Evangelio del día

Evangelio del martes 17 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 2,23-28

Sucedió que un sábado Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas.
Los fariseos le preguntan:
«Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?».
Él les responde:
«¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre, cómo entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a quienes estaban con él?».
Y les decía:
«El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado».

Reflexión del Evangelio de hoy

¡Señores, que no señoritos!

Hoy, la Iglesia celebra la memoria de San Antonio, abad. Cuenta el obispo San Atanasio, en su libro De la vida de San Antonio que éste, entrando en la Iglesia escuchó aquellas palabras del Señor en el Evangelio: «Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres -así tendrás un tesoro en el cielo- y luego vente conmigo» Y así lo hizo: Emprendió enfrente de su misma casa una vida de ascetismo y de intensa mortificación.

Cabe preguntarle a San Antonio: – ¿qué es lo que te movió, motivó a dejarlo todo y quedarte con lo puesto?

Desde luego, su determinada determinación no es el escenario que el autor sagrado nos radiografía en la carta a los Hebreos, ¡por cierto!, ni es una carta, ni la escribió San Pablo, ni fue dirigida a los Hebreos… pero bueno, queda ahí el dato y sea el lector el que husmee sobre el mismo. A lo que íbamos. El desapropio, la gratuidad no es el talante que encontramos en la perícopa que nos ofrece hoy la liturgia de la Palabra a través de Hebreos: «Dios no es injusto como para olvidarse de vuestro trabajo y del amor que le habéis demostrado sirviendo a los santos ahora igual que antes»(v.10) Una regañina en toda regla, un buen estirón de orejas que afea la actitud quejosa, resentida que tiene esta comunidad por la posible retribución no obtenida de parte de Dios. Acaso. ¿no es espejo de confrontación para nosotros, por aquel juego interesado, las más de las veces, inconsciente que, se conjuga en aquello de: yo te doy, tú me das?

Y de nuevo, como un eco, volvemos a preguntar a Antonio:  – ¿qué es lo que te movió, motivó a dejarlo todo y quedarte con lo puesto, sin pedirle prebendas, seguridades al Buen Dios? Quizá, nos responda con la pregunta que lanza el salmista: ¿Quién como tú entre los dioses?, ¿Quién como tú entre los santos? Y eso le sobró y bastó.

No hay otro Dios fuera de ti

Pongámonos como nos pongamos, no tenemos otra GARANTÍA que Dios mismo y esto viene avalado por el mismo Jesús, Sumo Sacerdote para siempre (Hb 6,20)

Si esto es así, ya está todo dicho…¡Ay!, lo que resulta evidente e inamovible a todas luces –«queriendo Dios demostrar a los beneficiarios de la promesa la inmutabilidad de sus designio, se comprometió con juramento…no teniendo a nadie mayor por quien jurar, juró por sí mismo» (vv. 17.14)- se trueca en problema por la baraja con que jugamos los seres humanos, que no es otra -la mayoría de las veces- que cartas que tienen como denominador común un desordenado amor y por ello, instrumentalizado, donde sobresale la vena caprichosa según mi voluntad y no la del Creador. Y, poniendo estas reglas de juego, pasa que no suelen besarse las voluntades y con ello se desinfla la esperanza, que dicho sea de paso, es la que se articula de tejas hacia abajo, la puramente humana con estrechísimos horizontes, sirviendo un plato de abundante zozobra.

No es planteamiento agorero, ni muchísimo menos, porque resulta que encontrarse en este posición, si la utilizamos como trampolín y no sofá, se convierte en punto de inflexión para cobrar ánimo y fuerza, aferrándonos a la esperanza que tenemos delante (v. 18), a saber, la prometida por Dios y manifestada en Cristo, el Señor.

Ser catadores del bouquet sabatino

Desde esta orilla, el Maestro nos invita a conjugar el hoy con señorío, a saber, siendo señores del sábado, que no señoritos, lejos de esa actitud farisaica que se mueve y remueve en el continuo «lo que está permitido vs. lo que no está permitido». Y si bien es verdad que el hombre necesita de un conjunto de normas, reglas para llevar a buen término su estar en el mundo, cuando éstas se han cosido con el hilo egótico, lejos de orientar nuestras actitudes para un buen hacer y un buen estar, se convierten en rémora por la toxicidad que llevan en su ADN, el del fatídico cumpli-miento: la hipocresía está servida, la doble moral. Jesús es implacable ante esto: No hagáis lo que ellos hacen.

Sor Mª Ángeles Calleja O.P.
Monasterio Santa Catalina – Paterna


Evangelio del día

Evangelio del lunes 16 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

 ¿Por qué los tuyos no? 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 2,18-22

En aquel tiempo, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús:
«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?».
Jesús les contesta:
«¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar.
Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán en aquel día.
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto —lo nuevo de lo viejo— y deja un roto peor.
Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos».

