Evangelio del día

Evangelio del sábado 15 de junio de 2024

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 33-37

Reflexión del Evangelio de hoy

Luego se levantó, marchó detrás de Elías y se puso a sus órdenes      

Todas las llamadas de Dios, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, tienen alguna nota especial en cada una de las personas llamadas, y también algo común, que justamente es la llamada de Dios. No todas las personas llamadas responden afirmativamente. Pero muchas de ellas sí lo hacen. Y lo hacen cayendo en la cuenta de que, ni más ni menos, es el mismo Dios el que llama. ¿Cómo se le puede decir que no a ese Dios que nos ama tan entrañablemente, que nos ha creado, que busca siempre nuestro bien principalmente a través de Jesús, que por mediación de él llega a hacernos hijos suyos y que nos asegura que siempre estará a nuestro lado, caminando con nosotros en el camino de nuestra vida y que nos promete una vida de total felicidad después de nuestra muerte y resurrección?

Así lo entendió Eliseo y dejando su trabajo y a su familia atendió la voz de Dios.

Cada uno de nosotros, seguidores de Jesús, al hilo de esta lectura podemos recordar cómo fue nuestra llamada y cómo vamos siguiendo a Jesús.

No jures… a vosotros  os basta decir sí o no

Leyendo este pasaje evangélico, vemos cómo Jesús insiste en la sencillez y en la verdad. Un seguidor de Jesús cuando afirma algo, tiene la fuerza de su afirmación, la fuerza de decir la verdad. No hay que invocar al cielo, a la tierra, a Jerusalén… ni a otra posible realidad. “A vosotros os basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno”. Porque un seguidor de Jesús no puede mentir.

Pero como bien sabemos, la iglesia, en sus diversos estamentos, exige, en ciertos casos, jurar por Dios, como si la palabra del cristiano no fuera suficiente. Hagamos caso a Jesús, el que es la Verdad, que nuestras palabras sean siempre verdaderas.

En el ámbito cristiano hay otra manera de ir en contra de lo que nos manda Jesús de decir siempre la verdad. Es lo que conocemos como mentiras piadosas. Que es algo así como mentir para defender una verdad. Nunca una mentira puede ser piadosa, nunca un cristiano puede mentir. Ha de vivir y decir siempre la verdad sabiendo que intenta seguir a Cristo que es la Verdad.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Evangelio del viernes 14 de junio de 2024
Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

¿Qué haces aquí, Elías?

El profeta Elías se encuentra en una situación que podríamos llamar desesperada. Su defensa del Señor, frente a la deriva de la fe del pueblo que olvida la Alianza con Yahweh y su enfrentamiento a los falsos profetas y al poder del rey, le ha convertido en una persona peligrosa a la que se decide que hay que eliminar.

Presa del miedo y de la angustia ante la amenaza de muerte, sale huyendo precipitadamente y llega al monte Horeb, monte sagrado en el que Dios se había manifestado, y se esconde en una cueva.

En esa situación de debilidad extrema, siente la llamada del Señor: “Sal y permanece en pie ante el Señor”

Pero lo que Elías percibe que ocurre fuera es un huracán, un terremoto, fuego… tal vez lo mismo que él llevaba por dentro y que le estaba devorando. Y en todo ello no descubre al Señor que pasa.

Por fin, algo así como el susurro de una brisa (en el original hebreo más cerca del “sonido” del silencio), y Elías sale fuera y se mantiene en pie a la entrada de la cueva.

En ese momento de calma y de silencio se vuelve a escuchar la palabra que el Señor le dirige: ¿Qué haces aquí Elías?

Su respuesta atropellada y llena de pasión, sólo puede fijarse en su situación personal, a la que ha llegado por defender al Señor. (Leyendo el texto completo comprobamos que la pregunta y la respuesta se habían dado ya antes, y se repiten exactamente igual ahora).

Y el Señor le muestra una salida a su situación absolutamente inesperada: va a volver al lugar del que huía y va a realizar una misión que el Señor le encarga. Su vida adquiere de nuevo sentido en esa misión que se le encomienda.

Qué bueno será que nos preguntemos a nosotros mismos y nos dejemos preguntar por Dios ¿Qué haces aquí?

