Evangelio del día

Evangelio del lunes 18 de abril de 2022

Padre Pedro Brassesco

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 8-15

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús salió al encuentro y les dijo:
«Alegraos».
Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.
Jesús les dijo:
«No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles:
«Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernados, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».
Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Reflexión del Evangelio de hoy

¡Cristo vive!

Aquel pescador de Galilea, aquel hombre que negó a su Maestro hasta tres veces, aquel que se quedó dormido mientras Jesús oraba amargamente en el huerto de los olivos, se nos presenta hoy ante el pueblo, hablando sin miedo, contando lo que ya ha vivido y conocido: la gloria de la Resurrección. Porque otros grandes profetas murieron y ahí están sus tumbas, pero el Cristo Jesús está vivo. Pedro lo ha visto, los Apóstoles lo han visto, las mujeres lo han visto… Ahí está su sepulcro vacío ¿Queréis más pruebas de que es el Mesías, el Hijo de Dios que había de venir para salvarnos del pecado? ¡Ha vencido a la muerte!

¿Dónde está el Pedro temeroso? ¿Dónde ha ido el que le negó? Ahora Pedro es otro hombre, nuevo, alegre, valiente. Se ha transformado ¡porque ha creído! Ha experimentado lo que es la Resurrección de Jesús y su vida ya no será la misma. ¿Y tú? ¿Y yo? ¿Y nosotros? Hoy deberíamos estar dando saltos de alegría porque la Luz ha vencido a las tinieblas, porque todo lo que se nos prometió se ha cumplido ¡CRISTO VIVE! Al igual que Pedro, los Apóstoles y las Santas Mujeres, nosotros debemos salir a contar lo que hemos visto, contagiar de nuestra alegría a los hermanos y ser “la sal del Mundo” que el mismo Jesús nos dijo.

¡Aleluya, ha resucitado!

San Mateo nos narra lo que sucedió en los primeros momentos tras la Resurrección. Mientras las Mujeres corrían a dar la Buena Nueva a los Discípulos, las autoridades intentaban con malas artes (soborno incluido) tapar la realidad, engañar al pueblo, negar la evidencia del sepulcro vacío. Para unos se había producido la promesa de Dios, mientras que otros solo veían peligrar sus puestos de poder.

Durante tres años Cristo había predicado en público su Doctrina, había hablado de amor, de libertad. Había señalado con el dedo las injusticias, la opresión. Había puesto en igualdad a todos los hombres. Y a ojos de todo el mundo había curado enfermos y perdonado a pecadores. Entre los dirigentes del pueblo se había creado un malestar que terminaría con la detención y la muerte del Justo. Sus enemigos debieron pensar que acabando con su vida pronto sería olvidado. Pero se equivocaban: todo eso debía suceder (como anunciaron los Profetas) para glorificar al Hijo de Dios. Con la Resurrección de Jesús todos los planes del mal se vinieron abajo y triunfó la vida sobre la muerte ¡Esa es la realidad de nuestra Fe!

Hoy, con un mundo convulso como el que vivimos en la actualidad, entre guerras, pobreza y enfermedades, debemos aferrarnos a la Verdad del sepulcro vacío. No debemos prestar atención a quienes quieren engañarnos ensuciando el Nombre de Dios y de su Iglesia. Tenemos que permanecer firmes como los primeros cristianos porque nuestra realidad se fundamenta en la vida, en la resurrección, en aquella mañana jubilosa en la que las mujeres y los discípulos vieron, comprendieron y creyeron.

¡Feliz Pascua de Resurrección a todos!

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro

Evangelio del día

Evangelio del jueves 17 de marzo de 2022

Lectura del santo evangelio según san Lucas 16, 19-31

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.
Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.
Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán.
Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo:
“Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”.
Pero Abrahán le dijo:
“Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.
Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”.
Él dijo:
“Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”.
Abrahán le dice:
“Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”.
Pero él le dijo:
“No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”.
Abrahán le dijo:
“Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».

Evangelio de hoy en audio

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Hoy, más que nunca, resuenan las palabras de Jeremías en este mundo a la deriva. Detrás de una guerra cruel y cada una de sus víctimas, clama la voz del profeta advirtiendo la desdicha. Tal vez, la raíz del mal esté en confiarnos demasiado los unos de los otros. Poner el norte en el hombre nunca garantiza estar a buen recaudo, cuando sople fuerte el viento. Aprendimos muy pronto a salvar el pellejo dando besos perfumados de veneno y puñaladas traperas en la espalda del amigo, a morder la mano que nos da de comer sin previo aviso. El corazón enfermo del hombre se yergue como dueño caprichoso del destino. Entonces sopesamos el riesgo a cada paso y la huella se llama incertidumbre. El temor recorre sigiloso el mapamundi y la sospecha es el ama del castillo. 

