Evangelio del Día

Evangelio del domingo 11 de septiembre de 2022

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 15, 1-32

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola:
«¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice:
“¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”.
Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice:
“Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”.
Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».
También les dijo:
«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:
“Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”.
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
Recapacitando entonces, se dijo:
«Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.
Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo:
“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
Pero el padre dijo a sus criados:
“Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.
Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Este le contestó:
“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”.
Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Entonces él respondió a su padre:
“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”.
El padre le dijo:
“Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

Evangelio: Lucas (15): Jesús habla de Dios

III.1. El evangelio del día nos lleva a lo que se ha llamado, con razón, el corazón del evangelio de Lucas (c. 15). Tres parábolas componen este capítulo. Hoy, a elección, se puede o no leer la última también, sin duda la más famosa y admirada, la parábola conocida como la del “hijo pródigo”. Pero en realidad esa parábola se lee mejor en el tiempo de Cuaresma como preparación a la Pascua. En todo caso queda de manifiesto que Lucas 15 es un capítulo clave en la narración de este evangelista. Como corazón, es el que impulsa la vida, el ardor, la fuerza del evangelio o de la predicación de Jesús. Es un capítulo que se confecciona para responder a las acusaciones críticas de los que escuchan y ven a Jesús actuar de una forma que pone en evidencia su concepción de Dios y de la religión.

III.2. Las dos parábolas “gemelas” (de la oveja y la dracma perdidas, respectivamente), que preceden a la del hijo pródigo (que debería llamarse del padre misericordioso), vienen a introducir el tema de la generosidad y misericordia de Dios con los pecadores y abandonados. En los dos narraciones, la del pastor que busca a su oveja perdida (una frente a noventa y nueva) y la de la mujer que por una moneda perdida (que no vale casi nada), pone patas arriba toda la casa hasta encontrarla, se pone de manifiesto una cosa: la alegría por el encuentro. Estas parábolas, junto a la gran parábola del padre y sus dos hijos, intentan contradecir muchos comportamientos que parecen legales o religiosos, e incluso lógicos, pero que ni siquiera son humanos. El Reino de Dios llega por Jesús a todos, pero muy especialmente a los que no tienen oportunidad de ser algo. Jesús, con su comportamiento, y con este tipo de predicación profética en parábolas, trasmite los criterios de Dios. Los que se escandalizan, pues, no entienden de generosidad y misericordia.

III.3. Comienza todo con esa afirmación: “se acercaba a él todos los publicanos y pecadores”. Es muy propio de Lucas subrayar el “todos”, como en 14,33 cuando decía que quien no se distancia (apotássomai) de todos los bienes… Y también merece la pena tener en cuenta para qué: “para escucharle”. Escuchar a Jesús, para aquellos que todo lo tienen perdido, debe ser una delicia. También se acercaban, como es lógico, los escribas de los fariseos, pero para “espiar”. Serían éstos, según las palabras de Is 6,9-10, los que escuchaban pero no podían entender, porque su corazón estaba cerrado al nuevo acontecimiento del Reino que Jesús anunciaba en nombre de su Dios, el Dios de Israel. Con esas palabras se despide Pablo del judaísmo oficial romano de la sinagoga en Hch 28. No debemos olvidar que en las tres parábolas de Lc 15 se quiere hablar expresamente del Dios de Jesús. Por tanto, no solamente en la parábola del padre de los dos hijos (entre ellos el pródigo), sino también en la del pastor y en la de la pobre mujer que pierde su dracma.

III.4. Así, pues, se acercaban a él, para escucharlo, los publicanos y pecadores, porque Jesús les presentaba a un Dios del que no les hablaban los escribas y doctores de la ley. Un Dios que siente una inmensa alegría cuando recupera a los perdidos es un Dios del que pueden fiarse todos los hombres. Un Dios que se preocupa personalmente de cada uno (como es una oveja o una dracma) es un Dios que merece confianza. El Dios de la religión oficial siempre ha sido un Dios sin corazón, sin entrañas, sin misericordia, sin poder entender las razones por las cuales alguien se ha perdido o se ha desviado. Es curioso que eso lo tengan que hacer ahora las terapias psicológicas y no esté presente en la experiencia religiosa oficial. No se trata de decir que Dios ama más a los malos que a los buenos. Eso sería una infamia del un fundamentalismo religioso irracional. Lo que Dios hace, según Jesús, según el evangelista Lucas, es comprender por qué. La terapia del reino debería ser la clave del cristianismo. Y la mejor manera para abandonar la vida sin sentido no es hablar de un Dios inmisericorde, sino del Dios real de Jesús que espera siempre sentir alegría por la vuelta, por la recomposición de la existencia y de la dignidad personal.

Fray Miguel de Burgos Núñez
(1944-2019)

Evangelio del Día

Evangelio del sábado 10 de septiembre de 2022

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 43-49

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:
«No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.
¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que digo? Todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificó una casa: cayó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo derribarla, porque estaba sólidamente construida.
El que escucha y no pone en práctica se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose, y fue grande la ruina de aquella casa».

Reflexión del Evangelio de hoy

No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios

San Pablo escribe con una determinada intención a la comunidad de Corinto. Trata de que en esta comunidad se profundice en el sentido de la fe. Toda una catequesis, volcada en el sacrificio de entrega de Jesús, la que emplea Pablo para persuadir a sus lectores. Para ello, utiliza una expresión fuerte: «Huid de la idolatría» con la que trata de que caigan en la cuenta de que no se puede jugar a dos aguas en el seguimiento de Jesucristo. Tampoco se puede hacer un cristianismo a la carta, tomando de aquí y de allá lo que más nos interesa para justificar en todo momento las faltas de coherencia y fidelidad que exige el Evangelio.

