Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Exultantes y sin mancha ante Dios 

San Judas se dirige a la comunidad cristiana de entonces para que se mantengan en lo más valioso que tienen, en la fe que han recibido, y les indica también algunas actitudes que deben vivir. Deben orar para que el Espíritu Santo les consolide en el amor de Dios y así, de esta manera, aguarden a que nuestro Señor Jesucristo le dé la vida eterna.

A continuación les presenta la situación de algunos miembros de la comunidad y su remedio. A los que titubean deben ofrecerles compasión. A otros les tienen que salvar “arrancándolos del fuego”. Habla también de aquellos a los que deben mostrarles compasión “pero con prudencia”, aborreciendo “hasta el vestido del que esté manchado por los bajos instintos”. Como vemos les invita a vivir el bien y evitar el mal en todas sus manifestaciones.

Al final, termina con un cántico de alabanza “al único Dios, nuestro Salvador”, que puede liberarles de cualquier tropiezo y presentarles ante “su gloria exultantes y sin mancha”.

¿Con que autoridad haces esto?

Jesús y sus discípulos acudían con frecuencia al Templo. Jesús no estaba de acuerdo con lo que los vendedores y cambistas hacían en el Templo: “Entrando en el Templo se puso a expulsar a los que vendían y compraban, y derribó las mesas de los cambistas y los asientos  de los vendedores”. De esta manera habían convertido el Templo en una cueva de ladrones, olvidándose que era una casa de oración.

“Los sumos sacerdotes, los letrados y los senadores”, cuyo interés máximo era ir en contra de Jesús,  buscaban siempre sorprenderle en algún fallo. En esta línea le hacen esas dos peguntas: “¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?”.

Buscan que Jesús aluda a su ser mesías… algo que sus interlocutores no aceptan y tendría así un motivo para procesarle legalmente. Pero Jesús, conociendo sus intenciones, no les responde directamente, sino que les formula otra pregunta comprometida para ellos sobre el bautismo de Juan, que no se atreven a responder. Ante esta negativa Jesús les dice: “Pues tampoco yo os digo con qué autoridad haga esto”.

A Jesús tenemos que acudir buscando sus palabras de luz y de salvación para nosotros. Y entonces siempre nos responderá. “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no anda en tinieblas”.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

¿Indignado?… ¿de qué? ¿por qué?

El apóstol Pedro subraya en su Primera Carta, para los lectores de todo tiempo, que la entrega del Señor Jesús hasta una muerte en cruz ha supuesto para todo ser humano la liberación de toda conducta inútil.

¡Qué bien! sabías Pedro del sabor de la inutilidad, por haberla vivido de múltiples formas en carne propia.

Como nos muestra el evangelista Marcos, él formaba parte del grupo de los indignados por la petición de los Zebedeos. Acaso, ¿no era más que loable la demanda de éstos? Mas… ¿qué gloria pedían? Muchos de nuestros edenes, hemos de reconocer que son hijos de conductas inútiles, fraguadas y paridas desde el entorno egótico, donde no impera la recta intención, sino más bien unas díscolas apetencias refrendadas por el imaginario social. De ahí que se necesite un continuo ejercicio de discernimiento entre lo que supone camino de naturaleza esencial frente a lo accesorio, quizá, inútil… tóxico por excelencia.

La clave de bóveda viene -como no podía ser de otra manera- de mano del Maestro de Nazaret: todo lo que supone tiranía, opresión, desdoro de uno de naturaleza esencial frente a lo accesorio, quizá, inútil… tóxico por excelencia.

La clave de bóveda viene -como no podía ser de otra manera- de mano del Maestro de Nazaret: todo lo que supone tiranía, opresión, desdoro de uno frente a los otros, ese «yo siempre más que tú» es la antítesis de lo humano, alejándonos de esa magnanimidad de espíritu, pixelados con rasgos caricaturescos.

El evangelio de hoy se enmarca en el tercer anuncio de la pasión y resurrección: Binomio inseparable.

Como nos señala el salmista: tenemos necesidad de tener bien lubricados los cerrojos de nuestras puertas, reforzadas por la Palabra de Dios viva y permanente, para abrir senda por lo angosto del camino, cuyo final es el triunfo de la Vida sobre toda muerte, la de la naturaleza esencial sobre el personaje. Lo útil sobre lo inútil.

