Evangelio del día

Evangelio del jueves 26 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

 Atención a lo que estáis oyendo 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 21-25

En aquel tiempo, Jesús dijo al gentío:
– «¿Se trae la lámpara para meterla debajo del celemín o debajo de la cama?, ¿no es para ponerla en el candelero?
No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no haya nada oculto, sino para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga».
Les dijo también:
– «Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene».

eflexión del Evangelio de hoy

Reaviva el don de Dios

Timoteotenía fe sincerarecibida del Espíritu Santo a través de su madre y de su abuela. Es la familia la primera escuela en la que recibimos el don de la fe.

La oración que la madre hace con el niño al acostarlo, el gesto de bendecir la mesa familiar, el cultivar unas relaciones familiares respetuosas, el dialogar, asistir a la Eucaristía; nos predisponen a recibir el don de la fe.

La fe no se hereda, se transmite viviendo la confianza en Cristo, en quien se revela el amor de Dios Padre; amor que necesitamos y buscamos.

La fe, más que conocer cosas, es un encuentro con Cristo de gracia, misericordia y paz.

La fe viva es luminosa, es alegría, ilusión, valentía, buen juicio; es capacidad de tomar buenas decisiones basándonos en la enseñanza de la Sagrada Escritura. 

Cuida tu fe para que no se debilite, ni se diluya viviendo mundanamente.

Reaviva el don de Dios, da testimonio del regalo de la fe: como Gracia misericordia y paz. No te avergüences, ni seas cobarde, no tengas miedo de dar la cara por Cristo. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio; anuncia la promesa de vida que hay en Cristo. ¿Cómo vives tu fe?

Que tu fe ilumine el sentido de la vida

Somos una luz encendida por Cristo. Creer en Cristo es aceptar en nosotros su luz y comunicar con nuestras palabras y obras esa luz a una humanidad que sin Él, anda a oscuras.

Somos una luz puesta en lugar visible que descubre: injusticias, corrupción… Nuestra luminosa vida de cristianos debe denunciarlas.

Somos una luz que sirve a otros en la solidaridad con los pobres, las luchas por la liberación, el cuidado de los más débiles: niños, enfermos, ancianos; en la ternura y fidelidad de los esposos

Haz brillar la luz de la verdad: Si tienes, esperanza, solidaridad, capacidad de compartir, sentido comunitario, anhelo de justicia y paz, misericordia, capacidad de perdonar, Dios te dará todo eso con creces.

«¡Atención a lo que estáis oyendo!». Jesús a todos llama a la conversión: Si estás lleno de egoísmo y codicia, de orgullo, indiferencia, dureza de corazón, cosecharás en tu vida las consecuencias de esa maldad.

Que tu fe ilumine el sentido de la vida.

Fr. Isidoro Crespo Ganuza O.P.
Convento de S. Valentín de Berrio Ochoa (Villava)

Evangelio del día

Evangelio del lunes 23 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

 El que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3,22-30

En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían:
«Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios».
Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas:
«¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.
En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres:
los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre».
Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

Reflexión del Evangelio de hoy

Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama

Dios, en la época del Antiguo Testamento, hizo una alianza con el pueblo judío. Dios se comprometía a ser su Dios y ellos a ser su pueblo, cumpliendo todas las indicaciones que les hacía. “Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo”. Dios se mantuvo siempre fiel a su compromiso. Pero gran parte del pueblo judío no fue fiel a este pacto, yendo detrás de otros dioses. Aunque siempre permaneció un resto que cumplió lo pactado.

Llegada la plenitud de los tiempos, “en el momento culminante de la historia”, Dios, llevado por su gran amor, hizo una nueva alianza. Esta vez con toda la humanidad. Cristo fue el mediador de esta alianza, que selló con su propia sangre derramada en la cruz, de una vez para siempre. “Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos”. Algo que no significa que a partir de esta nueva alianza los hombres no vayamos a pecar. Pero sí que siempre que nos acerquemos a Jesús arrepentidos nos perdonará nuestro pecados para, y esto es lo más positivo, que podamos disfrutar en todos los momentos de su amor, de su amistad, el gran regalo que él nos hace. Esta nueva alianza incluye que, después de nuestra muerte, Cristo nos va a resucitar para que podamos vivir entonces en plenitud la amistad con él y donde el pecado ya no tendrá cabida, gozando para siempre de la felicidad total.

¿Cómo va a echar Satanás a Satanás?

Sabemos que desde el principio, hubo personas que aceptaron a Jesús y su predicación  y otros le rechazaron. Y buscaban argumentos para desacreditarle, para que sus oyentes y sus seguidores le diesen la espalda.

