nosotros. Siempre a base de invitaciones. Y la invitación nos puede llegar a través de: un acontecimiento, de una lectura del Evangelio… de muchas maneras. La invitación de Dios siempre respeta la libertad.

Y si hay libertad, hay responsabilidad. Porque podemos decidir que nuestros proyectos son mejores que los de Dios. Y entonces, nosotros mismos nos excluimos del banquete de, de la gracia que Dios nos tenía preparada. Aún así, Dios no cambia de sistema. Lo suyo es invitar, desea tener a sus hijos en torno a la mesa de su reino.

Pero, los que entran a la sala del banquete son los pobres, aquellos a quienes no se les pasa por la cabeza que lo que ellos tienen pueda ser mejor que lo que Dios les ofrece. Dios seguirá enviando invitaciones, incluso a los que no habían  respondido a la primera vez. Pero el sentarse a la mesa de Dios sigue dependiendo de nosotros. Pidamos al Señor apreciar, sobre todo lo que Él nos ofrece, los bienes de su Reino.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Convento de la Virgen del Camino (León)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

“ Cuando des un banquete, invita a los pobres 

En el texto del Evangelio de este día Jesús no habla a sus discípulos ni a los que viene a escucharle, sino a “uno de los principales fariseos, que le había invitado”. El texto en una primera lectura no tiene mucho sentido: ¿cómo no se va a invitar a familiares, a amigos…?  El sentido del texto se encuentra en la referencia a la búsqueda de correspondencia en aquellos a los que invita. Jesús quiere que cuando se sea generoso, es decir: se haga el bien a alguien, o se diga bien de alguien, no se busque que los demás sean lo mismo de generosos con uno.

La generosidad es una de las actitudes más nobles, más “humanas”: pertenece al genus humano, como algo esencial y noble. Tiene valor en sí misma, engrandece nuestra condición, la constituye: sin generosidad no somos “humanos”. La paga de la generosidad es ennoblecer nuestro ser. Lo que se reconocerá cuando el juicio sea el de Dios.

¿Nos hemos examinado del nivel de nuestra generosidad? Si abundan en nosotros los sentimientos de la primera lectura, la generosidad brotará de modo espontáneo. La verdad de lo que somos son nuestros sentimientos. De los más nobles brota ser generoso.

Fray Juan José de León Lastra O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del Día

Evangelio del domingo 3 de noviembre de 2024

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
Respondió Jesús:
«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».
El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Reflexion del Evangelio de hoy

Dios quiere ser amado en los hermanos

El evangelio nos presenta al escriba que quiere profundizar de lleno en la Torah, la ley del judaísmo, ¿con qué intención? ¿sabiendo que Jesús sería capaz de ofrecerle una interpretación profética? Ya hemos visto la importancia que tenía y tiene en el judaísmo el primer mandamiento expresado con el Shema Israel, que es parte de nuestra primera lectura. La cuestión no quedará en una simple disputa escolástica, como alguno ha sugerido. El alcance de esta discusión y la pregunta del escriba (¡insólita!) ponen en evidencia muchas cosas del judaísmo que también nos afecta a nosotros. Lo primero que salta a la vista es que el segundo mandamiento no le va a la zaga al primero, que pone el acento en el amor de Dios. La versión de Marcos no está calcada ni del texto hebreo, ni de la versión griega de los Setenta… con algunas variantes de tipo helenista quiere llegar a una propuesta decisiva.

En realidad, el texto de Mateo 22,39s (que habría usado a Marcos como fuente) lo ha dejado mucho más claro: “de estos dos mandamientos penden toda la ley y los profetas”. El escriba, en verdad, no pretendía poner una trampa a Jesús como querían los saduceos, un momento antes, a propósito de la resurrección. Pero en su búsqueda de aclaración se ha quedado una cosa clara: el amor a Dios y el amor al prójimo no tiene “esencias” distintas. El amor, en el NT es de un “peso” extraordinario que no queda ni en “eros”, ni en “amistad”. Es un amor de calidad el ágape que tiene que ser el mismo para Dios y para los hombres, aunque los mandamientos se enumeren en primero y segundo. Esta sería la ruptura que Jesús quiere hacer con la discusión de los letrados sobre el primero o el segundo, sobre si el prójimo son los de “mi pueblo” o no.