Sor Mª Ángeles Calleja O.P.
Monasterio Santa Catalina – Paterna






Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Proclamar el Evangelio con la ayuda del Espíritu Santo

Proclamar el Evangelio, nunca ha sido fácil, ni antes ni ahora. Se necesita siempre una ayuda. Esa la recibimos del mismo Jesús, al que anunciamos como buena noticia para la humanidad. Lo hacemos en todas las partes y en todas las circunstancias, nos sean favorables o con dificultades. Contamos siempre con la ayuda del Espíritu que Jesús nos dejó.

San Pedro dirige su carta a diversas comunidades, no a una en concreto, y quiere recordarles, a los que han abrazado la fe en Jesús, las exigencias que lleva consigo. Tanto provengan del judaísmo como del mundo gentil.

Como las circunstancias no son nada favorables, centra el eje de su carta en cómo afrontar el sufrimiento. Para ello les recuerda que la pasión del Señor Jesús es la clave para dar sentido a los sufrimientos que se tienen que pasar, para adquirir la gracia de la glorificación.

Les recuerda como de la gracia de la salvación, lograda por Jesús, ya habían hablado los Profetas y cómo se había indagado. Lo anunciaban porque el Espíritu de Cristo estaba con ellos. Es lo mismo que ahora están enseñando y comunicando los que hablan de la persona de Jesús. No lo hacen para beneficiarse ellos, sino en beneficio de todos. Lo llevan a cabo, no con sus propias fuerzas, sino con la fuerza del Espíritu del Resucitado que habita en ellos.

Una vez más y en palabras de Pedro, se nos invita en la necesidad que tenemos de escuchar al Espíritu, no sólo en beneficio nuestro, sino para cumplir con la misión de anunciar el mensaje y el proyecto de Jesús.

Cien veces más y vida eterna

Este texto lo sitúa San Marcos ante la actitud negativa que tuvo el joven rico para no liberarse de todo aquello que le convertía en esclavo de su dinero, de sus intereses y no poder hacer de Jesús la clave para su vida A Pedro a sus discípulos y a nosotros nos hace ver cuál es el sueldo del que dice tiene a Él como centro de su vida.

El joven se acercó con la intención de seguir a Jesús. Era cumplidor, pero le faltaba algo que no le dejaba ser feliz. Jesús le propuso que se liberase del apego a sus bienes, pero se dio cuenta que no podía conjugar las dos cosas. Esto le afligió, le entristeció y a Jesús también.

Entonces, ante la pregunta de Pedro, Jesús pone de manifiesto las verdaderas exigencias que tiene el ser seguidor suyo: no estar apegado a nada que impida cumplir la voluntad del Padre, como hace Él. Saber liberarse, que no quiere decir que no sean necesarias, de los lazos familiares, los bienes etc,  nunca pueden impedir que eso rompa con centrar nuestra vida en Jesús en el proyecto de Dios que es la fraternidad.

Cuando mucho nos apegamos a esos bienes, nuestra relación con Jesús y con su misión de hacer realidad el Reino de Dios, esa relación queda muy mermada y muchas veces imposible de tenerla.

Pedro y cada uno de nosotros, sus seguidores debemos ser el contrapunto al joven rico. El Papa Francisco nos recuerda tres cosas que con facilidad nos alejan de Jesús: las riquezas, la vanidad y el orgullo. El desprendimiento y el discernir muy bien su verdadero valor juntamente con la gratuidad es la respuesta. Esta liberación y dando su verdadero valor a las cosas que tenemos posee un premio doble: la felicidad aquí y la vida eterna.

Si buscas y quieres ser feliz piensa si no te falta una cosa, como al joven rico, e intenta seguir la invitación que Jesús hizo a sus discípulos, a sus seguidores, ponerle a Él es la clave para lograr la felicidad. Inténtalo.

Fr. Mitxel Gutiérrez Sánchez O.P.
Convento de S. Valentín de Berrio Ochoa (Villava)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Ya, pero todavía no

Esto no es un juego de palabras. Recuerdo que, estudiando teología, teníamos un profesor que era muy aficionado a usar esta expresión. Describe muy bien este admirable himno de bendición que canta el apóstol Pedro. En la resurrección de Jesús se ha obtenido la regeneración del género humano, por todo ello bendice a Dios. Pedro expresa su pensamiento con ese “ya, pero todavía no”. Ya hemos obtenido la salvación, pero todavía no se ha manifestado plenamente en nosotros. En el camino histórico de la búsqueda de Dios, no podemos escapar a la tensión constante entre el ya sí y el todavía no.

