Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Pesar el corazón

El pasaje del libro de los proverbios nos trasmite la reflexión profunda de la vida como sabor de las cosas importantes, como sabiduría para vivir. Por eso no habla del corazón, que en lenguaje bíblico quiere expresar la totalidad de la persona; Nosotros normalmente asociamos el corazón a la dimensión afectiva de la persona, con los sentimientos. En tanto que aquí el corazón es el lugar de donde brotan los pensamientos, los propósitos, las pasiones, las acciones y los proyectos del ser humano (Mt 15,19). Amamos, pensamos, escuchamos y nos relacionamos desde el corazón, por eso el sabio no recuerda que es Dios quien “pesa el corazón” dándonos la posibilidad de crecer y madurar, de vivir la libertad y la responsabilidad frente a las cosas de la vida. Apropiado es el salmo de hoy, que nos invita a pedir al Señor que nos guie, nos instruya, nos oriente, nos enseñe cada día a dejarnos interpelar por su amor que da vida.

Abrir el corazón y ampliar la mirada

El caminar con Jesús siempre nos ayuda a abrir el corazón y ampliar la mirada. Con sus palabras y acciones el Señor nunca nos deja indiferentes. El episodio de los parientes que vienen a encontrarse con Jesús nos ayuda a comprender la propuesta del crecer en fraternidad desde el proyecto del Reino. No implica de manera alguna que no se valoren los lazos familiares, sino que el Maestro nos invita a ir más allá. Ser discípulos genera un nuevo tipo de vínculos. Una vida con sabor a Evangelio. Como nos recuerda el Papa Francisco en Fratelli Tutti: «Todos somos hermanos, con estas pocas y sencillas palabras expresó lo esencial de una fraternidad abierta, que permite reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite» (FT 1).

Esta nueva fraternidad nos abre a la alteridad, a la escucha de los otros para percibir la voz de Dios que se manifiesta en quien es distinto. Es dejarse interpelar por la realidad. Ser parte de la familia de Jesús es, en definitiva, compartir su vida y su proyecto e implicarnos en el mismo. Que, como María, modelo de discípula, podamos cada día escuchar la Palabra de Dios y la hagamos vida en los ambientes donde vivimos.

Fray Edgardo César Quintana O.P.
Casa Stmo. Cristo de la Victoria (Vigo)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

No niegues un favor a quien lo necesita

El texto de Proverbios no necesita comentario, basta con leerlo con detención, dejándose inspirar por él. No olvidemos que es un libro “sapiencial”, lo que ofrece es sabiduría. No simple erudición, o sea, saber de muchas cosas; sino saber de lo esencial de nuestro vivir, de nuestro ser; con aplicación inmediata a nuestro modo de actuar. Es un padre que habla a su hijo: desde su amor paternal le indica al hijo cómo ha de conducir su vida.  Su consejo o recomendación esencial: no negar favores a su hermano ni a los demás. De ese consejo deriva evitar el daño al otro. Ello lo resume en ser honrado; es lo que le pide el Señor. Y, como actitud básica, la humildad, que siempre va unida a la sabiduría.

El salmo responsorial precisa más esa honradez, esa sabiduría, que le lleva a convivir con Dios en “su monte santo”. Que podemos traducir: Dios convive en él, y él convive en Dios.

Nada hay oculto que no llegue a descubrirse

El texto de Lucas, podría ser entendido como una invitación a hacerse ver, a cultivar la imagen propia, a no pasar inadvertido ante los otros, a lucir en el ámbito en que la vida se desarrolla, a cultivar la imagen. Algo que es tentación humana, en nuestro tiempo muy desarrollada. De modo que el dicho, “la mujer del César no solo ha de ser buena, sino aparentarlo”, se convierte en que sobre todo ha de aparentarlo, serlo es menos relevante.

