Evangelio del día

Evangelio del jueves 5 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Juan 1,43-51

En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice:
«Sígueme».
Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice:
«Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret».
Natanael le replicó:
«¿De Nazaret puede salir algo bueno?».
Felipe le contestó:
«Ven y verás».
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».
Natanael le contesta:
«¿De qué me conoces?».
Jesús le responde:
«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».
Natanael respondió:
«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Jesús le contestó:
«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».
Y le añadió:
«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

Reflexión del Evangelio de hoy

Somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño

Las lecturas en el día de hoy tratan de dejarnos algo realmente claro: «Estamos tocados por Dios». Con la voz del salmista se presenta el titular de la esencia del cristianismo: «Somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño». Por tanto, somos de Dios e instrumentos visibles de su Reino, cada vez que nos acogemos a esa Ley que ha grabado a fuego en nuestra alma: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros» (Jn13,34-45). Esencia visible de esa Ley grabada a fuego, es que somos capaces de llevar a los demás un amor que sana, que perdona, que escucha, que rompe los esquemas del egoísmo, de los protagonismos, de los intereses particulares, y nos lleva incluso a acompasarnos con el que entrega su vida por nosotros.

Este tiempo que acabamos de vivir, de celebrar: el Adviento y el Misterio de la Navidad, se esclarecen a la luz del Enmanuel «Dios-con-nosotros». Es todo un punto de inflexión para la humanidad entera. Dios se ha fijado en el ser humano y viene a mostrarle una forma de ser y de existir distinta: hacer vida el mandamiento que nos propone. De ahí, arranca esa primera lectura del apóstol san Juan. Las dificultades que se presentan en lo cotidiano para hacer vida ese proyecto de amor. Asignatura pendiente de todo ser humano. Curioso el contraste que presenta el apóstol para tratar de llevarnos a una reflexión profunda de nuestro ser cristiano.

Vino la Luz, la Vida, el Amor, la Paz al mundo y los corazones se cerraron, prefiriendo seguir acampando por una vida de tinieblas, sin sentido. Escogiendo alumbrar su corazón con la marchita luz del egoísmo, de la ambición, de la corrupción, de la fama o el triunfo. Caminar por la vida con una lamparita tan raquítica que apenas da luz, calor al grito de sentido que clama tu propio ser. Cerrar las entrañas a cal y canto, no comprender el proyecto revolucionario que nos trae un Dios que se hace pequeño, que nos habla de la dimensión del amor como hasta el momento no se había conocido: «ama aquellos que te hacen mal» que nos lleva realmente a la raíz de la dignidad del ser humano. Humanizados porque hemos experimentado en nuestro ser el amor de Dios Creador, del Dios que está con nosotros y nos hace de su misma esencia y rebaño.

Cuando estabas debajo de la higuera, te vi

Seguimos adentrándonos en el sentido de los textos que marca la liturgia en el día de hoy y se nos presenta un relato que nos narra una llamada vocacional a trabajar dentro del rebaño del Señor. La primera lectura nos ponía el acento en la venida de Dios con un mandato nuevo y ahora se nos muestra un encuentro. El ser cristiano y discípulo lleva aparejado consigo el proceso de discernimiento, maduración, crecimiento en la fe.

Esa es la realidad con la que va luchando Natanael, un israelita en el que no se encuentra engaño. Una persona podríamos decir íntegra que está buscando el sentido de la vida. Seguramente se habría interrogado acerca de las promesas que esperaba el pueblo de Israel, sobre los grandes interrogantes que a veces asaltan el corazón del ser humano. ¿Qué sentido tiene todo lo que estamos viviendo? La vida, la muerte, nos sorprendes con sus interrogantes y nos deja pensativos. En ese camino está el discípulo Natanael, que se nos muestra un tanto incrédulo ante la invitación de acercarse a conocer a Jesús.

