Evangelio del día

OPNH

Evangelio del lunes 23 de mayo de 2022

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 26 — 16, 4a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.
Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho».

Reflexión del Evangelio de hoy

El Señor le abrió el corazón

Es el premio que el Señor concede a quien le busca con fe y confianza. Te abre la mente para que entiendas y te abre el corazón para que creas y vivas.

Lidia ha encontrado a Dios por la predicación de Pablo y porque el Señor había tocado su corazón y abierto su entendimiento para que comprendiera y aceptara la Buena Noticia que ha llegado a su pueblo.

Es la forma en que Dios actúa en nosotros: pone a nuestro alcance su mensaje y abre nuestra mente para que podamos aceptarlo, sin forzar a nadie, pero dejando encendidas suficientes luces para que todos podamos ver y aceptar que quiere de nosotros, y, si dejamos que la luz penetre en nosotros podremos ver el verdadero camino por el que nos invita a caminar. Lidia y su familia han llegado a encontrar a Jesús, camino, verdad y vida y se entregan sin condiciones. Pablo y Silas aceptan ir a su casa y hospedarse en ella. Dios acepta también nuestro hospedaje, solo espera que le invitemos a tomar posesión de nuestra casa y sepamos vivir sabiendo que “el Señor ama a su pueblo”.

El Señor está a la puerta y llama. Si abrimos, entrará y fijara en nosotros su morada. Seamos “casa de Lidia”, insistamos en que se quede con nosotros. Solo entonces podremos entonar un cántico nuevo y alegrarnos porque el Señor ama a su pueblo, y nosotros seremos “su pueblo”

… el que os de muerte pensará que da culto a Dios

Jesús sigue desgranando su mensaje en esta larga oración o discurso previo a la última cena. Es el mensaje de alguien que sabe próximo su final y trata de atar los cabos de su mensaje. Cierto que ha ido desgranándolo a lo largo de su vida pública ante sus discípulos, pero San Juan considera necesario integrar en su Evangelio esta recapitulación, que abarca la totalidad del mensaje.

No están tan lejos los tiempos profetizados por el Maestro. Corren días en que en algunos ambientes se considera bueno tratar de eliminar a los seguidores de Cristo. Puede que empezando por eliminar de la vista los símbolos cristianos.

La Cruz, presente en casi todos los pueblos, está siendo arrancada y, en algún, caso depositada, o tirada, en la escombrera del pueblo; en otros casos simplemente son demolidas. Y transformadas en cascotes. Se trata de eliminar manifestaciones de fe en la vía o lugares públicos, se persigue a muchos religiosos con acusaciones frecuentemente más interesadas en posibles indemnizaciones que en el esclarecimiento de la verdad.

Llagará el día en que el que de muerte a uno o más cristianos sea considerado un héroe del pueblo. Puede que el mundo cristiano tenga que prepararse para la persecución que parece adivinarse detrás de medidas que algunas autoridades dictan asegurando que lo hacen en nombre de la libertad. Es el signo de los tiempos y, si tenemos en cuenta las palabras del Maestro, no deberá espantarnos.Os excomulgarán de la sinagogapuede ser símbolo de la excomunión política que se aplica a determinadas personas por razón de su fe.

Y esto lo harán porque “no han conocido ni al Padre ni a mí”. Y puede que nosotros seamos los culpables de ese desconocimiento porque, a veces, los que nos decimos cristianos, predicamos a un Jesús que no tiene mucho parecido con el de Nazaret. Nos fijamos más en los ritos y las fórmulas que en el mensaje. Hacemos de un Padre amoroso, un juez impasible, incapaz de com-padecer con el hombre. Apenas hace un mes poníamos en la calle hermosas y valiosísimas imágenes, en tronos que derrochan una riqueza que no casa con la predicación de la Iglesia de los pobres. Predicamos, pero nos olvidamos de dar trigo.

¿Estaremos haciendo bien las cosas? ¿Es nuestro mensaje el de Cristo? Pensémoslo.

