Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

“Bendecirás al Señor, tu Dios, por la tierra buena que te ha dado”

Estos primeros días del mes de octubre coinciden con la recolección de muchas cosechas. Es un momento para dar gracias a Dios por ello. Moisés recuerda al pueblo cómo el Señor le ha introducido una tierra bien fértil, con abundantes frutos.  “Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra buena”, que describe con los frutos que produce: “tierra de trigo y cebada, de viñas, higueras, ganados, tierra e olivares y de miel… entonces comerás hasta hartarte, y bendecirás al Señor, tu Dios, por la tierra buena que te ha dado”.  Y le recuerda también, que no se olvide nunca que es Dios el que le ha regalado esta generosa tierra…  “No te olvides del Señor tu Dios” con todos los beneficios que te ha otorgado “y no digas por mi fuerza y el poder de mi  brazo me he creado estas riquezas”.

Este esquema de la actuación de Dios con su pueblo en el AT, es el mismo que emplea con nosotros los cristianos, ya en el Nuevo Testamento. Y nuestra postura ha de tener dos actitudes principalmente: en primer lugar, agradecer a Dios  todos los bienes que nos ha dado, siendo el principal  su Hijo Jesús como nuestro amigo. En segundo lugar, hemos de trabajar con esos dones en la dirección de vivir el evangelio y de extenderlo “por todo el mundo”, para que sus dones, su amistad, su salvación llegue a “toda la tierra”.

“Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá”

Ante estas palabras  de Jesús, donde nos invita a pedir, buscar y llamar, sin olvidar las otras dos, nos solemos fijar principalmente  en la primera: “Pedid y se os dará”, entre otros motivos porque tenemos conciencia de pedir algunas cosas al Señor que no nos concede.

Una cierta explicación es la siguiente: Jesús está dispuesto a concedernos todo lo que le pidamos si está en consonancia con su evangelio… pero no siempre nuestras peticiones van en esa línea.

Por otro lado, y para que nuestra peticiones no se queden en algo pasivo, Jesús nos invita a conjugar otros dos verbos bien activos. Nos invita a que no nos quedemos con los brazos cruzados, sino que busquemos y que hagamos el esfuerzo de poner todo lo que está de nuestra parte en buscar aquello que pedimos. En la misma línea está la actitud de llamar… debemos llamar para que se nos abran las puertas donde se encuentra lo pedido y deseado.

Hagamos caso, una vez más, a Jesús, nuestro Maestro, y pidámosle que nos ayude a conjugar siempre unidos estos tres verbos: pedir, buscar y llamar en relación con el evangelio.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

El Señor habla

El texto de Job que nos regala la liturgia hoy sitúa en el escenario, por el que han pasado diferentes personajes, al mismo Dios. Job había dado rienda suelta a su dolor y reprocha al Señor por sus desgracias, injustas, siendo él un hombre justo y fiel a su Dios.  Sus tres amigos le insisten en la idea de que el mal es fruto del pecado. Elihú le recrimina haber increpado al mismo Dios y expone la justicia, santidad y grandeza del Señor que enseña también en el sufrimiento. Y ahora es Dios mismo quien habla “a Job desde la tormenta”.

La imagen de la tormenta hace de telón de fondo y banda sonora para las palabras de Dios que se revela creador, sabio y poderoso, y le recuerda que sus caminos son inescrutables y siempre superarán la capacidad del ser humano para comprenderlos. Interpela a Job “Cuéntamelo, si lo sabes todo”, le confronta con su propia realidad finita y limitada. El texto de hoy se queda en la primera parte del discurso de Dios, al que luego seguirá en un segundo discurso en los capítulos posteriores.

Job le responde, vencido y honesto, en medio de su dolor y oscuridad: ¿Qué puedo responder yo, que soy tan poca cosa? Dice Kierkegard que “rezar no es escucharse hablar de sí mismo, sino llegar a callar y, permaneciendo callado, velar hasta que el orante oiga a Dios”.  En el camino de la fe es necesario salir de nosotros mismos, como referencia vital, y hacer silencio interior y exterior, hacernos conscientes desde lo más profundo del ser de ese Alguien que es más que todo cuanto podamos conocer, descubrir o imaginar, y estar dispuestos a escucharle.