Lo lógico es durar: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? ¿De qué me conoces? Así comienza todo un proceso de discernimiento, maduración y crecimiento en la figura del Maestro. Es precisamente el encuentro lo que transforma nuestra propia realidad.  El encuentro con Cristo da plenitud a nuestra vida, sentido a nuestra existencia y alegría a nuestro ser. Es lo que nos convierte por completo. Cambia radicalmente la pobreza de nuestros esquemas y al igual que expresa el apóstol Pablo, todo nos parece basura comparado con el vernos reflejados en la compasión de su mirada: «Más aún: todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él» (Ef 3,8-9).

«Ver cosas mayores» es elevar la mirada al proyecto del Reino de Dios. Esta vida con las tinieblas de sus interrogantes nos llevan a no ver claro el horizonte de sentido al que está llamado el ser humano. Sin embargo, en el encuentro con la mirada del Maestro nos eleva hacia una dimensión más profunda de sentido si nos dejamos transformar, pasar de la duda y el miedo a la confianza plena en haber encontrado el tesoro de nuestra vida. Encontrar una luz nueva y un brillo distinto porque comprendemos la densidad que lleva el mandato nuevo del Maestro. De aquel que te ve, que te mira con compasión, que te conoce y que te invita: «Me amas más que estos». En esa clave has encontrado el sentido y te sumas al proyecto del Reino de vivir y de ser en el amor.

Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P.
Real Convento de Nuestra Señora de Candelaria (Tenerife)


Evangelio del día

Evangelio del miércoles 4 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
«Este es el Cordero de Dios».
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
«¿Qué buscáis?».
Ellos le contestaron:
«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».
Él les dijo:
«Venid y veréis».
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».
Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:
«Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce: Pedro)».

Reflexión del Evangelio de hoy

En esto se reconocen a las hijas e hijos de Dios: porque practican la justicia y aman a sus hermanas/os

Los exegetas señalan como fecha probable de redacción de las cartas de Juan, en los últimos años del siglo I. Seguramente algunos años después de la redacción del cuarto evangelio.

Dada la situación  de división por la que pasaba la comunidad creyente, Juan, ve oportuno y necesario, que la comunidad tome conciencia que, lo central del mensaje es la persona de Jesús y las consecuencias éticas de la fe en Él.

Ante los hechos que dividen a la comunidad, Juan exhorta a todos y cada uno, que la maduración en la fe es un proceso  que los tiene que llevar a una adhesión vital a Jesús y a una certeza: “solo el amor salva”.

Por esto mismo, la justicia, es el instrumento adecuado y la única manera de poder liberar a los hermanos y hermanas, dada la situación de exclusión y empobrecimiento que vivimos.

Maestro, ¿dónde vives? – Ven y verás

Juan, sitúa a Jesús de Nazaret en camino, iniciando su misión. Su presencia no deja indiferente a nadie. “¿Qué buscas?”

Todas las personas, en algún momento de su la vida, se plantean interrogantes y preguntas, pues  muchas son las encrucijadas que encuentran y tienen que ir dando respuestas. ¿Qué busco? ¿Dónde puedo encontrar una referencia, un ideal que guie y de sentido a mi vida?

Para los primeros discípulos y para algunos seguidores de Juan el Bautista lo encuentran en Jesús de Nazaret: el Maestro, el Rabí, el Mesías esperado. Es tal el impacto que les produce  que nos dejaron por escrito la hora del encuentro: “Eran las cuatro de la tarde”. Hay encuentros en la vida que marcan, dejan huellas y te transforman.

No menos comprometido es hacer la pregunta: “¿Dónde moras?”. Ella lleva a grandes desafíos, a nuevos horizontes. Nos conduce a “su casa”, a la Sinagoga de Nazaret donde expone su proyecto de vida: “Yo vine para que todos tengan vida y vida en abundancia”. Estas palabras van dirigidas a ti y a mí en este momento de nuestra historia   

Porque “Yo,

-tuve hambre y me disteis de comer

-era emigrante y me acogisteis

-vivía en guerra y os manifestasteis por la paz.

