Evangelio del Día

Evangelio del viernes 21 de octubre de 2022

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 54-59

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente:
«Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: “Va a caer un aguacero”, y así sucede. Cuando sopla el sur decís: “Va a hacer bochorno”, y sucede.
Hipócritas: sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que es justo?
Por ello, mientras vas con tu adversario al magistrado, haz lo posible en el camino por llegar a un acuerdo con él, no sea que te lleve a la fuerza ante el juez y el juez te entregue al guardia y el guardia te meta en la cárcel.
Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues la última monedilla».

Reflexión del Evangelio de hoy

Conservad la unidad que es fruto del Espíritu Santo

El apóstol San Pablo se entregó en cuerpo y alma al anuncio del Evangelio. Lo vemos en sus múltiples viajes, en sus cartas, escritas incluso desde la cárcel, como es el caso de la que recoge la lectura de hoy.

Pablo, que ha proclamado con su boca “no soy yo, es Cristo que vive en mí”, lo profesa ahora con su vida, y no sólo porque se refiera a sí mismo como “el prisionero por el amor del Señor”, si no sobre todo, porque aún en medio de esa situación adversa, se olvida de sí mismo y de lo incómodo que puede resultar estar en la cárcel, y sigue exhortando a los cristianos a que vivan conforme a la vocación que han recibido. Está más preocupado por ellos que por él mismo.  

La vocación cristiana, la llamada a la santidad que todos hemos recibido, exige de nosotros un comportamiento concreto, como nos recuerda el apóstol: humildad, amabilidad y paciencia. Y tiene una finalidad: conservar la unidad fruto del Espíritu, mediante el vínculo de la paz.

Vivir la unidad, sentirnos uno con los demás cristianos y con la Iglesia, sólo será posible si vivimos la humildad, la amabilidad y la paciencia con los demás. La unidad es un don de Dios, un fruto del Espíritu, pero como todo don reclama una tarea. Hay que orar, pedírselo al Señor y vivir en continua actitud de conversión del corazón.

La intimidad con Cristo avivada en la oración, despertará nuestra conciencia para que nuestra vida se vaya asemejando más a la suya, esto nos unificará interiormente y nos capacitará para vivir la unidad con los demás.

El fundamento de la unidad visible que vivimos los cristianos es la unidad Trinitaria: Padre, Hijo y Espíritu Santo en continua relación de Amor. A eso estamos llamados a vivir unidos en el Amor. Sabemos la meta y conocemos el camino, pongámonos en marcha.

¿Cómo es que no sabéis discernir el tiempo presente?

El tono duro en que Jesús habla a la gente en este Evangelio nos da a entender de que se trata de algo importante, por eso les habla así para llamar su atención y que no se les olvide.

El discernimiento es transcendental para la vida del cristiano, porque la vida nos expone continuamente ante dos caminos a elegir y es necesario saber encaminar nuestros pasos en la dirección correcta. Nuestro corazón se siente agitado por multitud de deseos y sentimientos, que contrastan entre ellos, y hay que elegir con acierto lo que más y mejor nos acerque a Dios.

En el ejercicio del discernimiento en un primer momento hay que tener el coraje, la honestidad y la libertad interior de reconocer las voces que nos llaman desde nuestro interior y en un segundo momento interpretar de dónde nos vienen (de Dios, del demonio o de nosotros mismos) y hacia dónde nos encaminan. Este segundo paso exige de nosotros que nos confrontemos con honradez con las exigencias de la moral cristina, considerada a la luz de la Palabra de Dios y de la experiencia de la relación personal con el Señor.

Pidamos al Señor  el don de discernimiento, que ilumine nuestra mente para descubrir el bien y la verdad, y mueva nuestra voluntad hacia ella.

“Aparta de mí Señor, todo lo que me aparte de Ti”

MM. Dominicas
Monasterio de Santa Ana (Murcia)


Evangelio del Día

Evangelio del jueves 20 de octubre de 2022

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!
¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división.
Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».