El creyente escucha

En la primera lectura vemos a Job, sintiéndose pequeño y sin palabras ante Dios que le habla en la tormenta y le recuerda quién es. Dios y hombre están ahí, con la evidencia de la inmensa diferencia entre ambos. El texto de Lucas nos presenta una imagen que contrasta con la anterior: Jesús, frustrado y dolido por la indiferencia de los pueblos de Galilea a los que anuncia la buena nueva del Reino, donde ha hecho milagros y multitud de curaciones. Dios hecho hombre, de una forma que ya no puede hacerse más cercano y presente, que se revela totalmente con palabras y obras que liberan y hacen el bien, no encuentra respuesta en aquellas gentes creyentes de su pueblo. Incluso los pueblos paganos se hubieran abierto a Él mucho más que ellos.

Destacaría tres ideas:

Jesús acaba de enviar a sus discípulos, a los pueblos y lugares donde él iría después, para llevar su paz y decirles que el reino de Dios está cerca. Es consciente de la dureza de la misión y que el rechazo y el fracaso forman parte de ella. Él mismo lo ha experimentado. Frente a esta realidad ancla lo nuclear del seguimiento, y es que somos enviados. No vamos por iniciativa propia ni proclamamos nuestros propios mensajes. Formamos parte de algo mucho más profundo y grande que nosotros mismos. El Padre envía a Jesús, y el nos envía a nosotros. Llevamos ese tesoro en vasijas de barro, sí, pero es un tesoro, palabras que sanan y liberan, gestos que hacen presente la salvación y el amor de Dios. Por eso, quien “os escucha a vosotros, me escucha a mí”.

La llamada a la conversión, a escuchar el mensaje de paz y de amor, implica una respuesta de vida en quien lo escucha y acoge, un cambio coherente con la Palabra anunciada. Creer no es solamente aceptar unas verdades de fe y llevar a cabo unas prácticas religiosas. Creer me confronta con el Evangelio mismo y me pide escuchar lo que el Señor me pide en cada momento, poniéndolo en práctica.

No se trata solamente de una fe individual, que se reduce al ámbito de lo privado o al círculo de aquellos con quienes compartimos nuestra fe. El Evangelio es un anuncio de justicia y de paz, de amor y solidaridad, para los pueblos y ciudades, para las relaciones sociales, familiares y políticas, porque el reino de Dios quiere hacerse realidad para bien de todos.

Hoy celebramos a san Francisco de Asís. Nadie mejor que él se entregó plenamente al anuncio de la paz, y fue testimonio sencillez, pobreza, alabanza y hermandad con todo lo creado. Vivió una fuerte conversión al Evangelio y lo hizo su camino de vida y santidad. Hoy sigue inspirando el compromiso cristiano con la justicia, la paz y el cuidado de la Creación, sin el que el anuncio de la Buena Noticia se quedaría vacío.

Hna. Águeda Mariño Rico O.P.
Congregación de Santo Domingo


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

«Pongo mi vida en manos de Dios»

Job sufrió todo lo que un hombre puede soportar, pero nunca perdió ni la confianza, ni el temor, ni el amor a Dios y eso fue lo que le sostuvo en sus desgracias. Fue puesto a prueba hasta el límite, él que era un hombre justo, y todo lo soportó porque confiaba en la bondad del Señor, en su misericordia y en su justicia, y su Fe le salvó, le recompensó con creces sus padecimientos.

Cuantas veces cuando las cosas no nos salen bien, cuando tenemos algún problema, pensamos ¿Por qué me tiene que pasar a mí? Y caemos en la desesperación, en la depresión incluso, y no se nos ocurre mirar a Dios cara a cara para descansar en Él.

Tenemos la tendencia a olvidarnos del cielo cuando las cosas de la tierra no nos van bien, solemos lamentarnos y nuestra Fe flaquea, se resiente, cuando debería ser al revés: tendríamos que ser como Job, abrazarnos a Dios, acudir a Él como el niño busca a su madre cuando tropieza y se cae. Dios es Padre y siempre está ahí con los brazos abiertos. Por eso es tan importante fortalecer nuestra Fe mediante la oración, la lectura, la meditación. Si tenemos Fe, como Job la tuvo, seremos capaces de afrontar todo lo que nos venga.

