Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Volverás a ver el día

La primera lectura del profeta Jeremías, es un canto a la esperanza, a descubrir y vivir nuestra belleza primigenia, original. En este vaivén de la vida donde la lucha diaria  por resurgir y poder avanzar, en una palabra, por salir adelante, nos oscurece el camino, nos adentra en un horizonte a veces sin salida: no hay trabajo, ni dinero, nos rodea la violencia, la guerra, la enfermedad, la pobreza destruye vidas y la vida en ocasiones parece que se vuelve insoportable.

Pero en la oscuridad siempre hay una luz, la esperanza de que todo puede cambiar, que la humanidad no es un callejón sin salida  porque el ser humano no es un proyecto de laboratorio, sino una explosión del Amor incontenible de Dios: “con amor eterno te amé …volverás a  adornarte….a plantar viñas…es de día gritarán “.

Jeremías nos invita a luchar por abrir en el corazón de quienes nos rodean la certeza de que El siempre está, que la última palabra no la tiene el mal ni el pecado, ni el dolor; por encima de todo eso, y a pesar de todo eso, Dios siempre está para levantar y embellecer.          

La fe de la vida

Tanto el evangelio de Marcos como el de Mateo nos presentan a Jesús, en la región de Tiro y Sidón realizando distintos milagros. En el relato de hoy nos dice que se retiró en aquella región, no dice pasó sino “se retiró”, es decir permaneció, se quedó, es importante hacer notar esto porque esa región era considerada pagana, por lo tanto, impura, prohibida.

Continua diciendo que “una mujer cananea saliendo de aquellos lugares”… una mujer sin nombre, por lo tanto sin identidad, una mujer prohibida por la ley, pagana, una mujer sin nombre, que podemos ser tu o yo, que sale de uno de aquellos lugares ¿qué lugares? los lugares oscuros de nuestro ser, esos lugares que no nos dejan crecer como personas, que nos arrastran a dejarnos vencer por lo que nos destruye como seres humanos. Jesús se sumerge en el pecado de la humanidad, entra en el dolor de una madre y descubre la grandeza de su corazón y su gran fe.

Mas allá del simbolismo que utiliza Mateo para indicar a sus oyentes judíos el Mesianismo de Jesús, hay una explosión de búsqueda explicita en el corazón de esta mujer, esta mujer emerge de la oscuridad y descubre la luz que es Cristo, porque todo ser humano está proyectado hacia la eternidad, no podemos escapar de esa fuerza y si lo hacemos nos adherimos a ideas, cosas, personas…a un materialismo que nos adentra en el torbellino de la rutina de “el todo vale”…Jesús toco el dolor de la cananea y restauró su futuro (su hija) pero la fe de la mujer tocó el corazón de Jesús, le conmovió profundamente: “mujer que grande es tu fe”… y le abrió al horizonte del Padre, no solo a las ovejas descarriadas de Israel, como nos dice el salmo de hoy: “escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas”.  Cuando el Otro con mayúsculas es parte esencial de nuestra vida, los otros se convierten en la experiencia profunda de la voluntad del Padre.

Sor Mª Ángeles Martínez, OP
Monasterio Inmaculada de Atacama, Copiapó – Chile


Evangelio del dia

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Jesús manifiesta su gloria en el Tabor

Con esta frase se anuncia en el Rosario, como misterio luminoso, la fiesta que hoy celebramos: La transfiguración. Para mí, personalmente, es más comprensible y pone más de manifiesta su intencionalidad. Manifiesta la pedagogía usada por Jesús, para instruir a sus discípulos con la finalidad que comprendieran, intuyeran, su identidad y misión. Sorprende que en medio de tanta actividad y tantas instrucciones sitúen los evangelistas este episodio.

Este hecho acontece cuando ya ha aparecido en el horizonte, y con bastante claridad, que la vida del Maestro va acabar de manera violenta. No sólo se lo ha dicho, sino que lo ven palpado en el ambiente. Un episodio antes se lo ha comunicado y, después de este episodio, otra vez.