-…….”

Hna. María del Mar Revuelta Álvarez
Dominica de la Anunciata


Evangelio del día

Evangelio del martes 3 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 29-34

Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dijo: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

Reflexión del Evangelio de hoy

Somos hechos hijos de Dios

Dios envió a su Hijo al mundo y quiere que seamos y nos llamemos hijos de Dios. Su amor de Padre nos quiere semejantes a ÉL, nos invita a ser santos y a obrar con justicia. En definitiva, este amor de Dios nos invita a la conversión. Dice el texto que todo el que practica la justicia ha nacido de Dios (1,29). Nuestro nacimiento humano ha sido un principio y nuestro nacimiento divino es algo completamente nuevo.

Explícitamente se dice que el mundo no nos conoce porque no le conoció a ÉL (3,1), ya que el que no ha descubierto a Dios no sabe de veras lo que es el hombre, pues su verdadera grandeza es el hecho de ser «hijo de Dios» y el que no conoce a Dios desconoce también lo que es esencial en el hombre.

Al mirar el amor que nos ha tenido el Padre, podemos llegar a rechazar el pecado y a vivir en santidad. Nuestro objetivo final es llegar a ser completamente semejantes a Jesús, identificarnos más y más con ÉL, parecernos a ÉL y moderar nuestro espíritu según ÉL. 

Según el autor de la primera epístola de San Juan hay tres condiciones para vivir como hijos de Dios: la primera romper con el pecado, la segunda guardar los mandamientos y la tercera guardarse del mundo; el texto que nos ocupa hace referencia a romper con el pecado, como conviene a los hijos de Dios, que han sido «justificados».

El pecado se insinúa en la vida cuando no tenemos presente a Jesús, porque cuando lo vemos y conocemos, no pecamos. Tenemos muchos momentos para verlo y conocerlo; lo vemos en el vecino, lo reconocemos en el prójimo, lo vemos en la palabra, lo conocemos al escucharlo, lo vemos en la fracción del Pan, lo conocemos al comer la Eucaristía, lo vemos en el pesebre, lo reconocemos en el Sagrario.

El salmista ante las maravillas del amor de Dios pone en nuestros labios un cántico nuevo invitándonos a la acción evangelizadora para que lleguemos a aclamar a nuestro Rey y Señor.

La humanidad reconoce la divinidad

Juan el Bautista ha sido enviado para señalar al Mesías, y al ver a Jesús que camina hacia él, lo presenta como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (v.29) y como Hijo de Dios que nos bautiza con Espíritu Santo. 

Habla del pecado en singular y el pecado es por excelencia, negarse a reconocer a Cristo como el enviado de Dios, aquel que ha venido a revelarnos la verdad; el pecado es estar ciego hasta el punto de no saber cuál es la voluntad de Dios sobre el hombre rechazando al nuevo Moisés. Esta ignorancia relativa al discernimiento sobre el bien y el mal es lo que el Cordero de Dios viene a quitar. Jesús carga el pecado del mundo y hace desaparecer el conjunto de los pecados del mundo, sobre la totalidad del pecado de la humanidad.

Juan, según lo cuentan los sinópticos, invierte los datos del relato del Bautismo de Cristo, ya que no es Jesús sino el Bautista (v.32) quien ve el Espíritu bajar, ya no es la voz celeste la que da testimonio de Cristo, sino el Bautista. También es Juan Bautista quien percibe el origen divino de Jesús al exclamar «era primero que yo» y es en verdad el Verbo de Dios, el Hijo engendrado, el que aparece humanamente en el tiempo, el que ha aparecido un día de la historia humana, el que celebramos en las fiestas de la Natividad.

Sigamos la llamada del Hijo de Dios que ha venido al mundo para que seamos hijos de Dios y por obra y gracia del Espíritu Santo podamos verlo y reconocerlo en cada momento de nuestras vidas.

