Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

….. sostiene que está vivo…

En el libro de los Hechos sabemos que Lucas narra principalmente la vida de las primeras comunidades cristianas, con una finalidad catequética. Ofrecer una visión de la comunidad que sirva de modelo a la siguiente generación de cristianos.

Pablo es uno de los seguidores de Jesús, al que llama camino de Damasco y desde entonces, se convierte en su testigo y apóstol “hasta los confines del mundo” según el mandato del Maestro.  Estos últimos capítulos del libro relatan la persecución que sufre Pablo por parte de los judíos, su encarcelamiento, su defensa.  En nuestro texto encontramos a Pablo en Cafarnaúm.

Su causa sigue su curso y será el nuevo gobernador, Festo que sustituye a Félix el que llevará adelante en proceso.  Es sometido a varios interrogatorios que dan a Pablo ocasión, no sólo de defenderse, sino de hablar de Jesús y su resurrección. Confiesa Festo en el informe que remite a Agripa, … “sólo le acusaban de cuestiones referentes a su propia religión, “habla de un tal Jesús, ya muerto y, que, según Pablo, está vivo.”

Pablo, ante la propuesta hecha por el gobernador Festo, de ser juzgado en Jerusalén, hace valer su derecho como ciudadano romano y pide ser juzgado en Roma por el Emperador. 

Pablo, que tantas veces arriesga la vida por dar testimonio de Jesús, defiende su derecho a ser juzgado con justicia. Es fiel a la llamada del Señor para ser su mensajero, para extender su Reino a través de sus viajes y visitas a las comunidades cristianas. Es consciente de que el designio de Dios se cumple muchas veces, a través de mediaciones humanas y es esa fe en Dios lo que le hace agotar todas las posibilidades de defensa. 

Pedimos la Señor a través de Pablo, nos de la valentía y el celo apostólico para extender tu Reino, para ser tu testigo allí donde se desarrolle mi vida.

¿Me amas?

 De nuevo, después de comer, con los suyos, y a orillas del lago de Tiberiades, surge o más bien Jesús provoca un diálogo con Simón Pedro.

Dejamos los estudios de exégesis que se centran en las tres formas de pregunta y respuesta en el diálogo de Jesús y Pedro. El contexto, en el que se encuadra este diálogo lo sabemos bien, lo hemos venido recordando y nos ha iluminado toda la semana de pascua. Jesús sorprende a los suyos, y a nosotros, les abre los ojos del corazón y le descubren, aunque con otra apariencia física, pero con signos evidentes de que es El. “Señor y Dios mío” (Jn 20,28) manifiesta un incrédulo Tomás. “Es el Señor” (Jn 21,7) y corre a su encuentro, a través de las aguas, un impetuoso Pedro. “¿no ardía nuestro corazón…?” (Lc 24,32) Se preguntan los de Emaús.

Pero me voy a referir al contexto no tan inmediato a esta escena de nuestro texto. “no conozco a ese hombre” (Mt 26,72) contesta Pedro que, con anterioridad había dicho a Jesús,” aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré” (Mc 14,31).

El hecho de negar Pedro a Jesús no pasa desapercibido en ninguno de los evangelios, lo destacan como un hecho relevante. Para nosotros, a través de estos textos, Pedro nos reconcilia con nuestra propia fragilidad. A pesar de nuestros arranques de generosidad, de nuestros buenos deseos y propósitos también somos capaces de caer ante la más insignificante propuesta o cualquier viento que sople en contra,  hace tambalear nuestras convicciones,

Jesús, en este maravilloso diálogo, después de celebrar la comida de la fraternidad, le da a Pedro la posibilidad de reconciliarse consigo mismo. Jesús le da la oportunidad de una triple confesión de amor que borre la triple negación. Y Pedro, impulsivo, capaz de dar la vida por Jesús con viento favorable, confiesa mucho más humilde. Señor “Tú lo sabes todo, sabes que te amo”

Jesús le confiere una autoridad, como cabeza de la Iglesia, pero sólo después de establecer con Él, el principio más importante de toda autoridad, de todo servicio, el amor con el que se debe de gobernar, el amor con el que se debe de cuidar a los que se ha confiado, estén en un lado o estén en otro.  La autoridad desde la Iglesia y ante cualquier ejercicio de autoridad sólo se sostiene desde el Amor.

