Reflexión del Evangelio de hoy
Los becerros de oro actuales
La primera lectura relata un momento crucial en la historia del pueblo de Israel. En este capítulo, en el contexto de la Escritura se muestra cómo Moisés, quien se encontraba en el monte Sinaí recibiendo las Tablas de la Ley de Dios, regresa al campamento y descubre que el pueblo se ha desviado adorando un becerro de oro, circunstancia que provoca la ira de Dios, quien sugiere la destrucción de la nación. Pero Moisés, rogando misericordia a Dios y recordándole la promesa que le hizo a Abraham, Isaac y Jacob, actúa como mediador entre Dios y su pueblo Israel.
Este pasaje del Éxodo puede ser actualizado para nuestras vidas al ofrecer enseñanzas sobre la relación entre la Humanidad y Dios, así como sobre la importancia de la oración y la fidelidad.
Hoy en día, podemos encontrar paralelismos en la tendencia humana a apartarse de principios fundamentales o valores éticos, a menudo en busca de satisfacción inmediata o placeres mundanos. Similar al episodio del becerro de oro, las sociedades modernas a veces pueden caer en la adoración de ídolos contemporáneos, como la búsqueda obsesiva de riqueza, el materialismo, la tecnología, los “likes” en las redes sociales y el éxito a cualquier costo.
La paciencia y la misericordia divinas mencionadas en el pasaje nos recuerdan la importancia de la compasión y la tolerancia en nuestras interacciones cotidianas. En un mundo dividido, la llamada a la reconciliación y la comprensión mutua es reflejo de la gracia divina que perdona y busca la restauración.
En definitiva, la lectura del Éxodo nos sirve de recordatorio de que, a pesar de los cambios en la sociedad a lo largo del tiempo, las dinámicas fundamentales entre la Humanidad, la desviación de principios y la necesidad de oración y misericordia divina siguen siendo importantes en la vida moderna.
Buscando gloria
Juan relata sin tapujos la dureza de las palabras que Jesús dirige a los judíos, desenmascarando la actitud primigenia del corazón humano de buscar su propia gloria en lugar de la Gloria de Dios, negándose así la posibilidad de llenarse del Amor de Dios. Jesús llama a las Escrituras y a las obras que Él cumple como testigos de su misión. Es una llamada a la coherencia personal con respecto a la misión que Dios Padre le confía.
Lo mismo estamos invitados a hacer nosotros, buscar la Gloria de Dios ante todo y despojarnos de nuestro amor propio, para que sea su Amor el que more en nuestro corazón y nuestro testimonio sea creíble. Las Escrituras dan testimonio de Jesús, el Mesías, el “ungido”, el “enviado”. Acoger y amar a la Palabra de Dios es acoger y amar a Jesús mismo y amar al Hijo, es amar al Padre. De ese amor brota la vida eterna, el mayor regalo y reconocimiento que podamos recibir de Dios mismo.
Siempre hay otros dioses en nuestras vidas ¿cuáles son los tuyos?, ¿Hay coherencia entre mi vida y mi fe? ¿me siento enviado a dar testimonio de la Gracia de Dios?
Fraternidad Laical de Santo Domingo de Valencia
