Evangelio del día

Evangelio del martes 17 de mayo de 2022

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 27-31a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.
Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mi, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo yo».

Reflexión del Evangelio de hoy

Predicar la Palabra

Estamos al final del primer viaje misionero de Pablo acompañado por Bernabé. En la ciudad de Iconio, la predicación de los apóstoles ha tenido su éxito a través de la multitud de judíos y griegos que han abrazado la fe. Pero la misión no es fácil, anunciar a Cristo Resucitado también tiene sus consecuencias. En este caso Pablo es apedreado y a duras penas se libra de la muerte. En ese momento, el apóstol decide marchar a Derbe y anunciar allí la buena noticia del Reino, con el resultado de un número considerable de personas que creen en Jesús. Pablo no es persona que abandona su proyecto, ni a la gente con facilidad, de ahí que regresa a Listra, Iconio y Antioquia donde va a animar a los discípulos a no desfallecer ante la prueba, ellos tienen que permanecer en la fe, a pesar del sufrimiento y del rechazo que puedan padecer por seguir a Jesús. Por ello, el apóstol va a designar presbíteros en cada una de las comunidades, después de ayunar y orar, esas personas son encomendadas al Señor para la misión de sostener en la fe a la comunidad de referencia.

El regreso a Antioquía es alentador, los misioneros van predicando la Palabra en todos los lugares por donde pasan, el evangelio debe expandirse, ha de llegar hasta los confines de la tierra. El Señor que Vive es el que alienta la misión, el que les ayuda a mantenerse en pie en medio de tanta tribulación y no desfallecer. Llegados a Antioquía, la alegría es inmensa y toda la comunidad reunida recibe la noticia de cómo han anunciado el evangelio y se lo han transmitido a los gentiles, es decir, les han abierto la puerta más hermosa, la de la fe. Ahora les toca retomar fuerzas, interiorizar el recorrido geográfico y espiritual que han realizado, para poder emprender la nueva misión con ánimo y fuerzas renovados.

No se turbe vuestro corazón, ni se acobarde

El evangelio de hoy nos presenta las palabras finales del discurso de despedida de Jesús a sus discípulos. El Señor se dirige a ellos con el saludo de la paz, habitual en las despedidas, pero Jesús añade algo más, él les da “su” paz, como don y promesa. Es su paz la que él deja a sus discípulos como un “regalo” duradero y permanente en su despedida. La paz de Cristo abraza a sus discípulos y los llena de su vida, su amor y su alegría, puesto que la comunidad de Jesús ha de ser en medio del sufrimiento y el dolor que marcan las situaciones de cada época y lugar, un remanso de paz verdadera, no como la paz que da el mundo, tan frágil y cambiante.

A continuación, el Señor exhorta a los discípulos a que no se turbe su corazón, a mantenerse firmes, a superar los miedos porque Jesús permanece a su lado: “me voy y vuelvo a vuestro lado”. Todo está previsto y preanunciado. La comunión de los discípulos con el Maestro y con Dios, les proporciona la seguridad en que su amor y paz están siempre en ellos. Jesús ha insistido en que los discípulos le amen y se mantengan firmes en su palabra aun cuando está a punto de partir.  Está amaneciendo una nueva era y hay razones para la alegría.

El amor de los discípulos a Jesús debe llevarlos al gozo y al jubilo de quienes confían en el Amigo. Él parte hacia el Padre. La fe no deberá temblar cuando llegue el momento: el camino concreto de regreso al Padre, la muerte en cruz no debe quitarles la paz, sino que debe proporcionarles una alegría duradera. Cristo es el enviado obediente del Padre, y su venida al mundo y su retorno al que le envió no constituyen algo irrelevante para los discípulos. La partida de Jesús es diferente a cualquier otra. A pesar de que parezca lo contrario, el príncipe de este mundo no tiene ningún poder sobre Jesús, cuya partida es el resultado de su respuesta amorosa a su Padre. Jesús acepta su muerte violenta a manos de sus adversarios para revelar al mundo su amor a Dios. Ya había dicho que su Padre lo amaba, ahora proclama la reciprocidad de aquel amor. Parece que ha llegado a su fin el tiempo para hablar, pero no de actuar, mejor, de padecer. La partida violenta de Jesús dará a conocer al mundo, cuánto ama al Padre y será la demostración definitiva de que acepta libre e incondicionalmente su voluntad. Jesús está preparado y dispuesto a ser fiel al Padre, ¿lo estás también tú?

