Evangelio del día

Evangelio del jueves 26 de octubre de 2023

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!
¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división.
Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».

Reflexión del Evangelio de hoy

Esclavos de la fragilidad y esclavos de la gracia

En tiempos de la dominación romana la esclavitud era una práctica habitual y corriente. Es lógico que, San Pablo al dirigir su carta a los Romanos, tomase la similitud de lo que era la esclavitud, para instruir a aquellos que intentaban seguir el evangelio por Él anunciado.

Les hace un recordatorio de quién eran esclavos antes de abrazar el bautismo. Eran esclavos de la fragilidad humana que provocaba en ellos muchos males: envidias, enfrentamientos, dolor, amargura. En definitiva, esclavos de mal. Su vida no tenía sentido, no eran conscientes del mal que se hacían y que hacían. Esto mismo ocurre hoy día. Muchas veces somos esclavos de nuestra fragilidad humana que nos lleva al mal, al pecado.

También les recuerda que eran libres para obrar con justicia. Y les invita a ser esclavos de la gracia recibida en el bautismo, por el que se comprometieron a dejarse llevar de ese Dios, que nos ama y nos salva por medio de Jesús. Pues en Él hemos sido bautizados con su Espíritu. Por eso les invita a ser esclavos de Dios, desde la fragilidad y con fragilidad. A esto nos invita esta lectura.

He venido traer fuego y ¡cuánto deseo de que ya esté ardiendo!

Este pasaje resulta, para mí, muy chocante y sorprendente. Surge en mí la duda si serán palabras pronunciadas por Jesús. De Jesús siempre hemos oído, leído y experimentado que era una persona tranquila, serena, siempre haciendo el bien y nunca tratando de romper lazos, sino de unir y sanar nuestras relaciones, y aquí habla de enfrentamientos. ¿Qué querrá decirme y decirnos Jesús? Parece dar la razón a lo que afirman muchas personas: “de política y religión no se puede hablar, pues provocan discusión, enfrentamiento y rupturas, sobre todo familiares.

El símbolo, usado por el evangelista, es muy sugerente, pues, por una parte, destruye y por otra renueva, ya que renace de nuevo lo que se ha quemado, y a veces, con más fuerza y vigor. La actuación de Jesús, su valentía, su libertad, me hacen pensar que el amor que tenía a su padre Dios y su deseo de hacer y cumplir con su misión, era como un fuego que le ardía en el corazón y está deseoso que arda en todo el mudo. ¿Cuál es ese deseo?

Pienso, sinceramente, el deseo es restablecer unas relaciones humanas rotas con nuestra actuación. Restaurar la imagen de Dios, que tenían y a veces tenemos, como Él nos manifestó: el Padre-Madre bueno que quiere nuestro bien, que perdona y nos acompaña. Restablecer la dignidad de todas las personas, muy viciadas entonces y ahora, y manifestar su importancia y su categoría de hijo-hija de Dios. Quemar todo aquello que perjudica e impide, en los pueblos y sociedades, unas relaciones más justas y más pacíficas, para que broten unas relaciones más sanas.

Creo que yo y muchos como yo queremos que éste deseo del fuego de amor que anida en el corazón de Jesús, que arda en el mundo. Que queme y destruya todo lo que perjudica unas relaciones más humanas, más justas, más amables, y que nuestra sociedad tenga calidad de vida humana en todos los sentidos. Se lo pido a Jesús.

Fr. Mitxel Gutiérrez Sánchez O.P.
Convento de S. Valentín de Berrio Ochoa (Villava)


Evangelio del día

Santo Evangelio 12 octubre 2023

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 5-13


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: «Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle», y aquél, desde dentro, le responde: «No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos», os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite. Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!


Evangelio del día

Evangelio del viernes 6 de octubre de 2023

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús:

«¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Pues si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidos de sayal y sentados en la ceniza.

Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.

Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Quien a vosotros escucha, a mí me escucha; quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado».

Reflexión del Evangelio de hoy

…haciendo lo que el Señor, nuestro Dios, reprueba

El libro de Baruc fue escrito en los primeros años de la deportación del pueblo hebreo a Babilonia. Son tiempos dolorosos los que el pueblo vive lejos de su tierra, aparentemente abandonados de Dios y sometiéndose a las costumbres y prácticas religiosas de los babilonios. En este ambiente aparece Baruc y escribe este libro admonitorio, condenando el pecado cometido por el pueblo hebreo contra su Dios al someterse a los dioses de los pueblos captores.