D. Félix García O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de Viveiro (Lugo)


Evangelio del dia

Evangelio del domingo 22 de mayo de 2022

Padre Pedro Brassesco

 El Espíritu Santo os lo enseñará todo 

El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará lo que os he dicho

El cristianismo es una religión de la Palabra, de la palabra hecha carne en Cristo. Palabra para ser escuchada y que se encarna en cada cristiano, en cada persona. Es la forma de hacer presente en cada uno la vida de fe. Aquí el lenguaje es más que un instrumento de comunicación, es una forma de comunión humana animada por el Espíritu. Por eso, como les ocurrió a los discípulos, Judas – no el Iscariote – no comprendió hasta después de la resurrección, que Jesús no manifestase su mesianismo “al mundo” de una forma pública (Jn 14,22). No entendía aún que esa revelación es una experiencia de vida que, vivida por el espíritu, el discípulo concreta en el amor.

En los Hechos de los Apóstoles, vemos cómo actúa ese espíritu liberador con los discípulos procedentes del mundo gentil, no circuncidados,. La circuncisión era el rito más importante para señalar la pertenencia religiosa al Pueblo de Israel que, aunque establecida por Abraham, se atribuía a Moisés, por ser el autor de la Ley. Por ello, su incumplimiento constituía una transgresión de consecuencias legal y moralmente severas. En cambio, aquellas primeras comunidades cristianas tuvieron el valor y la fuerza del Espíritu para resolver el conflicto haciéndose la pregunta fundamental: “¿Por qué poner a prueba a Dios, tratando de imponer a los discípulos un yugo que ni nosotros ni nuestros antepasados hemos podido soportar? ”… cuando Dios “dio testimonio a favor de ellos otorgándoles el Espíritu Santo como a nosotros” (Hch 15, 8-10).

La pregunta sigue siendo válida hoy: ¿Qué es lo fundamental para seguir siendo fieles al mensaje de Jesús?  En este mismo sentido, los capítulos 10 y 11 de los Hechos de los Apóstoles son todo un ejemplo de tolerancia religiosa por la acción del Espíritu. Una lectura de los mismos nos ayuda a sentir ese espíritu y a entender la tolerancia y la frescura de aquellas primeras comunidades. Quizá valga como un ejemplo actual algo que me viene a la memoria y que todos, seguramente, recordamos: el momento en el que un periodista preguntaba al Papa Francisco su opinión acerca de la condición de los homosexuales en la Iglesia, cuando regresaba en el avión de su primer viaje al Brasil. Creo que su respuesta tuvo también el valor y la inspiración del Espíritu. Espontánea e inesperada, nos dejó ver que, para el actual Papa, lo importante para vivir y animar la comunidad eclesial es esa forma de comunión humana que, animada por la libertad del Espíritu, nos permite ver en la humanidad de los otros la presencia de Dios, y esto es lo realmente central.

Fr. José Ramón López de la Osa González
Casa Stmo. Cristo de la Victoria (Vigo)

Evangelio del día

Evangelio del sábado 21 de mayo de 2022

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 18-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros.
Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia.
Recordad lo que os dije: “No es el siervo más que su amo”. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.
Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió».

Reflexión del Evangelio de hoy

Pasa a Macedonia y ayúdanos

Seguimos dentro de la cincuentena pascual con ese mandato concreto por parte del Resucitado: «Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15). Anuncio evangélico que se abre a toda la humanidad. Ese es el marco de referencia que aparece en los Hechos de los Apóstoles. San Pablo se encuentra sumergido en su actividad misionera. Aparece en su segundo viaje para precisamente cumplir este mandato de Cristo. Idas y venidas, dificultades, proyectos, ilusiones, embarcaciones, contrariedades que lleva obligatoriamente aparejada esta vida. Deja a Bernabé y se lleva consigo a Timoteo. Y para que sea recibido el mensaje que va a presentar Timoteo, al pueblo judío, es necesaria la circuncisión. En ese envío se debe poner toda la carne en el asador, no valen las medias tintas.  

Claro está que no es solo la fuerza humana la que hay que poner en estos casos. Hay que activar el talento que Dios ha puesto en cada uno de nosotros sin dejar de reconocer que el Espíritu Santo es el faro que va guiando nuestra historia personal para que podamos reconocer la voluntad de Dios en cada momento. El Espíritu Santo se abre ante el mundo como ese soplo de aire fresco que renueva la misión de la Iglesia. Es su soplo el que va abriendo camino, acercando horizontes para que el Evangelio se expanda. Es el Espíritu el que abre los oídos, agiliza nuestros cuerpos y transforma nuestros corazones para que podamos comprender la llamada: «Pasa a Macedonia y ayúdanos». El Espíritu es el que nos hace que comprendamos el grito del necesitado. Que veamos la realidad del despojado. Que pronunciemos una palabra de aliento al abatido. Que no nos cerremos a nuestro propio interés, sino que nos abramos al amor que no sabe de excusas.

