Evangelio del día

Evangelio del miércoles 13 de septiembre de 2023
Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:
«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!

¡Ay de vosotros, los que estáis saciados!, porque tendréis hambre!

¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!

¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas».

Reflexión del Evangelio de hoy

Cuando suelo leer el texto de las Bienaventuranza siempre me queda la duda de si de verdad lo entendemos bien. Hoy escuchamos la versión de las Bienaventuranzas de Lucas.

Llama dichosos a secas, a los pobres, a los hambrientos, a los que lloran, a los que son odiados y perseguidos por querer hacer realidad el Reino de Dios. Y nos invita a la alegría porque nos promete una gran recompensa.

Pero ¿Cómo entendemos eso de que son bienaventurados los pobres, los hambrientos, los que lloran, los perseguidos? ¿Dios quiere que seamos pobres, o que suframos y solo así poder ser dichosos? No, esta no sería la manera de entender las Bienaventuranzas.

Dios bendice a los pobres… no  porque son mejores que los ricos o porque vea bien la pobreza. Son dichosos y benditos los pobres porque ya ha llegado para ellos el reino de Dios. El reino les pertenece y en ese Reino el rey es Dios, El es el defensor y protector de todos ellos y de todos los que ponemos su esperanza en él.

Con Jesús ese Reino de Dios estaba presente porque el acogía a los pobres y marginados, El curaba a los enfermos, El integraba a los excluidos, El partía el pan con los hambrientos.

Si para Jesús la pobreza y la miseria era algo escandaloso que va contra el querer de Dios, quiere decir que nosotros los cristianos hemos de rechazarla y combatirla también, hemos de poner todo nuestro esfuerzo por suprimirla.

Si hacemos esto estaremos haciendo avanzar el reino de Dios. El ir haciendo realidad esto, el ver que hay gente comprometida en esta línea, es la buena noticia para los que están sufriendo la pobreza, el hambre o la persecución.

Hna. Mari Cruz OP
Dominica de la Anunciata


Evangelio del día

Evangelio del lunes 11 de septiembre de 2023
Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Lucas 6,6-11

Un sábado, entró Jesús en la sinagoga y se puso a enseñar.

Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.

Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo.

Pero él conocía sus pensamientos y dijo al hombre de la mano atrofiada:
«Levántate y ponte ahí en medio».

Y, levantándose, se quedó en pie.

Jesús les dijo:
«Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla?».

Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo:
«Extiende tu mano».

Él lo hizo y su mano quedó restablecida.

Pero ellos, ciegos por la cólera, discutían qué había que hacer con Jesús.

Reflexión del Evangelio de hoy

“Nosotros anunciamos a Cristo”

San Pablo está convencido de que en el misterio de Cristo, en sus palabras, en su vida, muerte y resurrección “están encerrados todos los tesoros del saber y del conocer”. Es decir, contiene la mejor noticia que se le puede ofrecer a toda persona de cualquier época. Porque Jesús, guiado por el gran amor que nos tiene y por su saber que de humano pasa a divino, vino a ponernos en bandeja la verdad que toda persona de cualquier época deseamos conocer: saber cómo debemos de vivir nuestra vida, con sus días y sus noches, desde nuestra fortaleza y nuestra debilidad, desde nuestra convivencia con todos los que nos rodean…

Jesús dejó a los físicos, a los químicos, a los matemáticos, a los biólogos y demás científicos que descubrieran las verdades de su materia y nos las transmitieran a los demás, y que gracias a estas verdades se llegase a valiosos descubrimientos que hiciesen nuestra existencia más llevadera, más fácil… Pero solo Jesús, porque es Dios, y no tiene los límites de nuestras potencias cognoscitivas humanas, pudo ofrecernos esas verdades a las que estamos aludiendo.

Por eso san Pablo, después del especial encuentro con Jesús, y de adentrarse en el conocimiento y el mensaje de Jesús, decidió gastar su vida en la difusión de tan sublimes verdades. “Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos… ésta es mi tarea, en la que lucho denodadamente con la fuerza poderosa que él me da”.

“¿Qué está permitido en sábado?”