La Sagrada Eucaristía: pan partido y sangre derramada. Memorial de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Entrega total de Jesús por amor para nuestra redención. Al participar en ella nos une a Él y nos va identificando, configurando con Él, para de este modo ser más de Cristo. Sin embargo, el sacrificio a los ídolos es algo vacío: «Sus ídolos, en cambio, son plata y oro, hechura de manos humanas: tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven; tienen orejas, y no oyen; tienen nariz, y no huelen; tienen manos, y no tocan; tienen pies, y no andan; no tiene voz su garganta: que sean igual los que los hacen, cuantos confían en ellos» (Sal 115,4-8). Eso es lo que apunta san Pablo que el ídolo no te da la salvación ni sentido a tu vida.

La llamada de atención es a crecer y a madurar en nuestra fe en Jesucristo. Vivir en coherencia y en fidelidad a su Palabra y confiad en su providencia para que adquiramos un corazón agradecido. Así lo marca la experiencia del salmista en el clamor de su oración: ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

¿Por qué no hacéis lo que os digo?

El pasaje del Evangelio de la liturgia del día de hoy nos presenta a Jesús dando una enseñanza al discipulado. El Maestro de Nazaret quiere dejar un poso de sabiduría en sus seguidores. Para ello, comienza con un lenguaje sencillo, apoyado en el mundo rural, la imagen del árbol la traslada a la esencia de la persona. Al discipulado de Jesús lo reconocerán por «sus frutos».

Hay una profundidad en esta imagen del “árbol”. Hay una inmensa variedad de árboles frutales. Hay una infinita variedad de árboles que producen flores. Hay otros destinados a producir buena madera y otros se limitan a dar una reconfortante sombra y limpiar el aire de la contaminación. A cada uno de ellos, le corresponde una función y el que está sano, fuerte, vigoroso, da frutos en su sazón. Sin embargo, el que está “enfermo”, raquítico, no puede dar frutos, tiene bastante con subsistir.

Sigue el Maestro de Nazaret en la cátedra. Ahora después de mostrar la imagen de un aparente “árbol” toca llevarla al plano personal. Así somos los discípulos. El que es capaz de escuchar la Palabra de Dios, rumiarla, degustarla como si fuese un tesoro y la lleva al corazón, la contempla, la hace vida. Hace de esa Palabra la «sabia» que nutre todo su ser, por tanto, el mensaje de Jesús ha entrado en lo más íntimo de su corazón y brota hacia afuera con frutos que hablan del mandato del amor con sabor al Reino. Esos frutos realmente son sanos no perecen.

La clase sigue adelante y Jesús lanza una pregunta: ¿Por qué no hacéis lo que os digo? Parece ser, que cuesta trabajo encarnar la enseñanza de Jesús y la asignatura del «amaos unos a otros» la llevamos siempre cogida con alfileres. Ahora una parábola: «la casa edificada sobre roca», para reforzar y refrescar los conocimientos adquiridos junto a Jesús. Con una serie de verbos nos lleva a interiorizar lo anterior: Viene a mí, escucha mi palabra y la pone en práctica, ese será un discípulo “sano” que dará lo mejor de sí. Por el contrario, el que se autoexcluye de este proyecto, su ruina es grande.

Vendrá la crecida del río de la vida con sus contrariedades, obstáculos, noches oscuras, horizontes sin luz, pero el que hace de Jesucristo el cimiento de su vida no se hundirá. Jesús y su Palabra son cimientos firmes, que puestos en nuestra vida hacen que nuestro corazón se humanice, sea de carne, y una vez interiorizados nos envía a vivir en el reto del amor.

Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P.
Convento de Santo Tomás (Sevilla)

Evangelio del día

Evangelio del viernes 9 de septiembre de 2022

 ¿Puede un ciego guiar a otro ciego? 

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 39-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola:
«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?
No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.
¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano».

Reflexión del Evangelio de hoy

Revisión oftalmológica para los ojos del corazón

Proyecciónlo llama el psicoanálisis clásico freudiano al mecanismo de defensa utilizado por la persona en la que impulsos, sentimientos y deseos propios se atribuyen a otro objeto (sea persona, fenómeno, cosa externa).

La cuestión viene de lejos. Ya el autor sagrado recrea en el relato de la caída (Gén 3) un escenario cuyo denominador común se concentra en que el ser humano, a toda costa, busca eximirse de su actuación errada, buscando para ello -a tiempo y destiempo- un chivo expiatorio donde depositar el contubernio montado, quedando así inmaculado (según su planteamiento) y por ello con derechos para arbitrar los despropósitos ajenos, intentando a toda costa enmendar la plana al que ha sentado en el banquillo de los acusados.

El Maestro es categórico al respecto, formulando una cuestión que le sirve para sajar la ceguera y actuar como colirio para la misma: «– ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?» (Lc 6,39)

Hoyo que simboliza parálisis en el crecimiento integral del ser humano por abundancia de oscuridad, que no es otra cosa que ausencia de luz. Bien lo recita el refranero popular con aquello de: «Consejos vendo y para mí no tengo».

La parábola que el texto lucano pone en boca de Jesús, se convierte en piedra de clave que sostiene la estructura de la naturaleza esencial que somos, haciendo frente a las trampas en que se mueve el falso yo, invitándonos a transitar de manera permanente el camino del conocimiento de uno mismo, pudiendo decir con San Pablo: «Corro, no al azar; lucho, no contra el aire; sino que entreno mi cuerpo y lo someto, no sea que, después de proclamar para otros, quede yo descalificado» (1ª Cor 9, 26-27).