Reflexión del Evangelio de hoy

“Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama”

El tema central de este pasaje de la carta a los Hebreos es el sacerdocio. Hay algo que iguala a los sacerdotes tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Primero, no son ellos los que eligen ser sacerdotes. “Nadie puede arrogarse este honor; Dios es quien llama”. Segundo, una de sus labores es ofrecer dones y sacrificios no solo por los pecados de los demás, sino también por los suyos propios, porque también ellos caen en el pecado.

Y Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, ¿cumple estas dos condiciones? La primera sí. Fue su Padre Dios quien le eligió para ser sacerdote. “Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de Sumo Sacerdote”. La segunda no. Ofrece a Dios Padre un sacrificio muy especial, el sacrificio de su propia vida para el perdón de los pecados de todo el género humano, pero no por sus pecados porque nunca pecó. Con su sacrificio “se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna”.

Cristo Jesús sigue siendo el ejemplo para todos los que participamos de su sacerdocio, en un grado o en otro, que somos todos sus seguidores: debemos entregar nuestra vida por nuestros hermanos, como él la entregó. 

“¿Por qué los tuyos no?”

La Ley judía tenía 613 preceptos que los fieles judíos debían cumplir. Uno de ellos era el referente al ayuno, que los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos cumplían. Al ver que los discípulos de Jesús no ayunaban le preguntaron “¿por qué los tuyos no?”.

Este contexto nos lleva a plantearnos el sentido del ayuno y de toda práctica ascética. Sabemos que no tienen valor por sí mismas. Siempre se hacen en vistas a algo. Hemos oído decir a Jesús que el mandamiento primero y principal de la ley para sus seguidores es el amor: amar a Dios, al prójimo y a sí mismo. Así que ayunar y cualquier otra práctica ascética hemos de hacerla en vista al amor, buscando siempre aumentar nuestros tres amores: a Dios, al prójimo y a nosotros mismos.

Por eso, si hay una situación donde puedan entrar en colisión el ayuno y el amor… hemos de dejar el ayuno y vivir con más intensidad el amor. Por lo que si hay un motivo de alegría, y de vivir y potenciar el amor, no se puede ayunar. “¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos?”. Estando con el novio, hay que disfrutar de su presencia y de su amor, entre otras cosas con una buena comida y un “vino nuevo”. No se puede ayunar.

Sabemos que el ayuno que agrada a Dios va por el camino del amor al hermano que es la mejor manera de amar a Dios y a uno mismo. Al final de nuestra vida, el Hijo del hombre no nos preguntará por nuestros ayunos, sino por el amor concreto a nuestros hermanos. “Tuve hambre y me disteis de comer…”.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Evangelio del día

Evangelio del viernes 13 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

EVANGELIO DEL DÍA

Lectura del santo evangelio según san Marcos 2,1-12

Cuando a los pocos días entró Jesús en Cafarnaún, se supo que estaba en casa.
Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Y les proponía la palabra.
Y vinieron trayéndole un paralítico llevado entre cuatro y, como no podían presentárselo por el gentío, levantaron la techumbre encima de donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dice al paralítico:
«Hijo, tus pecados te son perdonados».
Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros:
«¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo uno, Dios?».
Jesús se dio cuenta enseguida de lo que pensaban y les dijo:
«¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados” o decir: “Levántate, coge la camilla y echa a andar”?
Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados -dice al paralítico-:
“Te digo: levántate, coge tu camilla y vete a tu casa”».
Se levantó, cogió inmediatamente la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo:
«Nunca hemos visto una cosa igual».

Reflexión del Evangelio de hoy

Compartir el descanso de Dios

Sorprenden muchas cosas en este pasaje de la Carta a los Hebreros. Destacamos dos de ellas. La primera es la referencia a la cólera de Dios extraída del salmo 94 y la segunda, el cuestionamiento del cansancio humano, las dudas e incertidumbres que se ciernen sobre la verdadera utilidad de nuestro esfuerzo al estar la obra concluida desde el principio. Los libros sapienciales nos informan, también el profeta Isaías, sobre esta paradójica circunstancia que nos invita a reflexionar sobre nuestros propios afanes, sobre las tareas que nos imponemos o se nos imponen dentro de este nuevo orden mundano apartado de la voluntad de Dios, y recordamos el descanso de Dios narrado en el libro del Génesis, el verdadero descanso del amor que contempla complacido la bondad y la belleza de lo creado.

¿Y si nos atreviéramos a compartir el descanso de Dios contemplando su obra, evitando la tentación de intervenir ofreciendo nuestras propias alternativas o realizando innecesarios esfuerzos? ¿Y si nos atrevemos a vivir como el que danza confiado, aligerando el peso, la gravedad con la que recibimos, con más miedo que gratitud, el don de la Vida?

