Evangelio del día

Evangelio del viernes 19 de agosto de 2022

 Amarás a tu prójimo como a ti mismo 

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?».
Él le dijo:
«“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”.
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».

Reflexión del Evangelio de hoy

De la oscuridad de una vida sepultada…

Por un momento he imaginado que un día aparezco, sin saber cómo, en un valle lleno de huesos. Huesos, sí. Todo huesos a mi alrededor. La escena no pinta pajaritos cantando ni mariposas bailoteando entre florecillas… Me sitúo en un lugar tan inhóspito que ansío salir corriendo de allí cuanto antes, sin tiempo para responder ni media pregunta.

Ese marco vivió Ezequiel. Pero, como buen profeta, supo que la mano de Dios estaba detrás de aquella visión; y, al verse rodeado de huesos, no solo tuvo la valentía de dar «vueltas en torno a ellos», sino que, además, se detuvo a acoger las palabras del Señor con esa escucha atenta dispuesta a manejar con coraje la situación.

La voz del Señor resonó por medio de sus oráculos, desplegando ante sí un espectáculo digno de admiración: el profeta vio cómo se juntaban los huesos, «hueso con hueso» con sus «tendones», su «carne», su «piel»… ¡Hasta recobrar la vida!

Cuando llega mi imaginación, en aquel valle, a ese acto final, no puedo menos que «dar gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres». ¿Cuántas almas se podían salvar con esos montones de huesos? «Señor, tú lo sabes». Donde yo solo veía «huesos secos», Tú viste la «esperanza» realizada de todo un pueblo; un derroche de amor y de generosidad sobre «la entera casa de Israel».

No fue el escenario de película lo que convenció al profeta para participar en la recomposición de aquellos cuerpos; ni siquiera fue su acto heroico lo que abrió «los sepulcros» del pueblo socavado. Ezequiel hizo una sola cosa: obedecer; y con su voz, Dios se hizo misericordia.

… a la luz de un sepulcro abierto

El fariseo desconfiado que se acercó a Jesús «para ponerlo a prueba» no pareció haber captado bien el mensaje de la profecía de Ezequiel…

A la mayoría de los mortales el Señor no nos coloca entre «huesos secos» (lo cual es de agradecer…). Pero sí nos saca de nosotros mismos para habitar una nueva «tierra»: la del corazón del prójimo.

Es una tierra delicada la del cuerpo vivo; ardiente el corazón que late con fuerza por cada minuto de esta vida. Corazón alegre… Corazón herido. Resquebrajado «en su angustia», se le va «agotando la vida». Tierra solitaria: un «desierto» que anhela beber de la Fuente que calma toda sed. Tierra vacía, tierra habitada; tensión en la tierra del corazón que busca acercarse a Jesús.

Tierra protegida por un escudo de osamenta; escondido el centro del encuentro con su Señor. «Huesos secos» a los que Dios ha infundido su espíritu. Como a ti. Como a mí. Huesos bellos a los ojos del más puro Amor. Huesos que pueden volver a sentir el calor de la vida si nos dejamos mover por «la mano del Señor» para amarlos con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser.

¿El camino directo? La misericordia. Y sabremos que Él es el Señor.

Una monja dominica

Evangelio del Día

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados:
“Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.
Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego dijo a sus criados:
“La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:
“Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca.
Entonces el rey dijo a los servidores:
“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

Reflexión del Evangelio de hoy

Manifestaré la santidad de mi gran nombre, profanado entre los gentiles, porque vosotros lo habéis profanado en medio de ellos

Dios siempre sorprende al ser humano mostrando un modo de proceder completamente opuesto al criterio que revela el comportamiento de los hombres. El reproche que señala Ezequiel, al comienzo de este pasaje, indicando que, en medio de los gentiles, los judíos han profanado el Nombre de Dios, no se resuelve mediante un castigo, sino a través de la manifestación de la Santidad de Dios.

Lo primero que sorprende es el modo de proceder: “Reconocerán las naciones que yo soy el Señor…cuando por medio de vosotros les haga ver mi santidad.” Convierte a Israel en un signo y eso a pesar de su deslealtad.

