Evangelio del día

Evangelio del miércoles 12 de octubre de 2022

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

María oraba con algunas mujeres y los apóstoles

Celebramos hoy la fiesta de la Virgen del Pilar. Quizás lo primero que nos sugiere María, que fue la buena Madre de Jesús, es que es también nuestra Madre y lo que nos brota espontáneamente es acudir a ella para pedirle algo, algo que creemos que necesitamos. Por eso, el pasaje de la primera lectura de hoy nos sorprende un poco. Una vez que Jesús concluyó su etapa en la tierra, y subió al cielo después de su muerte y resurrección, vemos a María en compañía de otras mujeres y de los apósteles en la casa de Jerusalén “dedicándose a la oración”. Además de nuestra Madre, María es también para nosotros nuestro ejemplo. La debemos imitar en su actitud de orar junto a los amigos de Jesús. Nunca hemos de cansarnos, en las diversas circunstancias por las que atraviese nuestra vida, de elevar nuestro corazón en unión con nuestros hermanos a nuestro Padre Dios, el que siempre tiene sus oídos y su corazón abiertos para nosotros. 

Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron

Cuando Jesús inició su vida pública se dio a conocer poco a poco. A través de la predicación de su palabra, a través de los signos especiales que hacía, muchos de sus oyentes empezaron a intuir que Jesús era una persona especial. Sus palabras no eran como las de las demás personas. Tenían un algo que tocaba lo más íntimo de nuestro vivir humano y arrojaban una luz como nadie antes lo había hecho. Algunos, empezando por sus apóstoles, comenzaron a intuir que estaban ante el Hijo de Dios.

Una de sus oyentes, una mujer, con acento femenino y materno, se desbordó y ante el gentío que le  estaba escuchando gritó: “Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron”. Un gran elogio de María, la madre de Jesús

Los cristianos de todos los tiempos siempre hemos reconocido “las obras grandes” con las que el Señor favoreció a María. Empezando por el inigualable privilegio de su maternidad divina. Y en ella, mejor que en nadie, se cumplen también  las palabras de Jesús: “Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen!”. Lejos de rebajar a María, esta afirmación es un nuevo piropo de Jesús a su Madre, porque nadie como ella escuchó la palabra de Dios y la cumplió. “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu voluntad”

Pidamos a María, en su advocación de la Virgen del Pilar, que nos ayude a imitarla, a escuchar con atención y emoción las palabras de su Hijo y que nos dé fuerzas para cumplirlas sabiendo que nos llevan a la alegría de vivir.

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