Porque no conocen al que me envió

El miércoles de esta semana dábamos comienzo al capítulo 15 de san Juan. Con una serie de enseñanzas que nos abren a comprender más y mejor el sentido de este pasaje evangélico. Los contrastes nos hacen caer en la cuenta de la de importancia que tiene para nuestra fe ahondar en la Palabra de Dios como seguidores, de este modo, también entraremos en la tónica de la resurrección. Al inicio del capítulo san Juan nos habla de la importancia de permanecer en Cristo para dar fruto y de este modo rebosar alegría. Un mandato concreto: Amaos los unos a los otros. De este modo, se ve que ambas realidades conforman la columna vertebral del discipulado. Y un título importante: Ya no os llamo siervos sino amigos, para de este modo enviar a los amigos a que den un fruto que no se corrompe.

Ese es el marco concreto con el que Jesús Resucitado se presenta después de la Pascua. El fenómeno de la resurrección no es una obra de magia, sino que es algo muy real e intrínsecamente unido a nuestra realidad de discípulos. Para ello, se está hablando de mundo, no como algo malo de lo que tengamos que huir, sino que se está refiriendo a todo aquello que va contra Dios. Es decir, Jesús ha resucitado, pero sigue habiendo en nuestro interior esa batalla entre muerte y vida, oscuridad y luz, pecado y salvación. Sigue habiendo zonas en nuestro corazón y en nuestra alma en la que no hemos dejado que llegue la luz resucitadora de Jesucristo.  

Tenemos que de alguna manera hacer ese proceso de reciclaje, conversión del que nos habla el cántico del siervo de Yahvé: «El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos» (Is 50,4-9). Pasar de lo que nos distrae de la voluntad de Dios, de esas cegueras, de ese desamor que va anidando en lo más íntimo de nuestro corazón para actuar como lo hizo el mismo Jesús. A Él lo persiguieron por el mensaje que tría de parte de Dios y no guardaron su Palabra la de vivir en el mandato del amor.

Dar una palabra de aliento y espabilar el oído, es la condición necesaria del discipulado que se debe injertar en la realidad de un mundo sufriente como es el nuestro. Es esa necesidad de ir más allá de la que nos habla el evangelista cuando dice correr la misma suerte que tuvo Jesús. Conocer o no conocer su Nombre, como tan bellamente nos dice el salmo: «Se puso junto a mí: lo libraré; lo protegeré porque conoce mi nombre; me invocará y lo escucharé. Con él estaré en la tribulación, lo defenderé, lo glorificaré, lo saciaré de largos días y le haré ver mi salvación» (Sal 90,14-16).

Dar palabra de aliento en medio de la persecución y espabilar el oído para poder escuchar esos gritos desgarradores que nos está lanzando el mundo: «Ven y ayúdanos» eso es en definitiva la fuerza a la que nos lanza Jesús resucitado porque así lo vivió Él, que el Reino tiene que comenzar como sabia nueva aquí, ahora y con el que te toca vivir codo con codo en cada momento personal de tu historia.

Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P.
Convento de Santo Tomás (Sevilla)

Evangelio del día

Evangelio del viernes 20 de mayo de 2022

OPNH
PADRE PEDRO BRASSESCO

Reflexión del Evangelio de hoy

Palabras alentadoras

Nos encontramos frente al eterno dilema del ser humano: ¿lo que fue, lo que es o lo que debe ser?  La controversia de Antioquia deja de manifiesto que ya desde los primeros albores del cristianismo surgieron voces que frente a la buena nueva de Jesús sintieron miedo y se aferraron “a lo de siempre”. El peor enemigo de Jesús en la predicación del Reino será ”lo de siempre”. Los escribas y los fariseos le condenan porque “ni dice ni hace lo de siempre”.