Esta no se producirá hasta más allá del tiempo histórico. Cierto que tenemos una “herencia reservada en los cielos” hacia la cual caminamos y que se convierte para nosotros en la meta de nuestra esperanza.

La fe nos hace entrar en el ámbito de Dios que protege y anima a los creyentes en ese camino hacia la plena manifestación en su gloria. Cristo nos ha obtenido la salvación, gracia ya lograda, pero su manifestación gloriosa tendrá lugar más adelante cuando Cristo se presente.

Es hermoso leer este mensaje donde Pedro destaca y alaba la fe de los seguidores de Jesús a quien no han visto y, sin embargo, lo aman. Sin verlo creen en Él y todo ello les produce una gran alegría. Ahí estamos todos los que a lo largo de los siglos seguimos proclamando a Jesús como Dios hecho hombre, muerto y resucitado por todos.

Se le acercó uno corriendo…y se marchó todo triste

Marcos suele ser un evangelista que presenta muchos detalles en sus narraciones. Hoy cuenta que se le acercó a Jesús uno corriendo y se arrodilló ante Él, un gesto significativo de señal de reverencia y respeto. ¿Cómo reacciona Jesús? Fija en él su mirada, lo ama y le dirige varias preguntas. También nos muestra la reacción del rico al final de la propuesta de Jesús: “frunció el ceño y se marchó todo triste”.

Las miradas de Jesús

Dos miradas destaca el evangelista. La que dirige al rico que se acerca corriendo. Mirada de acogida, de alegría, de cariño. La segunda a los discípulos, de aliento y comprensión. Ambas miradas enmarcan las dos partes de que consta el evangelio.

En la conversación con el rico, superado el nivel mínimo de la ley, Jesús entra en otro tema y le propone algo más exigente, como es el desprenderse de todo lo que posee para dárselo a los pobres. Solamente en esa actitud de desprendimiento, la pobreza voluntaria, se llega a ser auténtico seguidor, discípulo de Jesús. La actitud de Jesús ante este hombre es su práctica habitual: no avasalla, no impone, no fuerza. Solo propone, dejando libertad en la decisión. El hombre que llegó con entusiasmo queriendo “alcanzar la vida eterna” marchó “pesaroso, porque era muy rico”. Es decir, poner nuestra confianza en nuestras posesiones implica una dificultad grande para seguir a Jesús. Las riquezas esclavizan, se convierten en el objetivo de la vida, sometiendo todo a su consecución.

Dificultad para entrar en el Reino de Dios

La actitud de este hombre le brinda a Jesús la oportunidad para dirigirse a sus discípulos con esa frase: “Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas”. Y aquí surge una cuestión que viene del Antiguo Testamento donde la riqueza era un signo del amor divino. Para Cristo, -ahí está la novedad-, la riqueza es un obstáculo para entrar en el Reino de los cielos.

De nuevo Jesús se quedó mirándolos y les dijo: “para los hombres es imposible, pero no para Dios. Para Dios todo es posible”. Por eso, quien se decide a dar el paso del desprendimiento va a contar siempre con Dios porque, como decía Santa Teresa, “quien a Dios tiene nada le falta. Solo Dios basta”.

¿Qué valor doy a los bienes terrenos? ¿Cómo es mi solidaridad con los que más necesitan?

Fray Salustiano Mateos Gómara O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)

Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco
“ En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo 

Terminando el ciclo litúrgico del tiempo Pascual, retomamos el del Tiempo Ordinario, y lo hacemos en este quicio dominical entre ambos, final de uno y comienzo del otro, donde miramos con asombro y reverencia al centro de la Revelación Cristiana: el Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios.

Si ciertamente tal Misterio de la Trinidad se muestra incapaz de agotarse a nuestra comprensión, nos abre, como el profundo Misterio que es, siempre a intuiciones que acompañan nuestra fe y nuestro vivir en cristiano: la dimensión relacional de la naturaleza humana reflejo de la divina; la centralidad contemplativa y asombrada de la mística que todo cristiano está llamado a vivir; las huellas en todo lo creado de las manos del Dios Trinitario; o la actitud de profunda reverencia y humildad ante un Dios al que sólo podemos acercarnos gracias a su propia Revelación de amor.

