Evangelio del día

Evangelio del miércoles 4 de mayo de 2022

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 35-40

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.
Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

Reflexión del Evangelio de hoy

“Los prófugos iban difundiendo la Buena Noticia”

Nunca la predicación del evangelio y su difusión ha sido fácil. Para empezar, a Jesús por predicar su buena noticia algunos le rechazaron y acabaron clavándolo en una cruz. La lectura de ayer no relataba el rechazo y la muerte de Esteban, uno de sus primeros predicadores. La lectura de hoy nos dice que “en aquel día, se desató una violenta persecución contra la iglesia de Jerusalén”. Uno de los protagonistas principales de esta persecución era Saulo, “que penetraba en las casas y arrastraba a la cárcel a hombres y mujeres”. Ante esta persecución, podemos recordar el dicho popular “Dios escribe derecho con renglones torcidos”. Esta persecución obligó a huir de Jerusalén a muchos seguidores de Jesús y de este modo difundieron el evangelio por los lugares donde llegaban. La lectura hace mención especial de Felipe, que llegó hasta Samaría donde fue acogido el evangelio. Y por este motivo “la ciudad se llenó de alegría”.

¿Qué podemos decir de nuestra sociedad actual y su postura ante el evangelio de Jesús? Sigue habiendo muchas personas que lo acogen y llenan sus vidas de alegría y de sentido. Pero también vemos como es rechazado por otros. Quizás el gran rechazo sea su indiferencia. No le rechaza frontalmente, sino que lo oyen como quien oye llover. No traspasa ni la primera capa de sus personas. Volvemos al principio. Tampoco en nuestra época le aceptación del evangelio es fácil. 

“Yo lo resucitaré en el último día”

Bien sabemos que el amor pide presencia. El que ama siempre quiere disfrutar de la presencia de la persona amada. Jesús, que nos conoce a fondo y sabe bien este deseo nuestro, quiere que gocemos siempre de su presencia. Como es Dios y tiene mucho más poder que nosotros, inventa la eucaristía justamente para que podamos gozar de su presencia. “Yo soy el pan de vida”. En esta misma línea nos asegura que “Al que venga a mí no lo echaré fuera”, porque esa es la voluntad de su Padre.

Y su amor apasionado por nosotros, no se queda ahí, no se queda en nuestra etapa terrena. Quiere que gocemos de su presencia amorosa después de nuestra muerte, sin las limitaciones terrenales, porque está dispuesto que al que crea en Él, “yo lo resucitaré en el último día”, a una vida de total felicidad y para siempre.

Vivamos con profundo agradecimiento a Jesús por estos regalos que nos hace y disfrutemos de ellos.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

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