Padre Pedro Brassesco
Autor: Anny
Sto Evangelio domingo 13 abril 2025
Padre Pedro Brassesco
Con la entrada de Jesús en Jerusalén damos comienzo a la Semana Santa. Con alegría y cantos; con palmas y ramas de olivo en nuestras manos evocaremos el momento en el que Jesús entra sobre un borrico en «la ciudad de la paz». Ciudad que es el marco físico donde se desencadenan los acontecimientos de su pasión y muerte, tal y como escucharemos en este día en el relato de la Pasión según san Lucas, y como iremos contemplando a lo largo de toda esta Semana Mayor. Por ello, dado que el evangelio de hoy es la Pasión, sería conveniente proclamar al comienzo de la celebración -como nos indica la liturgia de este día- el relato donde Lucas nos narra esta escena, es decir, el momento de la entrada triunfal en Jerusalén (Lc 19, 29-40). Si nos adentramos en el texto veremos que el evangelista no nos muestra un Mesías envuelto en boato, triunfante y poderoso que llega con autoridad a la presencia de sus súbditos. Más bien, es todo lo contrario. Y el borrico es señal bien clara de esto que intentamos decir, en tanto que muestra una imagen humilde y sencilla. Y es que de haber optado por un caballo, por poner un ejemplo, podría trasmitir ánimo de guerra cual emperador hambriento de conquista y poder de sumisión. Pero Jesús no busca promover guerreros ni imponer impuestos. Como tampoco pretende ser temible y terrible. Jesús de Nazaret, por puro amor, atraviesa una de las puertas de acceso a la Ciudad Santa para que se pueda percibir una nueva imagen de Dios que, con la grandeza y esplendor de su humildad, quiere acercarse al ser humano. Así pues, sublime pórtico de celebración, para vivir y sentir toda esta intensa semana, el de este Domingo de Ramos. Porque desde la humildad se nos va a mostrar la fuerza que posee el amor de Aquel que murió en una cruz, para que la esperanza y la alegría no desaparezcan de la faz de la tierra.
Evangelio del día
Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
Humlides y fraternos
San Pablo urge a los cristianos que actúen con ánimo humilde y fraterno en sus relaciones comunitarias, y les pone delante el mejor modelo: «tened entre vosotros los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús«.
Y nos transmite un himno cristológico, que la comunidad conocía y cantaba. Es un himno que en pocas líneas expresa el misterio pascual de Cristo, su muerte y su resurrección, su humillación y su glorificación por Dios: “se despojó de su rango… se rebajó incluso hasta la muerte… por eso Dios lo levantó sobre todo… como Señor de cielo y tierra”.
Pablo nos trae aquí este himno para que aprendamos una lección de humildad y entrega por los demás. Igual que Jesús no “hizo alarde de su categoría de Dios”, se hizo igual a nosotros y se rebajó hasta una muerte de cruz, nosotros también debemos estar abiertos a los demás, sin creernos superiores a nadie ni pretender grandezas. Al contrario, abajándonos como los últimos “como el que sirve”.
Invitados y queridos: si oís la voz del Señor, no endurezcáis vuestro corazón
¡Venid, que el banquete está preparado! Con esta parábola Jesús nos enseña cómo son las relaciones de Dios con nosotros. Siempre a base de invitaciones. Y la invitación nos puede llegar a través de: un acontecimiento, de una lectura del Evangelio… de muchas maneras. La invitación de Dios siempre respeta la libertad.
Y si hay libertad, hay responsabilidad. Porque podemos decidir que nuestros proyectos son mejores que los de Dios. Y entonces, nosotros mismos nos excluimos del banquete de, de la gracia que Dios nos tenía preparada. Aún así, Dios no cambia de sistema. Lo suyo es invitar, desea tener a sus hijos en torno a la mesa de su reino.
Pero, los que entran a la sala del banquete son los pobres, aquellos a quienes no se les pasa por la cabeza que lo que ellos tienen pueda ser mejor que lo que Dios les ofrece. Dios seguirá enviando invitaciones, incluso a los que no habían respondido a la primera vez. Pero el sentarse a la mesa de Dios sigue dependiendo de nosotros. Pidamos al Señor apreciar, sobre todo lo que Él nos ofrece, los bienes de su Reino.
Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Convento de la Virgen del Camino (León)
Evangelio del día
Padre Pedro Brassesco
“ Cuando des un banquete, invita a los pobres ”
En el texto del Evangelio de este día Jesús no habla a sus discípulos ni a los que viene a escucharle, sino a “uno de los principales fariseos, que le había invitado”. El texto en una primera lectura no tiene mucho sentido: ¿cómo no se va a invitar a familiares, a amigos…? El sentido del texto se encuentra en la referencia a la búsqueda de correspondencia en aquellos a los que invita. Jesús quiere que cuando se sea generoso, es decir: se haga el bien a alguien, o se diga bien de alguien, no se busque que los demás sean lo mismo de generosos con uno.
La generosidad es una de las actitudes más nobles, más “humanas”: pertenece al genus humano, como algo esencial y noble. Tiene valor en sí misma, engrandece nuestra condición, la constituye: sin generosidad no somos “humanos”. La paga de la generosidad es ennoblecer nuestro ser. Lo que se reconocerá cuando el juicio sea el de Dios.
¿Nos hemos examinado del nivel de nuestra generosidad? Si abundan en nosotros los sentimientos de la primera lectura, la generosidad brotará de modo espontáneo. La verdad de lo que somos son nuestros sentimientos. De los más nobles brota ser generoso.
Fray Juan José de León Lastra O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)
Evangelio del Dia
Padre Pedro Brassesco
“ Bienaventurados ”
El día 1º de noviembre celebramos con la Iglesia universal la festividad de Todos los Santos. Es una fiesta litúrgica muy antigua. Desde mediados del siglo IV en Oriente. En Roma, desde el siglo VIII, el culto se celebra y difunde desde el Panteón de Agripa cristianizado.
Gregorio III, el Papa que fija esta fecha en el calendario litúrgico, declara también el sentido de la fiesta: el recuerdo “de los Santos Apóstoles y de todos los mártires y confesores, y de todos los justos hechos perfectos que descansan en paz en todo el mundo”.
Para los creyentes es una fiesta familiar. Recordamos y honramos a cuantos hermanos y hermanas nuestros han llegado ya a la Casa del Padre, han sido recibidos por Dios con amor y misericordia infinitos, y viven ya para siempre con Él.
No les celebramos como difuntos, sino como vivos en el Señor.
Festejamos la trayectoria de sus vidas que siguieron a Jesús mientras estuvieron en la tierra. Disfrutaron todo lo bueno que Dios ha creado para nosotros, soportaron con paciencia las adversidades de la vida diaria, no decayeron en su deseo responder más plenamente cada día al amor de Dios, que nos invita a ser santos como Él lo es. Y en sus conversaciones con Dios se acuerdan de nosotros y nuestras necesidades.
Además del recuerdo gozoso de sus vidas, son también un estímulo para que nosotros también vivamos la vida cristiana en la que todos somos llamados a la santidad.
Celebramos, pues, su perfección y felicidad y renovamos nuestra esperanza.
Fray Fernando Vela López
Convento Virgen del Camino (León)
Evangelio del día
Padre Pedro Brassesco
“ ¿A qué compararé el reino de Dios? ”
Es semejante a la levadura que una mujer tomó y metió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó».
Crecer y profundizar en la vida
Jesús nunca define el Reino de Dios, pero nos brinda a través de las parábolas una serie de imágenes que nos ayudan a profundizar en el dinamismo que este actuar divino impregna en la realidad. Las imágenes, que se utilizan en el pasaje al que hacemos referencia hoy, nos remiten a como el Reino tiene la capacidad de crecer en extensión, como el grano de mostaza, y en intensidad, como la levadura. La semilla y la levadura permiten, por la acción del Espíritu, que la realidad se transforme. En la pequeñes de lo cotidiano Dios actúa. Cuantas cosas en nuestra vida son posible gracias a lo pequeño que nos impulsa a obrar; En cada gesto, palabra, opciones y acciones se va generando la utopía del Reino. Esta potencialidad la expresaba poéticamente don Alfredo Zitarrosa, canta autor uruguayo: «Crecen los mejores amores. Crecen desde el pie. Para sus colores, las flores. Crecen desde el pie.»
Nuestra vida cristiana está llamada a ser fermento en la masa. Por eso transformar toda la masa, convirtiéndola en un espacio propicio para que todos los seres humanos tengan una vida digna, siempre es nuestro compromiso.
Fray Edgardo César Quintana O.P.