Sin embargo, el texto, entiendo, viene a decir lo contrario. No te preocupes tanto por tu apariencia, sino por tu ser, porque tu ser acabará manifestándose: “nada hay oculto que no llegue a descubrirse…, a hacerse público”, por ello, podría continuar, “cuida tu ser, tu mundo interior, tus intereses y afectos, que se traslucirá en tu obrar”.

Al final del texto evangélico nos encontramos con esa expresión …”al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará lo que cree tener”. La fuerza de la frase está en discernir qué es tener de verdad y qué es creer tener; o sea, estar vacío de lo que hay que tener y lleno de vaciedades, que no construyen nuestro ser, solo nuestra apariencia social. Más aún, creer tener lo que en realidad nos tiene, a veces como esclavos; por ejemplo, el dinero, -avaro-, el aplauso social, nuestra vanidad u orgullo, nuestra comodidad egoísta…

Jesús sabe que lo que dice no es fácil de asimilar y por eso, subraya: “a ver si escucháis bien”.

¿Cómo nos vemos ante estas palabras de Jesús? ¿Cómo vemos a los demás?

Fray Juan José de León Lastra O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

“ Tu fe te ha salvado, vete en paz ”

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él y, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo:
«Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora».
Jesús respondió y le dijo:
«Simón, tengo algo que decirte».
Él contestó:
«Dímelo, Maestro».
Jesús le dijo:
«Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le mostrará más amor?».
Respondió Simón y dijo:
«Supongo que aquel a quien le perdonó más».
Le dijo Jesús:
«Has juzgado rectamente».
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:
«¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco».
Y a ella le dijo:
«Han quedado perdonados tus pecados».
Los demás convidados empezaron a decir entre ellos:
«¿Quién es este, que hasta perdona pecados?».
Pero él dijo a la mujer:
«Tu fe te ha salvado, vete en paz».

Perdón, amor y juicio

Este pasaje es una poderosa enseñanza sobre la gracia de Dios, que está disponible para todos, y sobre la importancia de un corazón arrepentido y amoroso frente a una actitud de juicio y autojustificación.

El amor y el perdón lo vemos sobre todo en la mujer pecadora que muestra que el reconocimiento de los propios pecados y la fe en Jesús conducen al perdón y a una transformación radical del corazón.

La hipocresía religiosa nos la presenta Simón el fariseo con su actitud de juzgar y despreciar a los demás sin reconocer la propia necesidad de perdón.

“La fe salva” es el principal mensaje de Jesús que enfatiza que es la fe de la mujer, y no sus obras, lo que le ha otorgado el perdón y la salvación.

Dios está con los más débiles, con los más pecadores, con los que más fallan, son sus “preferidos”, frente al fariseísmo imperante hoy en día, que piensa que cuanto más se cumpla, cuanto más se obedezca, cuanto más se sigan las reglas, más favor se va a obtener de Dios.

Todas las lecturas de hoy se resumen en que hay que mantener una actitud cristiana humilde y poner toda nuestra esperanza y nuestra fe en Dios, que es quien puede transformar nuestro interior. No podemos hacer nada sin Él.

¿Nos mantenemos firmes en el mensaje de Cristo a pesar de las dificultades y las tentaciones diarias?

¿Qué prevalece en nosotros, el amor o el juicio hacia uno mismo y hacia los demás?

Fraternidad Laical de Santo Domingo de Valencia


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

“ No llores ”

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos y mucho gentío.

Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.

Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo:
«No llores».

Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
«¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!».

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre.

Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios, diciendo:
«Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo.»

Reflexión del Evangelio de hoy

Vosotros sois el cuerpo de Cristo

Porque Dios es trinidad, nosotros somos comunidad. La unidad nos la da el ser todos hijos del mismo Padre, miembros de Cristo, bautizados en el mismo Espíritu para formar un solo cuerpo. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo, y como tal Cuerpo debe mantener su unidad con la Cabeza y entre los distintos miembros.