Es esperanzador ver que la iglesia siempre ha estado ahí para acompañar, escuchar, dialogar y ayudar a romper los esquemas condenatorios que no reflejan la misericordia del rostro del Padre, mensaje central del anuncio de Jesús. Cuando Silas y Judas llevaron la carta, aquellos   recién convertidos se llenaron de alegría al oír aquellas palabras alentadoras. Son las palabras alentadoras del amor que escucha la vida del otro, que la acoge y la dignifica. Jesús dignificó y devolvió la belleza esencial, acogiendo, escuchando la vida y perdonando a quienes se le acercaban a lo largo del camino.

Los cristianos estamos llamados a ofrecer una palabra alentadora, a mirar el mundo y la historia como una maravillosa revelación del Amor de Dios.  

Amigos

Este texto del evangelio de Juan leído a la luz de la resurrección de Jesús, nos adentra en la esencia del ser de Dios, que es Amor. En Gaudium et Spes nº 24  se dice que el  ser  humano es la única  criatura creada a la que Dios ha amado por sí misma”. “Ya no os llamo siervos”, el siervo en el Antiguo Testamento era el que siempre debía permanecer junto al amo, en todo momento, para servirle en cualquier situación que surgiera. El cambio radical del mensaje de NT es cuantitativo, aquí es el Amo el que siempre permanece a nuestro lado (el siervo), “a vosotros os llamo amigos”, el salmo 56 que hemos proclamado canta la acción de gracias a la fidelidad de Dios, el que siempre está. En Jesús la amistad es el rostro profundo de la Alianza, “porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”. Una alianza de esponsalidad, la amistad de Jesús es de hombres y mujeres libres, que más allá de sus debilidades y las de los demás se han dejado seducir y amar, “soy yo quien os he elegido”, y en el capítulo 13 de este evangelio de san Juan dirá ” yo sé bien a quién he elegido”…

El amor siempre evoca un espacio y un lugar donde hacer vida la reciprocidad amorosa, aquí el espacio es el corazón del Padre desde el cual Jesús nos comparte su vida, su misterio, su entrega, su voluntad. El lugar, el campo inmenso de esta humanidad, con la cual construimos la historia y en la que estamos invitados a descubrir la presencia y el rostro de Jesús. “Y os he destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto dure”… A nosotros se nos pide ser testigos de la resurrección en este siglo XXI, testigos creíbles, que lleven con la vida la mejor carta, la carta del amor, de la compasión, la carta de la verdad, la carta del perdón y la misericordia. Esa carta que solo podremos escribir cuando seamos tan libres que nada ni nadie nos impida entregarnos “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. No es fácil dar la vida, solo quienes se han sentido heridos por el amor de Dios pueden contagiar el mundo de esa misma herida. Contra este virus solo existe una vacuna: la oración, “de modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé”.   

Sor Mª Ángeles Martínez, OP
Monasterio de la Sta Trinidad (Orihuela)

Evangelio del día

Evangelio del jueves 19 de mayo de 2022

MOPNH
Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 9-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud».

Reflexión del Evangelio de hoy

Dios, que penetra los corazones mostró su aprobación -a la conversión de los gentiles-dándoles el Espíritu Santo igual que a nosotros

El relato de esta primera lectura presenta la clausura de la “fuerte discusión” que surgió entre los apóstoles más significativos sobre el acceso a la comunidad y fe cristiana de los provenientes de la gentilidad: ¿estaban obligados a cumplir las prescripciones de los judíos, emanadas de los libros del Antiguo Testamento y tradiciones posteriores? Sabemos que Pablo, fariseo él, no exigió que se sometieran a esas prescripciones. A Pedro le costó convencerse de ello. Santiago era claramente opuesto a que los cristianos prescindieran de ellas. Fueron horas de reflexión, diálogo: el llamado Concilio de Jerusalén. Al fin, en la lectura de hoy leemos el acuerdo que comunica Santiago, que preside la comunidad de Jerusalén. Ha habido algunas concesiones de Pablo y Pedro sobre las prescripciones relativas a los alimentos, que se mantienen para no escandalizar a los judeocristianos; son decisiones más bien profilácticas, no comer carne no sangrada. Los responsables de las nuevas comunidades han sabido dialogar, han sido capaces de prescindir de lo heredado y cumplido fielmente antes conocer a Jesús de Nazaret; se han dejado llevar por el Espíritu, no por sus preconcebidas ideas, han sido generosos, se han escuchado. Ese estilo conciliar es el que en nuestros días el Papa quiere que sea el espíritu que mueva el Sínodo en el que esta la Iglesia inmersa. Es necesario para la fidelidad de la Iglesia Cristo y a la sociedad. A esta le da, con ese espíritu de sinodal, un ejemplo, un testimonio de la necesidad de escucharse, abrirse a las ideas, sentimientos del otro, y caminar juntos, sinodalmente.