Una prueba de estos segundos, la tenemos en el evangelio de hoy, donde “unos letrados de Jerusalén” se pronuncian en contra de él, con el argumento de que “tiene dentro a Belzebú y expulsa los demonios con el  poder del jefe de los demonios”. Un argumento bien débil y que Jesús rebate fácilmente. ¿Cómo uno mismo se va a echar a sí mismo? “¿Cómo va a echar Satanás a Satanás… Si Satanás se rebela contra sí mismo, no puede subsistir, está perdido”.

Y Jesús aprovecha esta ocasión para ofrecernos una buena enseñanza. Nos podemos preguntar si Dios será capaz de perdonar nuestros pecados, por fuertes que sean. Acudiendo a múltiples pasajes de Jesús, la respuesta es afirmativa. Nuestro Dios hagamos lo que hagamos, nos marchemos de su casa como el hijo pródigo, siempre tendrá la mano levantada para seguir ofreciéndosenos su amor y su perdón. Pero hay una excepción. Dios no podrá perdonar a los que no quieran recibir su perdón, al que blasfeme contra el Espíritu Santo, que es igual que ir en contra de la luz. Ese quiere permanecer en las tinieblas, en su pecado. Pero sigue en pie la oferta de Dios de otorgar su perdón al que acuda a él con el corazón arrepentido. Pero Dios no puede perdonar a quien no quiera ser perdonado.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Evangelio del domingo 22 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos,porque está cerca el reino de los cielos».
Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.
Les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el

Refelxion del evangelio

III.1. El evangelio de Mateo está centrado, específicamente, en actualizar el texto de Isaías que se ha leído en la primera lectura, en una aplicación radical a Jesús de las palabras sobre la luz nueva en Galilea. En la tradición de Marcos ya se había dejado bien sentado que Jesús comienza su actividad una vez que Juan el Bautista ha sido encarcelado. Esto obedece, más probablemente, a planteamientos teológicos que históricos, ya que ambos pudieron coincidir en su actividad. En realidad, Juan y Jesús actuaban con criterios distintos. Jesús es la novedad, la buena noticia, para los que durante siglos habían caminado en tinieblas y en sombras de muerte. Si el texto de Is 8,23ss se refería a una época muy concreta que precedió al rey Josías, en la tradición cristiana primitiva se entendió esto como consecuencia del oscurantismo del judaísmo que había hecho callar durante mucho tiempo la profecía, la verdadera palabra de Dios, que interpretaba la historia con criterios liberadores.

III.2. Y hay más; esta luz no viene de Jerusalén, sino que aparece en Galilea, en los territorios de las tribus de Zabulón y Neftalí, que siempre habían tenido fama de ser una región abierta al paganismo. Más concretamente, Jesús, dejando Nazaret, se establece en una ciudad del lago de Galilea, en Cafarnaún. Es aquí donde comienza a oírse la novedad de la predicación del Reino de Dios, de los cielos, como le gusta decir al evangelio de Mateo. La otra parte del texto evangélico de hoy, la llamada de los primeros discípulos, Pedro y Andrés, Santiago y Juan, -que puede omitirse-, es una consecuencia de la predicación del evangelio, que siempre, donde se predique, tendrá seguidores. En realidad está siguiendo el texto de Marcos 1,14ss.

III.3.Mateo, pues, ha leído el texto de Marcos sobre el programa de Jesús: el tiempo que se acerca es el tiempo del evangelio, de la buena nueva, que exige un cambio de mentalidad (¡convertirse!) y una confianza absoluta (creer) en el evangelio. Los dos elementos fundamentales de este programa, ya han sido puestos de manifiestos por todos: el reinado de Dios (el reino de los cielos le llama Mateo) y la buena noticia que este reino supone como acontecimiento para el mundo y la para la historia. El evangelista, al apoyar este programa en el texto de Is. 8,23ss, está poniendo de manifiesto que esto es el “cumplimiento” de una promesa de Dios por medio de sus profetas antiguos, en este caso Isaías. La “escuela de Mateo” es muy reflexiva al respecto, dando a entender lo que sucede con la actuación de Jesús, desde el principio: llevar adelante el “proyecto de Dios”.

III.4. Sabemos que ese reino, (malkut, en hebreo) no debe entenderse en sentido político directamente. Pero tampoco es algo abstracto como pudiera parecer en primera instancia. Si bien es verdad que no se trata de un concepto espacial ni estático, sino dinámico, entonces debemos deducir que lo que Jesús quiere anunciar con este tiempo nuevo que se acerca es la soberanía de la voluntad salvífica y amorosa de Dios con su pueblo y con todos los hombres. Por eso basileia (griego) o malkut (hebreo) no debería traducirse directamente por “reino”, sino por “reinado”: es algo nuevo que acontece precisamente porque alguien está dispuesto a que sea así. Este es Jesús mismo, el profeta de Nazaret de Galilea, que se siente inspirado y fortalecido para poner a servicio de la soberanía o la voluntad de Dios, todo su ser y todo su vida.