Todos, «hemos recibido un mismo Espíritu en el bautismo» y «todos hemos bebido también del mismo Espíritu» para formar un solo cuerpo. La unidad no suprime la diversidad de los miembros. La riqueza de los dones no es para desarrollar intereses individuales sino para desarrollar la complementariedad en orden a la unidad.

La manifestación del Espíritu Santo a través de los diversos carismas ha sido dada a cada uno para la utilidad común, o sea, para el bien de toda la comunidad.

Parece que se entiende mejor la unidad de la Iglesia, cuerpo de Cristo, cuando contemplamos esta verdad desde una realidad vital, que se realiza cuando ponemos nuestros dones, cualidades, carismas, al servicio de los demás, para la utilidad común.

Mira cuanto has recibido de Dios Padre, de Cristo, del Espíritu, para que sepas, dar y darte a los demás en la edificación de la Iglesia.

Jesús es Palabra de Dios que da Vida.

La escena  del evangelio presenta a Jesús como «dador de vida». A Jesús le «da lástima» el dolor de una viuda que ha perdido a su hijo único. Jesús se hace sensible a su dolor y lo que era una comitiva de muerte se convierte en una fiesta de vida. Jesús es una palabra de vida que va más allá de la muerte; le habla al muerto: muchacho a ti te lo digo levántate.

El término “levantarse” no es solo ponerse de pie, también se refiere a volver a la vida. El evangelio lo usará incluso para hablar de la resurrección misma de Jesús.

Es bueno escuchar en medio de nuestros sufrimientos esta palabra de Jesús: levántate. Palabra que nos invita a tener una vida más plena, que nos invita a renovar y hacer nueva la vida.

Jesús nos anima también a salir del llanto y la tristeza, salir de una cultura de muerte. Que nadie tenga que llorar. Ojalá los seguidores de Jesús repitamos siempre sus palabras de misericordia y vida: “No llores, levántate”.

Seguir el gesto de Jesús significa suscitar vida: tener piedad de los que sufren y ofrecerles nuestra ayuda; allí donde la enfermedad, el sufrimiento y la muerte parecen ser definitivas, hacer posible la esperanza de  vida nueva. Es la tarea de los seguidores de Jesús, apostar por una cultura del encuentro que sabe ver al que sufre, acercarse a él, tocar el sufrimiento, llevar una palabra de vida.

Pero nada de esto se realiza sin la fe en el Dios de la vida, sin fe en la palabra de Jesús que es Palabra que da Vida.

Fr. Isidoro Crespo Ganuza O.P.
Convento de S. Valentín de Berrio Ochoa (Villava)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Jesús es Palabra de Dios que da Vida.

La escena  del evangelio presenta a Jesús como «dador de vida». A Jesús le «da lástima» el dolor de una viuda que ha perdido a su hijo único. Jesús se hace sensible a su dolor y lo que era una comitiva de muerte se convierte en una fiesta de vida. Jesús es una palabra de vida que va más allá de la muerte; le habla al muerto: muchacho a ti te lo digo levántate.

El término “levantarse” no es solo ponerse de pie, también se refiere a volver a la vida. El evangelio lo usará incluso para hablar de la resurrección misma de Jesús.

Es bueno escuchar en medio de nuestros sufrimientos esta palabra de Jesús: levántate. Palabra que nos invita a tener una vida más plena, que nos invita a renovar y hacer nueva la vida.

Jesús nos anima también a salir del llanto y la tristeza, salir de una cultura de muerte. Que nadie tenga que llorar. Ojalá los seguidores de Jesús repitamos siempre sus palabras de misericordia y vida: “No llores, levántate”.

Seguir el gesto de Jesús significa suscitar vida: tener piedad de los que sufren y ofrecerles nuestra ayuda; allí donde la enfermedad, el sufrimiento y la muerte parecen ser definitivas, hacer posible la esperanza de  vida nueva. Es la tarea de los seguidores de Jesús, apostar por una cultura del encuentro que sabe ver al que sufre, acercarse a él, tocar el sufrimiento, llevar una palabra de vida.

