Evangelio del día

Evangelio del jueves 13 de octubre de 2022

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,47-54)

En aquel tiempo, dijo el Señor:
«¡Ay de vosotros, que edificáis mausoleos a los profetas, a quienes mataron vuestros padres!
Así sois testigos de lo que hicieron vuestros padres, y lo aprobáis; porque ellos los mataron y vosotros les edificáis mausoleos.
Por eso dijo la Sabiduría de Dios: “Les enviaré profetas y apóstoles: a algunos de ellos los matarán y perseguirán”; y así a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo; desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario.
Sí, os digo: se le pedirá cuenta a esta generación.
¡Ay de vosotros, maestros de la ley, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia: vosotros no habéis entrado y a los que intentaban entrar se lo habéis impedido! ».
Al salir de allí, los escribas y fariseos empezaron a acosarlo implacablemente y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas, tendiéndole trampas para cazarlo con alguna palabra de su boca.

Reflexión del Evangelio de hoy

Contexto

El contexto histórico de la carta a los Efesios supone un ambiente donde se dan planteamientos filosóficos tendentes a minimizar el protagonismo histórico-salvífico de Jesucristo. De tales planteamientos pueden surgir errores teológicos que conducirán a la desunión de los creyentes. Pablo reflexiona sobre la unidad de la Iglesia en cuanto Cuerpo de Cristo. Según él, el plan de Dios tiene como objetivo la unión de toda la humanidad en Cristo y por Cristo.

Hoy expone el plan de Dios y la labor salvadora que nos llega por Jesús.

Los versículos que leemos este día son un canto grandioso de alabanza y reconocimiento de ese plan salvador de Dios, realizado en Cristo desde la eternidad. Este plan tiene su origen en el Padre y su tema dominante es la gloria de Dios.

Verbos significativos

Es interesante prestar atención a los pasos donde se expresa lo que hizo Dios y se cumplió en Cristo. Surgen de esa observación cuatro temas interesantes en nuestra reflexión. Dios nos ha elegido en Cristo; nos ha destinadoa ser sus hijos por adopción; nos ha obtenido la redención y nos ha dado a conocer sus planesa realizar por Cristo. Cada uno de estos bloques termina con una “alabanza a la gloria de Dios”. Alabanza por la gracia que ha derramado en nosotros que hemos de convertirnos, por ello, en himno de alabanza a su gloria.

Esta alabanza es algo reiterativo en el Antiguo Testamento, sobre todo, al reconocer el obrar de Dios en la historia de los hombres.

Este plan de salvación ideado por Dios antes de la creación, ha sido realizado en la historia en la persona de su Hijo Jesucristo. Es un designio salvífico que Dios ha dispensado a todos los que su adhieren a su Hijo y se dejan guiar por la fe. Por Cristo hemos sido llamados a la santidad por un camino vivido en el amor a Dios y a los hermanos; en Cristo nos hemos convertido en herederos del mismo destino de gloria.

Al rememorar este grandioso himno de la carta a los Efesios, deben surgir en nosotros, primero la admiración ante la grandeza de Dios y, segundo, el agradecimiento a Dios Padre, de donde deriva todo proyecto de bien para la humanidad. Por eso, merece la pena releerlo despacio, masticarlo, y dejar que produzca en nosotros esos sentimientos nobles y piadosos que nos conduzcan a ser auténticos cristianos. Fieles seguidores de Jesús.

¡Ay de vosotros!

Esta tercera sección del evangelio de Lucas, nos muestra a Jesús camino de Jerusalén. En ese camino se va percibiendo con más claridad el papel que Él desempeña ante determinadas actitudes de los líderes religiosos y políticos. En concreto, ante los doctores de la ley. Ante su forma acomodaticia de vivir la ley, adaptada a sus intereses, Jesús manifiesta una actitud cada vez más decidida y asertiva, reprochándoles directamente sus engaños. Es la razón por la que también el enojo y la inquina de sus adversarios se va acentuando.