Pero yo os digo…

En el capítulo 5 del evangelio de Mateo, después de haber proclamado las Bienaventuranzas como “libro de ruta” para el camino personal y la realización del Reino, Jesús va a “descender” a la arena de la vida concreta, para que podamos ir entendiendo lo que nos plantea.

Y comienza por situarse personalmente ante la Ley. Él no ha venido a abolir la Ley, sino a darle cumplimiento. E inmediatamente, entra en puntos concretos de esa Ley para “explicar” cómo se lleva a cumplimiento cada uno de ellos, sin duda con gran sorpresa por parte de sus oyentes de aquel entonces, y más de 2.000 años después también de los de ahora.

Hoy escuchamos su reflexión en torno a la relación del hombre y la mujer y las dificultades que surgen en ella. En un contexto cultural en el que la mujer no recibe ninguna consideración y está sometida totalmente a los varones, Jesús hace una interpretación de la Ley favorable a la mujer.

Y, además, añade un comentario sorprendente por su radicalidad: “si tu ojo…sácatelo”, “si tu mano… córtatela”. Sin duda no pretende que nos arranquemos el ojo o nos cortemos la mano físicamente, pero sí nos indica la necesidad de estar atentos para rechazar todo aquello que surge de nuestro interior y nos inclina a desear o a realizar algo que supone un mal para los demás y también para nosotros mismos. No como ejercicio de negación o de simple ascesis, sino porque lo que verdaderamente deseamos en el fondo de nuestro corazón es vivir desde la propuesta del bien y del Amor que Jesús nos hace.


Evangelio del día

Evangelio del jueves 13 de junio de 2024
Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

De la oración y de la lluvia

El profeta Elías desespera por la lluvia, tan necesaria para la supervivencia del planeta entonces como ahora. Igual que la oración, tan necesaria para el ser humano entonces como ahora. En este sentido nuestras necesidades poco han cambiado. Este pasaje nos habla de la necesidad de la oración y de la necesidad de lluvia, o más bien, de la necesidad de implicarnos en el cuidado de la creación.

En la sociedad actual, donde a menudo nos encontramos inmersos en un ritmo acelerado de vida, la práctica de la oración adquiere una relevancia aún mayor. Así lo vemos ante la cada vez más creciente demanda de meditación en forma de podcast, de formaciones orientadas al silencio, o de mindfulness. Nada nuevo bajo el sol porque el ser humano necesita de Dios.

La lectura del primer libro de los Reyes nos anima, como hizo Elías, a acudir a Dios Padre cuando estamos desesperanzados, agobiados o superados por las circunstancias que no podemos manejar. Elías acude a la oración como refugio en medio de la desesperanza, y en ella encuentra la paz, encuentra a Dios, y tras su perseverancia, llega la alegría en forma de lluvia.

También la lectura del Primer Libro de los Reyes nos habla del cuidado de la creación. En el contexto actual de cambio climático y degradación ambiental, la importancia de la lluvia como un recurso precioso se hace aún más evidente. El calentamiento global y otros factores pueden afectar los patrones de lluvia, provocando sequías prolongadas en algunas regiones e inundaciones devastadoras en otras.

La lectura de hoy nos llama a hacernos responsables de la creación de Dios, cuidando y preservando el medio ambiente para las generaciones futuras. Así, la necesidad de lluvia no solo nos llama a la acción en el presente, sino que también nos recuerda nuestra responsabilidad de proteger y preservar el don de la vida en todas sus formas. Orar nos acerca a Dios, y cuidar el planeta para que llueva cuando sea necesario, también.

De las dificultades del amor

El seguir a Jesús no es fácil, cumplir sus enseñanzas, es muy exigente. No basta con amar a tus seres queridos y amigos, hay que “amar” también a tus enemigos, hay que ser misericordioso con ellos y perdonar toda ofensa que recibamos por su parte. Y eso, sí que cuesta. Eso no es nada fácil. Lo más sencillo es insultar y regañar a aquel que nos importuna o molesta, con palabras o con acciones.