El apóstol de los gentiles es sabedor del peligro de los maquillajes, lifting y demás postizos que son garante de una «corona que se marchita» (v. 25); de facto, de disfrute limitado con la consiguiente insatisfacción.

La corona incorruptible, de la que se hace vocero S. Pablo, invitando a acoger -a tiempo y a destiempo-, al que es la Buena Noticia, con rostro y nombre concreto: Jesús, llamado el Cristo.

Aquel del que se canta según la oda de Gat, de los hijos de Coré, en el Salmo 83: «Dichoso el que encuentra en ti su fuerza y tiene tus caminos en su corazón»(v.6)

La sociedad de cada tiempo y la nuestra en grado superlativo vende el sentido de la vida en estuche de programas emocionales de felicidad, diseñados a medida del ego y por ello, infectados de autorreferencialidad, -como insiste hasta la saciedad el papa Francisco-, siendo por ello botín de cajón desastre.

La Buena Noticia no se cifra en estar exentos de problemas, combates, contrariedades, contratiempos, sino que «cuando atravesamos áridos valles, los convertimos en oasis» (v.7), porque quien se definió como  «el Camino» (Jn 14,6) se convierte en camino del caminante… y entonces se encarnan aquellas letras del poema de D. Antonio Machado: «Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar»…la de los perfectísimos, inmaculados… doctorcillos de la vida que se dedican a sacar pajas en ojo ajeno, teniendo vigas en los propios.

Ea!, que a cada uno se nos tome la tensión ocular… la del corazón, por si tenemos que pedir cita para revisión oftalmológica. 

Sor Mª Ángeles Calleja O.P.
Monasterio Santa Catalina – Paterna

Evangelio del día

Evangelio del jueves 8 de septiembre de 2022

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 18-23

La generación de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta:
«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

Reflexión del Evangelio de hoy

Natividad de Nuestra Señora

Celebramos hoy una de las fiestas más populares de María, la fiesta de su nacimiento. Hoy habrá momentos emotivos en los muchos santuarios que se extienden por toda la geografía. Es un buen motivo para participar en romerías, peregrinaciones, encuentros en torno a los santuarios donde se venera su imagen. Celebrarlo en esos lugares tiene un significado especial. Nos enlaza a tradiciones que han dado sentido al vivir de las gentes y nos remonta a siglos de historia donde María ha tenido una presencia relevante. La piedad popular encuentra en todo ello una canalización de la fe que recuerda costumbres religiosas muy arraigadas en nuestras tierras.

Es una antigua fiesta que podría remontarse al siglo V. El calendario romano conmemora tres fiestas de la natividad: la Natividad de Jesús, el Hijo de Dios (25 de diciembre, Navidad); la de San Juan Bautista (24 de junio) y la de la Santísima Virgen María, el 8 de septiembre

Las lecturas de este día pueden facilitarnos el vivir de forma especial la eucaristía en este recuerdo del Nacimiento de la Virgen María.

Él mismo será la paz

Miqueas, siglo VIII a. C., profetizó en momentos duros para el pueblo de Dios, donde Asiria se iba apoderando de gran parte de Judá hasta llegar a las puertas de Jerusalén. Son tiempos desconcertantes para el pueblo, donde no se excluye la corrupción, la injusticia y la falsa religiosidad. Todo ello es manifestación de la infidelidad al Dios de la Alianza que siempre reclama la justicia. Ante una situación de esas características, Dios no permanece callado. La voz del profeta va a increpar, en su nombre, al pueblo a fin de reconducir su conducta. Miqueas fustiga a los príncipes y jueces, recrimina a los falsos profetas y malos sacerdotes y anuncia que el Templo será destruido en castigo de sus maldades.

Tras los primeros capítulos de su libro, donde el profeta ha increpado al pueblo por sus infidelidades, el texto sigue diciendo que “el Señor abandonará a su pueblo hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz”. Y ahí recordamos el texto de Isaías en esa misma línea: «He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo». (Isaías 7:14).

Es el anuncio de algo que supone abrir una puerta a la esperanza. Es el anuncio de que, en Belén, pequeña población entre las ciudades de Judá, surgirá alguien que ha de ser “soberano de Israel”. La pequeñez de ese pueblo no es óbice para que de ella salga el Mesías, de donde mucho tiempo atrás había surgido David, el gran rey del pueblo de Dios.

Esa promesa hecha al pueblo, será el que recuerden los sacerdotes a Herodes cuando les pregunte por el lugar del nacimiento del Mesías.

La tradición cristiana ha visto en este pasaje de Miqueas el anuncio del nacimiento de Jesús en Belén. Ese que ha de llegar será portador de la paz “porque pastoreará a su pueblo con la fuerza del Señor”.

De ese rey que se anuncia hay que destacar su origen humilde, semejante al origen de David. Él reconstruirá al pueblo desunido y en él aparecerá la gloria de Dios que velará por su pueblo. Ese rey anunciado tiene como nombre la misma paz.

Si miramos nuestra realidad actual, también nosotros vivimos tiempos de inseguridad y desesperanza, tiempos de incertidumbre y desasosiego. El contemplar la historia del pueblo de Israel, en ese momento del profeta Miqueas, puede ayudarnos a descubrir la mano de Dios en nuestros días. En estos tiempos nuestros de tanta desesperanza es conveniente levantar la vista para saber descubrir a ese Dios que nunca nos abandona, pese a todos los contratiempos con los que nos topamos y, porque nos ama, sigue junto a nosotros. Eso nos testifica Jesús, su Hijo.

En los tiempos de oscuridad la fe puede conducirnos por caminos de esperanza. Pese a todos los contratiempos e infidelidades Él sigue ofreciendo su amor.