Hna. Carmen Román Martínez O.P.
Congregación de Santo Domingo

Evangelio del día

Evangelio del lunes 16 de mayo de 2022

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 21-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama será amado mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».
Le dijo Judas, no el Iscariote:
«Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?»
Respondió Jesús y le dijo:
«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».

Reflexión del Evangelio de hoy

Os predicamos la buena noticia

Desde los primeros tiempos la predicación de la buena noticia de la salvación de Jesús ha sido un mensaje complejo y plagado de dificultades. Pablo y Bernabé tienen que escabullirse de Iconio y retirarse a las ciudades de Listra y Derbe en Licaonia para poder seguir anunciando el Evangelio.  Allí, mientras están predicando, ven un enfermo, cojo y lisiado de nacimiento, cuya fe y devoción era capaz de curarlo. Y Pablo le grita: Levántate, ponte derecho. Y el hombre de un salto, echó a andar. El gentío se apresuró a ensalzarlos como “dioses” y querían ofrecerles sacrificios. Pero Pablo les reconvino para que no se dejaran engañar por falsas apariencias ni falsas divinidades, y reconocieran al único y verdadero Dios, Señor y Creador de todo, que creó el cielo y la tierra, el mar y todo lo que contiene. Pablo se hace portavoz del verdadero Señor, del que desde siempre ha protegido y mirado por sus criaturas y ha atendido todas sus necesidades. El Señor que él, indigno mensajero, ha venido a anunciarles. La oportunidad de la predicación y de la fe surgen por gracia del Señor, y se muestran donde menos se espera, como les sucedió a estos discípulos. Pero el valor del anuncio, el esfuerzo de hacerlo vivo y audible, de llevarlo a todos los rincones, es algo que como fieles creyentes nos corresponde pregonar a todos nosotros. Somos testigos de la resurrección del Señor, somos beneficiarios de su salvación, y con la fuerza del Espíritu, tenemos que testificarlo por todos los lugares con alegría y sin desánimo.

El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará

 San Juan expresa muy plásticamente lo que implica el seguimiento de Jesús. Seguir a Jesús significa estar enamorado de Él, guardar sus palabras. Beber de la fuente de la Palabra y dejarse embargar por el Espíritu de Jesús hasta que, como decía Pablo, no soy  “yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí”. Vivir en esa burbuja de amor que todo lo relaciona y lo visualiza desde el prisma del enamorado, desde la óptica del Otro que ocupa mi cosmovisión, mis sensaciones y todo mi actuar. Porque abiertos al Señor, Dios Padre nos sacia de su amor, nos inunda con su gracia. Somos templos de Dios, amigos de Dios que nos acompaña y nos habita. La morada de Dios es así el propio hombre, el discípulo que ama a Cristo y guarda sus palabras. Y la palabra de Jesús es el mandamiento nuevo: amaos unos a otros como yo os amo. Amaos sin privilegios y sin imposiciones, siendo servidores unos de otros, porque Dios ha puesto su morada en nosotros. Dios nos ha amado, y por la encarnación y redención de Cristo, ha instaurado una nueva religión, en espíritu y verdad. Dios ha establecido una relación personal con el hombre, con los hombres y con el mundo, y ha restablecido el orden original. Todo viene de Dios y debe tender hacia Dios. Nuestra vida ahora es un caminar ya, en esa nueva dimensión. Vivir desde la sabiduría del Espíritu, descubriendo el sentido trascendente de la creación y de la nueva humanidad. No podemos quedarnos plantados, pasivos y despreocupados de nuestro mundo ni de nuestros hermanos. Dios ha instaurado su tienda entre nosotros y hemos de abanderar este proyecto divino: que todos seamos uno en el Padre, el Hijo y es Espíritu Santo, hasta la plenitud verdadera.

¿Me siento parte de este proyecto transformador, de hacer presente el Reino del Señor en nuestro mundo?

D. Oscar Salazar, O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de San Martín de Porres (Madrid)

Evangelio del día

Evangelio del jueves 12 de mayo de 2022

OPNH
Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 16-20

Cuando Jesús terminó de lavar los pies a sus discípulos les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me ha traicionado”. Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy.
En verdad, en verdad os digo: el que recibe a quien yo envíe me recibe a mí; y el que me recibe a mí recibe al que me ha enviado».