Precisamente, vivimos en una época en la que estamos muy acostumbrados a usar ciertos “calificativos” y tenemos un vocabulario muy creativo, para insultar a los demás, o bien inventar bulos o noticias falsas, para perjudicarlos. Pues ofender de esta manera, también es pecado; es como dar una bofetada en el alma al hermano, a la dignidad propia del hermano.

Señor, tú me invitas a vivir un amor semejante al tuyo, tú practicas la misericordia, la reconciliación, el perdón y el amor, incluso a los enemigos. Entiendo Señor, que la razón la tiene siempre el que más ama, a ti y a los hermanos, a todos los hermanos.

¿De qué manera la lectura del primer libro de los Reyes y la historia de Elías te inspiran a perseverar en la oración y confiar en la fidelidad de Dios para responder a tus necesidades y preocupaciones?

¿Cómo puedes cultivar una conexión más profunda con la creación de Dios a través de la oración y la contemplación de su belleza y complejidad?

¿Oro por aquellos a quienes no quiero?

Fraternidad Laical de Santo Domingo de Valencia


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Ser sal y luz

El relato de libro de los Hechos de los Apóstoles hace referencia a la persona de Bernabé, a quien hoy celebramos. Sintetiza su figura diciendo que “era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe. Y así mucha gente se unió al Señor” (Hc 11,24). Estos rasgos de su fisonomía hacen justicia al significado de su nombre: “hijo de consolación”. Bernabé, compañero de misión del apóstol Pablo, es un evangelizador incansable que acompaña, anima y exhorta a las nuevas comunidades que van surgiendo.

Este impulso misionero tenían como objetivo último construir comunidades cristianas como signos vivientes de la presencia de la nueva fe que no conocía límites. La adhesión al mensaje cristiano tenía necesariamente una consecuencia social concreta.

En el evangelio Jesús nos ayuda a no olvidad una característica importante de nuestra identidad: ser sal y ser luz. Ni la sal, ni la luz son para ellas mismas, sino que son para los demás; son para dar sabor e iluminar. La vida de Jesús ha sido expresión de esta imagen como nos recuerda el biblista uruguayo Daniel Kerber: «Jesús, el hombre pleno, vivió su identidad en un ser para los demás y para el Padre. Y ese ser para los demás y para el Padre, lo llevó a trabajar en su taller de Nazaret, durante treinta años, a predicar el Reino, a sanar los enfermos, consolar los tristes y finalmente a entregar su vida como signo de amor extremo. Jesús es pleno porque su vida es ser para.»

Es bueno recordar que la función de la sal tiene que ver con realzar el sabor que tienen las cosas de por sí. Ser sal es ayuda a que la originalidad de cada persona pueda encontrar el ámbito y las condiciones adecuadas para poder desarrollarse y brindar su originalidad. En tiempos de sinodalidad el Señor nos invita aportar nuestro propio sabor desde lo profundo de nuestro ser.

Iluminar nos compromete en generar desde nuestra vivencia comunitaria de la fe ambientes de vida y esperanza, frente a tantas situaciones de oscuridad, poniendo en Dios nuestra confianza.

Fray Edgardo César Quintana O.P.
Casa Stmo. Cristo de la Victoria (Vigo)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

La exégesis típica del pasaje de las bienaventuranzas de Mateo nos presenta este como el código de la nueva alianza promulgado por el nuevo Moisés, esto es, Jesús, representado aquí como líder que, elevado sobre su público, dirige su mensaje al mismo. Leído este texto anacrónicamente desde nuestro momento histórico, no faltará quien vea a Jesús cual político en campaña arengado a los votantes con promesas que bien denostaría alguno incluso como demagogia. Por mal que nos suene esta lectura, habría que conceder a su autor que, si este discurso se hubiera realizado tal cual lo refiere Mateo, sin duda habría producido una buena dosis de decepción sobre los expectantes oyentes, habida cuenta de su incumplimiento en vida del emisor.