Reflexión del Evangelio de hoy

El ponerse de rodillas ha venido a ser una postura típica de los creyentes ante Dios. Un modo de orar que Pablo siente con humildad e intensidad a la vez. Se pone de rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Recalca así el hecho de que Dios es Padre, es “el Padre”, de quien toma nombre toda familia.

Vemos que la primera necesidad de un creyente es fortalecer y robustecer el hombre interior. Es el Espíritu Santo, que mora en nuestro interior, el que provoca un cambio desde dentro hacia fuera. Pablo entiende que el cristiano tiene que abrir su corazón y dejar que el Señor habite en él, pero no como huésped, sino como propietario, de forma definitiva. Pero solamente un hombre que haya fortalecido su ser interior será capaz de rendir su corazón a Dios. Por tanto, lo primero a observar es que el arraigo y cimentación en el amor es lo que nos va a permitir comprender el amor de Dios. Como tenemos comunión con Cristo que mora en nosotros, tenemos una experiencia viva de ese amor, pero aquellos que se empeñen en tener a Cristo en el corazón como un huésped, en realidad no experimentarán nunca el amor de Cristo sino de una forma esporádica y poco edificadora. Sólo siguiente este itinerario se puede llegar a la meta “ser llenos de toda la plenitud de Dios”.

Pablo no puede por menos que atribuirle gloria al Padre, es decir, resaltar la manifestación de lo que Él es, y su correspondiente reconocimiento por todo lo creado. A Él le es dada la gloria que se manifiesta en la Iglesia y en Cristo como centro y vehículo principal del plan de salvación.

Ese Jesús que hoy sorprende con sus palabras. No parecieran estas palabras de Aquel en el que continuamente buscamos calma, regocijo, consuelo…Paz, en definitiva. Lo que ocurre es que sus palabras son contrarias a lo que el mundo propone. Alinearse con lo que Jesús nos dice, enseguida te marca como loco y extraño en esta sociedad; no se entiende, no entra dentro de esa felicidad de consumo rápido y accesible. Sí, también nosotros, los que hemos sido llamados por Jesucristo, chocamos con nuestra propia debilidad y a menudo nos vemos cruzando la línea, situándonos en el lugar que tan a menudo criticamos.

Seguir a Jesús, significa en muchos casos incomodar, denunciar, ir a contracorriente de lo establecido, y también de lo que nos apetece, porque también nosotros somos del mundo y se nos pide renunciar a lo que nos vuelve ciegos. Jesús se sentía portador del fuego purificador y de la presencia del Reino. El Evangelio no sabe de parentescos, no se impone a los individuos. Declarar que el Evangelio es a toda costa un vínculo para unir a todos sería una falsedad. Ser testigo es estar dispuesto a emprender la batalla de la incomprensión y la indiferencia empezando por los de nuestra propia casa. Por todo ello, mejor aceptar estos riesgos sin llevarnos a engaño.

Fr. Martín Alexis González Gaspar O.P.
Convento de Ntro. Padre Sto. Domingo (Torrent)


Evangelio del Día

Evangelio del lunes 17 de octubre de 2022

padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 13-21

En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús:
«Maestro, dije a mi hermano que reparta conmigo la herencia».
Él le dijo:
«Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?».
Y les dijo:
«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».
Y les propuso una parábola:
«Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose:
“¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”. Y se dijo:
“Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.
Pero Dios le dijo:
“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.
Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».

Reflexión del Evangelio de hoy
Estáis salvados por pura gracia

Así van las cosas. En esta carta a los Efesios se han apoyado diversas tendencias cristianas, entre ellas, la más importante, la que con Lutero llevará a la división de la Iglesia de Cristo en, al menos, dos ramas.

¿Qué nos justifica ante Dios? ¿La fe? ¿Las obras? Difícil llegar a una conclusión definitiva del asunto, aunque la carta de San Juan nos invite a mostrar la fe sin obras, o que las obras muestren la fe. Y, ¿si somos salvados por pura gracia, donde queda nuestra libertad para elegir?

