Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Encuentro con la sabiduría existencial

Preparando esta reflexión sobre las lecturas de esta fiesta, en Alba de Tormes, donde Santa Teresa de Ávila está enterrada, llega la noticia que están abriendo el sarcófago donde yace. Las razones son múltiples, pero me llamó la atención, cómo desde el punto de vista creyente, lo hacen, para que no se olvide el legado espiritual, renovado y místico que dejo la santa.

Esta monja andariega, que recorrió muchos caminos para impulsar y renovar la vida contemplativa carmelitana, buscó y descubrió, cuál era la fórmula para la renovación espiritual, social y religiosa de aquellos tiempos. Tiempos duros de enfrentamiento cultural y religioso, donde predominaba la imposición, la intolerancia, el fanatismo. Deseando abandonar el país para evangelizar, comenzó su caminar, su viaje de fe, que la llevo a descubrir, experimentar lo que es caminar con una sabiduría existencial.

Sabiduría existencial que no es mucho saber, que no es algo doctrinal, sino que es encuentro con Alguien, que da una fuerza sanadora, que provoca en la persona, que se deja encontrar, admiración y enamoramiento, para que sea ese Alguien el que dé las fuerzas necesarias para afrontar toda la vida y sus circunstancias. Esa sabiduría es la que hace que nuestras relaciones con Dios con los demás, y con nosotros mimos sean sanas.

De esa sabiduría es la que habla la primera lectura: “ella sale al encuentro como una madre, si se apoya en ella no vacilará, si se aferra a ella no quedará defraudado”.  Por aferrarse a ella y actuar desde esa sabiduría existencial, a nuestra santa le hace exclamar. “Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene nada le falta. Solo Dios basta”

Actitudes necesarias para la búsqueda y el encuentro con la sabiduría existencial

En el evangelio vemos cómo Jesús da gracias pues va descubriendo quiénes le entienden, le comprenden. Son la gente sencilla la gente que agobiada acude a Él, que la gente humilde, no sabe muchas cosas, pero se acerca a Él y le descubre.  descubren su misión y descubren la sanación que provoca en ellos.

Ese descubrimiento le hace provocar unas invitaciones: todas nos dicen lo mismo: “Venid a mi” los que nos sentimos agobiados, fatigados. Nuestra vida nos produce fatiga, agobios, dificultades y en el encuentro con Él, nos sentiremos aliviados.

Como nos libera hace la llamada a descubrir que Él no impone, sino que su yugo es llevadero y la carga es ligera. Nos propone hacernos la vida, más ligera haciendo la vida más humana más sana, más digna. Jesús nos libera de miedos y prejuicios, que nos hacen vivir intranquilos y mal.

Finalmente, nos invita a aprender de Él. Es el mejor maestro para vivir la vida con una sabiduría enseñada, vivida y experimentada. Hemos de aprender a vivir como él. No propone a sus seguidores algo que Él no vivió. 

Santa Teresa descubrió en el encuentro con Jesús una fuerza especial para actuar y renovar su vida y la de los demás. El Sinodo de la Sinodalidad tiene esta intención, renovar pastoralmente a la Iglesia, para ello, como la santa, dejémonos encontrar con Jesús y aprendamos de Él. No tenemos un maestro mejor. Ni otra fórmula mejor para renovarnos y renovar nuestra pastoral.

Fr. Mitxel Gutiérrez Sánchez O.P.
Convento de S. Valentín de Berrio Ochoa (Villava)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Acabo de leer un breve ensayo del moralista del siglo XIX John Stuart Mill titulado “Sobre la utilidad de la religión”. En su desarrollo, mantiene Mill la tesis de dos cristianismos, a saber, el de los evangelios y el que él llama “paulinismo” (esto es, el de las epístolas paulinas que componen la mitad del Nuevo Testamento). En su ideario, el primero (a sus ojos el verdaderamente valioso desde el  punto de vista de la moral que propone) habría quedado postergado por el “paulinismo” que habría preponderado en los estadios de formación de la Iglesia y que sería de una calidad moral inferior.

En un punto efectivamente acierta Mill, el que el influjo de Pablo fue decisivo en la conformación de la teología eclesiástica hasta el punto de que puede afirmarse confiadamente que el paulismo es la teología que dio forma al cristianismo que habría de perdurar hasta hoy. No obstante, Mill se equivocaría parcialmente al distanciar demasiado la teología (y la consiguiente propuesta moral) de los evangelios de la visión paulina; ciertamente esto no se da en absoluto en el evangelio de Juan, que, siendo el más tardío, explicita un contenido teológico más desarrollado, teología que no es sino la paulina. ¿Cuál seria, frente a esta teología paulina, la alternativa a considerar? La previa a Pablo, esto es, la teología heredada del Antiguo Testamento, la cual ciertamente, se encuentra más presente en los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas, aunque entreverada dentro de una matriz teológica paulina.