En efecto, en una consideración realista y no ingenua (dejándonos arrastrar por pura emotividad) de este pasaje, convendría partir de este hecho y plantearnos el cumplimiento o, por mejor decir, las posibilidades de cumplimiento del proyecto que propone. A tal respecto, las bienaventuranzas pueden entenderse en dos sentidos (con otras tantas funciones): como consuelo o como acicate. Como consuelo, las bienaventuranzas reflejan una visión pesimista sobre el mundo: esta vida es un valle de lágrimas en el que la justicia (sea lo que sea esta) no es posible; sólo nos queda, pues, remitir nuestras expectativas a un más allá ignoto y, desde esa ciega esperanza, obtener el ánimo para lidiar con la condición de un mundo irremediablemente malo. En esta perspectiva, las bienaventuranzas constituyen un proyecto trascendente, orientan hacia una vida trascendente, donde encontrarían su cumplimiento. Esta visión, claro está, tiene validez en una cosmovisión religiosa.

En cuanto que acicate, por su parte, las bienaventuranzas plantean la posibilidad de su cumplimiento en este mundo, si bien al menos parcialmente o intencionalmente. Esta orientación intramundana denota una visión más optimista de la humanidad: esta puede ser no perfecta, pero sí perfectible, no está irremediablemente condenada. Por consiguiente, no se niega que la injusticia exista, pero sí que tenga que predominar. No se trataría tampoco de afirmar ingenuamente que vayamos sin más a trocar la injusticia en justicia (pues tampoco tenemos claro lo que esta sea) pero sí que, aún dentro de la injusticia como pan cotidiano, hay diversos grados entre los que hay movilidad; esto es, que se puede pasar de mayor a menor injusticia. Y aquí está el papel de acicate de las bienaventuranzas: estímulo para nuestra acción, pues lo que se “mueve” no es una abstracción como la idea de justicia, sino las personas; lo que es capaz de mover y remover un discurso como el de las bienaventuranzas es a la persona y a los grupos humanos desde su parálisis resignada a que todo tenga que continuar como está porque no hay alternativa o porque no merece la pena.

Es de destacar, que ambos sentidos de lectura de las bienaventuranzas no son incompatibles, y de hecho esta sería la postura hoy de la Iglesia. No  obstante, no menos relevante es el hecho de que el segundo sentido (el de estímulo) no se limita a una concepción religiosa de la vida, sino que, por el contrario, ha tenido y tiene amplia aplicación en la construcción de la vida personal y social en contextos no expresamente cristianos; es este segundo sentido,  por tanto, el que dota de un carácter y validez universal a las bienaventuranzas, aún cuando debamos advertir que en una interpretación más genérica que la que el evangelista pretendiera darle. En todo caso, no se nos oculta que si percibimos este carácter universal es porque el espíritu de las bienaventuranzas se encuentra ya en el acervo de la humanidad desde muy antiguo, siendo el discurso elaborado por Mateo un ideario ya recogido en la tradición de las sociedades y culturas, las cuales comparten, al fin, una misma condición vital y unos mismos anhelos.

Sin pretender restar valor a la fuerza de este tipo de discursos (sean las bienaventuranzas de Mateo u otros discursos semejantes dispersos en la literatura mundial o las memorias colectivas de la humanidad), conviene no dejar de advertir dos riesgos ya anunciados: por una parte, dejarnos arrastrar por el poder emotivo de las palabras sin añadir a las mismas la necesaria dosis de raciocinio crítico que transforma el sentimiento en esa capacidad operativa que necesita la puesta en marcha de planes realistas y efectivos; y por otra parte, y directamente relacionado con lo anterior, el riesgo de manipulación demagógica que dirige a las masas sin llevarles a ningún sitio.

Fr. Ángel Romo Fraile
La Virgen del Camino (León)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Haz obra de evangelista, cumple tu ministerio

La primera lectura  nos muestra la solemne exhortación de San  Pablo, prisionero por el evangelio, a su discípulo Timoteo. Le pide que predique el evangelio con todas sus consecuencias. Que lo haga siempre, a tiempo y a destiempo, que arguya, reprenda… pues posiblemente vendrán tiempos en que multitud de maestros sean capaces de “apartar los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas”. Ante esta situación, la petición de Pablo a  Timoteo es clara: “Se circunspecto en todo, soporta los trabajos, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio”. Es decir, sigue proclamando y predicando el evangelio de Jesús, donde se encuentra la verdad, la verdad que nos da coraje para vivir adecuadamente en esta tierra antes de llegar la vida de total felicidad después de nuestra muerte y resurrección.