Puede que estas disquisiciones teológicas deban ser orilladas por nosotros, pobres e ignorantes criaturas. Pero si debemos fijarnos en las contundentes frases que en esta misma epístola leemos. Hemos sido creados por el amor de Dios para conocerlo por Jesucristo y hemos llegado a este mundo para hacer buenas obras.

Y debemos tener en cuenta que San Pablo no nos dice que debemos hacer para salvarnos, sino que ya estamos salvados, que ya somos hijos de Dios, aunque falte que aparezcamos como tales en plenitud. Tenemos que tener en cuenta una verdad incontrovertible: no es que tengamos que resucitar para ser hijos, sino que por ser hijos seremos resucitados. La resurrección de Cristo nos ha hecho ya hijos resucitados de Dios, aunque aún no se haya manifestado este hecho en toda su grandeza. Hagamos, pues, buenas obras, porque los hijos de Dios no podemos hacer otra cosa.

Mirad: guardaos de toda clase de codicia

En esto estamos. Somos egoístas y lo hacemos notar en nuestras actitudes a lo largo de nuestra vida. Nos gusta perder el tiempo lamentando lo que deseamos y no tenemos, que suele ser más de lo que poseemos, sin dejar de pensar y calcular cuánto creemos necesitar o como disfrutaremos de lo que tenemos. Y lo hacemos en primera persona: “yo”, “mí”, “para mí”. Mi ego es el centro que domina y rige mi entorno, o eso me creo.

El egoísmo es el sentimiento dominante en nuestra sociedad, y lo que es peor, en nosotros mismos. Perdemos la vida, la dejamos pasar, tratando de acumular riquezas, propiedades, objetos que dejen chicos a los demás, y de pronto nos damos cuenta de que todo eso no nos hace felices, incluso que no sirven para nada. Solo ocupan un lugar y nos dan el trabajo de quitarles el polvo de vez en cuando. Pero no nos sabemos desprender de nada. No sabemos cuestionamos ¿por qué seguimos acumulando inutilidades?

El hombre rico del que nos habla el Evangelio está satisfecho: tiene mucho más de lo que necesita y podrá darse a la buena vida durante mucho tiempo. ¡Qué estupidez! No se da cuenta de que es dueño de mucho, pero no es dueño del tiempo, que siempre corre en contra.

Solemos rezar, guiados por Jesús: “Danos nuestro pan del mañana”, pero en el fondo pretendemos ir más lejos y, en realidad, queremos el pan para muchos días, ponerle precio y comerciar con él.

Cuando nos hemos decidido a acumular riqueza, hemos perdido de vista que solo somos administradores de lo que recibimos, que no somos propietarios, sino canales por los que los bienes de Dios deben llegar a todos los hombres. Nos falta comprender que somos los continuadores de la obra creadora porque para eso nos hizo Dios. Olvidamos que nuestras manos son sus manos, que somos los obreros constructores del Reino de Dios, no de nuestro propio reino.

¿Podemos imaginar un mundo donde todos tengamos lo que necesitamos, todos aportemos lo que tenemos y todos estemos contentos con lo que nos toca? ¿Podríamos plantearnos, siquiera sea teóricamente, que a nadie debe sobrarle y a nadie debe faltarle? ¿Qué excusa podríamos encontrar para tanta guerra, tanta envidia, tanto daño que nos hacemos unos a otros en nombre de unos pretendidos derechos realmente inexistentes?

Y olvidamos que estamos en las manos de Dios y que Dios nos quiere con amor maternal, pero nos ha hecho caducos, con fecha de caducidad escrita en el fondo del envase. Y me surge una pregunta: ¿Podremos mirar a Dios cara a cara cuando lo encontremos?