«La mies es mucha, los obreros pocos»

Jesús envía a sus discípulos a anunciar el Reino con instrucciones precisas de cómo lo deben hacer (no podemos evitar recordar lo que hizo con sus primeros frailes Nuestro Padre Santo Domingo, sin duda inspirado por el Evangelio). Les manda ir con la paz por delante allá donde entren, a ser agradecidos, a aceptar lo que les den de buen grado, pero también a abandonar el lugar donde no se les reciba con cordialidad. Y en medio de sus palabras nos dice que la mies es mucha y los obreros pocos y que pidamos al dueño de la mies que envíe trabajadores. Creo que estas palabras se comentan por sí solas: la mies es el pueblo de Dios, los obreros son aquellos que difunden la Palabra de Dios, los que se ocupan de las almas de los demás, los que administran los Sacramentos, sacerdotes, religiosos, laicos comprometidos.

Vivimos tiempos en los que las vocaciones de todo tipo escasean, la sociedad es reacia a las cosas de Dios y anda perdida en muchos aspectos, por eso hacen falta buenos obreros que cuiden de la mies y ahora más que nunca es el tiempo de pedir al Dueño que nos los envíe. Una vez más debemos ponernos en manos de Dios, confiar a Él nuestras preocupaciones (y la falta de vocaciones es una de las grandes) y pedirle con Fe que regale a su Iglesia hombres y mujeres de corazón generoso y espíritu de servicio.

Tenemos que confiar en el Señor, pedirle CON CONFIANZA, en la seguridad de que nuestra oración será escuchada. Deberíamos hacer el propósito diario de pedir por las vocaciones para que, al igual que Cristo envió a sus discípulos a anunciar el Reino, Dios Padre siga enviando trabajadores a sus campos: buenos sacerdotes, buenas monjas, laicos con ganas de servir, hombres y mujeres de toda condición que sepan escuchar la llamada de Dios y acudan a los campos de mies. El trabajo es mucho y toda ayuda poca, pongamos nuestro grano de arena a través de nuestra oración. Y siempre confiando en el Señor.

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro


Evangelio del día

Evangelio del martes 1 de octubre de 2024

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,51-56

Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él.
Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron:
«Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».
Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea.

Reflexión del Evangelio de hoy

Confía siempre en Dios

Job, modelo admirable de paciencia, ante unas calamidades como la enfermedad de la lepra, la hostilidad de sus familiares y amigos, sufre una crisis profunda en su fe en Dios.

También influye la presencia de los tres amigos que le vienen a consolar, pero que en realidad le van a hacer de «abogados del diablo», sugiriéndole dudas y atacándole. Job estuvo siete días en silencio, acompañado de estos amigos, hasta que finalmente prorrumpe en el grito tremendo de rebelión que leemos hoy.

Se le ha derrumbado todo: el apoyo de los suyos, su fe, su concepto de la bondad de Dios. Y se formula una y otra vez la gran pregunta: «¿por qué?». El grito de Job es desgarrador. Maldice el día en que nació, preferiría morir: «muera el día en que nací… ¿por qué no perecí al salir de las entrañas de mi madre? ¿por qué dio luz a un desgraciado, al hombre que no encuentra camino porque Dios le cerró la salida?».

Cuando nos toque vivir días tan oscuros como los de Job, hagamos nuestro el salmo de hoy: «Señor, Dios, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia, mi alma está colmada de desdichas, me has colocado en lo hondo de la fosa». El Sábado Santo fue todo oscuridad para Jesús. Pero amaneció la mañana de la resurrección. 

¿Sabemos convertir en oración nuestra duda? ¿sabemos fiarnos de Dios, como hará en definitiva Job, y sobre todo Jesús, a pesar de que no entendamos el porqué de tantas cosas en la vida? Los cristianos tenemos un dato nuevo: la muerte y resurrección de Jesús. Pero también nos sigue costando dar con la clave para la respuesta a esta misteriosa pregunta.

Obediente al padre y por amor a los hombres

“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén”. Con esta decisión, comienza la etapa final, la etapa más importante de su vida. Por esta decisión de Jesús, Jerusalén se va a convertir en el centro geográfico de toda la historia de la salvación. En Jerusalén Jesús nos dará la mayor prueba de su amor al morir en la cruz y asumir así lo más doloroso de nuestras existencias.

