Evangelio del día

Evangelio del martes 29 de marzo de 2022

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Juan 5, 1-16

Se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.
Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice:
«¿Quieres quedar sano?».
El enfermo le contestó:
«Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».
Jesús le dice:
«Levántate, toma tu camilla y echa a andar».
Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano:
«Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla».
Él les contestó:
«El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”».
Ellos le preguntaron:
«¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?».
Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa del gentío que había en aquel sitio, se había alejado.
Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:
«Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor».
Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.
Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

Reflexión del Evangelio de hoy

Habrá vida allí donde llegue el torrente

A partir del capítulo 40 del libro de Ezequiel, comienza el profeta una descripción minuciosa, compleja -quizá no muy atrayente para los que no entendemos de arquitectura- del nuevo templo, lugar de la presencia de Dios con su pueblo.

En lo que hoy escuchamos, el relato cambia de tono totalmente. Descripción simbólica que siento que nos invita a entrar personalmente en el escenario que se dibuja.

Para comenzar no hay explicaciones. Sólo un torrente de agua que mana del templo. De unas dimensiones totalmente desproporcionadas, que sin duda impresionan. Nada menos que dos km recorre el profeta adentrándose en las aguas guiado por el personaje que va midiendo la distancia. Experiencia personal del agua que corre, que aumenta de profundidad, que llega a un momento en que ya “no se hace pie”. En el relato me da la impresión de que el progreso se detiene y “retroceden”. Ningún indicio de decisión de entrar en el torrente y atravesarlo a nado.

Pienso en lo que significa para el ser humano la experiencia, supongo que ineludible, de “no hacer pie”, de “estar con el agua al cuello”…

Pero la continuación del relato nos aclara lo que hasta ahora parecía inmersión en lo desconocido, potencial peligro… ¿amenaza?

La vuelta se realiza por la ribera y el profeta puede contemplar lo que antes parece que no había visto: grandes arboledas en las dos orillas. Y una explicación que lo cambia todo.

Podemos hacer el ejercicio de leer despacio esa explicación y preguntarnos ¿cuál es mi disponibilidad para adentrarme en ese torrente de agua viva que procede de Dios, para acceder a perder pie y confiar, sabiendo que allá donde el torrente llega hay sanación y vida?

¿Quieres quedar sano?

Estamos en el contexto de una fiesta.

El relato nos dice que en una de las puertas de Jerusalén había una piscina en torno a la cual se encontraban echados muchos enfermos de todo tipo. Jesús contempla la escena. Ante él, el panorama de muchas personas que no pueden participar en esa fiesta. Son enfermos, en consecuencia impuros y excluidos.

Jesús se fija en uno de ellos que llevaba muchos años allí, y le hace una pregunta clave: ¿quieres curarte?

Y, ¡oh sorpresa!, el enfermo no responde a esa pregunta. Como justificándose, trata de explicar la razón por la que no está aún curado: hay otros más rápidos que él para alcanzar el agua. Cabe preguntarse si en 38 años no había tenido tiempo de madurar algún plan que le permitiera entrar el primero en el agua… Tampoco ahora se le ocurre decirle a Jesús que sí quiere ser curado.

Jesús le cura, y el hombre carga con su camilla y se marcha sin mostrar agradecimiento, ni interés en conocer a quien le había curado.

El texto es muy claro. ¿Qué resaltar?

– Jesús aparece como la fuente de sanación y vida. No está en el agua de la piscina…

– Jesús ofrece siempre salvación, aun cuando nosotros no se lo pidamos. Su decisión de encontrarnos es el principio de nuestra esperanza.

– El enfrentamiento de Jesús con los responsables religiosos de su pueblo continúa ahondándose: para Jesús el bien del ser humano está por encima de las normas, para ellos la norma es el criterio último de toda acción.

Sería interesante que nos diéramos un tiempo para tratar de identificarnos con el enfermo y con aquellos que se enfrentan a Jesús. ¿Tenemos nosotros algunos de los rasgos que en ellos se adivinan?

Pedimos al Señor Jesús que nos introduzca en su dinamismo vital: la donación que busca siempre el bien de los otros/as.

Hna. Gotzone Mezo Aranzibia O.P.
Congregación Romana de Santo Domingo

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