D. Félix García O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de Viveiro (Lugo)

Evangelio del Día

Evangelio del viernes 14 de octubre de 2022

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 1-7

En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos:
«Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse.
Por eso, lo que digáis en la oscuridad será oído a plena luz, y lo que digáis al oído en las recámaras se pregonará desde la azotea.
A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más.
Os voy a enseñar a quién tenéis que temer: temed al que, después de la muerte, tiene poder para arrojar a la “gehenna”. A ese tenéis que temer, os lo digo yo.
¿No se venden cinco pájaros por dos céntimos? Pues ni de uno solo de ellos se olvida Dios.
Más aún, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. No tengáis miedo: valéis más que muchos pájaros».

Reflexión del Evangelio de hoy
Bajo la mirada del Espíritu

Seguimos con la lectura continuada de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios, donde nos recuerda que somos bendecidos en la persona de Cristo, al que estamos destinados desde la creación del mundo. San Pablo nos ha enseñado que somos hijos de Dios y que estamos predestinados a ser un pueblo. Todos buscamos la unidad y la encontramos en Cristo.

Estos versículos despiertan en nosotros el esfuerzo misionero de la Iglesia de hoy, que con el sello del Espíritu, nos da un espíritu de pertenencia. Este mismo espíritu es la prenda de la herencia, cuya posesión vamos a obtener el día de la liberación final. Tal vez recordemos las marcas que llevan algunos animales como signo de pertenencia, pues nosotros hemos sido marcados por Cristo con el Espíritu; Dios se ha fijado en cada uno de nosotros. 

En definitiva las enseñanzas paulinas nos dicen de quién somos propiedad, a quién pertenecemos, de quién somos pertenencia, y a qué estamos destinados: somos el pueblo que el Señor se escogió como heredad, pertenecemos a Dios, somos alabanza de su gloria, destinados a su heredad; bajo la mirada del Espíritu descubrimos estas enseñanzas. No cabe duda, la palabra del Señor es sincera, lo dice el salmista, y todas sus acciones son leales.

Las afirmaciones del Señor

Una multitud de personas se congrega para escuchar a Jesús y él habla a sus discípulos y les habla como a sus amigos; utiliza expresiones como la levadura de los fariseos, haciendo referencia a la hipocresía; es valiente y atrevido para hablar así de los fariseos, que como grupo religioso eran hombres observadores de la ley y expertos en cuestiones religiosas.

La levadura es una sustancia que provoca la fermentación de otra con la que se mezcla, pero la levadura de los fariseos equivale a vivir una vida donde el legalismo, la hipocresía y la piedad están presentes en muchos de estos hombres considerados piadosos; y Jesús les avisa de este cambio que puede provocar la vida de los fariseos en el resto del pueblo.

Sin embargo Jesús nos invita a la sinceridad que es lo contrario a la hipocresía, hablando en favor de una iglesia a pleno día, como una casa con paredes de cristal donde todo puede ser visto, y nos invita a vivir a pleno día, sin miedo a la persecución, al desprecio, a no temer a la muerte del cuerpo, afirmando que los que matan no pueden hacer nada más.

Y nos encontramos con una enseñanza de Jesús cuando dice: » temed al que tiene poder para matar y después echar en el fuego»; en la Biblia de Jerusalén dice el fuego de la gehenna, que consume por siempre lo que no ha podido ser purificado, haciendo referencia a la escatología. La gehenna es el estado de los hombres resucitados esperando la condenación. El elemento sustancial de la escatología es el Esjatón, que es la realidad definitiva por la que Dios creó la naturaleza, es la última realidad del ser humano, es Jesucristo resucitado.

También afirma que Dios no se olvida de nosotros, que valemos más que todos los gorriones juntos, que Dios se ocupa de las más pequeñas de sus criaturas, que Dios se interesa por todo lo que no tiene la menor apariencia de grandeza, que Dios todo lo lleva en su corazón.

Para la reflexión: ¿Has pensado cómo es la verdad que vives? Llamados a vivir estas realidades que Jesús nos presenta, ¿cómo es tu sinceridad para con quienes te rodean? Ya Jesús nos avisa de la hipocresía de quienes viven sin temor alguno y nos presenta una serie de afirmaciones; desde la oración, escuchemos al Señor, y con sinceridad podremos descubrirlas.