III.5. Si Jesús anuncia que Dios va a reinar (lo cual no es desconocido en la mentalidad judía) es que está proclamando o defendiendo algo verdaderamente decisivo. Si antes no ha sido así es porque es necesario un nuevo giro en la historia y en la religión de este pueblo que tiene a Dios por rey. No se trata, pues, simplemente de aplicarle a Dios el título de rey o de atribuirle un reino espacial, sino del acontecimiento que pone patas arriba todo lo que hasta ahora se ha pensado en la práctica sobre Dios y sobre su voluntad. Dios no será un Dios sin corazón, sin entrañas; o un Dios que no se compadezca de los pobres y afligidos, sino que estará con los que sufren y lloran, aunque no sean cumplidores de los preceptos de la ley y de las tradiciones religiosas ancestrales inhumanas. En definitiva, Dios quiere “reinar” y lo hará como ya los profetas lo habían anunciado, pero incluso con más valentía si cabe. Esa es la novedad y por eso lo que acontece ahora, unido al concepto “reino de Dios” o “de los cielos”, es el evangelio. Con razón se ha dicho que estamos ante el verdadero “programa” de Jesús, el profeta de Nazaret: anunciar el reinado de Dios como buena noticia para la gente.

III.6.El acierto de la escuela cristiana de Mateo fue precisamente leer las Escrituras, Is. 8,23ss precisamente, a la luz de la vida de Jesús. Ahora se están cumpliendo esas palabras de Isaías, cuando el profeta de Galilea anuncia el evangelio del Reino. Siendo esto así, no se podría entender que el cristianismo no sea siempre una religión que aporte al mundo “buenas noticias” de salvación. Siendo esto así, la Iglesia no puede cerrarse en un mensaje contra-evangélico, porque sería repetir, por agotamiento, la experiencia caduca del judaísmo oficial del tiempo de Jesús. Este es el gran reto, pues, para todos los cristianos. Porque Dios quiere “reinar” salvando, haciendo posible la paz y la concordia. De ahí que el reino de Dios, tal como Jesús lo exterioriza, representa la transformación más radical de valores que jamás se haya podido anunciar. Porque es la negación y el cambio, desde sus cimientos, del sistema social establecido. Este sistema, como sabemos bien, se asienta en la competitividad, la lucha del más fuerte contra el más débil y la dominación del poderoso sobre el que no tiene poder. Y esto no se reduce simplemente a una visión social, sino que es también, y más si cabe, religiosa, porque Jesús proclama que Dios es padre de todos por igual. Y si es padre, eso quiere decir obviamente que todos somos hermanos. Y si hermanos, por consiguiente iguales y solidarios los unos de los otros. Además, en toda familia bien nacida, si a alguien se privilegia, es precisamente al menos favorecido, al despreciado y al indefenso. He ahí el ideal de lo que representa el reinado de Dios en la predicación de Jesús; estas son las buenas noticias que le dan identidad al cristianismo.

Fray Miguel de Burgos Núñez
(1944-2019)


Evangelio del día

Evangelio del viernes 20 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

 Dios ofrece su alianza; Cristo nos llama a establecerla 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3,13-19

En aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él.
E instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios:
Simón, a quien puso el nombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo, y Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir, los hijos del trueno, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el de Caná y Judas Iscariote, el que lo entregó.

Reflexión del Evangelio de hoy

«Todos me conocerán pues perdonaré sus delitos»

San Pablo, en su carta a los hebreos, parece decirnos que Cristo, mediador de la nueva alianza, es suficiente para que la relación con Dios sea perfecta. La palabra que nos llega directa de Dios, sin intermediarios; en el pequeño fragmento que hoy leemos, se repite hasta tres veces: “oráculo del Señor”, o sea: escuchamos directamente las palabras de Dios, un Dios que revisa la antigua alianza, la que hizo con los padres al sacarlos de Egipto y plantarlos en las tierras de Israel.

Ahora nos presenta una alianza nueva que parece desechar la anterior, que San Pablo no duda en calificar de vieja y anticuada, destinada a desaparecer. Una alianza nueva que se basará en la acción directa de Dios sobre el pueblo, que no será necesario enseñar porque Dios la deja escrita en el corazón de los ciudadanos, que todos conocerán y todos cumplirán. Dios promete a su pueblo perdonar sus delitos y olvidar sus pecados.

