Reflexión del Evangelio de hoy
Dios nos ha dado una vocación santa por su propia voluntad
Según los estudiosos, parece ser que la carta a Timoteo fue la última carta que escribió Pablo antes de morir, de ahí que tenga un tono de testamento espiritual dirigido a su discípulo predilecto: Timoteo.
Comienza Pablo dando gracias a Dios, el agradecimiento a Dios es algo fundamental en el cristiano, ¿qué hacemos para añadir un minuto más a nuestra vida?: NADA, por eso debemos ser agradecidos y ver que todo lo que tenemos es un don, “´todo es gracia”.
La salvación en Cristo Jesús es el mayor regalo que nos ha podido hacer Dios Padre: “Por pura gracia estáis salvados, no por vuestros méritos”, como dice la Escritura en otro lugar, y aquí también Pablo se lo recuerda a Timoteo y a nosotros.
Dios nos ha regalado una vocación santa, no por nuestras obras sino porque Dios lo ha querido así. Él nos ha regalado el don de la fe, ha tenido un encuentro especial con nosotros para que seamos testigos de su resurrección y de la salvación en medio de esta sociedad, cada vez más alejada de su Creador. Nos ha dado el don del Espíritu Santo, su fuerza y su amor para anunciar el evangelio a los cuatro vientos, como lo ha hecho Pablo, hasta dar la vida, como él, si es necesario.
Para esta misión Dios nos capacita, pero, para poder anunciar el evangelio, dos cosas son necesarias: una es experimentar verdaderamente este encuentro con Dios, su amor y su misericordia, y otra es tener plena confianza en Él, en que nos acompaña todos los días y nos dará la fuerza para anunciar su Palabra a todas las criaturas, que, aunque algunos eviten escuchar nuestro mensaje, sí que podrán ver nuestras obras.
Señor, aumenta nuestra fe y ayúdanos a ser heraldos de tu Evangelio y dar testimonio de ti sin temor alguno hasta la muerte.
Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos
El evangelio de hoy toca uno de los puntos más difíciles de entender de nuestra vida, esto es, la realidad de la muerte y la promesa de la resurrección. Efectivamente, la resurrección escapa a la razón, es un misterio que sólo se atisba a comprender desde la fe.
Los saduceos no creen en la resurrección, ¡cuántos saduceos tenemos hoy en nuestra sociedad, que está muy equivocada, que no comprenden las Escrituras ni quién es Dios realmente. Por eso los cristianos debemos estar preparados para dar razón de nuestra fe.
En esta sociedad, cada vez más inmersa en la cultura de la muerte, urge anunciar la verdadera vida que no se acaba, la Vida Eterna a la que todos estamos llamados. Nuestra verdadera patria es el cielo, aquí estamos de paso, salimos de Dios y volvemos a Dios.
Hoy urge anunciar que Cristo está vivo, que Dios no es un Dios de muertos sino de vivos, que tiene poder para transformar la muerte en vida. Como decía Pablo en la primera lectura “se nos ha dado la gracia de anunciar el evangelio”. Así que, los que ya nos hemos encontrado con el amor de Dios y disfrutamos del don de la fe, estamos llamados a hacer partícipe a todo el mundo de este Dios que nos regala el don de la Vida Eterna.
Sabemos que no siempre seremos bien recibidos, pero esto no nos debe desanimar, recordemos las palabras de Pablo: “Sé de quién me he fiado”. En esta misión Cristo nos acompaña hasta el final.
Aquí estoy, Señor, envíame.
Sor Mª Belén Marín López, OP
Monasterio Santa Ana, Murcia