Obviamente no vamos a entrar en este espacio a delimitar los caracteres de ambas teologías, pues no es mi pretensión, pero notemos que en la liturgia de hoy tenemos precisamente una representación de ambas teologías en las dos lecturas. En la primera, Gálatas, queda patente la clave del planteamiento teológico de Pablo: la libertad. La libertad, ¿con respecto a qué? Con respecto a la Ley antigua, la Ley del Antiguo Testamento, la cual determina una imagen de Dios, el Dios del Antiguo Testamento, frente al cual, el Jesucristo de Pablo define una imagen nueva de la divinidad y, lo que es más relevante para un moralista como Mill: define una actitud moral nueva marcada por esa libertad respecto a la Ley antigua (o lo que es lo mismo respecto a una idea veterotestamentaria de Dios)

Por su parte, el pasaje extraído hoy del evangelio de Lucas, expone rasgos de la teología heredada del Antiguo Testamento (la Ley y los Profetas), en la que se enraíza la tradición de la nueva religión.

Dicho lo cual, si hacemos la prueba de leer sin gran detenimiento ambas lecturas seguidamente y hacemos una encuesta a continuación pidiendo escoger de forma espontánea una de ellas, sería muy probable que la mayoría de los lectores escogieran sin mayor deliberación la carta paulina. No es necesario hacer muchas cábalas para explicar el porqué de esta estadística: simplemente nos suena mejor, nos resulta más grato. Se trata de la diferencia entre la positividad del lenguaje (y del contenido que este expresa) de la carta de Pablo (la mera idea de libertad, sin más explicación atrae nuestra simpatía) versus la negatividad contenida en el pasaje del evangelio, tanto en su tono, como en la materialidad del mensaje que manifiesta. Retomando la explicación anterior, es fácil advertir que ambos textos están poniendo delante de nosotros dos teologías, esto es, dos ideas de Dios que no se concilian fácilmente y entre las que nos sentimos impulsados a escoger.

Pablo hizo lo propio: escogió, y en su escoger, realizó una propuesta arriesgada; a su entender, el cristianismo naciente había de elegir entre mantener la idea de Dios heredada del Antiguo Testamento y contenida en la Ley (una imagen ambigua de misericordia-venganza) o separarse radicalmente de esta imagen y configurar desde Cristo una imagen rotundamente nueva, con un lenguaje nuevo, una compresión nueva y, especialmente, una vida nueva para el creyente en tal concepción de Dios, vida que Pablo caracteriza como la vida del hombre que se sabe poseedor de una conciencia libre y sin temor.

Podríamos ahora encararnos con Mill y preguntarle si sigue pensando que la propuesta moral paulina es en sí inferior a la de los evangelios. También podríamos preguntarle si entiende ahora por qué fue la teología paulina la que se impuso en la construcción de la Iglesia; para nosotros la respuesta es clara: porque supieron elegir.

Fr. Ángel Romo Fraile
La Virgen del Camino (León)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión sobre la Oración del Rosario en este mes de octubre:

“Hoy, juntos, confirmamos que el santo rosario no es una práctica piadosa del pasado, como oración de otros tiempos en los que se podría pensar con nostalgia. Cuando se reza el rosario, se reviven los momentos importantes y significativos de la historia de la salvación; se recorren las diversas etapas de la misión de Cristo. Con María, el corazón se orienta hacia el misterio de Jesús. Se pone a Cristo en el centro de nuestra vida, de nuestro tiempo, de nuestras ciudades, mediante la contemplación y la meditación de sus santos misterios de gozo, de luz, de dolor y de gloria.”

(Benedicto XVI. Alocución en Santa María la Mayor. 3 mayo 2008)

D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.
Fraternidad “Amigos de Dios” de Bormujos (Sevilla)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

¿Recibisteis el Espíritu por observar la Ley o por haber respondido a la fe?

El texto de la Carta a los Gálatas nos plantea la dicotomía entre la Gracia de la Fe y el cumpli-miento de la ley. San Pablo no termina de explicarse como esta comunidad, a la que había predicado con tanto fruto de fe y santidad, ahora, por influencia de otros cristianos que judaizaban, priorizaban la ley de Moisés a la Gracia de la Fe en Cristo Crucificado y Resucitado.

