Padre Pedro Brassesco
Evangelizando
Evangelio del dia
Padre Pedro Brassesco
“ Ya no son dos, sino una sola carne ”
El evangelio de hoy se sitúa en la última etapa del camino hacia Jerusalén. En esta sección nos presenta tres enseñanzas: sobre el matrimonio, sobre la actitud ante los niños y sobre las riquezas. El evangelio de hoy abarca las dos primeras enseñanzas.
La enseñanza de Jesús sobre el matrimonio se nos ofrece con motivo de una de las múltiples controversias de Jesús con los fariseos.
Más allá de la habilidad dialéctica que demuestra Jesús en su diálogo con los fariseos, Jesús nos propone considerar ante una crisis matrimonial el proyecto creacional de Dios sobre el ser humano, basado en el amor y en la fidelidad durante toda la vida.
En una época en la que son frecuentes los divorcios y separaciones, es bueno recordar el proyecto de Dios sobre el ser humano y su comunión de vida en el matrimonio. Quizá en muchos casos puede ser un buen referente para ayudar a superar crisis y conflictos de convivencia.
Fr. Antonio Gómez Gamero O.P.
Convento de San Vicente Ferrer (Valencia)
Evangelio del día
Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
“Bendecirás al Señor, tu Dios, por la tierra buena que te ha dado”
Estos primeros días del mes de octubre coinciden con la recolección de muchas cosechas. Es un momento para dar gracias a Dios por ello. Moisés recuerda al pueblo cómo el Señor le ha introducido una tierra bien fértil, con abundantes frutos. “Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra buena”, que describe con los frutos que produce: “tierra de trigo y cebada, de viñas, higueras, ganados, tierra e olivares y de miel… entonces comerás hasta hartarte, y bendecirás al Señor, tu Dios, por la tierra buena que te ha dado”. Y le recuerda también, que no se olvide nunca que es Dios el que le ha regalado esta generosa tierra… “No te olvides del Señor tu Dios” con todos los beneficios que te ha otorgado “y no digas por mi fuerza y el poder de mi brazo me he creado estas riquezas”.
Este esquema de la actuación de Dios con su pueblo en el AT, es el mismo que emplea con nosotros los cristianos, ya en el Nuevo Testamento. Y nuestra postura ha de tener dos actitudes principalmente: en primer lugar, agradecer a Dios todos los bienes que nos ha dado, siendo el principal su Hijo Jesús como nuestro amigo. En segundo lugar, hemos de trabajar con esos dones en la dirección de vivir el evangelio y de extenderlo “por todo el mundo”, para que sus dones, su amistad, su salvación llegue a “toda la tierra”.
“Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá”
Ante estas palabras de Jesús, donde nos invita a pedir, buscar y llamar, sin olvidar las otras dos, nos solemos fijar principalmente en la primera: “Pedid y se os dará”, entre otros motivos porque tenemos conciencia de pedir algunas cosas al Señor que no nos concede.
Una cierta explicación es la siguiente: Jesús está dispuesto a concedernos todo lo que le pidamos si está en consonancia con su evangelio… pero no siempre nuestras peticiones van en esa línea.
Por otro lado, y para que nuestra peticiones no se queden en algo pasivo, Jesús nos invita a conjugar otros dos verbos bien activos. Nos invita a que no nos quedemos con los brazos cruzados, sino que busquemos y que hagamos el esfuerzo de poner todo lo que está de nuestra parte en buscar aquello que pedimos. En la misma línea está la actitud de llamar… debemos llamar para que se nos abran las puertas donde se encuentra lo pedido y deseado.
Hagamos caso, una vez más, a Jesús, nuestro Maestro, y pidámosle que nos ayude a conjugar siempre unidos estos tres verbos: pedir, buscar y llamar en relación con el evangelio.
Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)
Evangelio del día
Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
El Señor habla
El texto de Job que nos regala la liturgia hoy sitúa en el escenario, por el que han pasado diferentes personajes, al mismo Dios. Job había dado rienda suelta a su dolor y reprocha al Señor por sus desgracias, injustas, siendo él un hombre justo y fiel a su Dios. Sus tres amigos le insisten en la idea de que el mal es fruto del pecado. Elihú le recrimina haber increpado al mismo Dios y expone la justicia, santidad y grandeza del Señor que enseña también en el sufrimiento. Y ahora es Dios mismo quien habla “a Job desde la tormenta”.
La imagen de la tormenta hace de telón de fondo y banda sonora para las palabras de Dios que se revela creador, sabio y poderoso, y le recuerda que sus caminos son inescrutables y siempre superarán la capacidad del ser humano para comprenderlos. Interpela a Job “Cuéntamelo, si lo sabes todo”, le confronta con su propia realidad finita y limitada. El texto de hoy se queda en la primera parte del discurso de Dios, al que luego seguirá en un segundo discurso en los capítulos posteriores.
Job le responde, vencido y honesto, en medio de su dolor y oscuridad: ¿Qué puedo responder yo, que soy tan poca cosa? Dice Kierkegard que “rezar no es escucharse hablar de sí mismo, sino llegar a callar y, permaneciendo callado, velar hasta que el orante oiga a Dios”. En el camino de la fe es necesario salir de nosotros mismos, como referencia vital, y hacer silencio interior y exterior, hacernos conscientes desde lo más profundo del ser de ese Alguien que es más que todo cuanto podamos conocer, descubrir o imaginar, y estar dispuestos a escucharle.
El creyente escucha
En la primera lectura vemos a Job, sintiéndose pequeño y sin palabras ante Dios que le habla en la tormenta y le recuerda quién es. Dios y hombre están ahí, con la evidencia de la inmensa diferencia entre ambos. El texto de Lucas nos presenta una imagen que contrasta con la anterior: Jesús, frustrado y dolido por la indiferencia de los pueblos de Galilea a los que anuncia la buena nueva del Reino, donde ha hecho milagros y multitud de curaciones. Dios hecho hombre, de una forma que ya no puede hacerse más cercano y presente, que se revela totalmente con palabras y obras que liberan y hacen el bien, no encuentra respuesta en aquellas gentes creyentes de su pueblo. Incluso los pueblos paganos se hubieran abierto a Él mucho más que ellos.
Destacaría tres ideas:
Jesús acaba de enviar a sus discípulos, a los pueblos y lugares donde él iría después, para llevar su paz y decirles que el reino de Dios está cerca. Es consciente de la dureza de la misión y que el rechazo y el fracaso forman parte de ella. Él mismo lo ha experimentado. Frente a esta realidad ancla lo nuclear del seguimiento, y es que somos enviados. No vamos por iniciativa propia ni proclamamos nuestros propios mensajes. Formamos parte de algo mucho más profundo y grande que nosotros mismos. El Padre envía a Jesús, y el nos envía a nosotros. Llevamos ese tesoro en vasijas de barro, sí, pero es un tesoro, palabras que sanan y liberan, gestos que hacen presente la salvación y el amor de Dios. Por eso, quien “os escucha a vosotros, me escucha a mí”.
La llamada a la conversión, a escuchar el mensaje de paz y de amor, implica una respuesta de vida en quien lo escucha y acoge, un cambio coherente con la Palabra anunciada. Creer no es solamente aceptar unas verdades de fe y llevar a cabo unas prácticas religiosas. Creer me confronta con el Evangelio mismo y me pide escuchar lo que el Señor me pide en cada momento, poniéndolo en práctica.
No se trata solamente de una fe individual, que se reduce al ámbito de lo privado o al círculo de aquellos con quienes compartimos nuestra fe. El Evangelio es un anuncio de justicia y de paz, de amor y solidaridad, para los pueblos y ciudades, para las relaciones sociales, familiares y políticas, porque el reino de Dios quiere hacerse realidad para bien de todos.
