Evangelio del día

Evangelio del jueves 9 de junio de 2022

Padre Pedro Brassesco

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 27-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.
Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio».

Reflexión del Evangelio de hoy

¿Qué estás haciendo, Elías?

La Palabra del Señor nos ofrece hoy un texto que no nos deja indiferentes, a la vez que está lleno de belleza. Desalentado y atemorizado, Elías pone a salvo su vida huyendo hacia Berseba, en el límite sur de Judá. Jezabel ha conseguido anular prácticamente el triunfo de Elías, poniendo fin, al parecer, a la campaña que éste mantenía para que Israel volviera a Yahvé.

Elías, queriendo salvaguardar la alianza y restablecer la pureza de la fe, se dirige al lugar donde se ha revelado el verdadero Dios, y donde se ha concluido la alianza.

Llega al monte de Dios, al Horeb, y se refugia en una gruta.

Allí le sorprende la Palabra de Dios: —Sal y aguarda al Señor en el monte, que el Señor va a pasar.

Elías no sale a la entrada de la cueva durante los episodios más violentos. Él intuye que el Señor no se encuentra en ninguno de ellos, no está ni en el viento huracanado, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en el amable susurro de la brisa, y ello es toda una lección para el ardoroso profeta.

Dios llevará a cumplimiento sus designios con respecto a Israel sin grandes demostraciones. La pregunta: “qué estás haciendo, Elías?” es, a un mismo tiempo, reprensión y aliento.

El profeta expone al Señor su angustia y su celo, contestó: mi pasión por el Señor, Dios de los Ejércitos.

El pueblo ha abandonado a su Dios, la alianza, ha asesinado a los profetas. Dios desbaratará a su debido tiempo los manejos de Jezabel.

El discurso interpretativo que ahora se pone en boca de Dios es un nuevo ejemplo de la técnica de la profecía y cumplimiento. Y no deja de sorprendernos lo que Dios encomienda a su profeta. El programa que iniciará Elías, y Eliseo llevará adelante, se resume en las profecías, todas ellas se cumplirán a su debido tiempo.     

Pero yo os digo

El Evangelio de hoy está enmarcado en el discurso evangélico donde Jesús proclama las bienaventuranzas. Nos dice que somos sal de la tierra y luz del mundo. Nos advierte que no ha venido a abolir la Ley y los Profetas, y que la justicia nueva, es superior a la antigua.

Les recuerda a sus oyentes, presentes y futuros: «Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio.Pues yo os digo.

La ley judía condenaba en el Decálogo el adulterio, la ley prohibía la acción externa, el adulterio. Esto será tema de los profetas y libros sapienciales.

Pero ante esta legislación interpretada restrictivamente, Cristo da su interpretación auténtica: en este precepto está incluido todo mal deseo de adulterio. El corazón es el verdadero responsable ante la moral. Jesús vuelve a insistir en la limpieza de corazón.

El adulterio es una injusticia y lo mismo el deseo de cometerlo.

El ojo simboliza el deseo. La mano la acción. Ceder al impulso de uno u otra lleva al hombre a la muerte.

Jesús nos advierte que hay que eliminar el mal deseo con la pureza del corazón, nos dice en las bienaventuranzas: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

En el Salmo 24, 4 rezamos: «¿Quién subirá al monte de Yahveh?, ¿Quién podrá estar en el recinto santo? El de manos limpias y puro corazón, el que a la vanidad no lleva su alma».

El limpio de corazón se encuentra en paralelo con el de manos inocentes.

El limpio de corazón es el que no abriga malas intenciones con su prójimo.

El Señor nos sitúa siempre ante nuestra propia conciencia, nos conduce a conocer nuestro corazón, en la profundidad de nuestro corazón vemos de donde salen todos los deseos, buenos y malos, nos lo recuerda Jesús.

Sor María Rosario Botella O.P.
Monasterio Santo Domingo de Guzmán (Sant Cugat del Vallès)



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