Monjas Dominicas Contemplativas
Monasterio Stma. Trinidad y Sta. Lucía (Orihuela)


Evangelio del Día

Evangelio del lunes 10 de octubre de 2022

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles:
«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Pues como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.
La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.
Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».

Reflexión del Evangelio de hoy

La única norma verdadera es el amor

En esta carta a los Gálatas, San Pablo rompe drásticamente con la esclavitud de la ley. Dios se ha manifestado definitivamente en Jesús. Ya no es necesario el recurso a las leyes mosaicas que conformaron el caminar del pueblo hasta la manifestación del Mesías. Dios es fiel y ha cumplido su promesa al enviarnos a su hijo Jesús. Es por la fe en Jesús como llegamos a la salvación de Dios, no por el cumplimiento de las normas y las leyes ya superadas. En Jesús llegamos a la mayoría de edad, y queda superado el pedagogo de la ley, que fue necesaria en su momento. Ahora por la fe, nos convertimos en hijos de Dios, en imágenes vivas de Jesucristo. En Él queda también eliminada toda discriminación entre judíos y paganos, siervos o amos, ricos y pobres…. Porque todos somos llamados a la asimilación en Cristo como hijos de Dios. Y esta justificación se cumple por la fe en la acción del Espíritu. Somos justificados gratuitamente por la gracia de Dios y esa novedad de nuestro nuevo ser se expresa libremente en la práctica del amor al prójimo. Un amor que se vive en la alegría de pertenecer al pueblo de los salvados y agraciados por el amor de Dios. En Cristo habéis sido salvados, vivid conforme el mandamiento del Señor, el amor.

En Jesús todos los hombres hemos sido hermanados y somos iguales ante Dios

En este pasaje de Lucas, Jesús recrimina a los que se han agolpado a escucharle la poca fe de su generación. El Pueblo de Israel se ha balanceado a lo largo de su historia entre la increencia y la vuelta a la religiosidad, entre el olvido de Dios y la necesidad de venerarle. Todo ello pese a las múltiples manifestaciones y pruebas recibidas de la fidelidad de Dios. Y les pone el ejemplo del profeta Jonás, enviado por Dios a Nínive, un pueblo extranjero, capaz de arrepentirse y poner su esperanza en el Dios de Israel, sólo por los signos manifestados en el profeta Jonás. Jesús se postula como el Jonás definitivo, la manifestación última de Dios para llamar a la fe y la fidelidad decisiva. Él es el hijo del Hombre, la manifestación de la salvación definitiva de Dios. Una salvación que llega para todos los hombres. Desde Nínive a la reina del Sur, que vino a escuchar a Salomón. En Jesús se ha cumplido la promesa de Dios, se ha renovado la alianza de la nueva creación, y se ha repartido a todos los hombres de todos los confines del orbe. Con estas palabras del evangelista se nos propone a Jesús como el camino para acceder a Dios. La bienaventuranza de ser elegidos de Dios se realiza cumpliendo su voluntad, haciendo del Evangelio la forma de vida, el estilo de actuar, sentir y vivir conforme al mandato de Jesús. Dios nos ha amado enviándonos al Señor para que conozcamos a Dios. Y a Dios lo conocemos cuando nos amamos sin reservas, sin discriminaciones, sin preferencias. Cuando somos capaces de entregarnos totalmente a los demás, por encima de nuestras mezquindades. “Deja todo lo que tienes, dalo a los pobres, ven y sígueme”. Esta máxima que Jesús propone al joven rico es el horizonte de perfección al que todos estamos llamados. Como Jesús se entregó por nosotros hasta la muerte en cruz, nosotros, a su imagen y semejanza, estamos llamados a seguirle e imitarle despojándonos de todo lo innecesario, con alegría y generosidad.