Señor, que sepamos escucharte, limpia nuestros oídos de tanto ruido como nos envuelve, deja sitio en nuestro corazón para que resuene allí tu voz y nos abramos al diálogo contigo. Oigamos que, llamados por nuestro nombre, podamos responder, si Tu sabes todas las cosas, sabes de mi fragilidad, pero estoy contigo en un proyecto que es el Tuyo, hacer de este mundo, el mundo que tú quieres, adherirme a tu programa de vida que tú me propones. Crear fraternidad allí donde me encuentre. Gracias Señor por Tu Palabra.

¿Cómo es mi respuesta?

Hna. Mariví Sánchez Urrutia
Congregación de Dominicas de La Anunciata.


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

No estamos solos

Saulo ¡El temido Saulo! El perseguidor de los cristianos, el que odiaba a Jesús y a sus Discípulos, el que incansable iba por los caminos tras los que predicaban la Palabra para acabar con ellos… hasta que se encontró cara a cara con Él, hasta que vio la Luz y escuchó la Voz. Ya no volvió a ser el mismo.

Hoy lo vemos siendo juzgado por Roma ante sus compatriotas judíos y se nos viene a la memoria el Juicio de Cristo ante Pilatos ¿Quién le iba a decir a él, Pablo de Tarso, que se vería así por predicar y defender la Palabra de Dios enseñada por el Hijo? Su transformación es total, absoluta. Eso es lo que tiene encontrarse con Cristo cara a cara: que la vida no vuelve a ser la misma. Pablo es un hombre nuevo, consagrado a dar a conocer el Evangelio, a convertir a los hombres a la Verdad. Pero él solo no hubiera podido, sin la ayuda de Jesús no hubiera sido capaz. En esta empresa no estaba solo: Dios estaba con él.

Nosotros nunca debemos sentirnos solos, tenemos que ser conscientes de que Dios siempre está a nuestro lado aún en los momentos más difíciles (como Pablo ante los que le acusaban) y que es la presencia de Dios la que nos ayuda y nos da la fuerza para seguir adelante.

Seamos todos uno en Cristo

Conmovedor, enternecedor ver a Cristo pidiendo por nosotros. Por ti, por mí, por todos. Invocando al Padre, poniéndonos en sus manos, encomendándonos a Él. Solo un amigo con mayúsculas se preocupa tanto por los suyos. Y Jesús pide al Padre para nosotros lo mismo que Él ya tiene: la unidad con Dios, la unidad entre nosotros, la unidad y la Gloria compartida.

Una sola Iglesia, un mismo corazón. Las divisiones debilitan, destruyen, solo permaneciendo en unidad una empresa, un objetivo, un trabajo llega a buen fin. Y si esa unidad es en el Amor, en el Corazón, el éxito está garantizado. Y la Salvación del Mundo es la mayor empresa, la más colosal. Para eso vino Cristo al Mundo: para que se salvara del pecado. Y para ello se valió en primer lugar de los Doce, ellos serían los encargados de dar a conocer en primer lugar la Buena Nueva y detrás de ellos todos aquellos discípulos que fueron creyendo en la Palabra. Y así hasta hoy.

En esta impresionante oración Jesús le pide al Padre que nos tenga el mismo amor que le tiene a Él y lo hace poniéndose de valedor nuestro, rogando a Dios que nos ame igual que le ama a Él ¿No es emocionante? ¿No es para estar dándole gracias a todas horas? Este amor que Cristo nos tiene culminará en el Gólgota, en la Cruz, algo que a veces, por conocido, podemos no valorar en su grandeza y generosidad. “Nadie ama tanto como el que da su vida por sus amigos” Y Jesús la dio pero también pidió al Padre que nos amara hasta el infinito aún en los peores momentos: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”.

Correspondamos a Jesús con la unidad, con el ser uno solo con Él, olvidando rencillas, puntos de vista y divisiones que no llevan a nada. Pongamos en práctica lo que tantas veces recitamos en el Credo: que creemos en Una Santa Iglesia Católica.