Solo la Fe en Cristo salva y da frutos de Santidad y Amor, no el mero cumplimiento de una Ley, que tanto había criticado Jesús en sus disputas con los fariseos.

La actitud de los gálatas ciertamente es muy actual también en nuestras comunidades. Hablar de Gracia parece a no pocos una entelequia, algo teórico que más parece ilusión que realidad y nos aferramos a los dogmas, a las leyes, normas… y nos olvidamos de que es la Fe y la Gracia de Dios quien da sentido a toda la religión cristiana.

¿Cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?

En la parábola del amigo insistente e inoportuno, Jesús nos quiere hacer ver dos cosas muy importantes: primero, que es muy importante pedir y hacerlo insistentemente a tiempo y a destiempo: toda oración que se precie debe ir en este sentido si realmente me doy cuenta de que necesito al Señor en mi vida y en la de mis seres queridos. La oración de petición se convierte así en una conciencia de fe y de gracia. En segundo lugar, que Dios siempre está en actitud de espera activa y de pronta respuesta (aunque quizá no sea en el sentido que esperamos o en el tiempo que nos parece oportuno)

La oración, como nos dice Santa Teresa, “es tratar de amistad con Alguien que sabes que te quiere” y esto es ciertamente muy consolador. Sin embargo, la propia dinámica de nuestra vida, las muchas ofertas que a cada instante nos llegan de los medios de comunicación, las búsquedas de afectos rápidos y superficiales, las conformidades con tantas cosas que nos distraen…y no nos llenan… al final hacen que Dios pase a un segundo plano, aunque Él siempre está pendiente, buscándonos, queriéndonos como un padre quiere a su hijo.

Orar, finalmente, no requiere palabras (y menos si son solo aprendidas, desconociendo su sentido), sino fe y mucho amor… porque somos y queremos gracias al Amor y hablar de amor es referencia implícita o explícita al Dios Crucificado y Resucitado.

Reflexión sobre la Oración del Rosario en este mes de octubre:

“Hoy, juntos, confirmamos que el santo rosario no es una práctica piadosa del pasado, como oración de otros tiempos en los que se podría pensar con nostalgia. Cuando se reza el rosario, se reviven los momentos importantes y significativos de la historia de la salvación; se recorren las diversas etapas de la misión de Cristo. Con María, el corazón se orienta hacia el misterio de Jesús. Se pone a Cristo en el centro de nuestra vida, de nuestro tiempo, de nuestras ciudades, mediante la contemplación y la meditación de sus santos misterios de gozo, de luz, de dolor y de gloria.”

(Benedicto XVI. Alocución en Santa María la Mayor. 3 mayo 2008)

D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.
Fraternidad “Amigos de Dios” de Bormujos (Sevilla)


Evangelio del dia

Padre Pedro Brassesco

“ Ya no son dos, sino una sola carne 

El evangelio de hoy se sitúa en la última etapa del camino hacia Jerusalén. En esta sección nos presenta tres enseñanzas: sobre el matrimonio, sobre la actitud ante los niños y sobre las riquezas. El evangelio de hoy abarca las dos primeras enseñanzas.

La enseñanza de Jesús sobre el matrimonio se nos ofrece con motivo de una de las múltiples controversias de Jesús con los fariseos.

Más allá de la habilidad dialéctica que demuestra Jesús en su diálogo con los fariseos, Jesús nos propone considerar ante una crisis matrimonial el proyecto creacional de Dios sobre el ser humano, basado en el amor y en la fidelidad durante toda la vida.

En una época en la que son frecuentes los divorcios y separaciones, es bueno recordar el proyecto de Dios sobre el ser humano y su comunión de vida en el matrimonio. Quizá en muchos casos puede ser un buen referente para ayudar a superar crisis y conflictos de convivencia.

Fr. Antonio Gómez Gamero O.P.
Convento de San Vicente Ferrer (Valencia)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

“Bendecirás al Señor, tu Dios, por la tierra buena que te ha dado”

Estos primeros días del mes de octubre coinciden con la recolección de muchas cosechas. Es un momento para dar gracias a Dios por ello. Moisés recuerda al pueblo cómo el Señor le ha introducido una tierra bien fértil, con abundantes frutos.  “Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra buena”, que describe con los frutos que produce: “tierra de trigo y cebada, de viñas, higueras, ganados, tierra e olivares y de miel… entonces comerás hasta hartarte, y bendecirás al Señor, tu Dios, por la tierra buena que te ha dado”.  Y le recuerda también, que no se olvide nunca que es Dios el que le ha regalado esta generosa tierra…  “No te olvides del Señor tu Dios” con todos los beneficios que te ha otorgado “y no digas por mi fuerza y el poder de mi  brazo me he creado estas riquezas”.