Consideremos lo que hace: “Os recogeré de entre las naciones”.  Se llega a cada uno y lo toma sobre sí, Mira su situación y se compadece, nos los condena y abandona. Dispersos entre las naciones, él los recoge para “reunirlos de todos los países.” Los vuelve a unir, establece la comunión y, para terminar: “os llevaré a vuestra tierra.” Esta es la manera como manifiesta su “Santidad”. No mediante la condena sino por medio de la sanación y la salvación. La fidelidad a su palabra y la promesa hecha a los Padres. Toca lo más íntimo para renovarlo.

Tres verbos ponen de relieve la actuación de Dios: derramar, purificar, infundir. Derrama un agua pura que purifica. “De todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar.”. En medio de los pueblos en que vivían ha profanado Israel el Nombre de Dios. Pero es el amor de Dios tan grande, que lo lleva, no a destruirlos, sino a quitar de ellos la causa de su corrupción. Los orienta de nuevo y coloca en el camino que los conduce a la tierra que mana leche y miel. Y eso lo realiza mediante la efusión de un espíritu nuevo. Aquella imagen de barro sobre la que sopla un hálito de vida, al comienzo de la andadura de la humanidad. Pero ahora habla de algo nuevo: “Os infundiré mi espíritu y haré que caminéis según mis preceptos.” El mismo dinamiza la vida y las actuaciones: caminarán de acuerdo con sus mandatos. Pablo dirá que todo es gracia, el querer y el obrar.

Por eso dirá, por Ezequiel: “arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” Es su espíritu el que cambia el corazón, que endurecido (de piedra) pasa a ser de carne, sensible y sensibilizado con los planes de Dios, al que había perdido de vista diluido entre las naciones y alejado de Él. Concluye afirmando: “Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.”  No es por la destrucción que Dios manifiesta su Santidad, sino por la transformación de la existencia.        

Jesús habla en parábolas a los dirigentes religiosos de Israel

En este pasaje del evangelio de San Mateo, son destacados los destinatarios de la enseñanza: sumos sacerdotes y ancianos. Los dirigentes de Israel. Envejecidos e incapaces de comprender la novedad que se hace presente con Jesús y su enseñanza. Son los guías ciegos que conducen a otros y todos caen en el hoyo.

Los convidados no aprecian la invitación. El banquete de bodas es irrelevante para ellos. Se insiste en la invitación, pero los intereses particulares priman sobre la significación de la boda. “Uno se fue a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y mataron.” No se trata de la gente sencilla, sino de los dirigentes, que son los que tienen el dominio y el poder. Ni acuden ellos ni dejan a otros acudir. La parábola encierra el reproche para aquellos que han recibido el encargo de acompañar al pueblo. En ellos no hay debilidad sino autosuficiencia, por eso acaban mal, de ahí que “el rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.”

¿Qué pasa con la boda?

La parábola trata sobre el reino de los cielos. El Reino está abierto y ofrecido a todos.  Es lo que significa “Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. Reunieron, nos dice San Mateo, a todos los que encontraron, buenos y malos. La sala se llenó de invitados. Como es lógico, el rey saluda a cada uno. Un gesto de cortesía y de agradecimiento. En su recorrido encuentra a uno que no lleva el traje de fiesta. Le reclama: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda? “Ha sido obsequiado con un traje nuevo y no lo ha aceptado. Por eso calla, no tiene argumento que le defienda. Si hubiera tenido que comprarlo, la falta de medios habría sido razón suficiente para no llevarlo, pero lo han dado gratis.

El vestido ha sido regalado a estos invitados. Es pura gracia acogida. Todo lo que dice el texto de Ezequiel resuena aquí. También lo que se le dice a Nicodemo: nacer de nuevo para ver el reino de Dios. Nacer de agua y Espíritu Santo para entrar en el Reino. El vestido de bodas es la vida nueva recibida de Dios y es por ella que se entra en el Reino. Dicho de otra manera: la vieja condición hay que dejarla de lado, pues ella impide participar de todo lo nuevo que se pone de manifiesto en la actuación de Dios en favor de la humanidad.

Con frecuencia tendemos a aferrarnos a nuestros esquemas inservibles, pero nuestros, y ofuscados, nos empeñamos en mantenerlos, aunque veamos que no sirven. Volver la mirada atrás descalifica para el reino de Dios. Necesitamos, sin duda, en los tiempos que vivimos, considerar lo que a través de Ezequiel se nos ha dicho de cara a la actuación de Dios y lo que en el evangelio se señala: muchos son los llamados y pocos los escogidos. ¿Pocos los que responden?

Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.
Convento de Santa Cruz la Real (Granada)

Evangelio del día

Evangelio del miércoles 17 de agosto de 2022

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña.
Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo:
“Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
“¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?».
Le respondieron:
“Nadie nos ha contratado”.
Él les dijo:
“Id también vosotros a mi viña”.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:
“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más,
pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:
“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
Él replicó a uno de ellos:
“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.
Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Reflexión del Evangelio de hoy

Una tentación continua: no servir a los hermanos, sino servirse de ellos

Ezequiel proclama las duras palabras del Señor contra los pastores de su pueblo. Su pecado es bien claro, se han preocupado de sí mismos y se han olvidado del pueblo. Las expresiones son duras y muy claras: Se apacientan a sí mismos… y no a las ovejas…tanto las fuertes como las débiles sufren el no cuidado de ellos…por eso las ovejas, “mis ovejas”, se dispersaron por toda la tierra. Unos pastores que no cumplieron con lo que les correspondía hacer por su cargo de pastores, lo que llevó consigo los fuertes males para sus ovejas, para los miembros del pueblo de Dios.

¿Cuál será la reacción del Señor? Movido por el gran cariño que tiene a sus ovejas, “les quitará de pastores de mis ovejas…libraré a mis ovejas de sus fauces para que no sean su manjar”. Y se podrá a sí mismo como su pastor: “Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro”.

Nuestra primera reacción es pensar en el mal comportamiento de estos pastores. Pero viniendo a nosotros mimos tenemos que preguntarnos si no caemos, cada uno desde su situación, en su misma tentación, la tentación de no poner la vida al servicio de los demás, sino servirse y aprovecharse de ellos. Lo nuestro es seguir e imitar a Cristo y poner nuestra vida al servicio de nuestros hermanos.

Un gran premio, una gran suerte: trabajar desde el principio en la viña del Señor

El mensaje de esta parábola es claro. Jesús nos indica que tenemos un Dios que quiere y acepta a todos, incluidos los que llegan a las horas intermedias y a los que llegan a última hora a trabajar en su viña. Él es un Padre bueno y acogedor con todos sus hijos. También con los despistados que se dan cuenta tarde, pero a tiempo, de su equivocación. A los que critican esta actitud, el propietario de la viña, podemos decir el mismo Jesús, les dice: “¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

También la experiencia cristiana sabe dar una acertada interpretación a esta parábola. Trabajar desde bien de mañana, desde el principio, en la viña de Jesús no es un castigo, no es soportar el peso del día y del calor. Es una gran suerte y un gran premio, vivir desde el principio conociendo a Dios, gustar y disfrutar, desde apenas amanecido el día, de la amistad con Jesús. Quien ve las cosas así, no tiene envidia de que Dios ofrezca su casa, su amor a los que llegan “tarde”, sino todo lo contrario, se goza con el bien de los hermanos. ¡Gran suerte trabajar en la viña del Señor!

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Evangelio del Día

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 19, 23-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos».
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados:
«Entonces, ¿quién puede salvarse?».
Jesús se les quedó mirando y les dijo:
«Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo».
Entonces dijo Pedro a Jesús:
«Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.
Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros».

Reflexión del Evangelio de hoy

Mientras preparo el comentario al Evangelio del  día, veo con dolor cómo, en días de altísimas temperaturas, en muchas zonas de la tierra se suceden los incendios; y de año en año con más frecuencia. No deja de ser otro síntoma de un planeta enfermo, que nos está diciendo de tantas formas distintas, pero relacionadas, algo que ya señala el papa Francisco en el número 34 de Fratelli Tutti: “Si todo está conectado, es difícil pensar que este desastre mundial no tenga relación con nuestro modo de enfrentar la realidad, pretendiendo ser señores absolutos de la propia vida y de todo lo que existe. No quiero decir que se trata de una suerte de castigo divino (…) Es la realidad misma que gime y se rebela.”

Y al escuchar la Palabra de Dios a través del profeta Ezequiel y del Evangelio de Mateo, descubro en ella un mensaje de alerta sobre esta tendencia tan humana de querer ser lo que no somos, seducidos por los mensajes que se van colando en nuestra mente que nos dicen que el éxito social y el bienestar económico son la meta fundamental de la vida, por lo que hay que luchar, a cualquier precio y por encima de cualquier otro valor, con el falso planteamiento de que en realidad todo nos pertenece y a todo tenemos derecho; que la vida es subir, escalar puestos, alcanzar la cima mientras construimos la torre de Babel, mientras la tierra se desangra, la pobreza y la injusticia aumentan y cada vez hay más gente descartada.