La importancia del sábado para los judíos en tiempo de Jesús era más poderosa que para nosotros los cristianos el domingo. Se interpretaba como una de las expresiones supremas de la religiosidad israelita. El reposo sabático, que llevaba a no poder hacer casi nada, era sagrado para los judíos. Desde aquí hay que interpretar el relato evangélico de hoy.

Jesús tiene y vive una ley superior a la del sábado, la ley del amor que le lleva a la ley de hacer bien a toda persona humana, algo que se puede hacer también en sábado, por encima de la costumbre judía.

Desde esta perspectiva, el evangelio de hoy nos presenta a Jesús curando el brazo de un paralítico en sábado, no sin antes hacer la pregunta clave a los letrados y fariseos “que estaban al acecho para ver si curaba en sábado y encontrar de qué acusarlo”. Les pregunta “¿qué está permitido en sábado ¿hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir? A lo que no respondieron, y Jesús guiado por la ley del amor, por la ley de hacer el bien a cualquier persona todos los días de la semana, curó el brazo del paralitico.

Este evangelio nos dice que ante la curación de Jesús, los letrados y fariseos “se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús”, en la línea de ir en contra de Jesús. Nosotros, los cristianos del siglo XXI, el milagro de Jesús nos llena de alegría y lo que queremos hacer es seguir a Jesús siempre, en sábado, en domingo, todos los días de nuestra existencia.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)






Evangelio del día

Evangelio del domingo 10 de septiembre de 2023
Padre Pedro Brassesco

Jesús dio gracias al Padre porque “no he perdido a ninguno de los que me diste”. Es un buen propósito y digno de ser imitado por toda persona de cualquier raza, cultura o creencia. Sin embargo, la vida de cada día está llena de heridos, de maltratados, de excluidos, de descartados.

Nos guste más o nos guste menos, somos responsables unos de otros. Crece la evidencia de cómo repercuten las acciones de cada persona y de cada colectivo humano en la vida de los demás y cómo repercuten las acciones de los demás en la vida de esa persona o de ese colectivo.

A todos (no solo a creyentes, no solo a cristianos) nos viene bien escuchar: «Si tú no hablas poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta…», «a nadie debáis más que amor…», «si tu hermano peca, repréndelo…». Son palabras incómodas, pueden flaquearnos las fuerzas en el propósito, pero no estamos solos; tenemos un sentido fraterno en que crecer, una comunidad en que apoyarnos, una presencia del mismo Jesús entre quienes se reúnen (actúan) en su nombre (inspirados por él).

Fray José Antonio Fernández de Quevedo
Real Convento de Santo Domingo (Almería)


Evangelio del día

Evangelio del viernes 8 de septiembre de 2023
Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 1-16.18-23

La generación de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta:
«Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

Reflexión del Evangelio de hoy

“A los que aman a Dios todo les sirve para el bien”

En esta gran fiesta de la Santísima Virgen, en que tantas imágenes marianas son especialmente veneradas en nuestros pueblos y ciudades, San Pablo nos presenta esta consoladora promesa de Salvación por medio del Espíritu Santo. En Cristo todos hemos sido justificados. Ese su gran Amor que manifestó de una vez para siempre en la Cruz, es la esperanza suprema para los que nos reconocemos como cristianos.

La frase que he destacado me parece especialmente significativa porque el Amor es el gran regalo con el que Dios nos obsequia: es al mismo tiempo Gracia y Tarea porque el Espíritu nos suscita continuamente ese deseo, esa esperanza con que el Padre nos acompaña en este mundo y nos predestina para la eternidad. Por eso el que ama, vive especialmente en gracia y “todo le sirve para el bien”. Es esa “fama de santidad” con la que Dios obsequia a esas personas, quizá muy próximas a nosotros, de las que descubrimos que VIVEN porque no lo hacen para sí, sino para el servicio a los que más lo necesitan.

“Y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo”

La genealogía de Cristo tal como nos la presenta San Mateo es, sin duda, una construcción teológica, pero anclada fuertemente en la historia de Israel desde Abraham a Jesús. Lo importante no es tanto que estén o no todos los nombres de los antepasados -incluidas cuatro mujeres- sino que, a través de los tres grupos de catorce (dos veces siete, el número perfecto, de Dios), sino lo que significa el Acontecimiento: Jesús nace en una historia concreta donde hay personas muy buenas y otras pecadoras o con reputación dudosa… La Promesa que Dios ha hecho a Abraham se cumple finalmente y lo hace a través no de José (el último varón de la lista) sino de su esposa María.

