Evangelio del sábado 15 de junio de 2024
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 33-37
Reflexión del Evangelio de hoy
Luego se levantó, marchó detrás de Elías y se puso a sus órdenes
Todas las llamadas de Dios, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, tienen alguna nota especial en cada una de las personas llamadas, y también algo común, que justamente es la llamada de Dios. No todas las personas llamadas responden afirmativamente. Pero muchas de ellas sí lo hacen. Y lo hacen cayendo en la cuenta de que, ni más ni menos, es el mismo Dios el que llama. ¿Cómo se le puede decir que no a ese Dios que nos ama tan entrañablemente, que nos ha creado, que busca siempre nuestro bien principalmente a través de Jesús, que por mediación de él llega a hacernos hijos suyos y que nos asegura que siempre estará a nuestro lado, caminando con nosotros en el camino de nuestra vida y que nos promete una vida de total felicidad después de nuestra muerte y resurrección?
Así lo entendió Eliseo y dejando su trabajo y a su familia atendió la voz de Dios.
Cada uno de nosotros, seguidores de Jesús, al hilo de esta lectura podemos recordar cómo fue nuestra llamada y cómo vamos siguiendo a Jesús.
No jures… a vosotros os basta decir sí o no
Leyendo este pasaje evangélico, vemos cómo Jesús insiste en la sencillez y en la verdad. Un seguidor de Jesús cuando afirma algo, tiene la fuerza de su afirmación, la fuerza de decir la verdad. No hay que invocar al cielo, a la tierra, a Jerusalén… ni a otra posible realidad. “A vosotros os basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno”. Porque un seguidor de Jesús no puede mentir.
Pero como bien sabemos, la iglesia, en sus diversos estamentos, exige, en ciertos casos, jurar por Dios, como si la palabra del cristiano no fuera suficiente. Hagamos caso a Jesús, el que es la Verdad, que nuestras palabras sean siempre verdaderas.
En el ámbito cristiano hay otra manera de ir en contra de lo que nos manda Jesús de decir siempre la verdad. Es lo que conocemos como mentiras piadosas. Que es algo así como mentir para defender una verdad. Nunca una mentira puede ser piadosa, nunca un cristiano puede mentir. Ha de vivir y decir siempre la verdad sabiendo que intenta seguir a Cristo que es la Verdad.
Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)