Como buen maestro descubre que sus discípulos no se lo creen o no lo entienden. Decide escoger a los más íntimos, se retira a un monte, lugar más cercano a la presenciade Dios, según la mentalidad judía, y en clima de silencio y de oración les manifiesta su triunfo, su gloria, manifestada en sus vestiduras, en la presencia de dos personajes importantes en la historia de Israel,  en la nube que les cubrió y en las palabras escuchadas. “Es mi hijo. Escuchadlo”.

Escuchar a Jesús. Identidad creyente

Jesús, en el evangelio de Marcos, escoge a sus discípulos para que vayan detrás de Él y siguiéndole aprendan. Le han seguido y ahora, los más íntimos, escucharan que es el Hijo predilecto del Padre, es decir, no es un maestro cualquiera, sino el Hijo de Dios. Como tiene una relación personal e íntima con Dios, tienen que escucharle. Para aprender hay que escucharle y hay que ver cómo actúa. Así manifiestan su condición de discípulos, y nosotros manifestamos nuestra condición de creyentes en Jesús.

Esa relación personal con Dios es el verdadero secreto de su identidad y la actuación de Jesús le viene del conocimiento que recibe del Padre. En cuanto que es Hijo, en Él se reveló Dios en cuanto Padre y en el actuar de Jesús manifiesta Dios su amor y su voluntad.

Jesús no conoce a Dios solo a distancia como el Señor, tal como lo conocen Moisés y Elías, sino que le conoce como un Padre en una relación de proximidad filial. Por eso Jesús representa el conocimiento íntimo y definitivo de Dios. 

EL pueblo ha escuchado a Moisés y Elías, ahora debe escuchar a Jesús. Con su persona, con su acción y con su palabra lleva al pueblo el mensaje definitivo de Dios. A través de Jesús aprende el pueblo lo que Dios tiene intención de hacer con él y el modo en que él debe comprometerse con Dios.

La Transfiguración representa el punto culminante de la revelación de Jesús. En ella se manifiesta a sus discípulos en su relación con la historia de Israel, en su relación con Dios, en relación con la humanidad. De esta relación depende la presencia de su persona, su grandeza y su profundidad pueden ser comprendidas en la medida en que se comprenda quien es Dios.

¿Qué aprenden los discípulos en este pasaje de la Transfiguración? ¿Qué lección debemos sacar nosotros? Que Dios se revela como el Padre de Jesús. Padre lleno de amor; que Jesús es el Hijo predilecto de Dios; que en la palabra y en la actuación de Jesús se revela el amor paterno de Dios.

Se les impone silencio. Tienen necesidad de tiempo y deben participar de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, antes de poder comprender la verdadera identidad de Jesús y su misión salvadora, entonces ya no podrán callar, deberán dar, más bien, abierto testimonio.

Esta es ahora nuestra tarea, dar testimonio de lo que descubrimos en esta fiesta: la verdadera identidad de Jesús y su misión, para lo cual escuchemos Su Palabra y con la fuerza del Espíritu hagámoslo realidad. Es urgente escuchar más a Jesús.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Convento de la Virgen del Camino (León)

Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Os iré reuniendo a uno de cada ciudad, a dos de cada tribu, y os traeré a Sión

El contexto histórico que vive el profeta Jeremías es desolador: Israel, primero el reino del Norte y luego el Reino del Sur, es conquistado y sus habitantes deportados. En este ambiente, Jeremías nos presenta la relación de con Dios, en términos de relación de amor matrimonial. Una relación en la que Israel, poco a poco, ha ido alejándose de Dios, yéndose detrás de otros dioses. Las consecuencias serán desastrosas: Jerusalén es destruida y sus gentes obligadas a dejar su tierra y vivir en el exilio.

En medio de esta situación tan dura, el mensaje del profeta en este día está cargado de esperanza: Dios invita a su pueblo a la conversión, a volver a Él; un volver en el que será el mismo Dios quien “traiga”, “reúna” a aquellos que se alejaron, proporcionándoles buenos pastores, buenos guías.  Jerusalén se convierte en el signo de la presencia de Dios, en torna a quien se forma el nuevo pueblo que reunirá a todas las naciones.

Dejemos que también resuene en nuestro corazón, que con frecuencia se desorienta y se aleja del Señor, sus palabras de ánimo, las palabras que nos dirige desde el amor fiel que nos tiene: “volved” “yo soy vuestro dueño” “os reuniré” “os traeré” “os daré pastores, según mi corazón” “os multiplicareis y creceréis en vuestro país.” A través de ellas, Dios tira de nosotros, nos atrae hacia sí y nos conduce hacia nuestro hogar, que Él siempre habita.

