Evangelio del día

Evangelio del lunes 22 de agosto de 2022

 ¡Ay de vosotros! 

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Mateo 23,13-22

En aquel tiempo, Jesús dijo:
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito, y cuando lo conseguís, lo hacéis digno de la “gehenna” el doble que vosotros!
¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: “Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga”! Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro?
O también: “Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga”. ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar, jura por él y por cuanto hay sobre él; quien jura por el templo, jura por él y por quien habita en él; y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él».

Reflexión del Evangelio de hoy

Gracia y paz

La fiesta litúrgica de María Reina que instituyó el Papa Pío XII se celebra en la octava de la Asunción para manifestar claramente la conexión que existe entre la realeza de María y su Asunción a los cielos.

Un par de comentarios efectuados por los dos últimos Papas, Benedicto XVI y Francisco.

El Papa Benedicto XVI en el día de esta celebración dijo que María es Reina precisamente amándonos y ayudándonos en todas nuestras necesidades, es nuestra hermana y sierva humilde de Dios.

El Papa Francisco dijo: ¡Con Dios nada se pierde! En María se alcanza la meta y tenemos ante nuestros ojos la razón por la que caminamos: no para conquistar las cosas de aquí abajo, que se desvanecen, sino la patria allá arriba, que es para siempre. A los cristianos nos toca testimoniar que María es Reina.

En la carta a los Tesalonicenses, Pablo abre la carta con una fórmula que empleará habitualmente como saludo o como despedida: “Gracia y paz”.

Los latinos se deseaban “salud” al encontrarse o despedirse; los griegos, “alegría”, y los hebreos “paz”. El deseo de Pablo es más que mera fórmula: quiere que la fuerza de Dios, -gracia- y su salvación permanente -paz-, reinen entre los cristianos de la comunidad.

Silvano y Timoteo fueron compañeros y personas de confianza de Pablo, especialmente Timoteo que lo acompañó en muchos viajes.

En este fragmento Pablo hace elogios de la iglesia de Tesalónica y da gracias a Dios por la fe y el amor que va creciendo en esta comunidad, a pesar de todas las persecuciones y luchas que sostienen; también les aseguró que oraban por ellos.

Realmente el camino, cuya meta a alcanzar, es llegar algún día a la presencia de Dios, no es fácil ya que debemos sobreponernos a las duras experiencias por las cuales pasamos en la vida, pues Dios tiene que enviarnos algunas dificultades, porque esa es la disciplina que produce paciencia a nuestras vidas y nos permite proyectar una mirada al futuro con esperanza.

Es frecuente pensar que Dios está ausente cuando sufrimos, pero Pablo toma la posición contraria e insiste que su sufrimiento fue evidencia del juicio de Dios.

La carta es una invitación a la esperanza y al esfuerzo. Los cristianos no podemos justificarnos con argumentos religiosos al abandono y la pereza. Tales actitudes no tienen nada que ver con el Evangelio.

El amor a Dios y al prójimo

Las palabras del capítulo 23 de san Mateo señalan la cumbre de la oposición entre Jesús y los escribas y fariseos. Jesús se dirige a la gente y a sus discípulos y les dice que no imiten su conducta a los cuales echa una serie de advertencias. Éstos a su vez ocultan y desfiguran el rostro de Dios en lugar de darlo a conocer. De esta manera, ni entran ellos ni dejan entrar en el Reino de los Cielos a quienes de verdad quieren hacerlo.

Unos y otros son hipócritas. La palabra sale repetidas veces y tiene un hondo sentido porque aunque aparentemente observan la ley de Dios, -el amor a Dios y al prójimo la resume toda-, en realidad no la cumplen. ¿Cómo van a cumplir una ley de amor personas que se separan de los demás y desprecian a todos? Dejan ver una fachada limpia cuando su interior está lleno de podredumbre y desenfreno.

Unos y otros no se han convertido al Señor, porque aunque observan prescripciones minuciosas hasta el escrúpulo, descuidan la justicia, la compasión y la sinceridad.

Las enseñanzas de este capítulo son preciosas para los cristianos de todos los tiempos. Nos ponen sobre aviso del peligro que corremos de perdemos en cuestiones sin importancia y de olvidar el amor y la misericordia. Cumplir lo que se dice; tender la mano al necesitado; acercarse al hombre que sufre; pasar desapercibido al hacer el bien a los demás; no desear el poder para brillar; servir, no atemorizar las conciencias; no usar el miedo, sino librar de él; mostrar con palabras y obras quién es Dios, es un programa que se abre a todo discípulo de Cristo, pero sobre todo a quien tiene algún género de responsabilidad en la comunidad.

¿Tendemos la mano al necesitado? ¿Cómo?

¿Qué preferimos mandar o servir? ¿Por qué?

Dña. Montserrat Palet Dalmases
Fraternidad Laical de Santo Domingo (Barcelona)

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