Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
Haz obra de evangelista, cumple tu ministerio
La primera lectura nos muestra la solemne exhortación de San Pablo, prisionero por el evangelio, a su discípulo Timoteo. Le pide que predique el evangelio con todas sus consecuencias. Que lo haga siempre, a tiempo y a destiempo, que arguya, reprenda… pues posiblemente vendrán tiempos en que multitud de maestros sean capaces de “apartar los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas”. Ante esta situación, la petición de Pablo a Timoteo es clara: “Se circunspecto en todo, soporta los trabajos, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio”. Es decir, sigue proclamando y predicando el evangelio de Jesús, donde se encuentra la verdad, la verdad que nos da coraje para vivir adecuadamente en esta tierra antes de llegar la vida de total felicidad después de nuestra muerte y resurrección.
Una exhortación que también nos viene bien a nosotros los cristianos del siglo XXI. Hemos de predicar y vivir siempre el evangelio de Jesús, como la mejor noticia que podemos ofrecer a nuestros hermanos, para que encuentren la “la vida y la vida en abundancia” que todos anhelamos.
El corazón de María goza y sufre
María tiene un corazón normal como toda persona. Pero las reacciones de su corazón van a ser distintas a las de cualquier persona humana, principalmente porque su hijo Jesús es el Hijo de Dios, lo que la llevará a experimentar vivencias especiales, alegrías y dolores especiales. Cómo no experimentar una profunda alegría al saberse ni más ni menos que la madre del Hijo de Dios, la madre de Dios.
Pero también el corazón de María sufrió ante diversas reacciones de su Hijo que no entendía. Una de estas reacciones dolorosas es de la que nos habla el evangelio de hoy. Habiendo ido al Templo, José, María y Jesús, cuando sus padres regresan a su casa, Jesús se queda en el Templo en diálogo con los maestros. Con el susto en el cuerpo y en el alma por la pérdida de su Hijo, sus padres regresan al Templo y ante la pregunta normal de por qué se ha quedado en el Templo y no se ha ido con ellos, Jesús les da una respuesta que no entienden: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que debía estar en la casa de mi Padre?
Evidentemente el dolor más fuerte de María fue el ver que Jesús fue condenado a morir en la cruz. Con la posterior alegría de su resurrección. El corazón de María: alegrías y dolores.
Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)