Podemos preguntarnos: ¿cómo estamos cooperando en la reflexión comunitaria que se nos pide para lograr caminar juntos, tras haber reflexionada y orado juntos, para ayudar a construir una Iglesia sinodal?

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a la plenitud

Una vez más Juan recoge palabras de Jesús en las que insiste en el amor. Un amor que se inicia en el amor del Padre a él, que Jesús transmite a los discípulos. Amor, que no es amorío de tanta intensidad, como perentorio; es amor que exige fidelidad, madurez, compromiso de todo el ser, que se manifiesta en las obras, en lo que piden los mandamientos, que el mismo Jesús guardó. Ser fiel a estos mandamientos asegura la permanencia en el amor. La reacción a este amor, que se manifiesta en obras, es la alegría.

Esta última apreciación merece una leve consideración. La alegría no exige la correspondencia en el amor. Esta es reacción lógica que espera el que ama, ser amado por quien ama. Pero no es imprescindible: el hecho de amar, de amar con un sentimiento sincero que impulsa a la acción, a la generosidad, a darse, a entregarse, es ya motivo de alegría, sin exigir la compensación afectiva del otro…, que siempre se agradecerá. Es una manifestación más de que obrar bien, actuar de manera propia de la dignidad humana, nuestra y de los demás, vista a luz del mensaje y vida de Jesús, es hondo motivo de alegría. En nuestra espiritualidad hemos juzgado necesario con la compensación o premio de nuestras buenas obras, sea aquí en la tierra o en el cielo, y nos olvidamos de que la bondad es la razón más fuerte para la alegría. Que nada nos ha de alegrar más que actuar, sentir de acuerdo con los valores del Evangelio.

El texto nos invita a que esa palabra tan usada, manoseada, abusada, como es el amor, la reconsideremos. ¿Qué es el amor en nosotros? Qué exigimos del amor: ¿compensaciones o solo eso, amar? Si es sentimiento auténtico y hondo, ¿cómo se manifiesta en la vida de cada día, en concreto respecto a los demás?

 Hoy celebra la Iglesia y de modo especial las Dominicas de la Anunciata la fiesta de su fundador San Francisco Coll. La Familia dominicana se une a la celebración. El P. Coll pasó por dificultades para llegar a ser dominico. Ya dominico, predicador, sufrió la disolución de las comunidades por las leyes de la desamortización. Ello no evito que se dedicara a la predicación popular, desde un sentir cariñoso hacia su pueblo. Que se manifestó en buscar cómo dar educación a la infancia desatendida, pobre. De ahí surgieron la Dominicas de la Anunciata. El P. Coll se movió por amor a los sencillos, pobres, en ellos amó a Dios. Y vivió la alegría de amar.

Fray Juan José de León Lastra O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Evangelio del día

Evangelio del miércoles 18 de mayo de 2022

MOPNH
Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

Reflexión del Evangelio de hoy

Conflicto en la iglesia primitiva

No todo en la difusión del evangelio en la iglesia primitiva fue un camino de rosas. Esta primera lectura nos relata un fuerte conflicto en la que se vio envuelta. Bastantes judíos se convirtieron a la religión cristiana, al seguimiento de Jesús. Pero guardaban en su corazón un fuerte arraigo a prescripciones de su antigua religión judía, como la obligación de circuncidarse. Estos nuevos cristianos querían imponer la circuncisión para ser verdaderos cristianos, asegurando que sin ella nadie “podía salvarse”. Lo que provocó “un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé”, paladines de  la predicación del evangelio a los gentiles. Para arreglar las cosas subieron a Jerusalén a consultar esta situación a los apósteles. La lectura de hoy solo llega a decirnos que “los apóstoles y los presbíteros ser reunieron a examinar el asunto”. Sabemos que de este diálogo fraterno saldrá una solución según el evangelio.