En la primera lectura, se critica al príncipe de Sidón, y a través de él a todo el pueblo, porque su corazón se ha henchido, se ha creído Dios y ha construido un yo arrogante y prepotente.

En el Evangelio se nos habla de la relación humana con los bienes y la dificultad de que un rico pueda entrar en el reino de los cielos.

Y es que la cuestión es la siguiente: El Evangelio nos abre siempre un camino de sentido y de felicidad humana cuya clave fundamental es el amor, la primacía  del otro. Estamos hechos para el encuentro. Un encuentro que está llamado a vivirse desde la acogida y el reconocimiento del otro como es, la complementariedad, la diversidad, la donación mutua, el favorecer la vida de todos, la búsqueda del bien común. Quizás la palabra que hoy mejor recoge este sentido de la vida en la perspectiva del encuentro, es la llamada a la fraternidad, que es el mejor signo del Reino. Y está  claro que bajo la defensa a ultranza de tantos egoísmos enmascarados en palabras que los justifican como defensa de la libertad, del propio bienestar y de “mis” derechos, lo que en el fondo está en juego es la posibilidad de la existencia del otro como un hermano y no como una amenaza o un competidor. En el fondo, está en juego la posibilidad de vivir verdaderamente el Evangelio de Jesús que vino a servir y no ser servido, que hizo de su vida Eucaristía, pan entregado y vida  derramada, para alimentarnos a todos y sentarnos a la misma mesa.

Oremos hoy esta Palabra de Dios, reconociendo, agradeciendo los dones y bienes que hemos recibido. Preguntémonos si estamos atados a ellos y tenerlos se ha convertido en un fin para nosotros o nos sentimos libres para compartirlos. ¿Cómo Dios nos está llamando a cada uno a utilizar los bienes que de Él hemos recibido para colaborar en su sueño para nuestro mundo hoy?

Dejemos resonar la Palabra de Dios en nuestro corazón que nos dice…”eres hombre y no Dios” y que al mismo tiempo que nos señala la dificultad que tenemos para vivir una sana relación con los bienes nos abre el camino de la salvación. Porque nos puede pasar como a los discípulos que ante la dureza de la palabra de Jesús al hablar de los ricos nos preguntemos también espantados: “Entonces, ¿quién puede salvarse?”. Y es bueno recordar lo que Jesús les contesta y nos contesta a nosotros: “Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo”.

Hna. María Ferrández Palencia, OP
Congregación Romana de Santo Domingo

Evangelio del día

Evangelio del lunes 15 de agosto de 2022

Padre Pedro Brassesco

 Él hace proezas con su brazo 

Introducción

Esta gran fiesta de la Virgen María trae a nuestras vidas, en estos tiempos particularmente inciertos y convulsos, que nos tocan vivir, sabor de Pascua. La figura sin parangón de la Virgen María está íntimamente unida a la de su Hijo, Jesucristo, el Señor. Es de Él de quien recibe este maravilloso don de su Asunción a los cielos, que la comunidad creyente cristiana, la Iglesia, viene proclamando desde los inicios de su caminar por la historia.

Con razón, y en este contexto, hemos escuchado en la Liturgia de las Horas, en el Oficio de Lecturas, las elocuentes palabras de San Juan Damasceno: “…convenía que la Madre de Dios poseyera lo mismo que su Hijo y que fuera venerada por toda criatura como Madre y esclava de Dios”.

Es por esto, que exultantes de gozo y encendidos de esperanza, proclamamos hoy y festejamos a la Bienaventurada Virgen María como aquella que, en estrecha comuión con su Hijo, nos muestra el camino y la meta de nuestro destino final: Vida-sin-sombra-y-para-siempre con quienes nos esperan en la Patria Definitiva.

Así, pues, toda la liturgia de hoy, centrada en la Victoria del Hijo y la Madre, nos llama a vivir una espranza firme y una alegría siempre presente en nuestra vida, incluso cuando el dolor nos visita.

Fr. César Valero Bajo O.P.
Convento del Rosario (Madrid)

Evangelio del dia

Evangelio del domingo 14 de agosto de 2022

Introducción

Hoy volvemos a escuchar un evangelio de gracia, pero molesto. Jesús comienza el viaje a Jerusalén, presentando las exigencias que conlleva para El y cuantos lo siguen. De esta manera, nos sorprende hablando de sí mismo, de su misión y su destino, con palabras misteriosas: Fuego, guerra, división.

