Evangelio del día

Evangelio del domingo 7 de julio de 2024

Padre Pedro Brassesco

Comentario Biblico

Evangelio segun Marcos (6,1-6a)

Nazaret… nadie es profeta en su tierra

El texto del evangelio de Marcos es la versión primitiva de la presencia de Jesús en su pueblo, Nazaret, después de haber recorrido la Galilea predicando el evangelio. Allí es el hijo del carpintero, de María, se conocen a sus familiares más cercanos: ¿de dónde le viene lo que dice y lo que hace? Lucas, por su parte, ha hecho de esta escena en Nazaret el comienzo más determinante de la actividad de Jesús (cf Lc 4,14ss). Ya sabemos que el proverbio del profeta rechazado entre los suyos es propio de todas las culturas. Jesús, desde luego, no ha estudiado para rabino, no tiene autoridad (exousía) para ello, como ya se pone de manifiesto en Mc 2,21ss. Pero precisamente la autoridad de un profeta no se explica institucionalmente, sino que se reconoce en que tiene el Espíritu de Dios.

El texto habla de «sabiduría», porque precisamente la sabiduría es una de las cosas más apreciadas en el mundo bíblico. La sabiduría no se aprende, no se enseña, se vive y se trasmite como experiencia de vida. A su vez, esta misma sabiduría le lleva a decir y a hacer lo que los poderosos no pueden prohibir. En el evangelio de San Marcos este es un momento que causa una crisis en la vida de Jesús con su pueblo, porque se pone de manifiesto «la falta de fe» (apistía). No hace milagros, dice el texto de Marcos, porque aunque los hiciera no lo creerían. Sin la fe, el reino que él predicaba no puede experimentarse. En la narrativa del evangelio este es uno de los momentos de crisis de Galilea. Por ello el evangelio de hoy no es simplemente un texto que narra el paso de Jesús por su pueblo, donde se había criado. Nazaret, como en Lucas también, no representa solamente el pueblo de su niñez: es todo el pueblo de Israel que hacía mucho tiempo, siglos, que no había escuchado a un profeta. Y ahora que esto sucede, su mensaje queda en el vacío.

Sigue siendo el hijo del carpintero y de María, pero tiene el espíritu de los profetas. Efectivamente los profetas son llamados de entre el pueblo sencillo, están arrancados de sus casas, de sus oficios normales y de pronto ven que su vida debe llevar otro camino. Los suyos, los más cercanos, ni siquiera a veces los reconocen. Todo ha cambiado para ellos hasta el punto de que la misión para la que son elegidos es la más difícil que uno se pueda imaginar. Es verdad que el Jesús taumaturgo popular y exorcista es y seguirá siendo uno de los temas más debatidos sobre el Jesús histórico; probablemente ha habido excesos a la hora de presentar este aspecto de los evangelios, siendo como es una cuestión que exige atención. Pero en el caso que no ocupa del texto de Marcos no podemos negar que se quiere hacer una “crítica” (ya en aquél tiempo de las comunidades primitivas) a la corriente que considera a Jesús como un simple taumaturgo y exorcista. Es el profeta del reino de Dios que llega a la gente que lo anhelaba. En esto Jesús, como profeta, se estaba jugando su vida como los profetas del Antiguo Testamento.

Fray Miguel de Burgos Núñez
(1944-2019)


Evangelio del día

Evangelio del jueves 4 de julio de 2024
Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón

La primera lectura nos presenta al profeta Amós que, “políticamente incorrecto”, empieza a profetizar en el reino del Israel… Y no es “profeta profesional” sino un simple cultivador de sicomoros. Pero es él, precisamente él, el inspirado por Dios para una misión difícil y en esa labor encuentra el sentido de su vida.