Hay un punto importante que no podemos olvidar. La lectura de Miqueas ha de servirnos para meditar en la fidelidad y la misericordia de Dios. Entre esas bondades hoy destacamos el regalo de María que es para todos, motivo de alegría, también de agradecimiento.

La virgen concebirá y dará a luz un hijo

La gran profecía anunciada por los profetas y anhelada por el pueblo de Israel, a lo largo de los siglos, se orienta a la llegada del Mesías. Es el punto final de un camino que estuvo salpicado por la esperanza de que, pese a todas sus infidelidades, Dios no abandonaría a su pueblo, sino que enviaría a quien establecería una Nueva y definitiva Alianza. María va a tener un especial protagonismo al convertirse en la madre de esa gran promesa, Jesús. Ella es esa “virgen que concebirá y dará a luz un hijo”, tal como anunció Isaías.

El hecho de su nacimiento es lo que hoy celebramos. Desde antiguo esta fiesta, posiblemente desde el siglo V en Oriente, ha sido una llamada a recordar el comienzo de su historia. Lo que sabemos de su vida más allá de los textos evangélicos, lo sabemos por el protoevangelio apócrifo de Santiago. Los evangelios no nos cuentan nada del acontecimiento que hoy conmemoramos. La presencia de María en los textos sagrados está toda orientada a Jesús, el Hijo de Dios. Por eso, no necesitamos datos concretos del contexto de lo que fue su llegada a este mundo. Sabemos lo que definió su vida: su entrega y fidelidad al plan de Dios para que se hiciera en ella lo que la Palabra del Señor pedía. De esa entrega y fidelidad surge todo lo que significa María en la historia de la salvación.

El evangelio nos habla del nacimiento de Jesús en medio de una familia sencilla que pone frente a nosotros a María y a José. María con su seguridad de haber respondido a la petición de Dios para traer al mundo a Jesús y a José con sus dudas e incertidumbres ante lo desconocido. Ellos ofrecieron a Jesús el marco para desarrollar su vida en Nazaret y recibir lo que todo hombre que llega a este mundo necesita: amor hecho de ejemplos concretos de vida.

El comienzo de todo nos retrotrae al acontecimiento fundamental en la vida de María que no es otro que la Anunciación. María es contemplada como el mejor ejemplo de lo que significa vivir en cristiano. Ella es madre y discípula; ella es modelo de disponibilidad y entrega a la voluntad de Dios. Su “hágase en mi según tu palabra” es una manifestación plena de confianza en Dios a quien entrega su vida.

La fiesta de su nacimiento nos recuerda que la Virgen María vino al mundo sin pecado original; por eso es pura, santa y así recibirá al autor de la gracia dispuesta de la forma más digna para acoger a Jesús, para ser la madre de Dios hecho hombre.

Celebrar la natividad de la Virgen María nos sitúa ante la figura de la Madre del Señor, para aprender a estar disponibles, para acoger y aceptar lo que Dios tiene reservado a cada uno, asumiendo con todas las consecuencias, nuestra aportación a la obra de la salvación.

San Juan Damasceno (675-749) predicó, un 8 de septiembre en la Basílica de Santa Ana, en Jerusalén, un hermoso sermón que sirve de colofón a este comentario:
“¡Ea, pueblos todos, hombres de cualquier raza y lugar, de cualquier época y condición, celebremos con alegría la fiesta natalicia del gozo de todo el Universo. Tenemos razones muy válidas para honrar el nacimiento de la Madre de Dios, por medio de la cual todo el género humano ha sido restaurado y la tristeza de la primera madre, Eva, se ha transformado en gozo. Ésta escuchó la sentencia divina: parirás con dolor. A María, por el contrario, se le dijo: Alégrate, llena de gracia!”.

Alabemos a Dios por su misericordia. Ensalcemos a María, madre nuestra por su generosidad al aceptar ser la Madre del Salvador y madre nuestra.

Fray Salustiano Mateos Gómara O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)

Evangelio del día

Evangelio del miércoles 7 de septiembre de 2022

 Bienaventurados… 

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:
«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!
¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas».

Reflexión del Evangelio de hoy

Como si no…

De entrada, nos chocan las expresiones de san Pablo con su teología del “como si no”. Los que en este mundo están casados, los que lloran, los que están alegres… que lo vivan “como si no” estuvieran casados, llorasen o riesen. Sobre todo, sabiendo que San Pablo vivió con intensidad todo lo que le tocó vivir, principalmente después de su conversión, predicando, poniendo en ello todas sus fuerzas, el evangelio de Cristo. En ello gastó y desgastó su vida. Nunca se quedó en la superficie.

La explicación la encontramos en que San Pablo sabe bien lo que proclama nuestra esperanza cristiana: que nada de este mundo es lo definitivo, lo último, lo eterno. Lo que le empuja a decirnos que vivamos con gran intensidad nuestro compromiso cristiano en nuestra estancia en la tierra, luchando para que en ella brille el evangelio de Jesús, con todo lo que bueno que nos trae, pero sabiendo que nuestra patria definitiva está un poco más allá. De ahí brota su “como si no…”. Entre otras cosas, esta actitud nos ayudará a ver todo lo que nos sucede y nuestros problemas con sentido del humor… nada de lo de aquí es lo definitivo, lo último… sólo puede ser lo penúltimo.

Elegir bien a qué Dios servir y amar

Bien sabe Jesús que el deseo más fuerte de todo corazón humano es conseguir la felicidad, disfrutar de una vida donde prevalezca la felicidad y no la tristeza y la amargura. Por ello, como no podía ser  menos, Jesús en varias ocasiones toca este tema y nos señala los caminos que nos llevan a esa vida feliz, a una felicidad limitada en esta tierra y total y para siempre después de nuestra muerte y resurrección.