Reflexión del Evangelio de hoy

Tradición y novedad en la predicación de Pablo

En el libro de los Hechos de los Apóstoles, que leemos a lo largo del Tiempo pascual, uno de los protagonistas principales es san Pablo. Junto con sus compañeros, arriba en uno de sus viajes a Antioquía de Pisidia, situada en la parte meridional de la actual Turquía. Según su costumbre, va a la sinagoga e, invitado a hablar, comienza haciendo una apretada síntesis de la historia de la salvación, para empalmar con Jesús, en quien se cumplen las promesas que Dios hizo a David.

La predicación a los judíos es una prioridad en las primeras etapas de la misión apostólica de san Pablo. Recordarles su pasado más significativo no es un simple recurso retórico; es una forma de fundamentar la continuidad histórica del proyecto salvífico de Dios, insertando la novedad de Jesús en la tradición más constante de su pueblo.

Hay en ese discurso una serie de argumentos que avalan su veracidad sobre el Mesías: una larga y sólida tradición que apunta a su aparición ya próxima; el anuncio autorizado de un profeta reconocido, como Juan el Bautista, que asegura su inminente presencia salvadora; y el testimonio fehaciente de la vida de Jesús, que Pablo describirá a continuación de manera detallada ante quienes tuvieron ocasión de conocer los hechos.

No son, sin embargo, argumentos que demuestren sin lugar a dudas el mesianismo de Jesús (si así fuera, todos lo aceptarían). Se necesita estar abiertos al Espíritu, que ilumina los corazones sencillos a través de la palabra del testigo, revestido él también de la autoridad reveladora de ese mismo Espíritu.

¿Estamos nosotros abiertos al influjo del Espíritu de Dios? ¿Nos apoyamos con confianza en los indicios persuasivos que sus mensajeros nos presentan?

Servicio y misión en la vida de Jesús y de sus discípulos

El largo discurso de despedida de Jesús antes de su pasión arranca del lavatorio de los pies de sus discípulos. Después de ese gesto –que Juan coloca en el lugar en que los otros evangelistas sitúan la última cena-, Jesús comenta el sentido ejemplar que tiene para quienes quieran seguirle. Es un gesto de servidumbre: él lo ha realizado precisamente para dar a entender que ha venido a servir y que todo el que quiera tenerlo a él por maestro deberá adoptar también una actitud de servidor.

“El criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía”, dice Jesús. Si él, que es el Señor, ha sido enviado a servir a la humanidad y ha llevado ese servicio hasta la entrega de su vida por nosotros, ¿hasta dónde estamos dispuestos a llevar el nuestro?

Él dio testimonio del que lo envió, hablando del reino de amor que Dios quiere establecer entre nosotros e inaugurándolo ya en compañía de sus discípulos. Si nosotros, gracias a la fe, lo recibimos a él como enviado de Dios, acogemos también por medio de él la presencia de Dios, que cambia nuestra vida y la hace reflejo de la suya. Una de las consecuencias de esta presencia es que nos convierte a nosotros también en enviados suyos, misioneros de su mensaje de amor por el mundo.

Como enviados, nuestra vida ha de estar constantemente referida a quien nos envía; es su mensaje el que tenemos que difundir, no nuestras ideas. ¿Hasta qué punto nuestra labor misionera transmite fielmente lo que él nos encargó transmitir? Y, cuando recibimos elogios de quienes nos escuchan o nos contemplan, ¿sabemos remitirlos a su verdadero inspirador?

Fray Emilio García Álvarez O.P.
Convento de Santo Tomás de Aquino (Sevilla)

Evangelio del día

Evangelio del jueves 5 de mayo de 2022

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 44-51

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado, Y yo lo resucitaré en el último día.
Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.
No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.
Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

Reflexión del Evangelio de hoy

«¿Y cómo voy a entenderlo si nadie me guía?»

Con frecuencia aparecen en el nuevo testamento preguntas y respuestas que revelan la indigencia  del ser humano. Su necesidad de ayuda para avanzar y no hacerlo solo. No solo porque no quiera hacerlo en soledad, sino porque no puede. Recordemos a Jesús, preguntando al paralítico de Betesda: ¿quieres ser curado? La respuesta que recibe no es un si, sino una exposición de su impotencia y soledad. ”No tengo quien me ayude…” Recorrer el camino solo supone no llegar a tiempo.

