Evangelio del Día

Evangelio del martes 15 de abril de 2025

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 21-33. 36-38

En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo:
«En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar».

Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.

Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.

Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:
«Señor, ¿quién es?».

Le contestó Jesús:
«Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».

Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo:
«Lo que vas a hacer, hazlo pronto».

Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.

Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.

Cuando salió, dijo Jesús:
«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros:
“Donde yo voy no podéis venir vosotros”».

Simón Pedro le dijo:
«Señor, ¿adónde vas?».

Jesús le respondió:
«Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».

Pedro replicó:
«Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».

Jesús le contestó:
«¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».

Reflexión del Evangelio de hoy

El sentido de una vida

Los días de la Semana santa que transcurren entre el entusiasmo del Domingo de Ramos y la tragedia del Viernes Santo, son días para meditar el porqué y el para qué de estos acontecimientos que afectan a Jesús, pero también a la Iglesia, al mundo y a cada uno de nosotros en particular.

La figura del Siervo de Yahvé nos introduce en los sentimientos íntimos de Jesús en aquellos momentos y nos muestran un camino para todos.

El misterioso Siervo de Yahvé del libro de Isaías se interroga sobre el sentido de su vida en medio de los acontecimientos que la componen. Se encuentra en un momento de desconsuelo, desánimo, sensación de fracaso: “En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas”.

Pero la fe le abre a otra voz que le señala otra interpretación de su existencia y otro horizonte: él no es fruto de la casualidad y del azar, sino alguien amado y elegido desde toda la eternidad: “estaba yo en el vientre y el Señor me llamó; en las entrañas maternas y pronunció mi nombre”. Dios le dio identidad y le mostró su amor: “Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso”.

Desde esta experiencia el Siervo de Yahvé reinterpreta su vida: “Mientras yo pensaba: en vano me he cansado…en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios”.

Desde esta convicción, se abre a una nueva perspectiva de futuro: no ya el fracaso, sino la ampliación de su misión: “Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob. Te hago luz de ls naciones para que mi salvación llegue al confín de la tierra”.

¿Dolor y gozo juntos?

Dos sentimientos, al parecer contrapuestos, embargan a Jesús en este relato de la última cena según san Juan: “Jesús, profundamente conmovido, dijo: “Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar”. Dolor, sentimiento de traición, desilusión, fracaso, frustración, abandono….

Pero Jesús dice después: “Ahora es glorificado el Hijo del hombre y Dios es glorificado en él (Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará”).

La clave de comprensión son las palabras “gloria” y “glorificar”. Como nos indicó el cardenal Martini, “gloria” significa ordinariamente honor, homenaje, poder, éxito y, sin embargo, aquí indica un camino de infamia, maltrato y tortura por parte de los hombres: la gloria se manifiesta en el Crucificado.

 ¿Por qué y para qué? “Juan nos lo hace comprender: “Porque Dios amó tanto al mundo que le dio a su hijo” (Jn 3, 6). Y, por lo tanto, Dios muestra su gloria amando al mundo y, amándolo así: dando a su Hijo mediante la cruz. Dios se revela en su gloriosa plenitud por medio de esta donación total que Jesús hace libremente de sí mismo por nosotros” (C.M. MARTINI, El Evangelio de san Juan, 117-118). Y esto es lo que pedimos en el padrenuestro cuando decimos: ” santificado (glorificado) sea tu nombre”.

En esta hora de traición y abandono, Jesús muestra su opción amorosa y salvífica en el diálogo que tiene con cada uno de sus interlocutores: confianza y confidencia con el discípulo amado (aunque no denuncia a Judas, ya que cuando se va, los demás piensan que es para algo bueno: cuidar los detalles de la cena o atender a los pobres). Con Judas, dándole un trozo de pan untado de su mismo plato (símbolo de cortesía, predilección, honor en aquella cultura), o sea, renovándole su amistad. Y cuando Judas la rechaza, Jesús le da otra muestra de amor, respetando su libertad: “lo que creas que has de hacer, hazlo pronto.”

Lo mismo con Pedro: le confronta con su vanidad y bravuconería, le señala lo frágil de su fidelidad, pero le abre a su confianza y a su futuro: “donde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde”.

Profundicemos contemplativamente en los sentimientos de Jesús, sus opciones y sus acciones. Veamos que son milagros eficaces de su amor salvador.

Démosle gracias y pidamos imitarle.

Fr. Francisco José Rodríguez Fassio
Convento de Santo Domingo Ra’ykuéra – Asunción (Paraguay).