La Gracia de Dios nos confiere a cada uno de los bautizados una misión profética que a veces no es fácil y, como a Amós, le puede costar enfrentarse con lo que está establecido por las autoridades políticas, religiosas… o simplemente vivir a contracorriente. La Misión constituye al profeta, le da un sentido pleno a su fe y a su vida porque, como dice el salmo: “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón”

¡Qué buena lectura para conmemorar al beato (muy pronto santo) Pier Giorgio Frassati, laico dominico italiano, que muere a los 24 años tras una predicación vital impresionante entre quienes le rodeaban: familia, amigos y personas desconocidas pero necesitadas de ayuda material y afectiva! En su entrega radical a los demás encontró el sentido a su vida y fue ciertamente Profeta entregado al Reino de Dios. Por eso la Iglesia y nuestra Orden nos lo propone como ejemplo de santidad y de apostolado entre los jóvenes.

Ánimo, hijo, tus pecados son perdonados

Esta frase del Señor al paralítico nos dice el Evangelio que escandalizó a muchos de los presentes… Lo que no nos dice es qué efecto causó al paralítico y, sin embargo, estoy convencido que fue ya determinante para él que le llamara “hijo” y que le perdonara sus pecados… Y es que Jesús interviene con la fuerza del Padre en la historia de esta persona y lo llama, desde la oscuridad del mal y el sinsentido, a la luz de la Bienaventuranza.

Esta Revelación de Dios en la historia de una persona y de una comunidad que la presenta precede al milagro físico. Con Jesús Dios entra en nuestra historia paralizada por el mal y el pecado y nos anima a convertirnos. Y es que el mal, las “estructuras de pecado” que diría San Juan Pablo II, nos atenazan y no nos dejan vivir ni caminar. Jesús ha venido para dar de nuevo vigor a nuestras piernas, a nuestros corazones, en la Misión del Reino.

La Iglesia es quien nos presenta al Señor que viene por el camino de nuestra vida y prepara, mediante los sacramentos, nuestro corazón para el encuentro y la palabra de ánimo de Jesús que, de seguro, ya resuena entre otros tantos sonidos que nos rodean y dispersan. La clave está en reconocerle y que nuestras piernas experimenten la fuerza para levantarnos, seguirle en la Misión que nos encomiende.

«La pereza es un pecado feo, puede afectar a cada hombre: es vivir porque es gratis el oxígeno, el aire, es vivir siempre mirando a los otros que son más felices que yo, vivir en la tristeza, olvidar la alegría. Es un pecado que paraliza, nos hace paralíticos. No nos deja caminar. A nosotros Jesús hoy nos dice: Levántate, toma tu vida como es, bonita, fea, como sea, tómala y ve adelante. No tengas miedo, ve adelante con tu camilla — “Pero, Señor, no es el último modelo…” — ¡Pero ve adelante! ¡Con esa camilla fea, quizá, pero ve adelante! Es tu vida, es tu alegría».

(Homilía de S.S. Francisco, 28 de marzo de 2017, en santa Marta)

D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.
Fraternidad “Amigos de Dios” de Bormujos (Sevilla)


Evangelio del día

Evangelio del martes 18 de junio de 2024

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Si perdonas, serás libre

La primera lectura nos presenta la prepotencia, la injusticia, el asesinato y robo cometido por Ajab y su esposa contra un inocente, en una clara muestra de abuso de poder. Tales hechos no debían tener la última palabra, Por eso Dios interviene enviando a Elías para denunciar los pecados y anunciar la sentencia. La muerte de Nabot será vengada con la de sus verdugos (La ley del talión).

Dios, en el Antiguo Testamento se manifestó también como el defensor de los débiles, los inocentes y los oprimidos contra la prepotencia de los fuertes y poderosos. Por eso, también ante el arrepentimiento mostrado por el débil rey, obtuvo una prórroga del castigo.

Seguimos necesitando hoy profetas que defiendan los derechos de Dios y también los derechos de los pobres, como se hizo en el caso de la injusticia contra Nabot.