No olvidar las acciones de Dios es nuestra súplica, el deseo que se eleva desde nuestro corazón como respuesta al salmo 77.

La audacia del amor que perdona

El evangelio de Marcos nos invita a entrar en la casa de Jesús en Cafarnaúm. Nadie quiere quedarse fuera y se agolpa el gentío en la puerta. Cuando una puerta se bloquea, se abre una ventana. En este caso, la ventana se abrió por el tejado y la abrieron quienes creían que Jesús podía curar a un amigo. Admiramos la fortaleza del amor y su determinación en la búsqueda del bien que nos orienta más allá de la razón, transformándonos en seres hábiles y creativos. La audacia del amor es esa energía de alta frecuencia que traspasa muros y techumbres.

Jesús admira el esfuerzo, conoce a los que irrumpen de esta manera y ofrece al enfermo el perdón, volviendo a desconcertar a los presentes. Solo puede perdonar el que ama y es el poder del amor el que se materializa en la curación del paralítico, el milagro que todos presencian quedando nuevamente confundidos.

Me pregunto si el perdón está a nuestro alcance, si podemos realmente perdonar o solo acoger el perdón. Acoger el perdón es vivir la propia fragilidad con esperanza. El amor es paciente, no vengativo, es audaz y fue la audacia del amor la que permitió que el paralítico recobrara la salud. También permitió que recuperaran el sentido, momentáneamente al menos, todos los descreídos que presenciaban el acontecimiento. Se trata de recuperar esa capacidad de asombro y la lucidez que nos hacen estar activamente presentes ante el milagro cotidiano que nos ofrece la Vida.

A todos nosotros, como a los escribas, nos da Jesús la oportunidad, no solo de contemplar, sino de dejarnos arrastrar por la extraordinaria experiencia del amor que perdona.

Dña. Micaela Bunes Portillo OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo de Murcia


Evangelio del día

Evangelio del miércoles 11 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, cuando todavía era muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron:
«Todo el mundo te busca».
Él les responde:
«Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido».
Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

Reflexión del Evangelio de hoy

Jesús, señor de vida

A pocos días de haber celebrado el Tiempo de Navidad, nos encontramos con este texto de la carta a los Hebreos, que nos presenta a Jesús, humano y sometido a todas las limitaciones y sufrimientos que supone nuestro ser tremendamente vulnerables. Y, desde ahí, desde esa identificación con nuestra humanidad, nos salva. Se hace como nosotros para liberarnos de todo aquello que nos mantiene esclavos de tantos miedos y no nos deja vivir en plenitud y libertad.

No es una tarea de superhéroe, que con sus poderes salva a la humanidad de quien pueda amenazarla. Se trata de algo muy diferente, cuyas notas esenciales destaca este texto:

  • Jesús “tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles”, “tenía que parecerse en todo a sus hermanos”. Se sumerge totalmente en la condición humana, con todas sus cosas, desde toda nuestra realidad.
  • Es sumo sacerdote, misericordioso y fiel a Dios. Se ofrece él mismo para darnos vida, desde la bondad, el perdón y el amor sin límites.
  • Justo por esa entrega, puede “auxiliar a los que son tentados”. Nos enseña el camino de la vida, liberada del temor a la muerte, de la esclavitud de nuestros propios temores y del mal.

Suena mejor de la que supone vivirlo así, por eso es un misterio, es exigente, desconcierta muchas veces. Es un reto de cada día y de la vida entera, pero ahí está él mismo, Jesús, con su mano tendida para acompañarnos en ese camino.

Jesús, fuente de vida

El texto de Marcos corresponde a la primera parte del Evangelio, en la que Jesús va revelando quién es:” Él es mi Hijo, el amado, en quien me complazco”. Las curaciones y predicación en la ciudad de Cafarnaún van manifestando que Jesús es el Mesías. Con paciencia elige e instruye a los discípulos. Y marca un estilo propio, su poder viene con una autoridad diferente: sana en la cercanía con quien sufre, el mal le reconoce y enmudece, ora en soledad y va hacia aquellos que están “más allá” para que esa dinámica de predicación y curación llegue a todos.

Su presencia hace bien, devuelve la dignidad y la plenitud. “Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó”. Aquella mujer se curó e hizo la tarea que será propia de todo discípulo: servir.

Al anochecer cura, de madrugada ora. A veces vivimos volcados en una actividad frenética que nos absorbe y nos descentra; o nos dejamos llevar, cansados y desmotivados, por una inercia que apaga la vida interior y la ilusión. Jesús nos tiende su mano incansablemente, esa mano que cura, acompaña y envía; pero no suelta su otra mano de la mano del Padre, del centro y amor de su vida.