Las lecturas de hoy, no sólo el Evangelio, presentan la fe como una lucha, y en el caso de Jeremías, como signo de contradicción, esfuerzo, peligro, como el mismo Cristo vivió la fe. Los profetas expresan en su propia carne que la verdad molesta y lleva a correr riesgos. Lo que hicieron con Jeremías, lo harán después con Jesús y sus seguidores.

En cuanto a nosotros, quizás nos hemos acostumbrado a vivir una fe líquida, conformista, descomprometida. Muchos cristianos, arraigados en una situación de bienestar, tendemos a vivir la fe y considerar el cristianismo como una religión de paz tranquila. Sin embargo, la Palabra de hoy, nos mueve el suelo que pisamos. Que quiere decir, que la fe tal como la vivió Jesús, nunca puede ser neutral. Nos sorprenden sus palabras de fuego, guerra y división, que purifican nuestra fe. Porque si Él lo vivió así poniéndose del lado de los que sufren, sus seguidores no podemos callarnos ante los atropellos cometidos y esto provocará lucha e incomodidad. El mensaje central de hoy es, por tanto, queel creyente vivirá siempre con la cruz de la contradicción.

La fe vivida por Jesús, cuestiona hoy la nuestra: ¿Fue Jesús un creyente? ¿Cómo vivió Él la fe? ¿Qué alcance tiene y a donde me lleva hoy su lenguaje paradójico? Su vida molestó, enfrentó, cuestionó e incordió a muchos. Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten, y será como un signo de contradicción(Lc 2,34) ¿Y nuestra fe?

Fray José Antonio Segovia O.P.
Real Convento de Santo Domingo de Scala Coeli

Evangelio del Día

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Mateo 19, 3-12

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: «¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?».
Él les respondió:
«¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”? De modo que ya no son dos, sino una sola carne.
Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
Ellos insistieron:
«¿Y por qué mandó Moisés darle acta de divorcio y repudiarla?».
Él les contestó:
«Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero, al principio, no era así. Pero yo os digo que, si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— y se casa con otra, comete adulterio».
Los discípulos le replicaron:
«Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse».
Pero él les dijo:
«No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos ellos mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender, entienda».

Reflexión del Evangelio de hoy

Te vi

El relato que nos ofrece el profeta Ezequiel es de una gran belleza, yo diría de una exquisita belleza Si profundizamos en los signos que se van enumerando llegamos a la conclusión de que el autor sagrado lo que realmente pretende es adentrarnos el misterio del Dios de la vida.

La imagen de esa niña recién nacida nos evoca nuestra propia realidad en su esencia más pura, dados/as a luz en medio de la incertidumbre de un hoy que ante el misterio no vislumbra el futuro. Rodeados de miedos, adheridos a nuestra seguridad más próxima, chapoteando en la mediocridad del paso del tiempo que no conseguimos sobrepasar, la rutina que nos despoja del deseo de buscar y vivir en la novedad del tiempo.

Dios se acerca en clave de alianza y nos configura tan profundamente con él  que no podemos serle indiferentes. “Pasé a tu lado y te vi”… y te dije mientras yacías en tu sangre (mediocridad) sigue viviendo y crece como brote campestre”.  Es la invitacióna ser,a dejar que salga la verdadera y bella imagen que somos cada ser humano, por la sencilla razón de haber sido creados por el Dios de la vida, no somos su cliché  sino su imagen y semejanza. “Pasé  de nuevo a tu lado, te vi en la edad del amor, extendí sobre ti mi manto (en el AT el signo por excelencia de pertenencia perpetua) para cubrir tu desnudez y te comprometí con juramento”.

Si hay algo que verdaderamente ennoblezca al ser humano y le dignifique es mostrar la verdad, la bondad y la belleza que esconde su corazón, muchas veces oscurecida por las ásperas falsas verdades que nos ofrece el día a día, creo que nuestro gran desafío como personas y sobre todo como cristianos/as es buscar y besar la tierra de nuestro corazón y la tierra del corazón de quienes compartimos historia porque en ella está trabajando Dios: “pero yo me acordé de la alianza que hice contigo cuando eras moza, y haré contigo una alianza eterna”.       