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Os encomiendo a Dios, para haceros partícipes de su herencia

En esta lectura se insiste en la importancia de la Comunidad. Con qué espíritu tan auténtico las primeras Comunidades cristianas se apoyaban, se animaban y ayudaban las unas a las otras, sobre todo, en circunstancias adversas, en la dificultad y ante el ataque del demonio. Está claro, que para ser fuertes y así vencer al enemigo, tenemos que estar unidos y querernos. Esta responsabilidad no sólo es de los presbíteros, si no de cada uno de los cristianos: cuidar, velar, enseñar al hermano que camina a mi lado, porque hay más dicha en dar que en recibir. Cuando se tiene bien arraigado el espíritu comunitario, no nos centramos en nuestros caprichos y egoísmos, es decir, en nosotros mismos, sino que brota el impulso generoso de donarnos totalmente, de buscar constantemente el bien de los demás, por encima del propio interés.

Este fragmento también nos describe la despedida de San Pablo a los Efesios. Es como una confesión de corazón; les da consejos y les encomienda a Dios. Entre los consejos que les da hay uno muy importante: y es que nadie puede predicar para atraer discípulos para sí. Nuestra misión, como fue la de la Virgen: es llevar los corazones a Jesús; que no nos sigan a nosotros, sino al Señor. Esta lectura nos sugiere una pregunta: “¿cómo me gustaría despedirme de los míos cuando vea ya cercana la muerte?”

Tu Palabra es Verdad…

En este pasaje del Evangelio de San Juan nos recalca Jesús, lo esencial que es la unidad y pone de ejemplo la comunión de Amor que existe entre el Padre, el Espíritu Santo y Él (koinonía Trinitaria). Nos insiste que debemos cuidar de la  Comunidad a la que pertenezcamos, bien: parroquial, religiosa o familiar. Nuestra misión, como bautizados, es llevar la luz de Cristo, su mensaje de amor a todas las personas, sin distinción.

Los que viven de una manera mundanizada, descartan a los que han escuchado la Palabra de Dios en sus vidas, porque no siguen sus opciones, criterios u orientaciones que son totalmente opuestas a la voluntad de Dios. Jesús nos deja bien claro, que tenemos que vivir en medio del mundo, sin pretender escaparnos, siendo esto una excusa para nuestro compromiso, sin  apoyarnos en nuestras fuerzas, sino confiando en Él, en su poder, en su Palabra. Él nos guía y nos acompaña en nuestra búsqueda constante. También nos da libertad para que decidamos por nosotros mismos. Nuestra santidad es Él, la Verdad es Él, por lo tanto, el Camino y la Vida es Él, solo nos queda elegir la opción que sea más acorde a lo que Él amorosamente ha pensado para cada uno de nosotros, porque Cristo tiene que ser nuestro estilo de vida de día y de noche.

Monasterio de Santo Domingo – Dominicas
San Sebastián


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Soy yo quien os he elegido

El relato del discurso de Pedro para la elección de Matías de esta primera lectura, nos invita a comprender el sentido de esta apostolicidad de la Iglesia. Lectura que, puesta en el tiempo de la Pascua, lo sitúa en la vida de la Iglesia naciente.

Era necesaria la condición de haber acompañado a Jesús durante su vida pública que comienza con el bautismo de Juan, y haberlo visto resucitado. Y haber sido elegido agregado al grupo de los doce, que significa, por la referencia al número de las tribus de Israel, la nueva reunión mesiánica en torno al mesías reconocido como Hijo del Dios vivo.

Toda la liturgia insiste en el tema de la elección: “que podamos alegrarnos  de tu predilección al ser contados entre tus elegidos”; “dígnate recibirnos en la parte de la suerte de tus santos”.

Damos gracias a Dios por haber sido elegidos también nosotros entre millones de hombres, para esta comunión de fe apostólica, pues es un sentimiento inspirado en la celebración de esta fiesta. A la gratuidad de la elección ha de corresponder igual gratuidad por nuestra parte.

Yo os amé primero

En la fiesta de San Matías la Iglesia nos invita a meditar sobre el sentido profundo de nuestra vocación cristiana. Allá donde muchos cristianos no ven más que la pesada carga de unos mandamientos, Jesús nos invita a descubrir el misterio más profundo de la vida divina, que es el amor.

La víspera misma de su muerte Él se ve a sí mismo envuelto en un amor infinito y sujeto a una sola misión: transmitir a todos sus hermanos y hermanas ese mismo amor.