Y siempre está en camino, su vida es una itinerancia constante hacia quienes le buscan y quienes le necesitan para alcanzar la vida plena de la que habla. El amor de Dios es universal y ello implica ampliar el espacio de nuestro corazón y dejar que el misterio de la proximidad rompa fronteras y afinidades, para ir haciendo fraternidad. “Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí”. E, igual que siempre hay un después, hay alguna “aldea cercana”. Cada quien sabe cuál es la suya hoy, esa a la que está llamado a ir.

Hna. Águeda Mariño Rico O.P.
Congregación de Santo Domingo


Evangelio del día

Evangelio del martes 10 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

 Les enseñaba con autoridad 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,21-28

En la ciudad de Cafarnaún, el sábado entra Jesús en la sinagoga a enseñar; estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar:
«¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
Jesús lo increpó:
«¡Cállate y sal de él!».
El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él. Todos se preguntaron estupefactos:
«¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen».
Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Reflexión del Evangelio de hoy

Qué es el hombre para que te acuerdes de él

Las lecturas de hoy nos muestran el inmenso valor que tenemos a los ojos de Dios, y del que tantas veces no somos conscientes. Tanto en la primera lectura como en el salmo surge la pregunta: “Señor, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder?”. Desde la creación del mundo “vio Dios que todo era bueno” (Gen 1, 31), sin embargo, al hombre lo amó mucho más, dándole poder sobre todas las cosas.

Todo nos ha sido dado, por puro amor hemos sido creados a su “imagen y semejanza”, ¿qué hemos hecho de este don recibido por parte de Dios? El hombre vive preocupado, angustiado por lo que no posee, se afana por tener más y más olvidando que en realidad ya lo tiene todo: Dios mismo y toda su creación.

Dios que es Padre, nos amó tanto que nos entregó a su único Hijo, el cual, nos dice la carta a los hebreos, se fue perfeccionando a través del sufrimiento, por nuestra salvación. Dios mismo se hace hombre y para mostrarnos en qué consiste el verdadero poder, dejándose clavar en una Cruz, y derramando su sangre por nosotros. El verdadero poder de Cristo es amar hasta el extremo, clava en su propio Cuerpo nuestros pecados y nos hace hermanos, hijos de un mismo Padre. ¿Qué más podemos pedir?

A veces, vivimos tan inmersos en nuestras propias preocupaciones, nos preguntamos cuál el sentido del sufrimiento, porqué nos toca a nosotros ciertas situaciones que nos provocan tanto dolor… y sólo hay una respuesta. Cristo. Mirando a Jesucristo, cómo ama a cada ser humano, que conoce cada corazón, mirándole a Él que vivió en obediencia al Padre, y no dudó en entregar su vida por aquellos que amaba…ahí vemos el sentido de nuestro sufrimiento, ahí vemos cuánto hemos sido amados, y que no estamos llamados a otra cosa si no a amar, a dar en las pequeñas cosas de cada día, todo lo que somos, nuestras fortalezas y nuestros límites, confiando siempre en Aquel que nos creó y nos sigue amando.

Les enseñaba con autoridad

En el Evangelio de hoy, vemos que “todos quedaban asombrados porque Jesús enseñaba como quien tiene autoridad”. Se vuelve a hablar del poder y de la autoridad de Cristo. Un poder que no es de este mundo, una autoridad que descoloca a los que creen que, por medio de los bienes, de las riquezas, lo tienen todo y creen que pueden exigir y despreciar a los pobres y a los sencillos.

Sin embargo, Jesús no poseía bienes, no era ostentoso como un rey, su autoridad venía de su propia vida en obediencia a la voluntad de Dios. “Mi alimento es hacer la voluntad del Padre”, les decía a sus discípulos, porque muchos se preguntaban con qué autoridad hablaba, su alimento, su autoridad, su corazón y amor eran fruto de hacer constantemente la voluntad de su Padre. En el evangelio, vemos cómo incluso el demonio que sale del hombre, reconoce que Jesús es el Hijo de Dios: “Tú eres el Santo de Dios”. La autoridad del Maestro es tan distinta a la autoridad de este mundo. Jesús tiene un poder concentrado absolutamente en el amor. Jesús no cura sólo con los signos, curando enfermos, resucitando muertos… Él sana los corazones, perdona los pecados, libera a cada hombre de la esclavitud y le devuelve la libertad y la paz del corazón.

Cuando nos dejamos mirar por Cristo, cuando permitimos que Él entre en nuestro interior y sane nuestras heridas, cambia nuestra vida. Es lo que le ocurría a tanta gente que pasaba por su lado, que tocaba su manto, que se dejaban mirar profundamente por Jesús, quedaban sanados. Este es el fruto de su autoridad.