Hoy celebramos a san Francisco de Asís. Nadie mejor que él se entregó plenamente al anuncio de la paz, y fue testimonio sencillez, pobreza, alabanza y hermandad con todo lo creado. Vivió una fuerte conversión al Evangelio y lo hizo su camino de vida y santidad. Hoy sigue inspirando el compromiso cristiano con la justicia, la paz y el cuidado de la Creación, sin el que el anuncio de la Buena Noticia se quedaría vacío.
Hna. Águeda Mariño Rico O.P.
Congregación de Santo Domingo
Evangelio del día
Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
«Pongo mi vida en manos de Dios»
Job sufrió todo lo que un hombre puede soportar, pero nunca perdió ni la confianza, ni el temor, ni el amor a Dios y eso fue lo que le sostuvo en sus desgracias. Fue puesto a prueba hasta el límite, él que era un hombre justo, y todo lo soportó porque confiaba en la bondad del Señor, en su misericordia y en su justicia, y su Fe le salvó, le recompensó con creces sus padecimientos.
Cuantas veces cuando las cosas no nos salen bien, cuando tenemos algún problema, pensamos ¿Por qué me tiene que pasar a mí? Y caemos en la desesperación, en la depresión incluso, y no se nos ocurre mirar a Dios cara a cara para descansar en Él.
Tenemos la tendencia a olvidarnos del cielo cuando las cosas de la tierra no nos van bien, solemos lamentarnos y nuestra Fe flaquea, se resiente, cuando debería ser al revés: tendríamos que ser como Job, abrazarnos a Dios, acudir a Él como el niño busca a su madre cuando tropieza y se cae. Dios es Padre y siempre está ahí con los brazos abiertos. Por eso es tan importante fortalecer nuestra Fe mediante la oración, la lectura, la meditación. Si tenemos Fe, como Job la tuvo, seremos capaces de afrontar todo lo que nos venga.
«La mies es mucha, los obreros pocos»
Jesús envía a sus discípulos a anunciar el Reino con instrucciones precisas de cómo lo deben hacer (no podemos evitar recordar lo que hizo con sus primeros frailes Nuestro Padre Santo Domingo, sin duda inspirado por el Evangelio). Les manda ir con la paz por delante allá donde entren, a ser agradecidos, a aceptar lo que les den de buen grado, pero también a abandonar el lugar donde no se les reciba con cordialidad. Y en medio de sus palabras nos dice que la mies es mucha y los obreros pocos y que pidamos al dueño de la mies que envíe trabajadores. Creo que estas palabras se comentan por sí solas: la mies es el pueblo de Dios, los obreros son aquellos que difunden la Palabra de Dios, los que se ocupan de las almas de los demás, los que administran los Sacramentos, sacerdotes, religiosos, laicos comprometidos.
Vivimos tiempos en los que las vocaciones de todo tipo escasean, la sociedad es reacia a las cosas de Dios y anda perdida en muchos aspectos, por eso hacen falta buenos obreros que cuiden de la mies y ahora más que nunca es el tiempo de pedir al Dueño que nos los envíe. Una vez más debemos ponernos en manos de Dios, confiar a Él nuestras preocupaciones (y la falta de vocaciones es una de las grandes) y pedirle con Fe que regale a su Iglesia hombres y mujeres de corazón generoso y espíritu de servicio.
Tenemos que confiar en el Señor, pedirle CON CONFIANZA, en la seguridad de que nuestra oración será escuchada. Deberíamos hacer el propósito diario de pedir por las vocaciones para que, al igual que Cristo envió a sus discípulos a anunciar el Reino, Dios Padre siga enviando trabajadores a sus campos: buenos sacerdotes, buenas monjas, laicos con ganas de servir, hombres y mujeres de toda condición que sepan escuchar la llamada de Dios y acudan a los campos de mies. El trabajo es mucho y toda ayuda poca, pongamos nuestro grano de arena a través de nuestra oración. Y siempre confiando en el Señor.
D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro
Evangelio del día
Evangelio del martes 1 de octubre de 2024
Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,51-56
Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él.
Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron:
«Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».
Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea.
Reflexión del Evangelio de hoy
Confía siempre en Dios
Job, modelo admirable de paciencia, ante unas calamidades como la enfermedad de la lepra, la hostilidad de sus familiares y amigos, sufre una crisis profunda en su fe en Dios.