Jesús nos dice: “Ven y sígueme”. Seamos valientes.

D. Oscar Salazar, O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de San Martín de Porres (Madrid)


Evangelio del Día

Evangelio De Hoy Sábado 1 Octubre de 2022

Padre Carlos Yepes

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,17,24

En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron con alegría diciendo:
«Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».
Jesús les dijo:
«Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno.
Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».
En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
Y, volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
«Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron».

Reflexión del Evangelio de hoy

Sólo de oídas te conocía, pero ahora te han visto mis ojos

El libro de Job es la ¨historia¨ de un hombre.Job es además la historia de un creyente,  que dice a sus amigos: no se puede hablar de Dios y del sufrimiento de memoria, sino desde la experiencia vital. Dice además: Para el ser humano es bueno guardar silencio ante la persona que sufre y hacerlo con respeto. Cosa que no hacen sus amigos.

Y está bien gritar y pedir respuesta a Dios: Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo, Sal. 118; y en el dolor entrar, en nosotros mismos y conocernos en el rostro del Otro.     

Job se plantea ¿Cómo creer en un Dios bueno y explicar la presencia del mal? Job busca un encuentro desnudo con Dios… no es misterio fácil el del dolor, el mal; o el misterio de la vida.

Dios, le hace saber a Job, que solo conoce una parte de su proyecto 42,5-6 y Job reflexiona: Te conocía solo de oídas, ahora que estoy desposeído de todo te veo, es decir, ahora se da un progreso que me trae el mensaje de una presencia imposible de captar, pero necesaria para vivir.

Job, proclamando su fe en Dios, al que solo conocía de oídas, y confesando su propia inocencia, dice: me postro, me inclino, estoy como orante y recibo el consuelo sobre el polvo y la ceniza.

Para entendernos en la creación, como proyecto de Dios, es necesaria la revelación. El final feliz de la vida de Job que hoy leemos es eco muy lejano de la revelación feliz que recibimos en Cristo.

En Jesús se revela quien es dios: el Padre

Si Job solo conocía a Dios de oídas; en Jesús se revela Dios a la gente sencilla.

Y lo primero que se nos revela; que Dios es Padre, cinco veces lo repite, para aprender en el Hijo a vivir como hijos.

En Jesús, se revela que el reino del bien, dominio de Dios, destruye al reino del mal, dominio de Satanás.

El anuncio de esta Buena noticia alegra la vida de quien sabe anunciarla o acogerla con sencillez. Jesús mismo se alegra y da gracias a Dios porque la Palabra de salvación se abre camino en la gente humilde y sencilla. Y nos recuerda el verdadero motivo de nuestra alegría: Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.

El rechazo de Jesús por “los sabios” y “prudentes”, nos está diciendo que la fe en Jesús es un don, un regalo, y no el fruto del esfuerzo humano.

Para acoger el regalo de Dios, que es la fe en Jesús, hay que hacerse sencillos; creerse sabio ante Dios es poner una barrera a la comprensión de los misterios del Reino.

Dichosos vuestros ojos si saben ver en Dios al Padre y en el prójimo al hermano.

En la fiesta de Santa Teresa del niño Jesús mira con qué sencillez lo vivió ella.

Fr. Isidoro Crespo Ganuza O.P.
Convento de S. Valentín de Berrio Ochoa (Villava)

Evangelio del Día

Evangelio De Hoy Sábado 24 Septiembre de 2022

Padre Carlos Yepes

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 43b-45

En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos:
«Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».
Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido.
Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.

Reflexión del Evangelio de hoy

Hoy, veneramos a María, como Virgen de la Merced. Esta advocación nos recuerda y nos invita a liberarnos y a liberar a las personas de toda clase de esclavitad que tienen y tenemos, devolverles su dignidad. Pidamos a María que nos ayude a comprender, acoger, y ayudar a las personas a salir de ellas pues les hacen vivir sin dignidad.