Monjas Dominicas Contemplativas
Monasterio Stma. Trinidad y Sta. Lucía (Orihuela)



Evangelio del día

Evangelio del lunes 2 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

 ¿Tú quién eres? 

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 19-28

Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran:
«¿Tú quién eres?»
Él confesó y no negó; confesó:
«Yo no soy el Mesías».
Le preguntaron:
«¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?».
Él dijo:
«No lo soy».
«¿Eres tú el Profeta?».
Respondió: «No».
Y le dijeron:
«¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?».
Él contestó:
«Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías».
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron:
«Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?».
Juan les respondió:
«Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia».
Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

Reflexión del Evangelio de hoy

Permanecer en él

El mensaje central que nos quiere trasmitir san Juan en esta primera lectura es que permanezcamos siempre en Jesús, en el amor de Jesús. Algo que nos reporta sublimes regalos, como vivir en unión con el Hijo y con el Padre y el obsequio de la vida eterna, “y no quedar avergonzados lejos de él en su venida”. Igualmente nos lleva a  conocer “acerca de todas las cosas” sin necesidad que nadie más nos enseñe.

En varia ocasiones, Jesús nos habló de la necesidad de vivir en unión con él permaneciendo en su amor. “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada”. La fuente y la fuerza de nuestro actuar cristiano está en nuestra unión vital con Cristo.

Permanecer en el amor de Jesús nos llevará a permanecer en el amor a nuestros hermanos y cumplir así su mandamiento nuevo: “Amaos unos a otro como yo os he amado”. Lo sabemos por nuestra amplia experiencia. Seguir a Jesús, seguir sus pasos y mandatos… supera nuestras fuerzas humanas. Sin él, sin su ayuda, no podemos dar ni un paso en su seguimiento. Pero con su ayuda podemos cumplir nuestra palabra de “te seguiré donde quiera que vayas”. Este es el secreto de un buen cristiano: permanecer unido a Jesús, permanecer en su amor.

¿Tú quién eres?

La vida de Juan era especial. Llamaba la atención. Por eso, los judíos enviaron emisarios a sacerdotes y levitas para preguntarle: “¿Tú quién eres?”.

Y Juan, amante de vivir y decir la verdad, les confesó que no era ni el Mesías, ni Elías, ni el Profeta. Les dijo claramente que era el precursor y el anunciador de Jesús: “Hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, que existía antes que yo y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia”.

También nosotros somos los anunciadores de Jesús. Nuestra misión consiste en hablar de Jesús, en presentar a Jesús y su buena noticia: “Este es el Cordero de Dios… Id por todo el mundo y predicad el evangelio”. Aquí nos viene muy bien escuchar las palabras de Juan: “Conviene que él crezca y yo mengue”. Jamás hemos de predicarnos a nosotros mismos, sólo a Jesús, para que habite y crezca en el corazón de las personas. Y que esto mismo suceda en nuestro propio corazón: conviene que Jesús se vaya apoderando más y más de nuestro corazón, que crezca en nuestro corazón, y que nuestros sentimientos e ideas contrarias a Él vayan disminuyendo. Que le dejemos realizar el proceso de cristificación. “Ya no soy yo quien vive es Cristo quien vive en mí”.


Evangelio del día

Evangelio del domingo 1 de enero de 2023

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

Comentario bíblico
de Fray Miguel de Burgos Núñez – (1944-2019)

La solemnidad de Santa María Madre de Dios es la primera fiesta mariana que podemos constatar en la Iglesia occidental. Probablemente, la fiesta remplazaba la costumbre pagana de las «strenae» (estrenas, dádivas), bien distinta del sentido de las celebraciones cristianas. El «Natale Sanctae Mariae» comenzó a celebrarse en Roma hacia el siglo VI, probablemente junto con la dedicación de una de las primeras iglesias marianas de Roma, esto es, Santa María Antigua, en el Foro Romano. La última reforma del calendario trasladó al 1 de enero la fiesta de la maternidad divina, que desde 1931 se celebraba el 11 de octubre en memoria del Concilio de Efeso (431), donde se proclama a María “Theotokos”, la que dio a luz al Salvador, el Hijo de Dios.