Este es un buen ejemplo que nos da también a nosotros cristianos del siglo XXI, sobre cómo debemos solucionar los conflictos que puedan surgir en nuestra iglesia. El verdadero remedio es el diálogo fraterno, acudiendo a las fuentes de nuestra religión, a Jesucristo, a sus palabras, a la posterior tradición. Lo importante será siempre llegar al camino verdadero que nos trazó Jesús, con su vida y su predicación. 

Permaneced en mí y yo en vosotros

Intentamos adentrarnos en las conocidas enseñanzas de este pasaje evangélico. La idea principal es que sin Cristo no se puede ser cristiano. Sin meter de lleno en la propia vida a Cristo no se puede ser cristiano, no podemos dar ni un paso cristiano sin él. “Sin mí no podéis hacer nada”, así es de rotundo el mismo Cristo. Para explicarnos bien ese mensaje, Jesús nos pone un ejemplo agrícola. “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos” Todos entendemos que los sarmientos si no están unidos a la vid, al tronco, no dan fruto, son hojas sueltas que no dan fruto.

Por eso, Jesús a lo largo de su predicación, y en este pasaje con más fuerza, nos insiste en la necesidad de estar unidos a él. “Permaneced en mí y yo en vosotros”. Es algo que no lo podemos ver como una dependencia humillante, que nos roba nuestra libertad. No. Es una dependencia amorosa. Es la súplica del Hijo de Dios, del que nos ama y nos ama hasta el extremo, que nos pide que correspondamos a su amor, que le amemos para que no se rompa el amor entre nosotros y para que le pidamos lo que deseamos y él nos lo concederá. Desde su amor busca nuestro amor.

También nos habla Jesús de los que no permanecen en él, son como los sarmientos que los tiran fuera, se secan y los echan al fuego.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Evangelio del día

Evangelio del martes 17 de mayo de 2022

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 27-31a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.
Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mi, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo yo».

Reflexión del Evangelio de hoy

Predicar la Palabra

Estamos al final del primer viaje misionero de Pablo acompañado por Bernabé. En la ciudad de Iconio, la predicación de los apóstoles ha tenido su éxito a través de la multitud de judíos y griegos que han abrazado la fe. Pero la misión no es fácil, anunciar a Cristo Resucitado también tiene sus consecuencias. En este caso Pablo es apedreado y a duras penas se libra de la muerte. En ese momento, el apóstol decide marchar a Derbe y anunciar allí la buena noticia del Reino, con el resultado de un número considerable de personas que creen en Jesús. Pablo no es persona que abandona su proyecto, ni a la gente con facilidad, de ahí que regresa a Listra, Iconio y Antioquia donde va a animar a los discípulos a no desfallecer ante la prueba, ellos tienen que permanecer en la fe, a pesar del sufrimiento y del rechazo que puedan padecer por seguir a Jesús. Por ello, el apóstol va a designar presbíteros en cada una de las comunidades, después de ayunar y orar, esas personas son encomendadas al Señor para la misión de sostener en la fe a la comunidad de referencia.

El regreso a Antioquía es alentador, los misioneros van predicando la Palabra en todos los lugares por donde pasan, el evangelio debe expandirse, ha de llegar hasta los confines de la tierra. El Señor que Vive es el que alienta la misión, el que les ayuda a mantenerse en pie en medio de tanta tribulación y no desfallecer. Llegados a Antioquía, la alegría es inmensa y toda la comunidad reunida recibe la noticia de cómo han anunciado el evangelio y se lo han transmitido a los gentiles, es decir, les han abierto la puerta más hermosa, la de la fe. Ahora les toca retomar fuerzas, interiorizar el recorrido geográfico y espiritual que han realizado, para poder emprender la nueva misión con ánimo y fuerzas renovados.

No se turbe vuestro corazón, ni se acobarde

El evangelio de hoy nos presenta las palabras finales del discurso de despedida de Jesús a sus discípulos. El Señor se dirige a ellos con el saludo de la paz, habitual en las despedidas, pero Jesús añade algo más, él les da “su” paz, como don y promesa. Es su paz la que él deja a sus discípulos como un “regalo” duradero y permanente en su despedida. La paz de Cristo abraza a sus discípulos y los llena de su vida, su amor y su alegría, puesto que la comunidad de Jesús ha de ser en medio del sufrimiento y el dolor que marcan las situaciones de cada época y lugar, un remanso de paz verdadera, no como la paz que da el mundo, tan frágil y cambiante.

