Evangelio del día

Evangelio del martes 22 de agosto de 2023

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Mateo 19, 23-30.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos».

Al oírlo, los discípulos dijeron espantados:
«Entonces, ¿quién puede salvarse?».

Jesús se les quedó mirando y les dijo:
«Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo».

Entonces dijo Pedro a Jesús:
«Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?».

Jesús les dijo:
«En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

odo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros».

Reflexión del Evangelio de hoy

El “yo te envío” que escucha Gedeón del “Señor de la Paz”

Todo es gracia “¿cómo puedo yo librar a Israel? Precisamente mi familia es la menor de Manasés y yo soy el más pequeño de la casa de mi padre” y en paralelismo escuchamos a María “¿Cómo podrá ser esto, si no conozco varón?” (Lc 1,34). Hoy celebramos a Santa María Reina. También ella en la Anunciación escuchó del Ángel el “nada es imposible para Dios” (Lc1,37) equivalente al “Dios lo puede  todo” del evangelio de éste día.

Un común denominador de las lecturas es la llamada a la pobreza voluntaria y la exaltación del pobre. Nada es imposible para Dios  que quiere salvar a los hombres con medios pobres e inadecuados, para que aparezca con más relieve la gratuidad de la salvación. En Maria la fuerza liberadora que dirige los caminos de la historia actuó de una forma decisiva. Ella acepta a Dios, admite su Palabra y se convierte en instrumento de su obra.

Todo el relato, con la palabra del Ángel, la respuesta de María y la primera presencia creadora del Espíritu se ordena hacia una meta muy precisa: la salvación de los hombres. María escucha la Palabra de Dios y colabora. Participar de la misión de Cristo, en su poder y en su suerte también lo aceptaron los Apóstoles “nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido ¿Qué nos va a tocar?” -dice Pedro con alegría-. Es lo que rechazó el joven rico. ¿No es éste el ciento por uno prometido a los apóstoles?

La medida desbordante de Dios.

¿Que ganaremos con todo esto?

Igual el cambio es entre vivir del Espíritu y vivir de la carne, habitados por el Espíritu llamados a vivir en profundidad que son los criterios del evangelio.  Y el fruto: creadores de paz, de bien, de fraternidad, de comunión. Un ciento por uno sorprendente pero inequívoco.

“Si tu quieres ser mi amigo anda y vende lo que tienes. Y ya libre ven conmigo. Yo te ofrezco mucho más” dice una canción….

Un aspecto que hemos olvidado muchas veces en este texto es que el dejar todo no implica exclusiva o preferentemente dejar los bienes o la familia… es hacer lo que hizo María, vaciarse de uno mismo, para darse a los demás, para entregarse sin reservas a los demás y así descubrir que ese vaciamiento interior es llenado por Dios cien veces más y vivir una vida eterna ya aquí entre nosotros: ser felices en nuestra vida, sean cuales sean las circunstancias que nos toque vivir, pero llenos de Dios, como María.

Una homilía atribuida a San Bernardo dice: “pero para que no haya una permuta inútil al dejar todo por aquél, que está sobre todas las cosas, al mismo tiempo lo dejamos todo y cuando le abrazamos él mismo será todo para aquellos que todo lo dejaron por él. Dije absolutamente todas las cosas, no sólo lo que posees sino también tus deseos y éstos principalmente. Más dañan los deseos mundanos que el mismo mundo. Animo, ya que te dispones a dejar todas las cosas, acuérdate de contar entre lo que has de dejar a ti; es más, principalmente niégate a ti mismo. Descárgate de ese gran peso, descarga la piedra de molino, ese enorme peso…”

Miremos una vez más a María. La corona de la Virgen tiene doce estrellas, recuerdo de las doce tribus de Israel, son, también símbolo de la Iglesia, edificada sobre los doce apóstoles.

María nunca pensó en ser Reina pero Dios la colocó por encima de todos los coros celestiales…Reina de los apóstoles. Y en la Salve, Reina y Madre.

Monjas Dominicas Contemplativas
Monasterio de Santo Domingo (Segovia)


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