Desde Jerusalén Jesús entrará, por la resurrección, en una vida nueva, vida que Él inaugurará no sólo para Sí mismo sino también para todos nosotros. En Jerusalén nacerá igualmente la Iglesia, la comunidad de los discípulos de Jesús, unida por el Espíritu Santo que Jesús les va a enviar.

Jesús inicia, pues, el viaje definitivo de su vida: desde Galilea a Jerusalén y al Padre. No hará este viaje solo: lo hará acompañado de sus discípulos. Pidamos al Señor que nosotros también le acompañemos realmente en este viaje suyo compartiendo con Él las mismas esperanzas y las mismas penas.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Convento de la Virgen del Camino (León)


Evangelio del día

Evangelio del viernes 27 de septiembre de 2024

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Todo tiene su momento

Cuando uno se pone frente a tradiciones, escritos y testigos, llenos de tanta sabiduría, sin querer, hacen brotar dentro de uno, los mismos interrogantes, búsquedas y respuestas, a tantas preguntas que nos plantea la vida, y que, nos pueden conducir a experimentar la plenitud o a sufrir el sin sentido.

En el libro Eclesiastés, llamado también “Qohelet”, nombre que viene a significar: “el hombre de la asamblea”, el maestro o el predicador. Es un libro de sabiduría escasamente religioso, su idea básica es una desilusión sobre la vida: “vanidad de vanidades y todo vanidad”.

Para el autor está claro que la misión del ser humano es buscar el don de Dios en las cosas cotidianas. Es un apasionado clamor del anhelo humano con sus aspiraciones a lo infinito, y a la vez, los límites que le coartan al estar encerrado en sí mismo. El desprendimiento al que nos lleva Qohelet prepara la irrupción del Absoluto como don totalmente gratuito.

(Comentario iluminado por la biblia de Jerusalén)

Así mismo, como nos recuerda (Eleuterio Ramón Ruíz):

“El libro del Eclesiastés o Qohélet sigue siendo uno de los textos más desafiantes de la Biblia y al mismo tiempo uno de los más actuales. ¿Cómo encontrar la felicidad? ¿Es posible cambiar el mundo para que haya más justicia? ¿Cómo sobrevivir en una sociedad competitiva y despiadada? En un tiempo de profundos cambios sociales y culturales, el sabio revisa los postulados de la sabiduría tradicional en busca de respuestas.”

¿Quién es este hombre?

Hablar de una persona resulta muy difícil, porque ésta puede reclamar si le parece que la descripción no es correcta. Además, la persona humana, con sus vivencias, sentimientos e ideas, es demasiado grande para caber en nuestras palabras. El corazón del otro siempre es un misterio que nadie consigue desvelar por completo. Mucho más complejo es hablar de la persona “Jesús de Nazaret”, resulta comprometido, porque no hay ninguna posibilidad de permanecer neutral o de emitir una opinión personal sin tomar posiciones.

La gente no tenía claro quién era Jesús, donde encasillarlo. El mismo Pedro tan pronto dice: “eres el Cristo de Dios”, como en otro momento niega conocerle.

Los discípulos compartieron su vida con el Jesús de Nazaret y aceptaron a aquel ser humano que les proporcionó una paz, una alegría y una seguridad increíbles; pero mientras vivieron con él, no fueron capaces de ir más allá de lo que veían. Solo a través de la experiencia pascual se adentraron en el verdadero significado de aquella persona fuera de serie.

Al morir Jesús, se preguntaron si con la muerte de su líder se había acabado todo. Sólo entonces empezaron a trascender la figura humana de Jesús y fueron descubriendo lo que se escondía detrás de aquella realidad visible. Fueron dándose cuenta de que allí había algo más que un simple ser humano. Entonces fueron conscientes de que el verdadero UNGIDO ya se encontraba en el Jesús de Nazaret.

La ausencia despierta otra conciencia.

Este Mesías, descubierto en Pascua, no coincide con el que esperaban los judíos y los propios discípulos, antes de esa experiencia. Ahora se trata de Jesús el Cristo, Jesucristo, genial integración del Jesús histórico y el Cristo de la fe.

