«Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.«Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte.Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.«No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda.Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.
Entonces se puso a maldecir a las ciudades en las que se habían realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido:«¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza se habrían convertido.Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras.Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy.Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti.»
«No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada.Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra;y enemigos de cada cual serán los que conviven con él.«El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí.El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.«Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado.«Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá.«Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa.»Y sucedió que, cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar.Y se reunió tanta gente junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera.Y les habló muchas cosas en parábolas. Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar.Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron.Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra;pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron.Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron.Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta.El que tenga oídos, que oiga.»Y acercándose los discípulos le dijeron: «¿Por qué les hablas en parábolas?»El les respondió: «Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no.Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará.Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.En ellos se cumple la profecía de Isaías: Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis.Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane.«¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.«Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador.Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino.El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría;pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumba enseguida.El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero los preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto.Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta.»
«No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo.Ya le basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su amo. Si al dueño de la casa le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más a sus domésticos!«No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse.Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados.«Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna.¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre.En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados.No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos.«Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos;pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos.
Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará.Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?«Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis.No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas;ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento.«En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis.Al entrar en la casa, saludadla.Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros.Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies.Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad.
Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia.Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan;Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo;Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó.A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos;dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel.Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.
Salían ellos todavía, cuando le presentaron un mudo endemoniado.Y expulsado el demonio, rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: «Jamás se vio cosa igual en Israel.»Pero los fariseos decían: «Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios.»Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando todo enfermedad y toda dolencia.Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor.Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos.Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.»
Vienen los momentos mas duros para toda la humanidad. –Quieres Salvarte y Salvar a los tuyos– Acá tienes un arma imprescindible: EL SANTO ROSARIO