El pasaje de los Hechos de los Apóstoles que escuchamos hoy,  nos sitúa en la misma posición de Jesús. El discípulo actuando como el Maestro. Jesús se coloca siempre al lado de cada ser humano, para dialogar con él. Siempre al lado de la gente, de sus situaciones, recorriendo junto a ellos su historia personal e iluminándola con su vida. Felipe se sitúa junto al eunuco y como Jesús con los que caminan a Emaús, escucha y pregunta. “¿Entiendes lo que lees?”. Un velado lamento encierra la respuesta: “¿Y cómo voy a entenderlo si nadie me guía?”  Este hombre había subido a Jerusalén para adorar. Quienes tenían que prestarle ayuda no lo han hecho, no se han detenido con él para explicarle y regresa solo, leyendo sin entender nada y así hubiera seguido de no colocarse a su lado Felipe.

Esta experiencia la viven muchos en nuestros días. Están solos. Solos y señalados. ¿Quién se acerca a ellos? Hay muchos como el ministro de Candaces. También como el paralítico de Betesda. Jesús les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y lo hizo poniéndose a su lado. El quiere que como discípulos hagamos lo que él hizo. Tenemos que estar al lado del otro para hacer lo que él ha hecho con nosotros. No se trata de inventar sino de comunicar y compartir.

«Como cordero fue llevado al matadero,
como oveja muda ante el esquilador,
así no abre su boca.
En su humillación no se le hizo justicia.
¿Quién podrá contar su descendencia?
Pues su vida ha sido arrancada de la tierra».

A partir de este texto, que venía leyendo sin enteder, lo guía hasta el conocimiento de Jesús, del que habla esta profecía. Y sucede lo mismo que a los de Emaús: quedan tan llenos de gozo mientras van de camino que al partir el pan lo reconocen y anuncian su resurrección. Este hombre ha encontrado la guía y pide el bautismo. Tomar pie de la historia personal de cada  uno para llevarle la Palabra y ponerlo en manos de Jesús que no ha venido a condenar sino a sanar y salvar lo que estaba perdido.

“Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mi…”

Estando como estamos, celebrando por cincuenta días el domingo de Pascua, se nos proclama el capítulo sexto del evangelio de san Juan. Y en este contexto se comprende mejor lo que dice a propósito del signo que ha realizado. El Misterio pascual que se actualiza en cada Eucaristía, nos introduce en la obra salvífica llevada a cabo por Jesús, que nos ha amado hasta el extremo, entegando su vida para que la tengamos en abundancia. Generosidad en el amor significado en el “mejor vino”. Generosidad en el pan multiplicado, que sacia y sobra para alcanzar a otros. Porque el amor de Dios es así, abundante, generoso, sin límite ni concidiones previas. Tanto amó Dios al mundo que le entrega a su propio Hijo.

Le dice al gentío: “Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado…” Y a todos atrae Dios porque lo que desea es que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.  Y como esa es la finalidad de la encarnación, todos serán ganados por el amor que en Jesús se ha revelado.

Lo que toca es ser dicípulo de Dios. Y lo que corresponde al discipulado es “escuchar y aprender”. Porque el discípulo al convivir con el maestro, aprende a escuchar y escuchando como es debido, aprenderá adecuadamente lo que se le está comunicando. La verdad de la escucha y el aprendizaje se evidencian en la adhesión a Jesucristo.  Por eso dice: “Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí” Es lo que se aprende del Maestro que dice de sí mismo: Yo no hago sino lo que veo hacer a mi Padre.” Y en otro lugar: Yo no digo sino lo que escucho a mi Padre.

Yo soy el pan de la vida 

Puesto que él se ofrece para la vida del mundo, el signo realizado que relata la generosa abundancia, apunta a él mismo, que revela cuánto amó Dios al mundo al entregarlo para que el mundo se salve por él.

Es necesario comprender que los signos del pasado de Israel, encuentran su plena realidad en Jesús mismo. Por eso dice: “Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.” El és el último signo ofrecido por el Padre. Todos los demás apuntaban a él, y en él todo está cumplido. Por eso al gentío que le sigue, le ofrece alimentarse de su misma vida, mediante su cuerpo entregado y su sangre derramada. Es su amor sin límites el que sostiene al que le recibe y lo convierte, en comunión con él y con todos, en signo sacramental de un amor más grande.

