Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

“ ¡Ay de vosotros! ”

El Evangelio nos ofrece una visión penetrante de las advertencias de Jesús a los escribas y fariseos. Estás palabras siguen siendo relevantes hoy en día. Jesús critica abiertamente a los líderes religiosos de su tiempo por su hipocresía y falta de autenticidad. Los acusa de obstaculizar el camino de otros hacia la salvación. Este es un recordatorio para todos nosotros de que nuestras acciones y palabras tienen un impacto más allá de nosotros mismos. Sí actuamos de manera hipócrita e inauténtica, podríamos estar alejando a otros de la fe, en lugar de acercarlos a Dios. Porque nuestro problema, en muchas ocasiones, es que ni comemos ni dejamos comer. 

La crítica de Jesús se dirige a la superficialidad de los escribas y fariseos. Se preocupan más por las apariencias externas y las reglas que por la verdadera esencia de la fe. Jesús señala su obsesión con los detalles menores, mientras ignoran lo que realmente importa. Este es un llamado a centrarnos en lo que realmente es central en nuestra vida de fe y no perder el tiempo en cosas superfluas y banales, muchas veces puestas como importantes para maquillar una pobre vivencia de Dios y el miedo a tener un auténtico encuentro con los demás. Jesús también aborda la cuestión de la autoridad y la responsabilidad. Los fariseos se perdieron en tecnicismos, olvidando que todo en el templo es sagrado porque Dios mismo lo hace sagrado. Esto nos recuerda que no debemos tomar a la ligera nuestras promesas o compromisos, especialmente cuando involucran a Dios o a los demás. 

En resumen, este pasaje nos desafía a examinar nuestras propias vidas y actitudes. Nos llama a ser auténticos en nuestra fe, a centrarnos en lo que realmente importa y a ser responsables en nuestras acciones y palabras. Nos advierte contra la complacencia y la hipocresía, recordándonos que estamos llamados a ser luz del mundo y sal de la tierra. No se trata sólo de seguir reglas o de mantener las apariencias, sino de vivir una vida que refleje honestidad, misericordia y ternura a imagen de Dios. 

Fr. Martín Alexis González Gaspar O.P.
Convento de Ntro. Padre Sto. Domingo (Torrent)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

“Me mostró la ciudad santa, Jerusalén”  

En  los versículos precedentes a la lectura de hoy se nos habla de “un cielo nuevo y una tierra nueva” y de “la ciudad santa, la nueva Jerusalén” donde “la muerte no existirá más, ni habrá duelo, ni gritos, ni trabajo, porque todo esto es ya pasado”.

Uno de los siete ángeles, que aparecen en la lectura, va a mostrar la ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo, de parte de Dios, que teñía la gloria de Dios. Y nos describe las características especiales y ampliamente positivas de esa ciudad: con su muro grande y doce puertas… y también los doce pilares, y sobre ellos los nombres de los doce apóstoles. Toda esta descripción en la fiesta de San Bartolomé apóstol, que dedicó toda su vida, después del encuentro con Jesús, a proclamar nuestra resurrección en ese “cielo nuevo y esa tierra nueva”. 

“Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”

En este fragmento evangélico se nos relata la vocación, la llamada de Jesús a Felipe y Natanael, que es el otro nombre de San Bartolomé. En toda llamada de Jesús a seguirle, hay notas comunes y otras particulares en cada persona llamada. Aquí se describe el encuentro de Jesús con Natanael-Bartolomé.

Veamos lo particular de Natanael. En un primer momento y después de la llamada de Jesús a Felipe, este se encuentra con Natanael y le dice que se ha topado con Jesús, de quien escribió Moisés en la Ley y los Profetas, el hijo de José, de Nazaret. Bartolomé desconfía de que de Nazaret pueda salir algo bueno. Y es cuando entra en escena el mismo Jesús haciendo un fuerte elogio de Natanael: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño”. Algo que sorprendió a Natanael porque nunca se habían visto antes. Y al final, Natanael dirigiéndose a Jesús le dice: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel”. Y Jesús le respondió que vería cosas mayores que la que acaba de vivir.

Veamos lo común. Todos los cristianos podemos afirmar las notas singulares de nuestro encuentro con Jesús. Pero todos, Felipe, Natanael, Pedro, Juan, Carlos, Antonio, Isabel, Carmen, Lucía… y todos nosotros podemos afirmar que somos cristianos porque nos llamó el mismo Jesús a seguirle después de convencernos de que era Hijo de Dios: “Ven y sígueme”.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma…” y amarás a tu prójimo como a ti mismo” 

Mateo nos presenta a  saduceos y fariseos uniéndose para poner a prueba a Jesús: “Maestro, cuál es el mandamiento mayor de la Ley”?