Baruc nos presenta un Dios celoso y castigador de los desvíos del pueblo. La desobediencia es notoria y el castigo de Dios parece proporcionado a las faltas cometidas. Se diría que Baruc esté escribiendo la historia del momento del pueblo, ciertamente condenando la forma de actuar del pueblo.

Baruc presenta a un Dios celoso, exigente y vengativo. El pueblo le ha ofendido y el castigo es inmediato. Es el Dios del Antiguo Testamento que Jesús va a humanizar, va a quitar la carga negativa que implica al Dios castigador, para descubrirnos el rostro de un Dios que es capaz de hacerse hombre para ponerse al nivel de sus criaturas. El Dios que da premio o castigo inmediato de acuerdo con las obras de su criatura, de su obediencia o desobediencia, va a ser presentado por Jesús como un Padre que espera paciente, con la luz encendida para que el hijo díscolo pueda orientarse al volver, y perdona sin medida, una y otra vez sin descanso.

Quien a mí me rechaza, rechaza al que me ha enviado

Los setenta y dos discípulos enviados, regresan de la misión, en general contentos con los resultados, pero en algunas ciudades no fueron bien recibidos. De ahí nacen los improperios que Jesús dedica a los pueblos que se han negado a recibir el mensaje, el anuncio del Reino.

Y podríamos quedarnos ahí: Jesús lanza sus maldiciones contra tres ciudades, y a nosotros no nos afecta para nada; pero seguramente tendríamos que escuchar un poco más, oír un poco menos, y buscar la forma en que el mensaje se hace presente para nosotros. Cuantas veces nosotros, que hemos sido educados en un ambiente cristiano, desoímos las peticiones del Maestro y nos alejamos de sus caminos. Como hicieran en su día Corozaín y Betsaida, nosotros cerramos los ojos, los oídos, el corazón, al mensaje que Jesús nos dirige y nos vamos por otros derroteros que merecen las condenas de Jesús, sobre todo las que recibe Cafarnaúm.

¿Cuántas veces, pagados de nuestra importancia y seguros de estar en posesión de la verdad, pensamos, hablamos y actuamos en contra del verdadero mensaje de Jesús? ¿Con cuánta frecuencia seguimos los pasos que nos alejan de los verdaderos mensajeros de Jesús? ¿No estaremos tratando de escalar el cielo hasta merecer la condena de Jesús?

Abramos nuestro espíritu al mensaje que nos pregona el Evangelio, sigámoslo y busquemos el aplauso de nuestra propia conciencia. Prestemos nuestra atención a Dios y dejemos de escuchar a tantos falsos profetas que nos rodean, y a veces nos aturden con sus mensajes puede que cargados de maldad bien disimulada con un ropaje de piedad falsa.

¿Estará Dios aún entre nosotros? Afortunadamente Él no nos va a dejar abandonados. Aunque nosotros fallemos Él no puede fallar. ¡Confiemos siempre en Él y lo encontraremos en nuestra vida!

D. Félix García O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de Viveiro (Lugo)


EVANGELIO DEL DIA

Evangelio del domingo 1 de octubre de 2023

Padre Pedro Brassesco

 Voy, señor 

La Palabra de Dios nos sitúa este domingo ante la responsabilidad personal en el seguimiento de Jesús. Como en tantas otras dimensiones de la vida, la ambigüedad de nuestra condición humana nos plantea una doble perspectiva de nuestra respuesta ante el proyecto-demanda de Dios: la formal de la ideología y la eficaz de nuestro compromiso.

La ideología se mueve, y nos hace movernos, en el orden de las pretensiones teóricas: pensar bien. En cambio, la respuesta eficaz es la que muestra nuestra veracidad: hacer lo correcto. Más allá de las circunstancias concretas de la vida, y de nuestros ritmos de conversión, aquello a lo que nos adherimos de veras, en el fondo, acaba haciendo coincidir nuestra voluntad con la de Dios. Esto es lo justo, lo que a Él le agrada.