Evangelio del Día

Evangelio del domingo 3 de noviembre de 2024

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
Respondió Jesús:
«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».
El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Reflexion del Evangelio de hoy

Dios quiere ser amado en los hermanos

El evangelio nos presenta al escriba que quiere profundizar de lleno en la Torah, la ley del judaísmo, ¿con qué intención? ¿sabiendo que Jesús sería capaz de ofrecerle una interpretación profética? Ya hemos visto la importancia que tenía y tiene en el judaísmo el primer mandamiento expresado con el Shema Israel, que es parte de nuestra primera lectura. La cuestión no quedará en una simple disputa escolástica, como alguno ha sugerido. El alcance de esta discusión y la pregunta del escriba (¡insólita!) ponen en evidencia muchas cosas del judaísmo que también nos afecta a nosotros. Lo primero que salta a la vista es que el segundo mandamiento no le va a la zaga al primero, que pone el acento en el amor de Dios. La versión de Marcos no está calcada ni del texto hebreo, ni de la versión griega de los Setenta… con algunas variantes de tipo helenista quiere llegar a una propuesta decisiva.

En realidad, el texto de Mateo 22,39s (que habría usado a Marcos como fuente) lo ha dejado mucho más claro: “de estos dos mandamientos penden toda la ley y los profetas”. El escriba, en verdad, no pretendía poner una trampa a Jesús como querían los saduceos, un momento antes, a propósito de la resurrección. Pero en su búsqueda de aclaración se ha quedado una cosa clara: el amor a Dios y el amor al prójimo no tiene “esencias” distintas. El amor, en el NT es de un “peso” extraordinario que no queda ni en “eros”, ni en “amistad”. Es un amor de calidad el ágape que tiene que ser el mismo para Dios y para los hombres, aunque los mandamientos se enumeren en primero y segundo. Esta sería la ruptura que Jesús quiere hacer con la discusión de los letrados sobre el primero o el segundo, sobre si el prójimo son los de “mi pueblo” o no.

Porque no sería una novedad que Jesús simplemente subrayara una cosa que se repetía hasta la saciedad. El que se añada el segundo mandamiento, de amor el prójimo, viene a ser lo original; porque con ello se ha revelado que el amor a Dios y el amor el prójimo es lo más importante de la vida, son un solo mandamiento, en realidad, y así podríamos entender el final del v.31 : ”No hay otro mandamiento más importante que éstos”, pues el ?ντολ? (mandamiento) está en singular y nos permitiría entender que el mandamiento más importante por el que preguntaba el escriba son los dos primeros que vienen a ser uno sólo. Porque no hay dos tipos de amor, uno para Dios y otro para el prójimo, sino que con el mismo amor amamos a Dios y a los hombres. Diríamos que son inseparables, porque el Dios de Jesús, el Padre, no quiere ser amado El, como si fuera un ser absoluto y solitario. Así resuelve Jesús la gran pregunta del escriba, de una manera profética e inaudita.

Lo que el evangelio de hoy quiere poner de manifiesto es que el amor a Dios debe también ser amor a los hombres. Muchos se contentan con decir que aman a Dios, pero muchas veces se encuentran razones para no amar al prójimo. Aquí es donde el evangelio se hace novedad maravillosa para todos los seguidores de Jesús y para todos los hombres. Se pueden sacar las consecuencias, al hilo de la carta a los Hebreos, que si Jesús ha ofrecido un sacrificio eterno, si no son necesarios los sacrificios rituales a Dios, es porque Jesús ha hecho posible la religión del amor, pero no solamente a Dios, sino a todos los hombres. Eso es lo que identifica al Dios verdadero de los dioses falsos: quiere ser amado en los hermanos. Es eso lo que el autor de la 1Jn pone de manifiesto en su teología de que Dios es amor y no podemos amar a Dios a quien no vemos si no amamos al hermano a quien vemos. Pero esta teología la puso en marcha el profeta de Galilea, Jesús de Nazaret… y por ello dio la vida.

Fray Miguel de Burgos Núñez
(1944-2019)


Evangelio del Día

Evangelio del domingo 20 de octubre de 2024

Padre Pedro Brassesco

Reflexion del Evangelio de hoy

La propuesta de la gloria “sin poder”

El evangelio nos ofrece una escena llena de paradojas, en las que se ponen de manifiesto los intereses de sus discípulos y la verdadera meta de Jesús en su caminar hacia Jerusalén. Ha precedido a todo esto el tercer anuncio de la pasión (Mc 10,33). La intervención de los hijos del Zebedeo no estaría en sintonía con ese anuncio de la pasión. Es, pues, muy intencionado el redactor de Marcos al mostrar que el diálogo con los hijos del Zebedeo necesitaba poner un tercer anuncio. El texto tiene dos partes: la petición de los hijos del Zebedeo (vv.35-40) y la enseñanza a los Doce (vv. 42-45). Es un conjunto que ha podido componerse en torno al seguimiento y al poder. De la misma manera que antes se había reflexionado sobre el seguimiento y las riquezas (10,17ss), en el marco del “camino hacia Jerusalén”.