Él es el Rey del universo, y quiere reinar también en cada uno de nosotros. Quiere reinar sobre el pecado en nuestra vida, reinar sobre nuestros miedos y sobre nuestros vacíos, Él quiere llenarnos de amor y alegría para que podamos amar a los demás como Dios mismo nos ama.

Sor Mihaela María Rodríguez Vera O.P.
Monasterio de Santa Ana de Murcia


Evangelio del día

Evangelio del lunes 9 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

 Convertíos y creed la buena noticia 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,14-20

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:
«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».
Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores.
Jesús les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.

Reflexión del Evangelio de hoy

Nos ha hablado por el Hijo

Ciertamente Dios, el Poderoso, ha hecho también maravillas en nosotros, en toda la humanidad. Empezó creándonos, dándonos la vida, a través de nuestros padres. Pero no se quedó ahí. Siempre mantuvo, en un primer momento, la relación con el pueblo judío, al que principalmente por los profetas le habló de muchas maneras. No contento con este paso, mandó a su propio Hijo a la tierra, a todos nosotros, para que nos hablase en persona.

Es cierto que en el regalo de la vida, Dios nos ha dotado de la luz de nuestra inteligencia, de la luz de nuestros sentidos… Pero tenemos que confesar que es una luz insuficiente para descubrir con claridad los secretos de nuestra vida, para descubrir el sentido de nuestros días, para descubrir el camino por el que hemos de dirigir nuestros pasos y encontrar la felicidad que todos anhelamos. El mismo Dios se dio cuenta de nuestra luz insuficiente y fue capaz de enviarnos a su propio Hijo para que iluminase todos los rincones de nuestra existencia. “En esta etapa final nos ha hablado por el Hijo”. Ese Hijo ha venido a disipar nuestras tinieblas. “Yo soy la Luz del mundo el que viene detrás me mí no andará en tinieblas”.

El agradecimiento a Dios tiene que brotarnos espontáneamente de nuestro corazón, porque por el gran amor que nos tiene nos ha regalado luz suficiente.

Convertíos y creed la buena noticia

Estamos en los comienzos de la predicación de Jesús, de la predicación del “evangelio de Dios”, es decir, de las buenas noticas que nos quiere ofrecer para iluminar nuestra vida y llenarla de sentido. Sabemos que todas sus buenas noticias se resumen en una, de la cual se derivan todas las demás: el anuncio del Reino de Dios.

Jesús nos comunica que Dios no se conforma con ser nuestro creador, quiere  ser nuestro Rey y Señor, porque sabe que es algo muy bueno, lo mejor para todos nosotros. Se ofrece a ser nuestro Rey y Señor, quiere que le dejemos reinar en nuestro corazón para que él guíe nuestros pasos y encontrar así la felicidad deseada. Sabiendo que este Rey y Señor quiere ejercer su reinado no como un tirano sino como un buen Padre que nos ama entrañablemente. Rey y Padre se unen en él. Bien sabe Jesús que a las puertas de todo corazón humano hay otros realidades que llaman y quieren reinar en él: el dinero, el poder, el egoísmo… Pero son dioses y reyes falsos porque nunca proporcionan la felicidad que ofrecen.

Vemos que Jesús, ya desde el principio, quiere rodearse de colaboradores que prediquen y extiendan su buena noticia del Reino. Se hizo el encontradizo con Simón, Andrés, Santiago y Juan. Les invitó a seguirle y a anunciar como él la llegada del Reino de Dios. Y los cuatro “inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”.

Hoy Jesús nos invita a preguntarnos quién es el Rey y Señor de nuestro corazón, quién manda y dirige nuestra vida. Conocemos la respuesta que le gustaría oír.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Evangelio del sábado 7 de enero de 2023

Padre Pedro Brasessco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-17. 23-25

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea.
Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curó.
Y lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.

Reflexión del Evangelio de hoy

Un mandamiento nuevo: creer y amar

Según san Juan, Dios nos manda dos cosas: creer y amar. Nos pide “que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo (es decir, en que Jesús es el Hijo de Dios), y que nos amemos unos a otros”. Pero creer que Jesús es el Hijo de Dios significa aceptar a Jesús como aquel que viene de parte de Dios para mostrarnos el amor que Dios nos tiene, para encarnar en sí el amor mismo de Dios hacia nosotros.

Cuando creemos en Jesús, que en su realidad humana encarna el amor de Dios, acogemos este amor que se nos comunica y que nos hace capaces de amarnos también unos a otros. Esto quiere decir, ante todo, que el Espíritu de Dios está presente en nosotros, es decir, que vivimos en comunión con Dios; como dice san Juan: permanecemos en él y él en nosotros.

