Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
No me des ni riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan
Tanto en la primera lectura de hoy como en el salmo, se acentúa la importancia de la Palabra de Dios en la vida del cristiano, en nuestra vida. Ante una sociedad fluctuante y, muchas veces, poco estable, donde lo que hoy es blanco mañana es negro, o lo que hoy es verdadero mañana es falso, la palabra de Dios es estable, no cambia, es eterna y es lo que realmente nos da la felicidad.
El salmista esto lo tiene claro, la Palabra es esencial en su vida, lámpara para sus pasos, así también debería ser para nosotros, los cristianos. La Palabra de Dios es la brújula que tiene que guiar nuestra vida, ella es perfecta y es descanso del alma: “A dónde vamos a ir, Señor, sólo tú tienes palabras de Vida Eterna”. Por eso, cada vez que escuchamos la Palabra es para amoldar nuestra vida a ella y no al revés.
El libro de los Proverbios nos presenta hoy la única oración que aparece en él, una oración llena de sabiduría, con la que Agur pide a Dios que lo aleje de la mentira y de la falsedad, él sabe bien que la única felicidad es vivir en la Verdad. Y, por otro lado, pide no vivir ni en la riqueza ni en la pobreza, sino que le conceda lo justo para ir viviendo cada día.
En esta petición nos muestra el protagonista la importancia de conocerse a sí mismo. Sabe que vivir en la abundancia le puede alejar de Dios, olvidarle y vivir como si Dios no existiera. Vivir en la pobreza le puede llevar a renegar de Él y a rechazarlo.
Qué importante es conocer nuestro corazón y nuestra fragilidad y saber que necesitamos de la gracia de Dios cada día para serle fieles.
Pidamos, hoy, al Señor que Él sea siempre el que guíe nuestros pasos y que Él sea el centro de nuestra vida para vivir en la verdad y hacer siempre el bien.
Ellos se pusieron en camino anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes
Hoy, Lucas nos presenta en pocas líneas cuál es la misión principal de la Iglesia, y por ende la misión de todo cristiano, que no es otra que la de anunciar el Evangelio a todas las criaturas. Para llevar a cabo esta misión es necesario, primeramente, ser elegido por Dios, ser instruido, ser enviado y, finalmente ponerse en camino.
Pero, para poder anunciar el Evangelio, es fundamental haber tenido experiencia de la misericordia y del amor de Dios en nuestra vida. Hay que vaciarse de uno mismo y llenarse del Espíritu de Cristo para poder ser otros cristos en medio de esta sociedad, cada vez más alejada de la Verdad, para poder anunciar la salvación a todas las criaturas.
Los cristianos debemos estar disponibles para ser las manos y los pies de Jesucristo y ayudarle a salvar almas, “lo que gratis habéis recibido, dadlo gratis”. Pero para ser creíbles no sólo hay que anunciar la Buena Noticia de palabra, sino con obras. Por eso, es necesario que vayamos ligeros de equipaje, sin comida ni dinero, como los apóstoles, dando testimonio de que sólo Dios basta, de que Él es nuestro sustento y nuestra seguridad, los cristianos tenemos plenamente puesta nuestra confianza en el Señor, Él es nuestra fuerza y nuestro motor cada día.
Qué Dios nos conceda la gracia de vivir siempre apoyados en su amor y nos ayude a anunciar el Evangelio no sólo con las palabras, sino también con las obras.
Sor Mª Belén Marín López, OP
Monasterio Santa Ana, Murcia