Porque no sería una novedad que Jesús simplemente subrayara una cosa que se repetía hasta la saciedad. El que se añada el segundo mandamiento, de amor el prójimo, viene a ser lo original; porque con ello se ha revelado que el amor a Dios y el amor el prójimo es lo más importante de la vida, son un solo mandamiento, en realidad, y así podríamos entender el final del v.31 : ”No hay otro mandamiento más importante que éstos”, pues el ?ντολ? (mandamiento) está en singular y nos permitiría entender que el mandamiento más importante por el que preguntaba el escriba son los dos primeros que vienen a ser uno sólo. Porque no hay dos tipos de amor, uno para Dios y otro para el prójimo, sino que con el mismo amor amamos a Dios y a los hombres. Diríamos que son inseparables, porque el Dios de Jesús, el Padre, no quiere ser amado El, como si fuera un ser absoluto y solitario. Así resuelve Jesús la gran pregunta del escriba, de una manera profética e inaudita.

Lo que el evangelio de hoy quiere poner de manifiesto es que el amor a Dios debe también ser amor a los hombres. Muchos se contentan con decir que aman a Dios, pero muchas veces se encuentran razones para no amar al prójimo. Aquí es donde el evangelio se hace novedad maravillosa para todos los seguidores de Jesús y para todos los hombres. Se pueden sacar las consecuencias, al hilo de la carta a los Hebreos, que si Jesús ha ofrecido un sacrificio eterno, si no son necesarios los sacrificios rituales a Dios, es porque Jesús ha hecho posible la religión del amor, pero no solamente a Dios, sino a todos los hombres. Eso es lo que identifica al Dios verdadero de los dioses falsos: quiere ser amado en los hermanos. Es eso lo que el autor de la 1Jn pone de manifiesto en su teología de que Dios es amor y no podemos amar a Dios a quien no vemos si no amamos al hermano a quien vemos. Pero esta teología la puso en marcha el profeta de Galilea, Jesús de Nazaret… y por ello dio la vida.

Fray Miguel de Burgos Núñez
(1944-2019)


Evangelio del Dia

Padre Pedro Brassesco

“ Bienaventurados 

El día 1º de noviembre celebramos con la Iglesia universal la festividad de Todos los Santos. Es una fiesta litúrgica muy antigua. Desde mediados del siglo IV en Oriente. En Roma, desde el siglo VIII, el culto se celebra y difunde desde el Panteón de Agripa cristianizado.

Gregorio III, el Papa que fija esta fecha en el calendario litúrgico, declara también el sentido de la fiesta: el recuerdo “de los Santos Apóstoles y de todos los mártires y confesores, y de todos los justos hechos perfectos que descansan en paz en todo el mundo”.

Para los creyentes es una fiesta familiar. Recordamos y honramos a cuantos hermanos y hermanas nuestros han llegado ya a la Casa del Padre, han sido recibidos por Dios con amor y misericordia infinitos, y viven ya para siempre con Él.

No les celebramos como difuntos, sino como vivos en el Señor.

Festejamos la trayectoria de sus vidas que siguieron a Jesús mientras estuvieron en la tierra. Disfrutaron todo lo bueno que Dios ha creado para nosotros, soportaron con paciencia las adversidades de la vida diaria, no decayeron en su deseo responder más plenamente cada día al amor de Dios, que nos invita a ser santos como Él lo es. Y en sus conversaciones con Dios se acuerdan de nosotros y nuestras necesidades.

Además del recuerdo gozoso de sus vidas, son también un estímulo para que nosotros también vivamos la vida cristiana en la que todos somos llamados a la santidad.

Celebramos, pues, su perfección y felicidad y renovamos nuestra esperanza.

Fray Fernando Vela López
Convento Virgen del Camino (León)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

“ ¿A qué compararé el reino de Dios? ”

Es semejante a la levadura que una mujer tomó y metió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó».

Crecer y profundizar en la vida

Jesús nunca define el Reino de Dios, pero nos brinda a través de las parábolas una serie de imágenes que nos ayudan a profundizar en el dinamismo que este actuar divino impregna en la realidad. Las imágenes, que se utilizan en el pasaje al que hacemos referencia hoy, nos remiten a como el Reino tiene la capacidad de crecer en extensión, como el grano de mostaza, y en intensidad, como la levadura. La semilla y la levadura permiten, por la acción del Espíritu, que la realidad se transforme. En la pequeñes de lo cotidiano Dios actúa. Cuantas cosas en nuestra vida son posible gracias a lo pequeño que nos impulsa a obrar; En cada gesto, palabra, opciones y acciones se va generando la utopía del Reino. Esta potencialidad la expresaba poéticamente don Alfredo Zitarrosa, canta autor uruguayo: «Crecen los mejores amores. Crecen desde el pie. Para sus colores, las flores. Crecen desde el pie.»

Nuestra vida cristiana está llamada a ser fermento en la masa. Por eso transformar toda la masa, convirtiéndola en un espacio propicio para que todos los seres humanos tengan una vida digna, siempre es nuestro compromiso.