Celebramos también la Jornada mundial de la Paz (XXVIII), ya que al comenzar el año siempre se celebra esta jornada de la paz, cuyo mensaje no puede ser ignorado por los cristianos que deben trabajar denodadamente por la paz amenazada en el mundo.


Evangelio del día

Evangelio del sábado 31 de diciembre de 2022

Padre Pedro Brassesco

 Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros 

Comienzo del santo evangelio según san Juan 1, 1-18

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.
Él estaba en el principio junto a Dios.
Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan:
éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba;
el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.
Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.
Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne,
ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.


Evangelio del día

Evangelio del viernes 30 de diciembre de 2022

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 13-15. 19-23

Cuando se retiraron los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:
«Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».
José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta:
«De Egipto llamé a mi hijo».
Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo:
«Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño».
Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel.
Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.


Evangelio del día

Evangelio del martes 27 de diciembre de 2022





Padre Pedro Brassesco

 Vio y creyó 

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 1a. 2-8

El primer día de la semana, María la Magdalena echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Reflexión del Evangelio de hoy

Esto que hemos visto y oído os lo anunciamos

Ayer la Iglesia, en la fiesta de san Esteban, ofrecía al Divino Niño, las primicias del martirio, hoy le presenta las primicias de la virginidad consagrada.

Celebramos a San Juan Evangelista, el hijo de Zebedeo, identificado por la tradición con el discípulo amado, autor del cuarto evangelio, Águila de penetrante visión, el más joven de los Doce, virgen, testigo privilegiado de la transfiguración y de la oración en el huerto de los olivos, aquel que recibió a María al pie de la Cruz. El gran Teólogo de la Navidad, pues, a través de él Dios nos ha revelado de manera única las misteriosas profundidades de su Verbo encarnado (Cf. Oración colecta). El 25 de diciembre se proclamó solemnemente el prólogo de su evangelio y a partir de hoy se leerá de manera continua su primera carta.

Así pues, nos detenemos en el comienzo de este precioso texto de la Sagrada Escritura. San Juan nos dice que lo que existía desde el principio, la Vida que se hizo visible, la Palabra hecha carne a la que celebramos en estos días, Él se nos manifestó. No sólo oímos su historia, sus enseñanzas… ¡Hemos tenido experiencia de Él! Lo hemos palpado, entramos en comunión con Él. Jesucristo nos hizo suyos y nos comunica su vida, nos une al Padre en el Espíritu. Él ha transformado nuestra existencia y nos ha llenado de su luz y de su gozo.

Pero nuestra alegría aún no es plena porque tenemos necesidad de que sea compartida por todos los hombres, hermanos nuestros llamados a esta misma gracia. Deseamos que sean uno con nosotros, en el Señor. Debemos pues, sumergirnos en este Dios que nos ama profundamente y que se ha hecho tan cercano, contemplarlo y crecer en amor y comunión con Él para luego dar testimonio, compartirlo. Así lo vivió san Juan “el que durante la cena reclinó la cabeza en el pecho del Señor, apóstol bienaventurado, a quien fueron revelados los secretos divinos y difundió la palabra divina por toda la tierra” (antífona de entrada).

Vio y creyó

En el evangelio lo encontramos corriendo junto a Pedro hacia el sepulcro.

No hace mucho contemplábamos una escena parecida en un contexto diferente: a unos hombres se les anuncia una noticia y van corriendo a corroborarla. Son los pastores en Belén. Tanto ellos como estos apóstoles se encontraron con signos pobres: un Niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre; el Mesías, el Señor, pobre entre los pobres y una tumba vacía, tan solo con los lienzos que habían cubierto el cuerpo sin vida del Hijo de Dios.