A pesar del aviso tan lejano y cercano al mismo tiempo, aquí seguimos equivocando confianzas. El hombre parece no escarmentar de la experiencia. Le gusta vivir al borde del precipicio, pues sus miras son demasiado cortas. Confiar en el hombre siempre acarrea desasosiego, frustración y desengaño. Todos compartimos cicatrices con nombres propios, heridas que nacieron de creer demasiado en alguien y olvidar la fragilidad humana. Por eso, necesitamos los servicios del mejor cardiólogo, para que sane nuestro corazón de tantas seguridades con demasiado sabor a tierra. Sólo Dios puede restañar la decepción de quienes confiaron a ciegas en la criatura y no fueron capaces de levantar la mirada y contemplar a su Creador, por encima de todo.

Pero nada está perdido. Dios mismo se encarga siempre de echar un Lázaro en nuestro portal, para darnos una nueva oportunidad cada día. Sigue recordando la Alianza y aún en su recuerdo siguen vivos los paseos por el paraíso. Aún con mil razones para dejarnos a nuestra suerte sigue testarudo en su propósito de salvar la creación de sus desvelos. Y se vale de alguien que se convierte en lazarillo para que nuestra riqueza no nos arrastre al tormento. Todos tenemos un Lázaro a quien atender, escuchar, comprender, ayudar. Pero hay que saber descubrirlo en nuestro entorno tan lleno de cosas la mayoría superfluas y de personas acostumbradas a la mediocridad de lo inmediato.

El mendigo murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán, al rico no vino a buscarlo nadie. Lo enterraron junto a su egoísmo y su falta de caridad. Vivió confiado en la riqueza, cavando la tumba en tierra seca. Hizo oídos sordos al lamento de la luz, mendiga deseosa de irradiar el rico corazón sumergido en la lúgubre oscuridad de la noche. Pero no pudo ser a pesar de tanto intento, los perros fueron los únicos que lamieron las llagas como queriendo apaciguar el sufrimiento. Y, como nos pasa siempre, luego vienen las lamentaciones, las llamadas de auxilio que llegan demasiado tarde. La salvación estaba echada en el portal y vivió de espaldas a ella.

Así también nosotros navegando en nuestros linos y púrpuras, seguros de nuestros banquetes, haciéndonos los olvidadizos al pasar por el portal que nos denuncia. Sería cuestión de buscar nuestro Lázaro a toda prisa, pues él tiene la llave que destruye el abismo inmenso. Aprovechar este tiempo favorable para descubrir las luciérnagas de Dios en la periferia de la mansión donde reina la opulencia. Esa que nos pasa factura y nos deja a las puertas de la gloria.

Fr. Martín Alexis González Gaspar O.P.
Convento de Ntro. Pad
re Sto. Domingo (Torrent)

Evangelio del día

Martes 1 de marzo de 2022
Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 28-31

En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús dijo:
«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».

Evangelio de hoy en audio

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Sed también vosotros santos en toda vuestra conducta

Hay contextos menos favorables a la acogida del Evangelio. La comunidad a la que es dirigida la primera carta del apóstol experimentan la dificultad de vivir el seguimiento de Cristo en medio de un ambiente hostil al cristianismo naciente. ¿Dónde encontrar la fuerza para mantenerse firmes en la fe? ¿Cómo mantener el ardor de la fe cuando experimentamos el rechazo o la indiferencia al mensaje de Cristo?

La lectura de este día trata de responder a esta pregunta; nos invita a poner nuestra mirada en la salvación a la que hemos sido destinados, y que Cristo nos ha traído por su muerte y Resurrección. Esta salvación que es la meta de nuestra fe, es la esperanza que sostiene el camino de la persona creyente en medio de las dificultades; y todo el anuncio profético de la Antigua Alianza se orienta a este anuncio de la salvación en Cristo Jesús.

Por eso, a través de la Palabra de hoy, se nos invita a cultivar la esperanza en el don de la Gracia que nos salva y a vivir conforme a ella. Es decir, vivir a fondo nuestro ser hijos de Dios, ser santos. Esto significa reorientar nuestro deseo, haciendo nuestro el deseo de Dios, su voluntad de tal manera que todo lo que pensamos, decimos y hacemos vaya siendo transformado y guiado, desde dentro,  por el  Espíritu de Dios, por los sentimientos de Cristo y por el amor del Padre.

Que en toda situación de prueba o de dificultad, la salvación a la que Dios nos llama y que nos regala gratuitamente en Cristo, nos ayude a caminar cada día con esperanza.

Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros

El Evangelio de este día se sitúa en el contexto del camino que Jesús emprende hacia Jerusalén, con sus discípulos; el camino hacia la cruz. En ese camino Jesús quiere ir enseñando a los suyos qué significa y qué implica seguirle.

El relato de hoy se encuentra justo a continuación del  diálogo de Jesús con una persona que desea encontrar el camino de la Vida y quiere saber qué es lo que tiene que hacer. Es una persona cumplidora de la Ley, pero se siente apegada a sus bienes,  que debían ser muchos, y por ello incapaz de aceptar la invitación de Jesús a desprenderse de sus riquezas para poner toda su confianza en El, que es en definitiva el fundamento del seguimiento.

Descubrimos en el texto de hoy las reacciones tan distintas que ante este hecho tienen los discípulos y tiene Jesús.

Los discípulos siguen anclados en una mentalidad de “la recompensa al mérito” y por eso, frente a la incapacidad del hombre rico, ellos se sienten orgullosos de sí por “haberlo dejado todo” para seguir a Jesús. ¿Cómo no esperar por parte del Señor el premio a su entrega?

Al lado de esta reacción, tan humana, tan nuestra, descubrimos la de Jesús que mira con cariño a esa persona que se aleja de Él y que además se va entristecida; que nos hace consciente del difícil camino de la libertad interior frente a todo lo que nos ata, si sólo nos apoyamos en nuestras fuerzas; que nos abre a la desmesura del don de Dios, que nunca es proporcional a nuestra entrega y que nos descoloca ya que para Él, en su misericordia infinita,  “muchos últimos serán primeros y muchos primeros últimos” ;que nos reorienta la visión para descubrir que ganar, en realidad, no es tener más de lo mismo, sino entrar en una dinámica de relaciones con los otros, con uno mismo, con Dios y con la creación que pasa por vivir desde el servicio y la entrega de sí, y esto implica con frecuencia conflicto y dificultades, implica asumir la cruz que nos llega cuando tratamos de vivir en autenticidad, desde el amor.

Hna. María Ferrández Palencia, OP
Congregación Romana de Santo Domingo


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 9,38-40

En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús:
«Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros».
Jesús respondió:
«No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro».

AUDIO del Evangelio del miércoles 23 de febrero de 2022

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Si Dios quiere

En nuestra cultura cristiana, solemos emplear “si Dios quiere”, principalmente al despedirnos de nuestros interlocutores de un día para otro. No sé si esta costumbre proviene de lo que nos dice Santiago en este pasaje de su carta, pero es bien cristiana. No podemos hacer planes de un día para otro, porque nuestra vida no depende de nosotros, depende de Dios. Es Dios el que nos ha dado la vida, a través de nuestros padres, y es Dios quien nos mantiene en ella. Nuestra vida, más allá de estar en nuestras manos, está en las manos de Dios. Por eso, convencidos, siempre conviene decir: “Si el Señor lo quiere y vivimos, haremos esto o lo otro”. Viene bien que Santiago nos recuerde que nuestra vida depende de Dios, algo que, a veces, se nos olvida y la jactancia se apodera de nosotros.

También Santiago nos advierte que el que conoce el bien debe hacerlo, y si no lo hace es culpable, es decir, comete pecado. Nosotros, los cristianos, no jugamos solo con nuestras luces para descubrir el bien. Jesús nos ha regalado su luz y nos ha señalado con mucha claridad dónde está el bien. Pero no se ha quedado ahí, también nos regala las fuerzas necesarias para ser consecuentes con la luz recibida. Siempre debemos acudir a Jesús, nuestra luz y nuestras fuerzas.

El que no está contra nosotros está a favor nuestro

A propósito de las palabras de Jesús en este evangelio, y quizá yendo un poco más lejos,  hoy no encontramos con muchas personas que sin oír a Jesús y sin meterle en su vida, realizan obras buenas, obras que están de acuerdo con el evangelio: aman, perdonan, son justas, son limpios de corazón… No nos tiene que chocar esta situación, porque siguen su naturaleza humana, la que Dios nos ha dado a todos. Jesús en sus palabras, en sus indicaciones nunca va en contra de lo que nos dicta nuestra naturaleza humana. Lo que sí hace es ir un poco más allá. No solamente nos dice que tenemos que amar, sino que nos pide amar hasta los enemigos, no nos dice solo que hay que perdonar, sino que debemos perdonar siempre, hasta setenta veces siete… Naturaleza humana y Jesús con su evangelio van en la misma línea, pero Jesús llega un poco más allá.

