Evangelio del Día

Evangelio del martes 15 de abril de 2025

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 21-33. 36-38

En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo:
«En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar».

Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.

Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.

Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:
«Señor, ¿quién es?».

Le contestó Jesús:
«Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».

Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo:
«Lo que vas a hacer, hazlo pronto».

Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.

Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.

Cuando salió, dijo Jesús:
«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros:
“Donde yo voy no podéis venir vosotros”».

Simón Pedro le dijo:
«Señor, ¿adónde vas?».

Jesús le respondió:
«Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».

Pedro replicó:
«Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».

Jesús le contestó:
«¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».

Reflexión del Evangelio de hoy

El sentido de una vida

Los días de la Semana santa que transcurren entre el entusiasmo del Domingo de Ramos y la tragedia del Viernes Santo, son días para meditar el porqué y el para qué de estos acontecimientos que afectan a Jesús, pero también a la Iglesia, al mundo y a cada uno de nosotros en particular.

La figura del Siervo de Yahvé nos introduce en los sentimientos íntimos de Jesús en aquellos momentos y nos muestran un camino para todos.

El misterioso Siervo de Yahvé del libro de Isaías se interroga sobre el sentido de su vida en medio de los acontecimientos que la componen. Se encuentra en un momento de desconsuelo, desánimo, sensación de fracaso: “En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas”.

Pero la fe le abre a otra voz que le señala otra interpretación de su existencia y otro horizonte: él no es fruto de la casualidad y del azar, sino alguien amado y elegido desde toda la eternidad: “estaba yo en el vientre y el Señor me llamó; en las entrañas maternas y pronunció mi nombre”. Dios le dio identidad y le mostró su amor: “Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso”.

Desde esta experiencia el Siervo de Yahvé reinterpreta su vida: “Mientras yo pensaba: en vano me he cansado…en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios”.

Desde esta convicción, se abre a una nueva perspectiva de futuro: no ya el fracaso, sino la ampliación de su misión: “Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob. Te hago luz de ls naciones para que mi salvación llegue al confín de la tierra”.

¿Dolor y gozo juntos?

Dos sentimientos, al parecer contrapuestos, embargan a Jesús en este relato de la última cena según san Juan: “Jesús, profundamente conmovido, dijo: “Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar”. Dolor, sentimiento de traición, desilusión, fracaso, frustración, abandono….

Pero Jesús dice después: “Ahora es glorificado el Hijo del hombre y Dios es glorificado en él (Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará”).

La clave de comprensión son las palabras “gloria” y “glorificar”. Como nos indicó el cardenal Martini, “gloria” significa ordinariamente honor, homenaje, poder, éxito y, sin embargo, aquí indica un camino de infamia, maltrato y tortura por parte de los hombres: la gloria se manifiesta en el Crucificado.

 ¿Por qué y para qué? “Juan nos lo hace comprender: “Porque Dios amó tanto al mundo que le dio a su hijo” (Jn 3, 6). Y, por lo tanto, Dios muestra su gloria amando al mundo y, amándolo así: dando a su Hijo mediante la cruz. Dios se revela en su gloriosa plenitud por medio de esta donación total que Jesús hace libremente de sí mismo por nosotros” (C.M. MARTINI, El Evangelio de san Juan, 117-118). Y esto es lo que pedimos en el padrenuestro cuando decimos: ” santificado (glorificado) sea tu nombre”.

En esta hora de traición y abandono, Jesús muestra su opción amorosa y salvífica en el diálogo que tiene con cada uno de sus interlocutores: confianza y confidencia con el discípulo amado (aunque no denuncia a Judas, ya que cuando se va, los demás piensan que es para algo bueno: cuidar los detalles de la cena o atender a los pobres). Con Judas, dándole un trozo de pan untado de su mismo plato (símbolo de cortesía, predilección, honor en aquella cultura), o sea, renovándole su amistad. Y cuando Judas la rechaza, Jesús le da otra muestra de amor, respetando su libertad: “lo que creas que has de hacer, hazlo pronto.”

Lo mismo con Pedro: le confronta con su vanidad y bravuconería, le señala lo frágil de su fidelidad, pero le abre a su confianza y a su futuro: “donde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde”.

Profundicemos contemplativamente en los sentimientos de Jesús, sus opciones y sus acciones. Veamos que son milagros eficaces de su amor salvador.

Démosle gracias y pidamos imitarle.

Fr. Francisco José Rodríguez Fassio
Convento de Santo Domingo Ra’ykuéra – Asunción (Paraguay).