Termina el pasaje con la extaordinaria afirmación: “Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo.” Es esta carne concreta, asumida en la encarnación, en la que se puede palpar todo el amor de Dios, que entregándose permite al ser humano llegar a experimentar, vitalmente, hasta qué punto está siendo amado en Jesucristo.

Pensemos qué resonancia tiene en nuestra vida lo que él dice: “Todo el que cree tiene vida eterna.”

Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.
Convento de Santa Cruz la Real (Granada)

Evangelio del día

Evangelio del lunes 18 de abril de 2022

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 8-15

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús salió al encuentro y les dijo:
«Alegraos».
Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.
Jesús les dijo:
«No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles:
«Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernados, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».
Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Reflexión del Evangelio de hoy

¡Cristo vive!

Aquel pescador de Galilea, aquel hombre que negó a su Maestro hasta tres veces, aquel que se quedó dormido mientras Jesús oraba amargamente en el huerto de los olivos, se nos presenta hoy ante el pueblo, hablando sin miedo, contando lo que ya ha vivido y conocido: la gloria de la Resurrección. Porque otros grandes profetas murieron y ahí están sus tumbas, pero el Cristo Jesús está vivo. Pedro lo ha visto, los Apóstoles lo han visto, las mujeres lo han visto… Ahí está su sepulcro vacío ¿Queréis más pruebas de que es el Mesías, el Hijo de Dios que había de venir para salvarnos del pecado? ¡Ha vencido a la muerte!

¿Dónde está el Pedro temeroso? ¿Dónde ha ido el que le negó? Ahora Pedro es otro hombre, nuevo, alegre, valiente. Se ha transformado ¡porque ha creído! Ha experimentado lo que es la Resurrección de Jesús y su vida ya no será la misma. ¿Y tú? ¿Y yo? ¿Y nosotros? Hoy deberíamos estar dando saltos de alegría porque la Luz ha vencido a las tinieblas, porque todo lo que se nos prometió se ha cumplido ¡CRISTO VIVE! Al igual que Pedro, los Apóstoles y las Santas Mujeres, nosotros debemos salir a contar lo que hemos visto, contagiar de nuestra alegría a los hermanos y ser “la sal del Mundo” que el mismo Jesús nos dijo.

¡Aleluya, ha resucitado!

San Mateo nos narra lo que sucedió en los primeros momentos tras la Resurrección. Mientras las Mujeres corrían a dar la Buena Nueva a los Discípulos, las autoridades intentaban con malas artes (soborno incluido) tapar la realidad, engañar al pueblo, negar la evidencia del sepulcro vacío. Para unos se había producido la promesa de Dios, mientras que otros solo veían peligrar sus puestos de poder.

Durante tres años Cristo había predicado en público su Doctrina, había hablado de amor, de libertad. Había señalado con el dedo las injusticias, la opresión. Había puesto en igualdad a todos los hombres. Y a ojos de todo el mundo había curado enfermos y perdonado a pecadores. Entre los dirigentes del pueblo se había creado un malestar que terminaría con la detención y la muerte del Justo. Sus enemigos debieron pensar que acabando con su vida pronto sería olvidado. Pero se equivocaban: todo eso debía suceder (como anunciaron los Profetas) para glorificar al Hijo de Dios. Con la Resurrección de Jesús todos los planes del mal se vinieron abajo y triunfó la vida sobre la muerte ¡Esa es la realidad de nuestra Fe!

Hoy, con un mundo convulso como el que vivimos en la actualidad, entre guerras, pobreza y enfermedades, debemos aferrarnos a la Verdad del sepulcro vacío. No debemos prestar atención a quienes quieren engañarnos ensuciando el Nombre de Dios y de su Iglesia. Tenemos que permanecer firmes como los primeros cristianos porque nuestra realidad se fundamenta en la vida, en la resurrección, en aquella mañana jubilosa en la que las mujeres y los discípulos vieron, comprendieron y creyeron.

¡Feliz Pascua de Resurrección a todos!

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro

Evangelio del día

Evangelio del jueves 17 de marzo de 2022

Lectura del santo evangelio según san Lucas 16, 19-31

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.
Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.
Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán.
Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo:
“Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”.
Pero Abrahán le dijo:
“Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.
Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”.
Él dijo:
“Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”.
Abrahán le dice:
“Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”.
Pero él le dijo:
“No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”.
Abrahán le dijo:
“Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».