Una exhortación que también nos viene bien a nosotros los cristianos del siglo XXI. Hemos de predicar y vivir siempre el evangelio de Jesús, como la mejor noticia que podemos ofrecer a nuestros hermanos, para que encuentren la “la vida y la vida en abundancia” que todos anhelamos.

El corazón de María goza y sufre

María tiene un corazón normal como toda persona. Pero las reacciones de su corazón van a ser distintas a las de cualquier persona humana, principalmente porque su hijo Jesús es el Hijo de Dios, lo que la llevará a experimentar vivencias especiales, alegrías y dolores especiales. Cómo no experimentar una profunda alegría al saberse ni más ni menos que la madre del Hijo de Dios, la madre de Dios.

Pero también el corazón de María sufrió ante diversas reacciones de su Hijo que no entendía. Una de estas reacciones dolorosas es de la que nos habla el evangelio de hoy. Habiendo ido al Templo, José, María y Jesús, cuando sus padres regresan a su casa, Jesús se queda en el Templo en diálogo con los maestros. Con el susto en el cuerpo y en el alma por la pérdida de su Hijo, sus padres regresan al Templo y ante la pregunta normal de por qué se ha quedado en el Templo y no se ha ido con ellos, Jesús les da una respuesta que no entienden: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que debía estar en la casa de mi Padre?

Evidentemente el dolor más fuerte de María fue el ver que Jesús fue condenado a morir en la cruz. Con la posterior alegría de su resurrección. El corazón de María: alegrías y dolores. 

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Él permanece fiel

San Pablo, encarcelado y sintiendo cerca su propio fin, exhorta a Timoteo a guardar el tesoro recibido a través de su predicación, de su Evangelio, que no es otro que el de Cristo resucitado. No son palabras humanas porque, de serlo, habrían sido encadenadas, retenidas y silenciadas en su misma prisión. El último de los apóstoles se siente abandonado y reclama la consoladora presencia de su hijo en la fe para confirmarlo en su misión, que es el sentido de su propia vida y la de todos nosotros: anunciar el Evangelio sin palabrería inútil ni contienda verbal, con la humildad sincera que tienen las personas sencillas, trabajadoras, que predican la verdad con su vida honesta, que transparentan la obra que el Espíritu Santo, pacientemente, va realizando en ellas.

Entreveo la admiración que desprenden las palabras de Pablo que nada tienen que ver consigo mismo, con su firmeza, con su fortaleza o su valor. Él se siente depositario de lo que entrega a Timoteo y sabe que, en la predicación movida por el Espíritu Santo, lo importante no es el anunciante sino el anuncio. Procuremos que nuestras palabras no den testimonio de nosotros mismos ni de los subterfugios que nos justifican ni de alambicados argumentos que buscan la admiración de otros. Lo importante es que en el mundo no se silencie el Evangelio, la alegría de la salvación que es esperanza para todos los seres humanos y para la creación entera.

Que el Señor nos ayude a caminar con rectitud, que nos instruya pacientemente a los que confiamos en su fidelidad.

Escucha, Israel

Es estimulante imaginar la mirada de Jesús abrazando la rectitud del corazón del escriba. En otros pasajes evangélicos, el Señor reconoce una intencionalidad aviesa en su interlocutor y rehúsa dar una respuesta. No es el caso que escuchamos en el pasaje del Evangelio de san Marcos que hoy meditamos.

El escriba está interesado sinceramente en la respuesta de Jesús. Quisiera detenerme en este punto para meditar sobre las preguntas que solemos repetir en nuestra plegaria a Dios. Creo que nos ayudará a leer lo que hay en nuestro corazón y a valorar si nuestro interés tiene algo que ver con el mostrado por el escriba. Recuerdo unos versos muy alentadores del libro de Jeremías que dicen algo así: Clama a mí que yo te responderé y te diré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. La petición que se esconde en nuestra oración, y que también se desvela en ella, revela lo que está en nuestro corazón.