La pregunta no era tan sencilla, como nos puede parecer a nosotros hoy, porque la mayoría de los juristas consideraba que todos los mandamientos tenían la misma importancia y obligatoriedad. Otros defendían que guardar el sábado era la primera obligación de todo israelita. También había quien defendía el amor al prójimo como el principal. A nadie se le había ocurrido que el principal mandamiento, eran dos.

En Mateo y en Marcos, Jesús responde recitando la «shemá» (escucha), que todo israelita piadoso recitaba dos veces cada día (Dt 6, 4-9); pero añaden una referencia al Lev 19,18, que prescribe amar al prójimo como a ti mismo.

En Lucas, Jesús le dice al letrado: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?, y es el maestro de la Ley el que responde exactamente lo mismo.

La originalidad de Jesús es doble. Por una parte el haber unido los dos mandamientos y por otra el ampliar el concepto de prójimo.

Juan que escribe veinte años más tarde que los sinópticos, lo tiene mucho más claro. Jesús da un solo mandamiento nuevo: «Que os améis unos a otros» (Jn 13,34). Esta es la novedad de Jesús. Es el mandamiento nuevo, por oposición al mandamiento antiguo, la Ley.

El amor que exige Jesús, no se alcanza con el cumplimiento de un precepto. En Jesús no se trata de una ley, sino de una respuesta a lo que Dios es: «Un amor que responde a su amor» (Jn 1,16). El amor que pide Jesús tiene que surgir desde lo hondo de la persona, no imponerse desde fuera. Se trata de manifestar hacia fuera, lo que Dios es en mí ser.

Él, vive el mandamiento del amor de un modo concreto y no abstracto.

 Su vida y misión pueden ser resumidas en la integración profunda y concreta del amor a Dios y al prójimo. En esta integración Jesús encontró la raíz de su libertad. Libertad que lo capacitó para ser plenamente fiel a la voluntad del Padre y a las necesidades del pueblo. (Reflexión al Evangelio enriquecida por homilías de Fray Marcos y por los libros: tu Palabra es vida de la Conferencia de los Religiosos del Brasil).

Hna. María del Mar Revuelta Álvarez
Dominica de la Anunciata


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

«Todos estamos invitados a la mesa del Señor»

“Y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos” Todos estamos llamados al banquete, todos. Iremos o no, ahí radica la libertad del hombre, pero la invitación la tenemos. Nos espera el Rey, nos aguarda un banquete de bodas, algo grande, fuera de lo corriente. Y podremos aceptar, decir que no sin más o tomar la actitud beligerante de los que llegan a asesinar a los mensajeros. Incluso podemos aceptar sin estar preparados, sin querer seguir las pautas que marca el Anfitrión y ser expulsados. La parábola del banquete nos muestra las distintas actitudes que podemos adoptar ante la llamada de Dios.

Podría parecer de necios recibir una invitación para algo bueno y rechazarla, pero esa es la condición humana: las circunstancias del momento, la oportunidad, los apegos que tenemos en nuestra vida, el no querer romper nuestra rutina, no salir de nuestra zona de confort (como se dice ahora)… y dejamos pasar la oportunidad de vivir a los grande, de gozar de la presencia de Dios en nuestro día a día, de desprendernos de lo que nos ata a lo más mundano. Por eso debemos tener el corazón abierto y los sentidos atentos porque en cualquier momento podemos recibir la invitación que cambiará nuestras vidas.

Dios nos está llamando siempre, es más: nos está esperando siempre. Nosotros somos libres de escuchar o no, de acudir o no a su llamada. Como decía San Juan Pablo II “la Fe se propone, no se impone” y el Señor nos propone sentarnos con Él a su mesa, compartir su banquete, con libertad, la misma libertad que Él nos ha dado, pero si no acudimos a su invitación deberemos asumir las consecuencias. Cristo nos lo explica muy claro en esta parábola, con palabras que entendemos y nos muestra todas las opciones. Teniendo toda la información ya depende de nosotros elegir entre vivir en la Luz o caer en las tinieblas.

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro


Evangelio del Dia

Padre Pedro Brassesco
«Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido»

Esta parábola, que sólo Mateo nos narra, pone de manifiesto cuán lejos están nuestros pensamientos de los de Dios. Dios no dice una cosa y luego hace otra (con todos se ajustó en un denario), lo que ocurre es que nosotros muchas veces interpretamos las cosas con miras muy humanas, queriendo sacar provecho de la situación.