Fray Edgardo César Quintana O.P.
Casa Stmo. Cristo de la Victoria (Vigo)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Buscamos tu rostro, Señor

San Pablo en los capítulos anteriores, expone a la comunidad de Éfeso el misterio de Cristo y de la Iglesia. El plan salvador de Dios que, a través de Cristo “nos ha enriquecido con toda clase de bienes espirituales” y casi al final del capítulo primero continua “y vosotros también, los que acogisteis la palabra de la verdad, que es la buena noticia que os salva al creer en Cristo, habéis sido sellados por él, con el Espíritu Santo prometido”

Envueltos en tanta riqueza espiritual como acaba de recordar, nos invita a vivir “según la vocación a la que habéis sido llamados” con unas actitudes determinadas para no desperdiciar la gracia que nos habita y en la que habitamos.

Exige un compromiso concreto en nuestra manera de actuar. Se nos recuerda, una vez más, que nuestra vida cristina, nuestra espiritualidad tiene un test de veracidad de nuestra fe, de nuestro compromiso cristiano:  las actitudes que manifestamos en nuestra vida diaria.

 Hay también una preocupación en este texto y en toda la carta, por la unidad de la Iglesia en al que el autor puede observar en las comunidades de Éfeso, cierto peligro de fragmentación. Estas virtudes que se nos recuerdan como compromiso de nuestra vocación de creyentes: Humildad, paciencia para sobrellevarnos con amor. Tratar a los otros con amabilidad. El ejercicio de estas virtudes ayudase a los creyentes a “conservar, mediante el vínculo de la paz, la unidad que es fruto del Espíritu”

Estas virtudes que el apóstol expresa aquí nos ayudarán también en el hoy de nuestras comunidades o de nuestra sociedad. Termina la cita que nos corresponde reflexionar, y que nos engrandece y nos unifica, como cristianos. ”…un solo cuerpo, un solo Espíritu…una esperanza que encierra la vocación a la que habéis sido llamados”

¿Cómo es que no sabéis discernir el tiempo presente?

Lucas sabéis se dirige a una comunidad de la segunda generación con peligro de perder “el ardor primero “en el seguimiento de Jesús, con el riesgo de acomodarse a la situación que viven. Aparece la tentación de la rutina. Es una situación de la comunidad a la cual se dirige Lucas pero que puede tener algunas coincidencias con las nuestras.

Por otra parte, el texto que reflexionamos está ubicado en el camino de Jesús a Jerusalén, en un periodo próximo a su final, que aprovecha Lucas para poner toda la enseñanza que Jesús quiere transmitir sobre el Reino y las actitudes que debieran acompañar a sus seguidores. El tiempo apremia y hay que aprovechar las enseñanzas del Maestro.

Sabemos de la   importancia que tiene leer e interpretar los signos de los tiempos, la importancia de analizar la realidad, la importancia de saber interpretar bien la realidad que vivimos. En una palabra, discernir bien los acontecimientos para tomar las decisiones adecuadas

Nos sorprende Jesús, diciéndonos a nosotros sus seguidores ¿cómo es que veis, observáis la naturaleza, los acontecimientos, bien en imágenes del tiempo meteorológico, en los informativos que muestran diferentes y preocupantes realidades sociales, en la calle,  en la realidad concreta de cada persona y no acabáis  de descubrir las señales que Dios os está enviando, lo que  está queriendo deciros y que atañe a la manera de responder a esa realidad, como creyentes, como comunidad de fe,  como miembro de la sociedad en la que vivo?

Porque eso mismo les recrimina Jesús a la multitud que le seguía, veintiún siglos atrás.  ¿De modo que sois buenos observadores e interpretáis bien las señales de la naturaleza y no habéis descubierto todavía las señales del Reino de Dios, no habéis descubierto en mi persona las señales de la llegada del Reino, de mi paso entre vosotros como Mesías? Jesús, como gran pedagogo, expresa una experiencia humana común a todos los hombres para hacerles más comprensible su mensaje: la lluvia sobre justos e injustos etc. San Lucas nos invita a ser observadores atentos de la realidad.

Si volvemos a leer el texto situándolo en el hoy y en las circunstancias concretas de cada persona quizá descubramos, continuando con su relato y sus exigencias, que el mensaje que Jesús nos lanza a través de la contemplación de lo que vivimos, tiene una repercusión inmediata en nuestra práctica de vida. Caminamos junto con otros, también en nuestro entorno, si no guerras puede haber pequeños conflictos, muy claramente Jesús también nos da una pauta para que nuestras decisiones, nuestro discernimiento en cada situación, sea conforme a lo que Dios quiere.

¿Qué puedo hacer para favorecer la paz, qué puedo hacer para favorecer la acogida, qué puedo hacer para evitar que la naturaleza sufra, qué puedo hacer para acompañar la soledad, para aportar comprensión en un conflicto, qué puedo hacer…?