Este esquema de la actuación de Dios con su pueblo en el AT, es el mismo que emplea con nosotros los cristianos, ya en el Nuevo Testamento. Y nuestra postura ha de tener dos actitudes principalmente: en primer lugar, agradecer a Dios  todos los bienes que nos ha dado, siendo el principal  su Hijo Jesús como nuestro amigo. En segundo lugar, hemos de trabajar con esos dones en la dirección de vivir el evangelio y de extenderlo “por todo el mundo”, para que sus dones, su amistad, su salvación llegue a “toda la tierra”.

“Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá”

Ante estas palabras  de Jesús, donde nos invita a pedir, buscar y llamar, sin olvidar las otras dos, nos solemos fijar principalmente  en la primera: “Pedid y se os dará”, entre otros motivos porque tenemos conciencia de pedir algunas cosas al Señor que no nos concede.

Una cierta explicación es la siguiente: Jesús está dispuesto a concedernos todo lo que le pidamos si está en consonancia con su evangelio… pero no siempre nuestras peticiones van en esa línea.

Por otro lado, y para que nuestra peticiones no se queden en algo pasivo, Jesús nos invita a conjugar otros dos verbos bien activos. Nos invita a que no nos quedemos con los brazos cruzados, sino que busquemos y que hagamos el esfuerzo de poner todo lo que está de nuestra parte en buscar aquello que pedimos. En la misma línea está la actitud de llamar… debemos llamar para que se nos abran las puertas donde se encuentra lo pedido y deseado.

Hagamos caso, una vez más, a Jesús, nuestro Maestro, y pidámosle que nos ayude a conjugar siempre unidos estos tres verbos: pedir, buscar y llamar en relación con el evangelio.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

El Señor habla

El texto de Job que nos regala la liturgia hoy sitúa en el escenario, por el que han pasado diferentes personajes, al mismo Dios. Job había dado rienda suelta a su dolor y reprocha al Señor por sus desgracias, injustas, siendo él un hombre justo y fiel a su Dios.  Sus tres amigos le insisten en la idea de que el mal es fruto del pecado. Elihú le recrimina haber increpado al mismo Dios y expone la justicia, santidad y grandeza del Señor que enseña también en el sufrimiento. Y ahora es Dios mismo quien habla “a Job desde la tormenta”.

La imagen de la tormenta hace de telón de fondo y banda sonora para las palabras de Dios que se revela creador, sabio y poderoso, y le recuerda que sus caminos son inescrutables y siempre superarán la capacidad del ser humano para comprenderlos. Interpela a Job “Cuéntamelo, si lo sabes todo”, le confronta con su propia realidad finita y limitada. El texto de hoy se queda en la primera parte del discurso de Dios, al que luego seguirá en un segundo discurso en los capítulos posteriores.

Job le responde, vencido y honesto, en medio de su dolor y oscuridad: ¿Qué puedo responder yo, que soy tan poca cosa? Dice Kierkegard que “rezar no es escucharse hablar de sí mismo, sino llegar a callar y, permaneciendo callado, velar hasta que el orante oiga a Dios”.  En el camino de la fe es necesario salir de nosotros mismos, como referencia vital, y hacer silencio interior y exterior, hacernos conscientes desde lo más profundo del ser de ese Alguien que es más que todo cuanto podamos conocer, descubrir o imaginar, y estar dispuestos a escucharle.

El creyente escucha

En la primera lectura vemos a Job, sintiéndose pequeño y sin palabras ante Dios que le habla en la tormenta y le recuerda quién es. Dios y hombre están ahí, con la evidencia de la inmensa diferencia entre ambos. El texto de Lucas nos presenta una imagen que contrasta con la anterior: Jesús, frustrado y dolido por la indiferencia de los pueblos de Galilea a los que anuncia la buena nueva del Reino, donde ha hecho milagros y multitud de curaciones. Dios hecho hombre, de una forma que ya no puede hacerse más cercano y presente, que se revela totalmente con palabras y obras que liberan y hacen el bien, no encuentra respuesta en aquellas gentes creyentes de su pueblo. Incluso los pueblos paganos se hubieran abierto a Él mucho más que ellos.