Creer en este  amor y vivirlo día a día produce un fruto infalible: una profunda alegría. Aquí Jesús nos revela su secreto más íntimo: si fue pobre y desprendido de todos los bienes de este mundo, no lo fue por un absurdo deseo de mortificarse, sino porque estaba literalmente sumergido por una alegría tan grande que todo lo de este mundo pasaba totalmente inadvertido. Y sólo deseaba una cosa: vernos disfrutar de esa misma alegría.

“Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a su plenitud”.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Convento de la Virgen del Camino (León)


Evangelio del día

Padre Pedro Bracessco
Reflexión del Evangelio de hoy
Tened valor

Creer es ir en busca de la confianza interior; estar convencidos de la experiencia vivida con Jesús Resucitado. No siempre esa confianza está llena de valor. El miedo, la persecución, las injusticias, los momentos en que el desasosiego está presente parecen hacer mella en nuestro espíritu y no nos permite ver claro cuando la confusión se apodera de nosotros.

Los discípulos no comprendían bien el lenguaje metafórico de las parábolas que Jesús utilizaba para explicarles la presencia del Reino de Dios en nuestras vidas. Así se lo expresan al Maestro. Jesús les pregunta ¿Ahora creéis? y además añade que quedará sólo cuando los acontecimientos de la pasión se reflejen en la historia con toda su crudeza.  La dispersión y la cobardía será el proceder de los discípulos cuando el Hijo del hombre sea alzado sobre la tierra.

Por eso les dice: «Tened Valor», porque en el mundo tendréis muchas luchas. Mirad sobre todo una cosa: «Yo he vencido al mundo». A pesar de esas palabras de aliento, los discípulos no estuvieron a la altura de los acontecimientos de la pasión y muerte del Hijo de Dios. No tuvieron valor. Su fragilidad, su debilidad se manifestó en la huida, en la traición, en la soledad del Maestro.

Es difícil tener valor cuando se presentan tiempos adversos con tanta crueldad. Estamos presenciando momentos de guerra tanto en Oriente como en Occidente; los que hoy son refugiados a causa de esos conflictos bélicos no están faltos de valor, porque hace falta mucho coraje para emprender un viaje incierto a un país extranjero para mantener a la familia unida; al menos con vida. Hace falta mucho coraje para soportar el hambre y la sed para seguir viviendo en condiciones tan precarias.

Los crucificados de hoy son los que padecen las consecuencias de tales guerras injustas. En tales condiciones, no pocos tienen una mirada que lanzan a Dios con desesperación; sus gritos de auxilio son constantes y desgarradores. La paradoja de esta situación injusta es que estas personas tienen un sentido mayor de una vida digna; sus gritos de paz son más auténticos que los que se proclaman en otras ciudades adormecidos por la indolencia. También es una paradoja que caminen hacia un éxodo interminable para defender a sus familias, cuando en otros países la familia ha pasado a ser una institución relativizada. Hace falta valor para mantenerlos vivos y unidos.

Esos hombres y mujeres son los que vencen al mundo con Cristo. Su mirada de fe, no es una mirada distorsionada, ni tampoco disgregada. Esas vidas hay que mirarlas con coraje, contemplarlas con admiración, y escuchar los gritos que elevan al cielo para que Dios les escuche.

Oremos por la paz, por los valientes de corazón, por los que muestran el coraje en la vida. Para que no desfallezcan en su búsqueda de Dios y de una vida más digna; que su fe sea inquebrantable para recorrer el éxodo de su liberación y que encuentren en Dios el consuelo ante tantas desgarradoras y crueles experiencias.