A continuación, el Señor exhorta a los discípulos a que no se turbe su corazón, a mantenerse firmes, a superar los miedos porque Jesús permanece a su lado: “me voy y vuelvo a vuestro lado”. Todo está previsto y preanunciado. La comunión de los discípulos con el Maestro y con Dios, les proporciona la seguridad en que su amor y paz están siempre en ellos. Jesús ha insistido en que los discípulos le amen y se mantengan firmes en su palabra aun cuando está a punto de partir.  Está amaneciendo una nueva era y hay razones para la alegría.

El amor de los discípulos a Jesús debe llevarlos al gozo y al jubilo de quienes confían en el Amigo. Él parte hacia el Padre. La fe no deberá temblar cuando llegue el momento: el camino concreto de regreso al Padre, la muerte en cruz no debe quitarles la paz, sino que debe proporcionarles una alegría duradera. Cristo es el enviado obediente del Padre, y su venida al mundo y su retorno al que le envió no constituyen algo irrelevante para los discípulos. La partida de Jesús es diferente a cualquier otra. A pesar de que parezca lo contrario, el príncipe de este mundo no tiene ningún poder sobre Jesús, cuya partida es el resultado de su respuesta amorosa a su Padre. Jesús acepta su muerte violenta a manos de sus adversarios para revelar al mundo su amor a Dios. Ya había dicho que su Padre lo amaba, ahora proclama la reciprocidad de aquel amor. Parece que ha llegado a su fin el tiempo para hablar, pero no de actuar, mejor, de padecer. La partida violenta de Jesús dará a conocer al mundo, cuánto ama al Padre y será la demostración definitiva de que acepta libre e incondicionalmente su voluntad. Jesús está preparado y dispuesto a ser fiel al Padre, ¿lo estás también tú?

Hna. Carmen Román Martínez O.P.
Congregación de Santo Domingo

Evangelio del día

Evangelio del lunes 16 de mayo de 2022

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 21-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama será amado mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».
Le dijo Judas, no el Iscariote:
«Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?»
Respondió Jesús y le dijo:
«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».

Reflexión del Evangelio de hoy

Os predicamos la buena noticia

Desde los primeros tiempos la predicación de la buena noticia de la salvación de Jesús ha sido un mensaje complejo y plagado de dificultades. Pablo y Bernabé tienen que escabullirse de Iconio y retirarse a las ciudades de Listra y Derbe en Licaonia para poder seguir anunciando el Evangelio.  Allí, mientras están predicando, ven un enfermo, cojo y lisiado de nacimiento, cuya fe y devoción era capaz de curarlo. Y Pablo le grita: Levántate, ponte derecho. Y el hombre de un salto, echó a andar. El gentío se apresuró a ensalzarlos como “dioses” y querían ofrecerles sacrificios. Pero Pablo les reconvino para que no se dejaran engañar por falsas apariencias ni falsas divinidades, y reconocieran al único y verdadero Dios, Señor y Creador de todo, que creó el cielo y la tierra, el mar y todo lo que contiene. Pablo se hace portavoz del verdadero Señor, del que desde siempre ha protegido y mirado por sus criaturas y ha atendido todas sus necesidades. El Señor que él, indigno mensajero, ha venido a anunciarles. La oportunidad de la predicación y de la fe surgen por gracia del Señor, y se muestran donde menos se espera, como les sucedió a estos discípulos. Pero el valor del anuncio, el esfuerzo de hacerlo vivo y audible, de llevarlo a todos los rincones, es algo que como fieles creyentes nos corresponde pregonar a todos nosotros. Somos testigos de la resurrección del Señor, somos beneficiarios de su salvación, y con la fuerza del Espíritu, tenemos que testificarlo por todos los lugares con alegría y sin desánimo.