La figura de la Santísima Virgen es crucial en la Historia de Salvación, pues desde antes de su nacimiento Dios piensa en ella y la elige entre todas las mujeres para ser la madre de Jesús. En ella llega a plenitud la Promesa. En ella, Dios se hace íntimamente presente en la vida de los hombres. Se hace, se va formando en las entrañas de una mujer, uno de nosotros. Dios había predestinado, como nos dice San Pablo, a Nuestra Señora para este acontecimiento… pero pidió su sí libremente.

Pero la historia y el sí de María son también las de todos y cada uno de nosotros. Porque Dios, por amor y en el amor, nos llama a cada uno, nos otorga la gracia de la Salvación, nos acompaña con su Espíritu, pero también, continuamente, nos pide el Sí desde la libertad, una libertad llena de amor y buscando nuestro bien y el de quienes nos acompañan en la vida.

Que en esta fiesta de Nuestra Señora, Ella, como en las Bodas de Caná, interceda por nosotros en el Camino de la Salvación al que somos llamados por Dios.

D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.
Fraternidad “Amigos de Dios” de Bormujos (Sevilla)


Evangelio del día

Evangelio del miércoles 6 de septiembre de 2023
Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Lucas 4, 38-44

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en la casa de Simón.

La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le rogaron por ella.
El, inclinándose sobre ella, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles.
Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando.

De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban y decían:
«Tú eres el Hijo de Dios».

Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.
Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar desierto. La gente lo andaba buscando y, llegando donde estaba, intentaban retenerlo para que no se separara de ellos.

Pero él les dijo:
«Es necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado».

Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Reflexión del Evangelio de hoy

“Damos gracias… desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos”

Escuchamos hoy en la liturgia el saludo con el que se inicia la carta a los Colosenses. En este caso se trata de una comunidad a la que Pablo no conoce, evangelizada por Epafras, pero de la que recibe noticias que le llenan de alegría:

– La fe, el amor y la esperanza están presentes en esa comunidad. Un amor que, en este caso, se concreta como amor de unos por otros. No habla expresamente del amor de Dios, ni del amor a Dios, sino del amor que somos capaces de ofrecernos unos a otros.

– Esto es posible porque había llegado a ellos el Evangelio, la palabra, el mensaje de la verdad. Y se deduce que lo habían acogido, no sólo en sus mentes, sino dejándole que transformara sus vidas, de modo que la comunidad misma se convierte en testigo de esa buena noticia por el amor que se profesan.

Me inclino por subrayar hoy ese “mensaje de la verdad”. En un contexto en el que vivimos rodeados de información masiva elaborada no siempre con buena fe, en la que nos hacen llegar -sin que nosotros lo solicitemos- todo tipo de mensajes, algunos deliberadamente falsos, ¿qué criterios de verdad nos orientan? ¿nos ocupamos y preocupamos por no dejarnos envolver por la mentira? ¿estamos atentos a tratar de no dejar paso a aquello que supone presencia del mal, del odio, de la división, de la muerte…? En definitiva ¿qué significa para mí que el Evangelio sea el mensaje de la verdad?

“Poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando”

El texto evangélico que escuchamos hoy se encuentra al comienzo del evangelio de Lucas, justo cuando Jesús ha comenzado su vida pública. Tras una experiencia de rechazo en su pueblo de Nazaret, marchó a Cafarnaún, donde estuvo algún tiempo, pues el texto nos dice que los sábados enseñaba en la sinagoga, provocando un enorme asombro por la autoridad de sus palabras, capaces de expulsar demonios.