Destacaría tres ideas:

Jesús acaba de enviar a sus discípulos, a los pueblos y lugares donde él iría después, para llevar su paz y decirles que el reino de Dios está cerca. Es consciente de la dureza de la misión y que el rechazo y el fracaso forman parte de ella. Él mismo lo ha experimentado. Frente a esta realidad ancla lo nuclear del seguimiento, y es que somos enviados. No vamos por iniciativa propia ni proclamamos nuestros propios mensajes. Formamos parte de algo mucho más profundo y grande que nosotros mismos. El Padre envía a Jesús, y el nos envía a nosotros. Llevamos ese tesoro en vasijas de barro, sí, pero es un tesoro, palabras que sanan y liberan, gestos que hacen presente la salvación y el amor de Dios. Por eso, quien “os escucha a vosotros, me escucha a mí”.

La llamada a la conversión, a escuchar el mensaje de paz y de amor, implica una respuesta de vida en quien lo escucha y acoge, un cambio coherente con la Palabra anunciada. Creer no es solamente aceptar unas verdades de fe y llevar a cabo unas prácticas religiosas. Creer me confronta con el Evangelio mismo y me pide escuchar lo que el Señor me pide en cada momento, poniéndolo en práctica.

No se trata solamente de una fe individual, que se reduce al ámbito de lo privado o al círculo de aquellos con quienes compartimos nuestra fe. El Evangelio es un anuncio de justicia y de paz, de amor y solidaridad, para los pueblos y ciudades, para las relaciones sociales, familiares y políticas, porque el reino de Dios quiere hacerse realidad para bien de todos.

Hoy celebramos a san Francisco de Asís. Nadie mejor que él se entregó plenamente al anuncio de la paz, y fue testimonio sencillez, pobreza, alabanza y hermandad con todo lo creado. Vivió una fuerte conversión al Evangelio y lo hizo su camino de vida y santidad. Hoy sigue inspirando el compromiso cristiano con la justicia, la paz y el cuidado de la Creación, sin el que el anuncio de la Buena Noticia se quedaría vacío.

Hna. Águeda Mariño Rico O.P.
Congregación de Santo Domingo


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

«Pongo mi vida en manos de Dios»

Job sufrió todo lo que un hombre puede soportar, pero nunca perdió ni la confianza, ni el temor, ni el amor a Dios y eso fue lo que le sostuvo en sus desgracias. Fue puesto a prueba hasta el límite, él que era un hombre justo, y todo lo soportó porque confiaba en la bondad del Señor, en su misericordia y en su justicia, y su Fe le salvó, le recompensó con creces sus padecimientos.

Cuantas veces cuando las cosas no nos salen bien, cuando tenemos algún problema, pensamos ¿Por qué me tiene que pasar a mí? Y caemos en la desesperación, en la depresión incluso, y no se nos ocurre mirar a Dios cara a cara para descansar en Él.

Tenemos la tendencia a olvidarnos del cielo cuando las cosas de la tierra no nos van bien, solemos lamentarnos y nuestra Fe flaquea, se resiente, cuando debería ser al revés: tendríamos que ser como Job, abrazarnos a Dios, acudir a Él como el niño busca a su madre cuando tropieza y se cae. Dios es Padre y siempre está ahí con los brazos abiertos. Por eso es tan importante fortalecer nuestra Fe mediante la oración, la lectura, la meditación. Si tenemos Fe, como Job la tuvo, seremos capaces de afrontar todo lo que nos venga.

«La mies es mucha, los obreros pocos»

Jesús envía a sus discípulos a anunciar el Reino con instrucciones precisas de cómo lo deben hacer (no podemos evitar recordar lo que hizo con sus primeros frailes Nuestro Padre Santo Domingo, sin duda inspirado por el Evangelio). Les manda ir con la paz por delante allá donde entren, a ser agradecidos, a aceptar lo que les den de buen grado, pero también a abandonar el lugar donde no se les reciba con cordialidad. Y en medio de sus palabras nos dice que la mies es mucha y los obreros pocos y que pidamos al dueño de la mies que envíe trabajadores. Creo que estas palabras se comentan por sí solas: la mies es el pueblo de Dios, los obreros son aquellos que difunden la Palabra de Dios, los que se ocupan de las almas de los demás, los que administran los Sacramentos, sacerdotes, religiosos, laicos comprometidos.