Hay un himno que cantamos en la Liturgia de la Horas, concretamente en Vísperas, que hace alusión a la parábola que nos ocupa y que dice una frase que a mí me gusta mucho: “A jornal de Gloria no hay trabajo grande”. Dios nos llama a trabajar en su viña, a cada uno en un momento concreto de nuestra vida. Él no tiene en cuenta quien llega antes o después, sólo ve la pureza del corazón del que no se busca a sí mismo, sino la Gloria de Dios. Los que se quejan, es porque en su corazón reina el egoísmo y sus obras son mezquinas, van a lo mínimo.

Hacemos las cosas para Gloria de Dios y porque sabemos que nuestro salario, nuestro jornal es el Cielo. Si nos lo creyéramos de verdad, no estaríamos pendientes de lo que hacen los otros, sino que toda nuestra energía la emplearíamos en una entrega más generosa y auténtica.

Hoy celebramos la memoria de San Pío X, este santo fue un pastor que cuidó de su rebaño con gran solicitud, trabajó con sencillez de espíritu, pobreza y fortaleza dando así un nuevo incremento a la vida de la Iglesia. También tuvo que luchar contra lo errores doctrinales que en ella si infiltraban. Su lema “Instaurar todas las cosas en Cristo”, transluce el olvido de sí mismo y su intención de trabajar por el Reino de Dios. Imitemos su ejemplo y acojámonos a su intercesión.

MM. Dominicas
Monasterio de Santa Ana (Murcia)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Cuando esto suceda…sabréis que yo soy el Señor

Con este capítulo 24 se cierra la primera parte del libro de Ezequiel, ese profeta misterioso y, al mismo tiempo, uno de los más influyentes del Antiguo Testamento. A Ezequiel le ha tocado vivir los días más trágicos de la historia de Israel: la deportación a Babilonia, la destrucción del templo, la casa real y las murallas de la ciudad. Él ejercerá su ministerio en ese momento tan desolador como fue el momento del exilio.

El pasaje de hoy nos recuerda un momento muy triste en la vida del profeta: la muerte de su esposa. El Señor le ha pedido vivir este hecho de una forma extraña: no debe hacer luto, ni manifestar ningún signo de duelo. Este gesto profético va a suscitar en el pueblo la pregunta que le dirigen desconcertados: Explícanos qué significa para nosotros lo que estás haciendo.

Este gesto del profeta debe ser como una señal para los que viven en el destierro. Jerusalén, su ciudad amada, ha caído en manos de Nabucodonosor quien se ha ensañado con sus habitantes y con su templo, ese lugar tan valorado y querido por el pueblo de Israel.

El profeta invita al pueblo a imitar su conducta. Una invitación a vivir todos esos acontecimientos desde la interioridad, dejando de lado toda manifestación externa. Él va a ser para ellos un símbolo. No merece la pena hacer lamentos y manifestaciones externas de dolor; más bien se invita a recapacitar sobre su infidelidad a Dios y, así, arrepentirse de su mala conducta. Este será el modo de volver al buen camino.

A los exiliados se les invita, en medio de ese momento trágico, a reconocer el verdadero rostro de Dios. Lo harán a través del dolor y el sufrimiento en la desolación del destierro. Se darán cuenta de que han olvidado a Dios y es el momento del arrepentimiento: cuando esto suceda… sabréis que yo soy el Señor.

Así recuperarán su esperanza y volverán al camino de la fidelidad a Dios.

¿Qué tengo que hacer?

Alguien inquieto en la búsqueda de Dios se acerca a Jesús a hacerle esta pregunta. Es la que hicieron los oyentes de Juan el Bautista, al escuchar su predicación. Es la que le harán a Pedro tras escuchar su sermón el día de Pentecostés. Es decir, toda predicación, toda reflexión, que llega al corazón del oyente, suscita el deseo de cambio, de búsqueda, de salir de lo de siempre, de hacer algo nuevo.

Esta pregunta expresa inquietud, deseos de alcanzar una vida más plena. ¿A quién dirigirla? A este hombre extraordinario a quien siguen las multitudes. Es curiosa la contrapregunta que le dirige Jesús a este joven y la indicación de que cumpla los mandamientos. El joven quiere más precisión y le pregunta cuáles.

Si quieres ser perfecto…

Jesús no rehúye la respuesta y se los explicita; le indica los mandamientos que atañen al prójimo, al que se debe amar como a uno mismo. Este hombre parece haber cumplido con estos mandamientos y Jesús le propone algo definitivo: si quieres ser perfecto, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, -así tendrás un tesoro en el cielo-, y luego ven conmigo.