En esas claves trinitarias -relación, contemplación, huellas de Dios, reverencia ante la revelación- en este Domingo, la Iglesia nos propone la Jornada Pro Orantibus, el día en el que nos aviva el recuerdo y la oración por los contemplativos, los hombres y mujeres entregados al servicio de la oración y la intermediación «cerca de Dios y del dolor del mundo», corazón de nuestra Iglesia, día en el que oramos para que el Señor toque el corazón de nuevas vocaciones a esta vida de amor entregada en oración y trabajo.

Fray Vicente Niño Orti
Convento Santo Tomás de Aquino ‘El Olivar’ (Madrid)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Mucho puede hacer la oración del justo

Tenemos que situarnos, para entender bien esta primera lectura, en la mentalidad judía de entonces, que es la que también tenía Santiago, según la cual la enfermedad se consideraba como una consecuencia del pecado. Desde aquí hemos de entender lo que nos dice en torno a los dos temas principales: la enfermedad y la oración. Las afirmaciones son rotundas: “La oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo curará, y, si ha cometido pecado, lo perdonará”. Este es el poder de la oración de fe: curar las enfermedades y perdonar los pecados. No dudamos que tenga este poder, pero nosotros no nos quedamos ahí y vivimos la oración de fe también de otra manera. Es la que nos lleva a relacionarnos y tratar con Dios, sabiendo que es nuestro Padre. En nuestra vida ordinaria, tratamos y nos podemos relacionar con muchas personas humanas, de distinta categoría social, pudiendo llegar a la amistad con ellas. Pero nuestra fe nos ayuda a dar un gran salto: tratar, dialogar, con Dios, sabiendo además que es nuestro Padre. Podemos hablar con Dios y gozar de su presencia. E igualmente, siguiendo situaciones positivamente sorprendentes y apoteósicas, Jesús está dispuesto a entrar de lleno en nuestra vida, asegurándonos que nunca nos dejará solos mostrándonos su amor y su luz en la salud y en la enfermedad. Él nos dará la fuerza suficiente para enfrentarnos, como seguidores suyos, a cada situación que nos toque vivir en esta tierra, antes de desembocar en la plenitud de la vida en nuestra resurrección, donde la enfermedad, el dolor y las lágrimas no tendrán cabida.

Aceptar el Reino de Dios como un niño

Jesús no solo se enfada con sus discípulos porque regañan a unos niños que algunos les llevan para que los toquen. Sospechamos que ante la extrañeza de sus discípulos da un paso más y llega a afirmar: “Os aseguro que el que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”. No sé si a muchos cristianos también nos extrañó esta frase de Jesús, cuando se la oímos por primera vez. Sabemos que no todas las actitudes de los niños son positivas, por lo que nos preguntamos cuáles de las actitudes de los niños quiere Jesús que tengamos al acoger su Reino.

Quizás dos de las notas positivas de los niños sean la ingenuidad y la confianza. Pues con estas dos actitudes hemos de acoger y aceptar el Reino de Dios. Hemos de dejar que Dios sea el Rey y Señor de nuestra vida, sabiendo que en verdad Dios, en su cadena de amor hacia nosotros, quiere ser nuestro Rey. Nada ni nadie más que Dios tiene que ser nuestro único Rey.

Que sea el Rey de nuestra vida significa que hemos de vivir sus mismas actitudes ante todo lo que nos salga en la vida. A estas alturas de nuestra vida cristiana ya hemos experimentado que Jesús da en el clavo, que viviendo como nos dice encontramos la felicidad tan deseada ya en la tierra, siempre limitada, antes de llegar a la felicidad total y para siempre después de nuestra muerte y resurrección.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones

Cuando el rey de Babilonia destruye Jerusalén, la Ciudad Santa por antonomasia de los judíos, la fe de todo un pueblo se tambalea. Es entonces cuando Dios envía al profeta Jeremías a anunciar una nueva Alianza, no como la de Moisés escrita en piedra, en cierta medida separada de la vida de cada día, sino otra, definitiva, grabada en el corazón de cada persona, en una sintonía nueva con Dios, un Dios que, por amor, se hace hombre y salva.

La profecía de Jeremías es tremendamente actual en el mundo que vivimos donde la maldad, la mentira y los egoísmos parecen campar a sus anchas ante la decepción, el abatimiento y desesperanzas de muchos, también de los cristianos. Parece que nada puede hacerse y que Dios se ha olvidado de nosotros. Pero no es verdad, porque el Señor, desde la Encarnación, forma parte de nuestra vida… y de nuestra muerte y no solo suscita profetas para una misión, sino que, por el Espíritu, a cada uno de los bautizados, nos invita a coger la cruz, la nuestra y la de tantos hermanos que sufren, para caminar con Él de nuevo a un Calvario trasfigurado de Esperanza.