Como yo os he amado

Dice Jesús, amar a los enemigos significa desearles el bien y hacerles el bien. No quiere decir que tengamos por ellos los mismos sentimientos que por las personas que nos quieren, sencillamente porque no somos dueños de nuestros sentimientos. Aún así, desear y buscar el bien de quienes nos persiguen y calumnian nos puede parecer no sólo difícil sino hasta peligroso. ¿No es correr el riesgo de quedarnos con las manos vacías de amor?

Nos parece más seguro esperar a que alguien nos pruebe primero su amor para decidirnos a amar nosotros también. No nos consideramos capaces de funcionar como una fuente de amor en un desierto sin amor.

Pero, si todos nos quedamos quietos esperando a que los demás nos quieran, nunca habrá amor entre nosotros. Aunque Dios no nos pide que seamos la fuente del amor. Esa fuente ya existe y nosotros disfrutamos de ella. Jesús nos invita a contemplar y sentir en medio de nuestras vidas al Padre del cielo que hace salir su sol sobre malos y buenos. El amor lo tenemos asegurado. Nos falta creer en él y apostar nuestra vida por él.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Convento de la Virgen del Camino (León)


Evangelio del día

Evangelio del lunes 17 de junio de 2024
Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Dios me libre de cederte la herencia de mis padres

Ayer le pedíamos a Dios que nos concediera su gracia para guardar sus mandamientos y agradarle con nuestros deseos y acciones. Esa petición reconoce que El siempre va a nuestro lado, sosteniendo deseos y acciones.  La cercana relación con él, basada en una creciente comunión, hace posible guardar sus mandamientos y concordar deseos y acciones.

El relato del primer libro de los Reyes, nos sitúa en el reinado de Ajab y Jezabel. No se trata solamente de episodios históricos, sino que, mirando el discurrir de los hechos a la luz de la fe, quedan de manifiesto la corrupción y la honestidad, la bondad y la maldad.

La viña de Nabot es más que un simple viñedo, es la “herencia de sus padres”. Frente al antojo caprichoso de Ajab, de hacerse un “huerto ajardinado junto a su casa”, la firmeza de la posición de Nabot. Las ofertas del rey Ajab: intercambio de tierras incluso mejores, o su valor en dinero, aunque sea un precio justo, no pueden obligar a Nabot a ceder, ni socavar el “aprecio de la herencia de sus padres”. Todo el poder real no es razón suficiente para semejante negocio. La respuesta: “Dios me libre de cederte la herencia de mis padres”, hacen ver a Ajab que sus pretensiones son inútiles. Evidente es su frustración. La dignidad ni se negocia ni se vende.

Entra en juego Jezabel: «¡Ya es hora de que ejerzas el poder regio en Israel! La perfidia de Jezabel es resaltada en el relato y la sufrirá, al igual que Nabot, el profeta Elías. ¿Cómo actúa? Usa el poder real para imponer procedimientos perversos y sentencias injustas. Alienta la prevaricación de los notables y de los que, por miedo a su perversión, cederán a sus desmanes. Todo revestido de una falsa virtud y apego a la legalidad. “Tú has maldecido a Dios y al rey”. Es el testimonio forzado para apedrear a Nabot hasta morir. Le comunican la ejecución y feliz ella notifica a Ajab que la viña de Nabot es suya.

Pareciera la crónica de los acontecimientos en nuestros días, a lo largo y ancho del planeta. La corrupción extendida, invadiendo todos los ámbitos de la vida humana. Poderes corrompidos que doblegan la justicia y atropellan la dignidad y derechos de las personas. Uso y abuso del poder, tráfico de influencias en los ámbitos del poder. ¿Qué hacer?

Atiende a mis gemidos, Señor.

Es la súplica que se alza, desde todos los confines del planeta, presentando ante Dios todo el dolor humano y los atropellos a los que son sometidos amplios sectores de la humanidad. Haz caso, le decimos a Dios, de nuestros gritos de auxilio. Conscientes de que Dios no ama la maldad, ni los fines perversos de quienes abusan de su poder; tampoco el servilismo vil que reviste comportamientos relacionados con el poder y procedimientos injustos. En el dolor de la humanidad queda claro que Dios no ama la maldad, ni la perversión ni la arrogancia. Detesta la mentira, toda mentira, ni comportamientos sanguinarios y tampoco la traición.