El que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno

Jesús, en esta parábola compara la vida de la persona con distintos tipos tierra. La metáfora de la tierra, era fácil de comprender para la gente que en su época le escuchaba, muchos habituados a las tareas del campo; no sé si a muchas personas hoy, con menos trato con la tierra, nos resultará tan cercana.

Por eso detengámonos, para poder comprenderla mejor, en el milagro del crecimiento de una semilla; cómo a partir de un solo un grano, puede producirse un crecimiento de hasta el ciento por uno, como nos cuenta la parábola.

Cuando contemplamos, por ejemplo, un trigal en plena época de cosecha, quizás no apreciamos la pequeñez de los comienzos, no descubrimos la pequeña semilla enterrada en el surco, que durante meses estuvo oculta.

En la parábola que nos cuenta Jesús, esta semilla es la Palabra de Dios, capaz de hacer del campo que somos cada un jardín lleno de frutos, lleno de vida. Una semilla que Dios ha plantado en nosotros, independientemente de la tierra que seamos. En el relato Jesús quiere hacernos conscientes de que este proceso de germinación y crecimiento, es un proceso que se realiza en el interior de cada uno; es necesario estar atentos a él a través de tres actitudes fundamentales: la escucha, como apertura del corazón a acoger la Palabra; vivir desde lo hondo, desde la profundidad y no desde la superficie; trabajarnos por dentro, abordando y enfrentando todo lo que ahoga la vida de Dios en nosotros y poco a poco nos va minando, nos va secando, nos va agotando.

Pero también la parábola nos abre a la esperanza y a la alegría, porque la Palabra de Dios está ahí, en medio de nuestro mundo, plantada en cualquier rincón de la historia; porque existe la promesa del treinta, sesenta, ciento por uno; porque el Reino es una realidad que supera siempre nuestras expectativas.

Hna. María Ferrández Palencia, OP
Congregación Romana de Santo Domingo


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13,1-9

Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla.
Les habló muchas cosas en parábolas:
«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron.
Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.
Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta.
El que tenga oídos, que oiga».

Reflexión del Evangelio de hoy

No tengas miedo, yo estoy contigo

El texto que la liturgia nos presenta hoy nos narra la llamada del profeta Jeremías, sus luchas a la hora de responder y la misión que se le encomienda. Dios lo elige antes de ser engendrado y lo consagra antes de nacer. Lo nombra profeta de los gentiles y él, sobrecogido de temor y temblor, se escuda en que no sabe hablar por su corta edad. Del mismo modo, Dios nos elige, nos consagra por el bautismo, y tiene para cada uno de nosotros su proyecto para que colaboremos con Él en su Plan de Salvación. ¿En qué nos escudamos nosotros ante su llamada? ¿Cuáles son nuestras resistencias para responder y seguir su proyecto?

Las escusas del profeta se ven desmontadas por Dios y con la imposición de: Donde te envíe irás, y lo que yo te mande lo dirás. La obediencia es requisito indispensable en la misión profética y en el discipulado. ¿Cómo es nuestra obediencia? ¿Vivimos a la escucha de su Palabra? ¿Vivimos el “HÁGASE TU VOLUNTAD” o sólo lo decimos de palabra?

El Señor es fiel y no nos abandona, está con el profeta para librarlo y también con cada uno de nosotros. Nos invita a la confianza y nos asegura que ha puesto su Palabra en nuestros labios y en nuestros corazones.  

Por último, el Señor le muestra al profeta la misión: Te establezco sobre pueblos y reyes para arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para edificar y plantar. También a nosotros nos pide arrancar y arrasar todo lo que nos impide seguirle fielmente; destruir y demoler los ídolos y las falsas imágenes que tenemos de Dios; edificar y plantar nuestra vida en el único cimiento: Jesucristo (1Cor 3, 11)

La semilla cayó en tierra buena y dio fruto

El Evangelio de hoy está formado por dos partes: por un lado la introducción al discurso parabólico de Jesús que contiene siete parábolas, y por otro, se nos narra la primera parábola que es la del sembrador.