Tomad, esto es mi cuerpo

La narración de la Última Cena por parte de San Marcos, el evangelio más antiguo, nos explica con concreción precisa el paso de la Antigua a la Nueva Alianza. Jesús es el verdadero Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Los antiguos sacrificios expiatorios ya no tienen sentido. La entrega de Cristo de su Cuerpo y su Sangre es la definitiva y eterna alianza entre Dios y todos y cada uno de nosotros, los hombres. En la eucaristía, cuando el sacerdote presbítero pronuncia las palabras de Cristo y eleva el pan y el cáliz, nosotros, también sacerdotes, estamos participando en vivo y en directo del gran milagro de Amor que Dios nos ha concedido y que concluye con la comunión y el envío.

Todos los cristianos lo somos en verdad no solo por estar inscritos en un libro de registro o por asistir a la eucaristía, sino ante todo porque participamos en el Sacrificio Redentor de Cristo con la eucaristía y con nuestra vida de entrega generosa para la construcción del Reino. Porque comulgar con Cristo es ser otro Cristo entre los hombres y, por tanto, estar dispuestos a ser en Él y por Él sacerdotes, profetas y reyes en un mundo que, en la realidad, todavía no lo conoce y camina a la deriva, porque nosotros preferimos, como los antiguos judíos, llorar y lamentarnos por un mundo que no tiene remedio.

“«Si me mandáis, Señor, hacer lo que vos hicisteis, dadme vuestro corazón». Este ha de ser vuestro ahínco: «Señor, dadme vuestro corazón». Estas vuestras oraciones, éstas vuestras disciplinas, éstos vuestros ayunos, éste vuestro decir de misas. ¿Hay más que esto? Quien da su corazón, ¿qué no dará? Esto es comulgar. Así como el pan deja de ser pan y se transubstancia en el cuerpo de Cristo, así el hombre deja de ser quien era y entra en el corazón de Cristo.”          

San Juan de Ávila. Sermón 57

D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.
Fraternidad “Amigos de Dios” de Bormujos (Sevilla)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco
“ El que no está contra nosotros, está a favor nuestro 

El Evangelio de hoy nos presenta una situación que seguro a Jesús le hizo sonreír, al ver que sus discípulos no se habían enterado de nada. Esta actitud de los discípulos de creerse los especiales, los únicos poseedores de la verdad, con exclusividad para hacer cosas por el Señor… es un modo muy humano de pensar y que, por supuesto no está en sintonía con el mensaje de Jesús, Él ha venido a salvar a todos, su enseñanza y misión no tiene muros ni fronteras.

Cuando estamos pendientes de los otros, no para aprender de ellos sino para compararlos, eso hace que nuestra tarea apostólica pierda autenticidad y además es un atentado real a la unidad de la Iglesia. Ser verdaderos discípulos es no tener una mirada estrecha sino amplitud de miras, es saber reconocer los destellos de verdad que hay en todas las cosas y amarlas. Alejar de nuestro corazón la envidia y el creernos superiores; dejad que lo demás hagan su apostolado sin compararnos.

En la Iglesia la unidad nunca es uniformidad, por eso hay muchos carismas y muchas formas de vivir el mensaje evangélico. Los hombres no podemos abarcar la totalidad del misterio de Cristo, nos necesitamos unos a otros. Todos formamos el cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia, por eso no debemos ver una amenaza en las distintas formas de apostolado, sino una riqueza para gloria de Dios. Lo importante es estar unido a Cristo y ser fieles al magisterio y tradición de la Iglesia, el modo como se hagan las cosas es secundario, todo contribuye a la edificación de la Iglesia.

Seamos constructores con nuestras palabras y nuestras obras.

MM. Dominicas
Monasterio de Santa Ana (Murcia)


Evangelio del día

Padre Pedron Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven

Parece ser que en concilio Vaticano II los padres conciliares no tuvieron a bien, aunque fue solicitada, proclamar a María Madre de la Iglesia. Pero una vez finalizado concilio, Pablo VI instituyó esta celebración.