Además, cuando vivimos de esa manera, creyendo y amando, Dios atiende nuestra oración. La atiende porque coincide con lo que él quiere de nosotros, porque nos hemos ido identificando poco a poco con sus proyectos, con su mirada, con sus sentimientos. Lo hemos conseguido (mejor, lo vamos consiguiendo, con pausas, con frenazos, con desvíos o extravíos) a base de orar, es decir, de estar con él, de escuchar asiduamente su Palabra, de entrar paulatinamente en su inefable intimidad.

Una Buena Noticia: una gran luz viene a iluminar el mundo

El evangelio de hoy nos presenta el comienzo de la predicación de Jesús en Galilea. Él ya no está en Nazaret, donde se había criado, sino que se instala en Cafarnaún, ciudad de Galilea. Comienza una nueva etapa, presidida por el anuncio de la llegada del reino de los cielos o reino de Dios, que se va haciendo presente en las palabras y en las obras de Jesús.

La misión de Jesús se resume, a lo largo de este evangelio, en tres cosas: proclamar el reino, enseñar y curar. Es decir, Jesús va a transmitirnos la buena noticia de que el reino o reinado de Dios está cerca, va a enseñarnos a vivir de acuerdo con esa perspectiva y va a sanar con ello muchas de nuestras dolencias.

Unas dolencias que nos aquejan no tanto por falta de salud o por carencias materiales, sino por razones más profundas: pérdida del sentido de la vida, incertidumbre sobre el futuro, creciente inseguridad social, etc. Todo eso oscurece nuestra vida, llena de sombras nuestro porvenir.

¿Podrá el Dios que viene hacia nosotros hacer que se ilumine esta oscuridad? Esa venida nos promete un renacer de nuestra esperanza, una confianza incondicional en la misericordia de Dios, que es Padre nuestro. Él nos ha enviado a su Hijo como luz del mundo. Y  dice el Evangelio que a Jesús le seguían multitudes venidas de todas partes.

¿Descubrimos nosotros en sus palabras lo que descubrieron ellos, a saber: una gran luz para iluminar nuestra ruta, una promesa capaz de llegarnos al corazón y una fuerza que nos lleva a edificar juntos un mañana más justo y más conforme al corazón de Dios?

Fray Emilio García Álvarez O.P.
Convento de Santo Tomás de Aquino (Sevilla)


Evangelio del día

Evangelio del jueves 5 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Juan 1,43-51

En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice:
«Sígueme».
Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice:
«Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret».
Natanael le replicó:
«¿De Nazaret puede salir algo bueno?».
Felipe le contestó:
«Ven y verás».
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».
Natanael le contesta:
«¿De qué me conoces?».
Jesús le responde:
«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».
Natanael respondió:
«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Jesús le contestó:
«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».
Y le añadió:
«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

Reflexión del Evangelio de hoy

Somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño

Las lecturas en el día de hoy tratan de dejarnos algo realmente claro: «Estamos tocados por Dios». Con la voz del salmista se presenta el titular de la esencia del cristianismo: «Somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño». Por tanto, somos de Dios e instrumentos visibles de su Reino, cada vez que nos acogemos a esa Ley que ha grabado a fuego en nuestra alma: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros» (Jn13,34-45). Esencia visible de esa Ley grabada a fuego, es que somos capaces de llevar a los demás un amor que sana, que perdona, que escucha, que rompe los esquemas del egoísmo, de los protagonismos, de los intereses particulares, y nos lleva incluso a acompasarnos con el que entrega su vida por nosotros.

Este tiempo que acabamos de vivir, de celebrar: el Adviento y el Misterio de la Navidad, se esclarecen a la luz del Enmanuel «Dios-con-nosotros». Es todo un punto de inflexión para la humanidad entera. Dios se ha fijado en el ser humano y viene a mostrarle una forma de ser y de existir distinta: hacer vida el mandamiento que nos propone. De ahí, arranca esa primera lectura del apóstol san Juan. Las dificultades que se presentan en lo cotidiano para hacer vida ese proyecto de amor. Asignatura pendiente de todo ser humano. Curioso el contraste que presenta el apóstol para tratar de llevarnos a una reflexión profunda de nuestro ser cristiano.

Vino la Luz, la Vida, el Amor, la Paz al mundo y los corazones se cerraron, prefiriendo seguir acampando por una vida de tinieblas, sin sentido. Escogiendo alumbrar su corazón con la marchita luz del egoísmo, de la ambición, de la corrupción, de la fama o el triunfo. Caminar por la vida con una lamparita tan raquítica que apenas da luz, calor al grito de sentido que clama tu propio ser. Cerrar las entrañas a cal y canto, no comprender el proyecto revolucionario que nos trae un Dios que se hace pequeño, que nos habla de la dimensión del amor como hasta el momento no se había conocido: «ama aquellos que te hacen mal» que nos lleva realmente a la raíz de la dignidad del ser humano. Humanizados porque hemos experimentado en nuestro ser el amor de Dios Creador, del Dios que está con nosotros y nos hace de su misma esencia y rebaño.