Para el profeta Ezequiel la adhesión de nuestra voluntad a la bondad y la justicia de Dios, no es un asunto teórico, sino un compromiso personal, que incluye la conversión y la perseverancia. Para Pablo, esa adhesión es verificable, trayendo a nuestra persona los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús, unos sentimientos que cambian nuestras vidas. Es una pretensión que lleva su tiempo y que implica inexorablemente nuestra conversión.

Fray Fernando Vela López
Convento Virgen del Camino (León)


Evangelio del día

Evangelio del sábado 30 de septiembre de 2023

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,43b-45

En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacia, Jesús dijo a sus discípulos:
«Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».

Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido.

Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.

Reflexión del Evangelio de hoy

Aquel día se asociarán al Señor pueblos sin número; y ellos serán mi pueblo

El pasaje de Zacarías que se proclama en la liturgia eucarística de hoy, día en que recordamos a San Jerónimo, es un mensaje de esperanza y una invitación al gozo que se origina, naturalmente, por la presencia del Señor en medio de su pueblo.

La enseñanza que recibe el profeta y que debe comunicar, revela la determinación de Dios de convertir a todas las naciones en su pueblo: “Aquel día se asociarán al Señor pueblos sin número; y ellos serán mi pueblo». Zacarías señala, de parte del Señor, que, en aquel día, una multitud de pueblos se unirán a él y los llama “su pueblo”.

Es importante tenerlo presente porque Jesús, cuando envía a sus discípulos lo hace para hagan discípulos de todos los pueblos, con lo que se revela ya la llamada universal, vocación universal de toda la humanidad.

Además, señala a Jerusalén como “una ciudad abierta”. Es una ciudad que debe acoger a todos. No es una ciudad excluyente, selectiva, no es el nido de los elegidos. Su vocación es universal: la ciudad de todos. La Jerusalén del cielo, que Juan ve descender engalanada como una novia adornada para su esposo. Ella tiene como defensa a Dios mismo y en ella se manifiesta la gloria de Dios.

Por eso el gozo y alegría de Jerusalén nacen der ser el lugar en el que Dios habita.

¿De qué día se trata? Del día del Señor y ese día no tiene ocaso porque lo llena el Resucitado por quien se congregan todas las naciones.

El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño

Las referencias de Zacarías al cuidado que Dios prodiga a su pueblo, que como hemos visto, integra a todas las naciones, quedan recogidas en la antífona del salmo interleccional. Dios, al modo de un buen pastor, vela por todos y al mismo tiempo todos los pueblos escucharán su voz. Una voz que alerta, enseña, sostiene y conduce hacia los bienes por él preparados con proyección universal.

El cuarto domingo de Pascua celebramos al Buen Pastor, Jesucristo, que encarna en sí mismo la profecía: Yo suscitaré de en medio de vosotros un pastor conforme a mi corazón. Yo mismo pastorearé a mi pueblo.

La Jerusalén, ciudad abierta, de la que ha hablado Zacarías, se plasma en la Comunidad establecida por Jesús a partir de la Pascua. La Iglesia, abierta a todos para acoger a todos. Una apertura no selectiva, sino con voluntad universal para ofrecer espacio a todos, porque por todos entregó su vida y mostró su amor Jesucristo.

Jesús causa admiración

El pueblo sencillo se admira ante la enseñanza y las obras de Jesús. Ellos entienden lo que se contiene en su enseñanza y el asombro de traduce en adhesión y seguimiento. La gente lo busca, desea retenerlo, quieren estar con él porque se sienten, no solo bien, sino entendidos, acogidos y acompañados.

En este clima, podríamos decir de euforia, Jesús declara a los discípulos: «Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres». Continuamente repite esta comunicación a los más directos seguidores. Lamentablemente lo olvidamos y se nos va la vida en lamentaciones ante las dificultades y persecuciones, en la pérdida de relevancia social e influencia política a la que hemos estado acostumbrados. Pero está claro: Jesús exige escuchar con atención. No basta oír lo que dice, sino que procede atender con interés a lo que nos dice. La expresión “meteos bien en los oídos” resalta la necesidad de atender y además comprender.