Puede que a nosotros, el nuevo pueblo de Dios, no se nos tenga que olvidar el corazón de su nueva alianza: El amor. Una alianza que solamente tendrá dos mandamientos fáciles de recordar: ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. No es complicada la ley de la nueva alianza, es fácil de recordar y cumplir, pero sabemos que el cumplimiento de las leyes de la nueva alianza no es tan sencillo, y nos buscamos mil triquiñuelas para justificar nuestros fallos. Fallos que ciertamente son pecados, pero que también sabemos que Dios, nuestro Maternal-Padre, perdonará nuestros delitos y olvidará nuestros pecados. Dios es el que mira por la ventana día y noche hasta ver aparecer en lontananza al hijo díscolo y respondón que un día marchó de casa y vuelve derrotado.

«Jesús llamó a los que quiso»

Es la llamada de Cristo, el soplo de Dios, que llama a los que quiere y los invita al seguimiento. En este caso habla de “doce”, cuyos nombres aparecen citados, uno a uno, incluyendo en la lista a Judas Iscariote, el que lo entregó. En otro lugar se habla de setenta y dos elegidos y enviados a predicar la Buena Nueva del Dios misericordioso, paternal y maternal, a todas las gentes porque nos quiere junto a Él, fieles a sus mandatos, seguidores de la Nueva Alianza. Y hay un detalle que me gustaría reseñar: cuando se acercan a Jesús ofreciéndose o pidiendo permiso para seguirle, el seguimiento termina fracasando. Dios llama a quien quiere, cuando quiere y como quiere. Es posible que alguno nos sintamos fuera de sitio en el seguimiento. Si nos paramos a pensar si estamos en nuestro lugar, aquel que Dios nos ha marcado, o nos hemos ido caprichosos a otro, aparentemente más atractivo, pero que no es nuestro, puede que terminemos gustando el fracaso y desertemos.

Ahora estamos con un nuevo año recién estrenado y no parece que estemos siguiendo las leyes de la Nueva Alianza. Parece que volvemos a dar la espalda a Dios y a dejar sus mandatos de lado mientras ejercitamos nuestras ambiciones, no pocas veces revestidos con ropajes eclesiásticos. Parece que aún quedan lejos los tiempos en los que las lanzas sean podaderas y las espadas arados.

Pero esto no debe desanimarnos. Puede que la paz mundial esté lejos de nuestras posibilidades, pero siempre estará en nuestras manos conseguir la paz con nuestros hijos o padres, con los vecinos, con cualquiera que pase a nuestro lado. Poco cuesta un simple saludo cordial cuando nos cruzamos en la calle, poner cara amistosa cuando cedemos el paso en la cola de comulgantes, en lugar de esa cara adusta y antipática que solemos llevar.

Y recordemos: la misericordia y la fidelidad se encuentran.

D. Félix García O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de Viveiro (Lugo)


Evangelio del día

Evangelio del jueves 19 de enero de 2023

Padre Pedro Brasssesco
Lectura del santo evangelio según san Marcos 3,7-12

En aquel tiempo, Jesús se retirá con sus discípulos a la orilla del mar y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea.
Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón.
Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío.
Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.
Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban:
«Tú eres el Hijo de Dios».
Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.

Reflexión del Evangelio de hoy

Muchos siguen a Jesús y le escuchan

El Evangelio de San Marcos da comienzo haciendo un anuncio que sirve de invitación para que aquellos que lo leamos aceptemos esa invitación: “Convertíos porque el Reino de Dios ha llegado a vosotros”.Poner en práctica lo que narra exige un cambio permanente de vida.

A continuación se nos narra cómo va conociendo la situación por la que pasan las personas a nivel social, a nivel religioso, a nivel político. Escoge a algunos para que le sigan y vayan detrás de Él. Este ir detrás de Él tiene una finalidad, la de ser discípulo, es decir, la de aprender.  Pienso que hoy, los creyentes estamos muy necesitados de ir detrás de Jesús y que sea nuestro maestro de vida.

Después  comienza a describir su actuación. Con signos visibles y con sus palabras va manifestando su mensaje y su misión. Los signos y palabras enseñan una forma nueva de enfrentarse a la vida. Eso exige un cambio y un cambio para todos, pero sólo, lo descubren los que sean sencillos y humildes y los que quieran aprender. Quizá lo que carecemos, hoy, sus seguidores, sea el poco interés por aprender a vivir cómo Él nos enseñó.

Lógicamente esta actuación provoca distintas reacciones y les sorprende. Son distintos los motivos. Unos por estar pegados a sus tradiciones y costumbres. Estos normalmente son los que ostentan el poder a nivel religioso y político. Estos no le escuchan, más bien les estorba. Provoca  rechazo, enfrentamiento, están muy seguros y con mucho poder, no se ven  necesitados.