El que pueda con esto, que lo haga

El desafío del evangelio nos lanza a la aventura dignificante del don que significa ser, ser humano, más allá de las coyunturas sociales, morales, estructurales e incluso biológicas…nos sitúa frente a dos realidades: la alianza que parte de la unión de un hombre y una mujer, como proyecto de Dios, “lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”y el don de la alianza del que deja todo por el Reino «No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos ellos mismos por el reino de los cielos”.En ambos casos la iniciativa siempre es de Dios.

Lo sorprendente del relato, es la actitud moralizante de los fariseos, que solo aceptan como falta la infidelidad de la mujer, del varón infiel ni palabra. Es imagen de la forma solapada que tenemos para afirmarnos en nuestras teorías condenatorias,  que nos  llevan a acciones extremas, convenciéndonos de estar en la verdad: “Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse»

Pero la lógica de Dios tiene otro sello, el sello del Espíritu, que sondea lo profundo del corazón para ayudarnos a ver con los ojos del alma y descubrir que su proyecto es un proyecto eterno, que nos une con El irresistiblemente, que va más allá de lo que percibe nuestra pobre mirada humana.

Es un proyecto de amor, que da consistencia a esa alianza: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, ¿y serán los dos una sola carne”? De modo que ya no son dos, sino una sola carne”. Solo el amor unifica. Y solo el amor mantiene vivo el deseo de entregar la vida por la causa de Jesús “El que pueda entender, entienda”.

Sería bueno preguntarnos si en nuestro corazón arde el fuego del amor o ponemos medida a la fidelidad y nos cuestionamos hasta donde puedo llegar. Cuando el amor brilla en el corazón mi fidelidad cubre la desnudez del otro. 

Sor Mª Ángeles Martínez, OP
Monasterio Inmaculada de Atacama, Copiapó – Chile

Evangelio del día

Evangelio del jueves 11 de agosto de 2022

Padre Pedro Brassesco

 Hasta setenta veces siete 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21 – 19, 1

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.
El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”.
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

Reflexión del Evangelio de hoy

Vuelve la voz de Ezequiel a remover nuestros días de estío. Eco de Dios en medio de este tiempo donde nos parece vivir en una casa rebelde. Los ojos han perdido la capacidad de ver y se conforman con una mirada superficial que busca tranquilizar conciencias. Los oídos, aunque oyen, sólo buscan satisfacción en palabras de conveniencia. Oyen lo que les interesa oír, pero no saben escuchar. Es entonces cuando el profeta debe poner tierra por medio, bajo la guía de su Señor. Ser emigrante a plena luz del día y a la vista de todos. Cautivos al destierro como profetas incómodos ante tanto ciego y sordo. Hoy la presencia del cristiano debe de ser un testimonio vivo de un hogar nuevo. Señal, aunque no quieran verlo, de una casa donde se vive en paz, porque Dios habita en ella.

En esa casa no hay necesidad de preguntar cuántas veces hay que perdonar. Ese es el gran desafío que Jesús nos lanzó: aprender a perdonar. Sin contar las veces. Jesús nos da la respuesta y lo hace a través de una parábola. Un siervo que le debía tanto a su patrón que nunca le iba a poder pagar, aunque tuviera varias vidas, recibe el perdón de toda la deuda. Pero aún perdonado no tuvo compasión ante quien le imploró misericordia. El patrón oyó lo que había hecho y se enojó porque su siervo no había aprendido nada al ser perdonado.

Perdonar no es fácil. El dolor no desaparece de un día para otro. Necesitamos ayuda, la fuerza misma que proviene de un Jesús misericordioso. Todo comienza cuando estamos dispuestos a perdonar. Y el perdón de Dios es nuestra gran motivación para perdonar. El primer paso para perdonar es recordar todo lo que Dios nos perdonó. Perdonar es soltar el resentimiento y el deseo de hacer pagar. Jesús habla de perdonar al hermano, no de perdonar una falta u otra. El perdón se dirige al ofensor. Por eso no depende del tipo de falta. No se puede perdonar más o menos. O sí, o no. La parábola nos hace volver la mirada hacia la misericordia de aquel que nos perdona infinitamente y nos da la oportunidad de volver a empezar. Al abandonarnos en su gracia, seremos capaces entonces de perdonar las ofensas que nos haga el prójimo.