Le vemos también en casa de Simón curando a su suegra de una fiebre muy alta que la tenía postrada. Pero hay mucho más: los que tenían enfermos con las dolencias más diversas se los llevaban, y él poniendo las manos sobre cada uno de ellos los curaba. La redacción nos permite pensar que eso no fue cosa de un día, que la actividad de Jesús en aquel momento incluía curar, sanar, salvar… a todos los que acudían a él. Porque así se expresaba la voluntad de Dios hacia todos sus hijos, porque lo que buscaba era el bien para todos. Sin condiciones. Ni siquiera parece necesario que la persona tome la decisión, bastaba con que alguien lo acercara a Jesús para recibir su bendición sanadora…

Dios no mercadea ni negocia con nosotros, simplemente nos sana porque nos quiere bien. No caigamos en el error de pensar que curó a la suegra de Pedro para que pudiera servirles, no. El objetivo es curar. Lo que ocurre es que, cuando alguien se sabe y se siente curado por ese amor incondicional de Dios, se siente también capacitado e impulsado a vivir al estilo de Jesús, que nos muestra que el sentido de una existencia plena está íntimamente vinculado con el servicio.

Con todas las lagunas, las torpezas y las caídas propias de nuestra fragilidad, pero con la certeza y la confianza que nos dan su palabra y su vida.

Hna. Gotzone Mezo Aranzibia O.P.
Congregación Romana de Santo Domingo

Evangelio del día

Evangelio del martes 5 de septiembre de 2023
Lectura del santo evangelio según san Lucas 4, 31-37

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba.
Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque su palabra estaba llena de autoridad.

Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu de demonio inmundo y se puso a gritar con fuerte voz:
¡Basta! ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».

Pero Jesús le increpó diciendo:
«¡Cállate y sal de él!»

Entonces el demonio, tirando al hombre por tierra en medio de la gente, salió sin hacerle daño.

Quedaron todos asombrados y comentaban entre sí:
«¿Qué clase de palabra es esta? Pues da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen».

Y su fama se difundía por todos los lugares de la comarca.

Reflexión del Evangelio de hoy

“Hijos de la luz”

En la primera lectura San Pablo nos exhorta sobre la necesidad que tenemos de vivir vigilantes, alertas, atentos a los signos de los tiempos pues el encuentro definitivo con el Señor, puede producirse en cualquier momento.

No debemos estar preocupados con un temor servil, pues si vivimos coherentemente la fe con una actitud esperanzada, gozosa, practicando una caridad solícita y una esperanza alegre y anhelante, el momento definitivo de la vida  no nos sorprenderá como alguien que entra de improviso a robar; será por el contrario un encuentro deseado, esperado, gozoso…

No hemos de tener miedo, pues Él no nos ha destinado al castigo sino a heredar la salvación, la vida eterna feliz en la Casa del Padre, gracias a la muerte y resurrección del Señor. Jesús mismo será nuestra recompensa, nuestra corona, nuestra gloria, ayudémonos  y animémonos  unos a otros, vivamos la dimensión comunitaria de la fe. 

“Buscaré: habitar en la casa del Señor”

El mejor horizonte que podemos desear, anhelar es vivir con el Señor por y para siempre. Estar convencidos de que no tenemos aquí ciudad permanente, sino que todas nuestras expectativas han de estar encaminadas hacia el encuentro definitivo con el Señor y a pesar de las muchas dificultades, problemas, crisis, tinieblas que nos surjan a lo largo de nuestro peregrinaje en esta vida pongamos nuestra confianza en Él.  

En este mundo las alegrías son efímeras, pasajeras, sólo Dios nos promete y es capaz de darnos una felicidad perpetua, eterna en su Casa del cielo, donde no habrá llanto, ni luto, ni dolor, ni muerte….

Fiémonos plenamente de él y con el salmista oremos convencidos: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?, el Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?”

“¡Cállate y sal de él!”

“Su palabra estaba llena de autoridad”, así lo reconocían quienes escuchaban las enseñanzas del Señor en las sinagogas o por los caminos, pueblos y ciudades que recorría. Hoy nuestro mundo está lleno de palabras, de ruidos, de promesas falsas, engañosas, embaucadoras…. Ante tal avalancha  de palabrería barata, ¿somos los creyentes capaces de crear un  espacio interior en nuestra vida para escuchar y percibir la Palabra de Dios?, más aún, ¿tenemos experiencia  del poder sanador y liberador de las palabras, obras y enseñanzas de Jesús que generosamente cada día se nos proclama en la Mesa de la Eucaristía, en la celebración de la  Liturgia de las Horas y de la que también podemos alimentarnos con la lectio divina personal, comunitaria o en grupo para no solo escucharla o leerla, sino interiorizarla, saborearla, meditarla, orarla?