Otros, normalmente la gente sencilla, le escuchan y le sigue porque les habla de un Dios que no margina, sino que ama. Le siguen porque sus signos manifiestan mucha confianza en ellos y les devuelve la dignidad y la esperanza. Estos le admiran, y le siguen vaya donde vaya. Estos son sus predilectos. En estos, sobre todo, centra sus enseñanzas y ésta les produce alegría y recobran esperanza. Estos son los que ponen interés en escucharle y en seguirle.

A todos exige un cambio y a algunos radical..

Termina este pasaje evangélico después de señalar la admiración por parte de muchos de su enseñanza y de sus milagros con una afirmación que llama la atención, pues los espíritus inmundos, los que le rechazan, afirman su identidad de Hijo de Dios, y por otra parte, no les deja que lo publiquen, que lo comuniquen.

Espíritus inmundos son los que viven de afirmaciones, pero, esas afirmaciones,  no tienen ninguna repercusión en su vida. Son los que viven con mediocridad espiritual. Algo de lo que los seguidores de Jesús debemos liberarnos, hoy día, si queremos hacer realidad como el Papa Francisco nos está invitando: la renovación pastoral.

Si queremos salir de la mediocridad espiritual en la que estamos situados, tenemos que centrar  nuestra vida en Jesús, en su actuación y en sus palabras. Todos los pasajes evangélicos que leemos nos invitan a entrar en un proceso de cambio de seguimiento de Jesús  y de identificarnos con su proyecto. Tienen que ser leídos en actitud de conversión y de evangelización. Anunciar lo que Jesús nos enseñó de su Padre, nos impulsa a vivir la vida con sentido. Una actuación a favor de los marginados nos invita a tratar de no marginar, sino de acoger. Esta conversión tiene que ser permanente.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Casa Ntra.Sra. de los Ángeles (Vitoria)


Evangelio del día

Evangelio del miércoles 18 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

 Extiende la mano 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3,1-6

En aquel tiempo, Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.
Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada:
«Levántate y ponte ahí en medio».
Y a ellos les pregunta:
«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?».
Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre:
«Extiende la mano».
La extendió y su mano quedó restablecida.
En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.

Reflexión del Evangelio de hoy

“Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec”

Nos encontramos hoy ante un texto de la Escritura que me parece de difícil interpretación.

Con un lenguaje cultual al que no estamos acostumbrados, y sin que aparezca ni una sola vez el nombre de Jesús, resulta complicado situarnos en el sentido que puede tener la mención a Melquisedec, casi un perfecto desconocido.

No queda, pues, otra salida que leer y releer con detenimiento el capítulo 7 de la carta a los Hebreos, para intentar tener una idea del contexto en el que están insertos estos versículos y esperar de él alguna luz.

Por un lado el autor desvincula totalmente a Jesús del sacerdocio del pueblo de Israel, ejercido por la tribu de Leví, a la que Él no pertenece. Por otro lado, le vincula con un personaje muy anterior a la propia existencia del pueblo, del que no sabemos nada, pero que adquiere relevancia porque aparece en relación con Abraham, que le entrega los diezmos del botín logrado en sus batallas y recibe su bendición. Más importante, pues, que Abraham, el padre del pueblo. Alguien sin origen ni final conocidos, definido como sacerdote del Dios Altísimo, que le sirve para establecer un paralelismo con Jesús como el único y eterno sacerdote.

La intención parece muy clara. Aunque en los versículos que hoy escuchamos no le nombre, su objetivo es dejar claro que la salvación proviene exclusivamente de Jesús. No hay sacerdocio ni mediación que salve sino la suya. De una vez y para siempreSólo Él.

En un mundo poblado de gurús de todas clases, pongamos atención para no pretender buscar salvadores en forma de guías, maestros, consejeros o directores, padres y madres espirituales.

“Extiende la mano”

Estamos casi en los comienzos del evangelio de Marcos (capítulo 3) y Jesús se enfrenta ya a la oposición de los representantes religiosos de su pueblo.

La escena impresiona, por la tensión que subyace en el relato de Marcos, anunciada desde el comienzo. Jesús sabe que están esperando el momento propicio para poder acusarlo. Y este día lo tienen muy fácil. En la sinagoga hay una persona con una mano paralizada. Jesús viene realizando curaciones y será probable que también en esta ocasión lo haga, aunque sea sábado, y no esté permitido curar, según la interpretación de la ley que hacían sus contemporáneos.

Contemplamos la escena:

Jesús, al que le invade la ira por la dureza de corazón de sus paisanos, no cede ante el riesgo que corre. Cura al hombre de la mano paralizada. Tiene muy claro que lo que hay que hacer siempre es aquello que busca el bien y la salvación de las personas.