Y para nosotros hoy ¿quién es Jesús? No se trata de dar una respuesta teórica ni una cristología aquilatada que responda a todas las cuestiones formales relativas a la persona de Jesús. Mucho menos, dogmas que definan su naturaleza divina. Lo que se espera de nosotros es una respuesta práctica. ¿Qué significa Jesús en mi vida?

Como cristiano, ¿me intereso de verdad por la figura histórica de Jesús para descubrir en él, como hicieron los discípulos, al Ungido de Dios? Es decir, ¿me esfuerzo por descubrir el valor trascendente que se esconde en su apariencia humana? ¿Es ese valor el que mueve mi existencia?

 “A los cristianos nos interesa mucho conocer todo lo que podamos de la persona y de la vida de Jesús precisamente porque creemos que a través de esa persona y de su vida concreta se nos ha revelado Dios de forma única, excepcional e irrepetible. Si en Jesús me encuentro con el mismo misterio de Dios encarnado, ¿cómo no me va a interesar conocer a su Hijo predilecto, cómo es, qué defiende, a quienes se acerca, qué actitud adopta ente los que sufren, cómo busca la justicia, cómo trata a la mujer, cómo entiende la vida y vive la religión…?” (Pagola, libro sobre Jesús, Aproximación Histórica).

La vida y misión de Jesús, vienen a responder tanto a los interrogantes de la lectura del Eclesiastés, como al desafío a nuestra fe ante la pregunta: “Quién dices tú quien soy yo?”

Hna. María del Mar Revuelta Álvarez
Dominica de la Anunciata


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

No me des ni riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan

Tanto en la primera lectura de hoy como en el salmo, se acentúa la importancia de la Palabra de Dios en la vida del cristiano, en nuestra vida. Ante una sociedad fluctuante y, muchas veces, poco estable, donde lo que hoy es blanco mañana es negro, o lo que hoy es verdadero mañana es falso, la palabra de Dios es estable, no cambia, es eterna y es lo que realmente nos da la felicidad.

El salmista esto lo tiene claro, la Palabra es esencial en su vida, lámpara para sus pasos, así también debería ser para nosotros, los cristianos. La Palabra de Dios es la brújula que tiene que guiar nuestra vida, ella es perfecta y es descanso del alma: “A dónde vamos a ir, Señor, sólo tú tienes palabras de Vida Eterna”. Por eso, cada vez que escuchamos la Palabra es para amoldar nuestra vida a ella y no al revés.

El libro de los Proverbios nos presenta hoy la única oración que aparece en él, una oración llena de sabiduría, con la que Agur pide a Dios que lo aleje de la mentira y de la falsedad, él sabe bien que la única felicidad es vivir en la Verdad. Y, por otro lado, pide no vivir ni en la riqueza ni en la pobreza, sino que le conceda lo justo para ir viviendo cada día.

En esta petición nos muestra el protagonista la importancia de conocerse a sí mismo. Sabe que vivir en la abundancia le puede alejar de Dios, olvidarle y vivir como si Dios no existiera. Vivir en la pobreza le puede llevar a renegar de Él y a rechazarlo.

Qué importante es conocer nuestro corazón y nuestra fragilidad y saber que necesitamos de la gracia de Dios cada día para serle fieles.

Pidamos, hoy, al Señor que Él sea siempre el que guíe nuestros pasos y que Él sea el centro de nuestra vida para vivir en la verdad y hacer siempre el bien.

Ellos se pusieron en camino anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes

Hoy, Lucas nos presenta en pocas líneas cuál es la misión principal de la Iglesia, y por ende la misión de todo cristiano, que no es otra que la de anunciar el Evangelio a todas las criaturas. Para llevar a cabo esta misión es necesario, primeramente, ser elegido por Dios, ser instruido, ser enviado y, finalmente ponerse en camino.

Pero, para poder anunciar el Evangelio, es fundamental haber tenido experiencia de la misericordia y del amor de Dios en nuestra vida. Hay que vaciarse de uno mismo y llenarse del Espíritu de Cristo para poder ser otros cristos en medio de esta sociedad, cada vez más alejada de la Verdad, para poder anunciar la salvación a todas las criaturas.