Es conveniente que nos preguntemos: ¿Qué valor doy en mi vida a la Palabra de Dios, qué atención le pongo?, ¿qué tiempo le dedico?, ¿guía ella mis pasos? La palabra del Señor viene a iluminarnos, a mostrarnos el camino, a quitarnos los miedos, los complejos, las cobardías, los apegos malsanos, todo tipo de enfermedades que no hacen sino esclavizarnos y aprisionar nuestra mente y nuestro corazón impidiendo que nos movamos y actuemos con libertad de espíritu.

Ante el desprecio del maligno a Jesús cuando le dice: ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Podemos responder sin miedo a equivocarnos que Dios sí quiere ver con nosotros, a Dios sí que le interesa el ser humano, tanto que quiso hacerse uno como nosotros haciéndose Hombre en el vientre virginal de una joven mujer, María. Él no vino a destruirnos sino a darnos la plenitud, a mostrarnos la senda que conduce a la Vida, no vino ni viene a quitarnos nada, sino a darnos y a dársenos del todo…

Cuando oigamos otro tipo de voces que tratan de confundir y destruir al ser humano e ignorar la dimensión transcendente y espiritual que nos han regalado, seamos valientes y con Jesús digamos “cállate y sal”, no prestemos atención, porque el Señor no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio.

Sor Inmaculada Ocaña Gutiérrez
Monasterio Santo Domingo de Guzmán (Zaragoza)


EVANGELIO DEL DIA

Evangelio del domingo 3 de septiembre de 2023
Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».

Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a los discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.

Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.

¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.

Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.

El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.

A medianoche se oyó una voz:
“¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”.

Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las prudentes:
“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.

Pero las prudentes contestaron:
“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.

Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.

Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo:
“Señor, señor, ábrenos”.

Pero él respondió:
“En verdad os digo que no os conozco”.

Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora»

Reflexión del Evangelio de hoy

“Somos hijos del Espíritu”

Este texto de San Pablo no puede estar de más actualidad. Basta con echar un vistazo a las televisiones, la prensa, las redes sociales para darnos cuenta de como lo material lo invade todo y lo espiritual está como arrinconado en nuestro mundo. Incluso los que somos creyentes a veces sentimos vergüenza de manifestarlo. Es como si todo lo que no tenga que ver con el placer, la satisfacción inmediata, le belleza carnal y el consumo de nuevas experiencias mundanas no tuviera su sitio en la sociedad.

Podemos pensar que esto es algo de nuestros días pero la carta de San Pablo nos dice que no es algo nuevo: Que cada uno sepa controlar su cuerpo sin dejarse arrastrar por las pasiones como hacen los gentiles que no conocen a Dios. Controlarlo santa y respetuosamente recalca San Pablo.

Si los gentiles conocieran a Dios, si nuestra sociedad actual conociera más a Dios, seguramente el mundo sería distinto. Ser conscientes de que nuestro cuerpo es Templo del Espíritu Santo nos haría respetarlo más y respetar el de los demás: “Que en este asunto nadie ofenda a su hermano ni se aproveche con engaño”. Palabras que nos debemos aplicar hoy.

Somos hijos de Dios por el Bautismo, estamos bajo el amor del Espíritu Santo, por tanto nuestro cuerpo debe ser santo y merece todo respeto: aborto, eutanasia, maltrato, sexualidad desenfrenada no deben entrar en nuestras vidas por mucho que invadan cada rincón de la sociedad y nos puedan parecer cosas “normales en el mundo moderno”. Tenemos que rezar, rezar mucho, para que lo espiritual venza a lo material. Y dar ejemplo a los demás con nuestra vida.

“En cualquier momento; en cualquier lugar”

sta conocida parábola nos habla de la necesidad de estar siempre preparados para la venida del Señor. Y no pensemos en el último día, pensemos en el aquí y el ahora, porque Dios viene a nuestras vidas de muy diferentes maneras y debemos estar preparados para recibirle: en momentos de angustia, en momentos de alegría, en la necesidad de un hermano, en el trabajo cotidiano, en medio de nuestra gente… siempre debemos estar disponibles y preparados.

Igual que un examen difícil no se aprueba estudiando solamente el día anterior, sino con constancia, así nosotros debemos estar preparando nuestro encuentro con el Señor todos los días a base de oración y frecuentando los Sacramentos.