La gente que está en la sinagoga. Aquí ni siquiera nos dicen, como en otros pasajes, que quedaron asombrados y dieron gracias a Dios por la intervención de Jesús. El clima es hostil hacia Él. El prototipo de la “buenagente”, tan aferrados a las propias convicciones que se incapacitan para poder discernir el bien del mal, y convierten en mal el bien más precioso sólo porque no coincide con sus opciones, opiniones, puntos de vista… ¿Nos ocurre a nosotros, quizá, algo de esto?

La persona a la que Jesús cura. Alguien que, en principio, no ha pedido nada; que quizá prefería pasar desapercibido en aquel clima tenso… pero que accede a la petición de Jesús y se “expone”: Ponte ahí en medio.

De todos los que aquel día se encontraron con Jesús en la sinagoga, se diría que sólo a él le ha llegado la salvación. ¿Y nosotros? ¿queremos exponer nuestras zonas de parálisis, dejar que Jesús las toque y las sane?

Hna. Gotzone Mezo Aranzibia O.P.
Congregación Romana de Santo Domingo


Evangelio del día

Evangelio del lunes 16 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

 ¿Por qué los tuyos no? 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 2,18-22

En aquel tiempo, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús:
«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?».
Jesús les contesta:
«¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar.
Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán en aquel día.
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto —lo nuevo de lo viejo— y deja un roto peor.
Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos».

Reflexión del Evangelio de hoy

“Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama”

El tema central de este pasaje de la carta a los Hebreos es el sacerdocio. Hay algo que iguala a los sacerdotes tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Primero, no son ellos los que eligen ser sacerdotes. “Nadie puede arrogarse este honor; Dios es quien llama”. Segundo, una de sus labores es ofrecer dones y sacrificios no solo por los pecados de los demás, sino también por los suyos propios, porque también ellos caen en el pecado.

Y Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, ¿cumple estas dos condiciones? La primera sí. Fue su Padre Dios quien le eligió para ser sacerdote. “Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de Sumo Sacerdote”. La segunda no. Ofrece a Dios Padre un sacrificio muy especial, el sacrificio de su propia vida para el perdón de los pecados de todo el género humano, pero no por sus pecados porque nunca pecó. Con su sacrificio “se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna”.

Cristo Jesús sigue siendo el ejemplo para todos los que participamos de su sacerdocio, en un grado o en otro, que somos todos sus seguidores: debemos entregar nuestra vida por nuestros hermanos, como él la entregó. 

“¿Por qué los tuyos no?”

La Ley judía tenía 613 preceptos que los fieles judíos debían cumplir. Uno de ellos era el referente al ayuno, que los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos cumplían. Al ver que los discípulos de Jesús no ayunaban le preguntaron “¿por qué los tuyos no?”.

Este contexto nos lleva a plantearnos el sentido del ayuno y de toda práctica ascética. Sabemos que no tienen valor por sí mismas. Siempre se hacen en vistas a algo. Hemos oído decir a Jesús que el mandamiento primero y principal de la ley para sus seguidores es el amor: amar a Dios, al prójimo y a sí mismo. Así que ayunar y cualquier otra práctica ascética hemos de hacerla en vista al amor, buscando siempre aumentar nuestros tres amores: a Dios, al prójimo y a nosotros mismos.

Por eso, si hay una situación donde puedan entrar en colisión el ayuno y el amor… hemos de dejar el ayuno y vivir con más intensidad el amor. Por lo que si hay un motivo de alegría, y de vivir y potenciar el amor, no se puede ayunar. “¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos?”. Estando con el novio, hay que disfrutar de su presencia y de su amor, entre otras cosas con una buena comida y un “vino nuevo”. No se puede ayunar.

Sabemos que el ayuno que agrada a Dios va por el camino del amor al hermano que es la mejor manera de amar a Dios y a uno mismo. Al final de nuestra vida, el Hijo del hombre no nos preguntará por nuestros ayunos, sino por el amor concreto a nuestros hermanos. “Tuve hambre y me disteis de comer…”.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Evangelio del día

Evangelio del miércoles 11 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

 Si quieres, puedes limpiarme 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,40-45

En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
«Si quieres, puedes limpiarme».
Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo:
«Quiero: queda limpio».
La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente:
«No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.

Reflexión del Evangelio de hoy

Constantes y perseverantes

La carta a los Hebreos nos sitúa ante una clara realidad. Nos pone ante la evidencia de que no es fácil perseverar siempre en el bien. El pueblo de Israel no superó la prueba del desierto, se olvidó de Dios, y se confió a otros ídolos de los que esperar obtener más. Se desvió del bien ante la prueba.

La comunidad a la que Pablo se dirige, está tentada por el cansancio, por un cierto desaliento. Se han olvidado ya del entusiasmo con que acogieron la Palabra de Dios. No viven con intensidad i orgullo el hecho de ser cristianos. Se contentan con lo que tienen, con seguir tirando, sin preocuparse en seguir avanzando en el camino de la salvación.