San Lucas reseña dos dificultades: No entendían y les resultaba oscuro, no captaban el sentido. Lo natural habría sido buscar la clarificación de lo que se les está diciendo. Era necesario entender porque lo que se les pedirá para el seguimiento de Jesús es: Negarse así mismo, tomar la cruz cada día y seguirlo. Si el sentido no se entiende ¿se podrá dar una respuesta adecuada? ¿Se podrá seguir a Jesús?

Termina el pasaje indicando San Lucas: “Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto”. Es una salida bastante común: mejor no pedir explicaciones para no verse involucrados en lo que se dice. Pedir explicaciones conduce a complicar la vida. Mejor no pedirlas y quedar tranquilos. Esa parece ser una actitud muy común.

En nuestros días, mejor aferrarnos a lo ya sabido y no prestar oídos a lo nuevo, siempre objeto de sospecha de atentado a una tradición que hemos petrificado. El miedo a la novedad que el Espíritu resalta en el mensaje antiguo y siempre nuevo del evangelio, se alza como una salida desafortunada a las exigencias de Jesús.

¿Nos paraliza el miedo?

¿Entendemos las exigencias actualizadas que Jesús nos presenta?

Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.
Convento de Santa Cruz la Real (Granada)


Evangelio del día

Evangelio del viernes 29 de septiembre de 2023

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Juan 1,47-51

En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».

Natanael le contesta:
«¿De qué me conoces?».

Jesús le responde:
«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».

Natanael respondió:
«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».

Jesús le contestó:
«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».

Y le añadió:
«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

Reflexión del Evangelio de hoy

Vi que colocaban unos tronos

La contemplación de la gloria de Dios la encontramos descrita en distintos pasajes de la Biblia, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Es difícil apropiarse de las imágenes que son trasmitidas en ellas: fuego inextinguible en altísimas columnas, ancianos con cabellos tan blancos como sus vestiduras, de un blanco radiante, emisor de una luz cegadora; tronos y carros de oro, tan refulgentes, que parece desprenderse de ellos llamaradas de fuego. Así se describe el poder de Dios en una imagen que nos puede recordar a la de un gran guerrero que ha terminado su combate alcanzando la victoria total. De esta manera imaginamos el bien absoluto, poderoso, aniquilador de todo mal y del oscuro rastro que deja su profunda herida. Podríamos hablar de un poder cauterizador, como el del fuego, que cura enérgica y definitivamente.

La imagen no se agota con esta impactante Presencia pues entra en la escena descrita una “especie de hijo de hombre”, a decir del profeta Daniel, un personaje con aspecto humano al que se le conceden todos los honores de la victoria y el poder de reinar sobre el pueblo santo, límpido, iluminado por la gloria de Dios. Recordamos el cántico de liturgia de vísperas tomado de la Carta de San Pablo a los Colosenses, en el que escuchamos algo más de este Hijo de Hombre como imagen misma de Dios, Jesucristo como morada de la gloria de Dios en su plenitud.

La imagen de Dios es impresionante, demasiado potente para ser vista por ojos humanos. Con Jesús ha llegado hasta nosotros y hemos podido reconocerla y la hemos acogido con sencillez, como María acogió el mensaje del ángel Gabriel y lo guardó, custodiando en su corazón la grandeza de la gloria de Dios anunciada por boca de su mensajero.

Hoy, que celebramos la fiesta de los Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel, nos unimos a ella en el recitado del Magníficat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor» y transitamos hacia la celestial escena que nos describe Jesús en el siguiente pasaje del evangelio de San Juan.

Antes, te vi

En el breve evangelio de este viernes, escuchamos a Natanael confesar que Jesús era Hijo de Dios y Rey de Israel. Jesús describe a Natanael detalles de la escena que acabamos de leer en la Profecía de Daniel, en esta ocasión, con ángeles que danzan sobre el Hijo. El subir y bajar de los ángeles de Dios nos permite establecer conexión con el cielo, una comunicación que es, ante todo, escucha, porque Dios tiene algo que decirnos a cada uno de nosotros, a través de Jesús.

Leí un bonito ensayo de unos conocidos antropólogos franceses titulado: El silencio y la palabra contra los excesos de la comunicación, que me pareció luminoso. Hoy vivimos hiperconectados, inmersos en un trasiego comunicativo que provoca un ruido ensordecedor, ruido que nos anestesia frente a la palabra. La palabra necesita silencio para ser engendrada y necesita silencio para ser acogida. Las entrañas silenciosas de María acogieron la palabra. Natanael recibió la palabra antes de ver a Jesús porque Dios ya se había comunicado con él. En la nueva escena vemos la gloria de Dios que se desvela, y revela, lo que ni hemos recibido por herencia biológica ni por mediación humana.

