Evangelio del Dia

Evangelio del sábado 30 de abril de 2022

Padre Pedro Brassesco
Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 16-21

Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafárnaún.
Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba
encrespando.
Habían remado unos veinticinco o o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca,
caminando sobre el mar, y se asustaron. Pero él les dijo:
«Soy yo, no temáis».
Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.

Reflexión del Evangelio de hoy

Guiados por el Espíritu

Comenta el libro de los HECHOS: “Al crecer el número de los discípulos…”. La comunidad en su desarrollo, congregó discípulos de distintas nacionalidades y lenguas y los Apóstoles no daban abasto para atender a todos. Ante la falta de atención a los más necesitados, se hace necesario convocar la asamblea y, puestos en oración, determinaron una distribución de tareas para atender adecuadamente a todos.

En todo el libro de los “Hechos” encontramos testimonios concretos de sinodalidad. en la Iglesia de los tiempos apostólicos. De ahí que el Papa en estos días nos haga una llamada urgente: “Escuchen al Espíritu Santo escuchándose unos a otros… No tengan miedo de entrar en diálogo y déjense convencer por el diálogo”. Y dice: “Será bueno para toda la Iglesia…”.

El proceso sinodal arranca del descontento de parte de la comunidad que los Doce atienden. Tenemos que caminar juntos. La Palabra de Dios camina con nosotros. Todos somos protagonistas, nadie puede considerarse mero espectador. Los ministerios en la Iglesia han de ser, como al principio, auténticos servicios. Y la autoridad, hoy como entonces, ha de surgir de escuchar la voz de Dios y la de todos creyentes.

Soy yo, no temáis

Tras la multiplicación de los panes y la “huida” de Jesús cuando le querían hacer rey porque lo quieren hacer rey, Jesús se retiró a la montaña, Él solo. Solo, sin ningún apoyo en el poder, como vive la totalidad de las personas.

Mientras tanto, los discípulos atraviesan el lago. Están en medio de la oscuridad de una noche tempestuosa y en medio de las olas. Ellos también se encuentran solos. Eso es lo que ellos se imaginan. Porque, durante la travesía, el Señor se acerca a la barca. Soy yo, no temáis.También la escena del evangelio se reflejará alguna vez, no solo en nuestra vida personal, sino en la de la comunidad: la barca  puede ser símbolo de nuestra vida o también de la comunidad eclesial.

Como Jesús, tampoco sus discípulos podrán apoyarse en ningún poder político. Su Mesías no se lo ha enseñado ni con sus palabras ni con su ejemplo. En cambio sí le ha dejado una promesa que vale mucho más que cualquier poder temporal: Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.Es el mensaje que nos quiere recordar este pasaje que acabamos de leer, leído en este tiempo de Pascua. Al empezar cada día, en la calma o en medio de la tempestad, recordemos siempre que el Señor resucitado está con nosotros. Éste es el sentido profundo de la Eucaristía a la que asistimos.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Casa Ntra.Sra. de los Ángeles (Vitoria)

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