Pero a Juan, como a los pastores, le bastó: por gracia de Dios, vio y creyó. Él, que había sido testigo de tantas maravillas al lado de Jesús y que lo había visto traspasado en la cruz, supo reconocer su gloria en aquel sitio, en aquel acontecimiento que podía no significar nada pero que lo significaba todo.

Esto nos interpela a nosotros, nos llama a abrirnos al Dios que se revela en lo pequeño: en la encarnación, en el pesebre, en el taller del carpintero, en aquel joven rabino sin estudios, en el Crucificado y en aquellas pobrezas y pequeñeces que cada uno conoce. Si nos une a Él una relación estrecha, si somos amigos y compañeros del Señor, reconoceremos su Presencia, su huella, su actuar discreto pero sublime. Se abrirán los ojos de nuestro corazón como los de san Juan y los de tantos hombres y mujeres mencionados en su evangelio: Natanael, Nicodemo, la Samaritana, Marta de Betania… El amor nos conducirá a la fe y la fe al amor.

Lo cual nos lleva de nuevo a la primera lectura: revelación, experiencia, gozo y vida, testimonio, comunión con los hermanos y con Dios. Así sea. San Juan Evangelista, ruega por nosotros.

Monasterio Ntra. Sra. de la Piedad – MM. Dominicas
Palencia


Evangelio del día

Evangelio del viernes 23 de diciembre de 2022

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 57-66

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella.
A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo:
«¡No! Se va a llamar Juan».
Y le dijeron:
«Ninguno de tus parientes se llama así».
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados.
Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo:
«Pues ¿qué será este niño?»
Porque la mano del Señor estaba con él.

Reflexión del Evangelio de hoy

Convertirá el corazón de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres

Malaquías, último de los profetas del Antiguo Testamento, anuncia el envío del mensajero que va a preparar la venida del Señor.

Según la tradición, se considera al profeta Elías como el precursor, cuya misión será purificar y convertir, tal como hace el fuego del fundidor, capaz de acrisolar la plata y refinarla, o la lejía que utiliza el lavandero, que blanquea los tejidos, haciendo desaparecer las manchas e impurezas; con su venida querrá refinar a los propios doctores de la ley, y al resto del pueblo, para que sean capaces de convertirse de nuevo al Señor, como al comienzo de la Alianza.

En el Nuevo Testamento se considera a Juan el bautista como el precursor y anunciador de la venida del Mesías, que actuó moviendo a los hombres a la conversión, a arrepentirse de sus pecados y entablar un episodio de amistad con Dios, intentando realizar, como Elías, convertir el corazón de los padres hacia los hijos y el de los hijos hacia los padres, consiguiendo así la armonía paterno-filial, base de la nueva era que se avecina, y estar dispuestos a recibir, con alegría, el anuncio que nos presenta el salmo 24. “Levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación”; con eso podemos seguir los caminos que Dios nos marca, buscar la remisión de nuestras faltas, ya que los caminos del Señor son misericordia y lealtad.

Porque la mano del Señor estaba con él

Lucas nos relata en este fragmento el nacimiento de Juan el bautista.

Zacarías, su padre, recibió el anuncio del arcángel Gabriel de que, a pesar de su edad, él y su esposa Isabel serían bendecidos con el nacimiento de un hijo, cosa que ya habían descartado al no haberlo conseguido en sus muchos años de matrimonio; ante sus dudas el arcángel le dice que enmudecerá como signo hasta que todo lo anunciado suceda.

Al nacer el niño, cuando iban a circuncidarlo, la familia intenta que, siguiendo la tradición, se llamara como su padre, pero Isabel dijo que se llamaría Juan, como había anunciado el ángel; pidieron la opinión del padre que, al no poder hablar, escribió en una tablilla el nombre que había dicho su mujer, superando así la antigua tradición tan arraigada entre ellos, y al momento recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.