Los cristianos debemos estar disponibles para ser las manos y los pies de Jesucristo y ayudarle a salvar almas, “lo que gratis habéis recibido, dadlo gratis”. Pero para ser creíbles no sólo hay que anunciar la Buena Noticia de palabra, sino con obras. Por eso, es necesario que vayamos ligeros de equipaje, sin comida ni dinero, como los apóstoles, dando testimonio de que sólo Dios basta, de que Él es nuestro sustento y nuestra seguridad, los cristianos tenemos plenamente puesta nuestra confianza en el Señor, Él es nuestra fuerza y nuestro motor cada día.

Qué Dios nos conceda la gracia de vivir siempre apoyados en su amor y nos ayude a anunciar el Evangelio no sólo con las palabras, sino también con las obras.

Sor Mª Belén Marín López, OP
Monasterio Santa Ana, Murcia


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Pesar el corazón

El pasaje del libro de los proverbios nos trasmite la reflexión profunda de la vida como sabor de las cosas importantes, como sabiduría para vivir. Por eso no habla del corazón, que en lenguaje bíblico quiere expresar la totalidad de la persona; Nosotros normalmente asociamos el corazón a la dimensión afectiva de la persona, con los sentimientos. En tanto que aquí el corazón es el lugar de donde brotan los pensamientos, los propósitos, las pasiones, las acciones y los proyectos del ser humano (Mt 15,19). Amamos, pensamos, escuchamos y nos relacionamos desde el corazón, por eso el sabio no recuerda que es Dios quien “pesa el corazón” dándonos la posibilidad de crecer y madurar, de vivir la libertad y la responsabilidad frente a las cosas de la vida. Apropiado es el salmo de hoy, que nos invita a pedir al Señor que nos guie, nos instruya, nos oriente, nos enseñe cada día a dejarnos interpelar por su amor que da vida.

Abrir el corazón y ampliar la mirada

El caminar con Jesús siempre nos ayuda a abrir el corazón y ampliar la mirada. Con sus palabras y acciones el Señor nunca nos deja indiferentes. El episodio de los parientes que vienen a encontrarse con Jesús nos ayuda a comprender la propuesta del crecer en fraternidad desde el proyecto del Reino. No implica de manera alguna que no se valoren los lazos familiares, sino que el Maestro nos invita a ir más allá. Ser discípulos genera un nuevo tipo de vínculos. Una vida con sabor a Evangelio. Como nos recuerda el Papa Francisco en Fratelli Tutti: «Todos somos hermanos, con estas pocas y sencillas palabras expresó lo esencial de una fraternidad abierta, que permite reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite» (FT 1).

Esta nueva fraternidad nos abre a la alteridad, a la escucha de los otros para percibir la voz de Dios que se manifiesta en quien es distinto. Es dejarse interpelar por la realidad. Ser parte de la familia de Jesús es, en definitiva, compartir su vida y su proyecto e implicarnos en el mismo. Que, como María, modelo de discípula, podamos cada día escuchar la Palabra de Dios y la hagamos vida en los ambientes donde vivimos.

Fray Edgardo César Quintana O.P.
Casa Stmo. Cristo de la Victoria (Vigo)


Evangelio del día

Evangelio del viernes 20 de septiembre de 2024

Padre Pedro Brasseco

Reflexión del Evangelio de hoy

Si los muertos no resucitan…

El capítulo 15 de la primera carta a los Corintios lo dedica Pablo al tema de la Resurrección. La comunidad reunida en asamblea litúrgica era el lugar idóneo para hablar de la resurrección de Cristo y tratar de comprenderla. Aunque el camino para comprender esta realidad fue indudablemente largo para la primitiva comunidad cristiana, como nos lo dicen múltiples tradiciones, parece que en esta carta no plantea gran dificultad.

Lo que les resultaba difícil a los corintios era comprender la resurrección de los cristianos. Algunos debieron infravalorar el tema de la resurrección creyendo que se había realizado ya en esta vida, por el contrario, otros la negaban por completo, puesto que en la cultura helenista la resurrección de los cuerpos era impensable. Pablo reacciona enérgicamente y se remite al evangelio.

El evangelio anunciado por el apóstol y que los corintios han acogido tiene precisamente por objeto la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (cf l Cor 15,1-11). La resurrección de Cristo no se puede pensar de forma aislada. Si se niega la resurrección de los cristianos, se niega también la de Cristo, con todas las consecuencias que de ello se derivan (15,12-19).