Ésta es una parábola que el mismo Jesús explica en los versículos 18 al 23 de este capítulo 13. Cristo es el sembrador y la semilla es su palabra que Él siembra con abundante generosidad. Nosotros somos la tierra que recibe esa Palabra y sí, la recibimos, pero no siempre la acogemos ni siempre lo hacemos de la misma manera. A veces nuestra tierra está endurecida por los golpes de la vida o la indiferencia. Otras veces está agobiada por los afanes y las preocupaciones y tampoco es bien acogida. Tenemos que procurar vivir más en sintonía con el Sembrador y su Palabra, limpiando y liberando nuestra tierra de pedruscos y malezas, regándola en la oración con la lluvia del Espíritu, y así podremos dar el fruto que el Sembrador espera y desea.

Oración

Señor, aquí estoy. Abro mi vida y mi corazón a tu Palabra. Hágase en mí tu voluntad. A ti me  acojo. Sé tú mi roca de refugio pues sabes que soy pobre y débil y me acecha el mal y la tentación. Tú eres mi esperanza y mi confianza. En el vientre materno ya me apoyaba en ti y Tú me sostenías. Instrúyeme, guíame para que aprenda tus mandatos y mi vida sea testimonio de que haces obras grandes en los que se ponen confiadamente en tus manos. AMÉN

Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Ser sal y luz

El relato de libro de los Hechos de los Apóstoles hace referencia a la persona de Bernabé, a quien hoy celebramos. Sintetiza su figura diciendo que “era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe. Y así mucha gente se unió al Señor” (Hc 11,24). Estos rasgos de su fisonomía hacen justicia al significado de su nombre: “hijo de consolación”. Bernabé, compañero de misión del apóstol Pablo, es un evangelizador incansable que acompaña, anima y exhorta a las nuevas comunidades que van surgiendo.

Este impulso misionero tenían como objetivo último construir comunidades cristianas como signos vivientes de la presencia de la nueva fe que no conocía límites. La adhesión al mensaje cristiano tenía necesariamente una consecuencia social concreta.

En el evangelio Jesús nos ayuda a no olvidad una característica importante de nuestra identidad: ser sal y ser luz. Ni la sal, ni la luz son para ellas mismas, sino que son para los demás; son para dar sabor e iluminar. La vida de Jesús ha sido expresión de esta imagen como nos recuerda el biblista uruguayo Daniel Kerber: «Jesús, el hombre pleno, vivió su identidad en un ser para los demás y para el Padre. Y ese ser para los demás y para el Padre, lo llevó a trabajar en su taller de Nazaret, durante treinta años, a predicar el Reino, a sanar los enfermos, consolar los tristes y finalmente a entregar su vida como signo de amor extremo. Jesús es pleno porque su vida es ser para.»

Es bueno recordar que la función de la sal tiene que ver con realzar el sabor que tienen las cosas de por sí. Ser sal es ayuda a que la originalidad de cada persona pueda encontrar el ámbito y las condiciones adecuadas para poder desarrollarse y brindar su originalidad. En tiempos de sinodalidad el Señor nos invita aportar nuestro propio sabor desde lo profundo de nuestro ser.

Iluminar nos compromete en generar desde nuestra vivencia comunitaria de la fe ambientes de vida y esperanza, frente a tantas situaciones de oscuridad, poniendo en Dios nuestra confianza.

Fray Edgardo César Quintana O.P.
Casa Stmo. Cristo de la Victoria (Vigo)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

La exégesis típica del pasaje de las bienaventuranzas de Mateo nos presenta este como el código de la nueva alianza promulgado por el nuevo Moisés, esto es, Jesús, representado aquí como líder que, elevado sobre su público, dirige su mensaje al mismo. Leído este texto anacrónicamente desde nuestro momento histórico, no faltará quien vea a Jesús cual político en campaña arengado a los votantes con promesas que bien denostaría alguno incluso como demagogia. Por mal que nos suene esta lectura, habría que conceder a su autor que, si este discurso se hubiera realizado tal cual lo refiere Mateo, sin duda habría producido una buena dosis de decepción sobre los expectantes oyentes, habida cuenta de su incumplimiento en vida del emisor.