La palabra del Señor hoy nos ilumina y nos ayuda a discernir, de modo que no caigamos en la tentación de revestir de religiosidad y justicia, criterios y comportamientos, alejados del evangelio.

Yo os digo: no hagáis frente al que os agravia

El sermón de la montaña que estamos escuchando en estos días, es el planteamiento básico que Jesús ofrece al hombre contemporáneo. Porque no es un relato del pasado, ni su palabra queda en el pasado remoto, sino que es actual y viene a iluminar la actualidad. Y esta iluminación nos reclama respuestas actualizadas.

Así, respecto de los mandamientos dados en el Sinaí, Jesús, como nuevo legislador, define: “Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”, Pero yo os digo no hagáis frente al que os agravia…”.  Juan, en el prólogo de su evangelio, establece la diferencia: “La ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo”. Ha llegado el tiempo, ya estamos en él, en el que todo lo dado a conocer a lo largo de la historia de la humanidad y en favor de su salvación, sea escuchado, acogido, entendido y aplicado desde la clave cristológica. “Pero yo os digo”.  Esta expresión marca un antes y un después.

Y el después es la negación absoluta de cualquier tipo de violencia, de injusticia, de atropello y violación de la dignidad humana. Naturalmente, poner la otra mejilla, dar también el manto, caminar todo el espacio y tiempo que sea necesario, no rehuir los compromisos, no significa cooperar con el mantenimiento de la injusticia, pues estamos llamados a transformar el mundo, corregir los sistemas y ser luz y sal de la tierra.

No es lícita ninguna práctica, razón o argumento de tipo espiritual que pueda justificar los atropellos y violaciones de la dignidad de toda persona humana.

¿Cómo asumo los planteamientos de Jesús en nuestros días?

¿Cómo trato de aplicarlos?                                                   

Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.
Convento de Santa Cruz la Real (Granada)


Evangelio del día

Evangelio del sábado 15 de junio de 2024

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 33-37

Reflexión del Evangelio de hoy

Luego se levantó, marchó detrás de Elías y se puso a sus órdenes      

Todas las llamadas de Dios, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, tienen alguna nota especial en cada una de las personas llamadas, y también algo común, que justamente es la llamada de Dios. No todas las personas llamadas responden afirmativamente. Pero muchas de ellas sí lo hacen. Y lo hacen cayendo en la cuenta de que, ni más ni menos, es el mismo Dios el que llama. ¿Cómo se le puede decir que no a ese Dios que nos ama tan entrañablemente, que nos ha creado, que busca siempre nuestro bien principalmente a través de Jesús, que por mediación de él llega a hacernos hijos suyos y que nos asegura que siempre estará a nuestro lado, caminando con nosotros en el camino de nuestra vida y que nos promete una vida de total felicidad después de nuestra muerte y resurrección?

Así lo entendió Eliseo y dejando su trabajo y a su familia atendió la voz de Dios.

Cada uno de nosotros, seguidores de Jesús, al hilo de esta lectura podemos recordar cómo fue nuestra llamada y cómo vamos siguiendo a Jesús.

No jures… a vosotros  os basta decir sí o no

Leyendo este pasaje evangélico, vemos cómo Jesús insiste en la sencillez y en la verdad. Un seguidor de Jesús cuando afirma algo, tiene la fuerza de su afirmación, la fuerza de decir la verdad. No hay que invocar al cielo, a la tierra, a Jerusalén… ni a otra posible realidad. “A vosotros os basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno”. Porque un seguidor de Jesús no puede mentir.

Pero como bien sabemos, la iglesia, en sus diversos estamentos, exige, en ciertos casos, jurar por Dios, como si la palabra del cristiano no fuera suficiente. Hagamos caso a Jesús, el que es la Verdad, que nuestras palabras sean siempre verdaderas.