Con este gesto parece que se empieza a germinar ya la nueva era, dejando un poco atrás lo antiguo y dando paso a lo nuevo, creando dudas en los otros, como siempre crea lo nuevo; por eso los familiares se sorprenden por no seguir la tradición que tanto significaba para su pueblo, lo mismo que por la sucesión de hechos extraordinarios que acompañaron este nacimiento, por lo que se preguntan “qué será de este niño pues la mano del Señor está con él”. Es por lo que los relatores posteriores identificaron a Juan como “el Precursor” que anunciaron los profetas para preparar la venida del Señor.

Todo esto fue el principio de la Nueva Era, dejando atrás lo antiguo, pero sin olvidar que éste había sido el germen sobre el que se apoya la Nueva Alianza.

No debemos caer en la tentación de desprestigiar lo pasado pues, aunque a veces se vea superado, ha sido la base sobre la que se sustenta lo nuevo, lo actual. La Historia de la Salvación va superando etapas y, no debemos olvidar, que su desarrollo no depende de nosotros, sino de Dios, pero eso sí, debemos estar atentos a lo que el Señor nos indica y acoplarlo con los signos de los tiempos, para poder trasmitirlo a los demás.

¿Estamos dispuestos a dejarnos refinar en nuestra vida de relación con Dios y recibirlo reflejado en el prójimo?

¿Somos iconoclastas que queremos romper con el pasado sin ser capaces de reconocer lo que de bueno hay en él?

D. José Vicente Vila Castellar, OP
Fraternidad Laical Dominicana Torrent (Valencia)

Evangelio del día

Evangelio del martes 20 de diciembre de 2022

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26-38

En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
Y María dijo al ángel:
«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?»
El ángel le contestó:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”».
María contestó:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Y el ángel se retiró.

Reflexión del Evangelio de hoy

El Señor, por su cuenta, os dará una señal

En el libro de la Sabiduría leemos: Amad la justicia, los que regís la tierra, pensad correctamente del Señor y buscadlo con corazón entero. Lo encuentran los que no exigen pruebas, y se revela a los que no desconfían.(Sb 1,1-2). El rey Ajaz es la personificación contraria a este texto del libro de la Sabiduría. Ajaz es un rey incrédulo, idólatra e hipócrita. Teme la amenaza de Israel que se ha aliado con Siria y quiere atacar a Judá. Pero Dios lo tranquiliza y le hace saber, por boca de Isaías (7, 4-10), que no debe temer porque esa amenaza no se llevará a cabo. Ajaz no se fía de Dios y pide ayuda a Egipto.

El tema central de toda la profecía de Isaías es el conocimiento del Señor y su proyecto de salvación, y ese conocimiento del Señor y su proyecto nos lleva a la fe y a la confianza plena en el Señor. Él es el Dios con nosotros, que nos libra y nos salva y no necesitamos otros diosecillos ni reyezuelos en nuestra vida.

Dios sabe que Ajaz duda de Él, al igual que conoce también nuestras dudas y nuestra falta de fe. Él no nos pide una fe de “carbonero” como se suele decir, sino que Él fundamenta su Palabra con signos y prodigios y es fiel a sus promesas. Por eso, ante la duda de Ajaz le insiste en que pida una señal y Él se la dará. Y ahí es cuando entra en juego la hipocresía de Ajaz, que sabiéndose un idólatra e incrédulo, muestra a Dios una falsa piedad: no la pido, no quiero tentar a Dios… Él conocía la ley del Señor: Lo encuentran los que no exigen pruebas, y se revela a los que no desconfían(Sb 1,2), pero no vivía según esa ley. ¡Cuántas veces nosotros actuamos de ese modo! Conocemos su Palabra, conocemos su voluntad pero vivimos al margen de Él, pero Dios no vive al margen de nosotros, sino que sale a nuestro encuentro a pesar de nuestra cerrazón y ceguera llevando a cabo su plan de salvación.