Dña. Micaela Bunes Portillo OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo de Murcia


Evangelio del día

Evangelio del sábado 9 de septiembre de 2023
Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 1-5

Un sábado, iba Jesús caminando por medio de un sembrado y sus discípulos arrancaban y comían espigas, frotándolas con las manos.

Unos fariseos dijeron:
«¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?».

Respondiendo Jesús, les dijo:
«¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros sintieron hambre? Entró en la casa de Dios, y tomando los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, comió él y dio a los que estaban con él».

Y les decía:
«El Hijo del hombre es señor del sábado».

Reflexión del Evangelio de hoy

«Cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza»

El texto que leemos hoy va precedido del hermoso himno cristológico: Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura… Ahí se nos dice que Cristo es el único salvador del mundo y Señor de toda la creación. Es una declaración firme de la fe cristiana.

¿Por qué este texto que viene a continuación? El cristianismo naciente está expuesto a influencias erróneas procedentes del contexto en que vive la ciudad de Colosas. Por allí pululan elementos cristianos, judíos y paganos y en ese mundo se corre el riesgo de dejarse invadir por doctrinas extrañas. Puede ser el ritualismo exagerado o una concepción de Cristo solo como hombre.

Pablo les recuerda de dónde procede su condición cristiana y quiere dar relieve a la gracia de Dios que ha traído Cristo, a fin de que aprecien la misericordia infinita de Dios y entiendan cómo han sido salvados por la sangre derramada de Cristo, el Hijo de Dios.

En este texto deja claro que la salvación no está solo en vivir una actitud perseverante en la fe; vivir esa fe supone practicar las buenas obras. Si no fuera así, supondría vivir desde una esperanza insegura y perder la esperanza es abandonar dos aspectos indispensables de la santificación: la fe viva en Cristo y el amor a los demás. Por eso, el apóstol anima a mantenerse firmes en la gracia y la esperanza del evangelio que les ha sido anunciado. 

Este mundo nuestro, tan revuelto, también en lo religioso, requiere por nuestra parte no dejarnos llevar por corrientes que, de una u otra forma, rechazan la verdad de Cristo. La tergiversación de nuestras creencias es un riesgo, aunque a veces estén recubiertas de proposiciones atrayentes, pero amoldando a Cristo a sus ideas y no a lo que la revelación nos enseña.

En definitiva, se invita a cuidar nuestra fe frente a posibles elementos que socavan el evangelio de Jesús, nuestro Salvador.

¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?

Para encuadrar el evangelio de hoy hemos de tener en cuenta las palabras de Jesús aclarando que Él no ha venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. Y esto aplicado a cualquier ley, máxime a aquellas promulgadas por los rabinos, como es la que hoy nos muestra el texto.

Los destinatarios del evangelio de Lucas son cristianos convertidos del paganismo, personas que no se ven tan afectadas por las costumbres judías, especialmente en lo referente a la institución sabática. El hecho de proceder del paganismo explica que determinadas costumbres judías no tuvieran mayor valor para ellos. Pero hay también conversos judíos que critican determinadas conductas que se apartan de sus tradiciones, algo que, seguramente, los judíos valoraban como un rasgo distintivo.

A lo que nos cuenta Lucas, Mateo añade una aclaración: los discípulos cogían espigas porque tenían hambre. En ese sentido los discípulos no contravenían la normativa del sábado, ya que la ley mosaica permitía coger uvas o espigas, pero sí iba contra las 39 prohibiciones de la tradición rabínica. Jesús defiende a los discípulos aludiendo a la conducta del rey David que, huyendo de Saúl él y los suyos, comieron los panes de la proposición, algo que solo podían hacer los sacerdotes.

Al argumento histórico, Jesús añade su autoridad: “El Hijo del Hombre es señor del sábado”. Él no vino a eliminar la ley mosaica, vino a darle plenitud y eso implica desbrozar esa ley, eliminando los añadidos de los comentaristas y tradiciones rabínicas respecto del descanso sabático. Los leguleyos habían convertido esta ley del sábado en una opresión, puesto que obligaba a las personas a estar al servicio del sábado. Jesús lo dejó claro en Marcos 2,27: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”.

