Evangelio del día

Martes 1 de marzo de 2022
Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 28-31

En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús dijo:
«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».

Evangelio de hoy en audio

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Sed también vosotros santos en toda vuestra conducta

Hay contextos menos favorables a la acogida del Evangelio. La comunidad a la que es dirigida la primera carta del apóstol experimentan la dificultad de vivir el seguimiento de Cristo en medio de un ambiente hostil al cristianismo naciente. ¿Dónde encontrar la fuerza para mantenerse firmes en la fe? ¿Cómo mantener el ardor de la fe cuando experimentamos el rechazo o la indiferencia al mensaje de Cristo?

La lectura de este día trata de responder a esta pregunta; nos invita a poner nuestra mirada en la salvación a la que hemos sido destinados, y que Cristo nos ha traído por su muerte y Resurrección. Esta salvación que es la meta de nuestra fe, es la esperanza que sostiene el camino de la persona creyente en medio de las dificultades; y todo el anuncio profético de la Antigua Alianza se orienta a este anuncio de la salvación en Cristo Jesús.

Por eso, a través de la Palabra de hoy, se nos invita a cultivar la esperanza en el don de la Gracia que nos salva y a vivir conforme a ella. Es decir, vivir a fondo nuestro ser hijos de Dios, ser santos. Esto significa reorientar nuestro deseo, haciendo nuestro el deseo de Dios, su voluntad de tal manera que todo lo que pensamos, decimos y hacemos vaya siendo transformado y guiado, desde dentro,  por el  Espíritu de Dios, por los sentimientos de Cristo y por el amor del Padre.

Que en toda situación de prueba o de dificultad, la salvación a la que Dios nos llama y que nos regala gratuitamente en Cristo, nos ayude a caminar cada día con esperanza.

Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros

El Evangelio de este día se sitúa en el contexto del camino que Jesús emprende hacia Jerusalén, con sus discípulos; el camino hacia la cruz. En ese camino Jesús quiere ir enseñando a los suyos qué significa y qué implica seguirle.

El relato de hoy se encuentra justo a continuación del  diálogo de Jesús con una persona que desea encontrar el camino de la Vida y quiere saber qué es lo que tiene que hacer. Es una persona cumplidora de la Ley, pero se siente apegada a sus bienes,  que debían ser muchos, y por ello incapaz de aceptar la invitación de Jesús a desprenderse de sus riquezas para poner toda su confianza en El, que es en definitiva el fundamento del seguimiento.

Descubrimos en el texto de hoy las reacciones tan distintas que ante este hecho tienen los discípulos y tiene Jesús.

Los discípulos siguen anclados en una mentalidad de “la recompensa al mérito” y por eso, frente a la incapacidad del hombre rico, ellos se sienten orgullosos de sí por “haberlo dejado todo” para seguir a Jesús. ¿Cómo no esperar por parte del Señor el premio a su entrega?

Al lado de esta reacción, tan humana, tan nuestra, descubrimos la de Jesús que mira con cariño a esa persona que se aleja de Él y que además se va entristecida; que nos hace consciente del difícil camino de la libertad interior frente a todo lo que nos ata, si sólo nos apoyamos en nuestras fuerzas; que nos abre a la desmesura del don de Dios, que nunca es proporcional a nuestra entrega y que nos descoloca ya que para Él, en su misericordia infinita,  “muchos últimos serán primeros y muchos primeros últimos” ;que nos reorienta la visión para descubrir que ganar, en realidad, no es tener más de lo mismo, sino entrar en una dinámica de relaciones con los otros, con uno mismo, con Dios y con la creación que pasa por vivir desde el servicio y la entrega de sí, y esto implica con frecuencia conflicto y dificultades, implica asumir la cruz que nos llega cuando tratamos de vivir en autenticidad, desde el amor.

Hna. María Ferrández Palencia, OP
Congregación Romana de Santo Domingo


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