También influye la presencia de los tres amigos que le vienen a consolar, pero que en realidad le van a hacer de «abogados del diablo», sugiriéndole dudas y atacándole. Job estuvo siete días en silencio, acompañado de estos amigos, hasta que finalmente prorrumpe en el grito tremendo de rebelión que leemos hoy.
Se le ha derrumbado todo: el apoyo de los suyos, su fe, su concepto de la bondad de Dios. Y se formula una y otra vez la gran pregunta: «¿por qué?». El grito de Job es desgarrador. Maldice el día en que nació, preferiría morir: «muera el día en que nací… ¿por qué no perecí al salir de las entrañas de mi madre? ¿por qué dio luz a un desgraciado, al hombre que no encuentra camino porque Dios le cerró la salida?».
Cuando nos toque vivir días tan oscuros como los de Job, hagamos nuestro el salmo de hoy: «Señor, Dios, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia, mi alma está colmada de desdichas, me has colocado en lo hondo de la fosa». El Sábado Santo fue todo oscuridad para Jesús. Pero amaneció la mañana de la resurrección.
¿Sabemos convertir en oración nuestra duda? ¿sabemos fiarnos de Dios, como hará en definitiva Job, y sobre todo Jesús, a pesar de que no entendamos el porqué de tantas cosas en la vida? Los cristianos tenemos un dato nuevo: la muerte y resurrección de Jesús. Pero también nos sigue costando dar con la clave para la respuesta a esta misteriosa pregunta.
Obediente al padre y por amor a los hombres
“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén”. Con esta decisión, comienza la etapa final, la etapa más importante de su vida. Por esta decisión de Jesús, Jerusalén se va a convertir en el centro geográfico de toda la historia de la salvación. En Jerusalén Jesús nos dará la mayor prueba de su amor al morir en la cruz y asumir así lo más doloroso de nuestras existencias.
Desde Jerusalén Jesús entrará, por la resurrección, en una vida nueva, vida que Él inaugurará no sólo para Sí mismo sino también para todos nosotros. En Jerusalén nacerá igualmente la Iglesia, la comunidad de los discípulos de Jesús, unida por el Espíritu Santo que Jesús les va a enviar.
Jesús inicia, pues, el viaje definitivo de su vida: desde Galilea a Jerusalén y al Padre. No hará este viaje solo: lo hará acompañado de sus discípulos. Pidamos al Señor que nosotros también le acompañemos realmente en este viaje suyo compartiendo con Él las mismas esperanzas y las mismas penas.
Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Convento de la Virgen del Camino (León)
Evangelio del día
Evangelio del viernes 27 de septiembre de 2024
Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
Todo tiene su momento
Cuando uno se pone frente a tradiciones, escritos y testigos, llenos de tanta sabiduría, sin querer, hacen brotar dentro de uno, los mismos interrogantes, búsquedas y respuestas, a tantas preguntas que nos plantea la vida, y que, nos pueden conducir a experimentar la plenitud o a sufrir el sin sentido.
En el libro Eclesiastés, llamado también “Qohelet”, nombre que viene a significar: “el hombre de la asamblea”, el maestro o el predicador. Es un libro de sabiduría escasamente religioso, su idea básica es una desilusión sobre la vida: “vanidad de vanidades y todo vanidad”.
Para el autor está claro que la misión del ser humano es buscar el don de Dios en las cosas cotidianas. Es un apasionado clamor del anhelo humano con sus aspiraciones a lo infinito, y a la vez, los límites que le coartan al estar encerrado en sí mismo. El desprendimiento al que nos lleva Qohelet prepara la irrupción del Absoluto como don totalmente gratuito.