En efecto, en una consideración realista y no ingenua (dejándonos arrastrar por pura emotividad) de este pasaje, convendría partir de este hecho y plantearnos el cumplimiento o, por mejor decir, las posibilidades de cumplimiento del proyecto que propone. A tal respecto, las bienaventuranzas pueden entenderse en dos sentidos (con otras tantas funciones): como consuelo o como acicate. Como consuelo, las bienaventuranzas reflejan una visión pesimista sobre el mundo: esta vida es un valle de lágrimas en el que la justicia (sea lo que sea esta) no es posible; sólo nos queda, pues, remitir nuestras expectativas a un más allá ignoto y, desde esa ciega esperanza, obtener el ánimo para lidiar con la condición de un mundo irremediablemente malo. En esta perspectiva, las bienaventuranzas constituyen un proyecto trascendente, orientan hacia una vida trascendente, donde encontrarían su cumplimiento. Esta visión, claro está, tiene validez en una cosmovisión religiosa.

En cuanto que acicate, por su parte, las bienaventuranzas plantean la posibilidad de su cumplimiento en este mundo, si bien al menos parcialmente o intencionalmente. Esta orientación intramundana denota una visión más optimista de la humanidad: esta puede ser no perfecta, pero sí perfectible, no está irremediablemente condenada. Por consiguiente, no se niega que la injusticia exista, pero sí que tenga que predominar. No se trataría tampoco de afirmar ingenuamente que vayamos sin más a trocar la injusticia en justicia (pues tampoco tenemos claro lo que esta sea) pero sí que, aún dentro de la injusticia como pan cotidiano, hay diversos grados entre los que hay movilidad; esto es, que se puede pasar de mayor a menor injusticia. Y aquí está el papel de acicate de las bienaventuranzas: estímulo para nuestra acción, pues lo que se “mueve” no es una abstracción como la idea de justicia, sino las personas; lo que es capaz de mover y remover un discurso como el de las bienaventuranzas es a la persona y a los grupos humanos desde su parálisis resignada a que todo tenga que continuar como está porque no hay alternativa o porque no merece la pena.

Es de destacar, que ambos sentidos de lectura de las bienaventuranzas no son incompatibles, y de hecho esta sería la postura hoy de la Iglesia. No  obstante, no menos relevante es el hecho de que el segundo sentido (el de estímulo) no se limita a una concepción religiosa de la vida, sino que, por el contrario, ha tenido y tiene amplia aplicación en la construcción de la vida personal y social en contextos no expresamente cristianos; es este segundo sentido,  por tanto, el que dota de un carácter y validez universal a las bienaventuranzas, aún cuando debamos advertir que en una interpretación más genérica que la que el evangelista pretendiera darle. En todo caso, no se nos oculta que si percibimos este carácter universal es porque el espíritu de las bienaventuranzas se encuentra ya en el acervo de la humanidad desde muy antiguo, siendo el discurso elaborado por Mateo un ideario ya recogido en la tradición de las sociedades y culturas, las cuales comparten, al fin, una misma condición vital y unos mismos anhelos.

Sin pretender restar valor a la fuerza de este tipo de discursos (sean las bienaventuranzas de Mateo u otros discursos semejantes dispersos en la literatura mundial o las memorias colectivas de la humanidad), conviene no dejar de advertir dos riesgos ya anunciados: por una parte, dejarnos arrastrar por el poder emotivo de las palabras sin añadir a las mismas la necesaria dosis de raciocinio crítico que transforma el sentimiento en esa capacidad operativa que necesita la puesta en marcha de planes realistas y efectivos; y por otra parte, y directamente relacionado con lo anterior, el riesgo de manipulación demagógica que dirige a las masas sin llevarles a ningún sitio.

Fr. Ángel Romo Fraile
La Virgen del Camino (León)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Haz obra de evangelista, cumple tu ministerio

La primera lectura  nos muestra la solemne exhortación de San  Pablo, prisionero por el evangelio, a su discípulo Timoteo. Le pide que predique el evangelio con todas sus consecuencias. Que lo haga siempre, a tiempo y a destiempo, que arguya, reprenda… pues posiblemente vendrán tiempos en que multitud de maestros sean capaces de “apartar los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas”. Ante esta situación, la petición de Pablo a  Timoteo es clara: “Se circunspecto en todo, soporta los trabajos, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio”. Es decir, sigue proclamando y predicando el evangelio de Jesús, donde se encuentra la verdad, la verdad que nos da coraje para vivir adecuadamente en esta tierra antes de llegar la vida de total felicidad después de nuestra muerte y resurrección.