En el ámbito cristiano hay otra manera de ir en contra de lo que nos manda Jesús de decir siempre la verdad. Es lo que conocemos como mentiras piadosas. Que es algo así como mentir para defender una verdad. Nunca una mentira puede ser piadosa, nunca un cristiano puede mentir. Ha de vivir y decir siempre la verdad sabiendo que intenta seguir a Cristo que es la Verdad.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Evangelio del viernes 14 de junio de 2024
Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

¿Qué haces aquí, Elías?

El profeta Elías se encuentra en una situación que podríamos llamar desesperada. Su defensa del Señor, frente a la deriva de la fe del pueblo que olvida la Alianza con Yahweh y su enfrentamiento a los falsos profetas y al poder del rey, le ha convertido en una persona peligrosa a la que se decide que hay que eliminar.

Presa del miedo y de la angustia ante la amenaza de muerte, sale huyendo precipitadamente y llega al monte Horeb, monte sagrado en el que Dios se había manifestado, y se esconde en una cueva.

En esa situación de debilidad extrema, siente la llamada del Señor: “Sal y permanece en pie ante el Señor”

Pero lo que Elías percibe que ocurre fuera es un huracán, un terremoto, fuego… tal vez lo mismo que él llevaba por dentro y que le estaba devorando. Y en todo ello no descubre al Señor que pasa.

Por fin, algo así como el susurro de una brisa (en el original hebreo más cerca del “sonido” del silencio), y Elías sale fuera y se mantiene en pie a la entrada de la cueva.

En ese momento de calma y de silencio se vuelve a escuchar la palabra que el Señor le dirige: ¿Qué haces aquí Elías?

Su respuesta atropellada y llena de pasión, sólo puede fijarse en su situación personal, a la que ha llegado por defender al Señor. (Leyendo el texto completo comprobamos que la pregunta y la respuesta se habían dado ya antes, y se repiten exactamente igual ahora).

Y el Señor le muestra una salida a su situación absolutamente inesperada: va a volver al lugar del que huía y va a realizar una misión que el Señor le encarga. Su vida adquiere de nuevo sentido en esa misión que se le encomienda.

Qué bueno será que nos preguntemos a nosotros mismos y nos dejemos preguntar por Dios ¿Qué haces aquí?

Pero yo os digo…

En el capítulo 5 del evangelio de Mateo, después de haber proclamado las Bienaventuranzas como “libro de ruta” para el camino personal y la realización del Reino, Jesús va a “descender” a la arena de la vida concreta, para que podamos ir entendiendo lo que nos plantea.

Y comienza por situarse personalmente ante la Ley. Él no ha venido a abolir la Ley, sino a darle cumplimiento. E inmediatamente, entra en puntos concretos de esa Ley para “explicar” cómo se lleva a cumplimiento cada uno de ellos, sin duda con gran sorpresa por parte de sus oyentes de aquel entonces, y más de 2.000 años después también de los de ahora.

Hoy escuchamos su reflexión en torno a la relación del hombre y la mujer y las dificultades que surgen en ella. En un contexto cultural en el que la mujer no recibe ninguna consideración y está sometida totalmente a los varones, Jesús hace una interpretación de la Ley favorable a la mujer.

Y, además, añade un comentario sorprendente por su radicalidad: “si tu ojo…sácatelo”, “si tu mano… córtatela”. Sin duda no pretende que nos arranquemos el ojo o nos cortemos la mano físicamente, pero sí nos indica la necesidad de estar atentos para rechazar todo aquello que surge de nuestro interior y nos inclina a desear o a realizar algo que supone un mal para los demás y también para nosotros mismos. No como ejercicio de negación o de simple ascesis, sino porque lo que verdaderamente deseamos en el fondo de nuestro corazón es vivir desde la propuesta del bien y del Amor que Jesús nos hace.