Pablo va a mostrar el absurdo de tal posición en dos pasos sucesivos. En el primero se establece que, si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado, y en el segundo se concluye que si Cristo no ha resucitado vana es la predicación y la fe. Pablo quiere mostrar la inconsecuencia que existe en admitir una y rechazar la otra. Porque además si Cristo no ha resucitado, esa misma experiencia de fe es vana, ilusoria, no tiene fundamento alguno.

Toda esperanza se proyecta siempre hacia un futuro, si en el futuro no se cumple, nuestra esperanza es falsa y nos convierte en los más desgraciados de todos los seres humanos. Pero la nueva humanidad ha comenzado en Cristo resucitado, Pablo nos lo recuerda para alentar la fe de los corintios y la nuestra.

… y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

La lectura del evangelio de hoy nos pone en sintonía con el grupo de discípulos de Jesús integrado por los Doce y por algunas mujeres que él había sanado. No es la primera vez que vemos a Jesús en compañía o en relación con las mujeres, algo que es su tiempo era impensable para cualquier varón judío. Las innumerables normas que marcaban las relaciones entre el hombre y la mujer relegaba a esta última al ámbito de lo privado, de la casa, la intimidad o los hijos.

Sin embargo, Jesús cambia la mentalidad de su época para abrirles a la nueva realidad del Reino que incluye a todo ser humano, sobre todo a los último, a los que no cuentan, a los excluidos. En el evangelio de Lucas las mujeres son protagonistas de los diferentes acontecimientos que Jesús realiza: son receptoras de la buena noticia del Reino, el Señor las cura, las sana, pone su condición como ejemplo del Reino y las llama a su seguimiento.

No deja de sorprendernos que al igual que el evangelista nos da el nombre de los Doce, aquí también llama a algunas de las seguidoras de Jesús por su nombre propio. María la Magdalena, discípula de Jesús y testigo de su muerte, sepultura y resurrección en los cuatro evangelios. Juana, mujer de un intendente de Herodes, bastante conocido y que acompaña a María Magdalena en los momentos más significativos de la vida de Jesús. Susana y otras mujeres que le ayudaban con sus bienes, que para Lucas tiene un significado más amplio: compartir los bienes trae consigo compartir la vida, la comunión, formar parte de esa comunidad del Reino en esta tierra.

Ser discípula, al igual que discípulo, es entrar en la dinámica de Jesús de Nazaret, adherirse a su persona, ser consecuente con su proyecto hasta la muerte. Ser predicadora de buenas noticias, de una palabra fecunda, que genera vida y vida nueva.

Que las mujeres fuesen discípulas de Jesús en un mundo y en un tiempo donde la mujer no tenía ningún valor, nos habla mucho de la transformación que puede sufrir nuestro mundo, nuestra historia, nuestra mentalidad si realmente nos abrimos a ese Reino de Dios que siempre gesta vida y vida en abundancia.

Así nos lo recuerdan también los mártires que celebramos hoy con la entrega de una vida totalmente resucitada.

Hna. Carmen Román Martínez O.P.
Congregación de Santo Domingo


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

“ Tu fe te ha salvado, vete en paz ”

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él y, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo:
«Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora».
Jesús respondió y le dijo:
«Simón, tengo algo que decirte».
Él contestó:
«Dímelo, Maestro».
Jesús le dijo:
«Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le mostrará más amor?».
Respondió Simón y dijo:
«Supongo que aquel a quien le perdonó más».
Le dijo Jesús:
«Has juzgado rectamente».
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:
«¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco».
Y a ella le dijo:
«Han quedado perdonados tus pecados».
Los demás convidados empezaron a decir entre ellos:
«¿Quién es este, que hasta perdona pecados?».
Pero él dijo a la mujer:
«Tu fe te ha salvado, vete en paz».

Perdón, amor y juicio

Este pasaje es una poderosa enseñanza sobre la gracia de Dios, que está disponible para todos, y sobre la importancia de un corazón arrepentido y amoroso frente a una actitud de juicio y autojustificación.

El amor y el perdón lo vemos sobre todo en la mujer pecadora que muestra que el reconocimiento de los propios pecados y la fe en Jesús conducen al perdón y a una transformación radical del corazón.