Todas sus enseñanzas en este sentido, también las bienaventuranzas del evangelio de hoy, tienen una nota común. Nos pide que dejemos a Dios, al Dios Padre presentado por él mismo, que sea nuestro Rey y Señor, el que rija  y guíe nuestros pasos. Es lo que hacen los ochos proclamados por Jesús como bienaventurados. Y es lo que no hacen los que Jesús proclama como desdichados y alejados de la felicidad… dejan que sus vida las rijan dioses falsos.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Evangelio del día

Evangelio del martes 6 de septiembre de 2022

 Escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles 
Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 12-19

En aquellos días, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles:
Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Simón, llamado el Zelote; Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Después de bajar con ellos, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.
Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y toda la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.

Reflexión del Evangelio de hoy

Que no haya pleitos entre vosotros

La primera carta a los Corintios es de alguna manera, la respuesta que Pablo da a la situación que vive esta comunidad y cuya problemática tiene que ser acompañada, iluminada y respondida de acuerdo con el proyecto de vida cristiana. El apóstol tiene dos fuentes de información sobre dicha situación: por un lado, la gente de Cloe, que le informan sobre diferentes actitudes de la comunidad que provocan divisiones (1 Cor 1,11). Por otro lado, los mismos hermanos de Corinto escriben a Pablo para que dé respuesta a una serie de cuestiones que ellos no tienen del todo claras (1 Cor 7,1).

En esta ocasión, se trata de una situación que Pablo la conoce de oídas pero que provoca en él una gran indignación. En el seno de la comunidad hay hermanos que deciden resolver sus pleitos internos en tribunales paganos, y en consecuencia quienes juzgan son personas ajenas a la vida y a la fe de la comunidad cristiana. De ahí el asombro de Pablo y su sorpresa: ya es suficientemente duro que haya diferencias, disputas, robos, injusticias y pleitos entre hermanos, pero ¿no es posible resolverlo entre ellos?, ¿no hay en la comunidad alguien que actué de mediador entre ambos? El cristiano para el apóstol ha de tender a la santidad y los criterios para resolver las rupturas y la divisiones no son sentencias legales y judiciales, sino que hay que discernir para llegar a caminos de encuentro y de comunión en el Señor.

Si nuestras actitudes y comportamientos son como los del mundo, ¿cómo vamos a “santificar” el mundo? Si el amor, el compromiso con el hermano, el perdón, la conversión y la fe en Jesús Resucitado no están en el centro de nuestras vidas y relaciones, difícilmente podremos llamar hermano y hermana a ningún miembro de la comunidad, y mucho menos a las personas de nuestro mundo.

Sin embargo, lo más duro de admitir para Pablo es que haya pleitos entre hermanos, que lleguen a esa situación y la comunidad no haga ni diga nada. Por ello, les recuerda que han sido llamados, elegidos, perdonados, santificados en el nombre de Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios; y solo en su nombre somos salvados y nuestra vida transformada. 

Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos

En el capítulo 5 del tercer evangelio, Lucas ha mostrado a sus oyentes el modelo de llamada que Jesús hace a sus discípulos y a quienes ha llamado a su seguimiento. Personas corrientes con trabajos y tareas diferentes, con personalidades opuestas, incluso con vidas morales que pueden tacharse de poco honradas. El capítulo finaliza con la novedad que trae Jesús, la imposibilidad de acogerla en modelos antiguos, “viejos”, y la necesidad de odres nuevos para escucharla y vivirla.

El evangelio de hoy, capítulo 6, muestra a un grupo amplio de discípulos que acompañan a Jesús. El Maestro va a elegir a un número más reducido que vayan con él en su camino hasta la cruz y así prepararlos para el momento en el que también ellos tengan que asumir el proyecto y el destino de Jesús.

Al igual que Dios llamó y eligió a Moisés en lo alto del Sinaí, de la misma manera que el Señor se reveló a Elías en el Horeb, así Jesús después de pasar en oración, en intimidad con el Padre, toda la noche en la montaña, desde ese lugar va a escoger a un grupo de sus discípulos. Una llamada que de nuevo espera una respuesta. De todos los que le siguen, solo Doce van a recibir una segunda llamada, algunos con un nombre nuevo para una misión concreta: ser apóstoles, enviados a continuar la buena nueva del Reino de Dios y evangelizar a todos los pueblos.

Algunos de los elegidos ya han sido presentados en el evangelio, como Simón, al que Jesús puso de nombre Pedro, piedra, la persona de referencia entre los discípulos. Cuando el Maestro no esté, él deberá aglutinar y unir a la comunidad cristiana. También Andrés, su hermano que le ha llevado hasta Jesús. Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo que intimaron con el Señor y decidieron dejarlo todo, por él; y el último de los doce, Judas Iscariote, que fue el traidor. Estos doce apóstoles tienen también un significado y sentido teológico: ellos van a garantizar el futuro de la misión y del camino que recorrerá la Iglesia después de la resurrección de Jesús.

Después de la elección, el Maestro y sus discípulos bajan del monte al llano, al camino de la vida, al encuentro con el ser humano, sobre todo con aquellos que viven la fragilidad, la pobreza, la enfermedad, la miseria; todo aquel que necesita encuentros y cuidados sanadores y salvadores. Gente de la costa, del interior venían a escucharle y él les curaba de todas sus enfermedades. Todos ansían tocarlo para quedar sanos, la fuerza interior y exterior que emana la persona de Jesús libera a todo hombre y mujer de sus ataduras, físicas, psíquicas y éticas. Atreverse a tocar a Jesús, es penetrar en la dinámica de un Dios que sana nuestras heridas, rompe nuestras cadenas y nos invita continuamente a ser sus apóstoles y a anunciar el Reino en clave de gracia y salvación. ¿me siento llamado/a a ser apóstol? ¿Qué implica en mi vida?