Evangelio de hoy en audio

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Hoy, más que nunca, resuenan las palabras de Jeremías en este mundo a la deriva. Detrás de una guerra cruel y cada una de sus víctimas, clama la voz del profeta advirtiendo la desdicha. Tal vez, la raíz del mal esté en confiarnos demasiado los unos de los otros. Poner el norte en el hombre nunca garantiza estar a buen recaudo, cuando sople fuerte el viento. Aprendimos muy pronto a salvar el pellejo dando besos perfumados de veneno y puñaladas traperas en la espalda del amigo, a morder la mano que nos da de comer sin previo aviso. El corazón enfermo del hombre se yergue como dueño caprichoso del destino. Entonces sopesamos el riesgo a cada paso y la huella se llama incertidumbre. El temor recorre sigiloso el mapamundi y la sospecha es el ama del castillo. 

A pesar del aviso tan lejano y cercano al mismo tiempo, aquí seguimos equivocando confianzas. El hombre parece no escarmentar de la experiencia. Le gusta vivir al borde del precipicio, pues sus miras son demasiado cortas. Confiar en el hombre siempre acarrea desasosiego, frustración y desengaño. Todos compartimos cicatrices con nombres propios, heridas que nacieron de creer demasiado en alguien y olvidar la fragilidad humana. Por eso, necesitamos los servicios del mejor cardiólogo, para que sane nuestro corazón de tantas seguridades con demasiado sabor a tierra. Sólo Dios puede restañar la decepción de quienes confiaron a ciegas en la criatura y no fueron capaces de levantar la mirada y contemplar a su Creador, por encima de todo.

Pero nada está perdido. Dios mismo se encarga siempre de echar un Lázaro en nuestro portal, para darnos una nueva oportunidad cada día. Sigue recordando la Alianza y aún en su recuerdo siguen vivos los paseos por el paraíso. Aún con mil razones para dejarnos a nuestra suerte sigue testarudo en su propósito de salvar la creación de sus desvelos. Y se vale de alguien que se convierte en lazarillo para que nuestra riqueza no nos arrastre al tormento. Todos tenemos un Lázaro a quien atender, escuchar, comprender, ayudar. Pero hay que saber descubrirlo en nuestro entorno tan lleno de cosas la mayoría superfluas y de personas acostumbradas a la mediocridad de lo inmediato.

El mendigo murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán, al rico no vino a buscarlo nadie. Lo enterraron junto a su egoísmo y su falta de caridad. Vivió confiado en la riqueza, cavando la tumba en tierra seca. Hizo oídos sordos al lamento de la luz, mendiga deseosa de irradiar el rico corazón sumergido en la lúgubre oscuridad de la noche. Pero no pudo ser a pesar de tanto intento, los perros fueron los únicos que lamieron las llagas como queriendo apaciguar el sufrimiento. Y, como nos pasa siempre, luego vienen las lamentaciones, las llamadas de auxilio que llegan demasiado tarde. La salvación estaba echada en el portal y vivió de espaldas a ella.

Así también nosotros navegando en nuestros linos y púrpuras, seguros de nuestros banquetes, haciéndonos los olvidadizos al pasar por el portal que nos denuncia. Sería cuestión de buscar nuestro Lázaro a toda prisa, pues él tiene la llave que destruye el abismo inmenso. Aprovechar este tiempo favorable para descubrir las luciérnagas de Dios en la periferia de la mansión donde reina la opulencia. Esa que nos pasa factura y nos deja a las puertas de la gloria.

Fr. Martín Alexis González Gaspar O.P.
Convento de Ntro. Pad
re Sto. Domingo (Torrent)

Evangelio del día

Martes 1 de marzo de 2022
Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 28-31

En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús dijo:
«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».

Evangelio de hoy en audio

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Sed también vosotros santos en toda vuestra conducta

Hay contextos menos favorables a la acogida del Evangelio. La comunidad a la que es dirigida la primera carta del apóstol experimentan la dificultad de vivir el seguimiento de Cristo en medio de un ambiente hostil al cristianismo naciente. ¿Dónde encontrar la fuerza para mantenerse firmes en la fe? ¿Cómo mantener el ardor de la fe cuando experimentamos el rechazo o la indiferencia al mensaje de Cristo?

La lectura de este día trata de responder a esta pregunta; nos invita a poner nuestra mirada en la salvación a la que hemos sido destinados, y que Cristo nos ha traído por su muerte y Resurrección. Esta salvación que es la meta de nuestra fe, es la esperanza que sostiene el camino de la persona creyente en medio de las dificultades; y todo el anuncio profético de la Antigua Alianza se orienta a este anuncio de la salvación en Cristo Jesús.