Evangelio del Día

Evangelio del domingo 3 de noviembre de 2024

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
Respondió Jesús:
«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».
El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Reflexion del Evangelio de hoy

Dios quiere ser amado en los hermanos

El evangelio nos presenta al escriba que quiere profundizar de lleno en la Torah, la ley del judaísmo, ¿con qué intención? ¿sabiendo que Jesús sería capaz de ofrecerle una interpretación profética? Ya hemos visto la importancia que tenía y tiene en el judaísmo el primer mandamiento expresado con el Shema Israel, que es parte de nuestra primera lectura. La cuestión no quedará en una simple disputa escolástica, como alguno ha sugerido. El alcance de esta discusión y la pregunta del escriba (¡insólita!) ponen en evidencia muchas cosas del judaísmo que también nos afecta a nosotros. Lo primero que salta a la vista es que el segundo mandamiento no le va a la zaga al primero, que pone el acento en el amor de Dios. La versión de Marcos no está calcada ni del texto hebreo, ni de la versión griega de los Setenta… con algunas variantes de tipo helenista quiere llegar a una propuesta decisiva.

En realidad, el texto de Mateo 22,39s (que habría usado a Marcos como fuente) lo ha dejado mucho más claro: “de estos dos mandamientos penden toda la ley y los profetas”. El escriba, en verdad, no pretendía poner una trampa a Jesús como querían los saduceos, un momento antes, a propósito de la resurrección. Pero en su búsqueda de aclaración se ha quedado una cosa clara: el amor a Dios y el amor al prójimo no tiene “esencias” distintas. El amor, en el NT es de un “peso” extraordinario que no queda ni en “eros”, ni en “amistad”. Es un amor de calidad el ágape que tiene que ser el mismo para Dios y para los hombres, aunque los mandamientos se enumeren en primero y segundo. Esta sería la ruptura que Jesús quiere hacer con la discusión de los letrados sobre el primero o el segundo, sobre si el prójimo son los de “mi pueblo” o no.

Porque no sería una novedad que Jesús simplemente subrayara una cosa que se repetía hasta la saciedad. El que se añada el segundo mandamiento, de amor el prójimo, viene a ser lo original; porque con ello se ha revelado que el amor a Dios y el amor el prójimo es lo más importante de la vida, son un solo mandamiento, en realidad, y así podríamos entender el final del v.31 : ”No hay otro mandamiento más importante que éstos”, pues el ?ντολ? (mandamiento) está en singular y nos permitiría entender que el mandamiento más importante por el que preguntaba el escriba son los dos primeros que vienen a ser uno sólo. Porque no hay dos tipos de amor, uno para Dios y otro para el prójimo, sino que con el mismo amor amamos a Dios y a los hombres. Diríamos que son inseparables, porque el Dios de Jesús, el Padre, no quiere ser amado El, como si fuera un ser absoluto y solitario. Así resuelve Jesús la gran pregunta del escriba, de una manera profética e inaudita.

Lo que el evangelio de hoy quiere poner de manifiesto es que el amor a Dios debe también ser amor a los hombres. Muchos se contentan con decir que aman a Dios, pero muchas veces se encuentran razones para no amar al prójimo. Aquí es donde el evangelio se hace novedad maravillosa para todos los seguidores de Jesús y para todos los hombres. Se pueden sacar las consecuencias, al hilo de la carta a los Hebreos, que si Jesús ha ofrecido un sacrificio eterno, si no son necesarios los sacrificios rituales a Dios, es porque Jesús ha hecho posible la religión del amor, pero no solamente a Dios, sino a todos los hombres. Eso es lo que identifica al Dios verdadero de los dioses falsos: quiere ser amado en los hermanos. Es eso lo que el autor de la 1Jn pone de manifiesto en su teología de que Dios es amor y no podemos amar a Dios a quien no vemos si no amamos al hermano a quien vemos. Pero esta teología la puso en marcha el profeta de Galilea, Jesús de Nazaret… y por ello dio la vida.

Fray Miguel de Burgos Núñez
(1944-2019)


Evangelio del Día

Evangelio del domingo 20 de octubre de 2024

Padre Pedro Brassesco

Reflexion del Evangelio de hoy

La propuesta de la gloria “sin poder”

El evangelio nos ofrece una escena llena de paradojas, en las que se ponen de manifiesto los intereses de sus discípulos y la verdadera meta de Jesús en su caminar hacia Jerusalén. Ha precedido a todo esto el tercer anuncio de la pasión (Mc 10,33). La intervención de los hijos del Zebedeo no estaría en sintonía con ese anuncio de la pasión. Es, pues, muy intencionado el redactor de Marcos al mostrar que el diálogo con los hijos del Zebedeo necesitaba poner un tercer anuncio. El texto tiene dos partes: la petición de los hijos del Zebedeo (vv.35-40) y la enseñanza a los Doce (vv. 42-45). Es un conjunto que ha podido componerse en torno al seguimiento y al poder. De la misma manera que antes se había reflexionado sobre el seguimiento y las riquezas (10,17ss), en el marco del “camino hacia Jerusalén”.

