Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
Todos sois uno
La fe es algo absolutamente gratuito y por tanto es patrimonio de todos: judíos y gentiles. Cierto que Dios, en su designio de Amor escogió a un pueblo, necesitaba una coyuntura concreta, un medio en que adquirir y desarrollar su humanidad (lo mismo que necesitó unos padres).
Ya así comenzaba la kénosis, el abajamiento del Dios humanado en Jesús “tenía que parecerse en todo a nosotros menos en el pecado”. Así como los padres estaban preparados por la Gracia precedente, el pueblo escogido fue concreto y preparado desde siglos y siglos; hubo judíos que fueron fieles y esperaron y acogieron y reconocieron y por lo tanto gozaron de la Salvación del Mesías… pero la mayoría “no supieron reconocerle” …eran signos y realidades en que se presentaba, que no concordaba con lo que se habían imaginado: un soberano todopoderoso y vencedor. Cuando vieron un Niño, un pobre, un sencillo y humilde, un derrotado… … no pudieron traslucir su Amor y Misericordia, su mensaje y su vida, sus milagros, su promesa y su paz. Y el Reino no podía pararse, porque era para todos.
Pablo lo había vivido en su propia carne, había comprendido que los gentiles, los que los judíos despreciaban y no consideraban dignos, podían y debían reconocer al Salvador, ese que era para los pobres y pequeños, para los que no cuentan, para los de fuera… y a Pablo se le revela desde el Cielo, con la firmeza de haber sido rescatado y convencido. Así afirma que son (los gentiles): miembros del mismo Cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo; que él, como testigo, les va a conducir a aceptar este Regalo que, desde siempre también, estaba destinado para ellos.
Conocemos así que nuestro Dios, en su Hijo por el Espíritu Santo, es Padre y Salvador de todos los hombres y les asiste para la Redención final. Importa aprovechar el momento y la Gracia que se nos otorga en cada momento y reconocer que todo es DON sin merecimiento de nuestra parte. Hoy la Iglesia reclama nuestra unidad.
Y sed agradecidos
El profeta Isaías nos viene expresando la Paz universal que trae el Salvador, la que produce en los hombres que lo reconocen y se dejan iluminar y poseer por Él; manifiesta su interés por rescatar a los elegidos, por volver a buscarlos y hace que cesen las divisiones y resistencias porque Dios lo es de todos “esclavos y libres, hombres y mujeres… porque todos sois uno en Cristo Jesús”.
Impresiona constatar cómo la intervención continua de Dios en su pueblo conduciendo y haciendo relucir la justicia, la protección, la insistencia, la manifestación de su Amor…va rodeando a los hombres en el camino hacia la Plenitud para el que estamos todos llamados y cómo estos caminos no difieren de los nuestros; así podemos reconocer nuestra historia personal y eclesial en lo que ocurrió hace miles de años. Por eso esta oración de gratitud, de confianza, de deseo de plenitud y su posibilidad en “Dios mi Salvador”, en la real certeza de esta Salvación que me hace no temer… es la actitud del pueblo fiel que avanza en su momento y lugar, sabiendo que la hazaña de Dios en favor de su pueblo fue y es descomunal, de proporciones tan grandiosas imposibles para nosotros y tan evidente de su intervención.
Por eso el hombre que ha sabido lo que es la protección del Dios que nos salva y se da cuenta de que estos gestos son sólo la señal del Amor que Dios nos tiene… no para de dar gracias y alabarle, de proclamar a todos su Salvación que percibe, en la que vive y cimenta su vida, se convierte en evangelizador y testigo.
Él nos amó primero
El Evangelio es exigente, pero no pide nada que no sea lógico. Para ser cristiano y seguidor fiel de Cristo no hay que ser excepcionales sino normales, con la firmeza propia de un ser humano sensato y responsable, cuerdo y consecuente. Porque la fe y su práctica, no nos hacen superiores sino plenamente humanos y ya esta naturaleza requiere una formación en los principios, tareas y costumbres que hacen posible que todo el que se ha encontrado con Jesús sea fiel (Él se hizo hombre) y el que no lo ha encontrado, tiene camino abierto para ello.
Este Evangelio no hace sino describir la actitud del que comprende y valora la comunión entre los hombres, cada cual, en su puesto, porque todos somos miembros y colaboradores del Bien. ¡Cuánto más si pasamos estas actitudes al Seguimiento de Cristo, entramos en la relación base del seguimiento que es producto del Amor recibido y correspondido!
Habiendo recibido tantos beneficios de nuestro Amo que nos amó primero, sólo tendría que brotarnos la gratuidad y la entrega, como Él: hasta el extremo. En el Amor no hay medida ni límites, además este amo, ya vemos que es capaz de servirnos a nosotros sus siervos a los que llama Amigos… con Él nos salimos de los límites de la norma y somos contagiados e invadidos de su gran Amor y servicio hasta dar la vida. Ojalá que podamos captar esa realidad que nos hará Felices y capaces de construir el mundo nuevo donde habite la justicia y el derecho y no haya opresores ni oprimidos y habrá una tierra y un cielo nuevos; así viviendo el Evangelio estaremos instalado los cimientos para ello, será algo que nos deslumbrará y asombrará.
Puesto que los hombres estamos configurados para ser constructores de Paz , ¿podríamos decir que aún es posible soñar y esperar que cesen las guerras?
Al menos pongamos nuestro granito de arena en el propio entorno y Aquel que todo lo puede hará cosas mayores.
Sor Inés Carmen de la Fuente Ruiz O.P.
Monasterio de San Blas – Lerma (Burgos)