Pensaban los discípulos que iban a conseguir la grandeza y el poder, como le piden los hijos del Zebedeo: estar a su derecha y a su izquierda, ser ministros o algo así. Incluso están dispuestos, decían, a dar la vida por ello; la copa y el martirio es uno de los símbolos de aceptar la suerte y el sufrimiento y lo que haga falta. Es verdad que en el AT la “copa” también puede ser una participación en la alegría (cf Jr 25,15; 49,12; Sal 75,9; Is 51,17). Podemos imaginar que los hijos del Zebedeo estaban pensando en una copa o bautismo de gloria, más que de sufrimiento. Sin embargo la gloria de Jesús era la cruz, y es allí donde no estarán los discípulos en Jerusalén. Lo dejarán abandonado, y será crucificado en medio de dos bandidos (fueron éstos lo que tendrían el privilegio de estar a la derecha y la izquierda), como ignominia que confunde su causa con los intereses de este mundo. Esta es una lección inolvidable que pone de manifiesto que seguir a Jesús es una tarea incomensurable.

Es verdad que los discípulos podrán rehacer su vida, cambiar de mentalidad para anunciar el evangelio, pero hasta ese momento, Jesús camina hacia Jerusalén con las ideas lúcidas del profeta que sabe que su causa pude ser confundida por los que le rodean y por los que se han convertido en contrarios a su mensaje del Reino. Los grandes tienen una patología clara: dominan, esclavizan, no dejan que madure nadie en la esencia ética y humana. Por el contrario, el Dios del Reino, trata a cada uno con amor y según lo que necesita. Ahí está la clave de lo que quiere llevar adelante Jesús como causa, aunque sea pasando por la cruz. Un Dios que sirve a los hombres no es apreciado ni tenido como tal por lo poderosos, pero para el mensaje del evangelio, ese Dios que sirve como si fuera el último de todos, merece ser tenido por el Dios de verdad. Es eso lo que encarna Jesús, el profeta de Nazaret.

Llama la atención el v. 45, “el dicho” sobre el rescate (lytron) por todos. Este dicho puede estar inspirado en Is 53,12. No se trata propiamente de sacrificio ni de expiación, porque Dios no necesita que alguien pague por los otros. No es propiamente hablando una idea de sustitución, aunque algunos insisten demasiado en ello. Es, en definitiva, una idea de solidaridad con la humanidad que no sabe encontrar a Dios. Y para ello Él debe pasar por la muerte. No porque Dios lo quiera, sino porque los poderosos de este mundo no le han permitido hacer las cosas según la voluntad de Dios. Pensar que Jesús venía a sufrir o quería sufrir sería una concepción del cristianismo fuera del ámbito y las claves de la misericordia divina. El Hijo del Hombre debe creer en el ser humano y vivir en solidaridad con él. El Cur Deus homo? (por qué Dios se hizo hombre) de Anselmo de Canterbury, debería haberse inspirado mejor en esta idea de la solidaridad divina con la humanidad que en la visión “jurídica” de una deuda y un pago, que sería imposible. Dios no cobra rescates con la vida de su Hijo, sino que lo ofrece como don gratuito de su amor.


Evangelio del día

Evangelio del sábado 19 de octubre de 2024

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 8-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios, pero si uno me niega ante los hombres, será negado ante los ángeles de Dios.
Todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre podrá ser perdonado, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.
Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué razones os defenderéis o de lo que vais a decir, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir».

Reflexión del Evangelio de hoy
Ilumine los ojos de vuestro corazón

San Pablo expresa su alegría por el buen y cristiano comportamiento de la iglesia de Éfeso. Y les recuerda su oración por los pertenecientes a esta iglesia de Éfeso. En esa oración tiene varias peticiones. Pide que el Dios de nuestro Señor Jesucristo les conceda “el espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo”. Pide igualmente que “ilumine los ojos de vuestro corazón” para “que comprendáis la esperanza a la que os llama” para que también así comprendan “la riqueza de gloria que da en herencia a los santos”.