Por eso, Dios le da una señal para que crea porque Él ama a su pueblo y está dispuesto a salvarlo de todos sus enemigos. Así mismo actúa con cada uno de nosotros. Él nos ama, y a pesar de nuestra falta de fe, es el Dios con nosotrosy viene a salvarnos de nuestros enemigos: el pecado y la muerte.

El salmo responsorial nos dice quiénes recibirán la bendición del Señor: los de manos inocentes y puro corazón que no confían en los ídolos ni juran contra el prójimo en falso. Vivamos al amparo del Altísimo, acerquémonos a Él con corazón sincero y llenos de fe, con el corazón purificado de mala conciencia y con el cuerpo lavado en agua pura. Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien hizo la promesa. Fijémonos los unos en los otros para estimularnos a la caridad y a las buenas obras.(Hb 10, 22-24)

Será grande, se llamará Hijo del Altísimo y su reino no tendrá fin

El Señor es fiel a su Palabra y cumple sus promesas. Anunció por boca de Isaías que una virgen concebiría y daría a luz un hijo y le pondría por nombre Emmanuel, Dios con nosotros. En el evangelio de hoy, vemos cumplida esa palabra y a María que se fía plenamente de Dios.

El pueblo de Israel esperaba un Mesías Salvador. Nosotros aguardamos también al Salvador que nos libre de todo mal; que dé respuesta a tanto sin sentido que hay en nuestra vida y en nuestro mundo. Un Príncipe de la paz que instaure la paz y la justicia tan ausentes en nuestra realidad. Pero tal vez el Dios que esperamos no es el Dios que viene y no sabemos reconocerlo.

Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y su reino no tendrá fin.Dentro de cinco días lo contemplaremos débil y pequeño, pobre entre los pobres… Nuestras categorías humanas no encajan con el designio de Dios, con sus pensamientos y sus planes. Su grandeza está en su humildad, en su abajamiento para ser y estar entre nosotros y poder ser asequible a todo el mundo: ricos y pobres, grandes y pequeños. Su trono es la Cruz, donde, dando su vida por amor a nosotros, venció al pecado y a la muerte e instauró su Reino en el que, servir es reinar. Tenemos que reconocer que nuestra falta de fe y de esperanza se debe a que, esperamos a un Dios tan distinto… ¿Qué Dios esperamos y qué esperamos de Dios?

Pero también Dios nos espera a nosotros y espera de nosotros. Nos muestra su plan de salvación y nos pide una respuesta, espera de nosotros nuestra colaboración. Viene a nuestro encuentro, llama a nuestra puerta y espera que abramos para entrar y cenar con nosotros (Ap 3,20).

En el oficio de lecturas de este día 20 de diciembre, leemos una bella homilía de San Bernardo sobre las excelencias de la Virgen María. Es una homilía al texto del evangelio de hoy y está titulada: Todo el mundo espera la respuesta de María.Sí, todo el mundo espera el SÍ de María, porque gracias a esa respuesta fue posible la Encarnación del Verbo. Pero, sobre todo, es el mismo Dios quien espera esa respuesta, y así lo muestra San Bernardo en esta homilía con estas palabras: Da pronto tu respuesta. Responde presto al ángel, o, por mejor decir, al Señor por medio del ángel; responde una palabra y recibe al que es la Palabra; pronuncia tu palabra y concibe la divina; emite una palabra fugaz y acoge en tu seno a la Palabra eterna. María se fió de esa Palabra, lo supo reconocer, lo aceptó y respondió: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra.

Hoy, como a María, el Señor viene a nosotros y nos pide que acojamos su Palabra, la hagamos vida en nosotros, para que siga naciendo entre nosotros y se manifieste a través de nuestras obras. ¿Cuál y cómo será tu respuesta?

Sor Mª Montserrat Román Sánchez, OP
Monasterio Santa María de Gracia – Córdoba