Jesús nos advierte que no tenemos nada ganado. Contamos con la misericordia del Padre pero nosotros debemos poner de nuestra parte y no relajarnos. Al igual que las doncellas prudentes llevan una provisión de aceite, porque no saben cuando llegará el Esposo y por lo tanto las lámparas se pueden apagar, nosotros debemos llevar las alforjas siempre llenas en nuestro caminar por la vida.

De poco nos puede servir salir corriendo en el último momento, puede que ya sea tarde. Por eso insisto mucho en la necesidad de leer las Escrituras de manera cotidiana, de rezar el Rosario de forma habitual, de practicar la Caridad con el prójimo, de acudir al Sagrario para encontrarnos con Cristo: ese es nuestro aceite, ese es el combustible que hará que nuestra lámpara no se apague.

Cuando llegue el Esposo, el Señor, que nos encuentre alegres y preparados para acompañarle hoy y siempre.

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro


Evangelio del día

Evangelio del miércoles 30 de agosto de 2023
Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Mateo 23, 27-32

En aquel tiempo, Jesús dijo:
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crueldad.

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: “Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas”! Con esto atestiguáis en vuestra contra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!».

Reflexión del Evangelio de hoy

Entrega y satisfacción pastoral del verdadero apóstol

            En su carta a los fieles de Tesalónica Pablo les habla de sus desvelos en el anuncio del Evangelio. También de su opción por vivir de su trabajo, probablemente en la confección de tiendas de campaña, como ya hiciera en Tarso. El Apóstol tiene a gala el no ser gravoso a nadie, aunque reconoce que le asiste el derecho a vivir de su tarea apostólica, al que renuncia de buena gana.

Reconoce asimismo que sus destinatarios han acogido la Palabra que les ha anunciado y se congratula por ello. Sus esfuerzos han dado resultado, y no hay mayor satisfacción para un misionero que contemplar el fruto de su trabajo evangelizador. La comunidad es fruto de la Palabra proclamada y acogida como lo que es, Palabra de Dios.

            Pablo manifiesta también que se ha comportado como un verdadero padre con sus hijos. Es esta una actitud que ha ejercido generosamente y no piensa que esta sincera confesión de su celo pastoral pueda acarrearle ninguna disminución de su autoridad. Ya en otras ocasiones ha abierto su corazón a los que considera sus hijos en el ámbito de la fe. Con ello da a entender que la tarea apostólica se parece mucho a la solicitud de una madre que se preocupa de su prole.

La lección que se desprende de estas actitudes es muy elocuente: cuidado paternal, o maternal, con aquellos a los que queremos engendrar para la vida de fe; gozo íntimo y reconocido al constatar que el anuncio del Evangelio ha prendido en la comunidad evangelizada, transformando su vida; renuncia al legítimo sustento que se podría esperar de esa comunidad, para que se vea que el interés primordial del apóstol no es material, sino únicamente espiritual.

Sinceridad y sabiduría del auténtico discípulo

Como en tantas otras ocasiones, Jesús se enfrenta de nuevo con los maestros de la ley y los fariseos. Son los guardianes de la tradición de Israel y el pueblo respeta sus interpretaciones y decisiones acerca de la ley. Es posible que, aquí, el evangelista Mateo quiera poner en guardia a sus destinatarios contra las prácticas e interpretaciones de la ley propias de los fariseos. Son costumbres que todavía perviven en los nuevos creyentes procedentes del judaísmo y que es necesario abandonar ante la novedad de Jesús.

            En este caso, Jesús reprueba las prácticas puramente externas que no van acompañadas de un sentimiento interior, sino que muestran más bien una actitud hipócrita. Cuántas veces puede suceder esto, también hoy: se conservan formas tradicionales de religiosidad, pero sin que correspondan a una vivencia profunda de la fe que parecen expresar. Jesús denuncia reiteradamente la hipocresía a lo largo de su predicación. Y reprocha también a este grupo otra cosa: que tienen hacia la ley –hacia el profundo sentido que Dios le dio a la ley- la misma actitud que hacia los enviados de Dios: una actitud de incomprensión y de rechazo.