Una exhortación que también nos viene bien a nosotros los cristianos del siglo XXI. Hemos de predicar y vivir siempre el evangelio de Jesús, como la mejor noticia que podemos ofrecer a nuestros hermanos, para que encuentren la “la vida y la vida en abundancia” que todos anhelamos.

El corazón de María goza y sufre

María tiene un corazón normal como toda persona. Pero las reacciones de su corazón van a ser distintas a las de cualquier persona humana, principalmente porque su hijo Jesús es el Hijo de Dios, lo que la llevará a experimentar vivencias especiales, alegrías y dolores especiales. Cómo no experimentar una profunda alegría al saberse ni más ni menos que la madre del Hijo de Dios, la madre de Dios.

Pero también el corazón de María sufrió ante diversas reacciones de su Hijo que no entendía. Una de estas reacciones dolorosas es de la que nos habla el evangelio de hoy. Habiendo ido al Templo, José, María y Jesús, cuando sus padres regresan a su casa, Jesús se queda en el Templo en diálogo con los maestros. Con el susto en el cuerpo y en el alma por la pérdida de su Hijo, sus padres regresan al Templo y ante la pregunta normal de por qué se ha quedado en el Templo y no se ha ido con ellos, Jesús les da una respuesta que no entienden: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que debía estar en la casa de mi Padre?

Evidentemente el dolor más fuerte de María fue el ver que Jesús fue condenado a morir en la cruz. Con la posterior alegría de su resurrección. El corazón de María: alegrías y dolores. 

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Él permanece fiel

San Pablo, encarcelado y sintiendo cerca su propio fin, exhorta a Timoteo a guardar el tesoro recibido a través de su predicación, de su Evangelio, que no es otro que el de Cristo resucitado. No son palabras humanas porque, de serlo, habrían sido encadenadas, retenidas y silenciadas en su misma prisión. El último de los apóstoles se siente abandonado y reclama la consoladora presencia de su hijo en la fe para confirmarlo en su misión, que es el sentido de su propia vida y la de todos nosotros: anunciar el Evangelio sin palabrería inútil ni contienda verbal, con la humildad sincera que tienen las personas sencillas, trabajadoras, que predican la verdad con su vida honesta, que transparentan la obra que el Espíritu Santo, pacientemente, va realizando en ellas.

Entreveo la admiración que desprenden las palabras de Pablo que nada tienen que ver consigo mismo, con su firmeza, con su fortaleza o su valor. Él se siente depositario de lo que entrega a Timoteo y sabe que, en la predicación movida por el Espíritu Santo, lo importante no es el anunciante sino el anuncio. Procuremos que nuestras palabras no den testimonio de nosotros mismos ni de los subterfugios que nos justifican ni de alambicados argumentos que buscan la admiración de otros. Lo importante es que en el mundo no se silencie el Evangelio, la alegría de la salvación que es esperanza para todos los seres humanos y para la creación entera.

Que el Señor nos ayude a caminar con rectitud, que nos instruya pacientemente a los que confiamos en su fidelidad.

Escucha, Israel

Es estimulante imaginar la mirada de Jesús abrazando la rectitud del corazón del escriba. En otros pasajes evangélicos, el Señor reconoce una intencionalidad aviesa en su interlocutor y rehúsa dar una respuesta. No es el caso que escuchamos en el pasaje del Evangelio de san Marcos que hoy meditamos.

El escriba está interesado sinceramente en la respuesta de Jesús. Quisiera detenerme en este punto para meditar sobre las preguntas que solemos repetir en nuestra plegaria a Dios. Creo que nos ayudará a leer lo que hay en nuestro corazón y a valorar si nuestro interés tiene algo que ver con el mostrado por el escriba. Recuerdo unos versos muy alentadores del libro de Jeremías que dicen algo así: Clama a mí que yo te responderé y te diré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. La petición que se esconde en nuestra oración, y que también se desvela en ella, revela lo que está en nuestro corazón.