Casa Stmo. Cristo de la Victoria (Vigo)
Evangelio del día
Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
Buscamos tu rostro, Señor
San Pablo en los capítulos anteriores, expone a la comunidad de Éfeso el misterio de Cristo y de la Iglesia. El plan salvador de Dios que, a través de Cristo “nos ha enriquecido con toda clase de bienes espirituales” y casi al final del capítulo primero continua “y vosotros también, los que acogisteis la palabra de la verdad, que es la buena noticia que os salva al creer en Cristo, habéis sido sellados por él, con el Espíritu Santo prometido”
Envueltos en tanta riqueza espiritual como acaba de recordar, nos invita a vivir “según la vocación a la que habéis sido llamados” con unas actitudes determinadas para no desperdiciar la gracia que nos habita y en la que habitamos.
Exige un compromiso concreto en nuestra manera de actuar. Se nos recuerda, una vez más, que nuestra vida cristina, nuestra espiritualidad tiene un test de veracidad de nuestra fe, de nuestro compromiso cristiano: las actitudes que manifestamos en nuestra vida diaria.
Hay también una preocupación en este texto y en toda la carta, por la unidad de la Iglesia en al que el autor puede observar en las comunidades de Éfeso, cierto peligro de fragmentación. Estas virtudes que se nos recuerdan como compromiso de nuestra vocación de creyentes: Humildad, paciencia para sobrellevarnos con amor. Tratar a los otros con amabilidad. El ejercicio de estas virtudes ayudase a los creyentes a “conservar, mediante el vínculo de la paz, la unidad que es fruto del Espíritu”
Estas virtudes que el apóstol expresa aquí nos ayudarán también en el hoy de nuestras comunidades o de nuestra sociedad. Termina la cita que nos corresponde reflexionar, y que nos engrandece y nos unifica, como cristianos. ”…un solo cuerpo, un solo Espíritu…una esperanza que encierra la vocación a la que habéis sido llamados”
¿Cómo es que no sabéis discernir el tiempo presente?
Lucas sabéis se dirige a una comunidad de la segunda generación con peligro de perder “el ardor primero “en el seguimiento de Jesús, con el riesgo de acomodarse a la situación que viven. Aparece la tentación de la rutina. Es una situación de la comunidad a la cual se dirige Lucas pero que puede tener algunas coincidencias con las nuestras.
Por otra parte, el texto que reflexionamos está ubicado en el camino de Jesús a Jerusalén, en un periodo próximo a su final, que aprovecha Lucas para poner toda la enseñanza que Jesús quiere transmitir sobre el Reino y las actitudes que debieran acompañar a sus seguidores. El tiempo apremia y hay que aprovechar las enseñanzas del Maestro.
Sabemos de la importancia que tiene leer e interpretar los signos de los tiempos, la importancia de analizar la realidad, la importancia de saber interpretar bien la realidad que vivimos. En una palabra, discernir bien los acontecimientos para tomar las decisiones adecuadas
Nos sorprende Jesús, diciéndonos a nosotros sus seguidores ¿cómo es que veis, observáis la naturaleza, los acontecimientos, bien en imágenes del tiempo meteorológico, en los informativos que muestran diferentes y preocupantes realidades sociales, en la calle, en la realidad concreta de cada persona y no acabáis de descubrir las señales que Dios os está enviando, lo que está queriendo deciros y que atañe a la manera de responder a esa realidad, como creyentes, como comunidad de fe, como miembro de la sociedad en la que vivo?
Porque eso mismo les recrimina Jesús a la multitud que le seguía, veintiún siglos atrás. ¿De modo que sois buenos observadores e interpretáis bien las señales de la naturaleza y no habéis descubierto todavía las señales del Reino de Dios, no habéis descubierto en mi persona las señales de la llegada del Reino, de mi paso entre vosotros como Mesías? Jesús, como gran pedagogo, expresa una experiencia humana común a todos los hombres para hacerles más comprensible su mensaje: la lluvia sobre justos e injustos etc. San Lucas nos invita a ser observadores atentos de la realidad.
Si volvemos a leer el texto situándolo en el hoy y en las circunstancias concretas de cada persona quizá descubramos, continuando con su relato y sus exigencias, que el mensaje que Jesús nos lanza a través de la contemplación de lo que vivimos, tiene una repercusión inmediata en nuestra práctica de vida. Caminamos junto con otros, también en nuestro entorno, si no guerras puede haber pequeños conflictos, muy claramente Jesús también nos da una pauta para que nuestras decisiones, nuestro discernimiento en cada situación, sea conforme a lo que Dios quiere.