Hna. Carmen Román Martínez O.P.
Congregación de Santo Domingo

Evangelio del día

Evangelio del lunes 5 de septiembre de 2022

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 6-11

Un sábado, entró Jesús en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.
Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo.
Pero él conocía sus pensamientos y dijo al hombre de la mano atrofiada:
«Levántate y ponte en medio».
Y, levantándose, se quedó en pie.
Jesús les dijo:
«Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla?».
Y, echando en tomo una mirada a todos, le dijo:
«Extiende tu mano».
Él lo hizo y su mano quedó restablecida.
Pero ellos, ciegos por la cólera, discutían qué había que hacer con Jesús.

Reflexión del Evangelio de hoy

Barred la levadura vieja para ser masa nueva

Es una reconvención más de S. Pablo a los cristianos de Corinto. Son los peligros de una ciudad populosa, rica y, seguramente, un tanto libertina. Es grave el escándalo que Pablo denuncia, pero no parece afectar a la comunidad que sigue con su vida alegre y confiada.

Últimamente se está haciendo frecuente entre nosotros, los cristianos de hoy, hacer la vista gorda ante las inmoralidades que se desarrollan a nuestro alrededor. Nos fijamos mucho y condenamos, a veces con demasiada dureza, la sexualización de alguna parte de nuestra sociedad y costumbres, pero no queremos ver y volvemos la cara ante situaciones realmente graves que suceden a nuestro alrededor.

Recibimos en el templo con muestras de alegría a ese personaje que sabemos presta dinero a usura y no vacila en hacerse con la propiedad del prestatario; que es capaz de dejar en la calle a una familia a veces provocando el impago de la deuda, y sabemos que explota a sus empleados. A éste le sonreímos, le invitamos a presidir cofradías y eventos, sin tener en cuenta la oposición de su conducta con los mandatos de Dios. Pero torcemos la cara si una pobre mujer divorciada rehace su vida junto a otro hombre y le prohibimos acceder a la Comunión, sin pensar que, posiblemente, el primer matrimonio, aunque fuera celebrado en la iglesia, era inválido por vicios de forma, por engaño doloso del cónyuge, o por falta de libertad de uno o los dos contrayentes.

Pablo condena una situación notoriamente escandalosa, igual que va a condenar que unos se atiborren celebrando la Cena del Señor mientras otros pasan hambre a su lado, pero es posible que nosotros nos unamos sin dudar a la condena paulina de esta anormal pareja, pero nos hagamos el despistado ante situaciones sangrantes de abusos que se dan junto a nosotros. Nos falta barrer lo viejo, la levadura vieja, que hace un pan defectuoso, para empezar a vivir la nueva vida que Cristo nos ha traído, predicado y enseñando.

¿Qué está permitido en sábado?

Jesús sigue peguntando cosas difíciles, y nuestras respuestas pueden ser muy variadas. ¿Qué podemos hacer en el día santo? Es obvio que podemos hacer el bien o el mal, ¿pero, por cuál nos decantamos?

Es posible que, por una interpretación literal y rigorista de la ley, pensando que el bien es el seguimiento estricto, hagamos realmente un mal. El Maestro sigue enfrentándose a unas castas religiosas, en las que la caridad, el amor, está ausente, y elijen la escusa de un cumplimiento riguroso de la ley para olvidar que el hombre es hijo de Dios y que sus derechos están sobre el sábado. Recordemos que Jesús ha sido contundente: “El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado” y vivamos en consecuencia con ello.

Es posible que estemos mirando atentamente lo malos que son escribas y fariseos sin tener en cuenta que lo somos nosotros en no pocas ocasiones. La idea de estos personajes es mantener el poder de la Ley sobre el hombre aplicando la máxima fidelidad en la interpretación literal de los mandatos, sean de origen divino o hayan sido añadidos después, aunque para dar un barniz de autoridad a normas puramente higiénicas, coyunturales, le echemos las culpas a Dios de su autoría, y les concedamos la misma importancia que a los mandamientos mosaicos. Exigimos respetar el sábado, pero nos olvidamos de amar a Dios y al prójimo en primer lugar, y después seguir con el resto de los preceptos, pero siempre supeditados a los dos primeros y principales.

Respetemos el sábado, para nosotros el domingo, siempre en servicio de las necesidades humanas. Hagamos el bien sea el día que sea.    

D. Félix García O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de Viveiro (Lugo)

Evangelio del Día

Evangelio del domingo 4 de septiembre de 2022

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 14, 25-33

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:
“Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”.
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».

Reflexión del Evangelio de hoy

“Los hombres se salvaron por la sabiduría” (Sab 9,18)

La primera lectura presenta catorce términos que tienen que ver con el conocimiento: conocer (2 veces), imaginar, pensamientos, razonamientos, mente pensativa, vislumbrar, descubrir, rastrear, sabiduría (2 veces), santo espíritu, enderezar, aprender. El texto comienza con una pregunta: ¿Qué hombre conocerá el designio de Dios? La lectura concluye con la afirmación categórica: Los hombres… se salvaron por la sabiduría.

El texto de la primera lectura es la conclusión de una oración alabando la sabiduría de Dios e impetrándola para el conocimiento humano. Es una buena pista para que recorramos el camino de nuestra vida según la sabiduría de Dios, destinada a ser guía segura de vida y de salvación.