En el segundo punto para la meditación encontramos la novedad en la respuesta que Jesús da al escriba, plenitud de la plegaría judía que comienza con el solemne mandato: Shemá Israel. El amor al prójimo es la natural consecuencia del amor de Dios y no tanto la medida de nuestro amor. La experiencia del amor de Dios que hemos conocido en Cristo Jesús nos ha señalado el camino: podemos amar porque hemos sido amados primero (I Jn. 4:19). El amor ha sido derramado en nuestros corazones con el don del Espíritu Santo (Rom. 5:5) que hemos recibido y celebrado. También hemos celebrado la solemnidad de la Santísima Trinidad. El amor trinitario, origen y fin de toda vida y de toda la Vida. El amor es expansivo en cuanto que es comunicador de vida. La vida nos ha sido comunicada y solo la perdemos cuando intentamos retenerla. La vida fluye al entregarse, dándose a sí misma. Si intentamos retenerla, la perdemos. La vida no la poseemos, la tenemos. Pero no la tenemos en el bolsillo del pantalón y la entregamos dosificada como si se tratase de las monedas que depositamos en las manos de los menesterosos. Somos portadores de vida y solo la comunicamos dándonos. El misterio de la Santísima Trinidad es un misterio de comunicación de amor. Su cualidad es comunicarse y el pronombre reflexivo indica su encarnación. No hay misterio sin cuerpo, tercera solemnidad que hemos celebrado el pasado domingo.

Somos pura relación amorosa y el máximo peligro lo corremos cuando tomamos la cautela de guardar para nosotros mismos aquello que solo conservamos entregándolo. La razón expresada en la conocida sentencia popular nos dice que el que guarda siempre tiene. El escriba judío entendió que no somos tanto seres racionales como relacionales y su recto corazón fue iluminado por la verdad de Cristo.

¿Entiendo que el prójimo soy yo misma y que amarlo es la única posibilidad de sostener la Vida?

Dña. Micaela Bunes Portillo OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo de Murcia


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
Dios nos ha dado una vocación santa por su propia voluntad

Según los estudiosos, parece ser que la carta a Timoteo fue la última carta que escribió Pablo antes de morir, de ahí que tenga un tono de testamento espiritual dirigido a su discípulo predilecto: Timoteo.

Comienza Pablo dando gracias a Dios, el agradecimiento a Dios es algo fundamental en el cristiano, ¿qué hacemos para añadir un minuto más a nuestra vida?: NADA, por eso debemos ser agradecidos y ver que todo lo que tenemos es un don, “´todo es gracia”.

La salvación en Cristo Jesús es el mayor regalo que nos ha podido hacer Dios Padre: “Por pura gracia estáis salvados, no por vuestros méritos”, como dice la Escritura en otro lugar, y aquí también Pablo se lo recuerda a Timoteo y a nosotros.

Dios nos ha regalado una vocación santa, no por nuestras obras sino porque Dios lo ha querido así. Él nos ha regalado el don de la fe, ha tenido un encuentro especial con nosotros para que seamos testigos de su resurrección y de la salvación en medio de esta sociedad, cada vez más alejada de su Creador. Nos ha dado el don del Espíritu Santo, su fuerza y su amor para anunciar el evangelio a los cuatro vientos, como lo ha hecho Pablo, hasta dar la vida, como él, si es necesario.

Para esta misión Dios nos capacita, pero, para poder anunciar el evangelio, dos cosas son necesarias: una es experimentar verdaderamente este encuentro con Dios, su amor y su misericordia, y otra es tener plena confianza en Él, en que nos acompaña todos los días y nos dará la fuerza para anunciar su Palabra a todas las criaturas, que, aunque algunos eviten escuchar nuestro mensaje, sí que podrán ver nuestras obras.

Señor, aumenta nuestra fe y ayúdanos a ser heraldos de tu Evangelio y dar testimonio de ti sin temor alguno hasta la muerte.

Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos

El evangelio de hoy toca uno de los puntos más difíciles de entender de nuestra vida, esto es, la realidad de la muerte y la promesa de la resurrección. Efectivamente, la resurrección escapa a la razón, es un misterio que sólo se atisba a comprender desde la fe.