Pensaban los discípulos que iban a conseguir la grandeza y el poder, como le piden los hijos del Zebedeo: estar a su derecha y a su izquierda, ser ministros o algo así. Incluso están dispuestos, decían, a dar la vida por ello; la copa y el martirio es uno de los símbolos de aceptar la suerte y el sufrimiento y lo que haga falta. Es verdad que en el AT la “copa” también puede ser una participación en la alegría (cf Jr 25,15; 49,12; Sal 75,9; Is 51,17). Podemos imaginar que los hijos del Zebedeo estaban pensando en una copa o bautismo de gloria, más que de sufrimiento. Sin embargo la gloria de Jesús era la cruz, y es allí donde no estarán los discípulos en Jerusalén. Lo dejarán abandonado, y será crucificado en medio de dos bandidos (fueron éstos lo que tendrían el privilegio de estar a la derecha y la izquierda), como ignominia que confunde su causa con los intereses de este mundo. Esta es una lección inolvidable que pone de manifiesto que seguir a Jesús es una tarea incomensurable.

Es verdad que los discípulos podrán rehacer su vida, cambiar de mentalidad para anunciar el evangelio, pero hasta ese momento, Jesús camina hacia Jerusalén con las ideas lúcidas del profeta que sabe que su causa pude ser confundida por los que le rodean y por los que se han convertido en contrarios a su mensaje del Reino. Los grandes tienen una patología clara: dominan, esclavizan, no dejan que madure nadie en la esencia ética y humana. Por el contrario, el Dios del Reino, trata a cada uno con amor y según lo que necesita. Ahí está la clave de lo que quiere llevar adelante Jesús como causa, aunque sea pasando por la cruz. Un Dios que sirve a los hombres no es apreciado ni tenido como tal por lo poderosos, pero para el mensaje del evangelio, ese Dios que sirve como si fuera el último de todos, merece ser tenido por el Dios de verdad. Es eso lo que encarna Jesús, el profeta de Nazaret.

Llama la atención el v. 45, “el dicho” sobre el rescate (lytron) por todos. Este dicho puede estar inspirado en Is 53,12. No se trata propiamente de sacrificio ni de expiación, porque Dios no necesita que alguien pague por los otros. No es propiamente hablando una idea de sustitución, aunque algunos insisten demasiado en ello. Es, en definitiva, una idea de solidaridad con la humanidad que no sabe encontrar a Dios. Y para ello Él debe pasar por la muerte. No porque Dios lo quiera, sino porque los poderosos de este mundo no le han permitido hacer las cosas según la voluntad de Dios. Pensar que Jesús venía a sufrir o quería sufrir sería una concepción del cristianismo fuera del ámbito y las claves de la misericordia divina. El Hijo del Hombre debe creer en el ser humano y vivir en solidaridad con él. El Cur Deus homo? (por qué Dios se hizo hombre) de Anselmo de Canterbury, debería haberse inspirado mejor en esta idea de la solidaridad divina con la humanidad que en la visión “jurídica” de una deuda y un pago, que sería imposible. Dios no cobra rescates con la vida de su Hijo, sino que lo ofrece como don gratuito de su amor.


Evangelio del día

Evangelio del sábado 19 de octubre de 2024

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 8-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios, pero si uno me niega ante los hombres, será negado ante los ángeles de Dios.
Todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre podrá ser perdonado, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.
Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué razones os defenderéis o de lo que vais a decir, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir».

Reflexión del Evangelio de hoy
Ilumine los ojos de vuestro corazón

San Pablo expresa su alegría por el buen y cristiano comportamiento de la iglesia de Éfeso. Y les recuerda su oración por los pertenecientes a esta iglesia de Éfeso. En esa oración tiene varias peticiones. Pide que el Dios de nuestro Señor Jesucristo les conceda “el espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo”. Pide igualmente que “ilumine los ojos de vuestro corazón” para “que comprendáis la esperanza a la que os llama” para que también así comprendan “la riqueza de gloria que da en herencia a los santos”.

De esa manera, Dios manifiesta su gran poder también en la persona de Cristo a quien resucitó de entre los muertos y “lo sentó a su derecha en el cielo”.