Los versículos que hoy meditamos nos muestran la reacción de Jesús ante las posturas hipócritas de los doctores de la ley. No es extraño, por eso, que creciera en esos doctores el interés por arrestarlo y condenarlo, ya que Jesús va siendo un problema para ellos, al hablar con claridad de un modo de entender la relación con Dios que difiere bastante del modo como ellos la practican. Él ataca la hipocresía que percibe en el comportamiento de los jefes del pueblo: “Imponéis cargas insoportables a los hombres y vosotros no las tocáis ni con un dedo”. Una frase como esta es la denuncia más clara de una costumbre malvada que manifiesta abuso de poder y falta de coherencia en lo que se enseña. Una actitud que contradice el papel de quienes deberían ser modelo y ejemplo para los demás. Ellos no cumplen lo que enseñan. Peor aún, con su actitud, impiden que otros accedan al Reino.

La hipocresía es el vicio más claro de una conducta desviada. El Papa Francisco, en una de sus homilías en Santa Marta, expresa un enojo semejante: “La hipocresía es el lenguaje del demonio, es el lenguaje del demonio que entra en nuestros corazones y es esparcido por el maligno… tenemos que aprender a acusarnos a nosotros mismos, a reflejar lo que está dentro de nosotros, a ver el pecado, la hipocresía y la maldad que está en nuestros corazones, y decirlo con humildad delante de Dios”.

En ese enfrentamiento con los doctores, Jesús les recuerda algo duro de oír. La vieja y persistente costumbre en todas las sociedades, de eliminar a aquellos que son fieles en la proclamación de la Palabra de Dios y denuncian los atropellos realizados en nombre de la ley. Ahí están todos esos profetas que, a lo largo de la historia, han sido condenados por aquellos que no soportan su fidelidad a la Verdad.

Es la larga historia repetida y testificada siempre. Muchos testigos de Dios han sido asesinados, y lo siguen siendo, por aquellos que se sienten acusados en su malvado proceder. Es una forma de acabar con el mensaje y con el mensajero. Es la conducta de quienes, hoy y siempre, desde el poder, destruyen y acallan la voz de aquellos que denuncian la injusticia y el abuso de los poderosos.

La forma de actuar de los dirigentes del pueblo es condenable y Jesús tiene para ellos palabras muy duras: “¡Ay de vosotros, maestros de la ley, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia! ¡No habéis entrado vosotros, y a los que querían entrar se lo habéis impedido!”. Las palabras de Jesús ponen el acento en un hecho muy grave: el proceder de los doctores de la ley impide que otros puedan entrar en el Reino de Dios. Esas conductas hipócritas son las que se vuelven intolerables para Jesús; de ahí su condena. Los que deberían ser ejemplo para los demás, se convierten en impulsores de leyes y conductas que abandonan a los pobres y sencillos desviándolos de su camino hacia Dios.

Una vez más, Jesús nos hace volver, desde lo formal exterior, hacia lo profundo de nuestro corazón. Dios no es el fiscal dispuesto a probar que somos culpables. Él mira dentro de nuestros corazones donde se halla el origen de todo lo que llevamos a cabo.

Aplicado a nuestra propia vida, es una llamada a la coherencia exigente que indica que, lo que hay en el corazón, tiene su proyección en nuestros actos. Por eso es necesario cultivar nuestro interior, conscientes de que eso es lo que expresaremos en nuestra conducta. Revisar lo que somos y lo que expresamos en nuestro comportamiento, es una necesidad, si no queremos dejarnos arrollar por nuestra rutina o el mero formulismo.

Ser coherentes con lo que creemos, es garantía de vida sincera. Nuestra fe no es mera formulación de ideas. Es una forma de vida que abarca todo lo que somos. Ese esfuerzo nos ha de conducir a expresar en nuestros actos los mismos valores de Jesús. Ese ha de ser nuestro objetivo: imitar a Jesús acomodando nuestra conducta a su modo de obrar. Él ha de ser para nosotros Camino, Verdad y Vida.

Buen día y que Dios nos de fuerza para vivir de verdad su evangelio.

Fray Salustiano Mateos Gómara O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)


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