Los saduceos no creen en la resurrección, ¡cuántos saduceos tenemos hoy en nuestra sociedad, que está muy equivocada, que no comprenden las Escrituras ni quién es Dios realmente. Por eso los cristianos debemos estar preparados para dar razón de nuestra fe.

En esta sociedad, cada vez más inmersa en la cultura de la muerte, urge anunciar la verdadera vida que no se acaba, la Vida Eterna a la que todos estamos llamados. Nuestra verdadera patria es el cielo, aquí estamos de paso, salimos de Dios y volvemos a Dios.

Hoy urge anunciar que Cristo está vivo, que Dios no es un Dios de muertos sino de vivos, que tiene poder para transformar la muerte en vida. Como decía Pablo en la primera lectura “se nos ha dado la gracia de anunciar el evangelio”. Así que, los que ya nos hemos encontrado con el amor de Dios y disfrutamos del don de la fe, estamos llamados a hacer partícipe a todo el mundo de este Dios que nos regala el don de la Vida Eterna.

Sabemos que no siempre seremos bien recibidos, pero esto no nos debe desanimar, recordemos las palabras de Pablo: “Sé de quién me he fiado”. En esta misión Cristo nos acompaña hasta el final.

Aquí estoy, Señor, envíame.

Sor Mª Belén Marín López, OP
Monasterio Santa Ana, Murcia


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva

El cristiano mira al futuro y lo hace con la esperanza de un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia.  El cristiano con una mirada de fe sabe reconocer en la vida y en la realidad  la presencia del Espíritu, vive en tensión hacia el futuro; su visión diferente, no depende únicamente de un enfoque materialista o de la ciencia, cuyos resultados siempre serán dentro del contexto de la posibilidad humana.

Es la promesa del Señor la que nos hace sabios para mirar al futuro y esperanzados en el día de la venida del Señor.

Esta esperanza se cultiva con una vida santa; la esperanza, la fe no son independientes de la forma de vivir; sabemos que vivir sin principios, sin valores torna la mirada descreída; y nos arrastra al error.  Es la trampa de los que no esperan.

Mirar el futuro con esperanza nos hace estar en guardia, preparando la venida del Señor; nos hace: considerar la paciencia de nuestro Señor como salvación. Nos dispone a crecer en la gracia,  es decir esforzarnos por ser mejores personas, más amables más tolerantes, más serviciales, más humanos… Mira: tú puedes crecer más en el conocimiento de Nuestro Señor Jesucristo; puedes ser mejor cristiano, puedes entregarte más a Cristo… ¿Por qué no lo intentas?

¿Qué es del Cesar? ¿Qué es de Dios?

El Evangelio hoy nos invita a  preguntarnos ¿Cómo nos acercamos a Jesús? ¿Como Maestro, como Hijo de Dios; con intereses ocultos, con segundas intenciones; buscando la respuesta que nos gustaría escuchar?…

Los fariseos y partidarios de Herodes se acercan a Jesús con adulación con hipocresía,  para hacerle caer en la trampa,  con esta pregunta ¿Es lícito pagar impuesto al César o no?

Jesús en la respuesta que da a fariseos y herodianos: no opone, lo temporal a lo espiritual, lo político a lo religioso, la autoridad civil al reino de Dios. Dice: Devolved al Cesar lo que es del Cesar.

El Evangelio nos invita a responder ¿Qué es del Cesar?  La figura, la inscripción de la moneda que le presentan, es decir las apariencias, lo externo…  por eso Jesús añade en su respuesta: Devolved a Dios lo que es de Dios. ¿Qué es de Dios?

De Dios es el regalo de la vida.

De Dios es la persona, porque es Dios, quien ha creado al ser humano a su imagen y semejanza.

De Dios es su pueblo Santo adquirido por él a precio de la Sangre de Cristo.

De Dios es la justicia, la misericordia, el amor de Padre a cada persona…

Mira en tu conciencia ¿Qué es de Dios? ¿Qué le das a Dios en tu vida?

Tú ten a Dios como único Señor de la historia y esfuérzate por hacer esta historia más humana, más fraterna más Reino de Dios.

Hoy los frailes dominicos recordamos a San Pedro de Verona que supo entregar su vida a Dios en el martirio.

Fr. Isidoro Crespo Ganuza O.P.
Convento de S. Valentín de Berrio Ochoa (Villava)