Apoyándonos en esta lectura podemos dar gracias a Dios por todos los dones que nos ha regalado en su Hijo Cristo Jesús. No solo nos ha dado la vida humana, sino también la vida divina, haciendo de verdad hijos suyos. Nos ha regalado igualmente a todos las verdades para vivir ya con sentido e ilusión en esta vida terrena, antes de disfrutar de la vida de total felicidad después de nuestra muerte y resurrección. Es claro que el agradecimiento a Dios debe llenar nuestro corazón. 

Al que ante los hombres se pone de parte del Hijo del Hombre, él se podrá de su parte ante los ángeles de Dios

Breve pero denso en sus enseñanzas el evangelio de este día. La primera enseñanza de Jesús nos es fácil de entender y de estar de acuerdo con ella. La misma postura que adoptemos sobre Jesús delante de los hombres esa será la que adopte Jesús ante “los ángeles de Dios”. Si le aceptamos y confesamos, si le negamos… Él hará lo mismo ante ese tribunal angélico, es decir, ante Dios.

También nos congratula el amplio perdón de Dios con nosotros. Está siempre dispuesto a perdonarnos, incluso cuando hablemos mal del Hijo del Hombre. Pero de entrada nos deja perplejos la otra afirmación de Jesús: “al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará”. No parece compatible con el ofrecimiento continuo por parte de Dios de su perdón y de su amor. Los teólogos buscan una explicación. La más común entre ellos es que no se puede perdonar al que blasfeme contra el Espíritu Santo porque es el que viendo la luz, el que viendo su mal, no quiere arrepentirse, no quiere recibir el perdón, es “el que rechaza y resiste con obstinación al Espíritu Santo”.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Evangelio del miércoles 16 de octubre de 2024

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 42-46

En aquel tiempo, dijo el Señor:
«¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de hortalizas, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios!
Esto es lo que había que practicar, sin descuidar aquello.
¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y los saludos en las plazas!
¡Ay de vosotros, que sois como tumbas no señaladas, que la gente pisa sin saberlo!». Le replicó un maestro de la Ley:
«Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros». Jesús replicó:
«¡Ay de vosotros también, maestros de la ley, que cargáis a los hombres cargas insoportables, mientras vosotros no tocáis las cargas ni con uno de vuestros dedos!»

Reflexión del Evangelio de hoy
No estamos bajo el dominio de la Ley

El Apóstol San Pablo nos presenta hoy dos maneras de vivir. Después de haber exhortado a los Gálatas sobre cómo ser hijos de Dios y vivir en la libertad de Cristo, sigue insistiendo, más bien nos previene de cuál debe ser nuestra norma de vida si queremos heredar la vida eterna. Dos partituras, dos directores, dos sinfonías, una de vida y otra de muerte. La pregunta es clara, ¿bajo qué batuta quieres estar?

Nuestra alma es como un gran teclado, hay muchísimas notas para tocar, unas suenan mejor, otras peor, depende de qué música queremos tocar. Si elegimos al padre de la mentira, Satanás, el que existe para dividir y separar, nuestra melodía sonará estridente, llena de las obras de la carne que no conducen más que a la muerte y al pecado. Por el contrario, si queremos que la música de nuestra vida transmita vida, esperanza, fe y amor, tenemos que ponernos bajo la dirección del Espíritu Santo. Porque sólo el que sigue al Señor, tendrá la luz de la vida.

Esto hay que practicar: el amor de Dios y la justicia

El Señor Jesús deja hoy al descubierto el corazón hipócrita, que utiliza lo religioso para engordar su ego, mientras deja de lado el amor de Dios y el derecho. También apunta en su lista la hipocresía de buscar el honor y el poder so capa de santidad.

Y Jesús utiliza las palabras más duras contra los “santos” de su época, los fariseos, “tumbas sin señal que la gente pisa sin saberlo” y que, por tanto, según su propia ley, hacen que esas personas queden contaminados, incapaces de entrar en contacto con Dios y con los hermanos. En lugar de ser cauce de vida y entrega a Dios, se convierten en obstáculos que impiden una relación y experiencia de Dios auténtica.

¿Qué nos enseña esto a nosotros? Que no debemos usar la religión para otros fines que no sean dar gloria a Dios y servir con amor al prójimo; que nuestra vida debe estar movida por el fruto del Espíritu que hemos visto en la primera lectura y que no es otro que la caridad cristiana. Es entrar en la Ley del Espíritu, el yugo de la gracia que no aplasta, sino que da alas de libertad para vivir como hijos de Dios, redimidos del pecado y la muerte, y lanzados hacia lo que está por delante, la vida eterna.