Fray Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Al escuchar a Pablo, creían y se bautizaban


Son los tiempos difíciles del inicio de los seguidores de Jesús de Nazaret. Los predicadores del evangelio no lo tienen nada fácil. Predican una visión de Dios que es, como nos dice Pablo: “Locura para los judíos; necedad para los griegos”.
Pero Cristo sigue progresando, son muchos los judíos que se oponen y tratan de apedrear a los predicadores, de quitárselos de en medio. Son los mismos personajes y las mismas ideas que llevaron a Jesús a la cruz. Parece que no hay nada nuevo bajo el sol. Este problema se reproduce ahora mismo en nuestro mundo, dentro de nuestras sociedades inmediatas; en nuestras propias comunidades. Vemos sacerdotes que, con el beneplácito de algunos prelados, rezan, y piden al pueblo que recen, pidiendo la rápida muerte del Papa Francisco.
¿No nos recuerda esto la forma de actuar de los judíos con Jesús, con Pablo y con tantos evangelizadores de Corinto, de Roma y de cualquiera, o muchas partes del mundo. Las sociedades, sobre todo entre presuntos fieles seguidores de Jesús, se oponen a aceptar otras formas de dar culto a Dios. ¿Cuántas veces hemos oído: “siempre se hizo así”? ¿Nos suena?
Vuestra tristeza se convertirá en alegría
No es extraño, según nos cuenta San Juan, que los discípulos no entendieran aquellas enigmáticas palabras. Realmente Jesús anuncia sucesos inmediatos que sus apóstoles van a conocer en pocos días, pero que son incapaces de entender: ¿Quién de nosotros, si esperamos un reino mesiánico brillante, con Jesús de rey poderoso y dominador, podríamos pensar en los días y sucesos que se avecinaban?
En la mente de los apóstoles estaba más la idea del triunfo y el poder que una terrorífica pasión. Así podemos entender que la madre de los zebedeos pidiera sendos ministerios para sus hijos y que los demás se enfadaron porque esperaban lo mismo. ¿Acaso no son esos también nuestros deseos “casi” ocultos? 
Después de Pentecostés, recibida la luz del Espíritu Santo, podremos entender este pasaje del evangelio de San Juan, pero para los que lo escucharon era ininteligible, y apóstoles y oyentes, no podían saber el significado de aquellas enigmáticas frases que van a rematar con aquel “me voy al Padre”
Jesús hace cosas raras: hace unos días se ha producido la entrada en Jerusalén, y en los apóstoles ha renacido la esperanza del triunfo mesiánico. Les anuncia que el Hijo del Hombre va a ser nuevamente glorificado. Poco después se arrodilla delante de ellos para lavar sus pies y anuncia las negaciones de Pedro y la huida de todos ellos dejándolo solo. Para aquellos rudos galileos, aquella actitud de Jesús es confusa y no saben a qué carta quedarse.
Puede que nosotros estemos también un poco desorientados ante el desarrollo de la vida de Jesús, su muerte y posterior resurrección. Puede que estemos esperando un nuevo Pentecostés personal que nos aclare las dudas. Vana esperanza: el Espíritu Santo ha venido ya, y sigue viniendo, solo nos falta abrir los ojos del alma, mirar dentro de nosotros y allí encontrarlo. Solo tras este encuentro llegaremos a reconocer al Dios que nos habita y que nada tiene que darnos porque ya nos lo dio todo.
Si ahora estamos tristes, miremos en nuestro interior, porque si buscamos al Señor y lo encontramos, la tristeza se cambiará en alegría, porque ahí sí, al menos, lo podremos atisbar y cuando esto suceda será la hora en que cumple que, siguiendo el salmo, cantemos al Señor un cántico nuevo, porque sigue haciendo maravillas.

D. Félix García O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de Viveiro (Lugo)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Renovar nuestra confianza

Los relatos del Libro de los Hechos no permiten ver como la comunidad cristiana primitiva afronta los desafíos de la misión; Es en los momentos de prueba y de persecución cuando se experimenta más cercana la presencia del Señor. Es tiempo para renovar la confianza y afianzarse en la fe. El relato nos presenta a Pablo y Silas en oración al estar encarcelados. De manera particular las palabras del salmista nos permiten iluminar esa situación que están viviendo: «Daré gracias a tu nombre por tu misericordia y tu lealtad. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma.»

El Papa Francisco nos ayuda a reflexionar sobre la oración de súplica: «La súplica, se convierte en un momento de íntima comunión con Dios, donde nuestra vulnerabilidad se encuentra con su infinita misericordia y amor: a través de ella, aprendemos a confiarnos más profundamente en Dios, encomendándole toda nuestra vida, nuestras preocupaciones, nuestras esperanzas y nuestros deseos.»