La versión que nos transmite Marcos tiene un carácter más incondicional: una cosa te falta. Vende lo que tienes, dáselo a los pobres y sígueme.

Donde está tu tesoro, allí está tu corazón

El joven se ve derrotado. Es muy rico y esa propuesta de Jesús no encaja en su proyecto de vida. Y se marcha muy triste. La riqueza le tiene sujeto y, pese a sus buenos deseos iniciales, acaba cediendo a su poder.

Los bienes, cuando no son compartidos, se adueñan de las personas y se constituyen en el centro de la vida. Ya lo advirtió Jesús en otra ocasión: donde está tu tesoro y allí está tu corazón (Mt.6,21).

Seguir a Jesús conlleva una dosis grande de libertad, esa posibilidad de seguirle sin mirar para atrás, ni buscar bienes de ningún tipo. El único bien es Él que se convierte en camino, verdad y vida; la vida en plenitud. Esa que llenará nuestros deseos más profundos y que nada puede llenar a no ser Dios. 

Merece la pena preguntarnos o preguntar a Jesús: ¿Qué tengo que hacer en este momento concreto de mi vida para ser más fiel a Jesús?

¿Qué es lo que me ata y no me deja seguir con determinación a Jesús?

Fray Salustiano Mateos Gómara O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

“Yo os juzgaré, pues, a cada uno según su proceder”

Los exégetas, los estudiosos de la Biblia, conocen este capítulo de Ezequiel como el de la “responsabilidad personal”. Hay que situarse en la época en que el pueblo judío está viviendo en el exilio. Una opinión bastante extendida es que esa situación era un castigo divino ante el gran pecado del pueblo de irse detrás de otros dioses, dando la espalda a Yahvé, su Dios. “Los padres comieron agrazones y los hijos tuvieron dentera”.

Ezequiel, junto con muchos del pueblo judío, va en contra de esta opinión, que no les parece justa. De una manera clara apela al principio de la responsabilidad personal, algo ya defendido por otros profetas. “Yo os juzgaré, pues, a cada uno según su proceder, casa de Israel, oráculo del Señor”. Y añade la postura de Dios que busca siempre que sus seguidores vivan y no mueran y perezcan en el castigo, y les invita a la conversión de su mala conducta: “convertíos y vivid. Yo no me complazco en la muerte de nadie”.

“De los que son como ellos es el Reino de los cielos”

En más de una ocasión, Jesús relacionó el reino de los cielos con los niños. Lo vemos en el evangelio de hoy: “de los que son como ellos es el Reino de los cielos”, a lo que podemos añadir “en verdad os digo, si no os volviereis y os hicieseis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”.

Intentado buscar el porqué en esta predilección de Jesús por los niños, quizás quiera resaltar dos de las características positivas más típicas de los niños, como son su ingenuidad y su confianza.

Lo que resalta, sobre todo, en la relación de los niños con sus padres, es que se creen todo lo que ellos les dicen, y viven con la seguridad de que estando con ellos no les puede pasar nada malo porque saben que sus padres les quieres y buscan siempre su bien.

Pues esa ingenuidad y confianza es la que nos pide Jesús para aceptar a nuestro Dios como nuestro Rey y nuestro Padre. Con la ingenuidad y confianza de niños debemos creemos todo lo que Él y su Hijo Jesús nos dicen y prometen. Estamos en buenas manos, en las manos amorosas de nuestro Padre Dios. 

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

“ Bendita tú entre las mujeres ”

Sabemos que, en cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común; para crecimiento del Cuerpo de Cristo, para beneficio de todo el Pueblo de Dios  (cf. 1 Co 12, 7). Por eso, al contemplar la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo… nos podemos preguntar: ¿de qué modo crecemos como Iglesia, … en qué nos beneficiamos como humanidad con este inmenso don que ha recibido la «Llena de gracia»?

Una frase del Concilio Vaticano II (LG 68) y que replica el Catecismo de la Iglesia católica (972) nos da una pista: María asunta en cuerpo y alma al cielo «brilla ante el Pueblo de Dios en marcha, como señal de esperanza cierta y de consuelo».

En tiempos en los que sentimos tan necesario ofrecer motivos ciertos de esperanza que no caigan en voluntarismos prometeicos y cuando se espera de nosotros un consuelo auténtico que no brote de anestesiar la mirada sobre la realidad, esta solemnidad de María, nuestra Madre y compañera de camino no solo puede animar nuestra peregrinación creyente sino también orientarla y conducirla.