¿Qué es para ti vivir según el Espíritu?

¿Qué obras de la carne te separan de Dios y de tus hermanos?

¿Cómo puedes luchar contra la hipocresía farisaica que te aleja de Dios y de los hermanos?

Sor Inmaculada López Miró, OP
Monasterio Santa Ana, Murcia


Evangelio del día

Evangelio del miércoles 9 de octubre de 2024

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,1-4

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:

«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».

Él les dijo:

«Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en la tentación»».

Reflexión del Evangelio de hoy
El Evangelio de Pablo

En esta semana XXVII del Tiempo ordinario hemos comenzado a leer la carta de S. pablo a los Gálatas, y si hay algo que ya nos hemos dado cuenta es que Pablo predica el Evangelio de Jesucristo, ese que le fue revelado directamente por el Señor Jesús.

Pero dicho Evangelio como se puede ver a lo largo de todos los escritos paulinos, tiene muchos matices y aspectos que dan para una vida dedicada al estudio y la oración.

Podíamos destacar la gratuidad de la salvación, la criatura nueva que somos después de la Pascua de Jesús y un largo etcétera. Pero nos vamos a fijar en algo que lo enlaza con el evangelio de hoy, y es que Dios, para Pablo, ya no es el Dios de Abraham,Isaac y Jacob, Dios es para él, el Padre de Nuestro Señor Jesucristo ¡Qué “título” tan entrañable! Y lo que debe hacernos saltar de gozo es que, en palabra de Pablo, recibisteis un Espíritu que nos hace clamar “Abba, Padre”. Vemos como el Apóstol ha captado eintuido el fondo del misterio: La Pascua nos hace hijos en el Hijo.

Abbá Padre

Y esto es lo que precisamente el Señor Jesús nos dice en el evangelio que hoy se proclama “cuando oréis decid: Padre” Eso es todo. No hacen falta métodos de relajación, ni tal o cual cosa. Es algo muy simple, sencillo. Como un niño ante su progenitor ¡Papá! Esta es la oración de Jesús, esto es lo que nos enseña que debemos decir al entrar en diálogo con Dios.

Y esta Buena Noticia, este Evangelio de Jesucristo, es lo que debemos proclamar, de ahí que hagamos nuestras las palabras del salmo como programa de vida: Id al mundo entero y proclamad el evangelio.

Id y decid a todos que Dios es Padre y nos ama.

Este es el evangelio que Pablo proclama y el que proclama todo buen predicador que se precie, como lo fue san Luis Bertrán cuya memoria hoy celebramos. Feliz día a cuantos celebran a tan gran santo, colombianos, valencianos, dominicos, estudiantes OP, …

Sor Flora Mª Collado O. P.
Monasterio Sancti Spiritus – Toro


Evangelio del día

Evangelio del martes 1 de octubre de 2024

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,51-56

Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él.
Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron:
«Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».
Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea.

Reflexión del Evangelio de hoy

Confía siempre en Dios

Job, modelo admirable de paciencia, ante unas calamidades como la enfermedad de la lepra, la hostilidad de sus familiares y amigos, sufre una crisis profunda en su fe en Dios.

También influye la presencia de los tres amigos que le vienen a consolar, pero que en realidad le van a hacer de «abogados del diablo», sugiriéndole dudas y atacándole. Job estuvo siete días en silencio, acompañado de estos amigos, hasta que finalmente prorrumpe en el grito tremendo de rebelión que leemos hoy.

Se le ha derrumbado todo: el apoyo de los suyos, su fe, su concepto de la bondad de Dios. Y se formula una y otra vez la gran pregunta: «¿por qué?». El grito de Job es desgarrador. Maldice el día en que nació, preferiría morir: «muera el día en que nací… ¿por qué no perecí al salir de las entrañas de mi madre? ¿por qué dio luz a un desgraciado, al hombre que no encuentra camino porque Dios le cerró la salida?».

Cuando nos toque vivir días tan oscuros como los de Job, hagamos nuestro el salmo de hoy: «Señor, Dios, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia, mi alma está colmada de desdichas, me has colocado en lo hondo de la fosa». El Sábado Santo fue todo oscuridad para Jesús. Pero amaneció la mañana de la resurrección. 

¿Sabemos convertir en oración nuestra duda? ¿sabemos fiarnos de Dios, como hará en definitiva Job, y sobre todo Jesús, a pesar de que no entendamos el porqué de tantas cosas en la vida? Los cristianos tenemos un dato nuevo: la muerte y resurrección de Jesús. Pero también nos sigue costando dar con la clave para la respuesta a esta misteriosa pregunta.

