Evangelio del miércoles 11 de septiembre de 2024
Padre Pedro Brassesco
Reflexión del Evangelio de hoy
Nos encontramos estos días leyendo la primera epístola de San Pablo a los Corintios. Pablo está respondiendo aquí a preguntas que le han sido formuladas. Es un capítulo que trata sobre el matrimonio y la virginidad. Y en concreto los versículos que nos ocupan versan acerca de la virginidad, donde Pablo ofrece un consejo acerca de la misma.
Esta comunidad de Corinto vivía una angustia presente referida al tiempo que corre entre la primera venida de Cristo y la parusía; y el apóstol cuando habla de la tribulación en la carne, se refiere a las preocupaciones de la vida conyugal. Se trata aquí de la justificación del matrimonio y del celibato sin oponerlos uno a otro. En definitiva, San Pablo quiere dar derecho de ciudadanía al estado nuevo del celibato.
Finaliza este fragmento con un versículo que dice: » la representación de este mundo se termina». Vemos claramente la posición de Pablo, que vive ya en la eternidad, porque para él, el mundo actual no es más que la preparación de nuestra vida definitiva.
Ya nos dice el salmista que escuchemos, que inclinemos el oído, el momento apremia; y como defendiendo la vida futura, nos invita a olvidar nuestro pueblo y la casa paterna, porque el rey está prendado de «nuestra belleza»… significando la invitación que hace explícita la elección de «una vida por Dios».
Situación inversa de esta vida a la vida futura
En el Evangelio nos encontramos con la lectura continuada del capítulo sexto, que nos presenta el discurso inaugural de las Bienaventuranzas.
San Lucas nos habla de cuatro e insiste en el anuncio de un cambio total de las situaciones y refuerza la oposición entre bienaventuranza y malaventuranza.
El mensaje de Lucas es claramente más social que el de Mateo y la forma de este discurso es más breve, sin embargo, el texto está completamente en la línea de todo su Evangelio. Su interpretación de las bienaventuranzas invita a todos los hombres a transformar las estructuras de la sociedad para que haya menos gente desfavorecida. Llama dichosos, a los que en situaciones reales, son pobres, lloran, tienen hambre, son despreciados, y asegurando que de ellos es el reino de Dios, que reirán y serán saciados, marca una antítesis entre el presente y el futuro.
Las bienaventuranzas de Jesús son un mensaje decisivo, que nos empuja a no depositar nuestra confianza en las cosas materiales y pasajeras, incapaces de darnos esperanza. Él nos invita al gozo, y lo expresa exteriormente diciendo «alegraos ese día y saltad de gozo».
Termina este pasaje con cuatro maldiciones que corresponden exactamente a las bendiciones precedentes. Dice el Papa Francisco que «Jesús con su palabra paradójica nos sacude y nos hace reconocer lo que realmente nos enriquece, nos satisface, nos da alegría y dignidad».
Pidamos al Señor, con un fuerte deseo, que nuestra vida sea dichosa porque lo seguimos a Él, que es fuente de la verdad, de la vida y de la alegría auténtica, e inclinando nuestros oídos, escuchemos su mensaje.
Monjas Dominicas Contemplativas
Monasterio Stma. Trinidad y Sta. Lucía (Orihuela)