Luz y noche alternan el corazón. Cuando luce el sol todo se ve claro; en la noche no sucede igual. No cuentan sólo los hechos exteriores o notables que todos conocen; también cuentan pequeños detalles que sólo Dios conoce. Pero el corazón puede endurecerse, hacerse indiferente o frío. Sólo se salva el que persevera hasta el fin.

Provocar el amor

Un hombre desahuciado, herido por la lepra, era socialmente marginado y civilmente muerto. Su vida, una situación desesperada, un callejón sin salida: ni curación ni vida social. Se comprende así su actitud provocativa ante Jesús, poniéndose  de rodillas ante Él: “Si quieres, puedes limpiarme”.Y se comprende también la respuesta de Jesús: “Quiero”,y vete al sacerdote para que certifique la curación y ser reintegrado a la sociedad.

Cuando Jesús ordena al leproso presentarse al sacerdote le está indicando que debe caminar por la nueva vida mirando al futuro, y no olvidar las perspectivas del pasado. Y llama su atención pidiéndole silencio: “No se lo digas a nadie”.No quiere Jesús crear dos personajes famosos, sería una desviación de lo que nos conviene a cada uno de los que nos decimos salvados por Él.

Nosotros también corremos a veces cierto peligro de andar reclamando la atención del público, cuando la raíz de nuestra salvación y de la de los demás es continuar en la escucha de lo que Jesús nos vaya diciendo día a día.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Casa Ntra.Sra. de los Ángeles (Vitoria)


Evangelio del día

Evangelio del martes 10 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

 Les enseñaba con autoridad 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,21-28

En la ciudad de Cafarnaún, el sábado entra Jesús en la sinagoga a enseñar; estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar:
«¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
Jesús lo increpó:
«¡Cállate y sal de él!».
El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él. Todos se preguntaron estupefactos:
«¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen».
Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Reflexión del Evangelio de hoy

Qué es el hombre para que te acuerdes de él

Las lecturas de hoy nos muestran el inmenso valor que tenemos a los ojos de Dios, y del que tantas veces no somos conscientes. Tanto en la primera lectura como en el salmo surge la pregunta: “Señor, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder?”. Desde la creación del mundo “vio Dios que todo era bueno” (Gen 1, 31), sin embargo, al hombre lo amó mucho más, dándole poder sobre todas las cosas.

Todo nos ha sido dado, por puro amor hemos sido creados a su “imagen y semejanza”, ¿qué hemos hecho de este don recibido por parte de Dios? El hombre vive preocupado, angustiado por lo que no posee, se afana por tener más y más olvidando que en realidad ya lo tiene todo: Dios mismo y toda su creación.

Dios que es Padre, nos amó tanto que nos entregó a su único Hijo, el cual, nos dice la carta a los hebreos, se fue perfeccionando a través del sufrimiento, por nuestra salvación. Dios mismo se hace hombre y para mostrarnos en qué consiste el verdadero poder, dejándose clavar en una Cruz, y derramando su sangre por nosotros. El verdadero poder de Cristo es amar hasta el extremo, clava en su propio Cuerpo nuestros pecados y nos hace hermanos, hijos de un mismo Padre. ¿Qué más podemos pedir?

A veces, vivimos tan inmersos en nuestras propias preocupaciones, nos preguntamos cuál el sentido del sufrimiento, porqué nos toca a nosotros ciertas situaciones que nos provocan tanto dolor… y sólo hay una respuesta. Cristo. Mirando a Jesucristo, cómo ama a cada ser humano, que conoce cada corazón, mirándole a Él que vivió en obediencia al Padre, y no dudó en entregar su vida por aquellos que amaba…ahí vemos el sentido de nuestro sufrimiento, ahí vemos cuánto hemos sido amados, y que no estamos llamados a otra cosa si no a amar, a dar en las pequeñas cosas de cada día, todo lo que somos, nuestras fortalezas y nuestros límites, confiando siempre en Aquel que nos creó y nos sigue amando.

Les enseñaba con autoridad

En el Evangelio de hoy, vemos que “todos quedaban asombrados porque Jesús enseñaba como quien tiene autoridad”. Se vuelve a hablar del poder y de la autoridad de Cristo. Un poder que no es de este mundo, una autoridad que descoloca a los que creen que, por medio de los bienes, de las riquezas, lo tienen todo y creen que pueden exigir y despreciar a los pobres y a los sencillos.