En el segundo punto para la meditación encontramos la novedad en la respuesta que Jesús da al escriba, plenitud de la plegaría judía que comienza con el solemne mandato: Shemá Israel. El amor al prójimo es la natural consecuencia del amor de Dios y no tanto la medida de nuestro amor. La experiencia del amor de Dios que hemos conocido en Cristo Jesús nos ha señalado el camino: podemos amar porque hemos sido amados primero (I Jn. 4:19). El amor ha sido derramado en nuestros corazones con el don del Espíritu Santo (Rom. 5:5) que hemos recibido y celebrado. También hemos celebrado la solemnidad de la Santísima Trinidad. El amor trinitario, origen y fin de toda vida y de toda la Vida. El amor es expansivo en cuanto que es comunicador de vida. La vida nos ha sido comunicada y solo la perdemos cuando intentamos retenerla. La vida fluye al entregarse, dándose a sí misma. Si intentamos retenerla, la perdemos. La vida no la poseemos, la tenemos. Pero no la tenemos en el bolsillo del pantalón y la entregamos dosificada como si se tratase de las monedas que depositamos en las manos de los menesterosos. Somos portadores de vida y solo la comunicamos dándonos. El misterio de la Santísima Trinidad es un misterio de comunicación de amor. Su cualidad es comunicarse y el pronombre reflexivo indica su encarnación. No hay misterio sin cuerpo, tercera solemnidad que hemos celebrado el pasado domingo.

Somos pura relación amorosa y el máximo peligro lo corremos cuando tomamos la cautela de guardar para nosotros mismos aquello que solo conservamos entregándolo. La razón expresada en la conocida sentencia popular nos dice que el que guarda siempre tiene. El escriba judío entendió que no somos tanto seres racionales como relacionales y su recto corazón fue iluminado por la verdad de Cristo.

¿Entiendo que el prójimo soy yo misma y que amarlo es la única posibilidad de sostener la Vida?

Dña. Micaela Bunes Portillo OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo de Murcia


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
Dios nos ha dado una vocación santa por su propia voluntad

Según los estudiosos, parece ser que la carta a Timoteo fue la última carta que escribió Pablo antes de morir, de ahí que tenga un tono de testamento espiritual dirigido a su discípulo predilecto: Timoteo.

Comienza Pablo dando gracias a Dios, el agradecimiento a Dios es algo fundamental en el cristiano, ¿qué hacemos para añadir un minuto más a nuestra vida?: NADA, por eso debemos ser agradecidos y ver que todo lo que tenemos es un don, “´todo es gracia”.

La salvación en Cristo Jesús es el mayor regalo que nos ha podido hacer Dios Padre: “Por pura gracia estáis salvados, no por vuestros méritos”, como dice la Escritura en otro lugar, y aquí también Pablo se lo recuerda a Timoteo y a nosotros.

Dios nos ha regalado una vocación santa, no por nuestras obras sino porque Dios lo ha querido así. Él nos ha regalado el don de la fe, ha tenido un encuentro especial con nosotros para que seamos testigos de su resurrección y de la salvación en medio de esta sociedad, cada vez más alejada de su Creador. Nos ha dado el don del Espíritu Santo, su fuerza y su amor para anunciar el evangelio a los cuatro vientos, como lo ha hecho Pablo, hasta dar la vida, como él, si es necesario.

Para esta misión Dios nos capacita, pero, para poder anunciar el evangelio, dos cosas son necesarias: una es experimentar verdaderamente este encuentro con Dios, su amor y su misericordia, y otra es tener plena confianza en Él, en que nos acompaña todos los días y nos dará la fuerza para anunciar su Palabra a todas las criaturas, que, aunque algunos eviten escuchar nuestro mensaje, sí que podrán ver nuestras obras.

Señor, aumenta nuestra fe y ayúdanos a ser heraldos de tu Evangelio y dar testimonio de ti sin temor alguno hasta la muerte.

Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos

El evangelio de hoy toca uno de los puntos más difíciles de entender de nuestra vida, esto es, la realidad de la muerte y la promesa de la resurrección. Efectivamente, la resurrección escapa a la razón, es un misterio que sólo se atisba a comprender desde la fe.

Los saduceos no creen en la resurrección, ¡cuántos saduceos tenemos hoy en nuestra sociedad, que está muy equivocada, que no comprenden las Escrituras ni quién es Dios realmente. Por eso los cristianos debemos estar preparados para dar razón de nuestra fe.