Obediente al padre y por amor a los hombres

“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén”. Con esta decisión, comienza la etapa final, la etapa más importante de su vida. Por esta decisión de Jesús, Jerusalén se va a convertir en el centro geográfico de toda la historia de la salvación. En Jerusalén Jesús nos dará la mayor prueba de su amor al morir en la cruz y asumir así lo más doloroso de nuestras existencias.

Desde Jerusalén Jesús entrará, por la resurrección, en una vida nueva, vida que Él inaugurará no sólo para Sí mismo sino también para todos nosotros. En Jerusalén nacerá igualmente la Iglesia, la comunidad de los discípulos de Jesús, unida por el Espíritu Santo que Jesús les va a enviar.

Jesús inicia, pues, el viaje definitivo de su vida: desde Galilea a Jerusalén y al Padre. No hará este viaje solo: lo hará acompañado de sus discípulos. Pidamos al Señor que nosotros también le acompañemos realmente en este viaje suyo compartiendo con Él las mismas esperanzas y las mismas penas.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Convento de la Virgen del Camino (León)


Evangelio del día

Evangelio del viernes 27 de septiembre de 2024

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Todo tiene su momento

Cuando uno se pone frente a tradiciones, escritos y testigos, llenos de tanta sabiduría, sin querer, hacen brotar dentro de uno, los mismos interrogantes, búsquedas y respuestas, a tantas preguntas que nos plantea la vida, y que, nos pueden conducir a experimentar la plenitud o a sufrir el sin sentido.

En el libro Eclesiastés, llamado también “Qohelet”, nombre que viene a significar: “el hombre de la asamblea”, el maestro o el predicador. Es un libro de sabiduría escasamente religioso, su idea básica es una desilusión sobre la vida: “vanidad de vanidades y todo vanidad”.

Para el autor está claro que la misión del ser humano es buscar el don de Dios en las cosas cotidianas. Es un apasionado clamor del anhelo humano con sus aspiraciones a lo infinito, y a la vez, los límites que le coartan al estar encerrado en sí mismo. El desprendimiento al que nos lleva Qohelet prepara la irrupción del Absoluto como don totalmente gratuito.

(Comentario iluminado por la biblia de Jerusalén)

Así mismo, como nos recuerda (Eleuterio Ramón Ruíz):

“El libro del Eclesiastés o Qohélet sigue siendo uno de los textos más desafiantes de la Biblia y al mismo tiempo uno de los más actuales. ¿Cómo encontrar la felicidad? ¿Es posible cambiar el mundo para que haya más justicia? ¿Cómo sobrevivir en una sociedad competitiva y despiadada? En un tiempo de profundos cambios sociales y culturales, el sabio revisa los postulados de la sabiduría tradicional en busca de respuestas.”

¿Quién es este hombre?

Hablar de una persona resulta muy difícil, porque ésta puede reclamar si le parece que la descripción no es correcta. Además, la persona humana, con sus vivencias, sentimientos e ideas, es demasiado grande para caber en nuestras palabras. El corazón del otro siempre es un misterio que nadie consigue desvelar por completo. Mucho más complejo es hablar de la persona “Jesús de Nazaret”, resulta comprometido, porque no hay ninguna posibilidad de permanecer neutral o de emitir una opinión personal sin tomar posiciones.

La gente no tenía claro quién era Jesús, donde encasillarlo. El mismo Pedro tan pronto dice: “eres el Cristo de Dios”, como en otro momento niega conocerle.

Los discípulos compartieron su vida con el Jesús de Nazaret y aceptaron a aquel ser humano que les proporcionó una paz, una alegría y una seguridad increíbles; pero mientras vivieron con él, no fueron capaces de ir más allá de lo que veían. Solo a través de la experiencia pascual se adentraron en el verdadero significado de aquella persona fuera de serie.

Al morir Jesús, se preguntaron si con la muerte de su líder se había acabado todo. Sólo entonces empezaron a trascender la figura humana de Jesús y fueron descubriendo lo que se escondía detrás de aquella realidad visible. Fueron dándose cuenta de que allí había algo más que un simple ser humano. Entonces fueron conscientes de que el verdadero UNGIDO ya se encontraba en el Jesús de Nazaret.

La ausencia despierta otra conciencia.

Este Mesías, descubierto en Pascua, no coincide con el que esperaban los judíos y los propios discípulos, antes de esa experiencia. Ahora se trata de Jesús el Cristo, Jesucristo, genial integración del Jesús histórico y el Cristo de la fe.

