Evangelio del día

Evangelio del viernes 26 de agosto de 2022

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz:
“¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”.
Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las prudentes:
“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.
Pero las prudentes contestaron:
“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo:
Señor, señor, ábrenos.
Pero él respondió:
“En verdad os digo que no os conozco”.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

Reflexión del Evangelio de hoy

El mensaje de la cruz es fuerza de Dios

La semana XXI T.O. se acerca a su final con la primera carta de San Pablo a los Corintios. En esta lectura, San Pablo tiene que explicar el eje central del cristianismo a la comunidad de Corinto. Se trata de una comunidad complicada porque allí conviven la cultura griega con la judía, lo que provoca conflictos religiosos. En este contexto, el apóstol anuncia a Cristo crucificado. Un anuncio difícil de encajar tanto para los judíos como para los griegos. A los primeros los escandalizan y los segundos no entienden su sentido.

¿Qué supones esto?

El texto, a priori, contrapone la sabiduría humana con la divina. Aquí la sabiduría humana se interpreta como el saber orgulloso del hombre que ignora a Dios. Pablo no desprecia la sabiduría como don de Dios que nos capacita para conocerlo. Nos muestra cómo alcanzarla, dejando que penetre en nuestro corazón el anuncio de Cristo Crucificado. En la escucha de esa predicación radica la fuente de la sabiduría y de nuestra salvación. Nos salva porque nos lleva al encuentro con el amor del Señor, un amor tan grande que lo lleva hasta entregar la vida. Presupuesto necesario para que el encuentro se produzca es saber que existe. Nos encontramos en la debilidad con un Dios débil y todopoderoso a la vez. Ese es el misterio que no logramos entender del todo, para que en nosotros tenga cabida la fe, la esperanza y la caridad.

¿Qué nos dice eso hoy?

Este mensaje también choca con la mentalidad actual. En una sociedad donde el placer, el triunfo, el poder y el tener conocimiento de todo en cualquier momento, el anuncio de Jesucristo crucificado parece una necedad o queda reducido a un hecho histórico. Eso muestra que la Palabra hoy es viva y eficaz, y la predicación sigue siendo el vehículo escogido.

Sé tú ese predicador cotidiano, porque el mismo Dios ha querido necesitarte, te ha elegido para darse a conocer, ¿se lo vas a negar?

Velad

El Evangelio de hoy nos pone ante la parábola de las diez vírgenes. Jesús explica los misterios del Reino de los Cielos, usando el género literario de la parábola. A menudo, ese lenguaje confunde a los escribas y fariseos dando cumplimiento a las profecías del Antiguo Testamento. Luego, el maestro se las explica a sus discípulos.

En esta ocasión, Cristo compara el Reino de los Cielos con diez vírgenes que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio, e insiste en que las prudentes se proveyeron de aceite y las necias no. Aquí las vírgenes representan a las almas cristianas que viven a la espera de su esposo, Cristo. Aun cuando tarde, la lámpara de la vigilancia ha de estar a punto con las armas que Dios. También muestra esa tensión que supone el combate espiritual y la debilidad humana. Todas las vírgenes se duermen. Todas al oír el grito de “¡llega el esposo!” reciben la gracia de despertarse y de levantarse; pero unas, pueden perseverar en el combate gracias al aceite, esa oración y vigilancia que nutre la fe y la esperanza; y las necias no tienen armas se quedan indefensas en medio de la batalla. Cada uno necesita tener su propio aceite, el combate nadie lo puede hacer por ti, no valen las armas del otro. Por eso, las necias se excluyen ellas mismas y las prudentes entran.

¿Qué tiene que ver esto con nosotros?

Nuestra vida es también un combate semejante. Nuestra vigilancia ha de nutrirse de oración, vida sacramental y, en definitiva, de todas las armas que la Iglesia nos ofrece. Ese es el aceite que nos abre al encuentro con el Señor, porque nos hace conocerlo, reconocerlo y por amor salir a su encuentro. No tenemos que esperar ni al fin de los tiempos, ni al día de nuestra muerte, porque en esta vida vivimos un anticipo del Reino de los Cielos, pues lo llevamos dentro. El problema de no tener aceite en la lámpara nos impide verlo en nuestro día a día. Vamos a oscuras y quedamos excluidos. Dios nos da la Gracia, los medios, nos ayuda a levantarnos, pero sin nuestra respuesta, sin ese cuidado de tomarnos sus cosas en serio lo ignoramos. El ajetreo, las tensiones, las preocupaciones son consumidoras de aceite que, poco a poco, consumen nuestra alegría por la entrega. ¡Necesitamos renovarla siempre!

Esta Palabra viene en nuestra ayuda con ella el Señor nos dice: “¡Ánimo y espabila!”

MM. Dominicas
Monasterio de Santa Ana (Murcia)

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