De esa manera, Dios manifiesta su gran poder también en la persona de Cristo a quien resucitó de entre los muertos y “lo sentó a su derecha en el cielo”.

Apoyándonos en esta lectura podemos dar gracias a Dios por todos los dones que nos ha regalado en su Hijo Cristo Jesús. No solo nos ha dado la vida humana, sino también la vida divina, haciendo de verdad hijos suyos. Nos ha regalado igualmente a todos las verdades para vivir ya con sentido e ilusión en esta vida terrena, antes de disfrutar de la vida de total felicidad después de nuestra muerte y resurrección. Es claro que el agradecimiento a Dios debe llenar nuestro corazón. 

Al que ante los hombres se pone de parte del Hijo del Hombre, él se podrá de su parte ante los ángeles de Dios

Breve pero denso en sus enseñanzas el evangelio de este día. La primera enseñanza de Jesús nos es fácil de entender y de estar de acuerdo con ella. La misma postura que adoptemos sobre Jesús delante de los hombres esa será la que adopte Jesús ante “los ángeles de Dios”. Si le aceptamos y confesamos, si le negamos… Él hará lo mismo ante ese tribunal angélico, es decir, ante Dios.

También nos congratula el amplio perdón de Dios con nosotros. Está siempre dispuesto a perdonarnos, incluso cuando hablemos mal del Hijo del Hombre. Pero de entrada nos deja perplejos la otra afirmación de Jesús: “al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará”. No parece compatible con el ofrecimiento continuo por parte de Dios de su perdón y de su amor. Los teólogos buscan una explicación. La más común entre ellos es que no se puede perdonar al que blasfeme contra el Espíritu Santo porque es el que viendo la luz, el que viendo su mal, no quiere arrepentirse, no quiere recibir el perdón, es “el que rechaza y resiste con obstinación al Espíritu Santo”.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Evangelio del miércoles 9 de octubre de 2024

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,1-4

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:

«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».

Él les dijo:

«Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en la tentación»».

Reflexión del Evangelio de hoy
El Evangelio de Pablo

En esta semana XXVII del Tiempo ordinario hemos comenzado a leer la carta de S. pablo a los Gálatas, y si hay algo que ya nos hemos dado cuenta es que Pablo predica el Evangelio de Jesucristo, ese que le fue revelado directamente por el Señor Jesús.

Pero dicho Evangelio como se puede ver a lo largo de todos los escritos paulinos, tiene muchos matices y aspectos que dan para una vida dedicada al estudio y la oración.

Podíamos destacar la gratuidad de la salvación, la criatura nueva que somos después de la Pascua de Jesús y un largo etcétera. Pero nos vamos a fijar en algo que lo enlaza con el evangelio de hoy, y es que Dios, para Pablo, ya no es el Dios de Abraham,Isaac y Jacob, Dios es para él, el Padre de Nuestro Señor Jesucristo ¡Qué “título” tan entrañable! Y lo que debe hacernos saltar de gozo es que, en palabra de Pablo, recibisteis un Espíritu que nos hace clamar “Abba, Padre”. Vemos como el Apóstol ha captado eintuido el fondo del misterio: La Pascua nos hace hijos en el Hijo.

Abbá Padre

Y esto es lo que precisamente el Señor Jesús nos dice en el evangelio que hoy se proclama “cuando oréis decid: Padre” Eso es todo. No hacen falta métodos de relajación, ni tal o cual cosa. Es algo muy simple, sencillo. Como un niño ante su progenitor ¡Papá! Esta es la oración de Jesús, esto es lo que nos enseña que debemos decir al entrar en diálogo con Dios.

Y esta Buena Noticia, este Evangelio de Jesucristo, es lo que debemos proclamar, de ahí que hagamos nuestras las palabras del salmo como programa de vida: Id al mundo entero y proclamad el evangelio.

Id y decid a todos que Dios es Padre y nos ama.

Este es el evangelio que Pablo proclama y el que proclama todo buen predicador que se precie, como lo fue san Luis Bertrán cuya memoria hoy celebramos. Feliz día a cuantos celebran a tan gran santo, colombianos, valencianos, dominicos, estudiantes OP, …

Sor Flora Mª Collado O. P.
Monasterio Sancti Spiritus – Toro


Evangelio del día

Evangelio del viernes 18 de agosto de 2023

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Mateo 19,3-12

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba:
«¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?».Él les respondió:
« ¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”? De modo que ya no son dos, sino una sola carne.
Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».Ellos insistieron:
« ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de divorcio y repudiarla? ».Él les contestó:
«Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero, al principio, no era así. Pero yo os digo que, si uno repudia a su mujer – no hablo de unión ilegítima – y se casa con otra, comete adulterio».Los discípulos le replicaron:
«Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse».Pero él les dijo:
«No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos ellos mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender, entienda».