Seguramente esta actitud de Jesús añadió un argumento más a la inquina con que los representantes de la ley contemplaban su actuación al anunciar el Reino de Dios.

Vivimos en un mundo donde abunda más la autosuficiencia que la disponibilidad a cumplir leyes.  Evitando siempre los extremos, sí es bueno cuestionarnos qué representa la ley, siempre necesaria, en nuestra vida de cristianos. Ahondar en el espíritu de la ley.

Este evangelio debería ayudarnos a colocar las leyes en la necesaria jerarquía que deben ocupar en nuestra vida, para que el evangelio de Jesús nos ayude a caminar con auténtica libertad y no por normativas muertas que calman nuestras inseguridades, pero no nos llevan a Dios. “Mi yugo es llevadero y mi carga ligera… Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”, dijo el Maestro, animándonos a imitar su propia conducta, siempre libre y liberadora.

Fray Salustiano Mateos Gómara O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)


Evangelio del día

Evangelio del martes 20 de junio de 2023

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5,43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo» y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

Reflexión del Evangelio de hoy

Cristo, siendo rico, se hizo pobre por nosotros

El verdadero seguimiento de Jesús, consiste en lo que está viviendo la Comunidad de Macedonia, que con tanto orgullo San Pablo informa a la Comunidad de Corinto: “En las pruebas y tribulaciones ha crecido su alegría, y su pobreza extrema se ha desbordado en tesoros de generosidad.” El darse y el dar, son una gracia que Dios concede, en este caso a los cristianos de Macedonia. Al ser un don, un regalo de Dios, esa donación es sincera, total, desinteresada, como lo es su Amor, por eso, pone como ejemplo a Jesucristo, que siendo rico se hizo pobre.

Hay que afrontar las pruebas y tribulaciones con alegría. Pero, esta alegría, ¿de dónde nace? Nace de la confianza plena en el Señor y de un total abandono a su voluntad, sabiendo con certeza que en medio de los momentos y circunstancias difíciles e imposibles surge la paz y la serenidad de que Él está y que con Él todo es posible, todo es llevadero, todo lo que permite es para nuestro bien, porque nos ama y nos pone en disposición de dar nuestras cualidades, carismas y dones gratuitamente, como los hemos recibido; de convertirnos en testigos del Amor del Señor en nuestra vida cotidiana.

Actualmente estamos rodeados de gente sedienta de Dios y necesitadas de pan y trabajo, ¿cómo podemos ayudarnos en estas dificultades? Ayudarnos materialmente todo lo que esté en nuestro alcance, y sobre todo, más que criticar a los poderosos de la tierra, orar, pedir al Señor la conversión de sus corazones, para que compartan los bienes de la tierra con los más pobres y necesitados. Y entre nosotros mismos, no perdamos el tiempo en juicios y compartamos humildemente nuestros anhelos, sufrimientos y necesidades.

Amad a vuestros enemigos

Este Evangelio de San Mateo, como la primera lectura de Corintios, marcan el camino para ser perfectos; no con las miras humanas, ni con la medida o “ranking” que tenemos los hombres, para definir lo que es la perfección, sino como el Señor indica y aconseja. Nosotros solamente tendemos a hacer el bien con los que nos hacen el bien; esta actitud es buena, pero el Señor quiere algo más, que es lo que marca la diferencia, y es que queramos a todos: a los buenos y a los malos, a los justos e injustos, etc. Esta forma de vivir nos hace libres y felices, pero, ciertamente, es imposible sin la plena confianza en el Señor y la intervención de su gracia.

Nuestro modelo de perfección es Jesucristo, por lo tanto, todo momento es oportuno para abrirnos a Él, darle nuestro sí sincero, para que nuestro corazón esté a la escucha de su voz, viviendo en plenitud sus palabras, que nos ayudan a llenarnos de Él y ser así, perfectos como el Padre celestial es perfecto.

En este texto, Jesús enseña a sus discípulos que el Antiguo Testamento queda superado, porque en él había un precepto que decía: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”, pero, ahora Él se proclama el Mesías esperado para los que quieran creer, porque Jesús da plenitud a la Ley de Moisés.