Pero nada de esto se realiza sin la fe en el Dios de la vida, sin fe en la palabra de Jesús que es Palabra que da Vida.

Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

No hay árbol bueno que dé fruto malo

El texto de hoy forma parte del llamado sermón de la llanura (Lc 6, 17-49), en el que Lucas tiene en cuenta las problemáticas de las comunidades a finales del siglo I, tanto externas, como internas. El discurso se centra ahora precisamente en la conducta de los miembros de la comunidad, a través de una serie de parábolas, cada una de las cuales encierra una gran enseñanza.

La primera, la del guía ciego (39-40), es presentada con una pregunta doble: “¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?”. La respuesta a ambas podríamos darla cualquiera de nosotros. Pero ¿de quién habla Lucas en concreto? Pareciera que el evangelista se refiere a unas personas de la comunidad que pretenden ser guías (catequistas) antes de haber recibido la formación completa. Estos problemas comunitarios siembran confusión y perjudican la comunión.

La segunda, la viga y la brizna en el ojo (41-42), también se inicia con dos preguntas, la primera de las cuales es: “¿por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? Ambas marcan la desproporción y la incoherencia entre el que ve algo pequeño, una brizna, en el ojo de otro, y no ve en el propio algo grande, como es una viga. La repetición de la “palabra “hermano” nos hace caer en la cuenta de que estamos en un contexto comunitario.

La tercera (43-45) habla del árbol y sus frutos. Mientras las cualidades del árbol hacen referencia a la identidad, a la interioridad, el calificativo del fruto hace alusión a la exterioridad; más bien podríamos decir que mientras la identidad de los árboles hace referencia a la causa, la identidad de cada uno de los árboles tiene como consecuencia el carácter del fruto. No hay engaño: “un árbol bueno produce buenos frutos y un árbol malo da frutos malos”, pues entre el árbol y fruto hay una sinergia que no se puede prestar a equívocos.

Las tres parábolas constituyen una catequesis para los miembros de la comunidad que podrían responder a la pregunta: en síntesis, ¿cómo debe ser la conducta de los ciudadanos del Reino de Dios? Esa es la cuestión que el Señor pone ante ti y a la que has de responder teniendo en cuenta cada una de las parábolas presentadas.

Hoy celebra la Iglesia la memoria de Juan Crisóstomo, patriarca de Constantinopla en el siglo IV. Su sobrenombre chrysóstomos significa “boca de oro” debido a su extraordinaria elocuencia que lo consagró como el máximo orador entre los Padres griegos.

Hna. Mariela Martínez Higueras O.P.
Congregación de Santo Domingo


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

De discípulos a su actuación con nombre propio

El texto evangélico nos narra algo que supone, para nosotros los lectores algo sorprendente. Desde el comienzo de los evangelios vemos cómo Jesús escoge a unas personas concretas y les invita a seguirle. A lo largo de los relatos evangélicos se nos narran muchas veces que eran muchas las personas que buscaban a Jesús, unas para escucharle, otras para que les liberase de los males, y otros son descritos como mucha gente.

Es sorprendente este pasaje, porque, normalmente pensamos que desde el principio, fueron escogidos como Apóstoles. Pero parece que no fue así. Eran discípulos que iban aprendiendo, detrás del maestro. Jesús iba comprobando cómo asimilaban su mensaje y cómo estaban comprendiendo su actuación. En un momento en este caminar, pidiendo ayuda a su Padre Dios, les nombra Apóstoles a algunos de sus seguidores, con nombre propio.

Sabemos que Jesús ante decisiones importantes se mueve con la fuerza de la oración y con la luz recibida del Padre. Así, inicia la llamada, nombre por nombre, de aquellos que serán los anunciadores de su vida y misión. Ellos también contarán con la ayuda de Dios Padre, de la fuerza del Espíritu y de la presencia y cercanía de Jesús.