Vivimos tiempos en los que las vocaciones de todo tipo escasean, la sociedad es reacia a las cosas de Dios y anda perdida en muchos aspectos, por eso hacen falta buenos obreros que cuiden de la mies y ahora más que nunca es el tiempo de pedir al Dueño que nos los envíe. Una vez más debemos ponernos en manos de Dios, confiar a Él nuestras preocupaciones (y la falta de vocaciones es una de las grandes) y pedirle con Fe que regale a su Iglesia hombres y mujeres de corazón generoso y espíritu de servicio.

Tenemos que confiar en el Señor, pedirle CON CONFIANZA, en la seguridad de que nuestra oración será escuchada. Deberíamos hacer el propósito diario de pedir por las vocaciones para que, al igual que Cristo envió a sus discípulos a anunciar el Reino, Dios Padre siga enviando trabajadores a sus campos: buenos sacerdotes, buenas monjas, laicos con ganas de servir, hombres y mujeres de toda condición que sepan escuchar la llamada de Dios y acudan a los campos de mies. El trabajo es mucho y toda ayuda poca, pongamos nuestro grano de arena a través de nuestra oración. Y siempre confiando en el Señor.

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro


Evangelio del día

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

No me des ni riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan

Tanto en la primera lectura de hoy como en el salmo, se acentúa la importancia de la Palabra de Dios en la vida del cristiano, en nuestra vida. Ante una sociedad fluctuante y, muchas veces, poco estable, donde lo que hoy es blanco mañana es negro, o lo que hoy es verdadero mañana es falso, la palabra de Dios es estable, no cambia, es eterna y es lo que realmente nos da la felicidad.

El salmista esto lo tiene claro, la Palabra es esencial en su vida, lámpara para sus pasos, así también debería ser para nosotros, los cristianos. La Palabra de Dios es la brújula que tiene que guiar nuestra vida, ella es perfecta y es descanso del alma: “A dónde vamos a ir, Señor, sólo tú tienes palabras de Vida Eterna”. Por eso, cada vez que escuchamos la Palabra es para amoldar nuestra vida a ella y no al revés.

El libro de los Proverbios nos presenta hoy la única oración que aparece en él, una oración llena de sabiduría, con la que Agur pide a Dios que lo aleje de la mentira y de la falsedad, él sabe bien que la única felicidad es vivir en la Verdad. Y, por otro lado, pide no vivir ni en la riqueza ni en la pobreza, sino que le conceda lo justo para ir viviendo cada día.

En esta petición nos muestra el protagonista la importancia de conocerse a sí mismo. Sabe que vivir en la abundancia le puede alejar de Dios, olvidarle y vivir como si Dios no existiera. Vivir en la pobreza le puede llevar a renegar de Él y a rechazarlo.

Qué importante es conocer nuestro corazón y nuestra fragilidad y saber que necesitamos de la gracia de Dios cada día para serle fieles.

Pidamos, hoy, al Señor que Él sea siempre el que guíe nuestros pasos y que Él sea el centro de nuestra vida para vivir en la verdad y hacer siempre el bien.

Ellos se pusieron en camino anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes

Hoy, Lucas nos presenta en pocas líneas cuál es la misión principal de la Iglesia, y por ende la misión de todo cristiano, que no es otra que la de anunciar el Evangelio a todas las criaturas. Para llevar a cabo esta misión es necesario, primeramente, ser elegido por Dios, ser instruido, ser enviado y, finalmente ponerse en camino.

Pero, para poder anunciar el Evangelio, es fundamental haber tenido experiencia de la misericordia y del amor de Dios en nuestra vida. Hay que vaciarse de uno mismo y llenarse del Espíritu de Cristo para poder ser otros cristos en medio de esta sociedad, cada vez más alejada de la Verdad, para poder anunciar la salvación a todas las criaturas.

Los cristianos debemos estar disponibles para ser las manos y los pies de Jesucristo y ayudarle a salvar almas, “lo que gratis habéis recibido, dadlo gratis”. Pero para ser creíbles no sólo hay que anunciar la Buena Noticia de palabra, sino con obras. Por eso, es necesario que vayamos ligeros de equipaje, sin comida ni dinero, como los apóstoles, dando testimonio de que sólo Dios basta, de que Él es nuestro sustento y nuestra seguridad, los cristianos tenemos plenamente puesta nuestra confianza en el Señor, Él es nuestra fuerza y nuestro motor cada día.

Qué Dios nos conceda la gracia de vivir siempre apoyados en su amor y nos ayude a anunciar el Evangelio no sólo con las palabras, sino también con las obras.

Sor Mª Belén Marín López, OP
Monasterio Santa Ana, Murcia