Jesús nos promete el Espíritu

Jesús anuncia su regreso al Padre. El retorno al Padre es la ratificación de Dios sobre la justicia manifestada en la vida y la muerte de Cristo. El Señor promete que enviará el Espíritu Santo, como un abogado, que acompaña la vida de la Iglesia. Como nos recordaba José Comblin: «El Espíritu ha sido enviado para suscitar el reino de Dios en el mundo. La Iglesia está al servicio de esta tarea. Solamente el Espíritu es el que les da energías para vivir la resurrección en este mundo.»

Será el Espíritu Santo quien nos fortalecerá en el Amor para ser testigos en el tiempo y las circunstancias que nos toca vivir. Que la promesa de Jesús nos ayude a hacer nuestras las palabras de Don Hélder Camara: «El “otro mundo posible” sólo vendrá si lo soñamos juntos y nos vamos esforzando entre todos por plasmarlo. Sueño que se sueña solo puede ser pura ilusión. Sueño que se sueña juntos es señal de solución. Soñemos juntos.»

Fray Edgardo César Quintana O.P.
Casa Stmo. Cristo de la Victoria (Vigo


Evangelio del Dia

Padre Pedro Brassesco
“ Ya no os llamo siervos, os llamo amigos 

Introducción

Hay una palabra que resuena en las lecturas de este domingo: “amor”.  ¿Pero no pensáis que es una palabra que aparece algo desgastada de tanto usarla o por no usarla bien? Sin embargo, Jesús la escoge para decir cómo es Dios. Dios es amor y por ello es una realidad fácilmente comprensible, accesible porque ¿quién no entiende qué es el amor? ¿Quién no desea ser amado?

En su discurso de despedida Jesús interpreta su vida y su muerte como dos momentos de un único acto de amor. Lo que ha movido su vida es lo que ha recibido del Padre: el amor más grande. El amor capaz de “dar la vida por sus amigos”, el amor que da vida olvidándose de sí mismo. El amor que Jesús relaciona con la amistad. En castellano, la palabra amigo comparte raíz con la palabra amor y con el verbo amar. El amor de Jesús nos envuelve, pero la garantía de permanecer fieles en ese amor es su origen. Aunque pensemos lo contrario, el amor que sentimos por Jesús no nace en nosotros, sino que provine de Dios. Viene lo alto, porque Dios es amor. Y como dirá la Escritura: “todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios”.

Estamos en el mes que tradicionalmente recordamos como mes de María. Recordar a María significa siempre acoger al Espíritu Santo, protagonista del tiempo de Pascua. Vivir a la sombra de la Palabra de Dios que tomó carne en su vientre virginal. Contemplar a y con María es volver a Jesús y a la alegría del evangelio, porque María nos dice constantemente “Haced lo que Él os diga”, creced en capacidad para la ternura, que es la forma más madura del amor humano. La ternura de Dios no hace aceptación de personas, como nos ha recordado la primera lectura. Fruto de la Pascua, la Iglesia es el Pueblo de Dios donde cabemos todos, todos, todos.

Fray Xabier Gómez García O.P.
Convento de Santo Tomás de Aquino «Olivar» (Madrid)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Mantenerse en la Palabra

El pasaje de la carta a los Corintios que nos regala la liturgia hoy nos centra en el contenido de nuestra fe. ¿Cuál es el mensaje de salvación que he recibido, el que transforma mi vida y me hace seguir a Jesús por el camino de la fe? Pueden resonar muchas palabras en mi cabeza, he aprendido muchas cosas sobre Dios, pero ¿qué es lo que me resuena más adentro, lo que me conmueve y me mueve?

Las palabras de Pablo se dirigen hoy a mí: “el Evangelio que te anuncié y que tú aceptaste”, “el que te está salvando, si te mantienes en la palabra anunciada”.  No son palabras huecas, se trata de aceptar y mantenerse en esa Palabra anunciada. Cuando la fe es sencilla e ingenua es fácil, rezamos oraciones aprendidas, cumplimos mandamientos y frecuentamos sacramentos. Cuando la fe va madurando todas estas cosas pierden sentido a veces y necesitamos profundizar. Dice san Agustín que “tenemos un solo Maestro…el verdadero Maestro habla desde dentro”; “no andes por fuera. No te desparrames. Adéntrate en tu intimidad. La verdad reside en el hombre interior”.