Sin embargo, Jesús no poseía bienes, no era ostentoso como un rey, su autoridad venía de su propia vida en obediencia a la voluntad de Dios. “Mi alimento es hacer la voluntad del Padre”, les decía a sus discípulos, porque muchos se preguntaban con qué autoridad hablaba, su alimento, su autoridad, su corazón y amor eran fruto de hacer constantemente la voluntad de su Padre. En el evangelio, vemos cómo incluso el demonio que sale del hombre, reconoce que Jesús es el Hijo de Dios: “Tú eres el Santo de Dios”. La autoridad del Maestro es tan distinta a la autoridad de este mundo. Jesús tiene un poder concentrado absolutamente en el amor. Jesús no cura sólo con los signos, curando enfermos, resucitando muertos… Él sana los corazones, perdona los pecados, libera a cada hombre de la esclavitud y le devuelve la libertad y la paz del corazón.

Cuando nos dejamos mirar por Cristo, cuando permitimos que Él entre en nuestro interior y sane nuestras heridas, cambia nuestra vida. Es lo que le ocurría a tanta gente que pasaba por su lado, que tocaba su manto, que se dejaban mirar profundamente por Jesús, quedaban sanados. Este es el fruto de su autoridad.

Él es el Rey del universo, y quiere reinar también en cada uno de nosotros. Quiere reinar sobre el pecado en nuestra vida, reinar sobre nuestros miedos y sobre nuestros vacíos, Él quiere llenarnos de amor y alegría para que podamos amar a los demás como Dios mismo nos ama.

Sor Mihaela María Rodríguez Vera O.P.
Monasterio de Santa Ana de Murcia


Evangelio del día

Evangelio del lunes 9 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

 Convertíos y creed la buena noticia 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,14-20

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:
«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».
Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores.
Jesús les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.

Reflexión del Evangelio de hoy

Nos ha hablado por el Hijo

Ciertamente Dios, el Poderoso, ha hecho también maravillas en nosotros, en toda la humanidad. Empezó creándonos, dándonos la vida, a través de nuestros padres. Pero no se quedó ahí. Siempre mantuvo, en un primer momento, la relación con el pueblo judío, al que principalmente por los profetas le habló de muchas maneras. No contento con este paso, mandó a su propio Hijo a la tierra, a todos nosotros, para que nos hablase en persona.

Es cierto que en el regalo de la vida, Dios nos ha dotado de la luz de nuestra inteligencia, de la luz de nuestros sentidos… Pero tenemos que confesar que es una luz insuficiente para descubrir con claridad los secretos de nuestra vida, para descubrir el sentido de nuestros días, para descubrir el camino por el que hemos de dirigir nuestros pasos y encontrar la felicidad que todos anhelamos. El mismo Dios se dio cuenta de nuestra luz insuficiente y fue capaz de enviarnos a su propio Hijo para que iluminase todos los rincones de nuestra existencia. “En esta etapa final nos ha hablado por el Hijo”. Ese Hijo ha venido a disipar nuestras tinieblas. “Yo soy la Luz del mundo el que viene detrás me mí no andará en tinieblas”.

El agradecimiento a Dios tiene que brotarnos espontáneamente de nuestro corazón, porque por el gran amor que nos tiene nos ha regalado luz suficiente.

Convertíos y creed la buena noticia

Estamos en los comienzos de la predicación de Jesús, de la predicación del “evangelio de Dios”, es decir, de las buenas noticas que nos quiere ofrecer para iluminar nuestra vida y llenarla de sentido. Sabemos que todas sus buenas noticias se resumen en una, de la cual se derivan todas las demás: el anuncio del Reino de Dios.

Jesús nos comunica que Dios no se conforma con ser nuestro creador, quiere  ser nuestro Rey y Señor, porque sabe que es algo muy bueno, lo mejor para todos nosotros. Se ofrece a ser nuestro Rey y Señor, quiere que le dejemos reinar en nuestro corazón para que él guíe nuestros pasos y encontrar así la felicidad deseada. Sabiendo que este Rey y Señor quiere ejercer su reinado no como un tirano sino como un buen Padre que nos ama entrañablemente. Rey y Padre se unen en él. Bien sabe Jesús que a las puertas de todo corazón humano hay otros realidades que llaman y quieren reinar en él: el dinero, el poder, el egoísmo… Pero son dioses y reyes falsos porque nunca proporcionan la felicidad que ofrecen.

Vemos que Jesús, ya desde el principio, quiere rodearse de colaboradores que prediquen y extiendan su buena noticia del Reino. Se hizo el encontradizo con Simón, Andrés, Santiago y Juan. Les invitó a seguirle y a anunciar como él la llegada del Reino de Dios. Y los cuatro “inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”.

Hoy Jesús nos invita a preguntarnos quién es el Rey y Señor de nuestro corazón, quién manda y dirige nuestra vida. Conocemos la respuesta que le gustaría oír.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)