Tenemos un Padre celestial que es justo y bueno con todos por igual, que no hace distinciones, y nosotros, al ser sus hijos, tenemos que aprender de Él, amar y rezar por todos.

Vivamos al cien por cien estos consejos día a día, para que seamos libres y felices en plenitud, cumpliendo la voluntad de Dios en nuestras vidas.

Monasterio de Santo Domingo – Dominicas
San Sebastián

Evangelio del día

Evangelio del miércoles 31 de mayo de 2023

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-56

En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y levantando la voz, exclamo:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu Vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».
María dijo:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mi: “su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia – como lo había prometido a nuestros padres – en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Reflexión del Evangelio de hoy

Amaos cordialmente unos a otros

La carta a los romanos es, sin duda, uno de los grandes escritos del epistolario paulino. El Apóstol la escribió para anunciar a los fieles de Roma su próxima visita en el viaje que pensaba hacer a España. Ocasión que aprovechó para desarrollar ante los romanos los grandes temas del Evangelio que él anuncia a los gentiles. En la lectura de hoy, Pablo va a dar una serie de consejos sobre la caridad fraterna y las relaciones con los demás.

El dinamismo del amor del que es capaz el cristiano encuentra en nuestra lectura ejemplos aplicativos para llevar una vida conforme al Evangelio. Lo primero en lo que hace hincapié el Apóstol es en el tema del amor que debe configurar nuestra vida entera y en consecuencia debe ser sin fingimiento, que nuestro actuar sea conforme a lo que piensa nuestra mente y siente nuestro corazón. Pablo insiste especialmente en el amor al prójimo, a los otros, consciente del valor y dignidad que tiene cada persona, el creyente ha de avivar el cariño y empatía hacia el hermano. El servicio, la alegría, la oración, la hospitalidad son actitudes que llevan al ser humano al cuidado de cualquier persona especialmente aquella que sufre. La exhortación a bendecir a aquellos que te hacen el mal o te persiguen; o a situarse en los márgenes de la vida junto al humilde en actitud de abajamiento como el mismo Señor Jesús, es descubrir la clave de la fraternidad que nace del amor que nos tengamos los unos a los otros.

María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá

En el evangelio de hoy Lucas nos narra cómo tras el encuentro de María con el ángel Gabriel, se pone en camino, con prontitud, a una ciudad de Judá a casa de Zacarías. El episodio de la visita de María a Isabel está narrado según el modelo que aparece en 2 Sam 6,2-16 sobre el traslado del arca. En ambos relatos se suceden las manifestaciones de gozo, David y todo Israel “iban danzando delante del arca con gran entusiasmo”(v.5), y como el niño en el seno de Isabel “empezó a dar saltos de alegría”(v. 41.44). María percibe la invitación a salir de sí misma, de su ciudad, aponerse en camino para que se reconozca la noticia de ser portadora de la Gloria de Dios, de su Presencia.

Lucas le da gran importancia al saludo que María dirige a Isabel (es mencionado tres veces Lc 1,40.41.44) y las reacciones que provoca: el niño salta de gozo en el seno de Isabel y ella misma queda llena del Espíritu Santo. Lo anunciado se está cumpliendo. El salto de gozo es para Lucas expresión del gozo de los tiempos mesiánicos. María a su vez, es saludada en su nueva condición: Bendita entre las mujeres y “madre de mi Señor”. Isabel la proclama “bendita entre las mujeres” a causa de su fe en contraste con la incredulidad de su marido, Zacarías. El título de “la madre de mi Señor” (v.43) hace referencia a aquel a quién Dios ha constituido Señor y Mesías. Y todo esto es en cuanto a creyente, figura de una verdadera discípula. Ser discípula implica servir al Salvador, ponerse al servicio de la palabra de vida, una vida que brota, y que es reconocida en el seno de una estéril.

María es llamada también bienaventurada, dichosa por ser creyente. Ella ha creído como Abraham. La fe le da la palabra y la movilidad. María es discípula y se pone al servicio de su Hijo; su voz, su saludo transforma a Isabel y suscita la alegría de los últimos tiempos. Y es en este momento cuando María proclama su Magníficat.