La lectura que se propone para el comentario, nos envía al primer libro de la Sagrada Escritura, y al inicio de ese libro. Es un intento de establecer la relación entre la madre de la humanidad y la madre de la Iglesia. A la madre de la humanidad se la presenta en el momento que atrae la calamidad para todo el género humano. Aunque dando un salto de varios versículos, la lectura termina con la proclamación de Eva, como la madre de todos los vivientes. La liturgia al presentar este texto quiere ver en “la nueva Eva”, a María la nueva madre de todos los vivientes. No solo de la Iglesia.

Ahí tienes a tu madre

La liturgia señala para esta celebración ese texto evangélico. Entiende que cuando en la cruz Jesús encomienda al discípulo amado, Juan, a su madre, encomienda a toda la Iglesia, entonces en plena infancia. Así se ha considerado a lo largo de la historia. Más aún, es la nueva Eva, la nueva madre de la humanidad.

Esa visión del texto implica dar sentido pleno y más amplio a lo que podría ser una preocupación de Jesús por el joven Juan, tan unido a é: le encomienda a María. A su vez, ve la soledad de su madre y quiere que la supere conviviendo con Juan en la misma casa. Se ayudarán mutuamente a superar la ausencia del hijo y el amigo entrañable.

La figura maternal de María ha sido reconocida por el pueblo de Dios a lo largo de los tiempos. Madre de cada uno, así la consideramos los cristianos. Pero la proclamación de Madre de la Iglesia, da un sentido más amplio, más institucional a esa maternidad. Sin que lo institucional, limite el afecto propio de la maternidad, sino más bien lo consolide. Sabemos que somos Iglesia de Cristo, no de María. Pero María ocupa en la Iglesia el lugar de la hermana mayor que hace de madre, porque lo fue de quien es el fundador, su centro y razón de ser.

Sí es necesario, y ahí hemos de centrar nuestra reflexión, que nos preguntemos si esa maternidad institucional, la vivimos cada uno. Si sentimos a María como la madre que nos conduce a Jesús. Si cada uno la hemos recibido en nuestra casa, como Juan. Esa casa que, ante todo, es nuestro mundo interior, o sea: nuestros afectos, nuestros propósitos, nuestros compromisos más esenciales. Hemos de llegar a que la maternidad de María sobre la Iglesia, genere en cada cristiano la conciencia de que vivimos entre hermanos, hijos de la misma madre, y a relacionarnos como tales. ¿Sabemos convivir así en nuestra Iglesia?

Fray Juan José de León Lastra O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Enseñando la vida del Señor Jesucristo

Bien sabía San Pablo que a cualquier seguidor de Jesús le podía pasar lo que a su Maestro y Señor. Sus hermanos judíos le persiguieron varias veces. En una de ellas le llevan prisionero a Roma, porque Pablo apeló al César. Pablo “ante los principales de los judíos” intenta probarles su inocencia y se atreve a predicarles ¡cómo no! a Jesucristo. Y pasa lo de siempre, unos aceptan su predicación y otros la rechazan. Eso no le quita su empeño evangélico. Sabe bien que Jesús es “el camino, la verdad y la vida”, que era la mejor noticia que podía difundir para alegrar el corazón de sus oyentes. “Vivió allí dos años enteros a su costa, recibiendo a todos los que acudían, predicándoles el Reino de Dios y enseñando la vida del Señor Jesucristo con toda libertad, sin que nadie lo molestase”. San Pablo no puede vivir sin predicar a Jesús, su Dueño y Señor, su Salvador y Salvador de toda la humanidad.

¿A ti qué? Tú sígueme

Hubo un momento en nuestra vida, en el que fuimos conscientes de la llamada que nos hizo Jesús: “Ven y sígueme”. Y le prometimos seguirle donde quiera que fuese. Sabemos que nuestro ímpetu de seguirle tiene momentos y momentos. Y hay momentos en que nuestro seguimiento baja en intensidad. Un momento de estos nos relata el evangelio de hoy, donde Pedro pregunta a Jesús por el apóstol Juan: “Señor y éste ¿qué?”.

Está muy bien que amemos a nuestros hermanos y nos preocupemos por ellos,  pero nunca hasta tal punto de que nuestro seguimiento a Jesús dependa de nuestra relación con algún hermano. La respuesta de Jesús es bien clara: “Si quiero que se quede hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Lo importante, donde tenemos que apoyar nuestra vida es en el seguimiento de Jesús, y nunca en el seguimiento o en permanecer siempre al lado de un hermano.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)