Hoy, como en tiempos de Jesús, hay muchas personas que admiran a Jesús y le recuerdan, pero nada más. Hay personas que acuden a Él ante alguna debilidad o enfermedad, para sentirse curado o liberado. Hay también personas que son discípulos que le escuchan, que aprenden de lo que Él hizo, pero con poca repercusión en su vida. Hay también algunos que han dado un paso más y se han convertido en Apóstoles, pues con decisión y valentía, hacen de su vida la vida de Jesús, y anuncian esa experiencia.

Al anunciador le hace bien y el testimonio de él también. Estos son hoy los apóstoles que, incluso en algunos lugares, lo pasan muy mal y están amenazados de muerte.

¿En qué situación te encuentras tú? ¿Eres discípulo? ¿Buscas a Jesús? ¿Le escuchas? ¿Eres Apóstol?

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Convento de la Virgen del Camino (León)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

¿Qué buscas? ¿Dónde quieres llegar? ¿Qué luz ilumina tu camino?

¿Qué haces?

Hay quien descubre fácilmente dónde está el error, el problema, la dificultad, pero no se le da tan bien encontrar la solución a ese problema y, a veces, incluso, en vez de disminuir el error, lo hace mucho más grande.

Los atajos en el camino pueden ser buenos, acortan la distancia a recorrer, pero algunas veces ese camino más corto es mucho más duro, tiene cuestas más empinadas, el camino está en malas condiciones y a pesar de medir menos en metros, mide más es esfuerzo, por lo tanto tienes que plantearte qué elijes si el camino más corto o el más fácil.

Hace no mucho tiempo cuando se rompía una prenda de ropa, se remendaba, se ponían parches y se seguía usando, hoy el camino más cómodo es tirar lo roto a la basura y comprar algo nuevo, pero no vemos cuáles son las dificultades, los errores y los problemas de hacer esto, generar más recursos que no se pueden destruir y tampoco utilizar, gastar más dinero en cosas que suelen durar menos, acostumbrarnos a no cuidar de mejor manera las cosas para que duren más, porque tenemos muy claro que pronto habrá un reemplazo. Todo esto está muy bien hablamos sólo de cosas materiales porque si lo hacemos también con las personas, está muy bien eso de poder vivir más años, pero ¿para qué? Si no se puede disfrutar de los seres queridos, si no podemos aprovechar el tiempo para aprender, si terminamos por ponerlos a todos juntos para que no se sientan solos, de esta manera sólo ponemos un remedio viejo en un concepto nuevo y eso sí que no va a funcionar.

¿Qué haces con lo que va quedando en desuso? ¿Qué importancia le das a la vida, la tuya y la de los que te rodean? ¿Buscas soluciones fáciles o mejores?

Hna. Macu Becerra O.P.
Dominicas Misioneras de la Sagrada Familia


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Seguís siendo carnales

Cuando nos creíamos avanzados por profesar la fe en Cristo, el apóstol nos hace ver que no somos más que niños mientras sigamos con la mentalidad de este mundo. «Por los frutos los conoceréis» había dicho Jesús (Mt 7, 16) y san Pablo nos recuerda la incoherencia de una comunidad que se dice cristiana y alberga en su seno la lógica del demonio: envidias, divisiones, competiciones, partidos y campañas a favor o en contra de los hermanos. «Seguís siendo carnales», les dice a los Corintios para su desilusión, y también hoy nosotros podríamos preguntarnos en qué medida es la lógica del mundo la que rige nuestras relaciones, comunidades, y fraternidades. «Nosotros somos colaboradores de Dios», reconoce san Pablo, aquel que, de alguna manera ha sido “fundador” de la comunidad de Corintio; y también hoy nosotros podríamos examinar si nos reconocemos como simples colaboradores de Dios o si nos hemos adueñado y erigido en los señores de nuestros servicios, misiones, evangelizaciones o comunidades.