Ahora bien, tal sabiduría no se refiere al conocimiento de verdades abstractas sino que se concretiza en la persona de Jesucristo, de quien afirma san Pablo que Cristo es fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1 Cor 1,24).

“Me harás este favor, no a la fuerza, sino con toda libertad” (Fm 14)

La segunda lectura hemos de considerarla desde la “sabiduría cristiana”, por más que trate un tema muy humano, el de la esclavitud. San Pablo se dirige a su amigo Filemón a propósito de su esclavo Onésimo, huido de la casa de su dueño y que se ha encontrado con Pablo, que le ha convertido a la fe cristiana. Pablo escribe a su amigo intercediendo por el huido, que ahora es cristiano. Con delicadeza y finura humana y cristiana Pablo pide a su amigo Filemón que acoja a Onésimo (cuyo nombre significa “útil”), no solo como persona sino como “hermano”.

Entendemos que la categoría “cristiano” establece una nueva relación entre los seres humanos, sin quitar nada a la humanidad que compartimos los hijos de Dios. Entiendo que bien merece la pena notar esta realidad. Somos seres humanos, lo que nos “hermana” con nuestros semejantes. Quienes hemos sido bautizados en Cristo contamos con otro lazo de unión con las personas cristianas y hemos de ser bien conscientes de lo que el Señor pedía en su oración al Padre: “Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17,21).

Tengamos en cuenta la nueva relación que se establece entre los seres humanos por razón del bautismo cristiano. Esto está en línea con la razón última de Pablo a Filemón a propósito de Onésimo, entendida como la definitiva: Si me tienes por amigo, recíbelo como si fuera yo mismo (Fm 17). Esta sí que es sabiduría cristiana.

En un mundo donde la esclavitud era la norma, san Pablo, siguiendo a Jesucristo, ha dejado bien claro cuál es el camino cristiano, el camino de la fraternidad.

De sabiduría nos habla el Salmo (Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato) y el versículo del Aleluya (Enséñame tus decretos).

“Calcular y deliberar” (Lc 14,28.31)

Ahora bien, ¿quién mejor que el mismo Jesucristo para enseñarnos la verdadera sabiduría? En la página del Evangelio el Señor se refiere a “calcular”, a “deliberar”, para lo que se necesita verdadera sabiduría. Es cierto que el ejemplo que propone el Señor a la muchedumbre que lo escuchaba es un sencillo ejemplo de sentido común para considerar los pros y los contras ante un determinado proyecto: construir una torre o entrar en batalla de quien le ataca con un mayor número de soldados.

Estos dos ejemplos están encuadrados por lo que el Señor dice al comienzo de su discurso y que repite en la conclusión del mismo. Concretamente: acercarse al Señor, ser discípulo suyo, implica posponer todo lo que uno tiene (padre, madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas, bienes materiales y, sobre todo, el propio “yo”).

El evangelista Lucas ya había escrito precedentemente algo parecido, citando las palabras que Jesucristo dirigía no solo a los discípulos sino “a todos”: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día y me siga” (Lc 9,23).

Esta es la “sabiduría” que nos ofrece Jesucristo y de la que espera hagamos buen uso, porque solamente así podremos decirnos con verdad que somos “cristianos”, es decir, seguidores, discípulos de Jesucristo.

¿Qué clase de discípulos seríamos si no hemos aprendido lo que el Maestro nos ha enseñado? Y todavía más: ¿qué clase de discípulos seríamos si no practicamos lo que hemos aprendido? Podríamos preguntar mucho más, pero lo que nos dice Jesucristo es de tal claridad que hace inútiles tantas preguntas, que no buscan otra cosas que la propia justificación para simplemente vivir sin tomar en serio lo que el Señor decía “a todos”: “Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío” (v. 27). La misma afirmación, con otra formulación, concluye la página del Evangelio: “Todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío” (v. 33).

Se espera que nosotros seamos sensatos para tomar en consideración lo que el Señor nos dice y repite, ofreciéndonos adentrarnos en la verdadera sabiduría, la que nos conduce a la salvación.

Fr. José Mª Viejo Viejo O.P.
Convento de La Virgen del Camino (León)

Evangelio del día

Evangelio del miércoles 31 de agosto de 2022

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 4, 38-44

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en la casa de Simón.
La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le rogaron por ella.
El, inclinándose sobre ella, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles.
Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban y decían:
«Tú eres el Hijo de Dios».
Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.
Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar desierto. La gente lo andaba buscando y, llegando donde estaba, intentaban retenerlo para que no se separara de ellos.
Pero él les dijo:
«Es necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado».
Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Reflexión del Evangelio de hoy

Es Dios el que da el crecimiento

Dos, entre otros, son los peligros de los predicadores de cualquier tiempo. Que se prediquen a sí mismos y no a Jesús y el evangelio, y que sus oyentes se queden con ellos y no con Jesús. A este segundo peligro se refiere san Pablo en la primera lectura. Parece que entre los corintios, que como cristianos “estaban todavía en la infancia” y eran guiados por los bajos instintos, había “envidias y contiendas” y unos preferían a Pablo y otros a Apolo.

San Pablo quiere ponerles las cosas claras. Les indica que Pablo y Apolo son los agentes de los que se ha servido Dios para llevarles la fe… para plantar y regar, pero el que da el crecimiento en el seguimiento de Jesús es el mismo Dios. “Nosotros somos colaboradores de Dios y vosotros campo de Dios. Sois también edificio de Dios”. Los cristianos somos esas personas que en la edificación de nuestra personalidad, Dios ha intervenido de manera primordial. Al recordar hoy esta verdad, una vez más, que brote de nuestro corazón un intenso sentimiento de acción de gracias a Dios por todo lo que ha hecho con nosotros.  