En esta sociedad, cada vez más inmersa en la cultura de la muerte, urge anunciar la verdadera vida que no se acaba, la Vida Eterna a la que todos estamos llamados. Nuestra verdadera patria es el cielo, aquí estamos de paso, salimos de Dios y volvemos a Dios.

Hoy urge anunciar que Cristo está vivo, que Dios no es un Dios de muertos sino de vivos, que tiene poder para transformar la muerte en vida. Como decía Pablo en la primera lectura “se nos ha dado la gracia de anunciar el evangelio”. Así que, los que ya nos hemos encontrado con el amor de Dios y disfrutamos del don de la fe, estamos llamados a hacer partícipe a todo el mundo de este Dios que nos regala el don de la Vida Eterna.

Sabemos que no siempre seremos bien recibidos, pero esto no nos debe desanimar, recordemos las palabras de Pablo: “Sé de quién me he fiado”. En esta misión Cristo nos acompaña hasta el final.

Aquí estoy, Señor, envíame.

Sor Mª Belén Marín López, OP
Monasterio Santa Ana, Murcia


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva

El cristiano mira al futuro y lo hace con la esperanza de un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia.  El cristiano con una mirada de fe sabe reconocer en la vida y en la realidad  la presencia del Espíritu, vive en tensión hacia el futuro; su visión diferente, no depende únicamente de un enfoque materialista o de la ciencia, cuyos resultados siempre serán dentro del contexto de la posibilidad humana.

Es la promesa del Señor la que nos hace sabios para mirar al futuro y esperanzados en el día de la venida del Señor.

Esta esperanza se cultiva con una vida santa; la esperanza, la fe no son independientes de la forma de vivir; sabemos que vivir sin principios, sin valores torna la mirada descreída; y nos arrastra al error.  Es la trampa de los que no esperan.

Mirar el futuro con esperanza nos hace estar en guardia, preparando la venida del Señor; nos hace: considerar la paciencia de nuestro Señor como salvación. Nos dispone a crecer en la gracia,  es decir esforzarnos por ser mejores personas, más amables más tolerantes, más serviciales, más humanos… Mira: tú puedes crecer más en el conocimiento de Nuestro Señor Jesucristo; puedes ser mejor cristiano, puedes entregarte más a Cristo… ¿Por qué no lo intentas?

¿Qué es del Cesar? ¿Qué es de Dios?

El Evangelio hoy nos invita a  preguntarnos ¿Cómo nos acercamos a Jesús? ¿Como Maestro, como Hijo de Dios; con intereses ocultos, con segundas intenciones; buscando la respuesta que nos gustaría escuchar?…

Los fariseos y partidarios de Herodes se acercan a Jesús con adulación con hipocresía,  para hacerle caer en la trampa,  con esta pregunta ¿Es lícito pagar impuesto al César o no?

Jesús en la respuesta que da a fariseos y herodianos: no opone, lo temporal a lo espiritual, lo político a lo religioso, la autoridad civil al reino de Dios. Dice: Devolved al Cesar lo que es del Cesar.

El Evangelio nos invita a responder ¿Qué es del Cesar?  La figura, la inscripción de la moneda que le presentan, es decir las apariencias, lo externo…  por eso Jesús añade en su respuesta: Devolved a Dios lo que es de Dios. ¿Qué es de Dios?

De Dios es el regalo de la vida.

De Dios es la persona, porque es Dios, quien ha creado al ser humano a su imagen y semejanza.

De Dios es su pueblo Santo adquirido por él a precio de la Sangre de Cristo.

De Dios es la justicia, la misericordia, el amor de Padre a cada persona…

Mira en tu conciencia ¿Qué es de Dios? ¿Qué le das a Dios en tu vida?

Tú ten a Dios como único Señor de la historia y esfuérzate por hacer esta historia más humana, más fraterna más Reino de Dios.

Hoy los frailes dominicos recordamos a San Pedro de Verona que supo entregar su vida a Dios en el martirio.

Fr. Isidoro Crespo Ganuza O.P.
Convento de S. Valentín de Berrio Ochoa (Villava)