Sólo la propia experiencia de encuentro con Él nos salva y aumenta nuestra fe. Entonces podremos volver con una nueva ingenuidad, más sabia y humilde, a rezar con el corazón esas oraciones de siempre, a vivir la compasión con la certeza de firmes valores fundamentados en el Evangelio y acercarnos a los sacramentos, que son la puerta abierta para el encuentro con Cristo en quien creemos, al que amamos y seguimos. Aceptar y mantenerse en la Palabra anunciada.

Permanecer en Él

Hoy celebramos la fiesta de dos de los discípulos de Jesús: Felipe y Santiago. El Evangelio nos habla de Felipe y relata un precioso diálogo que tiene con Jesús. Felipe es un hombre de gran fe, seguidor fiel y convencido, inquieto por comprender más a su Maestro.  “Señor, muéstranos al Padre, y nos basta”. No necesita grandes argumentos, pero no se ha dado cuenta de que ya se le ha dado a conocer eso que pide. La fe no es cuestión de aprender conceptos o de aceptar dogmas. Se trata de buscar y descubrir, en un continuo camino que nunca termina.

“Yo soy el camino, la verdad y la vida”, les dice Jesús a los discípulos en este testamento que desarrolla el Evangelio de Juan. “Hace tanto que estoy con vosotros ¿y no me conoces, Felipe?” nos sigue diciendo a cada uno de nosotros hoy. “El que me ve a mí, ve al Padre”. Para entender cómo funciona el corazón de Dios tenemos que acercarnos a Jesús, su mensaje, su forma de entender al ser humano, la vida, a Dios. Ahí está el fondo del seguimiento.

Jesús nos revela la verdad sobre Dios y sobre nosotros mismos. Dios es nuestro Padre, nosotros somos sus hijos y, entre nosotros, somos hermanos. Jesús es vida y sella con su propia vida el amor de Dios por nosotros. Jesús es camino y nos llama a recorrerlo. Incluso podemos escuchar estas palabras sin que nos impacte demasiado, o lo podemos hacer un discurso piadoso, teológico o pastoral, pero poco creíble como buena noticia si no lo vivimos con autenticidad. El reto, la llamada, la pregunta es: “¿todavía no me conoces?”. Dios anida en el fondo de mi vida, habita en mi corazón y me ama profundamente. Esa experiencia descubre mi verdad, lo bello y bueno que hay en mí, en el hermano, en lo creado.  Me da vida, fuerza, audacia y confianza. “Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré”. Me enseña el camino para llegar al otro también y sentirle.

Hna. Águeda Mariño Rico O.P.
Congregación de Santo Domingo


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

“ Permaneced en mi amor 

Permanencia y plenitud

En este pasaje, el evangelista Juan, hace hincapié en que no basta con amar, sino que hay que perseverar de forma constante en él, “permanecer en mi amor”, repite un par de veces. Porque ese Amor, que viene del Padre y Jesús nos transmite, no puede ser desperdiciado, no podemos ir, “ahora sí”, “ahora no”. Hay que ser valientes y perseverantes en nuestro compromiso y así, la alegría y el gozo, alcanzaran la plenitud de nuestro corazón.

Jesús destaca la importancia de permanecer en su amor. Esta permanencia implica una relación continua, no ocasional. Al seguir a Jesús, los discípulos son llamados a mantener una conexión constante con él. Esta conexión profunda y sostenida con Jesús, que también nosotros estamos llamados a cuidar, es una fuente de alegría, ya que implica vivir en la verdad de su amor y experimentar la felicidad y la plenitud que provienen de vivir la vida como hijos e hijas de Dios.

En resumen, estos versículos enfatizan la centralidad del amor en la enseñanza de Jesús y la conexión inseparable entre el amor y la alegría en la vida del discípulo. Es un llamamiento para vivir en amor mutuo, arraigados en la relación con Cristo, y encontrar gozo en ese amor pleno y comprometido.

¿Qué frutos veo en mi vida de vivir con compromiso el amor de Dios? ¿Qué signos de alegría y felicidad encuentro en mi vida que son derivados del seguimiento de Jesús?

¿Construyo una iglesia inclusiva?

Fraternidad Laical de Santo Domingo de Valencia