Evangelio del día

Evangelio del jueves 13 de junio de 2024
Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

De la oración y de la lluvia

El profeta Elías desespera por la lluvia, tan necesaria para la supervivencia del planeta entonces como ahora. Igual que la oración, tan necesaria para el ser humano entonces como ahora. En este sentido nuestras necesidades poco han cambiado. Este pasaje nos habla de la necesidad de la oración y de la necesidad de lluvia, o más bien, de la necesidad de implicarnos en el cuidado de la creación.

En la sociedad actual, donde a menudo nos encontramos inmersos en un ritmo acelerado de vida, la práctica de la oración adquiere una relevancia aún mayor. Así lo vemos ante la cada vez más creciente demanda de meditación en forma de podcast, de formaciones orientadas al silencio, o de mindfulness. Nada nuevo bajo el sol porque el ser humano necesita de Dios.

La lectura del primer libro de los Reyes nos anima, como hizo Elías, a acudir a Dios Padre cuando estamos desesperanzados, agobiados o superados por las circunstancias que no podemos manejar. Elías acude a la oración como refugio en medio de la desesperanza, y en ella encuentra la paz, encuentra a Dios, y tras su perseverancia, llega la alegría en forma de lluvia.

También la lectura del Primer Libro de los Reyes nos habla del cuidado de la creación. En el contexto actual de cambio climático y degradación ambiental, la importancia de la lluvia como un recurso precioso se hace aún más evidente. El calentamiento global y otros factores pueden afectar los patrones de lluvia, provocando sequías prolongadas en algunas regiones e inundaciones devastadoras en otras.

La lectura de hoy nos llama a hacernos responsables de la creación de Dios, cuidando y preservando el medio ambiente para las generaciones futuras. Así, la necesidad de lluvia no solo nos llama a la acción en el presente, sino que también nos recuerda nuestra responsabilidad de proteger y preservar el don de la vida en todas sus formas. Orar nos acerca a Dios, y cuidar el planeta para que llueva cuando sea necesario, también.

De las dificultades del amor

El seguir a Jesús no es fácil, cumplir sus enseñanzas, es muy exigente. No basta con amar a tus seres queridos y amigos, hay que “amar” también a tus enemigos, hay que ser misericordioso con ellos y perdonar toda ofensa que recibamos por su parte. Y eso, sí que cuesta. Eso no es nada fácil. Lo más sencillo es insultar y regañar a aquel que nos importuna o molesta, con palabras o con acciones.

Precisamente, vivimos en una época en la que estamos muy acostumbrados a usar ciertos “calificativos” y tenemos un vocabulario muy creativo, para insultar a los demás, o bien inventar bulos o noticias falsas, para perjudicarlos. Pues ofender de esta manera, también es pecado; es como dar una bofetada en el alma al hermano, a la dignidad propia del hermano.

Señor, tú me invitas a vivir un amor semejante al tuyo, tú practicas la misericordia, la reconciliación, el perdón y el amor, incluso a los enemigos. Entiendo Señor, que la razón la tiene siempre el que más ama, a ti y a los hermanos, a todos los hermanos.

¿De qué manera la lectura del primer libro de los Reyes y la historia de Elías te inspiran a perseverar en la oración y confiar en la fidelidad de Dios para responder a tus necesidades y preocupaciones?

¿Cómo puedes cultivar una conexión más profunda con la creación de Dios a través de la oración y la contemplación de su belleza y complejidad?

¿Oro por aquellos a quienes no quiero?

Fraternidad Laical de Santo Domingo de Valencia


Evangelio del día

Evangelio del viernes 31 de mayo de 2024
Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Bendecid a los que os persiguen

El texto de la primera lectura pertenece a la carta a los Romanos, escrita por Pablo en Corinto, en el invierno del 57-58, culmen teológico de la teología paulina. Nuestro texto pertenece a la segunda parte, llamada parenética, en la que se muestra el sacrificio existencial del cristiano; para agradar a Dios ya no hay que presentar ofrendas y holocaustos, como se hacía en el AT, sino que ahora se ha de ofrecer la propia vida: Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual (Rm 12,1).