¿Qué puedo hacer para favorecer la paz, qué puedo hacer para favorecer la acogida, qué puedo hacer para evitar que la naturaleza sufra, qué puedo hacer para acompañar la soledad, para aportar comprensión en un conflicto, qué puedo hacer…?
Hagámoslo ahora que vamos de camino, en este camino de la vida, no nos limitemos a escrutar, y discernir. Discernir requiere tiempo, reflexión, escucha y búsqueda sincera de lo mejor según los criterios del evangelio.
Oración
Señor, te agradecemos la posibilidad de encontrarnos una vez más con tu Palabra, te pedimos nos ayudes a poner en práctica tu Palabra que nos invita a ser observadores atentos de la realidad. Que descubramos tu voz en ella y que nuestro compromiso vaya siempre en la línea de la reconciliación y la justicia.
Hna. Mariví Sánchez Urrutia
Congregación de Dominicas de La Anunciata
Evangelio del día
Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
Que Cristo habite, por la fe, en vuestros corazones
Es maravillosa la sabiduría de la que nos habla San Pablo, una sabiduría que necesita ser compartida ‘con todos los santos’ para alcanzar la profundidad, la altura y la largura que requiere el conocimiento del amor de Cristo, imposible para el hombre sin la intervención del Espíritu Santo. El seguimiento de Jesús va transformando nuestra vida más allá de lo imaginable, más allá de lo que podemos pedir.
En la oración de despedida de Jesús pronunciada en la Última Cena (Jn. 17), nos deja ver sus sentimientos: esos que pedimos para nosotros mismos y que se resumen en un intenso amor al Padre y en un deseo, no menos intenso, de cumplir su voluntad.
Fuego y división
Es muy dominicano el comienzo del pasaje del evangelio de San Lucas que meditamos hoy. La beata Juana de Aza soñó, antes de dar a luz a su hijo Domingo, con la imagen de un perro que portaba una antorcha encendida en la boca, dispuesto a incendiar el mundo. Al menos así lo interpretó el abad del Monasterio de Silos respondiendo a sus temores. Se trata de la misma expresión de Jesús que leemos en el evangelio.
Me detendré en las dos palabras que dan título a este comentario. La primera, la escuché en una visita a la Universidad Católica de Santiago de Chile en la que alguien me habló de un santo jesuita, sindicalista y educador, muy conocido para los chilenos, aunque no para mí. Se trataba de San Alberto Hurtado. Entre sus escritos educativos, encontré una bonita metáfora con la que explicaba el significado que para él tenía la educación: educar no es llenar un recipiente vacío sino encender un fuego en el corazón del educando.
Algo añade esta idea a la obra de misericordia que nos anima a enseñar al que no sabe, pues se trata, no de enseñar humana sabiduría, sino de la sabiduría de Dios que acabamos de leer en la primera lectura. Sabiduría que hemos conocido en Cristo Jesús por acción del Espíritu Santo. Esto mismo es para nosotros, dominicos, la predicación del Evangelio. Los dominicos no llegamos al hermano con doctas palabras sino con el corazón encendido de amor a Jesús que nos mostró, con sus obras y enseñanzas, al Padre. También nos abrió los deseos de su corazón: hacer la voluntad de Dios amándonos a todos nosotros. Así lo expresó en la oración de despedida del evangelio de San Juan: os amo igual que yo he sido amado por mi Padre… confiad en mí en medio de vuestras tribulaciones porque yo he vencido al mundo… Y así, con esos sentimientos hacia nosotros, se dirige al Padre pidiendo exactamente lo mismo que él recibe: que lleguemos a contemplar su gloria en la otra vida con la promesa de permanecer junto a nosotros, todos los días, hasta el fin de los tiempos.
Con esta preciosa oración, tomamos conciencia del encendido amor de Jesús por nosotros y nos unimos a su deseo de ser santificados en la unidad, manteniendo la comunión de los santos por la que alcanzamos la sabiduría: el conocimiento del amor de Dios manifestado en Cristo.
Mucho más que luz que ilumina, es fuego que prende los corazones y los prepara para la predicación. Predicar es consolar, aunque también es confrontar. La confrontación descrita en el evangelio de San Lucas puede tener una lectura personal, más allá de la lineal que enfrenta al hijo adolescente con la autoridad paterna, o a las nueras con las suegras por las divergencias de opinión sobre el trato de los hijos/cónyuges. Esta lectura que proponemos, nos remite a las palabras que dirige San Pablo a los romanos, palabras con las que confiesa sus propias contradicciones: Porque no hago el bien que quiero sino el mal que no quiero (Rom. 7: 19). Esta división en nuestra familia interior, pone de manifiesto nuestras limitaciones y nuestra necesidad de ser transformados más allá de lo que somos capaces de pedir.