(Comentario iluminado por la biblia de Jerusalén)
Así mismo, como nos recuerda (Eleuterio Ramón Ruíz):
“El libro del Eclesiastés o Qohélet sigue siendo uno de los textos más desafiantes de la Biblia y al mismo tiempo uno de los más actuales. ¿Cómo encontrar la felicidad? ¿Es posible cambiar el mundo para que haya más justicia? ¿Cómo sobrevivir en una sociedad competitiva y despiadada? En un tiempo de profundos cambios sociales y culturales, el sabio revisa los postulados de la sabiduría tradicional en busca de respuestas.”
¿Quién es este hombre?
Hablar de una persona resulta muy difícil, porque ésta puede reclamar si le parece que la descripción no es correcta. Además, la persona humana, con sus vivencias, sentimientos e ideas, es demasiado grande para caber en nuestras palabras. El corazón del otro siempre es un misterio que nadie consigue desvelar por completo. Mucho más complejo es hablar de la persona “Jesús de Nazaret”, resulta comprometido, porque no hay ninguna posibilidad de permanecer neutral o de emitir una opinión personal sin tomar posiciones.
La gente no tenía claro quién era Jesús, donde encasillarlo. El mismo Pedro tan pronto dice: “eres el Cristo de Dios”, como en otro momento niega conocerle.
Los discípulos compartieron su vida con el Jesús de Nazaret y aceptaron a aquel ser humano que les proporcionó una paz, una alegría y una seguridad increíbles; pero mientras vivieron con él, no fueron capaces de ir más allá de lo que veían. Solo a través de la experiencia pascual se adentraron en el verdadero significado de aquella persona fuera de serie.
Al morir Jesús, se preguntaron si con la muerte de su líder se había acabado todo. Sólo entonces empezaron a trascender la figura humana de Jesús y fueron descubriendo lo que se escondía detrás de aquella realidad visible. Fueron dándose cuenta de que allí había algo más que un simple ser humano. Entonces fueron conscientes de que el verdadero UNGIDO ya se encontraba en el Jesús de Nazaret.
La ausencia despierta otra conciencia.
Este Mesías, descubierto en Pascua, no coincide con el que esperaban los judíos y los propios discípulos, antes de esa experiencia. Ahora se trata de Jesús el Cristo, Jesucristo, genial integración del Jesús histórico y el Cristo de la fe.
Y para nosotros hoy ¿quién es Jesús? No se trata de dar una respuesta teórica ni una cristología aquilatada que responda a todas las cuestiones formales relativas a la persona de Jesús. Mucho menos, dogmas que definan su naturaleza divina. Lo que se espera de nosotros es una respuesta práctica. ¿Qué significa Jesús en mi vida?
Como cristiano, ¿me intereso de verdad por la figura histórica de Jesús para descubrir en él, como hicieron los discípulos, al Ungido de Dios? Es decir, ¿me esfuerzo por descubrir el valor trascendente que se esconde en su apariencia humana? ¿Es ese valor el que mueve mi existencia?
“A los cristianos nos interesa mucho conocer todo lo que podamos de la persona y de la vida de Jesús precisamente porque creemos que a través de esa persona y de su vida concreta se nos ha revelado Dios de forma única, excepcional e irrepetible. Si en Jesús me encuentro con el mismo misterio de Dios encarnado, ¿cómo no me va a interesar conocer a su Hijo predilecto, cómo es, qué defiende, a quienes se acerca, qué actitud adopta ente los que sufren, cómo busca la justicia, cómo trata a la mujer, cómo entiende la vida y vive la religión…?” (Pagola, libro sobre Jesús, Aproximación Histórica).
La vida y misión de Jesús, vienen a responder tanto a los interrogantes de la lectura del Eclesiastés, como al desafío a nuestra fe ante la pregunta: “Quién dices tú quien soy yo?”
Hna. María del Mar Revuelta Álvarez
Dominica de la Anunciata
Evangelio del día
Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
No me des ni riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan
Tanto en la primera lectura de hoy como en el salmo, se acentúa la importancia de la Palabra de Dios en la vida del cristiano, en nuestra vida. Ante una sociedad fluctuante y, muchas veces, poco estable, donde lo que hoy es blanco mañana es negro, o lo que hoy es verdadero mañana es falso, la palabra de Dios es estable, no cambia, es eterna y es lo que realmente nos da la felicidad.