Intentaban retenerlo para que no se separara de ellos

En el pasaje de hoy nos encontramos con las multitudes que buscan a Jesús y lo intentan retener. Teniendo en cuenta que parece que Jesús necesita retirarse después de una misión extenuante, tendríamos la tentación de tacharlos de inoportunos. Y conociendo el desenlace de su vida nos cuesta valorar el gesto de esta gente a la que atribuimos una motivación puramente interesada: Ahora que hace milagros, cura enfermos, libera endemoniados… ahora sí: ¡Por el interés te quiero… Andrés! –como reza el dicho popular−.  

Pero bajo capa de aspirar a una actitud más madura y desinteresada es posible que nos estemos engañando sutilmente. Es verdad que debemos tender hacia un amor gratuito y desinteresado por Jesús, pero el afecto de estas personas tiene también, al menos, dos aspectos de los que cabría examinarse. Su actitud y su súplica inoportuna –si queremos llamarla así− brotan de la conciencia de estar necesitados, del reconocimiento de su miseria. ¿No será que nosotros no nos sentimos indigentes? ¿Guardaríamos tanto las formas si no tuviéramos tantas seguridades a nuestro alcance? En consecuencia, este reclamo por Jesús pone de manifiesto que aquellas gentes no se bastan a sí mismas, porque el que algo pide es que algo le falta y no puede conseguirlo por sí mismo. ¿Y no es posible que nosotros hayamos dejado de pedir porque creemos que todo depende de nosotros y de nuestro esfuerzo? Me pregunto si no habremos pasado de un extremo al otro. Ambos igual de equivocados. Hemos querido superar esos tiempos en los que dejábamos en manos de Dios aspectos de nuestra vida que Él mismo había querido poner en las nuestras. Pero nos hemos pasado al extremo en que creemos que todo depende de uno mismo y pedir nos da vergüenza. Y puede que hayamos pasado de la evasión a la soberbia.

En el Evangelio constatamos que no basta con reconocer en Jesús al Hijo de Dios: ¡Los demonios también lo hacen! Pero aparece luminoso el ejemplo de la suegra de Pedro. No tienen reparo en rogarle la salud para ella. Se reconocen indigentes y creen en el poder de Jesús para sanarla. Piden humildemente. Y reciben gratuitamente. Por último, no se adueñan del don que les ha otorgado –en este caso, la salud− sino que lo ponen al servicio.

Sor Teresa de Jesús Cadarso O.P.
Monasterio Santo Domingo (Caleruega)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Determinada determinación

Un verdadero seguimiento al Maestro nos realiza, performa, cosa que no hace la sola información del mismo. Se trata de coordinar lo que se emite con los labios y los quereres del corazón. De no ser así, la disonancia de vida está servida con lo que ello implica: vida desordenada afirmará sin paliativos el evangelizador de los gentiles a los Tesalonicenses de cualquier lugar y tiempo.

Ponerse el traje de cristiano los Domingos o días festivos es sinónimo de echar margaritas a los cerdos, quedarse en un mero cumpli-miento, que no deja de ser una carga, un no vivir y experimentar al Señor Jesús como lo que es: Razón y sentido de vida.

Por eso, como afirma el salmista: «Dichoso el que teme al Señor», el que comprende en su cada hoy que se le regala que seguir al Maestro de Nazaret es camino de libertad, de fiesta… De ahí ese temor “sano” a ser viandante de sus propuestas.

Para llevar a cabo esta invitación, es necesario poner sobre el tapete la verdad de uno mismo, Es telón de fondo, para tirar a la papelera todo lo que supone actitud farisaica, como son los maquillajes (sepulcros blanqueados), la doblez de corazón (repletos de envidia y crueldad).

En definitiva, dejemos de lado todo lo que supone ojos de merluza a medio cocer, boquitas de piñón y voces aterciopeladas, es decir, lobos vestidos de abuelitas que hay que dejar depositado en su lugar correspondiente: el famoso cuento de Caperucita de Charles Perrault.

Sor Mª Ángeles Calleja O.P.
Monasterio Santa Catalina – Paterna