Vivir con dignidad cada edad y sin vanidad

Precisamente estos versículos del libro del Eclesiastés nos están invitando a liberarnos de todo aquello que puede impedir el vivir con libertad y dignidad cada etapa de nuestra vida.

La vida nos la ha dado Dios para que la vayamos viviendo con gratuidad y con sentido, no para destruirla. La vamos madurando viviendo con sentido las distintas etapas por las que pasamos: adolescencia, juventud, madurez, ancianidad. Cada etapa tiene su problemática, sus dificultades, sus alegrías y sus dificultades. En cada etapa tenemos que estar atento a lo nace de nuestro corazón, pues puede ser contradictorio, de ahí que diga:” déjate llevar del corazón” y “rechaza las penas del corazón”· Con cada etapa vamos madurando, adquiriendo experiencia e intentando dar sentido a nuestra vida.

Para cada momento de nuestra existencia da unos consejos que es necesario que tengamos en cuenta, aceptar todo lo bueno que tiene y disfrutarlo. También aceptar las dificultades, las debilidades y afrontarlas. Para afrontarlas contamos con nuestro esfuerzo, con la ayuda de los demás y con la ayuda del Creador de la vida. De ahí que no hemos de ser vanidosos, pues  siempre en cualquier etapa, es Dios el que nos acompaña y nos ayudapara evitar la vanidad.

Admiración, signo de contradicción

San Lucas en el camino de Galilea a Jerusalén va instruyendo a sus discípulos de cómo tienen que continuar su obra. Pero, a pesar de ver cómo provoca admiración su actuación y sus palabras, a Él no le está siendo fácil y de nuevo les recuerda cómo va a terminar su vida: entregando la vida, pero resucitando. Lógica la reacción de sus discípulos, de no entender o de no querer entender.

Les resultaba raro que tal como aparentemente la gente le escuchaba, le solicitaba ayuda, le seguía, incluso lo aclamaba, pudiese ser verdad el anuncio de la realidad de la entrega de su vida, pues no sólo iban a matarlo, sino que lo decía cómo que era algo normal para Él. Esa normalidad, tal como lo expresaba, se ve que era consciente de que su vida la entregaba libremente para hacer realidad el proyecto que Él había intentado hacer realidad y del que les había hablado de muchas maneras.

No entendían el lenguaje y tenían miedo en preguntarle. El porqué de ese miedo, ciertamente llama la atención- ¿Será porque ven una contradicción ente la admiración y su muerte? ¿Será porqué pensarían que a ellos, por ser sus seguidores, terminarán igual? Estás preguntas nos sitúan en nuestra realidad existencial y vemos que ocurre lo mismo. Jesús y su proyecto y realización en su vida, es admirado y valorado por muchas personas, pero las personas tienen miedo de seguirle para hacer realidad ese proyecto. ¿Por qué será? Reflexionemos y pidamos ayuda para no desanimarnos en continuar con ese proyecto de amor a la humanidad realizado por Jesús y anunciarlo con nuestra palabra y con nuestro testimonio.

Fr. Mitxel Gutiérrez Sánchez O.P.
Casa Ntra.Sra. de los Ángeles (Vitoria)

“ Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen ”

Primera lectura

Lectura del primer libro de las Crónicas 15, 3-4. 15-16; 16, 1-2

En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todo Israel para subir el Arca del Señor al lugar que le había preparado. Reunió también a los hijos de Aarón y a los levitas. Luego los levitas levantaron el Arca de Dios tal como lo había mandado Moisés por orden del Señor: apoyando los varales sobre sus hombros.
David mandó a los jefes de los levitas emplazar a los cantores de sus familias con instrumentos musicales —arpas, cítaras y platillos— para que los hiciesen resonar, alzando la voz con júbilo.
Llevaron el Arca de Dios y la colocaron en el centro de la tienda que David le había preparado. Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión en presencia de Dios. Cuando David acabó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Salmo

Sal 26, 1. 3. 4. 5 R/. El Señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo. R/.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.

El me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo:
«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».