El salmista esto lo tiene claro, la Palabra es esencial en su vida, lámpara para sus pasos, así también debería ser para nosotros, los cristianos. La Palabra de Dios es la brújula que tiene que guiar nuestra vida, ella es perfecta y es descanso del alma: “A dónde vamos a ir, Señor, sólo tú tienes palabras de Vida Eterna”. Por eso, cada vez que escuchamos la Palabra es para amoldar nuestra vida a ella y no al revés.
El libro de los Proverbios nos presenta hoy la única oración que aparece en él, una oración llena de sabiduría, con la que Agur pide a Dios que lo aleje de la mentira y de la falsedad, él sabe bien que la única felicidad es vivir en la Verdad. Y, por otro lado, pide no vivir ni en la riqueza ni en la pobreza, sino que le conceda lo justo para ir viviendo cada día.
En esta petición nos muestra el protagonista la importancia de conocerse a sí mismo. Sabe que vivir en la abundancia le puede alejar de Dios, olvidarle y vivir como si Dios no existiera. Vivir en la pobreza le puede llevar a renegar de Él y a rechazarlo.
Qué importante es conocer nuestro corazón y nuestra fragilidad y saber que necesitamos de la gracia de Dios cada día para serle fieles.
Pidamos, hoy, al Señor que Él sea siempre el que guíe nuestros pasos y que Él sea el centro de nuestra vida para vivir en la verdad y hacer siempre el bien.
Ellos se pusieron en camino anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes
Hoy, Lucas nos presenta en pocas líneas cuál es la misión principal de la Iglesia, y por ende la misión de todo cristiano, que no es otra que la de anunciar el Evangelio a todas las criaturas. Para llevar a cabo esta misión es necesario, primeramente, ser elegido por Dios, ser instruido, ser enviado y, finalmente ponerse en camino.
Pero, para poder anunciar el Evangelio, es fundamental haber tenido experiencia de la misericordia y del amor de Dios en nuestra vida. Hay que vaciarse de uno mismo y llenarse del Espíritu de Cristo para poder ser otros cristos en medio de esta sociedad, cada vez más alejada de la Verdad, para poder anunciar la salvación a todas las criaturas.
Los cristianos debemos estar disponibles para ser las manos y los pies de Jesucristo y ayudarle a salvar almas, “lo que gratis habéis recibido, dadlo gratis”. Pero para ser creíbles no sólo hay que anunciar la Buena Noticia de palabra, sino con obras. Por eso, es necesario que vayamos ligeros de equipaje, sin comida ni dinero, como los apóstoles, dando testimonio de que sólo Dios basta, de que Él es nuestro sustento y nuestra seguridad, los cristianos tenemos plenamente puesta nuestra confianza en el Señor, Él es nuestra fuerza y nuestro motor cada día.
Qué Dios nos conceda la gracia de vivir siempre apoyados en su amor y nos ayude a anunciar el Evangelio no sólo con las palabras, sino también con las obras.
Sor Mª Belén Marín López, OP
Monasterio Santa Ana, Murcia
Evangelio del día
Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
Pesar el corazón
El pasaje del libro de los proverbios nos trasmite la reflexión profunda de la vida como sabor de las cosas importantes, como sabiduría para vivir. Por eso no habla del corazón, que en lenguaje bíblico quiere expresar la totalidad de la persona; Nosotros normalmente asociamos el corazón a la dimensión afectiva de la persona, con los sentimientos. En tanto que aquí el corazón es el lugar de donde brotan los pensamientos, los propósitos, las pasiones, las acciones y los proyectos del ser humano (Mt 15,19). Amamos, pensamos, escuchamos y nos relacionamos desde el corazón, por eso el sabio no recuerda que es Dios quien “pesa el corazón” dándonos la posibilidad de crecer y madurar, de vivir la libertad y la responsabilidad frente a las cosas de la vida. Apropiado es el salmo de hoy, que nos invita a pedir al Señor que nos guie, nos instruya, nos oriente, nos enseñe cada día a dejarnos interpelar por su amor que da vida.