Hagámoslo ahora que vamos de camino, en este camino de la vida, no nos limitemos a escrutar, y discernir. Discernir requiere tiempo, reflexión, escucha y búsqueda sincera de lo mejor según los criterios del evangelio.

Oración

Señor, te agradecemos la posibilidad de encontrarnos una vez más con tu Palabra, te pedimos nos ayudes a poner en práctica tu Palabra que nos invita a ser observadores atentos de la realidad. Que descubramos tu voz en ella y que nuestro compromiso vaya siempre en la línea de la reconciliación y la justicia.

Hna. Mariví Sánchez Urrutia
Congregación de Dominicas de La Anunciata


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Que Cristo habite, por la fe, en vuestros corazones

Es maravillosa la sabiduría de la que nos habla San Pablo, una sabiduría que necesita ser compartida ‘con todos los santos’ para alcanzar la profundidad, la altura y la largura que requiere el conocimiento del amor de Cristo, imposible para el hombre sin la intervención del Espíritu Santo. El seguimiento de Jesús va transformando nuestra vida más allá de lo imaginable, más allá de lo que podemos pedir.

En la oración de despedida de Jesús pronunciada en la Última Cena (Jn. 17), nos deja ver sus sentimientos: esos que pedimos para nosotros mismos y que se resumen en un intenso amor al Padre y en un deseo, no menos intenso, de cumplir su voluntad.

Fuego y división

Es muy dominicano el comienzo del pasaje del evangelio de San Lucas que meditamos hoy. La beata Juana de Aza soñó, antes de dar a luz a su hijo Domingo, con la imagen de un perro que portaba una antorcha encendida en la boca, dispuesto a incendiar el mundo. Al menos así lo interpretó el abad del Monasterio de Silos respondiendo a sus temores. Se trata de la misma expresión de Jesús que leemos en el evangelio.

Me detendré en las dos palabras que dan título a este comentario. La primera, la escuché en una visita a la Universidad Católica de Santiago de Chile en la que alguien me habló de un santo jesuita, sindicalista y educador, muy conocido para los chilenos, aunque no para mí. Se trataba de San Alberto Hurtado. Entre sus escritos educativos, encontré una bonita metáfora con la que explicaba el significado que para él tenía la educación: educar no es llenar un recipiente vacío sino encender un fuego en el corazón del educando.

Algo añade esta idea a la obra de misericordia que nos anima a enseñar al que no sabe, pues se trata, no de enseñar humana sabiduría, sino de la sabiduría de Dios que acabamos de leer en la primera lectura. Sabiduría que hemos conocido en Cristo Jesús por acción del Espíritu Santo. Esto mismo es para nosotros, dominicos, la predicación del Evangelio. Los dominicos no llegamos al hermano con doctas palabras sino con el corazón encendido de amor a Jesús que nos mostró, con sus obras y enseñanzas, al Padre. También nos abrió los deseos de su corazón: hacer la voluntad de Dios amándonos a todos nosotros. Así lo expresó en la oración de despedida del evangelio de San Juan: os amo igual que yo he sido amado por mi Padre… confiad en mí en medio de vuestras tribulaciones porque yo he vencido al mundo… Y así, con esos sentimientos hacia nosotros, se dirige al Padre pidiendo exactamente lo mismo que él recibe: que lleguemos a contemplar su gloria en la otra vida con la promesa de permanecer junto a nosotros, todos los días, hasta el fin de los tiempos.

Con esta preciosa oración, tomamos conciencia del encendido amor de Jesús por nosotros y nos unimos a su deseo de ser santificados en la unidad, manteniendo la comunión de los santos por la que alcanzamos la sabiduría: el conocimiento del amor de Dios manifestado en Cristo.

Mucho más que luz que ilumina, es fuego que prende los corazones y los prepara para la predicación. Predicar es consolar, aunque también es confrontar. La confrontación descrita en el evangelio de San Lucas puede tener una lectura personal, más allá de la lineal que enfrenta al hijo adolescente con la autoridad paterna, o a las nueras con las suegras por las divergencias de opinión sobre el trato de los hijos/cónyuges. Esta lectura que proponemos, nos remite a las palabras que dirige San Pablo a los romanos, palabras con las que confiesa sus propias contradicciones: Porque no hago el bien que quiero sino el mal que no quiero (Rom. 7: 19). Esta división en nuestra familia interior, pone de manifiesto nuestras limitaciones y nuestra necesidad de ser transformados más allá de lo que somos capaces de pedir.

Dejemos que la contemplación de estos misterios transforme nuestros sentimientos conformándolos a los de Cristo Jesús hasta poder decir con el apóstol: No soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí (Gal. 2:20).