Reflexión del Evangelio de hoy
«Os di una tierra»

La historia del pueblo elegido es una historia tremenda, historia de desobediencia e idolatría, de esclavitud sufriente con toda clase de padecimientos, conflictos, desiertos y plagas. También es la historia de quien permaneció fiel a su pueblo. Hoy la escuchamos en boca de Josué, poco antes de su muerte, en un acelerado relato pronunciado ante las tribus y autoridades israelitas. En él recuerda a los presentes la necesidad agradecer aquel tiempo de abundancia en la tierra de la promesa.Cuando nos olvidamos de quien recibimos todo bien, se repite la historia. De la complacencia en nuestro propio bienestar al temor, hay un corto trecho. Hoy vivimos tiempos que amenazan nuestra prosperidad y nuestra abundancia. Tememos perder lo que hemos conquistado, legítimamente, con nuestro esfuerzo. Nuestro éxito, en esta competencia feroz que hemos normalizado, hace que nos olvidemos no solo de Dios sino también de los hermanos.Lo vemos porque no nos gusta que a otros les sea regalado lo que a nosotros nos ha costado tanto alcanzar. No nos gusta ver las ayudas que prodiga el Estado a todos los que llegan sin legitimidad -sin papeles- y se les da de balde lo que a nosotros nos ha costado años de ascético estudio, de duras oposiciones, de hacer frente a costosas hipotecas, de sacrificios sin cuento para criar a los hijos, de pago religioso de elevados impuestos para disfrutar de unos recursos públicos que funcionen y claro está, no nos gusta ver ni urgencias colapsadas en los hospitales ni nuestras citas médicas demoradas sine die, tampoco sentir amenazadas nuestras pensiones.Nosotros también nos hemos olvidado de quien nos ha sacado de una historia de muerte a una historia de vida cumpliendo todas sus promesas.¿Legitimo mi bienestar en mi propio esfuerzo, olvidando que toda garantía descansa en su misericordia?

«Por la dureza de vuestro corazón»

El evangelio de hoy es complicado de comentar para mí que no he sabido alcanzar el ideal de Jesús para el matrimonio. Se repite en mi vida, y en tantas otras vidas como la mía, la historia del pueblo elegido, la historia de dolor y la experiencia de la misericordia que es ese amor sin límite que nos prodiga el que sí permanece fiel.Se trata de un amoroso aprendizaje, de una bendita lección que nos ayuda a conocernos y reconocernos en la imagen que nos devuelve el pulido espejo de nuestro fracaso. No nos gusta mirarnos en él, aunque lo necesitamos para transformarnos en hijos agradecidos porque nadie nos ha condenado y marchamos animosos de la experiencia gozosa del perdón.Os invito a rezar por todos los matrimonios y parejas en dificultad, acogiendo su dolor sin juicio. Hay tantas heridas mal cicatrizadas que terminan endureciendo el corazón, transformado la historia del amor primero en historia de reproche, recelo y desconfianza. Recemos porque esta historia, aunque no nos guste, es también sagrada.

Dña. Micaela Bunes Portillo OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo de Murcia


Evangelio de Hoy

Sabado 22, de Agosto, 2020

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 23: 1-12

Entonces Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame «Rabbí». «Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar «Rabbí», porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie «Padre» vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar «Directores», porque uno solo es vuestro Director: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.

Evangelio de Hoy

Viernes 21, de Agosto, 2020

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 22: 34-40

Mas los fariseos, al enterarse de que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?» El le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.»

Reflexion del Evangelio por P. Mario Castañeda

Evangelio de Hoy

Wednesday 19, de Agosto, 2020

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 20: 1-16

«En efecto, el Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: «Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo.» Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontar a otros que estaban allí, les dice: «¿Por qué estáis aquí todo el día parados?» Dícenle: «Es que nadie nos ha contratado.» Díceles: «Id también vosotros a la viña.» Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: «Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.» Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: «Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor.» Pero él contestó a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?». Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.»

Reflexion – Padre Mario Castañeda

Evangelio de Hoy

Lunes 17, de Agosto, 2020

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 19: 16-22

En esto se le acercó uno y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?» El le dijo: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.» «¿Cuáles?» – le dice él. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Dícele el joven: «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?» Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme.» Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

Reflexion – Padre Mario Castañeda