Por eso, a través de la Palabra de hoy, se nos invita a cultivar la esperanza en el don de la Gracia que nos salva y a vivir conforme a ella. Es decir, vivir a fondo nuestro ser hijos de Dios, ser santos. Esto significa reorientar nuestro deseo, haciendo nuestro el deseo de Dios, su voluntad de tal manera que todo lo que pensamos, decimos y hacemos vaya siendo transformado y guiado, desde dentro,  por el  Espíritu de Dios, por los sentimientos de Cristo y por el amor del Padre.

Que en toda situación de prueba o de dificultad, la salvación a la que Dios nos llama y que nos regala gratuitamente en Cristo, nos ayude a caminar cada día con esperanza.

Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros

El Evangelio de este día se sitúa en el contexto del camino que Jesús emprende hacia Jerusalén, con sus discípulos; el camino hacia la cruz. En ese camino Jesús quiere ir enseñando a los suyos qué significa y qué implica seguirle.

El relato de hoy se encuentra justo a continuación del  diálogo de Jesús con una persona que desea encontrar el camino de la Vida y quiere saber qué es lo que tiene que hacer. Es una persona cumplidora de la Ley, pero se siente apegada a sus bienes,  que debían ser muchos, y por ello incapaz de aceptar la invitación de Jesús a desprenderse de sus riquezas para poner toda su confianza en El, que es en definitiva el fundamento del seguimiento.

Descubrimos en el texto de hoy las reacciones tan distintas que ante este hecho tienen los discípulos y tiene Jesús.

Los discípulos siguen anclados en una mentalidad de “la recompensa al mérito” y por eso, frente a la incapacidad del hombre rico, ellos se sienten orgullosos de sí por “haberlo dejado todo” para seguir a Jesús. ¿Cómo no esperar por parte del Señor el premio a su entrega?

Al lado de esta reacción, tan humana, tan nuestra, descubrimos la de Jesús que mira con cariño a esa persona que se aleja de Él y que además se va entristecida; que nos hace consciente del difícil camino de la libertad interior frente a todo lo que nos ata, si sólo nos apoyamos en nuestras fuerzas; que nos abre a la desmesura del don de Dios, que nunca es proporcional a nuestra entrega y que nos descoloca ya que para Él, en su misericordia infinita,  “muchos últimos serán primeros y muchos primeros últimos” ;que nos reorienta la visión para descubrir que ganar, en realidad, no es tener más de lo mismo, sino entrar en una dinámica de relaciones con los otros, con uno mismo, con Dios y con la creación que pasa por vivir desde el servicio y la entrega de sí, y esto implica con frecuencia conflicto y dificultades, implica asumir la cruz que nos llega cuando tratamos de vivir en autenticidad, desde el amor.

Hna. María Ferrández Palencia, OP
Congregación Romana de Santo Domingo


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 9,38-40

En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús:
«Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros».
Jesús respondió:
«No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro».

AUDIO del Evangelio del miércoles 23 de febrero de 2022

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Si Dios quiere

En nuestra cultura cristiana, solemos emplear “si Dios quiere”, principalmente al despedirnos de nuestros interlocutores de un día para otro. No sé si esta costumbre proviene de lo que nos dice Santiago en este pasaje de su carta, pero es bien cristiana. No podemos hacer planes de un día para otro, porque nuestra vida no depende de nosotros, depende de Dios. Es Dios el que nos ha dado la vida, a través de nuestros padres, y es Dios quien nos mantiene en ella. Nuestra vida, más allá de estar en nuestras manos, está en las manos de Dios. Por eso, convencidos, siempre conviene decir: “Si el Señor lo quiere y vivimos, haremos esto o lo otro”. Viene bien que Santiago nos recuerde que nuestra vida depende de Dios, algo que, a veces, se nos olvida y la jactancia se apodera de nosotros.

También Santiago nos advierte que el que conoce el bien debe hacerlo, y si no lo hace es culpable, es decir, comete pecado. Nosotros, los cristianos, no jugamos solo con nuestras luces para descubrir el bien. Jesús nos ha regalado su luz y nos ha señalado con mucha claridad dónde está el bien. Pero no se ha quedado ahí, también nos regala las fuerzas necesarias para ser consecuentes con la luz recibida. Siempre debemos acudir a Jesús, nuestra luz y nuestras fuerzas.