Fray Germán Pravia O.P.
Casa de la Santísima Trinidad, Montevideo, Uruguay



 

Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

«Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria»

El salmo responsorial que sigue a la lectura la entiende como una invitación a la alabanza a Dios.  El texto es propio del estilo apocalíptico, fantasioso, de Ezequiel. (Y se salta descripciones más minuciosas y fantásticas del texto bíblico).

Lo importante es mostrar la grandeza de los personajes, y de quien sobresalía sobre ellos, que también era humano. Son la apariencia visible de la gloria del Señor.  Que es lo que interesa proclamar al profeta: reconocerla, y luego postrarse ante ella. En ello insistirá el salmo responsorial, extendiendo esa necesidad de alabanza a lo divino a todos de pueblos, a todos los príncipes, y en especial a “Israel, su pueblo escogido”.

«Hijo del hombre»

En el texto Jesús se refiere a sí como “Hijo del hombre”, expresión que encontramos en la continuación del texto de Ezequiel.  Es lógica la reacción de los discípulos, “se pusieron muy tristes”. No podía ser menos; el mismo Jesús se llenó de tristeza en Getsemaní cuando sintió la inmediatez de su pasión y muerte: “triste hasta la muerte”.

Mas el texto pasa a otro asunto distinto. Mateo por ser cobrador de impuestos aborda ese tema concreto: ¿hay que pagar o no los impuestos al poder político, opresor del pueblo de Israel? La respuesta a esa pregunta era comprometida. Decir, sin más, sí, era aceptar la dominación romana. Decir no, era enfrentarse a ese poder político.

Jesús viene a decir que no tiene por qué pagar impuestos; ahora bien, no pagarlos  generaría una invitación a la rebelión contra ese poder. Y Jesús en su vida obvió el enfrentamiento contra el poder político. No era esa su misión. El relato de cómo se hizo con la dracma, es una parábola, que expresa que ni él ni Pedro pagan de lo suyo.

La conducta humana ha de estar regida por la prudencia. Actuar con prudencia exige contar con la repercusión del modo de obrar en los demás. San Pablo, a pesar de insistir en que la opción por Cristo no exigía acomodarse en las comidas a prescripciones judías, en concreto a las que declaraban impuros algunos alimentos, se ajustaba a ellas para “no escandalizar a los sencillos”. “Guardaos de que la libertad que vosotros usáis sea ocasión de caída -escándalo- para los débiles” (ICor 8,9; Rom 14,13-15.20). Es lo que hace Jesús. Jesús piensa en los demás cuando actúa: su vida está en función de los demás.

 A la luz de este episodio, bien está que nos preguntemos: ¿qué prefiero?: ¿verme por encima de los demás y de las leyes vigentes, o servir al otro, ¿hacerle el bien?

Fray Juan José de León Lastra O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Multiplicará la cosecha de vuestro amor

El trasfondo de las palabras de San Pablo en esta lectura es una cuestión económica. Pedir a los cristianos de Corino ayuda económica para la iglesia de Jerusalén. Pero su argumento rebasa lo económico: “El que siembra generosamente, generosamente cosechará… Tiene Dios poder para colmaros de toda clase de favores”.

Ciertamente en Jesús se cumple lo que nos acaba de indicar. Jesús sembró con generosidad a favor nuestro: Nos entregó su propia persona con la entrega de su palabra, de su amor, de su vida. Y cosechó con amplia generosidad en dos planos. En el plano personal: Dios, su Padre le resucitó, venciendo así su muerte. Y yendo más a allá de lo estrictamente  personal… ha cosechado desde su muerte y resurrección a millones y millones  de personas que le han seguido y le han nombrado su Maestro y Señor. Lo nuestro, como siempre es imitar a Jesús, sembrar con generosidad entregando nuestra vida por amor…sabiendo que nos espera un generoso fruto.

Donde esté yo, allí estará mi servidor

En la misma línea de la primera lectura, Jesús nos vuelve a insistir en la entrega de nuestra vida. Recuerda para ello dos razones. En una sociedad agrícola como la suya aduce el argumento del grano de trigo. La única manera que tiene de dar fruto es caer en la tierra, es morir enterrado en la tierra. Las palabras de Jesús pueden parecer extrañas a primera vista. El que gana pierde y el que pierde gana. Pero, como bien sabemos, y nuestra experiencia nos lo confirma, Jesús acierta.  

Y Jesús va más allá. Nos asegura que aquel que le sirve, es decir, el que vive y acepta su persona y todas sus palabras e indicaciones, gozará de una profunda intimidad con él. “Donde yo esté allí estará mi servidor” y será honrado  por el Padre. 

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)