Evangelio del día

Evangelio del martes 15 de marzo de 2022

Lectura del santo evangelio según san Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a los discípulos, diciendo:
«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.
Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.
Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.
El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Evangelio de hoy en audio

Padre Pedro Brassesco

Reflexión del Evangelio de hoy

Dad sus derechos al oprimido

La primera lectura viene de la mano del profeta Isaías. Junto al salmo 50 estos versos son quizás el más claro ejemplo del pleito entre Dios y su pueblo (rîb). En estos pleitos el Señor plantea una cuestión central: la relación entre el culto y la justicia social. En el texto contrasta la abundancia de prácticas de culto, que el texto litúrgico de hoy omite (1,11-15), con una segunda parte en la que Señor invita a un cambio de vida: “desistid de hacer el mal y aprended a hacer el bien”. El culto no han de ser ofrendas externas sino pequeños brotes de vida en el corazón: “buscad la justicia, socorred al oprimido, proteged el derecho del huérfano, defended a la viuda”. Lo que desea el Señor no son muchas ofrendas y holocaustos, sino un ramillete frondoso de obras de misericordia, de gestos de amor con los más pobres, con los más desvalidos, con los que menos cuentan. Eso es lo que permitirá la trans-formación real, el cambio de valores paulatinamente, solo así “aunque vuestros pecados sean como escarlata, quedarán blancos como la nieve”.

El Señor invita a no disociar el culto, expresión de la relación con Él, de las obras de misericordia, expresión de la relación con los hermanos. No puede darse el divorcio entre ambos, ni siquiera anteponer una en detrimento de la otra. Y es que la verdadera filiación se muestra en la conquista de la fraternidad universal, como ha propuesto el Papa Francisco. Jesús lleva esto al máximo extremo en la parábola del juicio final: “Lo que hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40). ¿Podemos hacer de esto nuestro itinerario cuaresmal?

Uno solo es vuestro Maestro

En el evangelio de hoy se nos presenta la llegada de Jesús a Jerusalén donde proclama la venida del Reino, pero es re­chazado por los dirigentes religiosos de Israel. El comportamiento en la comunidad también es presentado a la luz y en contraste con el judaísmo del siglo I. Mateo pone en boca de Jesús tres prohibiciones dirigidas a los discípulos de atribuirse títulos honoríficos, académicos y religiosos (rabbí, padre, instructor). Estas prohibiciones “ad intra” de la comunidad, no solo salen al paso de posibles situaciones en el seno de esta, sino que cada una de ellas tienen alto contenido teológico. Las tres oraciones evocan el Shemá Israel (Dt 6,4), y con ellas se hace la profesión en un solo Dios, Padre del cielo y la confesión de un solo Cristo, el Mesías de Israel. La verdadera autoridad en la comunidad está ligada a la autoridad del Padre del cielo y a la de Jesús, único Maestro/Instructor, por tanto, los miembros de la comunidad son entre ellos hermanos y sus relaciones están caracterizadas por la igualdad.

Las tres prohibiciones de atribuirse títulos en la comunidad han de interpretarse a la luz de los versículos finales: “El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado”. Mateo lleva así la idea de igualdad y solidaridad hasta a su máximo exponente. En la comunidad de Jesús no se puede dar un modelo de líder desde claves jerárquicas. La nueva fraternidad implica la renuncia al propio prestigio y una vida en favor de la comunidad a través del servicio cuya medida ha establecido el propio Jesús.

Una vez más la inversión de los valores en las relaciones intra-comunitarias respecto a otras formas de relación conlleva un giro revolucionario, incluso en el estilo de la autoridad.  Leyendo este evangelio no podemos olvidar que estamos en un proceso de sinodalidad, un sínodo que nos invita a interrogarnos qué tipo de liderazgo se da en nuestras comunidades y diócesis y a participar corresponsablemente en ellas desde la vocación a la que hemos sido llamados por el Bautismo, porque esto es lo que el Espíritu ha puesto en marcha. ¿Estamos siendo partícipes de este proceso sinodal con verdad y valentía desde lo que el Espíritu nos suscita?

Hna. Mariela Martínez Higueras O.P.
Congregación de Santo Domingo



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