Abrir el corazón y ampliar la mirada
El caminar con Jesús siempre nos ayuda a abrir el corazón y ampliar la mirada. Con sus palabras y acciones el Señor nunca nos deja indiferentes. El episodio de los parientes que vienen a encontrarse con Jesús nos ayuda a comprender la propuesta del crecer en fraternidad desde el proyecto del Reino. No implica de manera alguna que no se valoren los lazos familiares, sino que el Maestro nos invita a ir más allá. Ser discípulos genera un nuevo tipo de vínculos. Una vida con sabor a Evangelio. Como nos recuerda el Papa Francisco en Fratelli Tutti: «Todos somos hermanos, con estas pocas y sencillas palabras expresó lo esencial de una fraternidad abierta, que permite reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite» (FT 1).
Esta nueva fraternidad nos abre a la alteridad, a la escucha de los otros para percibir la voz de Dios que se manifiesta en quien es distinto. Es dejarse interpelar por la realidad. Ser parte de la familia de Jesús es, en definitiva, compartir su vida y su proyecto e implicarnos en el mismo. Que, como María, modelo de discípula, podamos cada día escuchar la Palabra de Dios y la hagamos vida en los ambientes donde vivimos.
Fray Edgardo César Quintana O.P.
Casa Stmo. Cristo de la Victoria (Vigo)
Evangelio del día
Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
No niegues un favor a quien lo necesita
El texto de Proverbios no necesita comentario, basta con leerlo con detención, dejándose inspirar por él. No olvidemos que es un libro “sapiencial”, lo que ofrece es sabiduría. No simple erudición, o sea, saber de muchas cosas; sino saber de lo esencial de nuestro vivir, de nuestro ser; con aplicación inmediata a nuestro modo de actuar. Es un padre que habla a su hijo: desde su amor paternal le indica al hijo cómo ha de conducir su vida. Su consejo o recomendación esencial: no negar favores a su hermano ni a los demás. De ese consejo deriva evitar el daño al otro. Ello lo resume en ser honrado; es lo que le pide el Señor. Y, como actitud básica, la humildad, que siempre va unida a la sabiduría.
El salmo responsorial precisa más esa honradez, esa sabiduría, que le lleva a convivir con Dios en “su monte santo”. Que podemos traducir: Dios convive en él, y él convive en Dios.
Nada hay oculto que no llegue a descubrirse
El texto de Lucas, podría ser entendido como una invitación a hacerse ver, a cultivar la imagen propia, a no pasar inadvertido ante los otros, a lucir en el ámbito en que la vida se desarrolla, a cultivar la imagen. Algo que es tentación humana, en nuestro tiempo muy desarrollada. De modo que el dicho, “la mujer del César no solo ha de ser buena, sino aparentarlo”, se convierte en que sobre todo ha de aparentarlo, serlo es menos relevante.
Sin embargo, el texto, entiendo, viene a decir lo contrario. No te preocupes tanto por tu apariencia, sino por tu ser, porque tu ser acabará manifestándose: “nada hay oculto que no llegue a descubrirse…, a hacerse público”, por ello, podría continuar, “cuida tu ser, tu mundo interior, tus intereses y afectos, que se traslucirá en tu obrar”.
Al final del texto evangélico nos encontramos con esa expresión …”al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará lo que cree tener”. La fuerza de la frase está en discernir qué es tener de verdad y qué es creer tener; o sea, estar vacío de lo que hay que tener y lleno de vaciedades, que no construyen nuestro ser, solo nuestra apariencia social. Más aún, creer tener lo que en realidad nos tiene, a veces como esclavos; por ejemplo, el dinero, -avaro-, el aplauso social, nuestra vanidad u orgullo, nuestra comodidad egoísta…
Jesús sabe que lo que dice no es fácil de asimilar y por eso, subraya: “a ver si escucháis bien”.
¿Cómo nos vemos ante estas palabras de Jesús? ¿Cómo vemos a los demás?
Fray Juan José de León Lastra O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)