El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará

 San Juan expresa muy plásticamente lo que implica el seguimiento de Jesús. Seguir a Jesús significa estar enamorado de Él, guardar sus palabras. Beber de la fuente de la Palabra y dejarse embargar por el Espíritu de Jesús hasta que, como decía Pablo, no soy  “yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí”. Vivir en esa burbuja de amor que todo lo relaciona y lo visualiza desde el prisma del enamorado, desde la óptica del Otro que ocupa mi cosmovisión, mis sensaciones y todo mi actuar. Porque abiertos al Señor, Dios Padre nos sacia de su amor, nos inunda con su gracia. Somos templos de Dios, amigos de Dios que nos acompaña y nos habita. La morada de Dios es así el propio hombre, el discípulo que ama a Cristo y guarda sus palabras. Y la palabra de Jesús es el mandamiento nuevo: amaos unos a otros como yo os amo. Amaos sin privilegios y sin imposiciones, siendo servidores unos de otros, porque Dios ha puesto su morada en nosotros. Dios nos ha amado, y por la encarnación y redención de Cristo, ha instaurado una nueva religión, en espíritu y verdad. Dios ha establecido una relación personal con el hombre, con los hombres y con el mundo, y ha restablecido el orden original. Todo viene de Dios y debe tender hacia Dios. Nuestra vida ahora es un caminar ya, en esa nueva dimensión. Vivir desde la sabiduría del Espíritu, descubriendo el sentido trascendente de la creación y de la nueva humanidad. No podemos quedarnos plantados, pasivos y despreocupados de nuestro mundo ni de nuestros hermanos. Dios ha instaurado su tienda entre nosotros y hemos de abanderar este proyecto divino: que todos seamos uno en el Padre, el Hijo y es Espíritu Santo, hasta la plenitud verdadera.

¿Me siento parte de este proyecto transformador, de hacer presente el Reino del Señor en nuestro mundo?

D. Oscar Salazar, O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de San Martín de Porres (Madrid)

Evangelio del día

Evangelio del sábado 14 de mayo de 2022

OPNH

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento:
que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.
De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros».

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Elegido para el testimonio gozoso de la resurrección de Cristo Hch 1, 15-17. 20-26.

La historia de Matías como la de los otros apóstoles nos ayuda a entender la vocación de “apóstoles” que todos tenemos en un sentido amplio: testigos de Cristo resucitado en el mundo de hoy. Anunciadores de la Buena Noticia, del plan salvador de Dios y la persona de Jesús.

La elección de Matías es el restablecimiento de la comunidad. Matías, ahora Elegido apóstol para ser testigo de la resurrección, sabe que forma parte de la comunidad. Necesita la comunidad para vivir la experiencia alegre de la resurrección.

Es tarea del  elegido que se asocie con nosotros en comunidad para ser con su vida anuncio alegre, testigo de la resurrección de Jesucristo.

La comunidad anunciadora de la resurrección siempre tiene presente que quien elige es el Señor; sabe que el amor salvífico de Dios, manifestado en Jesucristo muerto y resucitado, es el gran motivo de alegría.

La resurrección de Cristo no es algo del pasado; sino fuerza de vida que ha penetrado en el mundo y en cada cristiano.

Vive en comunidad una fe alegre; haz de tu vida anuncio alegre del Evangelio; y testimonio alegre de la resurrección. Que así sea.

Soy yo quien os ha elegido… para que mi alegría esté en vosotros Jn 15, 9-17

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros.

Los cristianos estamos llamados a vivir en plenitud la felicidad, la alegría que nace del Evangelio.

Para vivir con alegría necesitamos conectarnos a la fuente del verdadero gozo, que es el amor de Dios, revelado en Jesús.

El amor es la clave hoy del Evangelio.

Esta insistencia en el amor y nuestra propia experiencia nos descubren que la necesidad fundamental de toda persona es ser amado y amar. Amar es decisión de la voluntad, actitud a favor del otro que genera vida y alegría.

La vida y el amor son inseparables de la experiencia de un Dios que es vida y amor y al que podemos llamar Padre.

El Evangelio nos invita a una relación con Dios que prolonga en nosotros la comunión de vida que une al Padre y al Hijo. Jesús lo expresa diciéndonos esto mando que os améis unos a otros.

Él nos ama entregando su vida por nosotros. Que nosotros cumplamos el mandato grande del amor amando a Dios en los hermanos.

Cristo te ama. Dios te quiere. Déjate querer por Dios; cada día recibe su beso y abrazo.

De parte de Jesús: déjate querer por Dios… y vive amando a los demás. Se feliz. Se cristiano. Que así sea. 

Fr. Isidoro Crespo Ganuza O.P.
Convento de S. Valentín de Berrio Ochoa (Villava)