El que no está contra nosotros está a favor nuestro

A propósito de las palabras de Jesús en este evangelio, y quizá yendo un poco más lejos,  hoy no encontramos con muchas personas que sin oír a Jesús y sin meterle en su vida, realizan obras buenas, obras que están de acuerdo con el evangelio: aman, perdonan, son justas, son limpios de corazón… No nos tiene que chocar esta situación, porque siguen su naturaleza humana, la que Dios nos ha dado a todos. Jesús en sus palabras, en sus indicaciones nunca va en contra de lo que nos dicta nuestra naturaleza humana. Lo que sí hace es ir un poco más allá. No solamente nos dice que tenemos que amar, sino que nos pide amar hasta los enemigos, no nos dice solo que hay que perdonar, sino que debemos perdonar siempre, hasta setenta veces siete… Naturaleza humana y Jesús con su evangelio van en la misma línea, pero Jesús llega un poco más allá.

Desde aquí nos es más fácil entender sus palabras en el evangelio de hoy: “El que no está contra nosotros está a favor nuestro”.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 8, 22-26

Evangelio del miércoles 16 de febrero de 2022

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a Betsaida.
Y le trajeron a un ciego pidiéndole que lo tocase.
Él lo sacó de la aldea, llevándolo de la mano, le untó saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó:
«¿Ves algo?».
Levantando los ojos dijo:
«Veo hombres; me parecen árboles, pero andan».
Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado y veía todo con claridad.
Jesús lo mandó a casa diciéndole que no entrase en la aldea.

Evangelio del miércoles 16 de febrero de 2022
Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Aceptad dócilmente la Palabra

Santiago, en esta primera lectura, nos da unos cuantos consejos. Empieza hablándonos de la velocidad: “sed prontos para escuchar, lentos para hablar y lentos para la ira”. Fácil de entender y más difícil de practicar. Nos pide, como orientación general de nuestra vida, “aceptar dócilmente la Palabra”, y nos advierte que aceptar la Palabra no es solo escucharla, sino también ponerla en práctica. Si le hacemos caso obtendremos el premio de la felicidad, que todos tanto deseamos.

También nos pide “tener a raya la lengua”, que podemos traducir que hablemos desde la bondad y desde el amor, buscando siempre hacer el bien a los demás, y nunca desde el mal y para hacer daño a nuestros hermanos. Nos da un doble consejo para terminar este pasaje: “Visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones”, personas siempre en delicada situación, y “no mancharse las manos con este mundo”, es decir, que no vivamos según los criterios de este mundo, entendiendo aquí mundo como lo contrario a Dios. Vivamos, más bien, guiados siempre de la mano de Jesús.

Ser consecuentes con la luz recibida

Este pasaje evangélico nos muestra, un día más, la cercanía y la misericordia de Jesús con los que acuden a él. Hoy es un ciego. Sus amigos lo traen ante Jesús que le cura. Curioso el detalle de que le cura al segundo intento y no al primero: “le puso otra vez las manos en los ojos”, y fue entonces cuando el ciego pudo decir que veía todo con claridad. Y Jesús le pidió: “no se lo digas a nadie en el pueblo”. Los estudiosos del evangelio nos dicen que Jesús le hace esta petición para que el pueblo no le tomase, ante todo y sobre todo, por un milagrero, por alguien que solo hace milagros. Deseaba que le acepten por su manera de ser, por sus palabras, por su mensaje, por su buena noticia… por la amistad que nos ofrece.

La inmensa mayoría de nosotros no hemos nacido ciegos. No sabemos lo que es la ceguera de nuestros ojos. Pero tenemos que reconocer que en las cuestiones más importantes de nuestra vida, como saber de dónde venimos, hacia dónde vamos, qué tenemos que hacer para encontrar la felicidad ante las distintas circunstancias de la vida, qué valores vivir… sufrimos ceguera, no lo vemos todo claro. Y con gusto, nos hemos acercado a Jesús y le hemos oído decir: “Yo soy la luz del mundo el que viene detrás de mí no andará en tinieblas”. Nos hemos acercado a él, y nos ha regalado su potente luz y, por eso, ya no andamos en tinieblas y podemos caminar con luz suficiente por esta tierra, antes de disfrutar de luz total después de nuestra muerte y resurrección.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)