La hipocresía religiosa nos la presenta Simón el fariseo con su actitud de juzgar y despreciar a los demás sin reconocer la propia necesidad de perdón.

“La fe salva” es el principal mensaje de Jesús que enfatiza que es la fe de la mujer, y no sus obras, lo que le ha otorgado el perdón y la salvación.

Dios está con los más débiles, con los más pecadores, con los que más fallan, son sus “preferidos”, frente al fariseísmo imperante hoy en día, que piensa que cuanto más se cumpla, cuanto más se obedezca, cuanto más se sigan las reglas, más favor se va a obtener de Dios.

Todas las lecturas de hoy se resumen en que hay que mantener una actitud cristiana humilde y poner toda nuestra esperanza y nuestra fe en Dios, que es quien puede transformar nuestro interior. No podemos hacer nada sin Él.

¿Nos mantenemos firmes en el mensaje de Cristo a pesar de las dificultades y las tentaciones diarias?

¿Qué prevalece en nosotros, el amor o el juicio hacia uno mismo y hacia los demás?

Fraternidad Laical de Santo Domingo de Valencia


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

“ No llores ”

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos y mucho gentío.

Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.

Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo:
«No llores».

Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
«¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!».

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre.

Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios, diciendo:
«Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo.»

Reflexión del Evangelio de hoy

Vosotros sois el cuerpo de Cristo

Porque Dios es trinidad, nosotros somos comunidad. La unidad nos la da el ser todos hijos del mismo Padre, miembros de Cristo, bautizados en el mismo Espíritu para formar un solo cuerpo. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo, y como tal Cuerpo debe mantener su unidad con la Cabeza y entre los distintos miembros.

Todos, «hemos recibido un mismo Espíritu en el bautismo» y «todos hemos bebido también del mismo Espíritu» para formar un solo cuerpo. La unidad no suprime la diversidad de los miembros. La riqueza de los dones no es para desarrollar intereses individuales sino para desarrollar la complementariedad en orden a la unidad.

La manifestación del Espíritu Santo a través de los diversos carismas ha sido dada a cada uno para la utilidad común, o sea, para el bien de toda la comunidad.

Parece que se entiende mejor la unidad de la Iglesia, cuerpo de Cristo, cuando contemplamos esta verdad desde una realidad vital, que se realiza cuando ponemos nuestros dones, cualidades, carismas, al servicio de los demás, para la utilidad común.

Mira cuanto has recibido de Dios Padre, de Cristo, del Espíritu, para que sepas, dar y darte a los demás en la edificación de la Iglesia.

Jesús es Palabra de Dios que da Vida.

La escena  del evangelio presenta a Jesús como «dador de vida». A Jesús le «da lástima» el dolor de una viuda que ha perdido a su hijo único. Jesús se hace sensible a su dolor y lo que era una comitiva de muerte se convierte en una fiesta de vida. Jesús es una palabra de vida que va más allá de la muerte; le habla al muerto: muchacho a ti te lo digo levántate.

El término “levantarse” no es solo ponerse de pie, también se refiere a volver a la vida. El evangelio lo usará incluso para hablar de la resurrección misma de Jesús.

Es bueno escuchar en medio de nuestros sufrimientos esta palabra de Jesús: levántate. Palabra que nos invita a tener una vida más plena, que nos invita a renovar y hacer nueva la vida.

Jesús nos anima también a salir del llanto y la tristeza, salir de una cultura de muerte. Que nadie tenga que llorar. Ojalá los seguidores de Jesús repitamos siempre sus palabras de misericordia y vida: “No llores, levántate”.

Seguir el gesto de Jesús significa suscitar vida: tener piedad de los que sufren y ofrecerles nuestra ayuda; allí donde la enfermedad, el sufrimiento y la muerte parecen ser definitivas, hacer posible la esperanza de  vida nueva. Es la tarea de los seguidores de Jesús, apostar por una cultura del encuentro que sabe ver al que sufre, acercarse a él, tocar el sufrimiento, llevar una palabra de vida.

Pero nada de esto se realiza sin la fe en el Dios de la vida, sin fe en la palabra de Jesús que es Palabra que da Vida.

Fr. Isidoro Crespo Ganuza O.P.
Convento de S. Valentín de Berrio Ochoa (Villava)