Misión universal

Hoy vemos a Jesús realizar varios milagros curando a la suegra de Pedro, a los enfermos que le traían, a algunos endemoniados… no es de extrañar que los de ese pueblo quisiesen que se quedase siempre con ellos. Pero Jesús tenía horizontes más amplios, “también a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado”.

Vemos que Jesús, en este pasaje y en otros con más claridad, no desea que le tengan como un milagrero y que le acepten como tal. No quiere que se queden con sus milagros, sino con su persona, con su mensaje, que acepten a Dios como Padre, a él como amigo, a los demas como hermanos… y que el amor reine entre ellos.

Y ese mensaje lo quiere extender a cuantos más pueblos mejor. Y al morir y resucitar, pide a sus apóstoles que lo extiendan por todo el mundo, porque es la mejor noticia que cualquier hombre, de cualquier nación y tiempo puede recibir para que su corazón se inunde de vida y vida en abundancia.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Evangelio del Día

Evangelio del martes 30 de agosto de 2022

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Lucas 4, 31-37

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba.
Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque su palabra estaba llena de autoridad.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu de demonio inmundo y se puso a gritar con fuerte voz:
«¡Basta! ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
Pero Jesús le increpó diciendo:
«¡Cállate y sal de él!».
Entonces el demonio, tirando al hombre por tierra en medio de la gente, salió sin hacerle daño.
Quedaron todos asombrados y comentaban entre sí:
«¿Qué clase de palabra es esta? Pues da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen».
Y su fama se difundía por todos los lugares de la comarca.

Reflexión del Evangelio de hoy

El Espíritu lo sondea todo

La primera carta a los Corintios escrita en la Pascua del 54 desde Éfeso pretende corregir algunas desviaciones que se están dando en seno de la comunidad (divisiones, incesto, etc…) o dar respuesta a ciertas cuestiones que han planteado a Pablo los mismos habitantes de Corinto (virginidad, idolotitos, resurrección, etc..). Nuestro texto pertenece a la sección en que Pablo sale al paso de la división en torno a los predicadores que han pasado por la comunidad: Pedro, Apolo, él mismo (1,10-4,21).

El Espíritu es el protagonista de este fragmento. Él lo sondea todo, lo íntimo del ser humano, lo profundo de Dios, hace reconocer los dones que hemos recibido de Dios para ponerlos al servicio de la comunidad, nos da criterios de discernimiento para ir haciendo nuestras opciones según el proyecto de felicidad de Dios para nosotros… El Espíritu es luz que ilumina, fuego que hace arder la pasión por el Señor y su Reino, consuelo en los momentos de dolor. El texto de la carta hace una afirmación que nos puede sonar fuerte: “nosotros tenemos la mente de Cristo”. Y es que si nos dejamos llevar por el Espíritu nuestros pensamientos, nuestros deseos, nuestras pasiones serán las mismas que las del Señor Jesús. A modo de oración podemos cantar con Brotes de Olivo:

El Espíritu, el que crea todo, el Espíritu se manifiesta en todo

El Espíritu transforma todo, el Espíritu tiene pasión por todo.

Dejad el soplo a su aire, que fluya bien y a su antojo

Porque si el aire no corre, no palparemos su soplo.

Su palabra estaba llena de autoridad

El evangelio de Lucas, tras el discurso programático de Jesús en la sinagoga de Nazaret, nos sitúa hoy en Cafarnaúm, a orillas del lago de Genesaret, lugar donde el Señor inicia su actividad pública. El profeta anuncia el Reino de Dios con la palabra, pero también con signos que señalan que ya ha llegado: “el Reino está entre vosotros” (Lc 17,21). Jesús enseña los sábados y los que lo escuchan quedan asombrados porque su palabra está llena de autoridad (exousia).

A continuación, encontramos la narración de uno de esos signos que preconizan el Reino. Jesús entra en la sinagoga y encuentra un hombre poseído por un espíritu inmundo. Era frecuente en la época atribuir enfermedades extrañas al influjo de espíritus malignos. El poseído grita al reconocer al Maestro de Nazaret: “¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios”.

En el lenguaje bíblico, lo impuro es lo contrario de lo Santo, y si lo Santo es lo propio de Dios, el Dios de la vida y del amor, lo impuro es lo propio del ámbito de la muerte y el odio. El demonio intuye que la llegada de Jesús conlleva una encarnizada lucha entre el poder de Dios y el poder del mal, aunque inmediatamente queda patente quien es más fuerte. El demonio pierde la batalla y sale del hombre sin hacerle daño. La curación de este tipo de enfermedades siempre muestra la superioridad de Jesús sobre los poderes malignos que hacen perder al ser humano su dignidad y su identidad como seguidor de Jesús.

La reacción de la gente no se hace esperar, el asombro y la estupefacción no se dejan ver solo ante sus palabras, como nos relata el texto evangélico al inicio, sino ahora también ante sus signos. El poder del Señor que bendice al ser humano siempre es más fuerte que cualquier otro poder que no le hace bien. “El poder de la fuerza siempre es más grande que el poder del lado oscuro” dice el Jedi en Star Wars. Pero hemos de estar atentos/as a las fuerzas que fluyen a nuestro alrededor: ¿Soy capaz de reconocer el poder del mal que pretende pervertir mi identidad de seguidor de Jesús y mi dignidad de ser humano? ¿Cómo le hago frente?

Hna. Mariela Martínez Higueras O.P.
Congregación de Santo Domingo