El perdón purifica el corazón, renueva el alma y los lava. El perdón nos da salud, nos acerca a Dios y transforma nuestro corazón rencoroso y lleno de resentimientos, en un corazón misericordioso. Un hijo que busca ser como su padre, busca, por encima de todo, en el corazón. La Pascua verdadera sucede en el corazón de aquel que celebra, en la vida, el don del perdón. La renovación de nuestra alma solo sucede cuando el perdón es algo divino en la vida, porque humanamente, hay situaciones que nosotros no conseguimos perdonar.

¿No crees que merece la pena pedir a Dios que nos enseñe a perdonar como El perdona?

Fr. Martín Alexis González Gaspar O.P.
Convento de Ntro. Padre Sto. Domingo (Torrent)

Evangelio del día

Evangelio del miércoles 10 de agosto de 2022

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Juan 12, 24-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.

El que ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiere servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará».

Reflexión del Evangelio de hoy

Multiplicará la cosecha de vuestra caridad

Cuanto más nos adentramos en el seguimiento de Jesús, entendemos mejor sus palabras y la de sus apóstoles, en este caso las de san Pablo. Tomando un ejemplo agrícola nos asegura que el que siembra tacañamente va a cosechar poco, pero el que siembra generosamente, el que realice y amontone las obras que Jesús nos ha pedido, su cosecha será abundante y su unión con Cristo será cada vez más intensa.

El pensamiento de Pablo va en la línea de las palabras de Jesús: “Sin mí no podéis nada”, a las que podemos añadir que con él podemos mucho, podemos todo. Él “os proporcionará y aumentará la semilla”. Todos los seguidores de Jesús tenemos esta experiencia. Cuando nos hemos creído que nosotros somos suficientes para caminar por su mismo camino y realizar las obras que nos pide… nos hemos encontrado con las manos vacías. Pero cuando caminamos unidos a Él, hemos recibimos las fuerzas necesarias para “multiplicar la cosecha de nuestra caridad”.

El amor al hermano

Jesús no se cansó de repetirnos que lo más importante de nuestra vida es el amor, en sus tres dimensiones de amar a Dios, al prójimo y a nosotros mismos. Hoy Jesús nos insiste en el amor a los demás. Nos dice que tenemos que parecernos al grano de trigo que para que dé fruto tiene que ser enterrado en la tierra y morir. Eso mismo tenemos que hacer nosotros. Con expresión que nos puede confundir también nos dice que el que se ama a sí mismo, se pierde. En realidad amarse a sí mismo, buscar el propio bien, también nos lo manda Jesús: “ama al prójimo como a ti mismo”. Lo que aquí nos quiere decir Jesús es que no pongamos como primer y único amor el amor a nosotros mismos, olvidándonos de los demás. Lo nuestro es entregar la vida por los demás y esa es la mejor manera de amarles a ellos y amarnos a nosotros mismos. En esa entrega nuestro corazón queda repleto de alegría. El que gana, el que solo piensa en sí mismo, pierde, y el que se pierde a si mismo, en la entrega a los demás, ese gana, se encuentra con la felicidad que todos vamos buscando.

El ejemplo de Jesús es bien claro. Vivió para nosotros, entregó su vida por nosotros, por seguir predicando su mensaje de amor y no callarse…y por eso volvió a ganar la vida, el Padre le resucitó.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Evangelio del dia

Evangelio del martes 9 de agosto de 2022

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Mateo 25,1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: – «Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz:
– ¡Que llega el esposo, salid a recibidlo!.

Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas». Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os compréis».

Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos». Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco». Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

Reflexión del Evangelio de hoy

Te desposaré en la fidelidad

Oseas es un profeta menor del norte de Israel que vive una experiencia de amor e infidelidad de su esposa y en ella se ha inspirado para concebir la relación de Dios con su pueblo. Dios, el Esposo fiel, que hace alianza de amor con su pueblo y que proclama tan bellamente el profeta.

 Un Dios que quiere realizar un pacto de amor con su pueblo y ese pueblo se prostituye con los ídolos tras los cuales se prosterna.

Pero Dios siempre busca la manera de reconducir esa historia de Amor con su pueblo, con cada uno de nosotros. Buscará desiertos, lugares propicios para escuchar la Palabra, y esperará encontrar dispuesto nuestro corazón, “Yo te desposaré para siempre, te desposaré en la justicia y el derecho, en el amor y la misericordia; te desposaré en la fidelidad, y tú conocerás al Señor (Os 2, 21-22)

Estas son las claves de las nuevas relaciones que establece Dios con su pueblo. ¿Es posible que sean para nosotros, nosotras, paradigma para establecer las nuestras?