Y para nosotros hoy ¿quién es Jesús? No se trata de dar una respuesta teórica ni una cristología aquilatada que responda a todas las cuestiones formales relativas a la persona de Jesús. Mucho menos, dogmas que definan su naturaleza divina. Lo que se espera de nosotros es una respuesta práctica. ¿Qué significa Jesús en mi vida?

Como cristiano, ¿me intereso de verdad por la figura histórica de Jesús para descubrir en él, como hicieron los discípulos, al Ungido de Dios? Es decir, ¿me esfuerzo por descubrir el valor trascendente que se esconde en su apariencia humana? ¿Es ese valor el que mueve mi existencia?

 “A los cristianos nos interesa mucho conocer todo lo que podamos de la persona y de la vida de Jesús precisamente porque creemos que a través de esa persona y de su vida concreta se nos ha revelado Dios de forma única, excepcional e irrepetible. Si en Jesús me encuentro con el mismo misterio de Dios encarnado, ¿cómo no me va a interesar conocer a su Hijo predilecto, cómo es, qué defiende, a quienes se acerca, qué actitud adopta ente los que sufren, cómo busca la justicia, cómo trata a la mujer, cómo entiende la vida y vive la religión…?” (Pagola, libro sobre Jesús, Aproximación Histórica).

La vida y misión de Jesús, vienen a responder tanto a los interrogantes de la lectura del Eclesiastés, como al desafío a nuestra fe ante la pregunta: “Quién dices tú quien soy yo?”

Hna. María del Mar Revuelta Álvarez
Dominica de la Anunciata


Evangelio del día

Evangelio del viernes 20 de septiembre de 2024

Padre Pedro Brasseco

Reflexión del Evangelio de hoy

Si los muertos no resucitan…

El capítulo 15 de la primera carta a los Corintios lo dedica Pablo al tema de la Resurrección. La comunidad reunida en asamblea litúrgica era el lugar idóneo para hablar de la resurrección de Cristo y tratar de comprenderla. Aunque el camino para comprender esta realidad fue indudablemente largo para la primitiva comunidad cristiana, como nos lo dicen múltiples tradiciones, parece que en esta carta no plantea gran dificultad.

Lo que les resultaba difícil a los corintios era comprender la resurrección de los cristianos. Algunos debieron infravalorar el tema de la resurrección creyendo que se había realizado ya en esta vida, por el contrario, otros la negaban por completo, puesto que en la cultura helenista la resurrección de los cuerpos era impensable. Pablo reacciona enérgicamente y se remite al evangelio.

El evangelio anunciado por el apóstol y que los corintios han acogido tiene precisamente por objeto la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (cf l Cor 15,1-11). La resurrección de Cristo no se puede pensar de forma aislada. Si se niega la resurrección de los cristianos, se niega también la de Cristo, con todas las consecuencias que de ello se derivan (15,12-19).

Pablo va a mostrar el absurdo de tal posición en dos pasos sucesivos. En el primero se establece que, si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado, y en el segundo se concluye que si Cristo no ha resucitado vana es la predicación y la fe. Pablo quiere mostrar la inconsecuencia que existe en admitir una y rechazar la otra. Porque además si Cristo no ha resucitado, esa misma experiencia de fe es vana, ilusoria, no tiene fundamento alguno.

Toda esperanza se proyecta siempre hacia un futuro, si en el futuro no se cumple, nuestra esperanza es falsa y nos convierte en los más desgraciados de todos los seres humanos. Pero la nueva humanidad ha comenzado en Cristo resucitado, Pablo nos lo recuerda para alentar la fe de los corintios y la nuestra.

… y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

La lectura del evangelio de hoy nos pone en sintonía con el grupo de discípulos de Jesús integrado por los Doce y por algunas mujeres que él había sanado. No es la primera vez que vemos a Jesús en compañía o en relación con las mujeres, algo que es su tiempo era impensable para cualquier varón judío. Las innumerables normas que marcaban las relaciones entre el hombre y la mujer relegaba a esta última al ámbito de lo privado, de la casa, la intimidad o los hijos.

Sin embargo, Jesús cambia la mentalidad de su época para abrirles a la nueva realidad del Reino que incluye a todo ser humano, sobre todo a los último, a los que no cuentan, a los excluidos. En el evangelio de Lucas las mujeres son protagonistas de los diferentes acontecimientos que Jesús realiza: son receptoras de la buena noticia del Reino, el Señor las cura, las sana, pone su condición como ejemplo del Reino y las llama a su seguimiento.