Cuando estabas debajo de la higuera, te vi

Seguimos adentrándonos en el sentido de los textos que marca la liturgia en el día de hoy y se nos presenta un relato que nos narra una llamada vocacional a trabajar dentro del rebaño del Señor. La primera lectura nos ponía el acento en la venida de Dios con un mandato nuevo y ahora se nos muestra un encuentro. El ser cristiano y discípulo lleva aparejado consigo el proceso de discernimiento, maduración, crecimiento en la fe.

Esa es la realidad con la que va luchando Natanael, un israelita en el que no se encuentra engaño. Una persona podríamos decir íntegra que está buscando el sentido de la vida. Seguramente se habría interrogado acerca de las promesas que esperaba el pueblo de Israel, sobre los grandes interrogantes que a veces asaltan el corazón del ser humano. ¿Qué sentido tiene todo lo que estamos viviendo? La vida, la muerte, nos sorprendes con sus interrogantes y nos deja pensativos. En ese camino está el discípulo Natanael, que se nos muestra un tanto incrédulo ante la invitación de acercarse a conocer a Jesús.

Lo lógico es durar: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? ¿De qué me conoces? Así comienza todo un proceso de discernimiento, maduración y crecimiento en la figura del Maestro. Es precisamente el encuentro lo que transforma nuestra propia realidad.  El encuentro con Cristo da plenitud a nuestra vida, sentido a nuestra existencia y alegría a nuestro ser. Es lo que nos convierte por completo. Cambia radicalmente la pobreza de nuestros esquemas y al igual que expresa el apóstol Pablo, todo nos parece basura comparado con el vernos reflejados en la compasión de su mirada: «Más aún: todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él» (Ef 3,8-9).

«Ver cosas mayores» es elevar la mirada al proyecto del Reino de Dios. Esta vida con las tinieblas de sus interrogantes nos llevan a no ver claro el horizonte de sentido al que está llamado el ser humano. Sin embargo, en el encuentro con la mirada del Maestro nos eleva hacia una dimensión más profunda de sentido si nos dejamos transformar, pasar de la duda y el miedo a la confianza plena en haber encontrado el tesoro de nuestra vida. Encontrar una luz nueva y un brillo distinto porque comprendemos la densidad que lleva el mandato nuevo del Maestro. De aquel que te ve, que te mira con compasión, que te conoce y que te invita: «Me amas más que estos». En esa clave has encontrado el sentido y te sumas al proyecto del Reino de vivir y de ser en el amor.

Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P.
Real Convento de Nuestra Señora de Candelaria (Tenerife)


Evangelio del día

Evangelio del miércoles 4 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
«Este es el Cordero de Dios».
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
«¿Qué buscáis?».
Ellos le contestaron:
«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».
Él les dijo:
«Venid y veréis».
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».
Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:
«Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce: Pedro)».

Reflexión del Evangelio de hoy

En esto se reconocen a las hijas e hijos de Dios: porque practican la justicia y aman a sus hermanas/os

Los exegetas señalan como fecha probable de redacción de las cartas de Juan, en los últimos años del siglo I. Seguramente algunos años después de la redacción del cuarto evangelio.

Dada la situación  de división por la que pasaba la comunidad creyente, Juan, ve oportuno y necesario, que la comunidad tome conciencia que, lo central del mensaje es la persona de Jesús y las consecuencias éticas de la fe en Él.

Ante los hechos que dividen a la comunidad, Juan exhorta a todos y cada uno, que la maduración en la fe es un proceso  que los tiene que llevar a una adhesión vital a Jesús y a una certeza: “solo el amor salva”.

Por esto mismo, la justicia, es el instrumento adecuado y la única manera de poder liberar a los hermanos y hermanas, dada la situación de exclusión y empobrecimiento que vivimos.

Maestro, ¿dónde vives? – Ven y verás

Juan, sitúa a Jesús de Nazaret en camino, iniciando su misión. Su presencia no deja indiferente a nadie. “¿Qué buscas?”

Todas las personas, en algún momento de su la vida, se plantean interrogantes y preguntas, pues  muchas son las encrucijadas que encuentran y tienen que ir dando respuestas. ¿Qué busco? ¿Dónde puedo encontrar una referencia, un ideal que guie y de sentido a mi vida?

