Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
Humlides y fraternos
San Pablo urge a los cristianos que actúen con ánimo humilde y fraterno en sus relaciones comunitarias, y les pone delante el mejor modelo: «tened entre vosotros los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús«.
Y nos transmite un himno cristológico, que la comunidad conocía y cantaba. Es un himno que en pocas líneas expresa el misterio pascual de Cristo, su muerte y su resurrección, su humillación y su glorificación por Dios: “se despojó de su rango… se rebajó incluso hasta la muerte… por eso Dios lo levantó sobre todo… como Señor de cielo y tierra”.
Pablo nos trae aquí este himno para que aprendamos una lección de humildad y entrega por los demás. Igual que Jesús no “hizo alarde de su categoría de Dios”, se hizo igual a nosotros y se rebajó hasta una muerte de cruz, nosotros también debemos estar abiertos a los demás, sin creernos superiores a nadie ni pretender grandezas. Al contrario, abajándonos como los últimos “como el que sirve”.
Invitados y queridos: si oís la voz del Señor, no endurezcáis vuestro corazón
¡Venid, que el banquete está preparado! Con esta parábola Jesús nos enseña cómo son las relaciones de Dios con nosotros. Siempre a base de invitaciones. Y la invitación nos puede llegar a través de: un acontecimiento, de una lectura del Evangelio… de muchas maneras. La invitación de Dios siempre respeta la libertad.
Y si hay libertad, hay responsabilidad. Porque podemos decidir que nuestros proyectos son mejores que los de Dios. Y entonces, nosotros mismos nos excluimos del banquete de, de la gracia que Dios nos tenía preparada. Aún así, Dios no cambia de sistema. Lo suyo es invitar, desea tener a sus hijos en torno a la mesa de su reino.
Pero, los que entran a la sala del banquete son los pobres, aquellos a quienes no se les pasa por la cabeza que lo que ellos tienen pueda ser mejor que lo que Dios les ofrece. Dios seguirá enviando invitaciones, incluso a los que no habían respondido a la primera vez. Pero el sentarse a la mesa de Dios sigue dependiendo de nosotros. Pidamos al Señor apreciar, sobre todo lo que Él nos ofrece, los bienes de su Reino.
Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Convento de la Virgen del Camino (León)