¡Llega el esposo!

En las primitivas comunidades cristianas la parusía, o segunda venida de Jesucristo, era un tema que aparece con frecuencia y que evidencia la preocupación de la Iglesia primitiva en “tensión escatológica”.  “A la hora que menos penséis” (Lc12,40)

Es especialmente en el evangelio de Mateo donde se alude a esta venida súbita e inesperada especialmente en los capítulos 24 y 25.

Así Mateo recurre a parábolas que tratan de mantener y, sobre todo, de exponer las actitudes que se deben de tener para vivir a la espera de la venida del Señor, como se refleja en todo el capítulo 25 de Mateo.

En los versículos del evangelio de hoy, describe una boda judía con su ritual característico. A la puesta del sol, el novio va con su cortejo a la casa de la novia donde hacen fiesta las “vírgenes”, las jóvenes compañeras de la novia, a la espera del novio, para proseguir la ceremonia, organizar el cortejo hasta la casa del novio  donde tendrá lugar el banquete nupcial.  Hoy todavía se conserva parte de este ritual en algunas ciudades de Palestina. 

Atendiendo al texto, los exégetas apuntan que la narración, tal como se describe, presenta algunas dificultades de interpretación, pero sin duda, la composición del texto se realiza para poder extraer una enseñanza para la comunidad cristiana, tiene un carácter claramente didáctico. Alertar a las comunidades de las consecuencias de las acciones en nuestra vida.

Nos dejamos interpelar por la Palabra que también se dirige hoy a nosotros.

Hay algunos elementos de la parábola que pueden ayudarnos en nuestro camino hacia el encuentro con el Señor, el encuentro con el Señor al final de los tiempos, mi encuentro con el Señor en la Eucaristía, mi encuentro con el Señor en las circunstancias y personas con las que comparto mi día a día, porque el Señor está, acompaña nuestro camino, pero tenemos que encontrarnos con El (Mt 28,20)

Diez jóvenes doncellas simbolizan la espera de la comunidad cristiana. En la actitud de las vírgenes encontramos dos modos de prepararnos para caminar por la vida como creyentes. Una actitud distraída, superficial o una espera vigilante, preparada, atenta, alegre, pronta para salir al encuentro del Señor en sus múltiples manifestaciones.  De aquí la importancia en nuestra vida de estar atentos, tomar conciencia, vigilar.

Cada una de estas vírgenes va provista de sus lámparas, estas lámparas pueden simbolizar nuestro corazón, nuestra interioridad, nuestro yo más profundo, la sede de nuestros buenos y malos deseos. La finalidad de estas lámparas es dar luz, iluminar, en el caso de la parábola iluminar el camino del cortejo.

Pero la lámpara en si no ilumina, necesita del aceite, de la fe, del amor. Es momento para reflexionar sobre nuestras lámparas, sobre la luz que emitimos, ¿somos luz que ilumina a los que caminan junto a nosotros en el camino de la vida? ¿Qué provisiones, que aspectos hemos de cuidar para mantener viva la fe, el amor? ¿Qué necesita mi vida para iluminar el camino?

En este camino de la vida, donde, como decía al principio, desde el punto de vista creyente, caminamos hacia un encuentro definitivo con el Señor, en el día a día de cada uno, cada una, sabe que las oportunidades de encontrarnos con Él son muchas. En ese final de nuestra vida también Mateo pone en boca de Jesús todas las posibilidades de encuentro con Él «Porque tuve hambre ymedisteis de comer, tuve sed y medisteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme» (Mt 25, 35-36).

Hoy la Iglesia conmemora la fiesta de Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein)

“detrás de la figura sagrada, de la monja carmelita convertida en santa, se escondía una de las mentes más brillantes de Europa, una pensadora que pudo haber cambiado radicalmente el camino de la filosofía alemana y, con ella, de todo el pensamiento contemporáneo” (art. Publicado en 2020)

Toda su vida fue una búsqueda de la Verdad, primero a través de la Filosofía, de los escritos de Santa Teresa de Jesús después (fue el desierto al que le llevó Jesús para su encuentro definitivo con El), y después a través de su consagración a Dios en el Carmelo. (Nos hiciste Señor para Ti y nuestro corazón está inquieto h hasta que descanse en Ti (San Agustín)

Hna. Mariví Sánchez Urrutia
Congregación de Dominicas de La Anunciata