Dejemos que la contemplación de estos misterios transforme nuestros sentimientos conformándolos a los de Cristo Jesús hasta poder decir con el apóstol: No soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí (Gal. 2:20).
Evangelio del día
Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
Todos sois uno
La fe es algo absolutamente gratuito y por tanto es patrimonio de todos: judíos y gentiles. Cierto que Dios, en su designio de Amor escogió a un pueblo, necesitaba una coyuntura concreta, un medio en que adquirir y desarrollar su humanidad (lo mismo que necesitó unos padres).
Ya así comenzaba la kénosis, el abajamiento del Dios humanado en Jesús “tenía que parecerse en todo a nosotros menos en el pecado”. Así como los padres estaban preparados por la Gracia precedente, el pueblo escogido fue concreto y preparado desde siglos y siglos; hubo judíos que fueron fieles y esperaron y acogieron y reconocieron y por lo tanto gozaron de la Salvación del Mesías… pero la mayoría “no supieron reconocerle” …eran signos y realidades en que se presentaba, que no concordaba con lo que se habían imaginado: un soberano todopoderoso y vencedor. Cuando vieron un Niño, un pobre, un sencillo y humilde, un derrotado… … no pudieron traslucir su Amor y Misericordia, su mensaje y su vida, sus milagros, su promesa y su paz. Y el Reino no podía pararse, porque era para todos.
Pablo lo había vivido en su propia carne, había comprendido que los gentiles, los que los judíos despreciaban y no consideraban dignos, podían y debían reconocer al Salvador, ese que era para los pobres y pequeños, para los que no cuentan, para los de fuera… y a Pablo se le revela desde el Cielo, con la firmeza de haber sido rescatado y convencido. Así afirma que son (los gentiles): miembros del mismo Cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo; que él, como testigo, les va a conducir a aceptar este Regalo que, desde siempre también, estaba destinado para ellos.
Conocemos así que nuestro Dios, en su Hijo por el Espíritu Santo, es Padre y Salvador de todos los hombres y les asiste para la Redención final. Importa aprovechar el momento y la Gracia que se nos otorga en cada momento y reconocer que todo es DON sin merecimiento de nuestra parte. Hoy la Iglesia reclama nuestra unidad.
Y sed agradecidos
El profeta Isaías nos viene expresando la Paz universal que trae el Salvador, la que produce en los hombres que lo reconocen y se dejan iluminar y poseer por Él; manifiesta su interés por rescatar a los elegidos, por volver a buscarlos y hace que cesen las divisiones y resistencias porque Dios lo es de todos “esclavos y libres, hombres y mujeres… porque todos sois uno en Cristo Jesús”.
Impresiona constatar cómo la intervención continua de Dios en su pueblo conduciendo y haciendo relucir la justicia, la protección, la insistencia, la manifestación de su Amor…va rodeando a los hombres en el camino hacia la Plenitud para el que estamos todos llamados y cómo estos caminos no difieren de los nuestros; así podemos reconocer nuestra historia personal y eclesial en lo que ocurrió hace miles de años. Por eso esta oración de gratitud, de confianza, de deseo de plenitud y su posibilidad en “Dios mi Salvador”, en la real certeza de esta Salvación que me hace no temer… es la actitud del pueblo fiel que avanza en su momento y lugar, sabiendo que la hazaña de Dios en favor de su pueblo fue y es descomunal, de proporciones tan grandiosas imposibles para nosotros y tan evidente de su intervención.
Por eso el hombre que ha sabido lo que es la protección del Dios que nos salva y se da cuenta de que estos gestos son sólo la señal del Amor que Dios nos tiene… no para de dar gracias y alabarle, de proclamar a todos su Salvación que percibe, en la que vive y cimenta su vida, se convierte en evangelizador y testigo.
Él nos amó primero
El Evangelio es exigente, pero no pide nada que no sea lógico. Para ser cristiano y seguidor fiel de Cristo no hay que ser excepcionales sino normales, con la firmeza propia de un ser humano sensato y responsable, cuerdo y consecuente. Porque la fe y su práctica, no nos hacen superiores sino plenamente humanos y ya esta naturaleza requiere una formación en los principios, tareas y costumbres que hacen posible que todo el que se ha encontrado con Jesús sea fiel (Él se hizo hombre) y el que no lo ha encontrado, tiene camino abierto para ello.