El cántico está ambientado en la casa de Zacarías (Lc 1,40) y constituye la respuesta de María a las palabras de Isabel. Los protagonistas son respectivamente María y el Señor. En el centro de la escena está solo ella, la madre-sierva del Señor, toda dirigida hacia Él. El movimiento de los vv. 46-50 se refieren solamente a María, mientras el segundo movimiento (vv. 51-55) se alarga al escenario más amplio de la historia humana, abarcando todo un pueblo (Israel) y a todas las generaciones.

El canto de María es ahora el canto de los pequeños y de los pobres. Es Yahvé el que ha hecho proezas, ha dispersado a los soberbios, ha derribado a los poderosos, ha exaltado a los humildes, ha colmado de bienes a los hambrientos, ha despedido a los ricos y ha auxiliado a Israel. En el Magníficat se da una relación temporal de pasado, presente y futuro. La intervención divina celebrada por María cumple aquello que Dios había anunciado a nuestros Padres. Aquello que Dios ha cumplido en el pasado, aquello que él cumplirá en el futuro y aquello que ha comenzó a obrar en María. Lucas presenta a los pobres como aquellos que dependen en todo de Yahvé y gritan a El en su aflicción. María proclama por anticipado el Evangelio. Ella queda inserta entre los “abatidos del país”, entre los pobres. Todo lo que ha sucedido en la humilde esclava de Dios, se torna canto, alegría, se convierte en felicitación por todas las generaciones y es a su vez motivo de esperanza para el pobre, el que sufre, el que se lamenta.

La memoria pascual que testimonia Lucas de la historia de María está caracterizada por la fe, ella es figura y modelo de la fe de la Iglesia. María protagonista de la Historia de la salvación tiene dentro del evangelio de Lucas un papel fundamental como discípula del Señor.

Hna. Carmen Román Martínez O.P.
Congregación de Santo Domingo


Evangelio del día

Evangelio del lunes 8 de mayo de 2023

Padre Pedro Brassesco,

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 21-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama será amado mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».
Le dijo Judas, no el Iscariote:
«Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?»
Respondió Jesús y le dijo:
«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».

Reflexión del Evangelio de hoy

“Nosotros somos mortales igual que vosotros”

En esta primera lectura, vemos la distinta acogida que tuvo la predicación del evangelio. En Iconio “empezaron a moverse con intención de maltratar y apedrear a Pablo y Bernabé”, que tuvieron que huir camino de Listra. Aquí la situación cambió por completo. Después de que Pablo curase a un lisiado, el gentío exclamó: “Dioses en figura de hombres han bajado a visitarnos”, y hasta querían ofrecerles un sacrifico de animales.

Una primera consideración: en cualquier momento histórico, el evangelio es recibido y es rechazado, en el siglo I y en el siglo XXI. Lección histórica que no podemos olvidar. Donde hay libertad humana, la aceptación y el rechazo siempre coexistirán.

Segunda consideración: el predicador de cualquier tiempo sabe bien que al que hay que predicar es a Dios y a su Hijo Jesucristo. Nunca predicarse a si mismo. Y si hay algún despistado, como ocurrió en Listra, que tomaron a Pablo y Bernabé por dioses, sacarles inmediatamente de su error. Dioses no hay más que uno. Los demás somos personas humanas, fuertes y débiles a la vez, y algunos, desde esa nuestra condición, somos cristianos que queremos vivir y difundir la buena noticia de Jesús, el Hijo de Dios. 

“Haremos morada en él”

Lo de Dios con nosotros es algo que supera los límites del amor. Aunque parece que el amor no tiene límites a la hora de amar.

Eso le sucede a nuestro Dios, que es Amor. No contento con crearnos como personas humanas, con inteligencia, voluntad, sentimientos, libertad… no contento con enviarnos hasta nosotros a su propio Hijo, Jesús de Nazaret, para enseñarnos el camino que conduce a la plenitud… no contento con regalarnos su propia vida divina y hacernos de verdad hijos suyos… es capaz de llamar a nuestra puerta, y, si le dejamos, instalarse en nuestro interior. “El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él”.

Pero si le dejamos que se instale en nuestro corazón no es para tenerlo ahí como una pieza decorativa en un museo. Es para escucharle, hablarle, dejar que guíe nuestra vida y, por supuesto, vivir con Él una historia de amor, la de unos hijos con su buen Padre.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)