Otro aspecto que Jesús les echa en cara es que se confiesan hijos de los que mataron a los profetas en otro tiempo. Y, en lugar de alejarse de aquella actitud de sus padres, en realidad no han cambiado. También hoy siguen manteniendo esa hostilidad frente a los que Dios les envía; concretamente, hacia él, que viene de parte de Dios. Es como si, en el fondo, reconocieran que han heredado el carácter refractario que sus antepasados vivieron respecto de la voluntad de Dios.

            Nosotros hemos heredado también costumbres religiosas de los que nos precedieron: ¿corresponden a los nuevos compromisos que la fe nos exige hoy en el mundo en que vivimos, o se han convertido en rutinas anacrónicas y estériles?

Fray Emilio García Álvarez O.P.
Convento de Santo Tomás de Aquino (Sevilla)


Evangelio del día

Evangelio del martes 29 de agosto de 2023

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 17-29

En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado.El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano.Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto.La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven:
«Pídeme lo que quieras, que te lo doy».Y le juró:
«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».Ella salió a preguntarle a su madre:
«¿Qué le pido?»La madre le contestó:
«La cabeza de Juan, el Bautista».Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:
«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista».El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

Reflexión del Evangelio de hoy

Hoy celebramos junto con toda la Iglesia el martirio de san Juan Bautista, “el mayor de los nacidos de mujer”, así lo definió el mismo Cristo.

Profeta

Como auténtico profeta, Juan anunció a Jesucristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo; dio testimonio de la verdad predicando la conversión, sin componendas; y con una gran humildad, muy consciente de que él no era la luz, sino testigo de la luz.Dios elige a sus profetas. Dios es quien los llama ya desde el seno materno (salmo del día). También nosotros desde nuestro bautismo hemos sido elegidos, consagrados y enviados por Dios.Hemos sido llamados a la vida, a la fe, a vivir la fe como una hermosa historia de amor con el Señor. A ver la presencia salvadora de Dios cada día, a gustar y ver qué bueno es el Señor. Todo es don, todo es gracia, todo es vocación: llamada y respuesta.

Martir

Juan fue recio en su testimonio. Su palabra era incómoda y fue mártir de la verdad que proclamaba. Un profeta como Juan no podía morir en una tranquila ancianidad.La muerte de Juan Bautista fue tan provocativa para los poderosos endiosados y adulados como su vida. Encarcelado por denunciar la corrupción moral de Herodes, por arrebatar la mujer a su hermano, era, sin embargo, temido por el propio rey.Siempre los poderosos han tenido un temor reverencial ante los profetas que denuncian sus excesos y los han procurado silenciar o atraerlos con privilegios y prebendas. Una danza fue suficiente para que la cabeza del Bautista fuese entregada a la reina adúltera, por mediación de Salomé. Herodes es el paradigma del poderoso que con tal de conservar el poder sacrifica fidelidades y lealtades para entregarlas a sus aduladores y bufones en refinadas bandejas mediáticas.

¿Y nosotros?

Juan creyó en su misión; cree tú en la tuya. No se buscó a sí mismo y nada hizo por dejar su soledad y deslizarse en el séquito privilegiado de Jesús. Amigo del Esposo como era, se regocijó del júbilo del Esposo, contentándose con el terrible aislamiento de las mazmorras de Maqueronte, de donde no salió más que para el cara a cara de la eternidad.Juan no era la luz, sino testigo de la luz. Juan era la voz, Cristo era la Palabra. Nosotros, llamados por nuestro bautismo a ser profetas y testigos, no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo: Él tiene que crecer y nosotros tenemos que menguar. Hemos de superar nuestros deseos de protagonismos humanos, para dejar que brille la luz de Cristo. No podemos pretender robarle a Dios la gloria.Sabemos que el término mártir viene del griego y significa “testigo”, lo mismo que “martirio” significa “testimonio”. Por lo tanto, los mártires son los testigos de la fe y eso debemos ser nosotros.Mártir, por lo tanto, no es sólo el que derrama su sangre, sino que lo es también aquel que, día a día, da su vida por sus hermanos en el servicio del Evangelio.Que la celebración de hoy nos ayuda a meditar sobre nuestra identidad como cristianos y como testigos del Evangelio.

Sor Flora Mª Collado O. P.
Monasterio Sancti Spiritus – Toro