Este Evangelio no hace sino describir la actitud del que comprende y valora la comunión entre los hombres, cada cual, en su puesto, porque todos somos miembros y colaboradores del Bien. ¡Cuánto más si pasamos estas actitudes al Seguimiento de Cristo, entramos en la relación base del seguimiento que es producto del Amor recibido y correspondido!
Habiendo recibido tantos beneficios de nuestro Amo que nos amó primero, sólo tendría que brotarnos la gratuidad y la entrega, como Él: hasta el extremo. En el Amor no hay medida ni límites, además este amo, ya vemos que es capaz de servirnos a nosotros sus siervos a los que llama Amigos… con Él nos salimos de los límites de la norma y somos contagiados e invadidos de su gran Amor y servicio hasta dar la vida. Ojalá que podamos captar esa realidad que nos hará Felices y capaces de construir el mundo nuevo donde habite la justicia y el derecho y no haya opresores ni oprimidos y habrá una tierra y un cielo nuevos; así viviendo el Evangelio estaremos instalado los cimientos para ello, será algo que nos deslumbrará y asombrará.
Puesto que los hombres estamos configurados para ser constructores de Paz , ¿podríamos decir que aún es posible soñar y esperar que cesen las guerras?
Al menos pongamos nuestro granito de arena en el propio entorno y Aquel que todo lo puede hará cosas mayores.
Sor Inés Carmen de la Fuente Ruiz O.P.
Monasterio de San Blas – Lerma (Burgos)
Evangelio del día
Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
Pablo quiere transmitir a toda la comunidad el don que hemos recibido la humanidad, por medio de Cristo, como cabeza de toda la creación.
Hoy la Iglesia celebra la memoria de San Ignacio de Antioquía, que sucedió como obispo al apóstol San Pedro en su comunidad; fue condenado a las fieras y conducido a Roma para su ejecución, en el trayecto escribió siete cartas a las distintas iglesias de su tiempo. Asumió lo que hoy nos dice el salmista “El Señor da a conocer su salvación” por lo tanto “Aclama al Señor tierra entera”
¡Vosotros no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentan entrar!
San Lucas en el capítulo 11 de su evangelio nos refiere el enfrentamiento que Jesús tuvo con algunos escribas y fariseos, en que les echa en cara la actitud hipócrita de su comportamiento, pues se preocupan más por la apariencia que en llevar una vida coherente con lo que predicaban, pues los escribas imponían al pueblo cargas pesadas, es decir, preceptos, casi imposibles de cumplir, y, sin embargo, ellos no ayudaban lo más mínimo.
Es en este contexto cuando les recuerda la actitud reincidente del Pueblo de Israel, que olvidaba la alianza que Dios había establecido con ellos, y ese era el motivo por el cual el Señor enviaba hombres que les recriminaban la actitud y les invitaban a volver su rostro hacia Dios, y que, en muchas ocasiones, fueron maltratados e incluso asesinados, y posteriormente los herederos levantaron mausoleos a los profetas, pero sin alejarse de la actitud de sus antepasados.
Por todo eso les recrimina advirtiéndoles que a ellos se les reclamará por la sangre de los profetas desde la creación del mundo.
También les echa en cara que estos juristas que se han erigido como sabios de la ley, actúan como el “perro del hortelano” que no han sido capaces de entrar en el Reino de Dios y han cerrado el paso a los que intentaban entrar.
Jesús insiste siempre en la limpieza de corazón, no hay que aparentar una cosa, cuando se actúa totalmente de forma contraria. Nos invita a todos a ser coherentes con lo que decimos y hacemos, que nos olvidemos de las apariencias, que lo que realmente importa es tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros.
No seamos lobos con piel de cordero, que nuestra actitud sea siempre limpia y honrada, no anteponiendo nuestro interés al de los demás. El amor de Dios que se ha encarnado en Jesucristo, ha de servirnos de ejemplo de vida, para que nuestro ser y obrar sea para todos un reflejo de la imagen de Dios.
¿Damos gracias continuamente a Dios por tenernos como Hijos predilectos?
¿Vemos en Cristo la culminación de la obra de Dios?
¿Mantenemos una actitud honrada con los que nos rodean?
D. José Vicente Vila Castellar, OP
Fraternidad Laical Dominicana Torrent (Valencia)