Desde aquí nos es más fácil entender sus palabras en el evangelio de hoy: “El que no está contra nosotros está a favor nuestro”.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 8, 22-26

Evangelio del miércoles 16 de febrero de 2022

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a Betsaida.
Y le trajeron a un ciego pidiéndole que lo tocase.
Él lo sacó de la aldea, llevándolo de la mano, le untó saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó:
«¿Ves algo?».
Levantando los ojos dijo:
«Veo hombres; me parecen árboles, pero andan».
Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado y veía todo con claridad.
Jesús lo mandó a casa diciéndole que no entrase en la aldea.

Evangelio del miércoles 16 de febrero de 2022
Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Aceptad dócilmente la Palabra

Santiago, en esta primera lectura, nos da unos cuantos consejos. Empieza hablándonos de la velocidad: “sed prontos para escuchar, lentos para hablar y lentos para la ira”. Fácil de entender y más difícil de practicar. Nos pide, como orientación general de nuestra vida, “aceptar dócilmente la Palabra”, y nos advierte que aceptar la Palabra no es solo escucharla, sino también ponerla en práctica. Si le hacemos caso obtendremos el premio de la felicidad, que todos tanto deseamos.

También nos pide “tener a raya la lengua”, que podemos traducir que hablemos desde la bondad y desde el amor, buscando siempre hacer el bien a los demás, y nunca desde el mal y para hacer daño a nuestros hermanos. Nos da un doble consejo para terminar este pasaje: “Visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones”, personas siempre en delicada situación, y “no mancharse las manos con este mundo”, es decir, que no vivamos según los criterios de este mundo, entendiendo aquí mundo como lo contrario a Dios. Vivamos, más bien, guiados siempre de la mano de Jesús.

Ser consecuentes con la luz recibida

Este pasaje evangélico nos muestra, un día más, la cercanía y la misericordia de Jesús con los que acuden a él. Hoy es un ciego. Sus amigos lo traen ante Jesús que le cura. Curioso el detalle de que le cura al segundo intento y no al primero: “le puso otra vez las manos en los ojos”, y fue entonces cuando el ciego pudo decir que veía todo con claridad. Y Jesús le pidió: “no se lo digas a nadie en el pueblo”. Los estudiosos del evangelio nos dicen que Jesús le hace esta petición para que el pueblo no le tomase, ante todo y sobre todo, por un milagrero, por alguien que solo hace milagros. Deseaba que le acepten por su manera de ser, por sus palabras, por su mensaje, por su buena noticia… por la amistad que nos ofrece.

La inmensa mayoría de nosotros no hemos nacido ciegos. No sabemos lo que es la ceguera de nuestros ojos. Pero tenemos que reconocer que en las cuestiones más importantes de nuestra vida, como saber de dónde venimos, hacia dónde vamos, qué tenemos que hacer para encontrar la felicidad ante las distintas circunstancias de la vida, qué valores vivir… sufrimos ceguera, no lo vemos todo claro. Y con gusto, nos hemos acercado a Jesús y le hemos oído decir: “Yo soy la luz del mundo el que viene detrás de mí no andará en tinieblas”. Nos hemos acercado a él, y nos ha regalado su potente luz y, por eso, ya no andamos en tinieblas y podemos caminar con luz suficiente por esta tierra, antes de disfrutar de luz total después de nuestra muerte y resurrección.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

vaticano

La pandemia ha cambiado el rostro del mundo

https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2021-12/comision-covid19-dos-anos-pandemia-esperanza-guia-iglesia.html

Comisión Covid -19, dos años de pandemia: la esperanza guía a la Iglesia y al mundo

Una visión panorámica y un primer balance cuando la crisis sanitaria sigue su curso, aunque cambie de rostro: Alessio Pecorario, del organismo vaticano creado por el Papa Francisco como parte del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (DSSUI) para expresar la preocupación y el cuidado de la Iglesia por toda la familia humana, habló a nuestros micrófonos. Las vacunas, la pobreza y el trabajo siguen siendo las prioridades, y la esperanza es el motor también para 2022

Gabriella Ceraso – Ciudad del Vaticano 

Crisis interconectadas, pero también contagio de solidaridad: son dos aspectos de la pandemia que cumple ahora dos años, desde las primeras declaraciones de China, lugar de origen del virus, hasta la Organización Mundial de la Salud y el resto del mundo. Un escenario que ha interpelado a todos los ámbitos, incluido el eclesial, poniendo de manifiesto la necesidad de una «conversión», libre de cualquier forma de autorreferencialidad. Alessio Pecorario, coordinador del Grupo de Trabajo de Seguridad de la Comisión Covid -19 del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral del Vaticano, explica el trabajo de este organismo encargado por el Papa en 2020, en el que se hace experiencia de un «camino sinodal entre Iglesia y sociedad, entre religiones, ciencia y política», un ejemplo de aceptación de la que es la mayor lección de la crisis sanitaria, a saber, que nadie se salva solo.