No deja de sorprendernos que al igual que el evangelista nos da el nombre de los Doce, aquí también llama a algunas de las seguidoras de Jesús por su nombre propio. María la Magdalena, discípula de Jesús y testigo de su muerte, sepultura y resurrección en los cuatro evangelios. Juana, mujer de un intendente de Herodes, bastante conocido y que acompaña a María Magdalena en los momentos más significativos de la vida de Jesús. Susana y otras mujeres que le ayudaban con sus bienes, que para Lucas tiene un significado más amplio: compartir los bienes trae consigo compartir la vida, la comunión, formar parte de esa comunidad del Reino en esta tierra.

Ser discípula, al igual que discípulo, es entrar en la dinámica de Jesús de Nazaret, adherirse a su persona, ser consecuente con su proyecto hasta la muerte. Ser predicadora de buenas noticias, de una palabra fecunda, que genera vida y vida nueva.

Que las mujeres fuesen discípulas de Jesús en un mundo y en un tiempo donde la mujer no tenía ningún valor, nos habla mucho de la transformación que puede sufrir nuestro mundo, nuestra historia, nuestra mentalidad si realmente nos abrimos a ese Reino de Dios que siempre gesta vida y vida en abundancia.

Así nos lo recuerdan también los mártires que celebramos hoy con la entrega de una vida totalmente resucitada.

Hna. Carmen Román Martínez O.P.
Congregación de Santo Domingo


Evangelio del día

Evangelio del miércoles 11 de septiembre de 2024

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Nos encontramos estos días leyendo la primera epístola de San Pablo a los Corintios. Pablo está respondiendo aquí a preguntas que le han sido formuladas. Es un capítulo que trata sobre el matrimonio y la virginidad. Y en concreto los versículos que nos ocupan versan acerca de la virginidad, donde Pablo ofrece un consejo acerca de la misma.

Esta comunidad de Corinto vivía una angustia presente referida al tiempo que corre entre la primera venida de Cristo y la parusía; y el apóstol cuando habla de la tribulación en la carne, se refiere a las preocupaciones de la vida conyugal. Se trata aquí de la justificación del matrimonio y del celibato sin oponerlos uno a otro. En definitiva, San Pablo quiere dar derecho de ciudadanía al estado nuevo del celibato.

Finaliza este fragmento con un versículo que dice: » la representación de este mundo se termina». Vemos claramente la posición de Pablo, que vive ya en la eternidad, porque para él, el mundo actual no es más que la preparación de nuestra vida definitiva.

Ya nos dice el salmista que escuchemos, que inclinemos el oído, el momento apremia; y como defendiendo la vida futura, nos invita a olvidar nuestro pueblo y la casa paterna, porque el rey está prendado de «nuestra belleza»… significando la invitación que hace explícita la elección de «una vida por Dios».

Situación inversa de esta vida a la vida futura

En el Evangelio nos encontramos con la lectura continuada del capítulo sexto, que nos presenta el discurso inaugural de las Bienaventuranzas.

San Lucas nos habla de cuatro e insiste en el anuncio de un cambio total de las situaciones y refuerza la oposición entre bienaventuranza y malaventuranza.

El mensaje de Lucas es claramente más social que el de Mateo y la forma de este discurso es más breve, sin embargo, el texto está completamente en la línea de todo su Evangelio. Su interpretación de las bienaventuranzas invita a todos los hombres a transformar las estructuras de la sociedad para que haya menos gente desfavorecida. Llama dichosos, a los que en situaciones reales, son pobres, lloran, tienen hambre, son despreciados, y asegurando que de ellos es el reino de Dios, que reirán y serán saciados, marca una antítesis entre el presente y el futuro.

Las bienaventuranzas de Jesús son un mensaje decisivo, que nos empuja a no depositar nuestra confianza en las cosas materiales y pasajeras, incapaces de darnos esperanza. Él nos invita al gozo, y lo expresa exteriormente diciendo «alegraos ese día y saltad de gozo».

Termina este pasaje con cuatro maldiciones que corresponden exactamente a las bendiciones precedentes. Dice el Papa Francisco que «Jesús con su palabra paradójica nos sacude y nos hace reconocer lo que realmente nos enriquece, nos satisface, nos da alegría y dignidad».

Pidamos al Señor, con un fuerte deseo, que nuestra vida sea dichosa porque lo seguimos a Él, que es fuente de la verdad, de la vida y de la alegría auténtica, e inclinando nuestros oídos, escuchemos su mensaje.

Monjas Dominicas Contemplativas
Monasterio Stma. Trinidad y Sta. Lucía (Orihuela)