Evangelio del Día

Evangelio del lunes 10 de octubre de 2022

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles:
«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Pues como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.
La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.
Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».

Reflexión del Evangelio de hoy

La única norma verdadera es el amor

En esta carta a los Gálatas, San Pablo rompe drásticamente con la esclavitud de la ley. Dios se ha manifestado definitivamente en Jesús. Ya no es necesario el recurso a las leyes mosaicas que conformaron el caminar del pueblo hasta la manifestación del Mesías. Dios es fiel y ha cumplido su promesa al enviarnos a su hijo Jesús. Es por la fe en Jesús como llegamos a la salvación de Dios, no por el cumplimiento de las normas y las leyes ya superadas. En Jesús llegamos a la mayoría de edad, y queda superado el pedagogo de la ley, que fue necesaria en su momento. Ahora por la fe, nos convertimos en hijos de Dios, en imágenes vivas de Jesucristo. En Él queda también eliminada toda discriminación entre judíos y paganos, siervos o amos, ricos y pobres…. Porque todos somos llamados a la asimilación en Cristo como hijos de Dios. Y esta justificación se cumple por la fe en la acción del Espíritu. Somos justificados gratuitamente por la gracia de Dios y esa novedad de nuestro nuevo ser se expresa libremente en la práctica del amor al prójimo. Un amor que se vive en la alegría de pertenecer al pueblo de los salvados y agraciados por el amor de Dios. En Cristo habéis sido salvados, vivid conforme el mandamiento del Señor, el amor.

En Jesús todos los hombres hemos sido hermanados y somos iguales ante Dios

En este pasaje de Lucas, Jesús recrimina a los que se han agolpado a escucharle la poca fe de su generación. El Pueblo de Israel se ha balanceado a lo largo de su historia entre la increencia y la vuelta a la religiosidad, entre el olvido de Dios y la necesidad de venerarle. Todo ello pese a las múltiples manifestaciones y pruebas recibidas de la fidelidad de Dios. Y les pone el ejemplo del profeta Jonás, enviado por Dios a Nínive, un pueblo extranjero, capaz de arrepentirse y poner su esperanza en el Dios de Israel, sólo por los signos manifestados en el profeta Jonás. Jesús se postula como el Jonás definitivo, la manifestación última de Dios para llamar a la fe y la fidelidad decisiva. Él es el hijo del Hombre, la manifestación de la salvación definitiva de Dios. Una salvación que llega para todos los hombres. Desde Nínive a la reina del Sur, que vino a escuchar a Salomón. En Jesús se ha cumplido la promesa de Dios, se ha renovado la alianza de la nueva creación, y se ha repartido a todos los hombres de todos los confines del orbe. Con estas palabras del evangelista se nos propone a Jesús como el camino para acceder a Dios. La bienaventuranza de ser elegidos de Dios se realiza cumpliendo su voluntad, haciendo del Evangelio la forma de vida, el estilo de actuar, sentir y vivir conforme al mandato de Jesús. Dios nos ha amado enviándonos al Señor para que conozcamos a Dios. Y a Dios lo conocemos cuando nos amamos sin reservas, sin discriminaciones, sin preferencias. Cuando somos capaces de entregarnos totalmente a los demás, por encima de nuestras mezquindades. “Deja todo lo que tienes, dalo a los pobres, ven y sígueme”. Esta máxima que Jesús propone al joven rico es el horizonte de perfección al que todos estamos llamados. Como Jesús se entregó por nosotros hasta la muerte en cruz, nosotros, a su imagen y semejanza, estamos llamados a seguirle e imitarle despojándonos de todo lo innecesario, con alegría y generosidad.

Jesús nos dice: “Ven y sígueme”. Seamos valientes.

D. Oscar Salazar, O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de San Martín de Porres (Madrid)


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