Para los primeros discípulos y para algunos seguidores de Juan el Bautista lo encuentran en Jesús de Nazaret: el Maestro, el Rabí, el Mesías esperado. Es tal el impacto que les produce  que nos dejaron por escrito la hora del encuentro: “Eran las cuatro de la tarde”. Hay encuentros en la vida que marcan, dejan huellas y te transforman.

No menos comprometido es hacer la pregunta: “¿Dónde moras?”. Ella lleva a grandes desafíos, a nuevos horizontes. Nos conduce a “su casa”, a la Sinagoga de Nazaret donde expone su proyecto de vida: “Yo vine para que todos tengan vida y vida en abundancia”. Estas palabras van dirigidas a ti y a mí en este momento de nuestra historia   

Porque “Yo,

-tuve hambre y me disteis de comer

-era emigrante y me acogisteis

-vivía en guerra y os manifestasteis por la paz.

-…….”

Hna. María del Mar Revuelta Álvarez
Dominica de la Anunciata


Evangelio del día

Evangelio del martes 3 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 29-34

Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dijo: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

Reflexión del Evangelio de hoy

Somos hechos hijos de Dios

Dios envió a su Hijo al mundo y quiere que seamos y nos llamemos hijos de Dios. Su amor de Padre nos quiere semejantes a ÉL, nos invita a ser santos y a obrar con justicia. En definitiva, este amor de Dios nos invita a la conversión. Dice el texto que todo el que practica la justicia ha nacido de Dios (1,29). Nuestro nacimiento humano ha sido un principio y nuestro nacimiento divino es algo completamente nuevo.

Explícitamente se dice que el mundo no nos conoce porque no le conoció a ÉL (3,1), ya que el que no ha descubierto a Dios no sabe de veras lo que es el hombre, pues su verdadera grandeza es el hecho de ser «hijo de Dios» y el que no conoce a Dios desconoce también lo que es esencial en el hombre.

Al mirar el amor que nos ha tenido el Padre, podemos llegar a rechazar el pecado y a vivir en santidad. Nuestro objetivo final es llegar a ser completamente semejantes a Jesús, identificarnos más y más con ÉL, parecernos a ÉL y moderar nuestro espíritu según ÉL. 

Según el autor de la primera epístola de San Juan hay tres condiciones para vivir como hijos de Dios: la primera romper con el pecado, la segunda guardar los mandamientos y la tercera guardarse del mundo; el texto que nos ocupa hace referencia a romper con el pecado, como conviene a los hijos de Dios, que han sido «justificados».

El pecado se insinúa en la vida cuando no tenemos presente a Jesús, porque cuando lo vemos y conocemos, no pecamos. Tenemos muchos momentos para verlo y conocerlo; lo vemos en el vecino, lo reconocemos en el prójimo, lo vemos en la palabra, lo conocemos al escucharlo, lo vemos en la fracción del Pan, lo conocemos al comer la Eucaristía, lo vemos en el pesebre, lo reconocemos en el Sagrario.

El salmista ante las maravillas del amor de Dios pone en nuestros labios un cántico nuevo invitándonos a la acción evangelizadora para que lleguemos a aclamar a nuestro Rey y Señor.

La humanidad reconoce la divinidad

Juan el Bautista ha sido enviado para señalar al Mesías, y al ver a Jesús que camina hacia él, lo presenta como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (v.29) y como Hijo de Dios que nos bautiza con Espíritu Santo. 

Habla del pecado en singular y el pecado es por excelencia, negarse a reconocer a Cristo como el enviado de Dios, aquel que ha venido a revelarnos la verdad; el pecado es estar ciego hasta el punto de no saber cuál es la voluntad de Dios sobre el hombre rechazando al nuevo Moisés. Esta ignorancia relativa al discernimiento sobre el bien y el mal es lo que el Cordero de Dios viene a quitar. Jesús carga el pecado del mundo y hace desaparecer el conjunto de los pecados del mundo, sobre la totalidad del pecado de la humanidad.

Juan, según lo cuentan los sinópticos, invierte los datos del relato del Bautismo de Cristo, ya que no es Jesús sino el Bautista (v.32) quien ve el Espíritu bajar, ya no es la voz celeste la que da testimonio de Cristo, sino el Bautista. También es Juan Bautista quien percibe el origen divino de Jesús al exclamar «era primero que yo» y es en verdad el Verbo de Dios, el Hijo engendrado, el que aparece humanamente en el tiempo, el que ha aparecido un día de la historia humana, el que celebramos en las fiestas de la Natividad.

Sigamos la llamada del Hijo de Dios que ha venido al mundo para que seamos hijos de Dios y por obra y gracia del Espíritu Santo podamos verlo y reconocerlo en cada momento de nuestras vidas.

Monjas Dominicas Contemplativas
Monasterio Stma. Trinidad y Sta. Lucía (Orihuela)