Una de las dimensiones de esta ofrenda de la existencia es el amor, tanto con aquellos que forman parte de la comunidad, como con los que están fuera de ella. El amor en la comunidad ha de ser “sin fingimiento”, detestando el mal y adhiriéndose al bien. El amor ha de estar apoyado en la humildad que estima a los demás y no se enorgullece de la propia sabiduría. El amor se concreta en el compartir las necesidades de los hermanos y en la práctica de la hospitalidad, tema importante en el cristianismo primitivo (Rm 15,26;2 Co 8,4;1 Pe 4,9; Hb 13,12). Los vv 11-13 nos recomiendan una serie de actitudes que han de caracterizar al cristiano en relación a los “santos”, los hermanos de la comunidad: el celo sin negligencia, el espíritu fervoroso, el servicio del Señor, la alegría de la esperanza, la constancia en la tribulación y la perseverancia en la oración. Siempre en clave de empatía, alegrándose con los que se alegran y llorando con los que lloran.

La carta de Pablo también nos presenta cómo vivir el amor con personas que no forman parte de la comunidad y pueden crearnos problemas con sus actitudes hostiles. Así se invita a bendecir a los enemigos y no maldecirlos. Tarea poco espontánea y nada fácil.  Bendecir a los que no nos hacen bien sólo puede ser fruto del amor gratuito experimentado en la comunión con Cristo y el Padre. “Dad gratis lo que habéis recibido gratis” (Mt 10, 8).

Saltar de gozo, proclamar bienaventuranzas, cantar de júbilo.

El texto lucano de hoy nos presenta la escena siguiente a la proclamación del Fiat de María, al recibir el anuncio del proyecto de Dios para con ella. Los anuncios de Dios siempre pro-vocan y con-vocan. Pro-vocan porque suscitan, inducen a recorrer nuevos caminos y con-vocan porque llaman junto con otros, dinamizan encuentros nuevos. Por ello, María sale de su ámbito y se pone en camino a casa de su prima Isabel, desde Galilea hasta Judea.

En cuanto Isabel oye el saludo de María, la novedad de la Buena Noticia que abraza, se hace presente en la criatura de su vientre y en ella misma: el niño salta de alegría ante la portadora de la nueva alianza como danzaba David en el traslado del arca (cf. 2 Sam 6,2-16); y a Isabel la invade el Espíritu Santo, que María transmite y contagia al haber quedado plenificada por Él (cf. 1,35).

Ante tanto júbilo, los labios de Isabel se abren proclamando palabras de bendición y bienaventuranza. Así bendice a la madre recién llegada y la proclama dichosa, feliz porque ha sido capaz de creer que la palabra de Dios se cumpliría en ella, porque ha sido capaz de confiar su vida entera al proyecto del Señor.

Si antes Juan Bautista había saltado de gozo y los labios de Isabel había proclamado bendición y dicha, ahora el regocijo de María estalla en un canto de júbilo ante la experiencia salvífica de Dios que no puede silenciarse, como lo hicieran otras mujeres en la primera alianza: Miriam (Ex 15); Débora (Jc 5); Ana (1 Sm 2 (Jdt 16).

El Magnificat que proclama María porque Dios está haciendo cosas grandes en ella y en su pueblo, es un canto que podríamos llamar del “mundo al revés” como aquella canción de Paco Ibañez. Allí “había lobitos buenos, brujas hermosas y piratas honrados”. Ahora el Señor es el que da la vuelta a todo: “Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”.

En el día de hoy, unidos a María de Nazaret, la creyente por excelencia, podemos interrogarnos: ¿Que caminos nuevos “pro-voca” en mí el encuentro con la Buena Noticia del Reino? ¿Con quién me “con-voca”? ¿Con que música canto la alegría que brota del encuentro con el Señor? ¿En qué medida colaboro con el proyecto de Dios de “su mundo al revés”?

Hna. Mariela Martínez Higueras O.P.
Congregación de Santo Domingo


Evangelio del día

Evangelio del jueves 30 de mayo de 2024
Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,46-52

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:
«Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí».
Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más:
«Hijo de David, ten compasión de mí».
Jesús se detuvo y dijo:
«Llamadlo».
Llamaron al ciego, diciéndole:
«Ánimo, levántate, que te llama».
Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
Jesús le dijo:
«¿Qué quieres que te haga?».
El ciego le contestó:
«“Rabbuní”, que recobre la vista».
Jesús le dijo:
«Anda, tu fe te ha salvado».
Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Reflexión del Evangelio de hoy

Ahora sois pueblo de Dios

Esta carta la dirige Pedro a los creyentes de Asia Menor, que están siendo sometidos a la incomprensión y el rechazo de los que viven junto a ellos, considerándolos, incluso, como extranjeros en su propia tierra.

Les invita a alimentarse de esa “leche” no adulterada que es la Palabra de Dios, y que, gracias a ella, han podido comprobar lo bueno que es el Señor.

Jesús, que también fue rechazado y sufrió la incomprensión de muchos, a pesar de eso, es la piedra viva que Dios escoge y pone como clave para la construcción del Templo del Espíritu y, por lo tanto, los que siguen su Palabra cooperan en la construcción del Templo.

Pedro les anima pues se han convertido en una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, y por lo tanto, los elegidos para proclamar que Jesús es la luz que alumbra sus vidas y, aunque muchos quieran que dominen las tinieblas, la luz brilla de forma maravillosa, y así serán auténtico Pueblo de Dios.

Pedro también les exhorta a rechazar las tentaciones, y tener una conducta intachable para que, aunque sean calumniados, puedan ver que se comportan de forma honrada, que nada tiene que ver con lo que otros dicen de ellos.

Todo esto supone el reconocimiento de que Jesús padeció por todos, y que ellos, a pesar de las injurias, sean perseverantes en su fe para ser, como dice el salmo 99 “El Señor Dios nos hizo y somos su pueblo y ovejas de su rebaño”.

Hijo de David, ten compasión de mi

En este fragmento del evangelio de Marcos, se nos presenta el episodio de Bartimeo, ciego de nacimiento, que, según nos expresa el evangelista, se encontraba al borde del camino, es decir, excluido de la sociedad, pues su ceguera física incluía también una ceguera espiritual, de la que quería salir, por todos los medios, para salir de sus tinieblas. Al enterarse que pasaba Jesús, grita con fuerza y, aunque muchos querían sofocar sus gritos, él insiste y grita más fuerte para que Él lo escuche.

El intento de sofocar el grito se puede considerar como falta de fe, cosa que Bartimeo tenía en demasía. Jesús se da cuenta de que el ciego lo reclama y lo hace llamar. Bartimeo da un salto para acudir al Mesías pues no le importa el miedo al vacío que le provoca su ceguera; ante la llamada acude sin miedo a nada, pues es Jesús quien le invita, y cuando le pregunta qué puede hacer por él, responde “Rabbuní” que pueda ver, es decir, ayúdame a salir de las tinieblas y saborear la luz maravillosa que Tú me puedes dar, y Jesús le afirma que es su fe la que lo ha curado.

El gentío acompañaba a Jesús, pero Bartimeo lo “seguía” por el camino, dejándolo todo para seguir a quien le ha facilitado la Luz verdadera.

Todo este episodio nos cuestiona y nos impulsa a que intentemos salir de la oscuridad, que no nos conformemos y soportemos la situación, que si es necesario gritar hasta lo indecible, debemos hacerlo y sentirnos con ánimo para buscar la Luz verdadera, la que nos va a aportar confianza y estímulo para, como Bartimeo, seguir a Jesús siendo anunciadores de su “Buena Noticia”.

¿Nos dejamos influenciar por la “no fe” que nos rodea, para no anunciar le verdad de Jesús?

¿Somos capaces de saltar como Bartimeo ante la llamada de Cristo?

¿Acompañamos o seguimos realmente a Jesús y somos sus testigos en el mundo?

D. José Vicente Vila Castellar, OP
Fraternidad Laical Dominicana Torrent (Valencia)